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Lamento mucho el intervalo entre capítulos ;o;

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Capítulo 06

Memorias

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No entendía muy bien qué era lo que le estaba pasando en ese momento. Sentía como si estuviera dentro de una nebulosa, rodeada de nubes oscuras que la tenían amarrada, como si fueran lazos, desde los brazos hasta las piernas, y por más que trataba de soltarse, de liberarse de la prisión, éstos no cedían, convirtiéndose en cadenas gruesas y pesadas… ¿en dónde estaba?

Un dolor punzante en la sien le hizo apretar el ojo izquierdo, mientras notaba como un par de figuras oscuras emergían frente a ella, y sonrió en su desesperación porque podía distinguirlos: eran sus amigos, sus padres, Chat Noir… y Adrien.

¡Era su oportunidad para pedir ayuda!

Empezó a gritar para que la escucharan, para que la ayudaran a liberarse de las pesadas cadenas que la apresaban, pero nadie se movió… ¿Por qué nadie la ayudaba?

Con dificultad, se llevó la mano a la garganta sin ser capaz de escucharse a sí misma, dándose cuenta de que su voz no salía. ¿Por qué le pasaba eso? ¿Por qué sus seres queridos se habían girado y se alejaban de ella, dejándola ahí, sola y presa de sus recuerdos?

«Por favor» suplicó, tratando de estirar su brazo derecho para alcanzar a Chat Noir y pedirle que la salvará. «Por favor»

Suplicó en su mente, tratando de que las pesadas cadenas le permitieran algo de movimiento para alcanzar a su compañero, pero no podía.

«Chat, por favor» exclamó, en cuanto logró estirar su mano hacia el superhéroe «No puedo sin ti»

Y en ese momento, abrió los ojos de golpe y se encontró acostada en su cama, con el brazo derecho extendido hacia el techo. Movió los ojos de lado a lado, con el corazón latiendo desbocado y un dolor punzante en el hombro le hizo bajar el brazo, con rapidez.

—Ay —apretó el ojo derecho, mientras se sobaba el hombro con la mano izquierda— ¿Por qué me duele tanto? —se preguntó, acomodándose en la cama con un poco de cuidado, hasta quedar apoyada contra la almohada en forma de gato. Se sentía confundida porque no podía recordar nada de lo que había soñado, sin embargo, la angustia y la desesperación todavía la acompañaban en forma de palpitaciones.

—Marinette —la voz de su madre hizo que se asomara contra la protección de su cama para observarla. Por alguna razón, Sabine tenía los ojos llenos de lágrimas, y solo bastó que le sonriera para que ésta terminara de entrar a su habitación, subir las escaleras y abrazarla— ¡Mi Marinette!

—¿Qué pasa mamá? —preguntó, totalmente confundida por el actuar de su progenitora— ¡Cuidado, que me duele! —explicó para que Sabine la soltara y le revisara el hombro.

—¿Quieres que llame al médico, de nuevo?

—¿Médico? —dijo frunciendo el entrecejo, extrañada— ¿Por qué debería verme un médico? ¿Sucedió algo? —llevó su mano al rostro, un tanto desorientada— No puedo recordar nada.

Ante las exclamaciones de su hija, Sabine quedó en silencio. Los últimos dos días habían sido bastante desgarradores para ellos como padres, al enterarse que su pequeña hija era Ladybug y verla ser azotada en la torre Eiffel por la persona que ella admiraba tanto.

Chat Noir ya les había advertido que, posiblemente, Marinette olvidaría lo que vivió como heroína, sin embargo cuando ella despertó esa noche, no parecía verse afectada por nada, incluso, cuando un médico amigo de la familia había ido a atenderla y revisarle las heridas que tenía, Marinette no mencionó nada. Por un momento pensaron que quizás era por culpa del abrumante dolor, pero ahora que la observaba, se daba cuenta que el superhéroe no mentía…

—Marinette —dijo, para llamar la atención de su hija— ¿Sabes cuántos años tienes?

