El resto ya se lo saben…
Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi
Música de fondo:
"Click Ya Heelz" de Whitney Myer (inicio del capítulo)
"Main Titles (Beetlejuice)" de Vitamin String Quartet
"The Chain" de Mattis (en escenas románticas)
—Juega conmigo lento—
Varios años después…
Puedo oír no solo su agitada respiración, sino el terror que comienza a bombear también a través de sus venas.
Corro concediéndole cierta distancia. Quiero hacerle creer que tendrá alguna oportunidad, es un buen gesto tomando en cuenta lo que él había hecho a tantos otros. Seguro a sangre fría, seguro sin tentarse el corazón. ¿Tendría siquiera corazón?
Pero hasta yo tengo mis límites y cuando el desgraciado decide doblar en su recorrido por la esquina para tratar de esconderse en una de las iglesias cercanas pienso que ya es suficiente.
Uno, dos, tres pasos más y quedo al fin frente a él. Cortando su acelerada huida justamente de mí.
Cuando me ve trata de gritar, mezcla la sorpresa y mezcla el susto. Pero se lo impido cuando le sostengo por el cuello con una mano cortando el suministro de aire —¿ibas a algún lado sin despedirte de mí?— pongo carita triste, un puchero con el labio inferior tembloroso —¡oh! Y yo que creí que nos habíamos entendido muy bien en el club— sonrío mostrando el asomo de los colmillos.
El joven hombre se mueve pataleando contra la pared de piedra sobre la que esta recargado. Empujando todo su peso y poniendo todo su esfuerzo para soltarse de mi mano.
—Sí— escucho entonces tras de mí a Ranma en el instante que nos alcanza —no estuvo bien lo que hiciste— apunta con la hoja de su sable al hombre, quien lo mira con los ojos abiertos de par en par.
Ahora sí esta más que asustado, incluso comienza a orinarse encima del miedo. Puedo olerlo.
Lo miro asqueada —eso no era necesario— frunzo la nariz y trato de guardarme las ganas de vomitar.
—Y delante de una señorita con la que pretendías ligar o más bien a la que pretendías drogar— complementa Ranma acercándose hasta donde estamos —en serio no me queda duda alguna que no tienes modales.
Dejo que la daga en mi mano derecha rompa suave la tela de la camisa del sujeto, mostrando su piel tatuada como todo un buen yakuza novato al que le gusta presumir su condición de intocable.
—Les daré lo que quieran— dice el hombre con tal esfuerzo que su rostro comienza a ponerse morado.
—Tal vez debas aflojar un poco tu agarre amor— sugiere Ranma y yo lo hago.
Chasqueó la lengua —solo porque no me gusta perder mi comida antes de lo necesario— respondo soltando al sujeto.
Cuando el hombre cae se levanta trastabillando e intenta huir. Yo miro con reproche a Ranma y él suspira —yo iré por él.
En un parpadeo mi esposo vuelve con el yakuza, arrastrándole de la nuca por el piso. El joven hombre, quien por cierto admito es bien parecido, está gritando con todas sus fuerzas.
Ranma lo avienta cerca de mí y cuando me pongo en cuclillas frente a él veo que sus piernas están rotas ya.
—¡Ssh sshh!— le cayo moviendo su cabello hacia atrás para ver mejor sus ojos, su mirada está muy atenta de lo que podamos hacerle —deja de gritar— le ordeno y él me mira quedándose en completo silencio repentinamente.
Escucho la risa ronca en el pecho de Ranma.
—Ahora, responderás todo lo que se te pregunte— hablo dulce —¿mataste a todas esas chiquillas que han estado desapareciendo?
El hombre se muerde los labios hasta sangrarlos, mala señal. Intenta no hablar pero no podrá evitarlo —a algunas— dice con la voz aún ronca por los gritos y mi agarre.
—¿Y las demás?
—Se las llevé a mis jefes.
—¿Solo unas? ¿Porqué?
—Eran sus órdenes. Para confundir a la policía.
—¿Están traficando con ellas?— pregunta ahora Ranma
El yakuza lo mira desde el suelo, lágrimas de terror abandonan sus ojos antes de responder —a algunas las están ocupando para tráfico de drogas, a las demás para prostitución.
