Prólogo

- Por favor… para, por favor –dije con una lágrima cayendo por mi mejilla. La cabeza me daba vueltas, tenía la vista nublada y sentía que iba a perder el conocimiento pero me desesperaba el asco de tener unas manos tocándome en todas partes. Intente moverme, resistirme pero fue inútil debido al peso del hombre que tenía encima.

- ¡Cállate! –escupió Marcos mientras me arrancaba la camisa. –Atenla a la cama, voy a enseñarle a esta perra a comportarse.

Un escalofrío me recorrió la espalda. El pánico me inundaba, no podía moverme ni gritar. Pestañe varias veces hasta que conseguí enfocar la vista. Estaba en una habitación oscura, además de Marcos había 2 hombres más con capucha que me impedía verles la cara, se acercaron y me sujetaron los brazos para atarme.

Use toda la energía que tenía intentando impedirlo, me sacudí, quise morderlos y usar mis piernas para que me soltaran, pero la realidad es que no podía moverme, apenas si sentía mi cuerpo lo que me asustaba aún más.

Una vez atada volvió a acercarse el hombre en quien creía que podía confiar hasta esa noche, con una sonrisa que me puso los pelos de punta. Volví a tenerlo encima, besándome, tocándome y yo no podía hacer nada. Me sentía enferma.

- Fuera –les indicó a los otros dos y estos obedecieron. - Ahora sí, preciosa –me susurró al oído mientras lo chupaba y me ataba un pañuelo a la boca. – Voy a tomar lo que es mío, la frutilla del postre... Voy a darle a tu padre en dónde más le duele.

No podía dejar de llorar, quería gritar y salir corriendo pero en cambio sentí cómo me bajaba los pantalones y hacía lo mismo con los suyos.

- Lu… ¡Lucy! –desperté agitada con mi padre sacudiéndome por los hombros. – No me habías dicho que seguías con las pesadillas hija... No parabas de llorar y gritar.

- Estoy bien, papá –dije y automáticamente sentí náuseas y fui corriendo al baño a vomitar. Me sentía sucia, como todas las noches en las que despertaba después de la misma pesadilla. Me era imposible dormir tranquila después de aquella noche horrible.

Cuando terminé me encontré con mi padre en la puerta mirándome con pena, tenso, con los brazos cruzados.

- Ya ha pasado un mes, no puedes seguir así. Mañana mismo irás al psicólogo.

- Enserio, te juro que estoy bien fue solo una pesadilla, no pasa nada. Estoy tratando de dejar todo atrás papá por favor déjalo estar.

- No puedo Lucy... De ninguna manera. Eres mi hija, me preocupo por ti y me lamento todos los días de lo que pasaste por mi culpa. Permíteme ayudarte.

Sabía muy bien que había sido su culpa y jamás lo perdonaría por haberme dejado en las manos del enemigo. Yo solo quería olvidar, pero conocía a mi padre, así que asentí comprendiendo que no tenía sentido discutir con él. Luego de que se fuera volvieron los recuerdos sobre esa noche y me di una larga ducha mientras lloraba y pensaba en las pocas ganas que tenía de ir al día siguiente a contarle mis problemas a un extraño.

Capítulo 1

Como de costumbre no había tenido una buena noche, pero al despertar y recordar que ese día empezaría terapia no ayudó para nada en mi humor. Por la ventana ya podía verse el hermoso día soleado que haría en Los Ángeles.

Tomé una ducha rápida y bajé a desayunar para empezar el día. Me sorprendió encontrarme con mi padre, ya que trabajaba tanto que apenas nos veíamos pero supuse que ese día iría más tarde a la empresa.

- Buenos días –le dije mientras me sentaba en la mesa y Gabriela me servía el desayuno con una sonrisa. Gabriela trabajaba en mi casa desde antes de que naciera, le tengo mucho aprecio y sé que ella me veía como a una hija.

- Buenos días Lucy, ¿pudiste descansar?

- Sí, muy bien –mentí esperando que me dejase en paz. - ¿Por qué no fuiste a trabajar aún, pasó algo?

- Soy el dueño de la compañía Lucy, no pasa nada si decido llegar más tarde. Solo quería pasar tiempo con mi hija y además quiero llevarte yo mismo al psicólogo de camino al trabajo.

- Pero papá...

- Sin peros. Ya lo intentamos a tu manera, ahora lo harás a la mía. Debemos recuperar nuestra vida Lu, quiero volver a ver a mi niña pelirroja sonriendo.

Cualquier tipo de plan que haya pensado para evitar ir se esfumó en un segundo. Desde lo ocurrido ninguno volvió a ser el mismo, nunca habíamos tenido una excelente relación, pero ahora nos llevábamos peor que nunca. Mi padre se había enfocado en su trabajo y yo me había ido apagando poco a poco.

Unas horas después me encontraba entrando al consultorio del psicólogo con un humor peor que el de esta mañana. Yo solo quería llamar a mis amigos y pasar la tarde en la playa, o ver una película disfrutando los últimos días de vacaciones.

- Lucy Williams, adelante. Mi nombre es Mateo Hernández, ponte cómoda por favor –dijo mientras entraba y me sentaba.

Era un consultorio pequeño pero agradable, había dos sillones marrones y un escritorio en un rincón. Las ventanas, que ocupaban toda una pared, dejaban ver una hermosa vista de la ciudad. En cuanto a Mateo, era un hombre alto, morocho y apuesto, parecía un poco más joven que mi padre aunque la barba lo hiciera ver más viejo.

- Dime Lucy, ¿qué te trae por aquí?

- Mi padre, prácticamente no me dejó opción –dije cruzando los brazos y suspirando de mala gana.

- Oh, seguro que lo hizo porque está preocupado por ti, pero no tienes que hacer nada que no quieras.

Tuve que contenerme para no reírme en su cara, él no conocía a mi padre, cuando te decía que hagas algo te convenía obedecerlo. Mateo me miraba fijo, analizándome, y eso me ponía bastante incómoda porque odiaba que la gente se me quedara mirando.

- ¿Por qué no empezamos rompiendo el hielo? Tal vez así te sientas más cómoda. –dijo con una sonrisa amable. - Cuéntame algo sobre ti, cómo es tu vida, tu familia, dime cualquier cosa que quieras compartir.

- Bueno… me llamo Lucy, tengo 19 años y estoy estudiando economía en la universidad. Vivo en casa de mi padre porque todavía no me cree lo suficientemente independiente como para vivir sola, ni tampoco me deja conseguir un empleo, ya que prefiere que me enfoque en mis estudios para algún día hacerme cargo de su empresa.

- ¿Y eso es lo que tú quieres?

- Sí... No, bueno no lo sé. Me gusta mi carrera, pero no sé si sea lo quiero para dedicarme el resto de mi vida.

- ¿Y por qué no se lo dices? ¿No quieres decepcionarlo? –negué con la cabeza. No es como si tuviera opción, mi padre siempre tuvo un plan para mí. Él era un hombre de mucho dinero y exitoso, por lo tanto esperaba que su única hija fuera perfecta y siguiera sus pasos. – Intenta buscar la manera de hablar con él y hacerle saber cómo te sientes, es muy importante que puedan comunicarse. Por otro lado, cuando tu padre llamó para acordar la cita me dijo que hace días que no puedes dormir correctamente, ¿quieres contarme qué ocurre?

Dudé en decirle la verdad sobre lo ocurrido ese día o no, era algo que me atormentaba, que me había cambiado para siempre. Todavía cuando cerraba los ojos podía sentir sus manos sobre mí, su olor y el asco que sentía. Pero sobre todo tenía un gran dolor y vergüenza por haber sido engañada y traicionada de esa manera.

No había hablado de esa noche con nadie, no estaba lista para aceptarlo, solo mi padre y mi mejor amigo lo sabían. Yo solo esperaba que con el tiempo lo olvidara, no quería revivir los detalles de ese día para no hacerlo más real. Sólo lo había hecho una vez ante la policía y no había servido de mucho.

- Nada –mentí bajando la mirada hacia mis manos que jugaban con un hilo en mi remera. – Son solo pesadillas. Todos las tienen, es algo normal.

- Lucy, no es normal que todas las noches tengas pesadillas. Puedo ver que algo que te está perturbando ¿Hay alguna cosa que te preocupe o te tenga nerviosa?

- No, solo estoy tratando de superar la ruptura con mi ex novio. Pero estoy perfectamente. Apuesto a que cuando empiece la facultad me mantendré ocupada y las pesadillas se irán. –dije rápidamente y con una sonrisa, restándole importancia.

Mateo me miraba fijamente, podía ver en mis ojos y por mi actitud nerviosa que mentía. Pero decidió que no era buena idea presionar tanto el primer día y yo suspire aliviada. Me dijo que eso era todo por hoy y que esperaba verme la semana siguiente.

Me levante y salí apresuradamente del consultorio, quería irme de allí cuanto antes, pero al salir me choqué con una pared de músculos que no podía creer lo dura que era. Casi termino en el piso pero unas manos fuertes me sujetaron, sus brazos estaban llenos de tatuajes y al levantar la vista vi unos hermosos ojos verdes que combinaban a la perfección con su pelo negro. Por un momento sentí que se me cortaba la respiración y la mente me quedaba en blanco, pero al parecer todo lo que el chico tenía de atractivo lo tenía de mal educado porque me miraba como si fuera un chicle en su zapato, como una niña molesta que no podía comportarse.

- Perdona –me disculpé mientras me separaba, soltándome.

- Ten más cuidado –fue lo único que dijo con una voz profunda antes de fulminarme con la mirada y entrar al consultorio.

Capítulo 2

Llevaba dos días sin poder sacarme esos ojos verdes de la cabeza y no entendía por qué. Podría perderme en ellos, me intrigaban. Todo en él me intrigaba y ni siquiera sabía su nombre. Pero luego recordaba cómo me había mirado y lo grosero que fue y la bronca crecía en mi interior; había sido un accidente, nada grave como para que tenga esa mirada de odio, como si estuviera enojado con el mundo.

Tenía que despejarme, era estúpido que eso fuera en lo único que pensara. Todo lo que había hecho estos últimos días era tomar sol y ver películas, como la mayoría de los días. Soy una persona bastante tranquila, muchos dirían incluso que mi vida era aburrida, pero también sabía divertirme cuando salía con mis amigos. Quedaban solo unos pocos días más de vacaciones y ya estaba harta de estar en mi casa así que decidí llamar a Nick, mi mejor amigo desde que teníamos cinco años. Habíamos crecido juntos, era como mi hermano y aún seguíamos juntos en la universidad. Él me conoce como nadie, sabe todo de mí y yo sé todo de él.

Cuando éramos niños nos dimos nuestro primer beso juntos, siempre fuimos muy unidos pero nunca llegamos a nada más. Lo quería como un hermano por lo que nunca me había fijado en él como algo más. Sin embargo, hace años que sospechaba que él sí tenía sentimientos hacia mí, siempre era muy protector conmigo.

Acordamos vernos en el centro comercial y una hora después nos encontramos allí. Me recibió con un gran abrazo como siempre, levantándome del suelo al ser más alto que yo; su cabello es castaño claro y sus ojos de un color miel, como los míos.

- Buen día solecito –dijo con una sonrisa provocando que ambos riéramos por cómo me había llamado; pero luego se puso serio, mirándome preocupado. - ¿Cómo estás? ¿Sigues teniendo problemas para dormir? Tienes unas ojeras de muerte mujer.

- ¡Ey! –exclame dándole un puñetazo no muy fuerte en el hombro. – Estoy bien, los sueños siguen pero estoy un poco más tranquila. Además mi padre hizo que empezara a ir al psicólogo.

- Me parece bien la verdad, tienes que poder superar lo que pasó Lu. ¿Y, cómo te fue? ¿Has podido hablarlo?

Todavía recuerdo cuando le conté todo lo ocurrido. Nick siempre había creído que había algo raro en Marcos, nunca le agradó que lo tuviera cerca, pero él no era de las personas que decían "te lo dije" así que cuando lo supo se quedó toda la noche acariciando mi cabello mientras lloraba destrozada hasta quedarme dormida.

- No, no pude –admití bajando la mirada para no ver la pena en su mirada. – Pero te prometo que lo haré, cuando esté lista, no te preocupes.

- Yo siempre me preocupo por ti, Lu –dijo acariciándome la mejilla. – Cambiando de tema, ¿estas lista para volver a las clases? Porque yo no; ojalá las vacaciones fueran eternas, no quiero que acaben jamás.

Hablamos durante mucho tiempo en el que entrabamos a algunas tiendas y yo me probaba todo lo que me gustaba haciendo un desfile para él. Agradecía que nunca faltaran las risas cuando estábamos juntos. Nick siempre tenía algún chisme que contar o sacaba algún tema de conversación que hacía que me olvide de todo lo demás.

- ¿Quieres ir a tomar un helado? –propuse, ya que ambos éramos unos adictos amantes de este.

- ¿Tienes que preguntar? Me extraña Lucy... Nunca diría que no a un helado.

Entramos a nuestra heladería favorita y pedimos los mismos gustos que pedíamos desde que tengo memoria, Nick pedía chocolate con almendras y frutilla; y yo dulce de leche granizado y chocolate amargo.

Nos sentamos en unas mesitas en la vereda y de un momento a otro volvieron a cruzarse por mi mente esos ojos verdes y los brazos tatuados, pero rápidamente alejé esos pensamientos. Aparte lo más probable era que no lo volviera a ver.

Cuando ya empezaba a atardecer nos despedimos con un abrazo. Nick se ofreció a acompañarme pero le dije que prefería ir caminando sola, total vivía a tan solo unas cuadras de allí.

A mitad del camino empecé a sentirme extraña, como si alguien me estuviera mirando, pero al darme vuelta comprobé que no había nadie. Le resté importancia y seguí caminando, sólo estaba siendo paranoica.

Una vez en casa, subí a mi habitación y sentí el celular en mi bolsillo vibrar con un mensaje. Luego de leerlo un escalofrío me recorrió el cuerpo. No pude evitar preocuparme, pero una parte de mí quería creer que no era nada, probablemente un error o una broma de mal gusto porque no reconocía el número, era anónimo:

"No lo olvides, estoy cerca, observando."

Capítulo 3

No quería pensar en quién podría enviarme un mensaje así, creo que prefería hacer de cuenta que no había pasado nada antes que considerar la posibilidad de que Marcos estuviera cerca otra vez. Por lo tanto determiné que no iba a contarle a nadie sobre esto, al menos por ahora.

Pasó el resto de la semana y no volví a recibir ningún mensaje extraño, lo cual me tranquilizó.

Llegó el lunes y volvía a tener cita con el psicólogo. No veía la hora de terminar con eso; además mis pesadillas seguían haciéndome compañía como todas las noches. Por otro lado, no pude evitar sentir un poco de nervios ante la posibilidad de volver a cruzarme con el misterioso chico de ojos verdes, aunque la voz en mi cabeza me suplicaba que dejara de ser tan idiota.

Esta vez mi padre no me llevaría así que tuve que ir en taxi. Tendría que aprender a manejar de una vez para no depender de nadie, pero me daba un poco de miedo.

Al llegar Mateo me dio la bienvenida, amable como siempre.

- Ponte cómoda Lucy, ¿cómo has estado?

- Bien... Normal supongo –me ponía nerviosa tener que hablar de mí, nunca sabía exactamente qué decir.

- Tengo entendido que mañana empiezas nuevamente las clases ¿verdad? –asentí y luego me tensé ante su nueva pregunta: - ¿Estas emocionada por reencontrarte con tus amigos? ¿O tal vez tienes algún novio?

- Yo no... Bueno… Tuve un novio pero ahora estoy sola –haciendo un movimiento con la mano para restarle importancia y disimular lo tensa que estaba y seguí hablando rápidamente. – Pero sí estoy feliz de volver a ver a mis amigos todos los días, aunque nos juntamos varias veces en las vacaciones. Al que más veo es a Nick, mi mejor amigo, somos muy unidos y nos parecemos mucho; luego tengo otras dos amigas que las conocí en la universidad y nos hicimos amigas al instante, son hermanas y se llaman Bianca y Clara.

- Entiendo... Pero dime, ¿Qué ocurrió con tu ex novio? ¿Quieres contarme? Vi cómo te cambió la cara al nombrarlo.

No podía levantar la mirada de mis manos mientras las retorcía con nerviosismo.

- Preferiría no hablar de eso.

- Vamos Lucy, estoy aquí para escucharte y ayudarte. No puedo hacer mi trabajo si no me cuentas lo que te molesta o afecta. –me veía con ojos preocupados y sonreía para tranquilizarme. – Puedes confiar en mí, sabes que todo lo que hablemos aquí está bajo secreto profesional ¿verdad?

Suspiré y asentí, rindiéndome. Ya había pasado un mes, tal vez era hora de dejarlo salir.

- Bueno... Mi ex se llamaba Marcos. Mi padre me lo había presentado hace poco más de un año en una fiesta de fin de año de la empresa. En ese momento yo tenía dieciocho y él veintiuno. Era muy apuesto y amable, alto, de tez morena; nos caímos bien de inmediato y mi padre parecía muy contento con la idea de que estemos juntos. Salimos por unos meses, él era verdaderamente dulce conmigo –hice una pausa, intentando bajar el nudo que se formaba en mi garganta.

- ¿Entonces?

– Hasta que unos meses atrás empecé a notarlo distinto, nervioso, toda la dulzura se había ido y en cambio chocábamos bastante seguido. Yo sospechaba que algo ocurría porque cada vez que tenía oportunidad se encerraba a discutir con mi padre; yo creía que tal vez estaba metido en negocios turbios, o que era adicto a las apuestas, no sé, mi mente imaginó todo tipo de escenarios. Mi padre nunca me dijo exactamente en qué estaba ocurriendo, y una noche...

Las lágrimas se acumularon en mis ojos, me dolía tener que revivir el recuerdo en mi mente. Tomé varias respiraciones tratando de tranquilizarme pero era inútil.

- Tranquila Lucy... ¿Qué ocurrió esa noche? –dijo Mateo con una mirada preocupada, pero animándome a seguir. –Te sentirás mejor, más liberada, si puedes hablarlo.

- Él... –tomé una gran respiración, dispuesta a dejar salir lo que tanto me atormentaba. -Esa noche él me... Me violó.

Capítulo 4

No podía dejar de temblar. No importaba cuánto tiempo pasara, no podía sacar el sentimiento de asco y suciedad de mi cuerpo. Nunca me había sentido tan indefensa.

Luego de haber soltado la bomba no puedo decir que me sentí mejor, pero sí fue como si me sacara un peso de encima. Mateo se había quedado inmóvil, no esperaba que le dijera eso así que procedí finalmente a explicarle todo lo que había ocurrido esa noche.