—¡Ay mamá! —protestó divertida, acomodándose contra el cojín de gato, con la mano izquierda sosteniéndose el hombro derecho—. Tengo trece y saben perfectamente que quiero un enorme pastel de fresas para mi cumpleaños número catorce. —al oír eso, los ojos grises de Sabine se vieron invadidos de lágrimas nuevamente, antes de volver a abrazar a su hija, con todo el cuidado posible —¿Mamá? ¿Qué pasa?

—Solo descansa, Marinette, solo descansa.

La joven observó a su mamá y en cuanto se separó de ella, se acomodó nuevamente pensando que quizás, dormir otro poco más no vendría mal.

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Sabine bajó las escaleras, cruzada de brazos, para luego deslizar la mano derecha por su brazo izquierdo de manera constante. Tom al verla en ese estado, se acercó rápidamente a su esposa para tomarle ambas manos y ayudarla a terminar de bajar las escaleras.

—¿Qué pasó? —preguntó, tan afligido como ella.

—Parece que Chat Noir tenía razón —se lamentó—. Marinette olvidó todo lo que ha pasado en este tiempo… —le explicó, apoyándose contra el pecho de su marido—. Cree que es una niña de trece años y no una a la que le faltan días para cumplir quince.

—¿Qué vamos a hacer? —exclamó, rodeando con sus brazos a Sabine— ¿Qué será de nuestra pequeña hija a partir de ahora?

—No lo sé —se lamentó la mujer, cerrando los ojos para que las lágrimas caigan, rodeando sus mejillas—. Me siento con las manos atadas, ¿Cómo podemos protegerla de haber sido Ladybug?

—Supongo que es algo que debemos aprender… —comentó Tom, observando hacia la trampilla que comunicaba el living con la habitación de Marinette —… o tal vez, algo pase y nos dé las respuestas.

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Cada vez que Marinette cerraba los ojos, era transportada una vez más, a esa nebulosa donde estaba apresada, aunque esta vez había algo diferente pues solo dos sombras se materializaron frente a ella: la de su mamá y su papá… A las otras, por más que se esforzaba en descubrir quienes se escondían tras las nebulosas, no las pudo ver. La sensación de angustia que sentía, generaba que sus cadenas pesaran cada vez más. ¿Por qué pasaba eso? ¿Quiénes eran esas personas oscurecidas? ¿A quién le pedía ayuda con tanta desesperación?

Abrió los ojos una vez más, agitada y nerviosa.

Se sentó y recorrió la habitación con sus ojos celestes, tratando de encontrar a los seres que estaban tras las sombras, pero no había nada más que unos posts it en la plancha de corcho, afirmados con chinches de colores.

Se acercó con cuidado, sosteniendo su hombro derecho con la mano izquierda, para ver que había escrito ahí. Uno de los post it tenía una fecha que no le daba ninguna respuesta; el otro, mencionaba una llave que ella guardaba en su bolsillo, por lo que revisó los de su pantalón rosado, encontrando una pequeña llavecita con un listón en ella; y el último, era un mensaje para ella.

«No importa lo que haya pasado, debes saber que hiciste lo mejor que pudiste»

Sacó ese post it y se lo quedó viendo, mientras volvía a apoyarse contra la almohada de gato que tenía en su cama.

—¿Por qué me escribí esto? —se preguntó en voz alta—¿Por qué?

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El día lunes llegó a París, haciendo que los padres de Marinette enfrentaran la situación de su hija por primera vez, pues al levantar las cortinas de la panadería, cientos de periodistas se lanzaron contra ellos.

—¿Puedes dejarnos en paz? —pidió Tom, molesto por las miles de preguntas que no parecían acabarse—. Deberían respetar un poco la privacidad de mi hija. Ella salvó París muchas veces durante este año, ¡Por favor! ¡Denle paz!

Los periodistas parecieron comprender porque dieron paso a los clientes que iban por su pan o por alguna delicia de la panadería para desayunar.

Marinette no entendía nada, viendo desde su balcón cómo la gente se amontonaba alrededor de la panadería, y cómo sus compañeros ingresaban a clases, mientras ella no podía ir. Parecía no comprender la realidad en la que estaba.

