Disclaimer: Ni Evangelion ni sus personajes me pertenecen.

Fui hecho para amarte

Una hubo época, antes de que sucediese aquella terrible tragedia que lo cambió todo, cuando él encontraba genuino gozo al colocarse frente a un pizarrón para educar a otros. Pararse allí y darle cátedra a sus alumnos lo hacía sentirse satisfecho consigo mismo, mientras tuviese un tema en mente y una audiencia que lo escuchase, Fuyutsuki no necesitaba nada más para ser feliz.

Poco o nada le importaba que algunos hablaran a sus espaldas al verlo envejecer con los años. Las críticas provenientes de un puñado de colegas que, claramente, envidiaban su trabajo, eran la menor de sus preocupaciones en tanto siguiese teniendo estudiantes ávidos de aprender. Y por un corto tiempo más, incauto del futuro que le esperaba, Fuyutsuki siguió complacido de sí mismo.

Sin embargo, por más que no le gustó aceptarlo, los alegatos que tantas veces ignoró acabaron convirtiéndose en palabras proféticas. Primero lo notó en sus manos; aquellas mismas manos que solían escribir con pasión y rapidez al dar una clase, ahora, cansadas y adoloridas, a duras penas conseguían garabatear un par de frases antes de verse obligadas a detenerse.

Luego, en la privacidad de su hogar, sin quitarle la mirada a su propio reflejo, Fuyutsuki no pudo ignorar más el silencioso llamado de sus cabellos blancos, los cuales, confabulándose con la marchita tez de su rostro, solamente vinieron a reafirmarle que el inevitable proceso de envejecimiento al fin lo había alcanzado hasta hacerlo suyo.

Y fue a partir de allí que, tanto para bien como para mal, no volvió a ser el mismo hombre jamás.

Aquella alegría de antaño; aquella felicidad por enseñarles a otros, fue casi muriendo por completo, convirtiéndose, a vista de los demás, en otra persona. Si bien era cierto que Kozo Fuyutsuki no era alguien extremadamente sociable, al menos no dudaba en compartir una copa de vez en cuando con sus amigos de la Universidad de Kioto. Pero tal cosa, definitivamente, se acabó.

Sus lecciones terminaron volviéndose monótonas y muy pesadas para aquellos universitarios que les interesaba la bio-metafísica, llegando, en más de una ocasión, a sostener tensos debates con los escasos jóvenes que cursaban sus clases. Ante su cada vez mayor malhumor, Fuyutsuki, sin que encontrase nada que encendiese la chispa otra vez, incluso consideró seriamente el retiro.

Pero de tomar ese camino, un nuevo problema se presentaría para él: la soledad. Haberse dedicado con tanta energía a su trabajo en los laboratorios y en los salones le impidió entablar la más mínima relación con una mujer, permaneciendo, hasta su ya avanzada edad, como un solterón cuya condición le causaba una enorme tristeza en sus adentros.

Ante dicho escenario, creyendo que sin importar lo que hiciese no podría escapar de aquel profundo y oscuro agujero que le esperaba, la idea del suicidio pasó por su mente en un par de oportunidades; no obstante, sin que él mismo se lo esperase, la luz volvería a brillar en su vida dándole nuevas fuerzas para continuar viviendo.

Y esa hermosa luz, quedando grabada en su corazón para siempre, llevaría por nombre: Yui Ikari.

Gracias a uno de los pocos maestros que seguía manteniendo amistad con él, Fuyutsuki, al leer una de sus tesis, quedó sinceramente impresionado por las ideas revolucionarias que Yui Ikari ofrecía para el campo de la bioingeniería. Así pues, aceptando la recomendación de aquel viejo amigo, Fuyutsuki se presentó al día siguiente a su oficina con la gigantesca ilusión de conocerla.

– ¡El Anti Campo AT de Lilith se expande, pronto cubrirá todo el planeta!

Obligándolo a detener sus recuerdos, sin más remedio que prestarle atención al caótico presente, Fuyutsuki se mantuvo inmóvil mientras Shigeru Aoba, leyendo las lecturas que aparecían en sus monitores, describía la situación con voz alta. Girando un poco la cabeza, mirando a sus subordinados, Fuyutsuki hizo contacto visual con Makoto Hyuga quien secundó a Aoba.

