Disclamer: Todo todito de Horikoshi... aunque me encantaría que Shoto sea mío para abrazarlo.
AVISO: ¡SPOILERS AL CAPÍTULO 298! Lees bajo tu propio riesgo... Disfruta :)
Foto de portada: monaka_nyan en Twitter.
El silencio reinaba en la habitación. Se percibía una tranquilidad imposible de resistir. Tan irreal. Tan difícil de aceptar. Todoroki había pretendido dormir hasta que quien estuviese de guardia esa noche se hubiese quedado dormido en el sofá. Giró el rostro, por enésima vez, para asegurarse de que no lo veía y se levantó de la cama, acercándose a la enorme ventana.
Pegó la frente al vidrio, observando a las personas que caminaban por la calle bajo la noche estrellada. «¿Cómo pueden seguir con su vida como si nada?». Subió la mirada del tumulto de gente hasta el manto negro que cubría a la tierra. «Cada una de esas estrellas me recuerda a alguien». No había pensado en eso antes.
—Antes no le guardabas rencor a la muerte —murmuró una voz en su mente.
Los astros se veían tan lejos desde donde él estaba pero al mismo tiempo se sentía tan cerca de ellas. «Se supone que cada lucero representa a alguien y sólo deja de brillar cuando esa persona muere». Sollozó quedamente al acordarse de que había pasado casi una semana desde que empezó a vivir ese infierno y las imágenes comenzaron a reproducirse en su mente como una película:
Abrió los ojos y empezó a boquear en busca de oxígeno. Sentía la boca seca y le ardía la garganta tanto como lo hacía su piel cuando usaba mucho su singularidad. Giró la cabeza a todos lados pero no había nadie a su alrededor. Se bajó de la cama, agarró el porta suero con la mano izquierda y caminó hacia la puerta de su habitación.
Siguió, en dirección a la estación de enfermeras, y abrió la boca para pedirle un vaso de agua a la chica que se había volteado a verlo pero, aunque estaba seguro de que sus labios se movían, no salía ningún sonido de su garganta. La muchacha se puso el dedo índice sobre sus labios, indicándole que no hablara, y le hizo señas para que se quedara dónde estaba.
—Es mejor si no fuerzas la voz —dijo cuando llegó a su lado, entregándole una botella de agua—. Escribe todo lo que quieras. ¿En qué te puedo ayudar? —susurró tendiéndole una libreta azul y un par de bolígrafos.
«¿Qué querrá decir con que mejor no forzar la voz, si igual no puedo hablar? ¿Qué habrá pasado?».
—¿Puedo tener otro vaso de agua? —escribió Todoroki enseñándole la hoja a la enfermera y espero un momento antes de continuar—. ¿Están todos bien? ¿Cómo se encuentran los héroes y mis compañeros?
—Acompáñeme —musitó ella haciéndole señas para que caminara a su lado.
Fueron hasta su habitación y ella se detuvo a un lado de su cama, pasaron unos segundos hasta que comenzó a explicarle la situación. Parecía que intentaba buscar las palabras perfectas en su mente.
—¿Si recuerda lo que pasó, verdad? —esperó a que él asintiera para continuar—. Tienes unas cuantas quemaduras en la piel, incluyendo una en la parte interna de la garganta, y por eso es recomendable que no hables para que el tejido se recupere pronto y no queden secuelas graves.
—¿Cómo están mis compañeros? —volvió a preguntar, interrumpiéndola, apuntando a la frase con el bolígrafo.
—La mayoría está bien y en sus casas —respondió la enfermera mientras él seguía rayando el papel, un poco más impaciente que antes.
—¿Midoriya? ¿Bakugo? —Su mirada denotaba el desespero y la preocupación que no podía expresar simplemente escribiendo.
—Están estables pero… —No creyó oportuno darle muchos detalles—, no han despertado aún, joven Todoroki —añadió, entrelazando las manos.