Tenía más de un año de su vida perdido, un año de su vida que no lograba recordar por más que quisiera, además, su madre no le entregaba su celular y su padre le había quitado los cables a su computadora para que no se torturara. Ni siquiera lograba encontrar el diario que se suponía que usaba.

¿Por qué? ¿De qué la estaban protegiendo sus padres? ¿Qué fue lo que sucedió ese primer día de clases? ¿Por qué lo último que recordaba era haber ayudado a Iván con su intento de declaración a Mylene?

Se llevó ambas manos a su rostro, con dificultad, para cubrírselo por la frustración que tenía, cuando escuchó un «click» acompañado de un flash que la hizo observar a su alrededor, viendo un helicóptero con un camarógrafo y un fotógrafo apuntando a su balcón.

Gruñó por no tener un poco de paz y se ocultó con rapidez dentro de su habitación, asegurándose de que todas las ventanas estuvieran cubiertas.

¡¿Qué era lo que pasaba?! ¿Por qué la llamaban Ladybug? ¿Por qué al escuchar ese nombre le daban ganas de llorar?

Necesitaba respuestas, así que debía conseguir el cable que su padre le había quitado a su computador.

Bajó las escaleras con la intención de revisar los lugares donde su papá podía haber escondido el dichoso cable. La casa no era muy grande, así que eran pocos los espacios en donde debía buscar.

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En la panadería, Tom y Sabine trataban de hacer lo mejor posible para que sus clientes estuvieran resguardados de la intromisión de todos los periodistas, aunque no faltaba el que preguntaba si realmente eran los padres de Ladybug. Sabine aspiraba profundamente y respondía cortésmente, pero tenía ganas de gritarles a esos que iban solo para ver si obtenían un poco de información; aunque no todos eran así, pues también existían clientes que ofrecían su apoyo y disposición en caso necesitaran ayuda. Una de ellas fue Nadja Chamack, quien a pesar de ser conocida como la reina de las primicias, esta vez había optado por ser solidaria con su amiga y con la joven que había cuidado de su hija en más de una ocasión.

Cuando casi todos los clientes ya se habían retirado, entraron dos mujeres, una adulta y una joven, que hicieron que ambos padres de Marinette se observaran confundidos.

—Buenas tardes, señores Dupain-Cheng —saludó la japonesa con una leve reverencia— ¿Podrían hacernos el favor de cerrar la tienda?

Tom no lo pensó y en segundos, se excusó con la gente de afuera para bajar la persiana y poder atender a sus visitantes, pues nunca habían tenido el placer de conocer a la madre de Kagami en persona.

Sabine se apuró a colocar un par de sillas para que Tomoe se sentara junto a Kagami, pero la chica sonrió y rechazó el asiento.

—¿Puedo ir a hablar con Marinette?

—Ella no recuerda nada —le advirtió Sabine, pero el gesto seguro de la muchacha, la convencieron de indicarle el camino. Cuando Kagami se retiró, Tomoe acomodó el Bokken que usaba de bastón frente a ella para iniciar su conversación.

—Hemos venido hasta aquí para hacerles una propuesta —inició la mujer de gafas oscuras—, y creo que estarán de acuerdo conmigo en que es la mejor opción.

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Kagami apretaba y relajaba sus puños tratando de calmarse, antes de tocar el timbre para que Marinette le abriera la puerta. No sabía con qué se encontraría y eso la frustraba enormemente, además, tampoco sabía nada de Adrien desde lo del juicio de su padre, pues no le había contestado el teléfono a nadie, provocando que todos estuvieran empezando a desesperarse.

Tomó su teléfono cuando vibró y observó un mensaje de Nino.

«Nos reuniremos en la mansión. Adrien debe estar ahí»

Tras leer el mensaje, respondió con rapidez.

«Estoy por ver a Marinette. Luego voy para allá»

Guardó el teléfono en su bolsillo y tras aspirar profundamente, tocó el timbre, esperando que la muchacha de ojos celestes finalmente apareciera frente a ella.

