A pasos torpes y apresurados había salido de la habitación, a tropezones llego a la sala y como pudo tomo a Loki para después echarse a correr en dirección del último cuarto de la casa, una habitación que nunca considero usar.
Como en cualquier casa o departamento, había una habitación, un cuarto destinado al celo incluso los que estaban acondicionados para el nido o el parto, como era el caso del suyo.
Era un cuarto aislado, que sí tenía ventanas, solo se podía abrir un espacio muy reducido de las mismas, ya que fungía como ventilación y el resto de cristal para iluminar.
Ese cuarto suprimía casi al mínimo el aroma de quien estuviera dentro, y se sintió estúpido por no haber entrado ahí antes, se sentía estúpido por muchas razones. Ese cuarto apestaba a pintura y laca, ahí era donde dejaba secar sus trabajos.
Al cerrar la puerta tras sí, se dejó caer en ella, recargándose por completo y deslizándose lentamente al piso, mierda, estaba aterrado.
Dejo a Loki en el suelo quien lo vio con sus grandes y brillantes ojos verdes. Se sentía tan aterrado.
-Mierda.- susurro para sí mismo. La culpa estaba ahí de nuevo Chat Noir podía darle pelea a Kim, eso ya lo había demostrado, pero ahora era diferente, las circunstancias eran otras, Chat estaba solo, uno a uno, y eso era una desventaja, por muy fuerte que fuera Chat, a Kim lo conocía, era un atleta nato, y ganaba en altura, masa muscular y peso a simple vista.
Se sentía culpable, si no hubiera discutido con él, si tan solo lo hubiera escuchado, quizás, solo quizás, la situación podría ser un poco mejor, no entendía que había pasado, él era un chico tranquilo, no solía dar problemas, no solía tener ese tipo de reacciones, lo que hizo había sido meramente instintivo.
Escuchaba parte de la acalorada discusión de ambos alfas, algunos insultos y palabras burlonas, nada muy relevante, lo que más le ponía los vellos de punta eran los profundos gruñidos de ambos. Escuchaba el característico sonido de las flechas al ser disparadas, metal chocando, golpes en las paredes.
Fue sintiéndose cada vez más pequeño, encogiéndose en su lugar cubriendo sus oídos, sintiéndose presa del pánico, del miedo, de la impotencia que recorría cada centímetro de su cuerpo, quería hacer algo, no quería ser el doncel en apuros al que tuvieran que salvar, pero sabía que seguramente solo estorbaría en aquella pelea.
Y entonces hubo un golpe, un golpe que hizo temblar las paredes, Nathanael levanto la mirada, se puso en alerta de inmediato.
Voces reconocibles, esa firmeza al hablar: LadyBug
Su acento característico: Crarapase.
Le causo un poco de gracia que aun en esa situación Chloé pudiera mantener su esencia: Queen bee
No escucho su discusión con claridad, pero de pronto todo fue jodidamente rápido, escuchó claramente la cuerda del arco al ser soltada, el grito de LadyBug.
Sus piernas perdieron todo rastro de fuerza y se dejó caer de lleno contra el piso. A través del lazo que compartían lo sintió.
Llevo una de sus manos a su hombro, donde la flecha se había clavado en Chat Noir, y por medio del mismo lo sintió:
Ira
Rabia
Enojo
Lujuria.
Eran sensaciones tan abrumadoras, sentimientos que no le pertenecían ni a él, ni a susoulmate.
Un escalofrió lo recorrió de cabeza a los pies al escuchar el gutural gruñido de Chat Noir, una descarga de adrenalina recorrió su cuerpo y se movió sin pensar. Iba a hacer algo jodidamente estúpido.
Justo a tiempo, solo así lo podía definir, LadyBug había jalado a Queen bee justo en el momento en el que el gato negro se abalanzaba contra ella. Dos contra tres en otro momento sería una ventaja pero ahora les había volteado la jugada, LadyBug admitía que había sido estúpido su plan, dos betas y una omega contra un alfa ¿Qué pretendían hacer ? si podían usar las feromonas para tratar de controlar a Kim, pero a dos alfas enojados cambiaban sus planes por completo, ellos iban con una estrategia ofensiva, que Chat estuviera afectado desechaba sus planes por completo, porque para empezar ni si quiera debía estar ahí, por algo lo saco de la misión.
Si, había sido de utilidad el que les diera la posición, pero ahora lo estaba entorpeciendo. No tenían tiempo para planear algo más, tendría que improvisar.