- Fue una noche que él sabía que mi padre no estaría y llegaría muy tarde. Después de lo ocurrido me enteré que Marcos tenía grandes deudas que no podía pagar, entonces le pidió ayuda a mi padre. El problema fue que mi padre se negó a darle dinero y Marcos decidió que la que debía pagar las consecuencias era yo, para herir a mi padre en el proceso.

Mateo me ofreció un vaso de agua y me pidió que respirara antes de continuar, debido a que mis manos no paraban de temblar. Tenía la mirada perdida mientras hablaba, como si estuviera viviéndolo todo otra vez en ese mismo momento.

- Entonces esa noche, después de la cena, estaba lista para irme a dormir cuando escuché unos ruidos en la casa. Pensé que era Gabriela que trabaja en casa, así que baje a ver y me encontré con dos hombres en el escritorio de mi padre abriendo la caja fuerte; ambos vestidos de negro y la cara tapada. En cuanto los vi salí corriendo por el pasillo para llamar a la policía, pero al llegar a la sala me encontré con Marcos que me detuvo hasta que los otros dos llegaron y me ataron a una silla -yo aún no logro entender cómo el hombre que conocí alguna vez pudo convertirse en ese monstruo, pero ahora puedo reconocer que en el fondo siempre sentí que había algo de interés en él y no precisamente hacia mí. - Yo intenté liberarme con todas mis fuerzas y entonces me inyectaron algo en el brazo, sólo Dios sabe qué tipo de droga pero me mareó casi al instante. Ahí fue cuando de verdad empecé a asustarme y desesperarme porque Marcos... Él no dejaba de tocarme y decirme que me merecía todo eso gracias a mi padre. Los recuerdos después de eso son muy borrosos, solo recuerdo partes, pero sé que me llevaron a una habitación y ahí fue cuando él me violó.

Mis lágrimas caían sin parar por mis mejillas. Se sentía liberador pero a la vez tan doloroso.

- Creo que me desmayé porque lo siguiente que supe es que mi padre me despertaba llorando –dije casi en un susurro.

- Dios mío Lucy, no puedo imaginar lo duro que fue para ti pasar por eso. Entonces ¿Tus pesadillas son sobre esa noche verdad? ¿Cómo te sientes con eso?

- Sí, no puedo sacar de mi cabeza el asco que sentí cuando tenía sus manos sobre mí. Siento que se llevó una parte de mí que jamás podré recuperar, es horrible.

- Para nada. Te llevará tiempo, pero ya verás que podrás superarlo. Lo que me parece importante que entiendas es que nada de lo que ocurrió es tu culpa, ni la de tu padre.

- Pero mi padre sabía de los problemas de Marcos y aun así me lo presentó y no me advirtió cuando empecé a salir con él, yo creo que sí tiene parte de culpa –no podía evitar sentirme engañada por mi propio padre.

- Yo no creo que tu padre supiera de lo que Marcos era capaz, Lucy. Ningún padre pondría en riesgo a su hijo, estoy muy seguro de que te ama y se debe sentir terrible por esto, por eso es que te pidió que vengas.

- Bueno digamos que no me dejó mucha opción.

- ¿Qué ocurrió con Marcos? Imagino que fueron a la policía.

- Por supuesto, pero no pudieron encontrarlo, ni a sus cómplices. Está prófugo y la verdad es que a veces me preocupa la idea de que pueda volver a aparecer, la sola idea de verlo me da escalofríos –por un momento se me cruzó por la cabeza el mensaje anónimo que recibí el otro día, pero no había vuelto a recibir otro desde entonces.

- Intenta no preocuparte, si la policía lo está buscando no tardarán en encontrarlo. Sería tonto de su parte volver a acercarse a ti –yo no estaba tan segura y temía volver a cometer el mismo error de subestimar lo que Marcos era capaz. –Con respecto a tus sueños, me gustaría que la próxima vez que los tengas los escribas y también aquellos pensamientos que te perturben. No tienes que mostrárselos a nadie si no quieres, ni siquiera a mí, será algo sólo para ti para que puedas descargarte libremente.

No sé si me sentiría cómoda escribiendo esas cosas, parecería como una niña con su diario íntimo, pero tal vez debería darle una oportunidad.

Era consciente de que tenía toda la cara roja e hinchada de llorar, así que al salir del consultorio y ver al chico de ojos verdes sentado esperando a fuera desee que me tragara la tierra. Cuando me vio frunció el ceño, seguramente preguntándose qué había ocurrido, pero rápidamente volvió a su mirada seria de "eres una niña estúpida".

No estaba de humor para sus miraditas así que junte valor y le dije:

- ¿Tienes algún problema?

- ¿Perdona? –dijo sorprendido.

- No dejas de mirarme mal y no entiendo cuál es tu problema, ni siquiera me conoces.

- Y no planeo hacerlo tampoco –dibujó una pequeña sonrisa maliciosa en su cara, volviendo a su mirada de suficiencia, como si me dijera con la mirada que no era lo suficientemente buena o interesante cómo para querer conocerme.

- Púdrete –le conteste fulminándolo con la mirada.

Me giré para irme y justo antes de salir escuche que Mateo abría la puerta y lo hacía pasar:

-¡Santiago! Llegaste temprano hoy, adelante.

Así que se llama Santiago... Al menos ya se el nombre del idiota.

En la cena apenas si crucé alguna palabra con mi padre. Todavía seguía rara después de haberle contado todo al psicólogo pero también sentía que era lo correcto, ya no me sentía una bomba a punto de estallar. Además también tenía a Santiago en mis pensamientos. No comprendía por qué era tan grosero, como si quisiera asegurarse que no me acercara, pero eso solo lo hacía más intrigante.

Antes de irme a la cama preparé todos los libros que necesitaba para el día siguiente. Las vacaciones habían terminado y tocaba volver a la rutina de la universidad. Clara me envió un mensaje diciendo cuán emocionada estaba de volver a cursar, en cambio Nick me envió uno diciendo que tenía más ganas de morir que de levantarse temprano en la mañana, lo cual me hizo reír, porque yo tampoco era una persona que le agradaran las mañanas.

Sorprendentemente, esa noche fue la primera vez en mucho tiempo que no me desperté llorando. Esta vez, en el sueño aparecía un hombre fuerte de ojos verdes para salvarme.

Capítulo 5

Como era de esperar me quedé dormida, me quedaban solo treinta minutos antes de que Nick pasara a recogerme para ir a la universidad. Tenía muy pocas ganas de empezar las clases, pero no me quedaba otra así que me duche, me puse un jean, unas converse negras y mi remera favorita, y bajé a desayunar rápidamente. No vi a mi padre por ningún lado así que supuse que ya estaría trabajando.

Me despedí de Gabriela y esta me deseó suerte en el primer día. Al salir me encontré justo con Nick que estaba llegando.

- Buen diiiiia preciosa –saludó con una gran sonrisa.

- No son buenos días, yo solo quiero volver a mi cama –dije entrando en el auto con un quejido.

- Yo igual pero basta de quejas, sonríele a la vida –dijo mirándome y pestañeando muchas veces provocando que ambos riéramos. Por estas pequeñas cosas lo amaba, siempre buscaba la forma de mejorar mi día.

Al llegar bajamos del auto y ambos dimos un largo suspiro, si bien nos gustaba nuestra carrera la verdad era que odiábamos estudiar y pasar horas escuchando una clase.

Escuché que alguien me llamaba y al girarme mi humor terminó de mejorar. Clara y Bianca venían corriendo hacia nosotros, ellas eran mellizas, muy parecidas y diferentes a la vez; ambas hermosas y con un cuerpo de muerte. Nos dimos un gran abrazo grupal que casi provoca que nos caigamos al piso. A ellas hacía mucho que no las veíamos ya que habían estado de vacaciones en Miami este último mes.

- ¡No saben cuánto las hemos extrañado chicas! ¡Están re bronceadas, que envidia!

- ¡Lo sé, y nosotras los extrañamos a ustedes! Tú también estás bronceada, qué dices. Dios, las vacaciones fueron increíbles pero no podía esperar a volver y pasar tiempo con ustedes otra vez. ¿Cómo han estado? –dijo Bianca.

Hubo un momento de silencio en el que no supe qué responder, pero por suerte Nick se dio cuenta de mi incomodidad y respondió por los dos:

- Hemos estado muy bien, pero ahora cuéntenos todo sobre sus vacaciones. ¿Cómo es la playa allí?

Eso fue todo lo que necesitaban para hablar sin parar contándonos todos los detalles de sus vacaciones en aquel bello lugar, desviando la atención de nosotros. Le di una mirada de agradecimiento a Nick y este me giñó el ojo en respuesta.

Al ingresar al edificio de la universidad nos separamos, ya que teníamos distintas clases, pero quedamos en juntarnos en la cafetería a la hora del almuerzo.

Caminaba por los pasillos con prisa, mientras intentaba buscar en mis cuadernos el papel donde tenía el número de aula que me correspondía, cuando me choqué con un chico haciendo que todas mis cosas se cayeran al suelo. Inmediatamente me agaché a recoger mis cosas y al alzar la mirada para disculparme me encontré con la última persona que esperaba ver allí.

Santiago me miraba desde su altura con cara de pocos amigos, para no perder la costumbre.

- Tenemos que dejar de encontrarnos así, preciosa –dijo con una mueca que casi podría decir que era una sonrisa.

- ¿Perdona? – podía notar el tono rojizo que estaba tomando mi cara.

– Ya me oíste –desvió la mirada, incómodo. - Creí que te había advertido que tengas más cuidado.

- Bueno, yo no tengo por qué hacerte caso. Por cierto, gracias por la ayuda –le contesté enojada porque ni si quiera se había molestado en ayudarme a recoger mis cosas. Además ¿Quién se creía que era para hablarme así?

Él no despegaba sus hermosos ojos de mí, parecía que estaba luchando consigo mismo tratando de decidir si debía ayudarme o reírse en mi cara y humillarme.

- De nada –fue su única respuesta mientras volvía a ponerse la fachada de "chico malo" y se iba caminando.

Suspiré, frustrada por la situación. Me irritaba su actitud y la forma en la que me trataba, pero también que me resultara tan atractivo. Ni yo misma me entendía. Solo me faltaba tartamudear al hablarle de lo nerviosa que me ponía, apuesto a que me creía una estúpida. Terminé de recoger mis cosas y me dirigí al salón de clases desando no volver a verlo el resto del día.

Capítulo 6

Santiago

Era mi primer día en esta maldita universidad y lo que menos esperaba es que ella también estudiara aquí. Ya era lo suficientemente malo cruzarla en el consultorio de Mateo todas las semanas, como para también tener que verla todos los días. Era una tortura, ella es tan hermosa que duele pero jamás podría acercarme, mi vida y la de mi familia dependían de ello. La única esperanza que tenía era que ella parecía no reconocerme. El problema era que podía notar cómo me miraba con interés y yo no hacía más que maltratarla para que se olvide de acercarse a mí. Por el bien de todos, aunque lo que más quisiera sea acércame a ella.

Ella era pequeña, con una hermosa cabellera rojo fuego con rulos. En su rostro tenía algunas pecas en su nariz y mejillas y unos bonitos ojos color miel. Además tenía una voz tan dulce... Todo en ella era perfecto, te daban ganas de ponerla en una cajita de cristal. Era inolvidable, desde la primera vez que la ví había llamado mi atención, a pesar de que la situación en la que la conocí eliminaba cualquier tipo de posibilidad de aproximarme a ella.

- Bueno, yo no tengo por qué hacerte caso. Por cierto, gracias por la ayuda – me dijo molesta pero a mí me parecía bastante tierna su expresión.

Habíamos chocado en el pasillo y ya parecía una costumbre en nosotros. En cuanto la vi me puse nervioso, incluso la llamé preciosa y había logrado que se ruborizara. Sin embargo tenía que mantener mi papel duro con ella, no podía bajar la guardia, por lo que tuve que usar todo mi auto control para no ayudarla a levantar las cosas que se le habían caído. Era mejor así, era mejor si me odiaba.

Tenía que seguir mi camino, mirarla era demasiado adictivo y peligroso. Puse una enorme pared invisible entre nosotros y le dije "de nada" de la manera más fría que pude.

Fui al baño a lavarme la cara y tratar de tranquilizar mis nervios, todo lo que tenía que hacer era prestar más atención e ignorarla en los pasillos. Con toda la gente que había aquí era casi imposible que compartiéramos alguna clase. ¿Verdad? Ni si quiera sabía qué carrera estudiaba ella.

Al salir del baño y dirigirme al aula vi que los pasillos estaban completamente vacíos, eso significaba que estaba llegando tarde a mi primer clase en mi primer día, genial. Me tocaba la clase de historia económica, así que tomé el papel que me habían dado con mis materias y aulas y me apresure a encontrar el aula que me correspondía. Entré lo más silencioso que pude, por supuesto que el profesor ya se encontraba allí.

- Llega tarde alumno, ¿Cómo es su nombre? –el muy imbécil quiere humillarme en frente de todos.

Respiré profundamente y conteste:

- Lo siento, mi nombre es Santiago. Santiago Da Silva.

- Muy bien Santiago, allí tiene un lugar –dijo señalando al fondo. – Procura llegar a horario la próxima vez por favor, no me gusta que me interrumpan las clases.

Asentí y me dirigí a mi lugar, pero al pasar por los alumnos no pude evitar notar el cabello rojizo de Lucy. Si creía que mi día no podía ser peor me equivocaba.

Me pasé toda la clase mirándola, subía y bajaba mi pierna rápidamente en un tic nervioso. No escuché ni una sola palabra de lo que dijo el profesor y sabía que eso iba a tráeme consecuencias luego, pero ahora mismo no me importaba en lo absoluto, estaba enloqueciendo con tenerla cerca todo el tiempo.

Cuando terminó la clase salí disparado de allí, tenía que llamar a mi hermano urgentemente. Después de sonar dos veces atendió:

- Hermano, ¿Qué pasa?

- James, ella está aquí –dije con la voz acelerada. – La cruzo en todos lados me estoy volviendo loco.

- ¿Qué? ¿Ella quién?

- Lucy.

Se hizo un largo y tenso silencio en la llamada.

- ¿Sabe quién eres?

- No. Pero no la cruzo sólo aquí, también la veo cuando voy al psicólogo –suspiré, desesperado y con miedo. – Dios, esto está muy mal James.

- Tranquilízate y escúchame bien, aléjate de ella ¿Escuchaste? –dijo muy serio. – No vas a poner nuestra vida en peligro por pensar con tu amiguito en vez de con tu cabeza, te mataré yo mismo si es necesario. Deja el psicólogo, puedes ir a otro, y evítala en la universidad ¿Entiendes?

Le dije que iba a hacer todo lo que me pedía, pero en el fondo no estaba seguro de poder cumplirlo. Me atormentaba todos los días lo que había hecho, y sin embargo había algo en ella que sabía que no me iba a permitir mantenerme alejado.

Capítulo 7

Gracias a Dios llegue al aula con el tiempo justo. Luego de encontrar un lugar para sentarme llegó el profesor presentándose y dando inicio a la clase. Era un señor mayor, posiblemente cerca de los sesenta años, canoso y con bigote.

- Buenos días alumnos, espero que tengan un excelente inicio de clases. Mi nombre es Ezequiel y la materia que nos compete es historia económica... –fue interrumpido debido a un alumno que llegaba tarde.

Cuando vi a Santiago ingresar al aula abrí los ojos como platos. Era increíble que me lo cruzara en todos lados, como si el mundo quisiera acercarnos, o tal vez esperaba que nos matemos ya que cada vez que nos veíamos salían chispas y no precisamente de las buenas.

Todo el tiempo que duró la clase pude sentir sus ojos clavados en mi espalda. Era bastante incómodo, no sabía si me miraba porque le gustaba, o si me miraba porque le parecía un bicho raro (lo que me parecía más coherente al juzgar por su expresión). Sólo una vez me giré para observarlo e inmediatamente apartó la mirada, disimulando que tomaba nota de lo que el profesor decía. Podía notar que estaba nervioso, pero claro que no éramos amigos como para preguntarle qué le ocurría.

Al terminar la clase salió del aula como si lo persiguieran mil demonios. Definitivamente había algo muy extraño en él.

No volví a verlo en otra clase por el resto del día, ni tampoco lo vi en la cafetería en la hora del almuerzo. No es como si lo estuviera buscando... Solo fue algo que noté desinteresadamente... A quién quiero engañar, sí lo estaba buscando, pero porque luego de verlo irse tan nervioso quería ver si se encontraba bien. Nada más.

Nick me conocía demasiado bien, sentí su mirada en el almuerzo ya que estuve un poco distraída mientras ellos hablaban animadamente. Así que al final del día, en el viaje de regreso a casa empezó con su interrogatorio:

- ¿Vas a decirme qué ocurre?

- ¿De qué hablas? No pasa nada.

- Lucy... –dijo suspirando. - A mí no puedes engañarme, ¿recuerdas? Sé que estas ocultando algo, o algo te preocupa. Has estado rara en el almuerzo y ahora estás más callada de lo normal.

- De verdad, no pasó nada. Es solo que estaba pensando en... –me detuve en cuanto me di cuenta que estaba hablando sin pensar, todavía no le había hablado a Nick sobre Santiago, aunque en realidad no tuviera mucho para decir.

- ¿En quién? ¿Marcos?

- ¡¿Qué?! Dios no Nick, no vuelvas a nombrarlo. Pensaba en un chico que me encontré en una clase, lo conocí en el consultorio de mi psicólogo.

- Espera, ¿Qué? ¿Estabas pensando en un chico? –por un momento pensé que notaba celos en su tono, pero luego me dirigió una mirada pícara mientras subía y bajaba sus cejas.

- No te ilusiones, el tipo es un idiota –dije poniendo los ojos en blanco. – Se cree el mejor del mundo o algo así porque cada vez que nos cruzamos terminamos discutiendo.

- Y a ti te encanta, ¿verdad?

- ¡¿Pero qué dices?! –exclamé dándole un empujón en el hombro. - Ni lo conozco y lo poco que hemos hablado me ha tratado como una niña tonta, por supuesto que no me gusta.

- Ajá sí, y por eso no dejabas de pensar en un chico que no te atrae en lo absoluto –se reía mientras me miraba y yo cruzaba los brazos como una niña caprichosa. - ¿Cómo es? Tal vez lo conozca.

- No creo porque yo no lo he visto antes, debe ser nuevo. Se llama Santiago, es alto, musculoso... Tiene varios tatuajes en los brazos... Pelo negro y unos hermosos ojos verdes...