– ¡Su Anti Campo AT ha alcanzado su límite, así ningún ser vivo podrá mantener su forma física!

Todavía sin decir nada al respecto, manteniendo un asombroso aplomo pese a la locura que se vivía en los alrededores, un estoico Fuyutsuki no hizo más que mirar la pantalla principal de la sala de control, observando, con un atisbo de nostalgia, el monumental ente humanoide que crecía encima de ellos luciendo idéntica a Rei Ayanami; empero, para él, su rostro le pertenecía a Yui.

Anoche leí su trabajo, debo confesarle que algunas cosas no pude comprenderlas del todo; pero suenan muy fascinantes.

Es usted muy amable, profesor Fuyutsuki.

No era la primera vez que una joven y bella estudiante necesitaba algunos minutos de su tiempo; sin embargo, sintiendo un terremoto interno como nunca antes lo hubiese imaginado, la mera presencia de Yui Ikari movió el piso bajo sus pies. Era realmente preciosa, tanto en su intelecto como en su figura, y desde ese día hasta la actualidad, ella jamás abandonaría sus pensamientos.

¿Qué piensa hacer cuando se haya graduado? –Sentado en su escritorio, sosteniendo una copia de la más reciente investigación encabezada por Yui, Fuyutsuki le preguntó– ¿trabajará en los laboratorios universitarios o se marchará al sector privado?

Para serle sincera; profesor, todavía no he pensado en nada de eso–tomándolo desprevenido, la respuesta de Yui le impidió pensar en cualquier otra cosa–pero hay una tercera opción; al menos para mí: la maternidad. No he renunciado a la posibilidad de contraer matrimonio y formar una familia, pero todo eso depende; por supuesto, de que logre encontrar al hombre adecuado para mí…

Sonriéndole, si bien sus deseos eran serios y formales, el semblante alegre que la adornó la dotó de un aura angelical como si fuese una criatura bajada del mismísimo cielo. Era una completa lástima que años después, al involucrarse en los planes orquestados por Seele y Gendo, ya no pudiese usar la palabra "ángel" con una connotación positiva ni como sinónimo de belleza.

Así pues, sin dudarlo, Fuyutsuki movió algunas de sus influencias en la rectoría de la universidad para que él fuese el maestro y tutor de Yui. Y viéndola como un diamante en bruto, él, con dedicación y un cariño cada vez más grande, la fue guiando a medida que se acercaba a la cúspide de sus estudios universitarios. Asimismo, llenando otro vacío, Yui era más que su alumna favorita.

Su pasión y arrojo por la enseñanza, que daba por muertas, renacieron entre las cenizas con renovado vigor; no obstante, a diferencia del pasado, su alma ya no lo hacía por el mero afán de educar a otros, si no por verla a ella. Escucharla explicar sus teorías en clase, oírla reírse de él por su excesiva formalidad y contemplarla trabajando con ímpetu en los laboratorios, lo enamoraron.

Sí, lo enamoraron. No existía otra manera para describir el vehemente sentimiento que recorría su cuerpo al estar con ella; sin embargo, Fuyutsuki sabía que Yui no le miraba del mismo modo. Aquello era algo comprensible, mientras que ella apenas iba adentrándose en sus años veinte, él, sobrepasando los cuarenta, podría hacerse pasar por su padre ante el marcado contraste de edad.

Por ende, siempre guardando una saludable distancia con respecto a Yui, Fuyutsuki luchaba por no hacer algo que cruzase la línea de lo moral, y que, a la postre, provocase que Yui se alejase de él al verlo como un anciano depravado. Empero, por más que mantuviese sus manos lejos de ella, sus ojos y su corazón se negaban a cerrarse y a dejar de latir por ella.

Estar en casa era peor que haber caído al infierno, cada segundo de fría soledad sólo alimentaba el fuego que llevaba en su interior por estar con ella otra vez. Y al estar allí, mirando el techo desde la suavidad de su cama, Fuyutsuki fantaseaba con haberla conocido unas dos décadas atrás, cuando él, en plena juventud, hubiese tenido el valor de invitarla a salir y a confesarle su amor.

Y esa, como toda fantasía, estaba destinada a ser destruida muy pronto.

