Mi Pasión eres Tú

Aclaraciones: Esta historia no es de mi autoría, al final de la historia daré el nombre original y el nombre de la autora, Los personajes no son míos (Ojala tuviera a Edward en mi vida) los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer.

Capítulo 13

Bella POV

—Tengo la sensación de que mi madre podría aparecerse esta noche —dice Edward, mirando por encima de mí desde el asiento del conductor. Él sale del estacionamiento de la escuela y se dirige hacia la ferretería. Conseguimos salir temprano y estoy agradecida porque esto me dará más tiempo para trabajar antes que sea necesario llegar a casa.

—Está bien. —Coloco un mechón de cabello detrás de mi oreja. Sabía que sus padres eran dueños de la ferretería, pero no había pensado en conocerlos.

—Se supone que hoy trabaja en el hospital, pero conociendo a mi madre no será capaz de dominar su curiosidad y va a aparecer esta noche para conocerte. — Me da una media sonrisa, como diciendo tú sabes cómo son las madres.

—Porque quiere conocer a la chica nueva en la ferretería o porque…

—Porque eres mía —dice interrumpiéndome. Le doy un vistazo de nuevo. Sus ojos están clavados en mí mientras estamos sentados en una luz roja.

—¿Cómo novio y novia? —pregunto. Así es como se llama, ¿verdad? No he tenido un novio desde el cuarto grado, y sólo duró un receso y terminó porque le marqué mientras jugábamos pelota. Jake haló una de mis trenzas y me llamó enana. Siempre había sido la más pequeña de mi curso, y me imaginé que eso significaba que habíamos terminado. Nunca más jugué pelota después de eso.

Edward estira el brazo, toma mi mano y la coloca en su regazo.

—Como quieras llamarlo, bebé.

—Te gusta llamarme así. —Edward traza pequeños círculos en mi muñeca con su pulgar mientras avanza cuando la luz cambia a verde.

—¿No te gusta?

—Me gusta.

—Bueno, porque no creo que pueda parar. Es algo que solo ocurre contigo.

—Eres tan dulce conmigo. —Lo volteo a ver de nuevo, no puedo parar de hacerlo. Siempre estoy mirando cualquier cosa menos a la gente, con la esperanza de que no me noten, pero no con él. Me encanta cuando me ve. Un pequeño rubor golpea sus mejillas, y eso me hace sonreír. He estado haciéndolo todo el día con él. No puedo recordar la última vez que sonreí tanto. Apuesto a que mi cara va a doler mañana. Él no luce como alguien a quien llamarías dulce, pero lo es. Tampoco se ve como alguien que se ruborice, para ese caso.

—Otra cosa que también parece suceder a tu alrededor.

—Conozco esa sensación. No me gusta mucho hablar con la gente, y aquí estoy. Apenas te conozco y estoy en tu auto charlando.

—Continua. Quiero saber más acerca de ti.

Me encojo de hombros. Realmente no quiero hablar de mí. Prefiero hablar sobre el momento, o tal vez del futuro, pero sé que voy a tener que darle algo.

—Sólo somos mi padre y yo. Me mudé aquí desde Port Angeles.

—Port Angeles. Queda a dos horas al sur desde aquí, ¿verdad?

—Sí. —No le digo que apenas viví allí. Que antes de Port Angeles estuvo Arizona, Florida, Washington, y mi ciudad natal, Phoenix. Podría haber olvidado alguna. ¿Quién sabe? Todo se confunde en un lío que realmente no quiero tratar de aclarar. Quiero olvidar.

—¿Tu mamá? —Él aprieta mi mano cuando le doy una mirada triste—. ¿La perdiste cuando te hiciste esa cicatriz?

Todo mi cuerpo se congela, y trato de retirar mi mano de la suya, pero él no me deja hacerlo. Nos detenemos en el estacionamiento y apaga el motor.

—Lo siento. No tienes que decírmelo. —No dice todavía, pero lo da a entender. No quiero hablar de ello. Quiero fingir que nunca sucedió. Quiero que todo desaparezca. Suelto el cinturón de seguridad, me inclino hacia adelante, y presiono mis labios contra los suyos. Como cada vez que nos besamos, todo lo demás se desvanece y estoy de vuelta en mi lugar seguro mientras su boca se mueve contra la mía.

Desliza su mano en mi cabello mientras profundiza el beso. Empujo, con ganas de más mientras nuestras lenguas se tocan suavemente.

—Bebé, tienes que parar.

Me quejo y continúo. Dios, esto se siente tan bien. Es lo mejor que he sentido en mi vida. Muevo mis caderas, y es cuando me doy cuenta de que de alguna manera me he arrastrado a su regazo.

—Bella. —Edward dice mi nombre, y casi suena doloroso. Abro los ojos y miro a los suyos. Está respirando pesadamente y su rostro está serio, como si estuviera enojado. Trato de retroceder, no me gusta la seriedad de su rostro, pero no hay ningún lugar a donde ir. Estoy atrapada entre él y el volante, y estoy bastante segura de que, para empezar, soy yo quien nos puso en esta posición.

—Lo siento —suelto. No sé qué me ha pasado. Quería estar tan cerca de él como pudiera. Estaba desesperada por olvidar el pasado y sólo pensar en él, de regreso a nuestra pequeña burbuja que él forma para nosotros.

—No vuelvas a disculparte por besarme, Bella.

—Te ves enojado —le digo.

—No estoy enojado, nena. —Da una respiración profunda, tratando de controlar su respiración—. Créeme. Estoy cualquier cosa menos enojado. Estoy tratando de controlarme, y eso es difícil de hacer contigo moviéndote encima de mí.

Mis ojos se abren mientras mi boca se abre un poco. Siento su dureza contra mi culo, y me sonrojo aún más. Puedo decir por el bulto en el que estoy sentada debía gustarle bastante cuando nos besamos, pero por alguna razón él quiere que me detenga. No quiero parar. Quiero que él vuelva a decir mi nombre con esa voz ronca suya.

—No quisiera nada más que acostarme y dejar que te muevas sobre mí todo el tiempo que quieras, pero no en un puesto de estacionamiento donde todos nos pueden ver.

En mi boca se forma una pequeña O, porque se me olvidó donde estamos.

Miro alrededor y veo que estamos en el estacionamiento de Cullen Ferretería, y es entonces cuando veo a una pareja de mayor edad parados junto a la entrada. Los dos nos están mirando.

Miro al hombre quien se parece a Edward, sólo que de constitución un poco más pequeña.

—Oh, Dios mío. —Dejo caer mi cara en su cuello, deseando que me trague la tierra. Acabo de besarme con Edward justo en frente de sus padres.


Que mejor que conocer a tus suegros así ¿cierto? ¿Qué les precio este capitulo? Les regalare otro capitulo! recuerden dejar su Review! solo así me motivo a darles mas actualizaciones.

DEJAR UN REVIEW ES CASI TAN BUENO COMO QUE EDWARD CULLEN TE LLEVE AL INSTITUTO.

Besos y Abrazos.

Anastacia