No me había dado cuenta que me había perdido en mi mente imaginándome a Santiago hasta que Nick pasó sus manos delante de mi cara para llamar mi atención.

-Ten cuidado –dijo con una expresión seria. – Si el tipo es un idiota como dices no merece que te pongas así por él.

- Siempre dices eso de cualquier chico que tenga cerca. "No te merece" ¿Qué se supone que significa eso de todas maneras? Además, tú sacaste el tema, no yo.

- Sólo... Ten cuidado eso es todo, ya sabes lo que ocurrió la última vez.

El resto del viaje fue en silencio. Entendía que se preocupara por mí pero ya estaba harta que todos me recordaran lo que había ocurrido, necesitaba pasar página.

El resto de la tarde me la pasé en mi cuarto escuchando música, hasta que Gabriela vino a avisarme que la cena estaba lista. Mi padre ya se encontraba en la mesa esperándome:

- Hola hija ¿Cómo ha estado tu día?

- Bien... Normal, supongo. ¿Y el tuyo?

- Oh, yo estoy bien, descuida –hizo una pausa mientas comíamos y continuó: - Con respecto al psicólogo... ¿Cómo lo llevas? ¿Sigues teniendo las pesadillas?

Él sabía que sólo había ido dos veces y que no era algo mágico que fuera a desaparecer de la noche a la mañana, pero notaba lo preocupado que estaba así que decidí tranquilizarlo:

- La verdad que voy bien... Mateo es un profesional muy agradable y me hace sentir cómoda. Me ha servido mucho poder hablarlo y descargarme; seguramente las pesadillas irán disminuyendo no te preocupes, sé que vamos por buen camino.

- No sabes cuánto me alegro, Lucy. De verdad me tranquiliza saber que la terapia está ayudando –dijo mirándome con una sonrisa.

Capítulo 8

El resto de la semana no volví a cruzarme con Santiago, sospechaba que estaba evitándome porque cuando en los pasillos cruzábamos miradas se giraba y se iba en otra dirección. Pero no tenía ningún sentido, yo no le había hecho nada.

Compartíamos algunas clases pero hacía como si yo no existiera, no me dirigía la mirada y sólo hablaba si el profesor le preguntaba algo directamente. No tendría por qué importarme, pero había una parte de mí que le dolía tanto rechazo; no teníamos por qué ser amigos si no quería, pero al menos saludarnos por respeto no se...

Lo más extraño ocurrió cuando el lunes por la tarde, luego de terminar la sesión con el psicólogo, salí y no lo encontré allí. Me parecía demasiada casualidad, pero si por alguna extraña razón lo que él quería era no volver a verme, que así sea. Iba a dejarlo en paz y no iba a volver a pensar en él, o al menos lo intentaría.

El viernes en el almuerzo, Nick me contaba acerca de una película nueva que había visto en Netflix cuando nuestras amigas mellizas llegaron a nuestra mesa muy contentas:

- ¿Se enteraron lo de mañana? ¿Van a ir? –dijeron al unísono.

- ¿De qué hablan? –preguntó Nick.

- ¡De la fiesta! Acaban de invitarnos. Va a haber una fiesta en la playa mañana en la noche, ¿vienen?

- Mmm no sé si estoy de humor para fiestas, lo siento, vayan ustedes –dije con una mueca.

- De eso nada, señorita. Tú y yo saldremos a mover el trasero como si no hubiera un mañana y no estoy preguntando –Nick siempre tan adorable...

- Dale Lucy, ¡di que sí! Hace mucho que no salimos a divertirnos –insistió Clara.

- Bien –dije en un suspiro. – Tampoco es como si Nick me dejara opción.

- Oh vamos, tu sabes que quieres ir. No me vengas ahora con el cuento de que no te gustan las fiestas cuando ya no te lo crees ni tu misma –contestó este provocando que todos riéramos.

Una vez en casa le avisé a Gabriela que cenaría antes de que llegara mi padre. Mañana en la tarde vendrían Clara y Bianca a casa a prepararnos para la fiesta. Así que como no iba a poder dormir siesta, decidí acostarme temprano y dormir para descansar lo máximo posible.

Realmente había pasado tiempo desde la última vez que había ido a una fiesta y estaba un poco ansiosa, pero sabía que me vendría bien distraerme y disfrutar de una noche de música y alcohol con amigos.

- Eres tan hermosa... –me decía un hombre entre besos, acariciando mi cuerpo. – Dios Lucy, me vuelves loco.

No podía verlo, no veía nada en realidad porque tenía los ojos tapados con algún pañuelo o antifaz. Su voz era muy familiar pero no lograba distinguirla.

- Santiago... –suspiré con su toque, aferrándome a las suaves sábanas de la cama.

Subí mis manos hasta su espalda arañándolo cuando bajó su boca hasta mis pechos. Pero de repente, con un movimiento brusco, me agarró las manos y las sostuvo arriba de mi cabeza. Con una mano sostenía las mías, y con la otra me apretaba el cuello.

- ¿Santiago? –dijo con una carcajada irónica. - ¿Me estás engañando, perra?

Me sacó el pañuelo de los ojos y finalmente pude ver de quién se trataba. Tenía un sudor frío en todo el cuerpo, temblaba como una hoja. No podía estar pasando, no de nuevo. El agarre sobre mi garganta se hacía más fuerte a cada segundo.

- ¿Ma... Marcos?

- Por supuesto, preciosa. Ahora dime quién es ese Santiago...

- N... Nadie, no es nadie –cada vez me costaba más respirar. – Por favor, déjame ir.

Las lágrimas y la falta de aire nublaban mi visión. No había nada que pudiera hacer... Me tenía inmovilizada. Una sonrisa diabólica se posaba en su rostro, la mirada que me daba me ponía enferma, podría vomitar si no me estuviera ahogando.

- No olvides que eres mía Lucy... –acercó su rostro, oliendo mi cuello, apretando aún más. – Eres tan hermosa... Es una lástima que seas tú la que pague por todo.

- ¡NO! –desperté agitada, sin aire. Me llevé las manos al cuello, estaba completamente transpirada.

Salí de la cama temblando y fui al baño a lavarme la cara y tranquilizarme. Al volver vi que eran las 8 de la mañana, pero a pesar de mis intentos y de estar una hora dando vueltas en la cama, fue imposible volverme a dormir.

No podía creer lo que había soñado. Había nombrado a Santiago, fue una locura... Un escalofrío me recorrió el cuerpo al pensar en Marcos. Recordé lo que me había aconsejado el psicólogo y como me era imposible dormir me levanté y escribí el maldito sueño en mi cuaderno.

Capítulo 9

- ¿Y este qué tal? –dije dando una vuelta para que vieran mi vestido.

- Mmm no lo sé... Necesitas algo un poco más relajado –Clara me observaba con una mano en su barbilla, pensativa. – Recuerda que es una fiesta en la playa, no una gala de moda, Lu.

Suspiré y volví a revolver entre mi ropa. Ellas llevaban unos vestidos cortos y al cuerpo muy parecidos pero de diferente color, Bianca uno rosa y Clara otro celeste.

Bianca se acercó a ayudarme a buscar; la verdad es que no tenía mucha ropa para salir y ya me estaba estresando por no saber qué ponerme.

- Ajá, este servirá –dijo sacando un vestido blanco de tiras con encaje, es muy hermoso y me había olvidado que lo tenía. – Pruébatelo.

Me lo puse y al verme en el espejo me gustó lo que vi. Era un vestido que marcaba mi cintura dándole forma a mi cuerpo y luego caía suelta la falda, ideal para la playa; me quedaba hasta la altura de las rodillas y tenía un precioso escote en v.

Di una pequeña vuelta y miré a Clara con una sonrisa:

- ¿Y? ¿Qué piensas? ¿Está aprobado? –siempre que salíamos Clara tenía que aprobar nuestros outfits, ella era la que entendía de moda.

- ¡Me encanta, estas preciosa Lucy! –dijo dando palmaditas y saltando en mi cama. – Encima ese color hace que resalte el rojo de tu pelo, es perfecto para ti. Excelente elección, Bi.

- ¡Oh por Dios! ¡Miren la hora que es! –no podía creer que habíamos estado más de dos horas para sólo elegir la ropa. – Nick llegará en cualquier momento chicas, hay que apurarse.

Terminé por elegir unas sandalias bajitas de tiras plateadas que combinaban a la perfección y con respecto al pelo decidí que iba a llevarlo suelto y a dejar mis rulos naturales. Finalmente nos maquillamos un poco, con un estilo natural ya que al fin y al cabo íbamos a estar en la playa, y al mirarnos en el espejo estábamos espectaculares, las tres parecíamos salidas de una revista. Pasamos los últimos minutos sacándonos fotos hasta que llegó Nick.

Cuando llegamos al auto nos dio una mirada de arriba a abajo y con un silbido nos dijo que estábamos muy hermosas, por lo que nosotras reímos como niñas y entramos al auto para empezar la noche.

Habíamos llegado hace un rato y ya se notaba el nivel de alcohol en la gente. Muchos eran compañeros de la universidad pero también había gente que no conocía. Habían hecho un gran fogón en el centro, algunos bailaban alrededor, o simplemente hablaban en grupos. Nosotros estábamos sentados cerca del fuego, con unos conocidos de clase de Clara, jugando al "yo nunca" en el cual uno de nosotros decía algo como por ejemplo "yo nunca he besado a una amiga" y todos los que sí lo hayan hecho debían beber. Ya habíamos hecho varias rondas, en nuestros vasos teníamos tequila y yo ya había bebido un par de veces por lo que me encontraba un poco alegre.

- Bueno, ¡vamos a bailar perras! –gritó Nick que ya estaba un poco más que alegre. Nos levantó a todos y lo seguimos hasta donde estaban todos bailando, supe que iba a tener que pedirme un taxi cuando volviera a casa porque no iba a dejar a mi amigo conducir en ese estado.

Un par de tragos después ya estaba muy cerca de estar borracha, lo cierto es que no debería haber tomado tanto, pero la estaba pasando tan bien que incluso no había pensado ni una vez en lo que me perseguía a cada minuto de cada día, y el alcohol ayudaba.

Podía sentir la mirada de alguien sobre mí mientras bailaba. Busqué entre la gente de manera disimulada, pero no veía a nadie que me mirara de manera especial. Sin embargo, a lo lejos me encontré con una cabellera negra, era él... Santiago estaba allí, hablando con alguien que no reconocía pero que se parecía mucho a él, tal vez sea su hermano, o algún familiar, parecía ser un poco más grande. Por supuesto que ellos tenían a dos chicas a su alrededor, no me sorprendía, siendo tan apuestos podrían tener a la chica que quisieran. En un momento nuestras miradas se cruzaron y por un pequeño segundo que pareció eterno pude sentir cómo me recorría con la mirada, antes de volver su vista a su acompañante, completamente indiferente. Seguramente fuera él el que no paraba de mirarme, sin embargo no entendía por qué no se acercaba a hablarme.

Habíamos perdido a las mellizas hace un rato, seguro estaban por ahí con algún chico, es lo que suelen hacer. Mientras Nick me servía otro trago sentí que mi celular vibraba con un mensaje, al abrirlo noté que otra vez provenía de un número desconocido:

"Sé que notas mi presencia. Te veo... aunque tú no puedas verme."

No sé si fue mi estupidez o el alcohol lo que me llevó a ignorar el mensaje, pero en ese momento no me importaba nada. Tomé a Nick del brazo y lo arrastré a bailar otra vez, estaba disfrutando como hacía mucho no hacía. Cerré mis ojos y me deje llevar al ritmo de la música. De pronto sentí unas manos a mi alrededor, mientras su cuerpo se movía al compás del mío. Abrí mis ojos, pensando que era mi amigo, pero no lo veía por ningún lado, y no conocía al hombre que bailaba demasiado cerca de mí. Intenté alejarme cortésmente, mientras buscaba a alguien conocido con la mirada entre la gente, pero el hombre me agarró por la cintura con firmeza impidiendo qué me fuera.

- Vamos hermosa, baila conmigo –dijo mientras se frotaba contra mi cuerpo. Yo lo empujaba con mis manos, tratando de no armar un escándalo. Estaba completamente borracho y yo también, lo cual era un problema.

- Suéltame por favor, tengo que buscar a mis amigos.

Finalmente volví a encontrar a Santiago con la mirada, él me estaba mirando también. Intenté pedirle ayuda con el pensamiento. Habrá visto el pánico y la desesperación en mis ojos porque, para mi sorpresa, no dudó en acercarse hasta nosotros.

- Te dijo que la sueltes –le dijo al otro con voz firme, apretando los puños con fuerza. – Quita tus manos de mi chica.

¿Acaso dijo "mi" chica? Sentía que me ponía más y más roja cuando de un empujón me lo sacó de encima. Pasó su musculoso brazo por mis hombros, sosteniéndome mientras me tambaleaba. Debía admitir que no sabía qué me daba más vergüenza, si el suspiro que di al haberlo escuchado llamarme su chica aunque para él sea una extraña, o si el hecho de que haya tenido que venir a ayudarme para no ser acosada de la borrachera que tenía encima. Que papelón por Dios…

Capítulo 10

Santiago

Estaba requiriendo de todo mi control para no acosarla con la mirada. Algo se movió dentro de mí cuando la vi llegar, estaba más hermosa de lo normal y me estaba volviendo loco. Por supuesto que sabía que estaría aquí, por eso traje a James conmigo para que me ayude a mantenerme lejos. No podía interesarme menos la chica que estaba a mi lado, es probable que termine acostándome con ella y ni siquiera sabía su nombre, pero no parecía importarle.

Se notaba que Lucy ya estaba borracha, sus movimientos eran torpes y a la vez muy sexis. Había estado toda la noche rodeada de sus amigos pero ahora ella se había alejado sin darse cuenta mientras bailaba con los ojos cerrados. No podía dejar de mirarla, me tenía hechizado su belleza y la provocación con la que se movía. Claro que no fui el único en notarlo, muchos le dirigían miradas de deseo que me encantaría borrar a golpes.

Vi cómo uno de esos babosos se le acercaba y ponía sus manos en su cintura. Ella estaba de espalda y con los ojos cerrados, pero cuando se volteó pude ver cómo palidecía al ver que se había alejado y se encontraba sola. Forcejeaba con el hombre mientras buscaba a alguien con la mirada. En cuanto nuestros ojos se cruzaron no lo dudé, me acerqué a ella con paso firme.

- Te dijo que la sueltes. Quita tus manos de mi chica.

Entendía por qué no podía tenerla, pero lo que sí podía era protegerla de los idiotas que no eran buenos para ella, yo encabezaba esa lista. Sentía que estaba en deuda con ella, no podría permitirme que la lastimaran si podía hacer algo para evitarlo. Era lo mínimo que podía hacer por ella y ni así sería suficiente para pagar lo que había hecho.

El tipo me miró con mala cara y se lo saqué de encima de un empujón. Luego le pase mi brazo por los hombros, atrayéndola a mi cuerpo de manera protectora. Ella me miraba con sus enormes ojos como si fuera su héroe, mientras se aferraba a mí para no caerse, al parecer estaba mareada.

- ¿Estás bien, Lucy? –le pregunté una vez que nos alejamos de la gente.

- Sí, gracias... –se detuvo con el ceño fruncido. – Espera, ¿cómo sabes mi nombre?

- Lo dijeron en clase –mentí, obviamente no podía explicarle cómo sabía su maldito nombre.

Nos quedamos mirándonos por un momento, en silencio.

- ¿Tienes cómo llegar a tu casa?

- Sí, no te preocupes. Pediré un taxi, Nick no puede conducir –se dio la vuelta como para irse pero la sujeté del brazo impidiéndoselo.

- No vas a tomar un taxi borracha –ni loco la dejaría irse sola en ese estado, cualquier cosa podría pasarle. – Yo te llevo, vamos.

- No hace falta, en serio.

- Yo insisto –no iba a aceptar un no por respuesta.

Luego de quince minutos conduciendo era tal la tensión en el auto, que podías cortarla con cuchillo.

- Gracias por haberme sacado a ese pesado de encima, de verdad.

Asentí, mirando al frente: - No fue nada.

- Sin embargo, pudiste haberlo alejado sin necesidad de decir que era tu chica –dijo mirándome y aguantándose la sonrisa. En eso tenía razón, pero se sintió bien decirlo.

- Dije lo primero que se me vino a la mente –encogiéndome de hombros.

- ¿Tu chica no se molestará de que la hayas dejado tirada en la fiesta? –sabía que había visto a la chica que estaba conmigo antes.

- No era mi chica, así que no –el que sí se molestaría era mi hermano.

- Oh, okay –creí ver aparecer una sonrisa en su rostro que disimuló al seguir hablando. - ¿Puedo hacerte una pregunta?

- Ya la estás haciendo.

- Ja Ja sí, muy gracioso. ¿Me has estado evitando?

- ¿Qué? ¿Por qué haría eso? – ¿acaso fui tan obvio? Maldita sea.

- No lo sé... ¿Por qué ya no vas al consultorio de Mateo?

- Porque no.

Estoy sorprendido de que haya estado tan pendiente de lo que hacía. Me encantaría poder decirle toda la verdad, pero era imposible, no dependía solo de mí. Ojalá las cosas hubieran sido diferentes.

- Veo que no eres muy hablador... ¿Por qué siempre tan serio?

- Tal vez tú hablas demasiado, ¿no te cansas de hacer preguntas? –fui un poco brusco y me arrepentí al instante.

En el bolsillo de mi pantalón sentía mi celular vibrando con una llamada, sabía que mi hermano me estaría buscando pero luego le explicaría todo.

- Lo siento. Yo... –dijo bajando la mirada. – Solo quería conocerte un poco, digo... Nos cruzamos en todos lados y no sabía nada de ti.

- Es mejor así, Lucy... No necesitas saber nada de mí.

En unos minutos llegamos a destino. Me agradeció nuevamente por lo que había hecho y por traerla a su casa. Antes de salir del auto se acercó para darme un beso en la mejilla, su contacto con mi piel fue más duradero de lo normal, pero no me quejaba. Nos separamos unos centímetros, todavía muy cerca el uno del otro; tan cerca que podía oler su perfume. Le coloqué unos de sus rulos detrás de la oreja, acariciando mínimamente su piel. Ambos nos mirábamos la boca, sus labios parecían tan suaves que daría lo que fuera por probarlos, por pasar mi lengua sobre ellos. Ella parecía no querer irse, y yo no quería que se fuera.

Sin embargo, en contra de todo lo que quería, me alejé rompiendo el hechizo. Era lo correcto, no había nada que yo pudiera darle.