—¿Alguna información que nos pueda llevar a tus jefes?— pregunto para terminar con el interrogatorio, ya me aburrí de esto.
Con temblorosos movimientos saca de entre su saco un teléfono, un modelo recién, y me lo entrega.
—Es el único número. No me maten por favor— suplica y yo trato de no burlarme de él, pero lo hace imposible.
—Haremos algo— respondo cuando me doy cuenta de que el teléfono se enciende con huella digital —dame el dedo que abre esto y yo te perdono la vida.
El hombre tiembla más, pero lo veo buscando algo tras su espalda. De reojo percibo que el sable de Ranma está siguiendo el movimiento de las manos del sujeto.
Y cuando un tanto sale disparado en mi dirección y se clava en mi hombro solo suspiro poniendo los ojos en blanco —no sé porque siempre confío que se cortarán el dedo— le hablo a Ranma.
Él coloca el sable sobre la mano del yakuza —tal vez todavía tienes fe en que al final harán lo correcto amor— responde calmo y de un golpe certero le corta la extremidad por completo —¿será la izquierda?— pregunta cuando me mira al momento que alzo la vista.
—Córtale la derecha también, no quiero correr riesgos.
Y mientras Ranma lo hace yo me saco del hombro el tanto, analizando la firma del mango y a que orden de la mafia podría pertenecer.
—Creo que sería muy poético si te mato con tu propia arma— le digo al sujeto que no puede gritar porque yo le he ordenado permanecer callado. Pero en sus ojos se refleja el asombro y estoy muy segura que sacarlo de mis órdenes de no gritar ya habrá perdido la cordura —lo más decepcionante de ustedes— le señalo con el arma —es que yo sí cumplo mis promesas, pero como tú no pudiste hacerlo…
Sonrío, mostrándole mis cuatro colmillos superiores ya. Mostrándole que sus sospechas sobre que no soy humana son verdad.
Al final dejo caer el tanto encima de su espalda cuando termino de beber de su cuello, Ranma ha hecho lo mismo del otro lado del hombre.
—Debimos haber esperado a que se le bajaran los efectos de la cocaína— comenta mi esposo con el ceño fruncido pasándose la lengua por los labios y yo asiento pensando lo mismo, limpiándome la sangre de las comisuras de mi boca.
La sangre tiene un mal sabor cuando se drogan.
—Esto ha sido más asqueroso que lo ocurrido en los fumaderos de opio en Londres.
—¿Del 65 o del 29?
—1829 definitivamente— aquella experiencia había sido un desastre monumental, la primera cacería masiva que habíamos realizado.
Ranma me ofrece un pañuelo que saca de su traje —gracias— sonrío linda antes de liberar el liguero en mi muslo con las ampolletas de combustible para prenderle fuego al yakuza.
Habíamos pasado medio siglo recorriendo el mundo, acabando con los malos. Creo que fue luego de nuestro infructuoso paso por China que se me ocurrió la historia de la bestia y la bella. A mi esposo no le hizo gracia pero con los años le encontró cierto encanto.
No, en la aldea de las amazonas no habíamos obtenido respuestas. El lugar se había destruído por causa de los derrumbes. La crueldad de la naturaleza. Ese era el verdadero motivo por el cual las mujeres de la región se habían visto involucradas en las guerras de los dos imperios. De otro modo nunca nadie las hubiera encontrado.
El sitio estaba bien oculto entre montañas elevadas y que, según algunos lugareños, eran tan altas que parecían terminar en el cielo mismo.
—¿Quieres ir a comer algo?— pregunta Ranma mientras me coloca su saco alrededor de los hombros desnudos.
La herida que me ha provocado el tanto del yakuza ya ni siquiera se nota, se ha cerrado por completo.
Me recargo en su pecho cuando rodea mi cintura conforme caminamos por las calles iluminadas de Roma.
—No— suspiro— prefiero ir a casa, mañana nos espera un largo vuelo.
Por los últimos 5 años habíamos vivido aquí, era nuestro descanso después de mucho tiempo desmantelando bandas criminales. Pero tendría cosa de unas semanas que había ocurrido un extraño aumento en desapariciones.
Al investigar resultó ser un pleito entre la típica mafia italiana y un nuevo exótico grupo yakuza. ¿Los yakuza aquí?