Un balde de agua helada le cayó encima. La libreta terminó abierta sobre el suelo, con un par de páginas dobladas, cuando escuchó lo que dijo la enfermera. «No han despertado aún». La frase se repitió tan fuerte como cuando Present Mic usaba su don a full poder. Se le comenzó a nublar la vista; no sabía qué hacer ni qué decir.
La mano que tenía alrededor del porta suero se deslizó hasta que sólo rozaba ligeramente el metal con las yemas. Sintió como su labio inferior había comenzado a temblarle y sus piernas decidieron fallarle, tuvo que apoyar ambas manos sobre la baranda de la cama para no caerse al suelo.
Intentó tomar todo el aire que le permitieron sus pulmones, aumentando la presión en su garganta y sintiendo más intensamente el ardor que no se había ido, incluso luego de los dos vasos de agua que se había tomado. No esperó más antes de señalar al lugar dónde estaba la libreta cuando la pregunta cruzó su mente, pidiéndole a la enfermera que se la acercara.
—¿Y mi padre? —Le había empezado a temblar el pulso y su letra comenzaba a hacerse menos legible.
—También estamos esperando a que recupere la consciencia. —Todoroki nunca pensó que le sentaría tan mal oír eso.
Se sentó sobre la cama con dificultad y situó ambas manos sobre sus piernas. «¿Se pondrán bien?». Quiso preguntarle pero no tenía fuerzas para hacerlo.
—Antes no tenías a tus dos mejores amigos con un pie en el otro lado —musitó una voz en su interior sacándolo de sus pensamientos. Todoroki se recriminó por hundirse en el dolor que le causaba todo lo que sucedía a su alrededor.
Sacudió la cabeza, intentando despejarse y olvidar el sentimiento de aquella noche. Se dio cuenta de repente de como sus uñas se le clavaron en la piel con lo fuerte que las presionaba contra las palmas de sus manos al formar un puño con cada una. «¿Por qué yo sí desperté?». Se lamentó, bajando la mirada al suelo.
Con la vista ya acostumbrada a la oscuridad, más de lo que gustaría admitir, escaneó la habitación en busca de su libreta y los bolígrafos que le pidió a Fuyumi cuando rompió los que le había dado la enfermera. «Sí que es más difícil gesticular y tener que repetir todo hasta que te entiendan que escribir lo que quieres decir… aunque no sea lo mejor». La encontró sobre el alféizar, al otro lado del cuarto, y la fue a agarrar, apoyándose en la ventana hasta llegar a la otra esquina.
La abrazó contra su pecho mientras regresaba su mirada al cielo. «Espero que sea verdad». Pensó al ver que las estrellas titilaban más intensamente que antes; o parecían hacerlo a sus ojos. «Todo va a estar bien». A Todoroki no le gustaba ese sentimiento de soledad, aunque estuviese acostumbrado a él. Este era distinto. Nunca se habría imaginado extrañando los gritos de Bakugo ni que pudiese querer de regreso los chillidos de Midoriya. «Sí, todo tiene que terminar bien».
Giró el cuerpo en dirección al sofá y, luego de rectificar que quien estuviese bajo la manta sí seguía durmiendo, agarró la manta que estaba sobre su cama y se la colgó al hombro. Fue hacia la puerta y la abrió antes de cruzar a la derecha por el pasillo. «Uno, dos, tres…». Llevaba días yendo varias veces hacia allá y ya se sabía el camino de memoria. «…, trece, catorce, quince». Lo malo: siempre le pasaba lo mismo cuando llegaba frente a la puerta.
Colocó su mano libre sobre el pequeño vidrio, impidiéndole ver qué pasaba adentro, y respiró hondo. Era consciente de que iba a ver lo mismo que las noches anteriores al empujarla pero igual guardaba la esperanza de que estuviese equivocado. «Por favor…». Presionó hacia adentro cuando creyó que estaba listo. Suspiró. «Sigues dormido». Pensó con melancolía al verlo justo en la misma posición de siempre; no quería hacerlo pero tampoco podía evitarlo.