- Buenas noches –dije cortante.

- Adiós, Santi.

Bajó del auto y yo aceleré, alejándome a toda velocidad. El corazón me latía demasiado rápido, tenía que poner distancia entre nosotros. La manera en la que me llamo "Santi", tan dulce en su boca casi hace que no la dejara salir del auto para besarla sin parar.

Capítulo 11

Me desperté con un horrible dolor de cabeza, era la primera vez que tomaba tanto y por lo tanto la primera vez que tenía resaca. Recordaba muy pocas cosas de la noche anterior. La buena noticia era que estaba en mi cama y en mi cuarto, aunque apenas si recuerdo cómo llegue aquí... La imagen de Santiago defendiéndome y luego acariciándome la cara en el auto viene a mi mente.

Tomé una ducha en un intento de despertarme, y mientras terminaba mi desayuno le envié un mensaje a Nick.

Lu: Buenass, sigues durmiendo?? Yo tengo una resaca de muerte :p ¿Qué pasó anoche exactamente? Tengo todo un poco borroso.

Nick: Buenos días para ti también, bella durmiente. Eso debería preguntarte yo a ti... En un momento estábamos bailando y al siguiente desapareciste. Te buscamos pero me dijeron que te habías ido con el nuevo.

Lu: ¿O sea que hice un papelón borracha delante de Santiago? Genial. Lo único que recuerdo es que mientras bailaba un chico quiso sobrepasarse conmigo y él vino a ayudarme a que me dejara en paz.

Lu: ¿Ustedes cómo volvieron a casa? Te recuerdo bastante borracho a ti también.

Nick: Sí... Compartimos un taxi con las chicas, no te preocupes. Luego tendré que ir a buscar mi auto

Lu: Bueno, te dejo seguir con tu día... Yo saldré a correr un rato. Adioos!

Al salir del chat de Nick, un mensaje me llamó la atención. Era de número desconocido y la hora marcaba que me había llegado ayer mientras estaba en la fiesta, pero no lo recordaba.

"Sé que notas mi presencia. Te veo... aunque tú no puedas verme."

¿Eso significaba que me estaban vigilando en la fiesta? Ya me estaban asustando estos mensajes anónimos y no sabía qué hacer. Sería inútil ir a la policía sin una amenaza concreta, y mi padre probablemente me creería una tonta.

Intente llamar al mismo número del mensaje, para saber al menos si mis sospechas eran ciertas... Si fuera la voz de Marcos la que me encontrara al otro lado de la línea la reconocería. Pero no me atendió nadie, obvio.

Ya llevaba una hora corriendo, era algo que me encantaba porque me relajaba y distraía. Iba con los auriculares puestos, la música a todo volumen y me olvidaba de todo, solo me preocupaba en correr.

Luego de un rato me detuve a tomar aire, no tenía idea de que tan lejos estaba. Había llegado a un parque bastante grande, se veía muy bonito en este día soleado. En el centro había una fuente de agua, en la parte de los juegos habían niños correteando y también jóvenes debajo de los árboles hablando animadamente, parecía una fotografía.

Tomé mi celular y me fijé mi ubicación. Había corrido varios kilómetros sin darme cuenta, así que me fijé cómo volver a casa y empecé a correr otra vez.

Al llegar a casa me detuve, y mientras buscaba las llaves para abrir la puerta escuche un pequeño quejido que provenía de una caja de cartón en el suelo, al lado del tacho de basura. Me tensé por un segundo, con miedo pero al acercarme y escuchar mejor, supe que se trataba de un cachorrito llorando.

Abrí la caja y me encontré con un hermoso cachorrito blanco con manchitas marrones que lloraba buscando a su madre seguramente. Era muy chiquito, me entraba en la palma de la mano. No podía creer que lo hayan abandonado de esa forma, en un tacho de basura. Se me rompía el corazón... No podía dejarlo así, estaba completamente indefenso.

Lo agarré y entré a la casa. Fui a la cocina y me encontré con Gabriela.

- Lucy, ¿cómo te ha ido en el paseo? –cuando se dio vuelta y vio lo que tenía en mis manos llevó las suyas a su boca. - Oh por Dios, ¿de dónde has sacado ese bebé? Es precioso.

- Lo abandonaron, estaba en la vereda en una caja. Quería darle un poco de leche... Es muy cachorro aún y me preocupa que no tenga a su madre para amamantarlo.

Gabriela me acercó un tazón con leche y el pequeño la tomó gustoso. Desde que lo había agarrado no había vuelto a llorar, era muy suave y me encantaba acariciarlo, daba como un sentimiento de paz.

- ¿Qué vas a hacer con él? –me preguntó ella, que también lo miraba embobada. – No sé si tu padre aceptará que lo tengamos aquí...

- Yo hablaré con él, es muy pequeño no puedo abandonarlo. Además sería genial tener a un perrito con nosotros, no parece que vaya a hacerse muy grande.

- ¿Has pensado un nombre?

- Pues... Estaba pensando en llamarlo Theo. Sí, tiene cara de Theo.

Tras una larga charla con mi padre en la que me hizo prometer que me haría cargo de toda la responsabilidad que implicaba tener un perro, me permitió quedármelo ya que creía que me haría bien tener una pequeña compañía mientras él estaba todo el día fuera trabajando. Yo no podía ser más feliz, desde que lo vi me había enamorado. Iba a cuidarlo como a mi bebé.

Por la tarde decidí llevar a Theo al veterinario. El médico me dio unos consejos sobre cómo cuidarlo en estos primeros meses de su vida, cuándo empezar a darle comida de perros y también le dio una vacuna.

Creo que nunca me había sentido tan a gusto y tan en paz como cuando Theo se quedó dormido en mi pecho, es una sensación hermosa.

Ya había tenido varias citas con el psicólogo y, a pesar de lo que creía, las cosas estaban mucho mejor. Incluso yo estaba más tranquila y ya no tenía pesadillas todas las noches. Estaba bueno tener a alguien externo con quien hablar y descargarse; claro que no era algo que fuera a superar tan pronto, pero al menos ahora sabía que iba a poder salir a delante. Su consejo de escribir mis sueños y pensamientos en un cuaderno había sido de gran ayuda este último tiempo. Él nunca me había pedido de leerlo y yo lo prefería así, me sentía más segura escribiendo para mí, como si hablara conmigo misma.

Esta vez, antes de irme, decidí preguntarle acerca de Santiago:

- Mateo, ¿puedo hacerte una pregunta? No es nada importante, solo curiosidad.

- Claro, ¿qué es lo que te da curiosidad?

- Bueno... Los primeros días que venía aquí me cruzaba con un chico al salir, siempre entraba después de mí. Pero hace varias semanas que ya no lo veo por aquí, solo quería saber si sabías qué había pasado.

- Oh, ¿Te refieres a Santiago? –asentí. – Bueno... Sabes que lo que ustedes hablan conmigo es completamente confidencial así que no puedo decirte nada de él. Pero si eso es lo que te preocupa puedo decirte que él decidió no seguir con las sesiones, por eso no lo ves por aquí. No sabía que ustedes habían estado hablando...

- No... Bueno, no mucho... Solo lo vi las primeras sesiones y ahora también lo veo en la universidad, pero no hemos hablado mucho.

- Okay bueno... entonces nos vemos la próxima semana, Lucy. Cuida al pequeño Theo, de verdad creo que va a venirte muy bien enfocarte en eso.

Capítulo 12

Cuando entré al aula para la clase de historia económica Santiago ya se encontraba en su asiento. En cuanto me vio lo saludé con la mano y el asintió con la cabeza a modo de saludo. Íbamos avanzando, al menos ahora no me ignoraba.

- Buenos días, alumnos –saludó el profesor al llegar al aula. - ¿Han estado leyendo? No se confíen porque después se les acumulan los exámenes y les va a ser complicado estudiar todo junto. Es por eso que he decidido darles para hacer un trabajo práctico que deberán entregar la semana que viene.

- ¿Individual? –preguntó un compañero.

- No, voy a dividirlos en parejas y les diré sobre qué tema deberán escribir. A ver, déjenme buscar la lista de alumnos y empezamos.

Una vez que encontró nuestra lista, fue llamando por orden alfabético a mis compañeros diciéndoles quién era su pareja y el tema que les tocaba.

Me daba igual quién fuera mi compañero porque yo no conocía a casi nadie de la clase, salvo a Santiago, pero no creo que justo de todas las personas vaya a tocarme con el...

- ¿Da Silva, Santiago? –leyó el profesor, Santiago levantó la mano y al ver que estaba presente continuó: - Te toca con Williams, Lucy. Deberán tratar el tema de la Gran Depresión de 1929 en Estados Unidos.

¿Era en serio? No había duda de que el destino quería vernos juntos. No encontraba alguna otra explicación coherente para toparme con él en todos lados. Le di una pequeña mirada, tenía el ceño fruncido y miraba sus manos.

Una vez terminada la clase me acerqué para arreglar los detalles del trabajo.

- Hola... Parece que somos compañeros –le dije. – Nos tocó un tema bastante interesante, ¿no crees?

- Ehh sí... Está bueno ese tema y no es muy difícil.

- ¿Cuándo quieres que nos juntemos a hacerlo?

- Podemos ir a la biblioteca después del almuerzo, si puedes claro.

- ¿Hoy? –él asintió. – Okay sí puedo, te veo allí entonces.

Después del almuerzo me dirigí a la biblioteca de la universidad, como habíamos acordado. Me gustaba la idea de tener que hacer un trabajo con Santi porque así tendría una excusa para hablarle, y él debería hablarme también, ya no podría evadirme. Quería saber más acerca de él, sobre quién era.

No estaba segura de si llegaríamos a terminar el trabajo hoy, debido a que teníamos dos horas hasta que la biblioteca cerrara y todavía no había llegado Santiago.

Quince minutos después llegó disculpándose por el retraso y nos pusimos a trabajar. Primero buscamos varios libros que tenían información sobre el tema y luego fuimos a la parte de computadoras para escribir. Luego decidimos que las partes que tendría el trabajo sería: la introducción; después en el cuerpo explicaríamos en detalle de qué se trató esta crisis, las causas y consecuencias; y finalmente la conclusión.

Estábamos en la mesa, leyendo los libros que habíamos encontrado, pero yo no lograba concentrarme. No podía dejar de mirar su perfil, ni cómo fruncía las cejas cuando se concentraba; su nariz era perfecta, su piel parecía bronceada y mi corazón se aceleraba cada vez que pasaba la lengua por los labios. Era muy hermoso y verlo con un libro en las manos lo hacía más interesante aún.

- No debemos olvidarnos de mencionar el crecimiento del desempleo y cómo afectó a las personas... –desvié la vista rápidamente cuando al levantar su mirada me descubrió mirándole. Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. – Sé que soy muy atractivo, pero creo que deberías concentrarte en el libro.

Resoplé mirándolo con incredulidad mientras rezaba que me tragara la tierra en ese mismo instante.

- No te estaba mirando, baja tu ego. Solo estaba prestando atención a lo que decías –volví a mi libro, pero después de leer tres oraciones me distraje otra vez. - ¿Te puedo hacer una pregunta?

No obtuve respuesta, pero cerró el libro y se giró para mirarme de frente.

- En la fiesta estabas con otro chico, muy parecido a ti ¿era tu hermano? –seguía con sus ojos fijos en los míos y asintió con un movimiento de cabeza. - ¿Tienes más hermanos? ¿Cuántos años tienen?

- Solo tengo un hermano, James tiene 22 y yo 20.

- Oh, y no viene a la universidad, ¿verdad? Solo te he visto a ti.

- No

- ¿Cuántos tatuajes tienes? –pregunté mirando la parte de sus brazos al descubierto.

- Creí que era solo una pregunta... ¿A qué se debe el interrogatorio?

Bajé la mirada a mis manos, avergonzada. Sabía que a veces podía llegar a hablar mucho y no quería agobiarlo.

- Disculpa, yo solo pensé... que tal vez podíamos conocernos un poco mejor. No quería incomodarte, a veces me dejo llevar y hablo sin parar.

- Está bien, no te preocupes –me tranquilizó. – Sólo no me gusta hablar mucho sobre mí. Mejor regresemos a la crisis económica.

Nos quedamos en la biblioteca hasta que cerró. Avanzamos bastante pero no lo pudimos terminar; habíamos escrito toda la introducción y la descripción de la crisis, aun nos faltaba la mitad del trabajo. Guardé nuestro trabajo en un pendrive para continuarlo en otro momento.

- Mañana después de clases si quieres puedes venir a mi casa a terminar el trabajo –ofrecí al salir de la biblioteca.

- No sé si esa sea una buena idea, Lucy...

- ¿Por qué no? Mi padre estará trabajando y podremos trabajar tranquilos. Además, no nos falta mucho para terminar.

- De acuerdo –dijo después de un largo suspiro. Parecía como si sufriera o no le gustara la idea de estar solo conmigo. – Bueno... hasta mañana.

Lo vi subirse a su auto e irse. Todo en él me confundía. Quería entenderlo, quería conocer la razón que lo había llevado a ponerse esa pared que lo separaba de los demás. Sabía que detrás de esa imagen de "chico malo" había otra parte de él, y yo estaba dispuesta a descubrirla si él me dejaba.

Capítulo 13

- ¡¿Cómo dices?! ¿Lo has invitado a tu casa? Estas loca Lucy... No sabes nada de él y se te ocurre ¡meter un extraño a tu casa!

- ¡Por Dios Nick, deja de exagerar! No es un extraño, es un compañero de clase y no es nada loco que venga a hacer un trabajo práctico –no entendía de donde salía tanta preocupación, últimamente se había estado comportando muy raro cada vez que nombrábamos a Santi.

Estábamos en el auto, acabábamos de llegar a la universidad y todo el buen humor que Nick parecía tener se había esfumado en un segundo cuando le dije que después de clase me iría con Santi a mi casa. Entendía que no le cayera bien, pero no puede juzgarlo o decir que es peligroso sin conocerlo... Muchas veces las apariencias engañan. Sin embargo, la última vez que no escuche a mi mejor amigo acerca de un hombre terminó teniendo razón.

- Está bien, siempre crees que exagero así que no diré nada más, pero después no digas que no te lo advertí. Terminarás enamorándote y él no hará más que romperte el corazón.

- Creo que estás yendo demasiado rápido ¡Solo va a venir a hacer un trabajo! –dije levantando las manos en señal de paz. – Te prometo que tendré cuidado, ¿está bien?

- Bien... Disculpa, sé que exagero un poco, es solo que me preocupo por ti y no quiero que vuelva a ocurrirte nada. Y si así fuera entiendo que es tu vida y debes cometer errores para aprender de ellos. Yo siempre estaré ahí para levantarte cuando te caigas... Y para romperle la cara a cualquier idiota que te haga daño.

Por estas cosas era mi mejor amigo, yo lo amaba y sabía con certeza cuánto me amaba él a mí. Lo miré con los ojos llenos de lágrimas y nos abrazamos un buen rato.

- Eres el mejor –le dije todavía sosteniendo el abrazo.

- Lo sé, querida... Lo sé –dijo con voz de diva al separarnos y bajamos del auto entre risas.

Al terminar la última clase del día me dirigí al estacionamiento. Ese día no compartía ninguna clase con Santi, solo lo había visto de lejos en la cafetería por lo que no habíamos hablado.

Él ya estaba esperándome de pie, apoyado en su auto distraídamente. Llevaba unos vaqueros negros, una remera blanca y una campera de cuero que le quedaba de muerte. Cuando me sintió llegar levantó la mirada y me dio una media sonrisa. Todavía se me aceleraba el corazón cada vez que posaba sus hermosos ojos verdes en mí. Le devolví la sonrisa con timidez y nos dirigimos a mi casa.

Por un momento me asustó que supiera por dónde ir sin preguntarme la dirección, pero luego recordé que fue él quien me trajo de la fiesta en la playa.

- ¿Qué sucede? Es raro verte callada.

- Nada nada, solo estaba recordando la noche de la fiesta en la playa. Espero no haber hecho mucho papelón contigo, mis recuerdos son un poco borrosos.

- Tranquila –dijo riendo por lo bajo. – No hiciste nada de lo que debas arrepentirte.

A los pocos minutos llegamos a mi casa, Theo vino corriendo a saludar muy emocionado y también a olisquear al invitado. En estos pocos días ya había crecido un poquito, pero seguía siendo una bolita peluda. Santi se agachó y le acarició detrás de las orejas, donde le encantaba. Instantáneamente Theo se acostó patas para arriba mientras él le acariciaba la pancita, estaba claro que se habían caído muy bien.

Subimos a mi cuarto y terminamos el trabajo después de dos horas y media. Estábamos los dos en el piso sobre la alfombra con la espalda sobre mi cama, los apuntes y los libros nos rodeaban y Theo dormía plácidamente en las piernas de Santi. Nuestros brazos a penas se rozaban mientras terminaba de escribir en mi laptop.

- Entonces... –dijo Santi mientras esperábamos que se imprima el trabajo. – Dijiste que vivías aquí con tu padre, ¿verdad? ¿Qué ocurrió con tu madre?

- ¿Yo no puedo hacerte preguntas personales pero tú sí a mí? –dije bromeando.

- Perdona, tienes razón. No tienes que responder si no quieres.

- ¿Qué te parece si yo te respondo la pregunta y luego tú me cuentas también sobre tu familia?

- Me parece justo.

- Bueno... Mi madre murió un año después de tenerme, así que no tengo recuerdos de ella más que las anécdotas y las fotos que me dio mi padre, solo sé que era hermosa y que era una excelente persona. Papá trabaja más de lo que lo veo, así que no tenemos una gran relación. Sin embargo, Gabriela trabaja aquí desde siempre y es como una madre para mí, siempre está cuando la necesito –no era algo de lo que me gustara hablar porque me ponía triste, pero había algo en él que me daba tranquilidad y confianza.

Santiago me miraba de una manera diferente, ya no parecía querer pelearse con el mundo. Puso su mano sobre la mía y se sentó un poco más cerca.

- Te toca –lo animé a que me contara sobre él.

- Yo no conozco a mi padre, nos abandonó cuando se enteró que mi madre estaba embarazada de mí. Ella nunca quiso hablarnos de él y mi hermano era muy pequeño como para recordar cómo era. A pesar de no tener mucho dinero, jamás nos faltó nada. Mi madre es la mejor madre que podría haber pedido, lo dio todo y más para que no sintiéramos la falta de un padre –suspiró con la mirada perdida, como perdido en sus pensamientos.

- Se oye como una mujer maravillosa.

- Sí, lo es –dijo con una sonrisa.