El samurái en mi esposo se sintió inquieto de saber que descendientes de nuestra cultura podrían estar causando problemas.
Con la información que habíamos obtenido decidimos viajar de vuelta a Japón. No me entusiasmaba mucho. La última vez que habíamos regresado había sido poco después de la segunda guerra mundial.
Nos habían recibido parientes muy lejanos de Ranma. Y yo me había topado en las calles con una mujer que bien podría haber sido la gemela de mi hermana Kasumi.
El dolor de aquel encuentro me hizo prometerme no regresar por alguna temporada. La esperanza de hallar la cura todavía seguía ahí. En el fondo de mi alma.
—No te pongas triste— dice Ranma con sus labios sobre mi sien al darse cuenta de mi cambio de estado de ánimo.
—No lo estoy— sonrío de manera exagerada mostrándole mis dientes, los amenazadores colmillos por supuesto ya no están ahí —¿Ranko ya sabe a que hora llegará nuestro vuelo?
Ranko es una Saotome. Resultó que en la familia de mi esposo se mantuvo la leyenda del samurái maldito como una herencia. Un secreto que algunas generaciones no creían y que otras lo tomaban como un misterio agregado al apellido. Pero Ranko era bisnieta de la mujer que nos había recibido aquella última vez a mediados de los años cincuenta.
Y de algún modo consiguió contactarnos la mocosa cuando tenía 16 años. Al instante supe que sería buena espía o lo que era ahora, una joven detective de 28 años.
Me resultaba gracioso pensar que a comparación de ella yo me vería como la mocosa. Ranma y yo tan solo teníamos 20 años cuando ocurrió la maldición e incluso para ese momento ya se nos consideraba demasiado mayores para casarnos.
—Anda yo te llevo hasta la cama— Ranma me carga como un costal de papas encima de su hombro cuando entramos al edificio y yo me rio como siempre que hace esto y consigue ponerme de mejor humor.
Hemos sobrevivido. Hemos visto mucho y experimentado más. Incluso nos hemos odiado, pero eso no dura nunca salvo que un par de semanas que en tiempo humano podrían contarse como 20 minutos.
—¿Te cuento un secreto?— pregunta mientras termina de subir el último bloque de escaleras.
—Dímelo— respondo sabiendo lo que será.
Saco las llaves del apartamento del bolsillo interno del saco y se las entrego. Mientras Ranma abre la puerta y enciende la luz suspira —estoy enamorado— dice al fin.
Yo empujo la puerta para cerrar cuando pasamos y giro los cerrojos con llave cuando me la devuelve. Sigo sobre sus hombros.
—¿Y es bonita?
—¡Uff!— exclama conforme me baja de nuevo para quedar frente a él y sujeta mi cara con sus manos —es una diosa. Seguro estarás muy celosa de ella.
—Pues me da mucho gusto por ti— respondo pasando mi índice por el contorno de sus labios —porque yo también estoy enamorada pero no sabía como decírtelo.
Me doy la vuelta para que me ayude con el cierre del vestido luego de dejar en el perchero su saco junto con nuestras armas. Sus manos deslizan con calma la prenda por mis curvas para liberarme de ella. No llevo sostén y solo tengo puestas unas indecentes bragas casi transparente.
—¿Las has comprado en aquella tienda sobre Via Condotti?— pregunta emocionado.
—Sí— me muevo hacia la habitación contoneando las caderas mientras me alejo de él por el pasillo —pero son para el hombre que amo.
Ni bien termino de hablar cuando Ranma ya me está sujetando por la cintura, dando vuelta a mi cuerpo para besarme con pasión mientras caminamos torpes hasta la cama.
—Que suerte tendrá ese bastardo— susurra en mi boca cuando tomamos aire.
—Que suerte tendrá, tú lo has dicho.
Rodeo con mis piernas su cadera al instante que nos recostamos sobre la suave y acolchada superficie.
—Casi arruino lo de esta noche— confiesa mordiendo mi labio inferior y yo gimo cerrando con fuerza los ojos cuando sujeta uno de mis senos con una mano y alza mis brazos por encima de mi cabeza con la otra.
—¿Por el idiota que coqueteaba conmigo en la barra?