Sin que le fuese pedido su consentimiento, la rectoría de la universidad, ya no sabiendo cómo lidiar con un alumno problemático como Gendo Rokubungi, lo nombró su asesor con la esperanza que un maestro tan dedicado como él pudiese hacer brillar a un pedazo de carbón como Gendo. Y para agravarle las cosas, también tendría que pagar su fianza y sacarlo personalmente de la cárcel.

Molesto, viendo arruinados sus planes de pasar la mañana con Yui en el laboratorio, a Fuyutsuki no le quedó más salida que cumplir con las órdenes que recibió y dirigirse a la estación de policía de Kioto para liberar a su no deseado nuevo discípulo. Antes de conocerlo había llegado a oír un poco sobre él, y en más de una ocasión, irónicamente, se alegró de no tener nada que ver con él.

Se decía que era un pésimo estudiante, con calificaciones apenas aceptables para aprobar y con una recurrente tendencia a protagonizar peleas callejeras en bares y cantinas. No queriéndolo cerca de él, resultándole un individuo despreciable y repelente, tan pronto como lo sacó de prisión le asignó diversas tareas y deberes para mantenerlo ocupado dejándolo muy lejos de él.

Por un tiempo creyó que con eso bastaría, en tanto Gendo mejorase sus puntajes académicos, él podría continuar tutelando a Yui y a acompañarla en sus usuales caminatas recreativas temprano por los domingos. Pero fue justamente allí, y de la propia boca de Yui, cuando la peor bomba que pudiese existir, explotó, justo sobre él, destruyéndolo por dentro a niveles insospechados.

¿Lo estás diciendo en serio, Yui?

Claro que sí, profesor. Desde hace varias semanas que Gendo Rokubungi y yo mantenemos una relación…

Por más que intentó ocultar su asombro, Fuyutsuki, visiblemente consternado, detuvo en seco sus pasos cuando paseaba con Yui en aquel sendero montañoso que habían elegido días atrás. Mientras ella seguía esperando cualquier comentario de su parte, girándose para que no viese su rostro, Fuyutsuki se preguntaba cuándo, cómo y dónde terminaron conociéndose Gendo y Yui.

Aquello no lo podía creer. Pasando casi todo su tiempo con Yui en la universidad, Fuyutsuki, repasando mentalmente las últimas semanas, no encontró ni la más mínima pista que le indicase cuándo su alumna más querida, conoció, sin que él lo supiese, al peor hombre que pudiese existir en toda la faz de la Tierra. Lamentablemente para él, ya le era imposible hacer algo al respecto.

Discúlpame por decirte esto, Yui. Pero sinceramente, no los puedo imaginar como pareja…

No pudiendo mantener su dolor escondido por mucho más, hablándole con una sinceridad incuestionable, Fuyutsuki rompió su prolongado silencio expresándole sus sentires.

Gendo es un hombre muy gentil. Ninguna persona lo conoce como yo, profesor–respondiéndole, caminando detrás de él, Yui continuó comentándole de su noviazgo con el futuro Comandante de Nerv–Gendo es una persona excepcional.

Arqueando una ceja, totalmente incrédulo que la mujer más brillante e inteligente que conocía en el mundo pudiese creer algo así, Fuyutsuki esperaba que todo aquello no fuese más que una terrible pesadilla. Empero, con el pasar de los segundos, fue comprendiendo que se trataba de la horrible realidad, y como tal, no le quedó más remedio que asumirla y aceptarla.

A veces la ignorancia puede traer mucha felicidad…

¿Profesor, acaso le molestó que le haya contado de mi relación con Gendo? –no necesitando ser una genio para detectar aquel atisbo de sarcasmo, Yui fue directa al cuestionarle.

Admito que es un joven "interesante"; pero honestamente, él no me agrada…

Así pues, volviendo a sentirse viejo y solo, Kozo Fuyutsuki debió mantenerse al margen de la vida romántica y privada de Yui por mucho que ésta le causase angustia y enfado. Con gran malestar, fingiendo lo mejor que pudo, Fuyutsuki tuvo que acostumbrarse a ver como Gendo aparecía, diariamente, al anochecer, en las puertas del laboratorio esperando a Yui para marcharse juntos.

Con un simple y áspero "buenas noches", Fuyutsuki, viendo a su joven amada en los brazos de otro hombre, amargamente se despedía de ambos antes de tomar el camino opuesto, esperando, con gran aflicción, no escuchar más sus voces a medida que se distanciaba de ellos. Y si bien no los veía en persona, Fuyutsuki, no siendo ningún tonto, sabía perfectamente lo que los dos hacían a solas.