- ¿A qué se dedica tu hermano?

- Bueno, él... –se aclaró la garganta, nervioso y dijo: - Para él es un poco difícil. Hace unos años estuvo metido en un mal entendido que lo llevó a estar tres meses en prisión, pero no es mala persona. La gente juzga mucho a la hora de conseguir un trabajo y suelen rechazarlo, así que hace los pequeños trabajos que consigue por ahí.

- Oh, entiendo... –nos mirábamos fijamente, estábamos muy cerca, nuestros rostros se acercaban cada vez más y no me permitía pensar palabras coherentes.

- Lucy... Eres tan hermosa... –dijo en un tono apenas audible cuando alzó la mano para acariciarme la cara. Podíamos sentir la respiración agitada del otro en nuestros labios.

- Santi... –susurré antes de sentir la presión de sus labios contra los míos.

Nunca había sentido algo parecido con un beso antes. Fue como si todo dentro de mí se prendiera fuego, estaba ardiendo. Él tenía sus manos en mi cuello, acariciándome las mejillas con los pulgares mientras me besaba. Yo en cambio tenía las manos en su cabello, tironeaba suavemente, provocando que hiciera unos gruñidos de placer que me volvían loca.

Nuestros labios encajaban a la perfección, podría estar horas besándolo que no me importaría en lo absoluto. Una de sus manos bajó lentamente hasta posicionarse sobre mi pecho, presionando levemente sobre la ropa. Me levanté, sin romper el beso hasta sentarme sobre sus piernas. Nuestras respiraciones se escuchaban agitadas en toda la habitación; menos mal que había cerrado la puerta, no quisiera que Gabriela viera esto.

Cuando metí mi mano por su remera, tocando sus abdominales fuimos interrumpidos por mi celular que sonó avisándome que tenía un mensaje. Nos alejamos para recuperar la respiración, con nuestras frentes pegadas.

- Lo siento –dije odiándome por no poner el celular en silencio. Finalmente me levante y fui a buscar el celular al escritorio.

Me tensé en cuanto leí el mensaje. Estaba inmovilizada, leyendo el mensaje una y otra vez. Esto se estaba yendo de las manos... ¿Me estaban espiando? Pero ¿Cómo?

- ¿Qué sucede? –dijo Santi acercándose a mi espalda.

- Es un... mensaje de un número desconocido

- ¿Por qué estás tan nerviosa? ¿Qué dice el mensaje? Seguro es un error.

Le entregué el celular para que lo leyera el mismo. Su rostro se ensombreció en cuanto lo leyó:

"Cuidado con lo que haces y con quién lo haces, todo hecho trae consecuencias."

- ¿Quién te mandó esto? –él estaba ahora muy serio, mirando hacia todos lados por la ventana, verificando si nos estaban viendo.

- No lo sé, pero no es la primera vez que recibo uno. –no iba a decirle sobre mis sospechas porque no quería hablar de eso con él ahora, pero cada vez estaba más aterrada ante la posibilidad de que él estuviera cerca.

Le mostré todos los mensajes que había recibido, él estaba muy nervioso y preocupado. Caminaba de un lado al otro con el celular en la mano.

- Esto está muy mal –apenas lo escuchaba decir por lo bajo para sí mismo.

- Santi... ¿Estás bien? –le puse una mano en el hombro, llamando su atención.

- Lo siento, debo irme. Esto fue un error.

Sentí como sus palabras se enterraba en mi interior como dagas, directas al corazón. ¿Hace un segundo estaba besándome y ahora por un mensaje se asusta y huye?

- ¿Acaso hice algo mal? Es solo un mensaje, no entiendo qué ocurrió –lo veo recoger sus cosas rápidamente, ya puedo sentir el nudo en mi garganta. – Para, por favor explícame qué pasa.

- No es tu culpa, en serio lo siento -me miró por un segundo y luego se fue, dejándome sin entender nada.

Capítulo 14

Santiago

Estoy muy preocupado, ya no sólo por mí o mi familia, sino por ella. La están acosando, nos estaban viendo y yo sabía exactamente de quién eran esos mensajes. Intenté alejarme de ella, de verdad que lo intenté, pero tenerla tan cerca... Compartiendo la historia de su vida conmigo, no pude contenerme. Era consciente de que había cometido un error y que ahora debería pagar las consecuencias de ello, pero no podía permitir que Lucy sea quien pague, no de nuevo.

Salí de su casa como si me persiguiera un fantasma, no podía soportar seguir viendo su cara y sus ojos llenos de lágrimas porque no podía darle las respuestas que me pedía. Lo último que quería era lastimarla.

Al llegar a mi casa, bajé del auto y me fui en busca de James, tenía que informarle lo que sabía. Lo encontré en la cocina, en cuanto me vio la preocupación pasó por sus ojos al ver lo alterado que estaba.

- Hey, ¿Estás bien? ¿Qué ocurrió?

- La he cagado; soy un imbécil –caminaba de un lado al otro con las manos tirándome del pelo. - No pude mantenerme lejos, la bese y ahora la han amenazado. Todo esto es mi culpa, no puedo seguir con esto ¡maldita sea!

- Para Santi, para. Tranquilízate... Explícame bien qué pasó. ¿Es Lucy verdad? –asentí con la mirada baja.

- Le han estado enviando unos mensajes anónimos, la están espiando... Tú y yo sabemos quién es, creo que ella también lo sospecha pero me dijo que no sabe quién se los manda. Recién estaba en su casa porque teníamos que hacer un trabajo práctico y las cosas se salieron de control y nos besamos... Ahí fue cuando le llegó otro mensaje y me contó todo. Decía que debía tener cuidado con lo que hacía o atenerse a las consecuencias.

- Yo te lo avise Santiago... Te dije que mantuvieras distancia. Entiende que lo de ustedes no puede pasar, todos correrían peligro –hizo una pausa, suspirando. – Nuestro mayor error además de meternos en todo esto fue creer que podríamos salir sin problemas.

- No puedo dejarla sola ahora que sé que la tienen en la mira, entiéndeme. Siento que se lo debo...

- ¿Estás seguro de que es solo eso? Yo te conozco hermano... Puedo ver en tu cara que sientes cosas por ella, y eso es un gran problema –se paró a mi lado, mirándome fijamente con una mano en mi hombro. – Eres consciente de que cuando ella se entere de todo te odiará, ¿verdad?

- Lo sé... Créeme, ni yo me lo perdonaré jamás.

Luego de darme una larga ducha para tratar de aclarar mi cabeza me tiré sobre la cama, mirando al techo, perdido en mis pensamientos. No iba a seguir negando que sentía cosas por Lucy. Estaba jugando con fuego y lo sabía, pero no podía alejarme y dejarla lidiar con todo sola, era mejor si estaba a su lado, protegiéndola. Al menos hasta que ella me dejara.

La vibración de mi celular me sacó de mis pensamientos. Al encenderlo vi que era un mensaje de un número anónimo. Me senté en la cama, todos los músculos de mi cuerpo se habían tensado, estaba más que seguro de que esto tenía que ver con los mensajes que le llegaban a Lucy. Abrí el mensaje y lo leí varias veces, apretaba con tanta fuerza el celular que temía que se partiera.

"Si te importa aléjate de ella... O lo lamentarás."

Capítulo 15

No iba a permitir que nadie jugara conmigo de esa forma. Primero me besa y después se aleja. Me confunde y me frustra, necesitaba que me dé una explicación.

Empezaba a sospechar que había algo que Santi no me estaba diciendo... Se comportaba de manera muy extraña, y cuando leyó los mensajes anónimos que me llegaban se puso como loco y demasiado nervioso.

Cuando Nick vino a buscarme notó que algo pasaba, pero preferí no contarle lo que había pasado con Santi porque primero necesitaba hablar con él y entender qué había pasado exactamente.

Una vez en la universidad lo busque por los pasillos, pero no lo veía por ningún lado. Ese día no compartíamos ninguna clase, así que mi única esperanza eran los pasillos o la cafetería. Al no encontrarlo en los primeros empecé a temer que hubiera faltado, lo cual no me sorprendería, ya que es experto en evadirme. Sin embargo, al finalizar la última clase antes del almuerzo, me dirigí a la cafetería y lo encontré hablando con unos chicos.

Mientras caminaba en su dirección encontré con la mirada a Nick y a las chicas y les hice un gesto para que me esperaran. Santiago estaba de espaldas, era tan alto que parecía una enorme pared negra. Le di un pequeño toque en su hombro y se giró con sus ojos en los míos.

- Hola... ¿Podemos hablar? –dije de forma tímida, ya que los chicos con los que hablaba nos miraban atentamente.

- ¿Qué sucede? –preguntó una vez que salimos de la cafetería, el pasillo estaba vacío.

- ¿Estás bromeando? ¿Cómo que qué sucede? –me sacaba de quicio que se comportara como si nada hubiera pasado. - ¿No crees que merezco una explicación? Prácticamente huiste de mi casa, actúas muy extraño, me confundes y no me gusta. No puedes simplemente besarme y luego comportarte como un idiota.

- Lo siento por eso, no volverá a ocurrir. Me alteró un poco los mensajes que me mostraste pero tienes razón, no es de mi incumbencia y no debería afectarme.

- ¿Qué es lo que no volverá a ocurrir?

- El beso.

- ¿Por qué no? – cuando vi sus ojos abrirse con sorpresa y una pequeña sonrisa pícara asomar a sus labios me di cuenta de lo que dije. – No, quiero decir... Que yo... Que por qué no me cuentas la verdad, sé que me ocultas algo y huyes de mí siempre que tienes oportunidad.

- Hay muchas cosas que no sabes Lucy... Pero prefiero no hablar de eso, es mejor para los dos si simplemente pudiéramos mantener la distancia con el otro.

- Pero ¿por qué? No lo entiendo, tú no me conoces y tampoco me dejas conocerte, no entiendo qué te hice.

- Ya te dije que nada de esto es tu culpa; y si no te dejo conocerme es porque lo mejor para ti es que no te acerques demasiado al fuego, porque te puedes terminar quemando.

¿Pero qué...? ¿Este quién se creía que era?

- ¿Disculpa? Tú no puedes decidir por mí, yo elijo a quién acercarme y a quién no. Y además... ¿Quién eres tú para decir que me terminaré quemando? Así es la vida... Uno debe aprender de los errores –estaba tan molesta que me había acercado cada vez más a él hasta quedar a tan solo unos centímetros de distancia.

Podía sentir su olor, su respiración acelerada al igual que la mira, nuestros ojos fijos en el otro. Nadie podría negar la atracción que había entre nosotros.

- Solo no quiero que este error nos destruya –dijo en un susurro, muy cerca de mí.

- Bueno... Siempre hay un poco de peligro al confiar y abrirte a otra persona –las últimas palabras salieron tocando sus labios.

Lo siguiente que supe era que estábamos besándonos desesperadamente. Gracias a Dios todos los alumnos se encontraban en la cafetería o en el patio.

Nunca me acostumbraría a lo que sentía cada vez que me besaba. Era como si algo de mí que estaba dormido explotara de placer con su tacto.

Estaba feliz de finalmente haber avanzado unos pasos con Santi. Claro que aún no había logrado que me dijera lo que lo tiene siempre tan preocupado, pero al menos sabía que él sentía algo por mí al igual que yo por él.

Capítulo 16

Santiago

Sus besos eran como una droga, sus labios tan suaves como los pétalos de una flor... Sabía que esto no podía terminar bien, pero ella me hacía sentir en paz, como si todo lo demás desapareciera y los únicos que existieran fuéramos nosotros. Dicen que el amor te pone idiota, tal vez sea verdad.

Debo tener más cuidado, Lucy ya sabe que hay algo que le oculto y sé que no parará hasta averiguar qué es pero no puedo decírselo ahora... Estoy siendo tremendamente egoísta, lo sé, pero es tan difícil para mí como lo es para ella; además echaría a perder todo lo que habíamos iniciado en nuestra relación en cuestión de segundos.

Cuando juntara el valor para decirle la verdad iba a ser completamente honesto, le explicaría todo lo que quisiera saber tratando de que me entienda, y tal vez, en un futuro logre perdonarme. Pero lucharía por ella, de eso estaba seguro.

Sólo había un problema... Los mensajes amenazantes no iban a desaparecer y estaba seguro de que eso era solo el comienzo, en cuanto la persona que nos espiaba se enterara que Lucy y yo estábamos cada vez más cerca temía lo que podría llegar a hacer. James podía protegerse solo al igual que yo, mi madre estaba segura en el hospital y daría todo de mí para impedir que tocaran a Lucy.

Llegué temprano a la universidad por lo que decidí esperarla en la puerta. Un rato después vi a Lucy bajar del auto de su amigo. Debía decir que no me gustaba mucho la forma en que él la miraba, la trataba como si quisiera ser mucho más que su amigo y eso me incomodaba un poco.

Ella tenía un brillo especial en los ojos, se la veía más feliz de lo normal, estaba preciosa. Venían caminando y hablando tranquilamente, y cuando ella me vio toda su cara se iluminó con una sonrisa que me hizo sentir cosas por dentro.

- Hola Santi –dijo con una voz tan dulce que me hizo pensar en la cantidad de cosas que me gustaría hacerle, empezando por besarla. – Él es Nick, mi mejor amigo.

Nick solo me dirigió una mirada no muy amigable y me dio un asentimiento de cabeza a modo de saludo.

- Hola preciosa –me acerqué a darle un pequeño beso, provocando que se sonrojara. - ¿Vamos a clase? Debemos entregar el trabajo de la Gran depresión.

- Okay, Nick nos vemos en el almuerzo, ¿sí?

- Sí, yo me quedaré a esperar a las chicas.

Tomé a Lucy por la mano y entramos al edificio. Se sentía muy bien estar así, con ella. Todo parecía encajar. Esta vez al entrar al aula nos sentamos juntos.

- Es raro... –dijo mirándome.

- ¿Qué es raro?

- Nosotros, digo... Caminar contigo de la mano, tenerte cerca sin que me evites... –luego soltando una risita agrego: - Pero se siente bien. Muy bien.

Cuando el profesor dio por terminada la clase ella me pidió que me uniera a ella y sus amigos en la cafetería. Allí se encontraba el encantador Nick y dos chicas muy parecidas que Lucy me presentó como Clara y Bianca.

Ellos hablaban animadamente y cada tanto alguno me preguntaba algo para hacerme partícipe de la conversación. Lo cierto es que no me gustaba hablar demasiado.

- Entonces... –dijo una de las hermanas mirándonos a Lucy y a mí con una sonrisa. Todavía no podía diferenciar quién era Bianca y quién Clara. - ¿Ustedes están saliendo o algo?

Lucy casi se atraganta con lo que estaba comiendo.

- ¡Bianca! –le gritó tosiendo. Luego me dio una pequeña mirada nerviosa y contestó por ambos. – Emm sí, algo así.

Las hermanas aplaudieron como si les hubieran dado una gran noticia. Sin embargo, no se me pasó por alto la expresión de Nick. Se había quedado inmóvil, podía ver el fuego en sus ojos. Lucy también lo notó, ya que le dio una sonrisa tranquilizadora para calmar a la fiera.

- ¡Hacen una linda pareja! –exclamaron sus amigas.

- Genial –fue lo único que dijo Nick al respecto.

- Oye Nick –lo llamó Lucy. – Hoy Santi me llevará a mi casa así que no me esperes...

- Pero... –se podía leer en su rostro que estaba molesto, pero suspiró y asintió lentamente. – Esta bien, no hay problema.

Mientras sus amigos conversaban de otra cosa me acerque aún más a Lucy y disimuladamente le susurré al oído:

- Es obvio que está celoso, pero no lo culpo –cualquier hombre se enamoraría de ella, y más aun siendo cercanos hace años. Me preguntaba si alguna vez había pasado algo entre ellos... Aunque no estaba seguro de querer saber la respuesta.

- ¿Qué? No digas tonterías –dijo por lo bajo. – Es solo que por años hemos ido juntos a todos lados, le llevará un tiempo acostumbrarse a ti. Es muy protector conmigo, como un hermano.

Me parecía gracioso que Lucy nunca hubiera notado que su mejor amigo estaba loco por ella. Sin embargo lo prefería de ese modo, debía dejarle en claro a Nick que ahora yo sería el que la cuidara.

Capítulo 17

Quería hacer algo para eliminar la tensión que había entre Nick y Santi. Me ponía realmente incómoda cuando cada día en el almuerzo se miraban callados, como analizándose el uno al otro de una manera no muy amigable mientras yo estaba en el medio. Cuando se conocieran mejor todo estaría bien... O eso esperaba. Así que hoy mientras comíamos les propuse para que salgamos todos juntos, incluidas las chicas y también le dije a Santi que invite a su hermano.

- ¿Qué tiene que ver mi hermano en esto? –preguntó confundido.

- Quiero conocerlo, me parece que será divertido que venga. Promete que al menos se lo preguntarás.

- Está bien –dijo después de poner los ojos en blanco. – No puedo prometerte que irá pero se lo preguntaré.

- ¿A dónde iremos? –preguntó Clara.

- No lo sé... Cerca de mi casa abrieron un boliche nuevo, podríamos ir si quieren.

- Perfecto, vayamos a conocerlo.

- Tu vienes, ¿verdad, Nick? –le dije tomándolo de la mano.

- Sí... Supongo que sí.

Por la noche, cuando llegamos al lugar con mis amigos en el auto de Nick, vimos que en la puerta ya estaban esperándonos Santi y su hermano, finalmente iba a conocerlo... Solo lo había visto una vez de lejos, en la fiesta en la playa. Era tan alto como su hermano, el mismo pelo negro, pero este lo llevaba más corto; no tenía ningún tatuaje, al menos a la vista, aunque llevaba un piercing en la nariz que a pesar de que no me gustaban, reconocía que le quedaba muy bien.

Ambos iban vestidos de negro; eran muy parecidos entre sí, como si James fuera la versión de Santiago del futuro

- ¡Hola! –saludé alegre, primero a Santi con un pequeño beso y luego me gire a su acompañante. – Tu eres James ¿verdad? ¡Me alegro que hayas decidido venir!

Me regaló una muy atractiva sonrisa y me estrechó la mano en un saludo respetuoso.

- Un gusto, Lucy. He oído mucho acerca de ti.

Santi se aclaró la garganta y me pasó un brazo por la cintura atrayéndome a él.

- Estás aún más preciosa de lo que ya eres –me dijo al oído. No pude evitar el rubor de mis mejillas.

- ¿Por qué no mejor entramos? –dijo Nick

Una vez adentro nos acomodamos en una mesita en un costado. Era un lugar agradable, no era muy grande pero no estaba nada mal, incluso tenía un pequeño patio por si querías ir afuera.