Mi esposo niega mientras besa cada espacio de piel luego de mi cuello y sigue descendiendo —no— jadea cuando se encuentra al fin con la orilla de las bragas —por que te veías hermosa en ese vestido negro y yo solo deseaba tomarte en brazos para alejarte de las miradas lascivas y traerte a casa para hacer esto.
Con destreza me despoja de la prenda, suelta inevitablemente mis manos y yo me sujeto a sus hombros mientras comienza a darme placer con sus labios y su lengua.
Jadeo con fuerza por la intromisión de mi esposo. Dejándome arrastrar por sus movimientos y por sus caricias cuando sus manos se posan a cada lado de mis caderas para mantenerme quieta.
—Ven, solo ven— le susurro cuando siento que estoy a punto de llegar al orgasmo.
Ranma se levanta, se quita la camisa lentamente para que disfrute de su cuerpo bien formado. Con una sonrisa ladina mira que estoy mordiéndome el pulgar conforme se desabrocha el pantalón de vestir.
—Sabes... no me has dicho que tal me veía hoy.
Desvío mi mirada —sabes que te veías igual de guapo que siempre.
—¿Solo igual de guapo?
—No te voy a regalar halagos Ranma.
—¿No?— cuando vuelvo a mirar es porque siento su peso de nuevo sobre el colchón —entonces ¿debo ganármelos?
—Sí— beso sus pómulos cuando por fin queda sobre mi cuerpo.
—Entonces espero que esos estudios en literatura sirvan de algo Akane, porque quiero escucharte decir mi nombre con muchos adjetivos ostentosos alabando mi grandeza.
Me río pasando el dorso de mi mano derecha por su mejilla. Nos miramos a los ojos con solemnidad y amor por igual mientras Ranma comienza a introducirse en mí.
Jadeo de nuevo y él me acompaña.
—Lento— le digo bajito —quiero que me hagas el amor lento esta noche.
—Lo que mi bella princesa pida siempre— contesta con voz grave y mientras me besa, jugando su lengua con la mía, cumple con su palabra.
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Son más de las 8 de la mañana del sábado cuando salimos del aeropuerto internacional de Narita. El viaje directo de Roma a Japón no existe por lo que tuvimos que hacer una escala en Milán y de ahí el vuelo de 12 horas hasta llegar a la tierra que nos vio nacer… cientos de años atrás.
Y pensar que nos había tomado días enteros atravesar por mar el trayecto de Japón a China cuando escapamos del campamento de refugiados.
Fue una maravilla descubrir formas más simples para viajar con el tiempo, pero… debo admitir que sigue siendo cansado.
—¿Qué tal estuvo el viaje?— pregunta una muy animada Ranko cuando nos recibe con un ramo de flores en sus manos.
La abrazo con fuerza, la única vez que la vimos en persona fue cuando viajó hasta Tailandia para conocernos. Doce años desde entonces.
—Cansado, aburrido— le muestro el libro que llevo en una mano —no me ha gustado la historia de esto y además tu abuelo ronca así que me pone siempre en vergüenza cuando viajamos y se queda dormido ¿te lo he contado?— le digo y escucho como se queja Ranma.
—Yo no ronco— se defiende empujándome con delicadeza para abrazar a Ranko.
—Se ven bien chicos— dice verdaderamente contenta de vernos la joven pelirroja —para ser unas reliquias de 500 años— se ríe con ganas por como nos llama mientras abre la cajuela del auto que está tras de ella para poder meter el equipaje.
Ranma una vez me comentó que Ranko le recordaba a su madre, en especial cuando sonreía. Yo no estoy muy segura de mis recuerdos a veces, de modo que no tuve forma de confirmar su comentario. Desearía haber tenido fotografías o pinturas de mi familia.
—Les llevaré a casa y les prepararé algo de desayunar ¿suena bien?
—Hemos reservado habitaciones en un hotel linda— le digo y ella niega con seguridad.
—Tonterías, yo las he cancelado porque se quedarán conmigo. La casa es enorme para mí sola.
Miro a Ranma sin estar segura si quiere esto.
Por supuesto los Saotome ya no son una familia vinculada con la nobleza, pero siguen teniendo cierto rango e importancia. En algún momento de la historia el palacio donde vivían fue destruído, pero en el sitio se construyó una mansión que ha pertenecido a ellos hasta la fecha.