Buscó a All Might o Inko con la mirada, ellos eran los que siempre se encontraban en la habitación de Midoriya, y vio a su héroe favorito sentado en el sofá, con la cabeza colgada hacia adelante, intentando descansar un poco. No le importó mucho si estaba dormido o no; no era nuevo para nadie que él se pasaba las noches ahí en lugar de en su cuarto.
Colocó la manta en la esquina contraria a dónde él se había sentado y ladeó el rostro hasta poder ver a su amigo. El tinte rosado en sus mejillas le hacía sentir que estaba viviendo un sueño. «Capaz te lo estás imaginando». Suspiró subiendo su pierna izquierda a la cama y doblándola para apoyarse sobre ella.
Pasó las páginas de su libreta hasta encontrar la primera página que estuviese totalmente en blanco e intentó detallar a Midoriya en la suave oscuridad antes de destapar el bolígrafo y comenzar a delinear sobre el papel. «Dibujar con tan poca luz puede no haber sido de mis mejores ideas». En la parte superior escribió: Izuku Midoriya, día seis.
La tinta manchaba el papel con cada trazo. No era perfecto pero, con lo poco que podía ver, parecía que le estaba quedando medianamente bien. «¡Qué no se me olviden sus pecas!». Cambió de color tan pronto lo pensó y pintó cuatro puntos en cada mejilla, procurando mantener la forma romboide que lo caracterizaba tanto.
Luego, usando la tinta verde, rellenó los círculos que había hecho para que fuesen el iris de sus enormes ojos, sonrío mientras lo hacía, y coloreó su cabello, dándole algunos reflejos verdes a la parte negra que ya había pintado. «Espero que lo vea cuando se despierte y le guste… Hace años que no hago esto».
Arrancó la hoja cuando terminó y volteó el rostro hacia la mesa que estaba a un lado de la cama, dónde ya empezaba a formarse un montoncito con las notas que él le dejaba cada noche. «Por favor…». Pensó suspirando. «…Te necesitamos». Estiró el brazo para colocar el dibujo sobre los demás papeles, acordándose de cómo comenzó con esa idea.
Sin pensarlo, escribió lo que le hubiese querido decir a Midoriya. Lo puso todo: Empezó con que su vida no sería la misma sin él y que, aunque no se lo hubiese dicho antes, estaba muy agradecido por lo que hizo por él durante el festival. También le dijo que se le rompería el corazón por no poderlo ver sonreír de nuevo. Lo mucho que extrañaría sus murmullos sin importar lo mucho que lo exasperaban cuando comenzaba a divagar a su lado.
Escribió sobre su deseo de que reaccionara y le dedicara una de sus miradas llenas de lágrimas. Mencionó que comenzaba a sentirse realmente solo al no tenerlo a él, ni a Bakugo, a su lado; ya se había acostumbrado a verlos todos los días, hablar con ellos y, ahora que no podía, se negaba a darse por vencido.
Usó toda su fuerza de voluntad para regresar a la realidad y cerró la libreta observando a Midoriya, antes de repetir lo que hizo con el papel para ponerla encima de la mesa. Tapó los bolígrafos y los dejó en el mismo lugar. «Gracias, Fuyumi. Me pregunto cómo supiste qué colores traerme». Volteó a ver a All Might, parecía respirar acompasadamente y lo envidió por un momento.
Desdobló la manta antes de acostarse en el hueco entre su amigo y la baranda de la cama. Era un lugar poco cómodo pero era el único sitio donde Todoroki había logrado conciliar el sueño desde que había llegado al hospital. «Te preguntaría si tú estás cómodo pero no puedo…». Los tapó lo mejor que pudo con la manta y recostó su cabeza en la esquina libre que quedaba de la almohada. «…Espero que sí lo estés».
Apoyó una de sus manos sobre la mejilla de Midoriya y sintió el frío que le caracterizaba tanto esos últimos días, deseando poder utilizar su singularidad para calentarlo. «Pero no puedo… Lo siento». Acarició su piel con delicadeza, intentando convencerse de que él podía sentir sus roces; imaginándose una sonrisa en sus, ahora pálidos, labios.