Tomamos un par de bebidas y nos unimos a toda la gente en la pista de baile.

Llevaba mi pelo suelto, por lo que jugaba con él mientras movía mis caderas. Sentía a Santi en mi espalda, bailaba pegado a mí con sus manos en mi cadera. A medida que pasaban las canciones iba subiendo el calor alrededor. Cada vez nos acercábamos más, provocándonos, mi trasero rozaba contra él y podía sentir cómo iba creciendo su entrepierna.

- Lucy... Yo no haría eso si fuera tú a menos que quieras irte de aquí inmediatamente para arreglar esta situación –provocando una risa tonta de mi parte mientras me sonrojaba. Me encantaba ver el efecto que podía tener en él. – Voy al baño y por algo de beber –dijo depositando un beso en mi mejilla y alejándose de mí.

Seguí bailando con mis amigos, nos reíamos sin parar de los movimientos ridículos del otro ya que ninguno era un buen bailarín. Fui a buscar otra bebida y al volver vi algo que me dejó sorprendida, James y Clara estaban besándose como si no hubiera un mañana. Había notado que desde que se vieron en la entrada se habían estado dando miraditas e incluso en la mesa los vi hablando pero no pensé que llegarían a esto tan rápido, o tal vez ya estaban ebrios lo cual también es probable.

Volví a la pista y empecé a bailar con Nick, tal vez había tomado un poco de más porque tenía mucho olor a alcohol en él pero no me preocupó ya que la mayoría de las personas aquí estaban en la misma situación. Estaba sonando una canción bastante alegre que nos tenía saltando para todos lados mientras cantábamos y reíamos sin parar, pero luego empezó a acercarse a mí, bailando cada vez más cerca.

- Ya puedes devolverme a mi chica, gracias –escuchamos a Santi bastante cerca, con la voz tensa.

- ¿Qué no vez que está bailando conmigo? –dijo Nick pasando un brazo por mi cintura, tocando más de lo que debería.

Estaba empezando a alejarme, incómoda por la situación, pero todo se salió de control bastante rápido.

- ¡Suéltala imbécil! –le gritó Santiago empujándolo lejos de mí.

Nunca había visto a Nick tan enojado; se acercó velozmente y le dio un puñetazo en la cara. En un segundo ya estaban los dos en el piso peleando, todos a nuestro alrededor miraban pero nadie ayudaba. Les gritaba por favor que paren, y que alguien hiciera algo, pero nadie me prestaba atención. Intenté acercarme pero de seguro recibiría algún golpe así que fui a buscar a James para ayudarme.

- ¡Hey! Ya basta, paren –James tomó a Santiago y lo levantó separándolo de Nick.

- ¡No la mereces! –gritó mi amigo. - Ella merece ser feliz con alguien mucho mejor que tú, si la lastimas te mato ¿oíste?

- ¡Cierra la boca, tú no sabes nada!

- Basta por favor, ya es suficiente –pedí logrando que al fin me miraran. Estaba temblando de los nervios y de verlos así peleando por mí sin ningún sentido. - ¿Se volvieron locos?

A Nick se le veía el labio partido y la camisa rota, y a Santi ya se le estaba poniendo morado debajo del ojo. Cuando posaron sus ojos en mí pude ver como bajaban sus hombros tranquilizándose.

Ya hablaría otro día con Nick sobre lo que le estaba pasando, pero luego de ver que se encontraba bien y que Bianca había aparecido para ayudarlo, me acerqué a Santi y le dije que me acompañara a mi casa, ya no estaba de humor para estar allí.

Nos fuimos caminando, ya que él había ido con el auto de James, pero igual no estábamos lejos de mi casa.

En el camino él se disculpó muchas veces y me prometió que no volvería a ocurrir, pero yo me mantuve en silencio. No estaba enojada, solo molesta con la situación pero sabía que yo en su lugar haría lo mismo, enloquecería si lo viera así de cerca con otra chica.

Al llegar a mi casa nos detuvimos en la puerta y nos miramos a los ojos.

- Adiós, Lucy –dijo dándome un tierno abrazo y un beso en la frente. – De verdad siento lo que pasó hoy.

Se dio la vuelta y empezó a caminar para irse pero luego de pensarlo un segundo lo detuve:

- Santi espera –le dije suavemente, él se detuvo prestándome atención. – Mi padre no está en casa... ¿Quieres... quedarte a dormir?

Él abrió los ojos, sorprendido por mi propuesta, pero luego me sonrió y asintió. Mi padre se había ido dos días en un viaje de trabajo, así que no pasaría nada si se quedaba.

Cuando entramos le avisé a Gabriela que Santi se quedaría esa noche y subimos a mi habitación. Theo ya se encontraba allí durmiendo, pero al despertarse y vernos vino emocionado a saludar, como de costumbre. Ya estaba lo bastante grande como para subir a mi cama por sí solo. No me entraba en el cuerpo todo el amor que le tenía, era como mi bebé.

Al salir del baño, ya con el pijama puesto, Santi me esperaba sentado en mi cama acariciando a Theo mientras dormía.

- Si quieres puedo dormir en el piso, no me molesta –me dijo.

- No, está bien, puedes dormir conmigo en la cama –di un largo suspiro y le dije: - No estoy enojada contigo, solo estoy cansada.

Me acosté en mi cama y lo observé mientras se quitaba la ropa, quedándose en calzoncillos, era realmente un hombre muy hermoso. Luego se acostó a mi lado y yo me acerqué, apoyando mi cabeza en su hombro.

Deposité unos besos en su cuello hasta llegar a su mandíbula, haciendo que su respiración se acelerara. Se giró para besarme, primero de manera tierna demostrándome cuánto me quería, pero luego intensificó el beso provocando unas chispas en mi interior.

Me levantó la remera del pijama y yo me incliné un poco para ayudarlo a quitarla, lo mismo hizo con la parte de abajo. Besaba todas las partes de mi cuerpo, explorándolo, conociéndolo, me sentía muy cómoda con él. Sus caricias me encendían de una manera que nunca antes había experimentado. Nunca nadie me había hecho sentir algo así, nunca nadie me había amado de esa manera.

Capítulo 18

- ¡Lucy despierta! Está bien, tranquila... Estoy aquí –dijo haciéndome caricias en el brazo.

Me desperté llorando, hacía mucho que no tenía una pesadilla como las de antes. Sin embargo, esta vez fue diferente, no sabía si era algo que mi inconsciente había inventado en el sueño o si era real, pero había recordado otro detalle.

Cuando los dos hombres que acompañaban a Marcos me sujetaron para atarme, pude ver que uno de ellos tenía ojos verdes, aunque solo los vi por un segundo. Era extraño pero no quería darle muchas vueltas al respecto ya que lo más probable es que solo fuera producto de mi imaginación. Más tarde escribiría el sueño en mi cuaderno.

Santi me atrajo hacia él limpiándome las lágrimas. Nos quedamos un rato abrazados, con mi cabeza en su pecho hasta que pude calmarme. Me sentía muy a gusto en sus brazos, con él acariciándome el pelo con tanta tranquilidad.

- ¿Estás mejor? –dijo depositando un beso en mi cabeza y yo asentí levantando la vista para observar lo apuesto que se veía en la mañana. - ¿Quieres contarme la pesadilla?

- Bueno... Era sobre mi ex –sentí como Santi se tensaba debajo de mí. Suspiré y decidí abrirme con él. – Hace unos meses él enloqueció... Vivía nervioso y enojado, yo sabía que él estaba metido en un problema de dinero pero aún sigo sin entender qué es lo que pasó realmente. Entonces una noche que yo le había comentado que mi padre no estaría, entró a la casa mientras dormía, con otros dos hombres... –hice una pausa para respirar y no volver a llorar, gracias a la terapia estaba mejor pero aun así era algo difícil de contar. Santi me escuchaba atentamente, había algo en su mirada... ¿miedo? – Estaba intentando robarle dinero a mi padre, pero yo me desperté e intenté llamar a la policía y... él... bueno, me drogaron y me... me violó. No recuerdo nada de lo que pasó después porque perdí el conocimiento hasta que llegó mi padre.

Santiago estaba completamente inmóvil, incluso temí que no respirara. Entendía que fuera algo fuerte para contar a primera hora de la mañana, pero no sabía que le afectaría tanto.

- ¿Estás bien? –le pregunté.

- De verdad lo siento mucho Lucy... –dijo con la mirada perdida. – Nadie debería haber pasado por algo como eso.

- No te preocupes, no tienes nada que ver... Yo estoy superándolo de a poco –le expliqué intentando calmarlo. – Esta es la razón por la que estaba en el psicólogo cuando nos conocimos... Desde esa noche no volví a poder dormir sin pesadillas, siempre la misma. Pero bueno, Mateo me ha ayudado mucho y ya estoy mejor, de verdad, hacía mucho que no volvía a tener una pesadilla.

- Me alegra oír eso, mereces seguir adelante con tu vida –se aclaró la garganta, separándose un poco de mí. Se notaba que estaba nervioso por algo.

- ¿Y a ti? ¿Qué te llevó a ir al psicólogo?

- Lucy... –él se levantó de la cama y comenzó a vestirse. – Algún día te lo contaré todo ¿está bien? Pero no ahora.

Santiago

No podía seguir jugando con fuego. En cualquier momento se daría cuenta de que evito el tema y no puedo evitar ponerme nervioso. Cuando me contó todo lo que pasó esa noche con su ex estaba aterrorizado. No estaba listo para contarle todo aún.

Lo que sentía por ella era algo que no quería perder, era demasiado especial. No sabía de qué manera podría explicarle las cosas para que alguna vez me perdone, aunque no la culparía si no lo hacía.

Ella no insistió con el tema, agradecí que no me presionara. Bajamos a desayunar y hablamos de todo un poco. Incluso me dijo que el viernes era su cumpleaños y que el sábado a la noche haría una fiesta en su casa. Tenía poco tiempo y quería pensar algo especial que regalarle.

Su perro Theo me parecía adorable, sabía que le agradaba porque siempre que me miraba movía su colita. Estaba rascándole detrás de las orejas como le gustaba mientras Lucy ayudaba a Gabriela, cuando recibí otro mensaje de un número desconocido:

"Último aviso... Sino le contaré yo mismo lo que hiciste."

Sabía que esto llegaría tarde o temprano. Pero no iba a complacerlo, iba a luchar por ella. Solo esperaba tener el valor de decírselo yo mismo antes que ese mal nacido.

Capítulo 19

No había vuelto a hablar con Nick desde lo ocurrido la otra noche. Así que ese día cuando me recogió para ir a la universidad le pedí que cuando volviéramos se quedara en casa un rato para hablar.

Salimos a caminar y de paso a pasear a Theo. Era un bello día y encontraba cierta calma al caminar bajo el sol con mi mejor amigo.

- Falta muy poco para tu cumpleaños... Ya eres toda una anciana –dijo con una sonrisa.

- Anciana será tu abuela –ambos nos miramos serios y luego estallamos en carcajadas. - El sábado en la noche haré una fiesta en casa si quieres puedes venir antes a ayudar.

- Claro –se paró un momento tomándome del brazo para detenerme también. – Escucha Lu... Lamento lo de la otra noche, me pasé de la raya.

- Está bien, no te preocupes, pero ¿quieres contarme que te está pasando estos días?

Se quedó en silencio y comenzamos a caminar otra vez, ya estábamos cerca de la plaza a la que había llegado hace unos días corriendo.

- Puedes confiar en mí, lo sabes ¿verdad?

- Lo que pasa es que estoy celoso –dijo en voz baja después de unos segundos.

- ¿Qué? ¿Celoso? Pero Nick yo siempre seré tu mejor amiga pase lo que pase, que esté o no con Santiago no cambia la relación que tengo contigo.

- Ya sé, no es eso... Lucy la verdad es que yo siempre he sentido cosas por ti. Tenía la esperanza de que algún día me vieras con otros ojos, más allá de ser tu mejor amigo.

- Nick... –me había quedado helada, al parecer yo era la única que no lo había notado porque tanto Santi como las chicas me habían dicho que Nick parecía sentir algo más por mí. – No sé qué decirte... Yo...

- Tranquila, no tienes que decir nada. Solo quería que sepas lo que me pasaba, pero entiendo que no te pase lo mismo y que seguiré siendo tu amigo.

- No quiero hacerte sentir mal o que te duela cada vez que me veas con Santi pero no sé qué podría hacer para ayudar.

- No tienes que hacer nada... Yo con el tiempo aceptaré tener a Santiago cerca, pero no puedo decirte que seré su amigo ni puedo prometerte que me agrade.

- No te pido eso, con que podamos estar todos juntos pasándola bien me basta. Además es un buen chico...

- Lu eres mi amiga y te amo pero eso aún no lo sabes, recién lo conoces. Sin embargo espero que tengas razón porque si te hace daño lo mato –primero se rio y me empujó de manera juguetona, pero luego volvió a quedarse serio. – Lo digo en serio.

Finalmente llegamos a la plaza y decidí soltar la correa de Theo para que pudiera jugar y correr. Mientras tanto nosotros nos sentamos bajo un árbol en silencio, solo disfrutando del momento.

No con todas las personas puedes estar a gusto sin la necesidad de hablar, muchas veces puede volverse incómodo. Pero cuando encuentras a ese alguien con el que puedes estar tranquilamente en silencio porque las palabras sobran, sabes que es alguien importante para ti y que se entienden más allá de las palabras.

Terminamos acostados en el pasto, Theo acurrucado contra nosotros, tratando de encontrar alguna forma en las nubes. Mirar el cielo era algo que amábamos desde niños.

- De verdad espero que seas feliz Lucy –dijo mirándome a los ojos. – Te lo mereces.

- También espero que tú seas feliz, Nick...

Capítulo 20

Hoy, como todos los años, mi padre y Gabriela me despertaron con el desayuno en la cama. Cumplía 20 años, pero me sentía igual que todos los días.

Luego de cantarme el feliz cumpleaños mi padre me trajo un regalo. Era un hermoso vestido celeste claro, tenía escote en forma de corazón y parecía ser ajustado a la cintura para luego dejar paso a la falda más suelta; podría estrenármelo al día siguiente en la fiesta. Le agradecí y comí mi desayuno antes de prepararme para la universidad.

Ya había recibido mensajes de todos deseándome un feliz cumpleaños, incluso Nick me había hecho llorar con el suyo. Y casi vuelvo a llorar cuando al verme, mis amigos me apretaron en un agradable abrazo grupal. No sería la misma persona sin ellos y agradecía cada día por tenerlos.

Cuando entramos a la universidad Santi estaba allí esperándome. En cuanto me vio me dio una gran sonrisa y me abrazó mientras giraba, levantándome del piso.

- Felices veinte, preciosa –me dijo al oído para luego darme un beso que me dejó mareada.

- ¡Oigan! No cuenten plata delante de los pobres –dijo Bianca bromeando.

- Cierra los ojos –me pidió Santi. Obedecí y sentí que se paraba detrás de mí y me colocaba algo muy finito en el cuello, una cadenita. – Ya puedes mirar, feliz cumpleaños...

Abrí los ojos y vi la cadenita plateada que me había puesto, el dije era una rosa súper linda y delicada. Era perfecta.

- Santi... Me encanta, muchas gracias de verdad –le dije en un abrazo.

- Es re delicada y te queda re linda Lu –dijo Clara.

- Sí, es linda –Nick miró a Santi y luego a mí. – Nuestra sorpresa te la daremos en el almuerzo, para crear un poco de suspenso.

Las clases pasaron bastante rápido, y en los pasillos siempre que me cruzaba con algún conocido me saludaban por el cumpleaños. A la hora del almuerzo esperé a Santi y fuimos hasta nuestra mesa, allí ya se encontraban mis amigos, estaban hablando pero se callaron en cuanto me vieron llegar.

- ¿Qué ocurre? –pregunté.

- Siéntate –dijo Nick. - ¿Estás lista para tu sorpresa?

- ¡Claro! –desde siempre me encantan las sorpresas y los regalos.

- Bueno... Aquí está –dijo Clara dándome un sobre.

Dentro del sobre había cinco entradas para el concierto de Shawn Mendes para hoy a la noche...

- ¡OH POR DIOS! ¡NO ME LO CREO! –dije gritando, toda la gente a nuestro alrededor me miraba pero no me importaba en lo absoluto. Me paré y empecé a dar saltitos de alegría. – ¡¡VAMOS A VER A SHAWN MENDES!!

Hacía ya tres años que era completamente fan de Shawn. Amaba su voz, su música, cómo era él como persona y cómo se comportaba con sus fans, amaba todo de él pero nunca había tenido la oportunidad de ir a verlo y qué mejor que compartirlo con mis amigos que lo amaban tanto como yo.

- ¡Feliz cumpleaños! –cantaron los tres al unísono.

- Mira los asientos –dijo Nick. - ¡Vamos a estar al frente!

- ¡Oh por Dios, vamos a tenerlo súper cerca! –estaba al borde del llanto, no podía creer esto.

- Si llegamos a tocarle la mano me desmayaré, pero déjenme ahí, tal vez vaya a rescatarme –dijo Bianca y todos nos reímos imaginando la situación.

– Gracias chicos, no sé qué decir... Es el mejor regalo del mundo, los amo.

- Hay cinco entradas... –dijo Nick mirando directamente a Santi que se había quedado a mi lado en silencio observando todo. – Tú también estás invitado si quieres venir –sabía que mi amigo estaba haciendo el esfuerzo de integrarlo al grupo y lo agradecía.

- Gracias, no sé muchas canciones pero iré con gusto.

Unas horas después estábamos en la fila para entrar al arena donde sería el concierto y yo estaba al borde del desmayo, muy nerviosa, y ansiosa. Todavía no caía en que iba a ver a mi ídolo y encima que iba a tenerlo tan cerca. Era como un sueño hecho realidad, y la mejor parte estaba en poder tener a las personas más importantes de mi vida a mi lado.

- Creo que me estoy hiperventilando, necesito entrar ya –dijo Bianca con una mano en el corazón, dramática como siempre.

- ¡Estoy tan feliz! –exclamó Clara. – No puedo creer que al fin podremos verlo.

- Me voy a dejar la garganta cantando, eso es seguro –dijo Nick, a lo que todas asentimos de acuerdo con él.

- Siempre me había parecido que cantaba muy bien pero no suelo escucharlo. Solo me sé There's nothing holding me back, Stitches y Señorita –dijo Santi.

- No te preocupes, después de escucharlo en vivo te encantará, ya verás –le contesté. – Y si no puedes ser nuestro fotógrafo personal y grabarnos mientras cantamos y morimos por él.