Yui, como toda mujer libre de vivir su vida, no tenía ningún impedimento para experimentar cada aspecto que contemplaba tener una pareja. Y mientras Fuyutsuki intentaba conciliar el sueño, totalmente consumido por los celos, aquel viejo profesor universitario la imaginaba junto a Gendo en la cama de cualquier motel, disfrutando, sin pudor alguno, de la sexualidad que crecía en ellos.

Tal visión le asqueaba. Saber que Gendo podía cruzar la misma frontera que él no, le hacía hervir la sangre en tanto continuaba imaginando, como Gendo, con sus sucias y asquerosas manos, acariciaba y tocaba cada rincón del cuerpo de Yui al estar arropados por la desnudez. Su adorada imagen de una Yui diáfana e impoluta, para su desconsuelo, terminó mancillada al instante.

Aún así, por más que Yui parecía estar atrapada en una relación demasiado perfecta para ser real, Fuyutsuki, siguiendo a sus instintos, empezó con una cruzada personal por descubrir las auténticas razones que llevaron a un zángano como Gendo Rokubungi, a acabar, tomado de la mano, de una chica tan prometedora y adorable como Yui Ikari. Y ese, sin sospecharlo, fue el inicio de su ruina.

Echándole un ojo a la financiación de las investigaciones de Yui, Fuyutsuki, dándole importancia a algo que su idilio por ella le impidió notar, halló que dichas investigaciones eran financiadas por una organización llamada Seele. Y uniendo los puntos entre sí, Fuyutsuki no se tardó en teorizar que Gendo, usando a Yui como un trampolín, sólo le importaba unirse a esa organización secreta.

Pero cuando comenzaba a dilucidar las verdaderas intenciones de Gendo, tomándolo por sorpresa tanto a él como al resto de la humanidad, la desgarradora tragedia que sería conocida como el Segundo Impacto, le imposibilitó continuar con su búsqueda al tener que darle prioridad a su supervivencia. El mundo, tal y como lo conoció, en todos sus aspectos, cambió para siempre.

Terremotos, inundaciones, hambrunas y guerras. Fue como si los cuatro jinetes del apocalipsis finalmente decidieron aparecer, aquellas desventuras azotaron a los países con una crudeza visceral y sanguinaria. Durante el caos perdió todo contacto y comunicación con Yui Ikari, en un par de ocasiones trató de telefonearla, pero fue inútil. Ella y Gendo se esfumaron sin dejar rastro.

Aún así, su perseverancia lo recompensó con una mínima información. Aparentemente, Gendo había viajado a la Antártida en una expedición científica unas semanas antes del Segundo Impacto. Rápidamente, y con demasiada alegría, Fuyutsuki se atrevió a darlo por muerto ante lo ocurrido en aquel sitio; por lo tanto, respiró con un poco de alivio al creer que Yui ahora debía estar libre de él.

Así pues, viendo el sufrimiento que los más necesitados padecían ante la carencia de doctores, Fuyutsuki, sacrificando sus deseos por reencontrarse con Yui, hizo lo que estuvo a su alcance por atender a aquellos indefensos que requerían con urgencia de asistencia médica. Y un día, sin que se lo esperase, llegó a su puerta una invitación para realizar un viaje al desaparecido polo sur.

Siendo recomendando por alguien anónimo, las Naciones Unidas, enviando una comisión de investigación oficial al lugar del Segundo Impacto, lo incluyó en la lista de científicos que partiría hacia aquel destruido rincón del planeta. Y si bien pudo haber rechazado la oferta, Fuyutsuki, demasiado curioso para su propio bien, aceptó embarcarse en aquella larga travesía.

Es difícil de creer que, alguna vez, todo este lugar fue un continente de hielo…

Pues será mejor que lo crea, profesor Fuyutsuki.

Interrumpiendo sus meditaciones en voz alta, otra voz muy familiar y desagradable, le hizo dejar de mirar los restos de la otrora Antártida para voltearse, confirmando, con incredulidad, la identidad del dueño de dicha voz.

¡No puedo creerlo, sigue con vida! –Convencido de no estar alucinando, Kozo Fuyutsuki se vio frente a frente con Gendo Rokubungi– ¡pensé que había muerto junto a toda la Expedición Katsuragi!