Poco a poco, sus párpados se volvieron más pesados. Comenzó a cabecear y parpadear más lentamente, hasta que se dio por vencido y cerró los ojos definitivamente. «¿Cómo me voy a acostumbrar a no volver a esto cuando despiertes?».
Era la segunda noche que pasaba a su lado y estaba realmente cansado, ya llevaba más de cuarenta horas sin dormir y empezaba a volverse loco; ya imaginaba que el chico a su lado se movía y lo estaba sacando de quicio. Se acostó a su lado para verlo mejor y tenerlo más cerca, así podría saber si Midoriya en serio se había despertado o si seguía siendo su mente jugando con sus sentimientos.
No supo en qué momento se quedó dormido pero se levantó exaltado al darse cuenta de lo que había sucedido; no se arrepentía de lo que había hecho, sólo tenía un poco de miedo por haberle hecho daño a su amigo. Le preguntó a la primera enfermera que vio si podía pasarle algo malo a Midoriya si alguien dormía a su lado y suspiró aliviado cuando le aclaró que no había problema mientras no estuviese justo encima de él.
Ahora, ya no se imaginaba esas cosas. Ahora, él sólo quería ser el primero en enterarse de que Midoriya había salido del coma y por eso iba todas las noches a su habitación, por eso esperaba impaciente a que la luna se posara en lo alto del cielo. Por eso y porque ahora, él necesitaba tenerlo a su lado para caer rendido en los brazos de Morfeo.
A sus espaldas, Toshinori seguía sentado en el sofá pero no estaba dormido; nunca lo estuvo. La expresión en su rostro y la tristeza de su mirada mostraban la nostalgia que sentía cada ver que Todoroki entraba a la habitación de su sucesor, pero no todo era oscuridad y eso se notaba con la sonrisa que intentaba formar cuando se daba cuenta que el joven Midoriya no estaba solo.
Todoroki no supo exactamente en qué momento se había quedado dormido pero estaba disfrutando del sueño que estaba teniendo hasta que unos gritos lo despertaron:
—¡Los doctores dijeron que no puedes moverte!
—¡No me… ugh… ¡No me importa!
—¡Te vas a abrir la herida!
—¡Mientras más me detengan peor me voy a poner, idiotas!
Aún somnoliento, Todoroki se removió en la ligera oscuridad e intentó levantarse sin hacerle daño a su amigo. «¿Qué está pasando?». Se desperezó bajándose de la cama, bostezó y cerró los ojos mientras tocaba el suelo con sus pies descalzos.
—Ese desgraciado… ¡Cómo se muera, lo mato!
Reconoció la voz cuando se hizo más clara y terminó de incorporarse para ir a su encuentro pero la puerta se abrió antes de que él pudiese dar el primer paso, haciéndolo subir el rostro justo cuando Bakugo, con una mano presionándose el abdomen, entraba en la habitación.
—¿Todoroki? —suspiró sorprendido, pasando la mirada de sus ojos bicolores al chico que aún seguía sobre la cama—. ¡Dime que sólo está dormido! –exclamó acercándose a ellos, con una mueca de dolor en el rostro.
Él se llevó una mano a la garganta y negó con la cabeza. «¿Estaré soñando?».
—¿Por qué no dices nada, idiota? —lo zarandeó del hombro justo cuando llegó a su lado.
—No puede hablar —respondió Kirishima entrando detrás de Bakugo—. No por ahora, al menos.
Bakugo se quedó boquiabierto, y apartó la mirada de sus ojos, antes de quitar la mano de su hombro y dar los pasos que le faltaban para poder alcanzar a Midoriya. «Al menos, tú ya despertaste». Pensó Todoroki volviendo a sentarse en la orilla de la cama y ladear el rostro para ver mejor a Bakugo.
—¿Tú estás bien? —le preguntó luego de unos minutos de silencio.