—¡¿Dónde fue que…?! —escuchó, antes de que la puerta se abriera de golpe y el rostro enojado de Marinette cambiara por uno de sorpresa—. Oh, perdón.

—No te preocupes —sacudió su mano, aun sorprendida por el grito.

—No, en serio, perdón —dijo, permitiéndole el paso—, pensé que era mi papá…Lo que pasa es que escondió el cable de mi computadora y no puedo encontrarlo.

—Ya veo.

—Soy Marinette —se presentó con una sonrisa— ¿Tú eres…?

—Kagami Tsurugi —respondió, apretando los labios. ¿por qué de pronto sentía que algo le apretaba la garganta?

—Bien, Kagami —afirmó, indicándole el asiento— ¿Vienes por algo en especial?

—Sí —la japonesa buscó su libreta en su bolso y tomó de ella una fotografía que le entregó a Marinette.

—¡Somos nosotras! —exclamó la de coletas, sorprendida por la imagen frente a ella— ¿Cómo es posible? —consultó, enseñándole la foto—. ¿Eres parte de ese año que olvidé?

Kagami no podía explicar cuál era la sensación que la embargaba en ese momento, al escuchar las palabras de su amiga, haciéndole esa pregunta. Había deseado conocer a Marinette desde que Adrien entró a su vida, pues él siempre hablaba de su amiga con cariño.

Cuando finalmente la conoció y se dio cuenta que la chica era insegura y derrotista, fue algo que a su personalidad competitiva le ofendió completamente, pero con el paso del tiempo, la misma Marinette se encargó de demostrarle una nueva realidad que ella desconocía, haciéndose amigas, y es que a pesar de todos los encontrones que habían tenido con anterioridad, nunca se imaginó que llegaría a tomarle tanto aprecio y cariño, por lo que la imagen frente a ella la destrozaba por completo.

No pudo evitar que sus ojos castaños se llenaran de lágrimas al recordar todo aquello, mientras la chica de coletas sostenía la primera foto que se tomaron juntas.

—Entonces, ¿tú eras mi amiga?

Aquello le dolió tanto como una bofetada, y con más decisión que nunca, sabía que lo que su madre y ella habían planeado, era la mejor opción.

Ella tenía que proteger a su apreciada amiga de todos.

—Sí, Marinette, nosotras éramos amigas —le respondió e inmediatamente la chica la tomó de las manos, generando un leve sonrojo en la de ojos café.

—¡Entonces, ayúdame! —le pidió y Kagami, confundida, afirmó— ¡Préstame tu celular!

—¿Para qué? —consultó, antes de hacer algún movimiento.

—Me tienen incomunicada —protestó, enojada por toda la sobreprotección que estaba sufriendo—. Necesito saber qué es lo que pasa, qué es lo que me ocultan.

—No puedo dártelo —negó, pues si ese era el motivo, no podía sobrepasar la autoridad de los padres de su amiga.

—¡Pero dijiste que eres mi amiga! —exclamó, frunciendo el ceño.

—Lo soy y por eso no puedo pasar por encima de tus padres, pero puedo contarte lo que quieras, si gustas —aquella propuesta hizo que la chica se emocionara aún más.

—Entonces —dijo dando un aplauso—, ¿Quién es Ladybug? —preguntó emocionada de poder, por fin, sacar esa duda de su ser, pero algo en el semblante de Kagami la inquietó, nublando la mirada— La conoces, ¿verdad? —la de cabello corto afirmó con la cabeza, derramando las lágrimas acumuladas en sus ojos—¡Ay, no llores! —Marinette se apresuró a tomar unos pañuelos de papel de la mesa de centro para pasárselo.

—Es que Marinette —susurró Kagami, tomando los pañuelos—, Ladybug es…

—¿Soy yo, verdad? —completó, cerrando los ojos y pasando su mano por el hombro golpeado—. Es la única explicación que le encuentro a todo esto.

—Lo eres —confirmó la japonesa—. Eres la superheroina que salvó París durante un año, junto con Chat Noir y otros superhéroes.