Por la información que tenía solo le quedaba llevar la lucha fuera, y tenían que cubrir a Chloé, no podían usar su miraculous pues lo tenía que reservar contra Kim y volverse a transformar les robaría tiempo, y en este tipo de misiones cada segundo contaba.
Kim se regocijo emocionado al ver como el gato negro era llevado afuera para seguir la pelea, y aprovechando de su nueva soledad comenzó a caminar por el departamento, respiraba con fuerza inundando su nariz de aquel atrayente y peculiar aroma que tanto anhelaba poseer.
Rio de forma estridente, relamiendo sus labios con deseo.
-¡¿Estás jugando a las escondidas?! ¡Zorra!- su grito hizo que las paredes retumbaran, sentía como poco a poco aquel aroma se tornaba ligeramente agrio y picaba su nariz, alguien estaba aterrado; había algo erótico en ello, ansiaba doblegar a ese chico.
-Entonces juguemos bien- miro el cielo, comenzaba a atardecer, su sonrisa sádica se ensanchó llevo su mano derecha al carcaj y con el arco apunto a la caja de fusibles, sin miramientos disparo asestando de lleno; dejando al edificio sin luz, siendo el sol la única fuente de luz.
Nathanael contuvo la respiración, se había movido muy poco de donde estaba y por aquellas ventanas entraba suficiente luz, aunque no era así en el resto de la casa, se las tendría que arreglar a ciegas.
Abrió la puerta y lanzo un pincel hacia el baño, quizás no lo engañaría, pero podría distráelo; y salió corriendo lo más silencioso que pudo en la dirección contraria.
Un maullido.
Una flecha
Pisadas cuidadosas y asustadas.
Pasos demandantes y firmes.
Metal cocando en el techo
Quejidos de dolor
Gruñidos iracundos
Se oían los gritos, ya no sabría decir si eran para compañeros o para el enemigo
Llevo sus manos a su boca, su respiración era tan agitada que era ruidosa
La risa en los pasillos le crispaba los nervios
Sujeto contra su pecho el lienzo que llevaba
Era su arma
En su diestra una flecha.
En la zurda el arco
No quiera pelear, solo aturdirlo y escapar
Cuando lo tuviera entre sus manos lo haría vivir un infierno
Miedo
Rabia
Ansiedad
Lujuria
Un llanto silencioso
Una carcajada estruendosa
Kim estaba jugando con él, abría y azotaba cada puerta que encontraba, y cada que eso pasaba estaba más y más cerca de él.
Era su casa conocía cada rincón.
Su olfato no le fallaría, sabía dónde estaba perfectamente.
Vidrios quebrándose en el suelo.
Lo dejaría marinar en su propio miedo
Con tanta tensión en el aire cualquier radio era estridente
Y ese fue su error.
Corrió por la sala hacia la puerta, tropezó con las cajas de ropa que su hermana le había enviado, y la puerta de repente se vio muy lejos.
Las cajas se abrieron y la ropa se rego en el suelo
El claro sonido de su cuerpo chocando en el suelo fue lo suficientemente llamativo para gritar su posición
Soltó el lienzo que llevaba, como si necesitara más ruido.
-Te encontré, zorrito-
canturreo entre dientes, saboreando cada silaba, ahí terminaba todo.
Los pesados pasos de Kim hicieron que el suelo temblara, estaba corriendo a donde estaba.
Era una presa sin escape.
Un disparo de adrenalina hizo que su cuerpo se moviera sin pensarlo, tomo el lienzo a su lado mientras veía con temor a la robusta figura acercándose a donde estaba.
Solo se necesita un segundo.
Solo un segundo puede cambiar las cosas, y así fue.
Sin dudar, y sin saber de dónde nació el coraje lo golpeo.
Lo golpeo justo en la cabeza.
Eso hizo que retrocedieran unos pasos.
Los suficientes para poder alejarse de el
También le dio tiempo.
Tiempo en el que salió corriendo con renovadas energías y a tropezones de su departamento.
Salió corriendo asustado
Salió corriendo desesperado
Salió corriendo por ayuda
Salió corriendo y...
...y nada.
Las personas se alejaban de el con asco.
Con repulsión.
Lo barrieron con la mirada, juzgaron su apariencia, su físico, su ropa, su cabello, y los comentarios hirientes no tardaron en llegar, y nuevamente se sintió abrumado por todos esos comentarios, y se fue haciendo cada vez más pequeño.
El pelirrojo se había acercado por ayuda, por consuelo, y las personas se alejaban apenas los miraba; las madres cubrían los ojos de sus hijos, los hombres cubrían a sus esposas para que no se acercara, y los mayores cuchicheaban entre ellos.