Todoroki asintió colocando su mano encima de la que tenía Bakugo sobre el hombro de Midoriya, haciendo que se sobresaltara. «Ya me la va a empujar». Pero no pasó lo que tenía en mente. Bakugo acercó su otra mano, con la que presionaba su abdomen para reprimir el dolor, y la puso sobre su pálida piel.
—Déjenlos un momento a solas —murmuró Toshinori pasándole un brazo por los hombros a Sato y conduciendo a los demás estudiantes fuera de la habitación.
—Se va a poner bien… —dijo Kirishima, dibujando el intento de una sonrisa en su rostro—. No tenemos que preocuparnos demasiado.
Entre los tres abrieron las persianas y bajaron las barandas que estaban a cada lado de la cama para tener un poco más de espacio antes de sentarse en las partes del colchón que estaban vacías. «Al menos, ya no estoy solo aquí». Se quedaron en esa habitación hasta que anocheció. Comieron alrededor de Midoriya, con la esperanza de que tener a sus amigos alrededor podría ayudarlo a salir del coma.
Dieron la una y la enfermera llegó con el carrito de la comida para ellos tres y, tras revisar que Midoriya tuviese todos sus vitales estables, les dijo que después de comer debían irse a sus habitaciones. «Bakugo no hará eso. Estaremos aquí hasta que nos echen».
Todoroki terminó de comerse su sopa mientras que sus amigos aún no llevaban ni la mitad. Dejó el tazón sobre el carrito, agarró su libreta y, con el bolígrafo azul, comenzó a escribir lo que quería preguntarles a los chicos.
—¿Planean ignorar lo que dijo la enfermera? —Giró el papel para mostrárselo a sus amigos.
—Sí —musitó Bakugo colocando los hachis sobre su plato.
Los tres ya habían terminado de comer cuando volvieron a sumirse en el silencio. Sólo se oían los aparatos que estaban conectados a Midoriya y la respiración pesada que tenían ellos. «Se siente un poco mejor cuando no estás completamente solo».
—¿Ustedes hacían esto mismo todos estos días? —interrogó Bakugo de un momento a otro.
Era el tercer día que estaba en el hospital y se había planteado crear una nueva rutina desde que se había levantado en la mañana; no deseaba pasarse, de nuevo, el día entero sin hacer nada y a solas. Todoroki salió de su habitación en busca de la enfermera que estuviese disponible.
—Sé que no hace falta que venga hasta acá para pedir agua pero me hace bien caminar un poco, ¿no? —Él seguía mostrándole la misma nota que había escrito la primera vez que lo intentó.
La enfermera le entregó las dos botellas que buscaba cuando lo veía bajar por el pasillo. Él las cargó de regreso a su habitación mientras pensaba en lo aburrido que se había vuelto su día sin las clases y sin tener a sus compañeros alrededor.
Vio el cabello rojo de Kirishima antes de entrar a su habitación y le hizo señas para que lo notase. «A veces sí me desespera no poder hablar». Entró a su cuarto para colocar el agua sobre la mesa y esperó a Kirishima bajo el umbral de la puerta hasta que llegó frente a él.
—¿Cómo te sientes, Todoroki? —dijo impregnando su voz con un tono muy alegre para el gusto de Shouto.
Él asintió garabateando algo en su libreta bajo la atenta mirada de Kirishima.
—¿Cómo estás? ¿Qué haces aquí? —leyó lo que había escrito Todoroki—. ¿Bien?... Supongo. Estaba con Bakugo pero llegó su mamá y preferí irme un rato —respondió apoyándose contra el marco de la puerta.
Hablaron unos minutos sobre lo que estaban haciendo los demás mientras volvían a empezar clases y Kirishima le comentó que habían mucho héroes pidiéndoles que se unieran a ellos; estaban en boca de todos.
—Ya que me permitieron venir todos los días hasta que él se despierte, ¿quieres que almorcemos juntos? —preguntó Kirishima colocando una mano sobre su hombro—. Debes estar aburrido.
Se quedaron en silencio un momento mientras Todoroki escribía.