—Chat Noir —susurró, como perdiéndose en sus pensamientos.

—¿Te suena el nombre? —consultó un poco esperanzada, pero la chica negó con la cabeza

— No —se lamentó—. No recuerdo nada, lo siento… —Kagami no soportó mucho la escena, y terminó abrazándola sorpresivamente—¿Kagami? —pronunció, intrigada por el actuar de la chica.

—Voy a ayudarte, Marinette —le aseguró con decisión—. Te lo prometo.

Marinette, aunque seguía confundida por su repentino actuar, correspondió al abrazo. Algo en los sentimientos de la muchacha de ojos marrones la hacía sentir cómoda, cálida y apreciada, y sonrió pensando cómo en el tiempo que no recordaba, había hecho amigas tan valiosas.

Ambas terminaron su abrazo cuando Sabine ingresó a la sala, con los ojos llenos de lágrimas, en busca de las dos.

—¿Qué pasa, mamá? —preguntó Marinette, mientras Kagami aprovechaba el momento de distracción para secarse las lágrimas.

—Bajen, tenemos que hablar con las dos.

Ambas muchachas se miraron y siguieron a Sabine hasta la panadería. Ahí, Tom parecía ponerse de acuerdo con Tomoe sobre distintos aspectos de la vida de Marinette.

—¿Qué pasa? —volvió a repetir, pues desde que había despertado, se convirtió en una de sus frases más usadas.

—La señora Tsurugi es la mamá de Kagami —le indicó Sabine. Marinette la observó, dándose cuenta de su situación, pero no dijo nada y solo sonrió, haciéndole una leve reverencia.

—Buenas tardes, soy Marinette.

—Bien, Marinette —dijo la señora Tomoe, moviendo su Bokken levemente hacia ella, como si supiera donde estaba, pese a su condición—. Ya he hablado con tus padres y ellos respetaran lo que decidas, así que ésta es mi proposición: Como ya no tendrás una vida tranquila en París, te ofrezco empezar de nuevo, lejos de aquí. Puedes venir a Tokio con nosotras y estarás protegida bajo el nombre de la familia Tsurugi.

—Empezar de nuevo… —susurró, analizando las palabras pronunciadas por la mujer frente a ella. Observó a sus padres, que lucían destrozados, aunque sus miradas le indicaban que era la mejor opción; y luego a Kagami, quien se veía entusiasmada con la idea.

—Ven con nosotras, Marinette —le pidió—. Necesitas ir a un lugar donde no te reconozcan por lo que fuiste, sino por quien eres en realidad, y no te preocupes porque seguirás teniendo contacto con tus padres.

—Mi hija tiene razón —completó Tomoe—. Nosotras nos iremos a Japón en tres días, así que ese es el tiempo que tienen para pensarlo. Y no se preocupen por el dinero, eso correrá por cuenta nuestra.

Tras decir eso, extendió su mano hacia Kagami, para que la ayudara a ponerse de pie y finalmente, marcharse de la tienda por la puerta trasera, para así evitar el tumulto de gente que los rodeaba.

Cuando Kagami y su madre se retiraron, Marinette se dirigió a sus padres.

—Me dan mi cable por favor —les pidió—. Ya sé que soy Ladybug y quiero saber de qué debo protegerme.

Ambos se miraron, antes de acceder entregarle a Marinette el cable de poder de su computadora. Ésta lo tomó y tras agradecerles, subió a su habitación cuando antes, pues tenía mucho que investigar para poder tomar una decisión.

Sabine y Tom se quedaron en la panadería, revisando los papeles que Tomoe Tsurugi les había entregado en pos de incluir a su hija en la familia Tsurugi y así, liberarla de la carga que tenía por ser Marinette Dupain-Cheng.

Era una decisión delicada y muy dolorosa, pero tenían que actuar pensando en lo que era mejor para su hija, así que se tomaron un momento antes de volver a abrir la panadería.

Marinette, en su habitación, había prendido la computadora. Estaba nerviosa de descubrir quién había sido durante todo ese tiempo y cuál había sido la magia que le borró completamente la memoria de ese último año.