A diferencia de su familia, la historia de la mía se ha ido diluyendo. Tiene lógica, mi padre solo tuvo hijas. Por lo que el apellido Tendo sobrevivió algunas generaciones más gracias a la generosidad del esposo de mi hermana mayor. Pero al cabo de unas cuatro generaciones el linaje de los Tendo quedó solo en los escritos..
Aún así hemos logrado rastrear algunos posibles parientes. Pero nadie tan parecido como aquella chica que vi.
—Si Akane está de acuerdo— el galante de mi marido.
Ranko me observa con esperanzas en sus ojitos azules.
—Claro, será un honor.
—¡Yupi!— brinca emocionada —además quiero presentarles a alguien.
—¿Un pretendiente?— pregunta Ranma con ese tono paternal.
La chica niega —no, algo mucho mejor. Es un historiador especialista en su era.
Ranma abre la puerta del auto para mí —eso será interesante ¿no crees?
—Hay que ver si no es un charlatán— respondo y Ranma cierra con cuidado la puerta.
Los estudiosos y curiosos de la historia han sido nuestros más grandes aliados. Por supuesto, a pesar de lo que somos no tenemos la capacidad de estar en dos lugares a la vez al mismo tiempo.
Fue gracias a un historiador en el siglo XVIII que descubrimos el nombre coloquial de nuestra condición. Vampirismo.
—¿Te han servido los informes que te hemos enviado respecto al caso del tráfico de drogas?— pregunta Ranma jugando con los botones del estéreo del auto de Ranko.
—Si, los de la estación están muy entusiasmados por nuestros informantes— sonríe mirando el retrovisor buscándome en el asiento de atrás —espero hayan traído todas las pruebas.
—Por supuesto. Y me alegro que estemos siendo de ayuda— respondo entrecerrando mis ojos por la sonrisa franca que le otorgo también como respuesta.
—Oigan había pensado que mientras se encuentren en la ciudad tal vez sea buena idea que yo...
Creo captar a lo que se refiere —si puedes conseguirnos bolsas de sangre sin meterte en problemas te lo agradeceremos.
—Una B+ para mí— comenta animado Ranma —tiene algún tiempo que no pruebo de esa clase.
La cara de Ranko es un poema, asiente como respuesta a la solicitud de mi esposo pero veo cómo se ha tensado por la charla. Sus manos aferran con fuerza el volante y su ritmo cardíaco se ha acelerado.
—Anoche terminamos bebiendo de otro junkie adicto a la cocaína— sigue con su monólogo mi despistado Samurái —y créeme es asqueroso, es como cuando le agregas sal al café.
Ranko sonríe más, incluso se ríe por lo bajo.
—Creo que prefiero cuando se han fumado un porro, aunque cuando beben whisky me encanta el sabor que adquiere y el aroma— Ranma toma aire con fuerza emulando cuando algo huele delicioso.
—Amor— le llamo y él gira un poco su cabeza para verme de reojo —no creo que a Ranko le haga bien conocer los detalles de nuestra variopinta dieta.
Ranma la mira y rompe en risas —tendrás que perdonar mi entusiasmo— se encoge de hombros —son raras las ocasiones en las que podemos hablar de esto con tranquilidad.
—Estoy bien, de verdad— sonríe amable la chica —es solo que me resulta aún muy nuevo.
—Así que cuéntanos ¿porque decidiste mudarte a la mansión?— pregunto para cambiar un poco el rumbo de la charla.
Ranko alza un hombro despreocupada —había que hacer algunas reparaciones, mis padres pensaron que sería buena idea que alguien estuviera en la viviendo para supervisar.
—La ultima vez que hicimos una video llamada no nos lo contaste— habla Ranma —pude haberte enviado al menos dinero para las reparaciones.
Ella mueve su mano en un gesto para restarle importancia al asunto —ya sabes que por temas económicos no debes preocuparte.
—Tal vez, pero al menos me haría sentir partícipe en los asuntos de mi familia.
Ranma estira su brazo tras el asiento y yo sujeto su mano cuando busca hacer contacto conmigo. Verifica que este bien. Y yo me prometo compensarle este gesto por la noche.
—Lo tendré más en cuenta— responde Ranko en tono de disculpa.
—¿No te da miedo vivir en ese sitio?
Ranko me mira por el retrovisor una vez más.