—Y preocupado… —Kirishima presionó suavemente, apoyándolo—. Me parece una buena idea —Terminó de leer—. Entonces tenemos un plan —dijo con un tono un poquito más feliz.
—Prácticamente… —respondió Kirishima mientras Todoroki asentía, dejando de poner su respuesta en el papel—. A veces dejaban que se quedaran los demás también pero usualmente All Might y Present Mic los terminaban convenciendo y se iban.
—Gracias —musitó observando la libreta sobre las piernas de Midoriya—. A ambos —añadió subiendo la mirada hacia los ojos de sus amigos.
Opusieron toda la resistencia que pudieron cuando llegó el médico de cabecera a echarlos en la noche así que, luego de armar un escándalo, no los quedó de otra que irse, separándose en el cruce que dividía las habitaciones de Todoroki y Bakugo. «Ahora sólo faltas tú, Izuku». Pensó observando a Bakugo apoyarse vagamente en Kirishima hasta llegar a la puerta de su habitación.
No puso explicarse la razón pero cuando él volteó a verlo, mientras Kirishima abría la puerta de su cuarto, algo en su interior hizo clic y lo llevó a dedicarle una sonrisa a Bakugo antes de que ellos entraran a la habitación. «Ya me está afectando todo esto». Pensó cuando se dio cuenta de lo que hizo.
Se quedó bajo el marco de su puerta un momento, observando las placas de los pacientes que estaban a su alrededor. «Shota Aizawa». Leyó la que estaba en la habitación de enfrente. «Cuando vuelva a ver al profesor Mic le preguntaré por él… o puedo ir a verlo mañana, Aizawa sensei siempre lo ha dado todo por nosotros».
—¿Y tú padre? —interrogó una voz en su cabeza, recordándole que Midoriya no era el único que estaba en coma, que él tampoco había despertado aún.
«¿Debería ir a verlo?». Todoroki no estaba muy convencido pero de una cosa sí estaba seguro: Endeavor se había entregado a la batalla y eso demostraba algo de él, eso le hacía saber que en serio sí intentaba cambiar, que no era pura palabrería. «Aún no puedo perdonarlo pero si sigue así, puede que algún día lo haga». Cerró la puerta tras de sí declarando que lo pensaría.
«Dabi». El nombre le cruzó la mente de improvisto. «¿Será verdad todo lo que dijo?». Todoroki, realmente, no quería creerle. Al final de cuentas, él era parte de la Liga de Villanos y ellos no parecían ser las personas más confiables del universo. «Pero sólo un puñado de gente conoce… conocía la historia de nuestra infancia».
Colocó la libreta y los bolígrafos sobre la pequeña mesa que separaba el sofá y la cama. «No sé qué hacer con él…». Caminó hasta su cama y dejó la manta sobre el colchón. Estaba totalmente a solas en la habitación. Se sentó en el centro la cama, dobló las piernas hacia su pecho y las abrazó. «… él no puede hacerse cargo. Tengo que ser yo».
Apoyó la barbilla en su rodilla derecha viendo al cielo por la ventana y evocó lo que había pensado antes de salir de su habitación la noche anterior. «Aún siguen titilando…». El sabor salado de sus lágrimas le hizo sollozar y se cubrió la boca para que no lo escucharan. «… eso significa…». Presionó los labios con fuerza bajo sus manos. «… que aún hay esperanzas».
Ya, lo digo, MORÍ (como todo el fandom) cuando llegué a esta parte en el manga (también soy yo la masoquista que se leyó casi tres tomos en un día). No pude aguantarme y puse la poca cordura que me quedaba en esto... Espero haya sido de su agrado.
Nada, esta historia va para Nea Poulain, Hitzuji y Milenrrama, quienes ya habían llorado con el manga y repitieron su experiencia al aguantarse mis chillidos (y los quinientos mil stickers que les mandé), además del spam de amor que me regresaron cuando terminé con esto.
Si compartimos alguna teoría o si simplemente desear explicar lo que creen que sucederá con toda esta locura que estamos viviendo, los leo en la cajita de abajo :)