- Vas a lograr que me ponga celoso... –dijo bromeando.

Una vez dentro del arena estamos todos muy emocionados de lo cerca al escenario que estamos, es muy probable que pueda tocarle la mano y creo que si eso sucede moriré. Nos sacamos muchas fotos con la rosa gigante que había en el medio del escenario mientras esperábamos que todos se acomodaran.

De repente las luces se apagaron y las primeras notas de Lost in Japan comenzaron a sonar. Cuando Shawn salió al escenario todo el mundo se volvió loco, nunca había gritado tanto en mi vida. Miré a mis amigos y me di cuenta de que los cuatro estábamos llorando, al fin habíamos podido cumplir nuestro sueño...

Cantamos y saltamos como si no hubiera un mañana en todas las canciones, por momentos me quedaba sin aire pero no importaba, nada importaba en ese momento. Era plenamente feliz. Santi nos grababa y nos sacaba fotos pero a veces también lo escuchaba cantar y gritar. Era imposible no disfrutar de un show así.

Hay partes que se volverán inolvidables, como la piel de gallina que se siente con Never be alone, los saltos en If I can't have you, las hermosas palabras que nos dedicó antes de empezar Youth, y cuando en Fallin' all In you todos gritamos con mucha pasión la parte de "If I'm dreaming, baby, please don't wake me up." Tampoco olvidaré que en toda esa canción Santi mantuvo su mano en la mía y el beso que me dio al terminar.

Cuando empezó a sonar In my blood, volvió el llanto porque sabíamos que eso significaba el final del concierto. Era increíble la pasión con la que Shawn cantaba, lo admiraba muchísimo. Al final de la canción lo vimos bajar del escenario y empezar a correr en nuestra dirección. Todos nos empujamos hacia adelante estirando las manos esperando que se acercara. Shawn vino corriendo y se paró en la valla a saludar, por un momento podría jurar que incluso hicimos contacto visual. Nos tocó la mano a todos nosotros y casi nos desmayamos ahí mismo cuando lo escuchamos decir:

- I love you guys, thank you for coming.

- ¡I LOVE YOU SHAWN! –gritamos todos.

Cuando se fue corriendo nos quedamos paralizados, en shock.

- ¿Acaso Shawn acaba de tocarnos y decirnos que nos ama? –dijo Nick con la mirada perdida.

- Ámenme –dijo Santi con el celular en sus manos. – Lo grabé todo así que sí, fue real. Incluso tengo sus caras babeando por él –se rio y luego agregó: - Tenían razón, me gustó muchísimo.

Todos nos abrazamos consolándonos, ya que había pasado tan rápido y tan intenso que ahora estábamos tristes porque había terminado.

- Sin duda alguna este ha sido no sólo el mejor cumpleaños, sino la mejor noche de mi vida –dije secando mis lágrimas de felicidad.

Capítulo 21

El sábado por la mañana al despertarme seguía impactada por todo lo que había pasado la noche anterior, incluso soñé con eso. Fui tan feliz... Ver a mi cantante favorito, con mis personas favoritas... No había nada más que pudiera pedir.

Tenía mucho por hacer para hoy a la noche, pero cuando al bajar encontré a mi padre desayunando aproveché para contarle todos los detalles de la noche anterior y mostrarle todos los videos que Santi me había pasado. La verdad es que ahora que los veía notaba el papelón que habíamos hecho, parecíamos locos, nuestros gritos eran un desastre pero podía verse perfectamente lo bien que lo habíamos pasado.

Un rato después llegó Nick y nos pusimos manos a la obra. Pusimos música, y empezamos corriendo los mueves, limpiando, guardando las cosas de valor o que pudieran romperse, y luego colgamos unas luces en el jardín que en la noche se verían muy lindas. Era muy divertido limpiar mientras cantábamos y bailábamos, incluso Nick usaba la escoba de micrófono, en nuestra cabeza se veía como un súper videoclip; pero cuando se ponía una canción de Shawn terminábamos cantando entre lágrimas.

Terminé de arreglarme justo a tiempo para cuando empezaron a llegar los invitados. Me había recogido el pelo y llevaba puesto el vestido que mi padre me había regalado, me encantaba cómo me quedaba; mi amigo en cuánto me vio me dijo que parecía una cenicienta moderna y pelirroja.

La música se encontraba alta y ya había gente bebiendo y bailando en la sala. De repente unas manos me taparon los ojos y supe por su olor tan característico de quién se trataba.

- ¿Quién soy? –dijo detrás de mí.

- Mmm no lo sé... ¿Tal vez el chico más sexi de la fiesta? ¿Eres tu Ethan?

- ¡¿Qué?! ¿Quién es Ethan? –dijo Santi dándome la vuelta y mirándome con el ceño fruncido.

- Estoy bromeando tonto, no conozco a ningún Ethan, sabía que eras tú obviamente –respondí dándole un pequeño besito en los labios.

- Bueno, soy un suertudo... De tener a la chica más hermosa... Sólo para mí –me dijo intercalando las palabras con besos.

- ¿Y James? ¿No pudo venir?

- No, pero me dijo que te mandara saludos.

- Ven –empecé a caminar tirando de su mano. – Amo esta canción, vamos a bailar.

Bailamos muchísimas canciones, también hicimos rondas de verdad o reto, y lloramos de la risa al ver a Bianca ir de culo al piso después de ser retada a hacer el cuatro para probar que no estaba borracha.

Todo nuestro grupo estaba reunido en los sillones, mientras todos los demás bailaban alrededor. Cuando Santi se fue a la cocina para traernos más bebidas Clara me entregó mi celular, ya que se lo había dado para sacarse fotos con Nick:

- Lu, tienes un mensaje... Es de número desconocido –me dijo.

Automáticamente me tensé, siempre tenían que aparecer esos mensajes para arruinarme el día. Sin embargo, lo que leí esta vez en el mensaje era peor de lo que me imaginaba. No podía ser cierto, tenía que haber una explicación.

"¡Feliz cumpleaños atrasado! Aquí tienes mi regalo...

¿Sabías que tu noviecito conoce a Marcos? Sería una pena que estuviera involucrado en lo que pasó aquella noche ¿verdad?"

- ¿Lucy estás bien? –preguntó Nick. – Estás blanca como el papel.

Apenas si podía escucharlo, no podía hablar. Me levanté tambaleante del sillón y me dirigí a la cocina, las lágrimas me dificultaban la visión y sentía una presión en el pecho que me dificultaba respirar.

En la cocina no había nadie más que Santiago, por suerte. Al darse vuelta y verme en ese estado vino corriendo a mi lado preguntando qué ocurría.

- ¿Qué mierda significa esto? –le dije mostrándole el mensaje. – Por favor dime que es un error.

En cuanto leyó el mensaje que mostraba la pantalla la comprensión llegó a sus ojos. Palideció casi tanto como yo y retrocedió agarrándose la cabeza.

- Lucy yo... Puedo explicarlo –dijo volviendo a acercarse a mí.

- No me toques, solo dime qué tienes que ver con él.

De repente recordé la pesadilla que había tenido hace unos días atrás. Esa vez había visto que uno de los hombres que estaba con Marcos tenía los ojos verdes, no lo había imaginado... Pero no podía aceptar que fuera cierto.

Poco a poco todo parecía encajar, cómo al conocerme siempre trataba de evitarme, cómo salió corriendo al leer los mensajes que me habían mandado anteriormente, lo nervioso que se puso cuando le conté lo que Marcos me había hecho...

- Eras tú... –dije con la voz rota. – Estuviste ahí, ¿Cómo pudiste hacerme esto?

- Te juro que no sabía lo que iba a ocurrir, tienes que creerme –veía la súplica y la desesperación en su mirada. – Nunca hubiera aceptado tocarte un pelo, lo juro. Pero no tenía otra opción, mi familia...

- ¿Disculpa? ¡¿No tenías otra opción?! –lo corté. - ¿Sabes qué? No quiero oír lo que tengas para decirme, esto es imperdonable... No solo permitiste que me violaran sino que encima ahora te atreves a tocarme y besarme como si me quisieras. Lograste lo que querías, jugaste conmigo, ahora por favor déjame en paz. Me das asco.

- Lucy por favor escúchame, yo te quiero de verdad... Nunca quise jugar contigo. Trate de mantenerme lejos de ti y no pude, lo siento tanto... –ahora él también estaba llorando, pero yo solo pensaba en el asco que me daba todo esto.

- No me interesa, vete.

- Por favor, déjame explicarte...

- ¡¿ERES SORDO?! TE QUIERO FUERA DE AQUÍ, VETE –sabía que mis gritos se escuchaban en toda la casa porque la música ya no se escuchaba.

Por la expresión de Santiago mis palabras fueron como un golpe en medio de la cara. Se veía destrozado, lo cual aún me enojaba más porque la que había tenido que pasar por todo esto era yo.

Nick apareció con cautela en la puerta, su mirada iba de uno a otro sin entender nada.

- ¿Esta... todo bien? –preguntó dudoso. - ¿Lucy?

Yo no sacaba mi vista de Santiago. Finalmente pareció entender que lo mejor en ese momento era irse, por lo que bajó la mirada y empezó a retroceder hacia la puerta.

- Espero que algún día puedas escuchar lo que tengo para decir... –susurró antes de desaparecer.

- ¿Qué pasó? ¿Qué te hizo? –dijo Nick abrazándome, yo no podía parar de llorar.

- Diles a todos que se vayan, la fiesta se acabó. Tú también vete, ahora no quiero hablar.

Salí de la cocina a toda velocidad y subí las escaleras hacia mi cuarto, el único lugar en el que me sentía a salvo.

Capítulo 22

Santiago

Sabía que cometí un error al no tomarme enserio el mensaje que decía que iban a contarle la verdad, pero no esperaba que lo hicieran en su fiesta de cumpleaños. Estaba tan enojado por no haber sido lo suficientemente valiente para decírselo antes yo mismo... Se había enterado de la peor manera posible.

Verla tan dolida me había partido en dos, era consciente que me merecía todo lo que me dijo y más, pero yo solo quería abrazarla y consolarla. Me hubiera gustado al menos poder darle mi explicación, pero confiaba en que algún día decidiera escucharme... Aunque yo en su lugar no lo haría.

Intenté llamarla, muchas veces, tanto esa noche como todo el domingo, pero obviamente no obtuve respuesta.

No podía sacarme de la cabeza su mirada dolida al decirme que le daba asco. Lo entendía, yo mismo me daba asco también. Pero esto para mí nunca había sido un juego, por el contrario, mis sentimientos por ella eran los más reales que había tenido en mi vida.

Estaba empezando a dudar que el que nos enviaba los mensajes fuera Marcos... Recordando el maldito mensaje que le llegó a Lucy, decía: "¿sabías que tu novio conoce a Marcos?" O algo así, y no tiene mucho sentido, ya que supongo que si fuera él mismo pondría algo así como: ¿sabías que tu novio me conoce? Tendría que buscar la manera de investigar quién los enviaba.

Esperé ansioso que llegara el lunes para poder verla. Cuando llegué a la universidad me quedé esperándola en la puerta, como hacía siempre. Al rato distinguí el auto de Nick en el estacionamiento, y empecé a moverme de manera nerviosa.

En cuanto la vi se me cayó el alma a los pies, se veía con un aspecto terrible y debajo de sus ojos habían unas ojeras tan moradas que delataban que no había dormido en todo el fin de semana. Yo tampoco había dormido, así que era probable que no me viera mejor que ella.

Al ingresar por la puerta, dirigió sus ojos hacia mí sólo un segundo antes de esquivarme y seguir caminando como si no estuviera. Nick me dio una mirada de advertencia pero la ignoré agarrando a Lucy del brazo para girarla.

- Por favor, escucha lo que tengo para decir... –Lucy tiró de su brazo, alejándose.

- ¡Eh! Idiota, suéltala –dijo Nick empujándome. Estaba tan en la mierda que con solo ese empujón casi termino en el piso. Luego se acercó y me dijo en voz baja: - No sé qué le hiciste, pero cuando me entere te mato.

Los dos se fueron por el pasillo y no volví a cruzar miradas con Lucy por el resto del día. Incluso en la clase que teníamos juntos me ignoró pretendiendo que no existía. Ahora sabía lo que había sentido ella cuando era yo el que la ignoraba.

Al día siguiente supe que enloquecería si no le contaba a Lucy mi parte de la historia. Si después de oírla no quería volver a saber de mí y no podía perdonarme, me dolería pero lo respetaría debido a que tiene todas las razones para hacerlo. Pero no pararía hasta tener al menos la oportunidad de explicarle el por qué lo hice.

Fui decidido, esperé a que saliera de su clase y al comprobar que iba sola cuando pasó por mi lado la tomé del brazo y la metí en el aula vacía atrás de mí.

- Pero qué... ¿Qué haces? ¡Suéltame! –la solté y me miró furiosa.

- Tranquila –dije levantando las manos. – Sólo quiero hablar. Sólo eso pido... que me escuches.

- ¿Es que no entiendes que yo no quiero hablar contigo, Santiago? –pasó sus manos por su cara, suspirando con frustración. – Más te vale darme una buena maldita razón para que no llame a la policía ahora mismo para entregarte.

- Te diré toda la verdad lo prometo y espero que algún día puedas perdonarme...

- No puedo prometer eso. Habla... que no tengo todo el día –dijo apoyándose en uno de los bancos cruzando los brazos.

- Bueno, déjame empezar por el principio... Mi madre tiene cáncer, hace unos meses estuvo muy grave y a punto de morir... Necesitábamos mucho dinero para poder mantenerla internada en el hospital y comprarle todo lo necesario. Fue muy difícil para nosotros, Lucy... Yo había dejado la carrera para poder trabajar pero aun así no alcanzaba ni para la mitad de las cosas y a James casi nadie aceptaba contratarlo por haber estado en la cárcel –poco a poco creo que empezó a entender hacia dónde me dirigía con todo esto, ya que abrió los ojos con sorpresa primero, y luego con reproche y decepción. Yo bajé la mirada, avergonzado. – Entonces en ese momento apareció Marcos... –hice una pausa y la miré a los ojos. - Antes de seguir quiero dejar en claro que en ningún momento nos habló de ti, eso no fue planeado. El trato fue solo entrar y ayudar a robarle a tu padre; nos ofreció una buena cantidad de dinero con el que podíamos ayudar a mi madre. Pero luego te despertaste y las cosas se salieron de control...

- ¿Entonces te quedaste ahí parado viendo cómo me violaban? –dijo con la voz rota. Quería acercarme a limpiar las lágrimas que caían por sus mejillas, pero al dar un paso ella se movió alejándose.

- Lucy no podía hacer nada... No es excusa, lo sé, pero intenta entenderme, de él dependía que mi madre viviera o muriera. Nunca podré perdonarme lo que dejé que te hiciera. Cuando salimos de tu casa tú estabas inconsciente y Marcos nos hizo prometer que no abriríamos la boca o nos mataría... No volvimos a verlo desde esa noche. Nunca quisimos nada de esto, sé que fue un error, tendríamos que haber buscado otra manera...

- Espera, ¿"volvimos"? o sea que James fue el otro hombre que estaba contigo esa noche, ¿verdad? –me quedé en silencio, mirándola, y esa fue toda la respuesta que necesitó. – Oh por Dios... Todo este tiempo se estuvieron riendo de mí a mis espaldas...

- No, Lucy... Para nada –me acerqué y le tomé las manos con las que estaba tapándose la cara. – Cuando te encontré a la salida del psicólogo tuve tanto miedo de que me reconocieras... Y encima decidí volver a la universidad y también te cruzaba todos los días aquí, casi me vuelvo loco. James me dijo que me alejara de ti y de verdad que lo intenté pero no pude... Te juro desde el fondo de mi corazón que lo que siento por ti siempre fue real y que nunca intenté hacerte daño.

- ¿Entonces yo soy la razón por la que dejaste de ir a terapia?

- Bueno... Sí, digamos que primero fuiste la razón por la que necesité ir a terapia... Lo que ocurrió esa noche no sólo te afectó a ti, sino también a mí. Yo no soy una mala persona Lucy... pero cometí un error terrible para poder salvar a mi familia.

Por un largo rato nos quedamos en silencio. Ella parecía metida en sus pensamientos, luchando y tratando de entender toda la información que le había dado.

- Por favor, Lu. Di algo.

- No sé si alguna vez pueda perdonarte lo que me hiciste... –dijo limpiándose el resto de las lágrimas con las manos. - Tengo muchas cosas en las que pensar y necesito que te mantengas alejado de mi al menos por un tiempo.

Capítulo 23

No sé cómo reaccionar o qué sentir con todo lo que me contó Santiago. Entendía que su madre lo necesitaba y no les alcanzaba la plata, pero eso no es excusa para hacerle mal a otra persona...

Me sentía traicionada... No sólo por él sino también por su hermano, James. Ambos fueron parte de la peor noche de mi vida, la que me da pesadillas. Ayudaron a Marcos a violarme... Definitivamente eso no era algo fácil de procesar y superar.

Necesitaba tiempo para pensar, lejos de él. Por suerte respetó el espacio que le pedí y no volvimos a hablar ni a cruzarnos a menos que fuera en clase.

Tenía un nudo en la garganta y un dolor en el pecho que no se me iba con nada. Dicen que el tiempo lo cura todo, pero no sabía cuánto tardaría para poder seguir adelante. Lo único que me ayudaba a mantener la calma era escribir todo en el cuaderno donde escribía las pesadillas... Era una buena manera de descargarse. Eso me llevó a pensar en Mateo, de seguro él sabía toda la historia desde antes de conocerme y aun así no dijo nada... Hablaría con él de esto en la próxima sesión.

Como ya habían pasado unos días decidí contarle a Nick toda la verdad. Desde mi cumpleaños que me había estado acompañando sin presionarme, porque sabía que se lo contaría cuando estuviera lista. Se merecía una explicación...

Estaba a punto de terminar la última clase del día cuando le envíe un mensaje preguntándole si quería ir a tomar un helado y hablar. Segundos después llego su respuesta afirmativa.

Cuando salimos nos encontramos en su auto y fuimos hasta la heladería. Compramos el helado, fuimos hasta una pequeña plaza que había en frente y nos sentamos en el pasto a comerlo.

- ¿De qué querías hablarme? –empezó Nick.

- Yo solo quería explicarte lo que pasó en la fiesta de mi cumpleaños... También contarte toda la verdad que descubrí y cómo esta se relaciona con Santiago.

- Okay, te escucho...