Al abrir el explorador, lo primero que le apareció fue un sitio llamado "Ladyblog". Ingresó a la zona de videos y se puso a reproducirlos.

No podía creer que esa chica de traje rojo con lunares negros, fuera ella. No podía imaginarse dando esos saltos y esas piruetas con su nivel de torpeza, sin embargo, era claro que era buena en lo que hacía, al ver cómo arreglaba todo y cómo la gente festejaba sus hazañas con el chico de antifaz negro.

Elevó los pies en la silla y se encorvó, abrazándose a sus piernas mientras los videos seguían pasando frente a ella. A medida que avanzaban, más melancólica se ponía. ¿Por qué? ¿Por qué ver a quien fue su compañero, la afligía de esa forma?

De repente, sintió que alguien la observaba y volteó la cabeza rápidamente hacia su cama, pero no había nada ahí… ¿Habría sido su imaginación?

Suspiró y movió el mouse hacía la galería de imágenes y se quedó observando las de Chat Noir con mucha curiosidad. ¿Por qué ese chico le generaba tantas ansias? ¿Por qué se le había instaurando un sentimiento de culpa y remordimiento con solo verlo? ¿Serían más que compañeros? ¿Sabrían quién estaba debajo de la máscara?

Nunca iba a tener una respuesta y eso la fastidiaba mucho.

Apoyó el mentón entre las rodillas y siguió revisando las imágenes de Chat Noir, esperando por alguna pista que le devolviera algo de lucidez a su cabeza.

Tras pasar toda la tarde viendo videos y revisando artículos sobre "La Caída de Ladybug" o "Cómo Ladybug generó la caída de Gabriel Agreste" Marinette supo que nunca iba a poder estar tranquila en París. Sí, había salvado a la ciudad, pero le había costado su vida, la vida de su diseñador favorito y la de su hijo modelo. Ver las fotos de Adrien Agreste en las noticias, le habían generado la misma sensación que las fotos de Chat Noir, así que las empezó a omitir, pues tenía una decisión que tomar.

Bajó a la cocina, donde sus padres esperaban y con toda la pena del mundo, les comunicó su decisión.

—Quiero irme con Kagami —les informó, jugando con sus dedos, nerviosa de la reacción de sus padres—. Yo… no quiero quedarme en París porque nunca podré hacer lo que quiero y aunque pudiera lograrlo, nunca sabré si mi éxito en la moda se debe a que fui Ladybug y la gente me tiene aprecio o lástima, o porque en realidad soy talentosa… —se lamentó—. Yo… lo siento, mamá, papá, pero me quiero ir de París.

Tom y Sabine se miraron melancólicos, pero decididos a la vez, entregándole el sobre que Tomoe había dejado para ellos.

—Estos son los permisos para que puedas salir del país —le dijo Sabine, tratando de no llorar, pero no pudo evitarlo cuando Marinette se acercó a abrazarlos con fuerza.

—Lo lamento, lamento todo esto…

El día miércoles, Marinette, con una maleta rosada con lunares blancos y una mochila con sus objetos más importantes, se montó en un avión con destino a Japón, junto a Kagami y Tomoe Tsurugi.

Un lugar donde empezaría una nueva vida, alejada de la sombra de Ladybug.

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Y con esto, termino todo lo que tengo escrito hasta el momento de este fic…

Lamentablemente, me ha costado muchísimo poder despegar de mi mente todo lo que quiero que pase a futuro. Sinceramente, lo he cambiado tanto que ya no sé que haré. Por eso, ésta es el final de la primera parte.

Cuando retome la historia, habrá un salto en el tiempo de 3 años. Donde Adrien y Marinette están por iniciar la universidad y miles de oportunidades para encuentros y desencuentro se empiezan a desencadenar…

¡Espero poder sacar pronto retomar esta historia con el ánimo que se merece!

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Gracias, por a pesar de todo, seguir apoyándome con todo…

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Y a mi beta por mantenerse siempre aquí 😉

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Aquatic~