—No, lo más interesante y sobre natural que pudiera conocer son ustedes.
Sonrío de lado mientras asiento. Ha sido su forma políticamente correcta de decir que somos lo más aterrador con lo que se ha topado y ya nada más podría superarnos.
El resto del camino es charla más banal. Escucho que Ranma pregunta por la liga de béisbol, yo a pesar de los años creo que sigo prefiriendo las exhibiciones de artes marciales. Mi esposo se entusiasma cuando pasan al basquetbol. Y yo dejo de ponerles mucha atención, distraída mirando el paisaje urbano cuando por fin entramos en la ciudad.
El auto de Ranko tiene los vidrios polarizados, me doy cuenta cuando algunas virutas de luz pegan sobre mi piel y solo siento un leve cosquilleo. Donde deberían aparecer marcas escandalosas solo hay pequeños círculos.
—Es fascinante— susurro quedito solo para mí, pero estoy segura que Ranma me ha escuchado porque veo que mueve la cabeza de arriba abajo y aprieta levemente mi rodilla con su mano.
Ranma ha aprendido a ser un buen esposo por tres motivos. Porque me quiere de verdad. Porque hemos pasado años viendo como los hombres han dejado que sus egos le resten felicidad a sus vidas pensando solo en la superioridad. Y porque en el fondo se sigue sintiendo culpable de lo que soy.
Cuando por fin Ranko se estaciona dentro de la propiedad veo a que se refería con las reparaciones. El techo del lado oeste de la mansión está completamente sumido.
—Ocurrió luego de los últimos temblores— explica Ranko cuando nos ve bajar del auto sin poder evitar tener el cuello estirado con la cabeza en alto —y por años se dejó pasar.
Aferro el brazo de Ranma cuando percibo que se pone tenso —todas las cosas con el tiempo se deterioran— hablo solo para él.
—Si, es solo que me hubiera gustado evitarlo.
—Vamos— besó sus bíceps por encima de su sudadera —no te pongas lúgubre.
Siento una de sus manos en mi cabeza cuando se separa de mi agarre y luego besa mi sien —yo soy adorable, nunca lúgubre— ríe y va con Ranko para ayudarle con el equipaje.
Subo los cuatro escalones esperando a Ranko para que abra la puerta pero me grita desde el auto que está abierto y que puedo pasar.
—Gracias.
El sitio huele muy ligeramente a humedad y a pintura recién aplicada también. Las paredes de papel se han cambiado por muros de tabla roca. A pesar de las renovaciones el lugar se sigue sintiendo amplio.
Al final del corredor principal esta la escalera de madera y yo subo siguiendo la distribución según mi memoria. La escalera también es nueva.
Se me ocurre entonces que tal vez la mansión quedó en abandono por más tiempo del que creíamos. Y si la intención de Ranko es que Ranma no lo notara no será sencillo, los dos parecemos sabuesos.
—¿Les apetece un omelette con verduras?— pregunta Ranko cuando la escucho subiendo por la escalera junto con mi esposo tras de ella.
—Suena muy bien ¿has mejorado en la cocina?— responde él.
—Sí— dice contenta —he estado tomando algunas clases profesionales por las noches los fines de semana.
Me hace una seña con la cabeza para que la siga luego de que pasa a mi lado.
—¿Me darías el nombre del instructor o del curso?— pregunta Ranma y ya me imagino por que lo dice.
Le pego un codazo en las costillas —no necesito cocinar cuando eres tú quien lo hace.
Ranko se ríe luego de que nos muestra la habitación donde nos quedaremos —¿no te gusta la cocina Akane? Eso no lo sabía.
—Nunca fui muy hábil— me excuso rascándome la mejilla con el índice.
—Mi mamá tampoco es entusiasta de cocinar— se encoge de hombros —yo he aprendido por necesidad y luego como un reto.
—Y además te gusta— señalo.
Ella asiente —aquí está el baño completo— comenta al abrir otra puerta dentro de la habitación —acaban de cambiar la tina así que ustedes serán los primeros en estrenarla— toma aire mientras nos ve —me da gusto que estén aquí chicos— vuelve a abrazarnos cuando Ranma y yo quedamos frente a ella —pónganse cómodos mientras les preparo algo delicioso.
