Mi Pasión eres Tú

Aclaraciones: Esta historia no es de mi autoría, al final de la historia daré el nombre original y el nombre de la autora, Los personajes no son míos (Ojala tuviera a Edward en mi vida) los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer.

Capítulo 16

Edward POV

—Sí, tengo los ojos cerrados. —Se ríe.

—¿Prometes no espiar? —pregunto, mirando la venda.

—Lo prometo.

La siento en la silla y me aseguro que todo esté perfecto. Entonces me coloco detrás de ella y le quito la venda, envolviendo mis brazos a su alrededor.

—Feliz cumpleaños, Bella.

—Oh, Edward. —Se lleva las manos a la boca, y me acerco a su lado para asegurarme que está bien.

Veo lágrimas en sus ojos y miro alrededor para asegurarme que está bien, de repente estoy preocupado porque no me salga bien. La llevé a cenar al restaurante italiano en el centro, ella reía y sonreía todo el tiempo. Le dije que no pidiera postre porque le tenía una sorpresa. Le había dicho a mi madre que era el cumpleaños de Bella y le pregunté si podía ayudarme a hacerle una torta. Quería hacerlo yo mismo, pero sabía que tendría preguntas. Le expliqué que quería sorprender a Bella, por lo que me dijo que ella y mi padre tendrían una cita esa noche para darnos un poco de espacio. Me pareció que fue muy bueno de su parte, teniendo en cuenta que me iba a dejar en casa, a solas con mi novia. Pero creo que sabe que Bella no es simplemente una novia. Que se trata de algo mucho más profundo.

—¿Está bien? —le pregunto mientras se enjuga las lágrimas.

—Es perfecto. —Me da una sonrisa acuosa y se inclina hacia adelante, dándome un suave beso en los labios.

—Lo hice yo mismo. Pastel de vainilla con glaseado de vainilla. No tuve mucha ayuda. Se ríe y me da otro beso.

—Rápido, pide un deseo —digo, mirando las velas encendidas.

—Ya se hizo realidad —dice sin apartar los ojos de mí.

—Entonces vamos a pedir juntos otros nuevos. —La tomo de la mano y se gira hacia la torta, cierra los ojos y sopla las velas.

Después se vuelve hacia mí y me da otro beso, esta vez es más largo y más profundo. Desliza su lengua en mi boca y gimo con su toque. Envuelvo mis brazos alrededor de su cintura y la levanto, me siento en su silla y la coloco en mi regazo. Nos besamos así durante un tiempo, pero finalmente no se satisface solamente con besos. Mueve su boca a mi cuello y frota mi pecho y mis brazos con manos ansiosas. Tengo una mano en su espalda baja y otra sobre su muslo desnudo. Su vestido se ha subido ligeramente, pero no he movido mi mano. La deseo tanto, pero no quiero hacer nada para lo que no esté lista.

Su boca en mi cuello hace que cada parte de mi cuerpo se tense mientras mi polla late debajo de su culo. Me masturbé antes de salir de la casa, pensando en ella y en lo inocente que se veía hoy. Pensé que sería suficiente para aguantar toda la noche, pero debí haber sabido que un solo toque suyo borraría todas mis buenas intenciones.

—Edward, ¿me muestras tu habitación? —Sus palabras son suaves y amortiguadas contra mi cuello, pero las escucho tan claro como si las hubiera gritado.

Inhalo, con la respiración temblorosa mientras trato de pensar en una razón para no hacerlo.

—No creo que sea una buena idea, nena.

Se inclina hacia atrás y me mira a través de sus pestañas, y Cristo, quiero darle lo que quiere. Sus ojos están rogando, y puedo sentir su necesidad tan fuertemente como siento el pulso en mi polla.

—Por favor —susurra.

Coloco un mechón de cabello detrás de su oreja y trato de ser la voz de la razón.

—Bella, deseo tanto llevarte a mi habitación, que podría tirarte sobre mi hombro y cargarte. —Sonríe ante mi respuesta, y se me hace aún más difícil rechazarla—. Pero si te llevo hasta allí, podríamos dejarnos llevar. Y aún no estoy listo para eso.

Toca mi mejilla y me da un beso suave.

—Quiero que lo hagas. No tenemos que hacer todo. Pero quiero que me abraces. Es mi cumpleaños.

Mierda. No puedo decir que no a eso. No quiero decir que no a eso, pero realmente debería decir que no.

—¿Bella?

—Sólo un poco —dice, moviéndose en mi regazo, y no soy lo suficientemente fuerte como para decir que no otra vez.

La pongo de pie y me levanto, tratando de moverme detrás de ella para poder disimular mi polla. Echa un vistazo abajo y se sonroja, pero no es como si yo pudiera evitarlo. Tomo su mano, la llevo por el pasillo y por las escaleras. Mi habitación está al final del pasillo al lado de un cuarto extra con un sofá y televisión. Cuando llego a mi puerta, la abro y doy un paso al costado para que pueda entrar. Cierro detrás de nosotros y me quedo allí mientras ella mira a su alrededor.