Me marché un día antes, fui muy afortunado.

Sí que lo fue, señor Rokubungi…

Disculpe, profesor; pero ese ya no es mi nombre.

Recordar aquel momento, por muy egoísta y cruel que sonase, le pareció una desgracia todavía más grande que el mismísimo Segundo Impacto. Millones de personas habían muerto en aquel cataclismo; no obstante, lo que estaba a punto de saber, le provocó un dolor muchísimo más desgarrador, al entender que, definitivamente, había perdido a Yui para siempre.

Gendo, como si pudiese leerle el pensamiento, dibujó una mordaz y cínica sonrisa en su cara mientras le entregaba una tarjeta de bodas. Al leerla, conteniendo las ganas de vomitar, Fuyutsuki realizó el terrible hallazgo de que Yui, contra todo pronóstico, contrajo matrimonio con aquel individuo que tanto desprecio y rechazo le provoca en sus entrañas.

¿Ikari? –Pasmado, Fuyutsuki le cuestionó– ¿ahora su nombre es Gendo Ikari?

Con todo lo ocurrido en los últimos años, no nos fue posible localizarlo para invitarlo a nuestra boda. Cuando logré encontrarlo, Yui no se tardó en enviarle esta tarjeta–habiendo sido él mismo quién lo recomendó para participar en aquel viaje al destruido polo sur, Gendo fingió modestia–mi esposa todavía le tiene muchísimo cariño, profesor. Yui está muy ansiosa por volver a verlo.

Sus más grandes temores, aquellos que creía haber sepultado al dar por muerto apresuradamente a Gendo, reviviendo, como si fuesen zombis saliendo de sus tumbas, terminaron por pisotear sus esperanzas de reunirse con Yui para volver a la confortable rutina que tuvieron en el pasado. Esa época; la época en la que fue más feliz en toda su vida, nunca más volvería a existir.

Vaya, esta es una noticia que me toma por sorpresa. Les deseo la mejor de las suertes, espero que sean muy felices…–meramente por cortesía, Fuyutsuki se dispuso a felicitar a su antiguo y conflictivo alumno– ¿cómo se encuentra Yui, ella también vino al viaje?

A Yui le hubiera encantado venir para saludarlo, profesor Fuyutsuki; pero no le fue posible debido a su embarazo…

¿Embarazo? –Las malas noticias, clavándose como cuchillos en su corazón, no terminaban de caer sobre él– ¿Yui está embarazada?

Así es, muy pronto Yui y yo seremos padres…

Hasta ese punto cualquier otro hombre ya hubiese tirado la toalla, siendo una mujer casada y esperando un hijo, era prácticamente imposible que se cumplieran sus más fantasiosos sueños donde ambos eran felices a pesar de la escandalosa diferencia de edad. No obstante, aferrándose a una ínfima esperanza, la chispa que Yui encendió al conocerlo se negó rotundamente a apagarse.

Así pues, no pudiendo detenerse para llorar por su truncado amor por Yui, Fuyutsuki quiso despejar su mente enfocándose en la tarea para la cual viajó hasta allí. Pronto descubrió que el Segundo Impacto no sucedió por un meteorito tal y como lo alegaron las Naciones Unidas, una extraña criatura humanoide y brillante, descubierta entre el hielo, fue la causante de la tragedia.

– ¡No, esto no puede estar sucediendo!

Rompiendo sus recuerdos por segunda vez, Fuyutsuki, ladeándose a su izquierda, miró como la normalmente amigable y sonriente Maya Ibuki gritaba como una completa desquiciada al ver lo que sucedía. Todavía sin decir ni una palabra al respecto, Fuyutsuki sintió mucha pena por ella al verla llorando y agitándose descontrolada al ser víctima del creciente pánico.

Habiendo guardado silencio por una eternidad, teniendo la obligación moral y jerárquica de decir algo al menos, el Vicecomandante de Nerv pensó en darle algunas palabras de agradecimiento por sus servicios y otras de consuelo ante el inevitable final que les esperaba. Sin embargo, comprendido que dicho discurso sería algo inútil, prefirió limitarse a remarcar la realidad.

– Las puertas de la Cámara de Gauf están abiertas, los caminos del génesis y el apocalipsis están unidos–con voz serena pero segura, manteniéndose firmemente parado ante la pantalla principal de la sala de control, Fuyutsuki se armó de valor para decir una cosa más– ¡el momento ha llegado, prepárense!