¿Acaso era el malo?
¿Acaso no era la victima?
¿Acaso no merecía ayuda?
Sus pensamientos, al igual que sus piernas fueron muy lentos, al ver la nueva cara de miedo en las personas supo que Kim estaba ahí, y cuando quiso huir, cuando quiso correr, una gran mano se posó en su hombro y lo jalo del brazo contra él.
Contra su voluntad.
Kim lo había alcanzado de nuevo.
No le dio tiempo a gritar.
No le dio tiempo a quejarse.
No le dio tiempo a pelear.
Con su mano libre cubrió la boca de Nathanael y su otra mano solo lo soltó para clavar la flecha
Pero a Kim no le bastaría con apuñalarlo, no, tenía que hacerlo humillante por ello la clavo en esa zona entre su cuello y el hombro.
La clavo en la zona de la marca, sobre una de las glándulas de feromonas.
-Muy pronto tendrás mis dientes aquí, puta-
Le dolió como el infierno, y aunque hubiera querido gritar no habría podido pues ese dolor le arranco hasta el aliento, sin embargo, tan pronto llego, el dolor pronto se disipo al igual que la flecha que pareció desintegrarse una vez cumplió su cometido
y de pronto comenzó a sentirse muy pesado.
Pero tan ligero.
Tan frágil.
Tan débil.
Tan...
Tan...
Tan...
...sumiso
sentía sus brazos tan pesados que no podía moverlos, pero a su vez no los sentía.
Sus piernas flaquearon y tuvo que apoyarse en el cuerpo de Kim.
En ese punto le pesaba hasta respirar
Sus parpados se sentían pesados, al cerrarlos parecía una eternidad el tipo que le tomaba volver a abrirlos.
Tuvo la sensación de no tocar el suelo, Kim lo llevaba en brazos al techo
-Por fin serás mío- susurro con lujuria en su oreja, lamio el lóbulo y mordió la misma con fuerza, justo en la perforación de los aretes; sintió la sangre cálida recorrer su mentón.
Lo arrastro sin miramientos hasta llegar a un buen lugar en el techo donde ver la pelea sin problemas.
El gato negro era retenido con dificultad por los otros héroes, LadyBug llevaba algo entre las manos, aunque no podía ver bien lo que era.
Kim lo soltó, dejándolo caer de lleno contra las baldosas del techo, el pequeño zorro comenzó a arrastrase por el techo.
-A-Ayuda…- sus palabras parecían murmullos que morían apenas salían de su boca.
Kim camino a su lado, conteniendo la risa.
-Oh ya veo, es eso ¡Ayúdenlo! ¡Ayúdenlo!- rio con sorna- aquí nadie te escucha-
Levanto una de sus piernas y comenzó a patearlo.
Nath no hizo nada por detenerlo, el efecto de aquella flecha anestesiaba el dolor, aunque eso no evitaba que los golpes pasaran factura, y sentía su nariz sangrar. Todo lo que hizo fue hacerse bolita intentando esconderse sobre sí mismo.
Lo tomo del cabello, y con brusquedad lo levanto bruscamente.
Lo sujeto del mentón, y lo beso con fuerza.
Se sintió asqueado e intento poner resistencia con las pocas fuerzas que tenía.
Kim apretó su agarre y lo forzó a abrir la boca invadiendo la misma con su lengua mientras sus manos comenzaban a pasearse libremente por su cuerpo, intentando colarse bajo su ropa.
-Me hiciste esperar demasiado por esto, estoy ansioso por ponerte en tu lugar.- dijo riendo cuando por fin separo sus labios.
Delineo la mandíbula del chico con su lengua y fue bajando por su cuello, mordía dejando pequeñas marcas rojizas en su piel.
El pelirrojo sentía el pánico apoderándose de su corazón de nuevo, y las lágrimas comenzaron a desbordar sus ojos.
Lo iba a tomar delante de todos.
Sus parpados pesaban cada vez más, miro al cielo, estaba por desmayarse, sin poder hacer nada, desde lo más profundo de su alma surgió un quejido.
No fue cualquier gimoteo.
No fue cualquier llamado.
-Chat- por primera vez en años había usado su voz de omega
Después todo se volvió negro y los sonidos se distorsionaron.
Todo sonaba muy lejano, muy hueco.
Recuerda la sensación de miles de pequeños incesto revolotear por su cuerpo
-Aquí estoy, Nathy- susurro una voz profunda y amable junto a su oído.
MaxML