Ranma evita mirarme, estoy segura que sus ojos se habrán puesto cristalinos por las palabras de su muy, muy, muy lejana familiar.
Solo poca gente ha sabido lo que éramos. El primero fue un joven llamado Mousse. Lo habíamos conocido cuando viajamos la primera vez fuera de Japón buscando la aldea de las amazonas. Nos contó que su prometida era la nieta de la líder pero que por la guerra él había tenido que alejarse con el resto de los hombres de la tribu para unirse a alguno de los ejércitos.
Ni Ranma o yo tuvimos corazón para contarle que había sido justo ella quien nos había maldecido. El pobre se notaba muy enamorado.
Nos hizo compañía por casi medio año mientras andábamos por el país. Luego decidió que regresaría a donde una vez había estado su hogar y buscaría algún otro sobreviviente.
Nunca nos juzgó y tampoco nos temía.
El siguiente fue un príncipe conocido como Kirin. Era extraño pero gentil. Nos ayudó a dominar nuestras nuevas habilidades para sacar el mejor provecho. De todos modos sus propios seguidores eran también criaturas con algo de magia así que ya estaba acostumbrado.
Estuvimos a su lado hasta que murió de vejez.
En alguna ocasión nos hizo compañía una huérfana llamada Lychee, que cuidábamos sin darnos cuenta como si fuera nuestra hija. Pero enfermó. Ahí se volvió más dolorosa nuestra realidad cuando la perdimos y nos aislamos del mundo exterior por un tiempo.
Para ese entonces ya habían pasado cien años. Y ni una sola pista de la posible cura.
Abrazo a Ranma por la espalda cuando se mueve hacia las maletas para abrir una —¿estás bien?— pregunto acariciando con mis manos su pecho para darle consuelo y él mueve la cabeza de arriba abajo rápido, pero siento cuando traga saliva.
—¿Crees que Ranko le haya contado algo sobre nosotros al historiador?
—Pues si lo ha hecho supongo que fue porque le tiene confianza— me paro de puntitas para poder darle un beso en la nuca tras mover hacia un lado su trenza —de todas formas no le prohibimos contárselo a alguien— recargo mi mandíbula con mucho esfuerzo sobre su hombro derecho.
Ranma me mira de reojo y sujeta con dos dedos la punta de mi nariz —princesa creo que necesitas un baño— arruga la nariz —apestas a aeropuerto.
Me río, pero tiene razón.
Luego del increíble desayuno Ranko decide que llevará los celulares que hemos recolectado en Italia a la comisaría, al parecer hemos encontrado la fuente de una naciente organización yakuza. Por supuesto todos ya están desbloqueados sin necesidad de dedos robados.
Nos explica que esta semana no vendrán a arreglar la casa y que tenemos toda la libertad de movernos por el sitio. También comenta que ha comprado sombrillas y un sombrero de ala ancha para mí por si nos apetece salir a pasear.
—Les dejo este móvil por si me necesitan para algo y un juego de las llaves ¿ok?
—Vete sin preocupaciones ya veremos que hacemos nosotros para pasar el día— le dice Ranma mientras la abraza por tercera vez en la puerta de la casa.
—Cuando vuelva iremos a cenar a casa de mis amigos— habla animada otra vez.
—El historiador ¿cierto?— confirmo.
Ella responde que sí —también estará su esposa.
No me atrevo a preguntar si saben realmente qué somos.
Ranko se sube al auto mientras la despedimos desde la puerta y cuando su coche se pierde tras el portón nosotros entramos a la casa.
—¿Quieres salir?— me pregunta Ranma jugando con el enorme sombrero.
—Preferiría dormir un rato.
—¿Creí que habías dormido en el avión.
—¿Con tus ronquidos?— me burlo y él corre para alzarme.
—Yo. No. Ronco— mueve mi blusa para morderme la cintura y yo me agito entre sus brazos sin poder parar de reír.
A pesar de todo soy afortunada de tenerlo a mi lado.
—¿Acaso no me has visto estas ojeras?— no le doy tregua —son tú culpa.
Él gruñe mientras sube las escaleras otra vez conmigo a cuestas —pero es porque te hago el amor de maneras tan exquisitas que no te dejo dormir.
—Bueno, mi perfecto amante esta tarde solo quiero que me abraces y me arrulles para descansar.