Casi en el acto, como si el Tercer Impacto esperase que él anunciase su llegada, el ambiente en la sala de control cambió de un modo imposible de describir para Fuyutsuki. Sus sentidos podían percatarse que algo sobrenatural y místico empezaba a rodearlos a todos sin que pudiesen evitarlo, y escuchando los gritos de sus subordinados, Fuyutsuki simplemente esperó por su turno.

Fue abismalmente surrealista. Toda coherencia y lógica desapareció, mientras contemplaba, uno por uno, como sus subalternos iban transformándose en charcos anaranjados de inconfundible LCL. Hyuga fue el primero en irse, a su lado, tratando inútilmente de esconderse debajo de su escritorio, Aoba le acompañó poco después. Y Maya, a sus espaldas, continuaba gritando sin parar.

– ¿Ikari, lograste reunirte con Yui?

Alzando la mirada, sabiendo que muy pronto sería su hora, Fuyutsuki lanzó aquella pregunta al aire mientras notó como una silueta familiar descendía hacia él desde lo más alto. Por un breve santiamén, convencido que se trataba de Rei, Fuyutsuki vio a la chica que Gendo creó para reemplazar a Yui cuando los dejó; empero, al pestañear, aquella silueta adoptó otra apariencia.

Era ella; era Yui. Se veía hermosa, radiante y llena de vida. Igual que el día en que la conoció en su oficina hacía más de quince largos años, se conmovió tanto que no se sintió merecedor de estar en su presencia. Pero de todas maneras, maravillado por su milagrosa aparición, a su memoria vinieron las imágenes de la última vez que hablaron poco antes de desvanecerse.

Siempre se sentiría culpable con él mismo por haberse aliado con un cretino como Gendo Ikari, incluso hoy en día, se cuestionaba si valió la pena haberle vendido su alma al diablo cuando aceptó su oferta de unirse a sus proyectos secretos y clandestinos. Pero ver a Yui otra vez; trabajar con ella otra vez, fue suficiente motivación como para traicionar sus principios y aliarse con él.

Luego haber reunido suficientes pistas, convencido que Seele y Gendo Ikari estuvieron detrás del Segundo Impacto, Fuyutsuki se atrevió a encararlo con la evidencia dispuesto a hacer de conocimiento público sus escandalosos descubrimientos. Pero Gendo, sin inmutarse, ironizó sobre su terquedad y desconfianza, invitándolo, también, a echarle una mirada al trabajo que realizaban.

Conoció en persona los orígenes de Nerv, inclusive antes de que fuese llamada de esa forma. Vio las brillantes contribuciones científicas de las Súper Computadoras Magi creadas por la Doctora Naoko Akagi, y por supuesto, viendo el resultado de las teorías planteadas por Yui en sus días de estudiante, las Unidades Evangelion le causaban tanto asombro como terror.

Igualmente, al mismo tiempo que las investigaciones de Yui y los demás continuaban gracias a la financiación de Seele, Fuyutsuki no pudo ocultar la tenue felicidad que creció en él al ver a Yui cumpliendo aquel viejo sueño que le confesó al conocerse: ser madre. Al sostener a su hijo en brazos se veía muy satisfecha y complacida de sí misma, más que en su graduación universitaria.

Shinji, aquel pequeño e inocente niño que ignoraba las maquinaciones de su padre, lucía en su infantil rostro una sonrisa enorme y contagiosa cada vez que Yui jugaba con él. Observándola, adorándola silenciosamente, Fuyutsuki volvió a imaginarse junto a ella formando la familia que no tuvo ni tendría jamás. Pero conociendo lo que planeaba Seele, aquello no hubiese ocurrido nunca.

Por ende, siendo muy consciente de las intenciones de Seele, Yui, enfrentando el problema pese a los riesgos, estaba dispuesta a pagar el precio más alto con tal de heredarse a Shinji un mundo mejor. Para Fuyutsuki, obviamente, tal cosa implicaría perderla todavía más. No sólo significaría mirarla en los brazos de otro hombre; si no además, que sería arrancada de la faz de la Tierra.

Pero no es necesario que seas la piloto de pruebas, podemos pensar en otra alternativa.