Mi habitación es grande, pero no está muy decorada. Tengo un escritorio con algunos libros y CD sobre él. Un estante en la esquina con algunos de mis trofeos. Luego está la cama tamaño matrimonial en medio. Va hacia la cama y se sienta en el extremo, sonriéndome. Me quedo congelado en el lugar hasta que estira su mano hacia mí y me acerco.

Cierro los ojos con fuerza y luego los abro. Me arrodillo frente a ella, así nuestros ojos están al mismo nivel.

—Bella, quiero ser claro acerca de lo que va a pasar, para que no haya confusiones y no lleguemos demasiado lejos. Si en cualquier momento deseas parar, me lo dices y podemos volver abajo y comer la torta. Nada va a pasar si cambias de opinión. Asiente y me sonríe, dejando escapar un suspiro nervioso.

—Si quieres que lo haga, puedo abrazarte en la cama y besarnos un poco. Pero eso es todo. ¿De acuerdo?

—Está bien. —Se sonroja, pero asiente y se acuesta en la cama.

Me arrastro sobre ella y bajo lentamente. Envuelvo un brazo alrededor de su cintura mientras me apoyo en el otro. Acaricia mi pecho. Puedo sentir el calor de su cuerpo fundiéndose con el mío, y mi respiración se hace más profunda. Mi pulso se ralentiza, pero de alguna manera se siente más fuerte, latiendo entre mis piernas. Mi polla dolorido presiona contra su vientre, y sus piernas se abren debajo de mí.

—Bella —le digo en advertencia, pero maldición, se siente tan bien.

Todavía tenemos la ropa puesta, pero hay un ardiente calor que irradia de ambos mientras las partes inferiores de nuestros cuerpos se alinean. Mueve sus caderas debajo de mí, como si tratara de encontrar una posición más cómoda, y gimo mientras jadea por la presión. Me froto un poco contra ella, tratando de aliviar el dolor, pero lo único que logro es desearla más.

—Nunca he hecho esto —dice con voz entrecortada.

—Yo tampoco, nena. —Esta vez me froto un poco más fuerte contra ella y sujeta mi camisa en sus puños.

Sus ojos se cierran mientras me balanceo sobre ella. Y lo sigo haciendo porque parece que le gusta. Abre más sus piernas y mueve sus caderas al ritmo de las mías, y muy pronto empujo encima de ella como si estuviéramos follando.

—Oh Dios —gimo, sintiendo que voy a correrme en mi jeans. Me inclino, tomando su boca en un beso desordenado, mientras nos rozamos. Todo se siente tan bien, el estar montándola, los besos.

—Edward. Algo está sucediendo. —Me mira con los ojos muy abiertos, y quiero parar, pero sé lo que va a pasar.

—Es un orgasmo, nena. Sólo deja que te frote un poco más. —Mantengo quietas sus caderas cuando bajo la mirada y veo su coño cubierto con las bragas. Su vestido se enrolló hacia arriba hace mucho tiempo, dejando al descubierto su frágil cubierta de algodón blanco para mí. Veo que su entrepierna está empapada—. Mierda.

Recorro la cumbre de tela formada por mi polla sobre la mancha de su humedad, adelante y atrás, presionando cada vez más. Sus ojos están cerrados completamente y está tratando de alcanzarlo. Presiono un poco más duro y me froto hacia arriba en una larga caricia. Es todo lo que necesita, y se corre debajo de mí, gritando mi nombre y aferrándose.

La vista es más de lo que un hombre puede aguantar y suelto chorros de esperma dentro de mis jeans. Me muevo contra ella suavemente, dejando salir cada ola de esperma, sin retenerla más. Está espeso y pegajoso dentro de mi bóxer, pero no me importa. Trato de ralentizar mi corazón y recuperar el aliento, mientras nos sujetamos el uno al otro.

Después de un segundo, siento que me da besos suaves y que empieza a moverse debajo de mí otra vez.

—¿Podemos hacerlo de nuevo? —pregunta con timidez, el rubor se torna más rojo en sus mejillas.

—Sí, bebé. Podemos hacerlo cuantas veces quieras.

Froto con fuerza mi cumbre todavía dura contra sus bragas mojadas y pretendo que estoy haciéndole el amor. Hago que se corra tres veces más antes de finalmente sacarla de la cama, diciéndole que tenemos que comer un poco de pastel o mi madre se molestará porque no lo hemos tocado.


¿Qué les pareció el capitulo? Espero ansiosa sus comentarios, nos vemos en el próximo capitulo

Besos y Abrazos.

Anastacia