Ranma me da un golpecito en las nalgas con su palma abierta —esta bien, solo porque yo también estoy cansado. Espero que Ranko pueda traernos algo de sangre cuando vuelva.
Suspiro —lo sé, la de ayer fue terrible.
Nos acomodamos sobre las colchas en la cama de cuatro postes, abrazados.
Es muy raro que pueda soñar, pero las veces que lo consigo sueño con kimonos de seda y armaduras brillantes de piel. Sueño con el aroma de los campos de entrenamiento donde mi padre era general y el sabor del té que solía servir mi hermana mayor. También sueño con las joyas de jade que coleccionaba mi hermana Nabiki y como solía llenarme los brazos y las manos con ellas para que pudiera decidirse cuál usar.
—Amor— susurra Ranma en mi cabeza, sus dedos acarician mi brazo —será mejor que despiertes, no tardará en regresar Ranko y tenemos que estar listos para la cena con sus amigos.
Fuera la noche ya ha caído.
Inspiro, pegando mi nariz a su pecho. El aroma de Ranma no ha cambiado nada con los años, huele a pimienta negra, eucalipto, madera y el cuero de la armadura que solía usar cuando samurái. A veces incluso a un poco de cítricos.
—Nada de cinco minutos más Akane— me riñe en el instante que mis brazos rodean su cuerpo y entrelazo mis piernas con las suyas y me hundo más en él.
Yo me río de mi travesura sin moverme mientras empuja mi cuerpo para que le suelte —entonces ¿nada de un rápido encuentro?— pregunto con la voz ahogada por tenerla pegada a su sudadera.
Mordisquea mi oreja izquierda, la que esta expuesta por supuesto —hagamos un trato, tú te pones bonita ahora y yo te hago el amor como me lo pidas luego de que regresemos.
—Está bien— recargo mis codos en su pecho y beso sus labios castamente —¿me trenzas el cabello?
Ranma mueve mi fleco de mi cara con delicadeza —nada me gustaría más.
Y luego de una hora Ranko llama para disculparse por la tardanza y nos pide estar listos en cuanto llegue. Mi esposo me da una de sus miradas que cantan te lo dije y yo le muestro el dedo medio mientras termino de ponerme el abrigo encima.
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¡Feliz Halloween! Espero pasen un buen día comiendo muchos dulces. ¿Ya tienen listos sus pensamientos positivos para esta luna llena/luna azul? Recuerden tomar en cuenta siempre decretar en positivo y en presente.
¡Les mando muchos abrazos gorditos!
Ranma84: No, Shampoo definitivamente está muerta. Ya se explicará mejor en el siguiente capítulo porque fue tan fácilmente que ocurriera. Muchas gracias por leer y por tu comentario!
Benani0125: Es que es un poco inevitable el sufrimiento de los vampiros, viven eternos pero en realidad no están viviendo porque tienen limitaciones según el autor que les describa. Puede llegar a ser un poco insoportable la eternidad, pero creo que en este caso estoy tratando de darle un toque de esa clase de amor que trasciende todo. Muchas gracias por tu review! Y abrazos gorditos!
Nicky: Ay! Pues me siento muy honrada de que disfrutes de las historias que cuento. Te mando muchos abrazos ultra gorditos! Y pues espero ya retomar igual NoMeDejesIr y Nerima Arde.
GabyCo: ¿Cómo van tus cursos? Espero que muy, muy bien y que te estén siendo de mucha utilidad. Te mando muchos abrazos hermosa mujer! Ah! Ya sé! Lo de la sirvienta fue muy desafortunado pero pues es que no sabían realmente que eran. Al menos pararon en una sola persona. El trenzudo siempre cumple! Abrazos esponjosos!
AnaGonzalez1: Hola guapa! Oye pues muchas gracias por animarte a leer historias de fantasía, en realidad son de mis predilectas y es lo que suelo más leer. Te agradezco que leas lo que escribo, para mi es un honor. Muchas, muchas gracias por tu comentario, me dejó un sabor de boca muy dulce. Jaja respecto a esta historia pues es que el inicio es como un guiño a la Bella y la Bestia, con mis propias modificaciones por supuesto. Espero te cuides mucho y te mando haaaartos abrazos gorditos!