No hay otra manera, nadie más puede hacerlo. Tú lo sabes…

Luego de aquella afirmación, meciendo a su hijo que jugueteaba con ella, Fuyutsuki se rindió entendiendo que nada que él le dijese la haría cambiar de opinión. Yui, como cualquier otra madre que amaba a sus hijos, daría la vida misma con tal de protegerlos. Sabiendo que ya no tendría más oportunidades, viéndose muy tentado a hacerlo, Fuyutsuki barajó la idea de confesarle su amor.

Se vio a él mismo caminando hacia ella, y tan pronto como Yui se voltease a mirarlo, se lo diría. Le confesaría que ella no ha salido de su cabeza desde el instante en que se conocieron, le contaría cómo ella le regresó la alegría a su solitaria y monótona existencia. Le admitiría, con gran aflicción, el sufrimiento que vivió por dentro al verla ser la mujer de alguien tan repugnante como Gendo.

Y por último, sin importarle la palpable diferencia de edad, como si fuese un jovencito enamorado, Fuyutsuki se acercaría a ella con gentiliza para robarse ese beso que por tantos años ha deseado. No obstante, haciéndole entrar en razón, las risas de Shinji lo detuvieron antes de tan siquiera hacer un sutil movimiento. Ese era el último día de Yui; el último día de Shinji con su madre.

Él, por mucho que la amara, no se entrometería entre ellos.

Así pues, ocurrió lo inevitable, Yui cumplió con su cometido quedándose encerrada en la Unidad 01 esperando que llegase su momento de actuar. Gendo, desconociendo las planes de Yui, comenzó con una demencial y psicópata cruzada por recuperarla haciendo lo que sea por lograrlo, incluyendo, cruelmente, deshacerse de Shinji para más adelante usarlo como una herramienta.

Le pareció nefasto y asqueroso el trato que Gendo le daba a Shinji; empero, suponiendo que Yui lo vería todo desde el interior del Eva, Fuyutsuki confiaba en que ella, descubriera, por sí misma, que Gendo no era lo que ella creía. Observaría que su comportamiento con ella sólo fue una fachada, alguien como Gendo Ikari jamás podría sentir genuino cariño ni afecto por absolutamente nadie.

Y ahora, luego de casi una interminable espera, mirándola flotar frente a él, Kozo Fuyutsuki aceptaría la muerte no sin antes expresarle aquello que siempre quiso decirle.

– Profesor…

– Yui…

Fuyutsuki presentía que no era Yui en realidad, pero aquello no le importó. Al percibir como sus manos tomaban sus mejillas con ternura, viéndola obsequiarle una sonrisa tan amorosa y única, él le dijo con su alma sus sentires. Le dio aquel "Te amo" que guardó por años. Yui, sin decir nada, cerró la brecha entre ambos besándolo tal y como él fantaseó millones de veces al cerrar sus ojos.

A pesar que la humanidad, literalmente, estaba siendo evaporada en todos los rincones del planeta, Fuyutsuki no pudo contener todo el regocijo que lo invadió al sentir los labios de Yui sobre los suyos, los cuales, con sus lentos y tiernos movimientos, le conferían la más impoluta absolución a todos sus errores y pecados por haberse convertido en el lacayo de Gendo Ikari.

Fue tan significativa la mezcla de emociones que lo abrumó, que Fuyutsuki, honestamente, ni siquiera se dio cuenta cuando su cuerpo se derritió en LCL; pero poco o nada le importaba, también le tenía sin cuidado a dónde iría al marcharse en aquella travesía, mientras Yui estuviera con él acompañándolo, pasase lo que pasase, nada le quitaría la felicidad de su rostro.

Con tal de estar con Yui por toda la eternidad, sacrificarse a sí mismo era un precio razonable.

Fin

Hola, les agradezco mucho por haber leído. Hacía unos días empecé a buscar historias de los personajes más secundarios de Evangelion y me sorprendieron los pocos fanfics dedicados a Kozo Fuyutsuki que hay. Comprendo que él no sea muy atractivo para la mayoría, muchos preferimos los fanfics enfocados en los protagonistas, pero creo que hay mucho que se puede hablar sobre él.

Les doy las gracias a los todos que se tomaron la molestia de leer el fic, espero que los minutos que invirtieron leyendo les haya sido de su agrado. Muchas gracias por leer y hasta la próxima.