- Hace un tiempo que he estado recibiendo mensajes anónimos... Al principio creí que era una especie de broma de alguien pero con cada mensaje que llegaba me convencía más de que era Marcos quien los enviaba, parecía que me estuviera espiando. Todavía no tengo la certeza de que fuera él o no, pero bueno esa noche en mi cumpleaños recibí otro mensaje en el que decía que Santiago conocía a Marcos... Y prácticamente dejaba a entender que él había estado presente la noche que Marcos entró a mi casa.

- ¿¿Qué?? ¿Cómo que estuvo ahí? –dijo tosiendo, casi se atraganta con el helado.

- Sí... Él y su hermano, eran los dos hombres que acompañaban a Marcos pero yo no había podido ver sus caras.

- No puedo creerlo... Mataré a ese imbécil, ¿cómo pudo acercarse a ti? Te juro que si vuelve a tocarte un pelo le arranco la cabeza.

- No, no quiero que te metas. Deja las cosas como están, por favor. Él ya me explicó su parte de la historia. La versión corta es que su madre está enferma de cáncer y que necesitaban mucho dinero para ayudarla... Entonces Marcos los contrató para robarle el dinero a mi padre. Santi me dijo que su trabajo era solo agarrar la plata de la caja fuerte e irse, pero luego aparecí yo y bueno, cuando Marcos decidió violarme ellos pudieron hacer nada por miedo.

- Tonterías... Eso no es ninguna excusa Lucy.

- Por supuesto que no, lo sé. Le dije que necesitaba tenerlo lejos un tiempo para poder pensar, pero es algo muy difícil de asimilar... Siento que perdí toda la confianza que le tenía.

- Te entiendo, pero sé que eres fuerte y puedes con esto –se acercó a mí y me abrazó con fuerza. - ¿Sabes que siempre puedes contar conmigo, verdad?

- Por supuesto... Y tú conmigo. Eres la única persona en la que confío ciegamente, Nick –nos sonreímos y de repente él comenzó una guerra de cosquillas que terminó conmigo suplicando entre risas y lágrimas que parara.

Nick siempre buscaba la manera de hacerme reír o distraerme cuando estaba mal y por eso lo amaba tanto. Ojalá hubiera podido mirarlo de otra forma, sé que hubiera sido feliz a su lado, pero sólo puedo verlo como mi amigo... Mi compañero de vida.

Capítulo 24

Hacía casi dos semanas que no tenía ningún tipo de contacto con Santiago. Debía admitir que parte de mi lo extrañaba con locura, pero la otra parte, la más cuerda, aún seguía dolida por todo.

Hoy me tocaba ir al psicólogo, lo primero que hice al llegar fue descargarme y soltarlo todo. Con el tiempo me había dado cuenta lo fácil que era hablar con Mateo, siempre terminaba sintiéndome mucho más tranquila y liberada después de contarle lo que pasaba y cómo me sentía yo al respecto.

Esta vez, luego de contarle y que él me tranquilizara con sus palabras, recordé que había algo que quería preguntarle.

- Creo que es bueno que descubrieras más sobre esta historia... Así podrás darle un cierre y seguir adelante –dijo él.

- ¿Tú lo sabías, verdad? –lo corté de repente.

- ¿Qué?

- Santiago fue tu paciente, y por lo que me dijo vino aquí por la misma razón que yo... O sea que todo este tiempo tú también me trataste como idiota y me viste sufrir mientras podrías haberme ayudado con las respuestas que necesitaba... ¡Me enamoré de la persona que permitió que me violaran! ¡¿Entiendes eso?! Tú pudiste haberlo evitado, deberías haberme advertido... –era la primera vez que admitía en voz alta que estaba enamorada de él.

- Lucy las cosas no son así de fácil –dijo Mateo, suspirando. - Yo no soy tu amigo, soy tu psicólogo... Así como lo fui de Santiago. Tú sabes bien que todo lo que hables aquí quedará entre nosotros debido al secreto profesional. Aunque quisiera mi trabajo me impide decirte nada de lo que hable con otros pacientes.

- Pero podrías haberme dicho que me alejara de él implícitamente, podrías haberte asegurado de que no nos cruzáramos aquí, no sé... Podrías haber hecho algo... Si yo no lo cruzaba aquí tal vez no le hubiera prestado atención en la universidad –hablaba tan rápido que me faltaba el aire.

- No podemos vivir imaginando lo que podría haber pasado si hubiéramos hecho las cosas de manera diferente, Lucy... Tal vez su destino era que se encontraran, quién sabe.

- Creo que hubiera preferido no conocerlo y ahorrarme todo esto...

- ¿De verdad? ¿Prefieres haber seguido en la ignorancia, atormentada en sueños con preguntas sobre lo que ocurrió esa noche?

- No lo sé, aún tengo muchas preguntas sin respuesta... Como por ejemplo el por qué Marcos inició todo esto... En qué estaba metido y qué tiene que ver mi padre en todo esto; pero claro que él no va a decirme una palabra, como de costumbre.

- Paciencia, la verdad tarde o temprano siempre sale a la luz. Pero intenta empezar a soltar esa historia... Tienes que continuar con tu vida y cuando menos lo esperes ya lo habrás superado y todo será sólo un horrible recuerdo.

- Es más fácil decirlo que hacerlo –dije bajando la mirada a mis manos.

- Por supuesto, no te digo que vayas a olvidarlo por completo o que hagas como si no hubiese pasado. Es parte de tu vida y te acompañará por siempre, pero vas a tener que aprender a vivir con eso... Y con el tiempo lo dejarás atrás.

Fui rápidamente a casa a buscar a Theo y salimos, ya que debía llevarlo al veterinario para darle una vacuna. Mientras esperábamos lo observé jugar con los otros perritos que había en la sala de espera y me pareció completamente adorable, me sentía como una madre babosa por su bebé.

Le dieron la vacuna más rápido de lo que pensaba y por suerte ni le dolió porque no se quejó para nada. Cuando salimos le compré un pequeño huesito como recompensa por haberse portado tan bien y volvimos a casa caminando.

Mi celular comenzó a vibrar avisándome de un mensaje, esperaba que fuera Nick, pero por el contrario me encontré nuevamente con un mensaje anónimo:

"Aún no he terminado… Nos veremos pronto ;)"

Pensaba que todo este jueguito de los mensajes terminaría luego de contarme lo de Santiago... Pero estaba equivocada ¿Qué es lo que querían? ¿Quién exactamente era el que me enviaba estos mensajes? Seguía sumando preguntas a mi lista... La parte del mensaje que decía que nos veríamos pronto me daba escalofríos y me incomodaba; esperaba que no fuera algo literal... Seguramente se refería a que me mandaría otro mensaje pronto. ¿Pero qué más tenía para contarme?

A los pocos metros de casa distinguí a Santi sentado en la entrada, esperando. Me puse un poco nerviosa y por un segundo me planteé la posibilidad de dar la vuelta y caminar en dirección contraria, pero respiré hondo y fui a su encuentro.

- Hola –al escucharme levantó la mirada y se levantó luego de saludar a Theo.

- Hola, yo... Sólo quería saber cómo estabas. Disculpa si es muy pronto, pero necesitaba verte...

- Estoy bien, supongo. Aunque no debería yo también tenía ganas de verte –él me dirigió una sincera sonrisa y me tomó de la mano.

- No pretendo que te olvides de lo que hice y ya me perdones, pero si tan solo me dieras una segunda oportunidad... Te prometo que jamás volveré a mentirte.

- ¿Qué sabes sobre Marcos? ¿Sabes dónde está?

- No, no volví a verlo desde esa noche, lo juro. Al principio creía que él era el que mandaba los mensajes pero ya no estoy tan seguro... Algo me dice que no es él.

- Tal vez solo quiera distraernos; tal vez él esté cerca, más cerca de lo que pensamos –estos pensamientos estaban poniéndome verdaderamente nerviosa.

- Ey, tranquila Lu... No volverá a tocarte un pelo –estaba muy cerca de mí, tal vez demasiado, pero lo extrañaba y lo necesitaba así que se lo permití. Me acarició la mejilla y me miró fijamente a los ojos cuando siguió hablando: - Es probable que quien quiera que sea hizo todo esto para separarnos, pero no dejemos que gane... No puedo olvidarme de ti... –tenía mi cara entre sus manos, sólo unos pocos centímetros nos separaban del otro. – Yo te amo, Lucy. Me odio a mí mismo por eso, pero estoy enamorado de ti.

- Yo... Yo también te amo, Santi –dije en un susurro antes de que se unieran nuestros labios en un beso. Todo lo que no poníamos en palabras lo decíamos con los labios y caricias, los dos necesitábamos del otro... Había cometido un grave error, pero él era consciente de ello y estaba completamente arrepentido, yo veía en sus ojos que no era una mala persona.

Capítulo 25

- ¿Qué les parece si hoy a la noche vamos al cine? –propuso Clara. – A todos nos vendría bien un poco de distracción, estoy harta de estudiar.

Estábamos en el almuerzo y como de costumbre en los últimos días, estábamos rodeados de libros, porque estábamos en plena época de parciales. Todos los estudiantes enloquecían estos días porque lo único que hacemos y todo lo que pensamos en el día es en estudiar. Mucho estrés, mucho llanto y mucho esfuerzo son las consecuencias pasar por esto.

- ¡Sí! Me parece una excelente idea –dijo Nick. – Pero no elijan una romántica.

- Hace poco se estrenó una de Marvel que tenemos que ver, es la nueva de Guardianes de la Galaxia.

- Ay, cómo amo a baby Groot... –dijo Bianca con las manos en sus mejillas y ojitos tiernos.

- Todos lo aman, es muy tierno, dan ganas de ponerlo en la mesita de luz y cuidarlo –siguió Nick entre risas.

- Perfecto, sacaré las entradas –dijo Clara.

Mientras ellos continuaban la charla se me ocurrió enviarle un mensaje a Santi para invitarlo, pero me dijo que no podía y que se sumaría la próxima.

Una vez en el cine retiramos las entradas y fuimos a comprar los pochoclos. No hay mayor placer que ir al cine y con una buena bolsa de pochoclos. Era algo que disfrutaba muchísimo y venía siempre que podía.

Cuando volvimos a la fila abrieron las puertas para que empezáramos a ingresar a la sala. Siempre que veníamos al cine nos elegíamos las butacas de arriba de todo, era la mejor posición ya que no tenías nada ni nadie que te tapara y podías ver perfectamente la pantalla.

Odiaba cuando alguien se iba al baño en mitad de la película, ya que era molesta la interrupción y que te taparan la pantalla mientras pasan, pero esta vez era yo la que tenía que ir... No podía aguantar mucho más o me haría encima. Todo culpa de Nick y su brillante y madura idea de hacer una competencia de ver quién podía terminarse la bebida más rápido antes de entrar.

- Te odio, espero no perderme algo importante o te mato –le susurré al oído antes de levantarme lo más rápido posible para ir al baño.

Cuando terminé de vaciar mi vejiga mucho más aliviada, escuché mientras me acomodaba la ropa, la puerta del baño abrirse y unos pasos que se acercaban. Había otros baños desocupados, pero podía ver la sombra de una persona esperando frente a mi puerta... Tal vez los otros estuvieran muy sucios.

Abrí la puerta para lavarme las manos y unas manos me sujetaron fuerte y me taparon la boca con un pañuelo que olía horrible. Cuando me di cuenta quién era ya era demasiado tarde, no podía moverme...

- ¡Sorpresa! Te eché de menos... –dijo con una sonrisa que mostraba todos sus dientes y una mirada que me hacía querer vomitar.

Capítulo 26

Santiago

Estaba saliendo del baño, listo para irme a dormir después de haber estudiado toda la tarde cuando escuche mi celular sonando. Llegué hasta la cama y me sorprendí al ver quién era, creía que Lucy había salido al cine con sus amigos...

- Hola Lu, ¿todo bien? Pensé que estabas en el cine –dije atendiendo la llamada.

- Soy yo, Santiago... Nick.

- ¿Nick? ¿Qué haces con el celular de Lucy?

- Créeme que eres la última persona a la que me gustaría estar llamando, pero... –hubo un silencio tenso al otro lado de la línea. Estaba empezando a preocuparme, ¿por qué era Nick y no Lucy el que llamaba?

- ¿Pero qué? Me estás poniendo nervioso Nick, ¿Qué ocurre? ¿Dónde está Lu?

- No lo sé, yo... Estábamos viendo la película y se levantó para ir al baño, me pareció raro que tardara tanto así que salimos y ella ya no estaba... Desapareció. Las chicas encontraron su celular tirado en el baño.

- ¡¿Qué?! –sentía que mi respiración se había acelerado de manera peligrosa, casi podría decir que me estaba agarrando un ataque de pánico. Me senté en la cama y traté de pensar con claridad.

- Hay más... –dijo Nick con voz muy seria. – Lucy me contó acerca de los mensajes anónimos que recibía y recién pude ver que hace tan solo unos días que volvió a recibir uno, ¿y sabes qué decía?

- No... –susurré, no sabía que le había llegado otro mensaje... Lucy no me había dicho nada.

- Decía que todavía no se había terminado, y que la vería muy pronto. Por favor dime que tú no tienes nada que ver con esto.

- ¿Qué? Por supuesto que no... Sé que cometí un error imperdonable pero yo la amo... –pude oír cómo Nick respiraba profundamente.

- Lo sé, por eso te llamé a ti. Tengo el presentimiento de que Marcos es quien la tiene –eso era más que obvio y era lo que más me asustaba, yo no sabía qué es lo que él quería ni hasta dónde estaría dispuesto a llegar para conseguirlo. Lo que sabía es que no tenía nada para perder... Y eso lo hacía peligroso.

- Dime dónde están, ya mismo voy para allá. Mientras tanto fíjate si hay cámaras de seguridad cerca del baño y en la puerta y si tal vez te pueden dejar verlas.

Corté la llamada y me vestí a la velocidad de la luz. Estaba temblando de los nervios, el miedo y de la furia que sentía. La sola idea de Marcos volviendo a poner sus manos sobre Lucy me ponía enfermo.

- ¡JAMES! –grité mientras corría a la cocina buscándolo para que me acompañara.

No lo encontré en la cocina y tampoco en la sala ni en el baño... Fui a su habitación que era el último lugar que me quedaba mirar pero tampoco lo encontré allí, era muy raro porque si bien yo había estado encerrado todo el día estudiando no lo había escuchado salir, ni arrancar el auto.

Me asomé por la ventana y confirmé que el auto se encontraba en la entrada. Pero entonces... ¿Había salido a caminar? ¿A esta hora?

No tenía tiempo para perder en esto ahora que Lucy me necesitaba así que tomé las llaves del auto y salí corriendo. Sin embargo, algo llamó mi atención y me detuve en seco. La luz que entraba por la puerta desde la sala generaba un resplandor sobre un objeto debajo de la cama.

Un celular. Estaba tirado debajo de la cama, como si se hubiera caído. Pero lo importante era que ese celular no era el de James... Nunca lo había visto antes.

Lo tomé y al prenderlo vi que tenía contraseña. No quería creer lo que mis instintos me estaban diciendo, pero tenía que comprobarlo... Intenté con la contraseña del celular de mi hermano y se desbloqueó. Tenía miedo de lo que encontraría en ese celular y me encantaría que James estuviera aquí para darme una explicación lógica de todo esto...

Tratando de contener el temblor de mis manos ingresé a los mensajes enviados del celular. Había solamente tres contactos disponibles... Un número desconocido, Lucy y yo.

El chat del contacto sin nombre estaba vacío, pero estaban registradas varias llamadas entre ellos. Al entrar al chat de Lucy todos mis miedos y sospechas se confirmaron en un segundo... Cada mensaje que Lucy había recibido de un número desconocido había salido de este celular, y el último era exactamente el que Nick me había dicho.

Los mensajes que a mí me habían llegado también los había mandado él... No entendía cómo mi propio hermano podía estar haciéndonos esto. Otra vez se había metido con el imbécil de Marcos, le había contado a Lucy la verdad sin dejarme decírsela yo mismo y como si fuera poco ahora ayudaba a secuestrarla.

Intenté llamarlo desde mi celular, pero claramente no contesto.

- ¡Hijo de puta...! –dije agarrando su lámpara y estrellándola contra la pared.

Un mensaje de Nick preguntando dónde estaba me devolvió a la realidad y salí hecho una furia por la puerta.

Capítulo 27

Cuando abro los ojos no logro distinguir si esto es real o estoy en uno de mis sueños. Estoy atada a una silla, las manos en el apoya brazos y los pies en las patas; estoy en una habitación sin ventanas y con unos pocos muebles tapados con sábanas.

Lo que no me esperaba para nada era encontrarme con la mirada fija de James, que se encontraba al lado de la puerta.

- ¿James? ¿Qué...? –intenté moverme para soltarme pero era inútil. Lo miré suplicándole que me ayudara. - ¿Por qué haces esto?

- Lo siento Lucy... –por un segundo creí ver arrepentimiento en sus ojos, que luego cubrió rápidamente, ocultando sus sentimientos. – Pero mi familia y su seguridad es lo único que me importa. Santiago...

El ruido de la puerta abriéndose calló inmediatamente a James, volviendo a su postura dura. La última persona que quería ver y la razón de mis pesadillas entró por la puerta. Marcos se encontraba igual que la última vez que lo había visto, solo que con el pelo un poco más largo.

- Veo que ya te has despertado, genial –dijo con una sonrisa.

- ¡Púdrete, imbécil!

- Oh, yo no diría eso si fuera tú, Lu... ¿Es que no quieres hablar conmigo?

- No, yo solo quiero que me dejes en paz. ¿Qué quieres? ¿Qué hago aquí? –le pregunté mirándolo con todo el asco que me generaba.

- Una lástima... Y yo que venía a darte la última pieza que le falta a tu rompecabezas...

- ¿Qué? ¿A qué te refieres?

- Hablo de la verdad Lucy –dijo riendo. - ¿Nunca te preguntaste por qué hago todo esto?

- Porque estás mal de la cabeza –le sostuve la mirada, desafiándolo.

- Tal vez, pero también hay otra razón...

- Ya sé que tenías deudas y mi padre se negó a ayudarte, lo que no entiendo es que tengo que ver yo en todo eso.

- Oh pero ahí es dónde te equivocas –dijo señalándome con el dedo. – Yo no le pedí ayuda a tu padre, fui yo el que lo ayudó a él.

- ¿Qué? Eso no tiene sentido, él nunca me dijo que tuviéramos problemas económicos.

- Por supuesto que no te lo dijo. Sus problemas empezaron luego de que murió tu madre... Tú sólo creías que trabajaba demasiado pero la verdad es que se volvió adicto al juego y a las apuestas. Se metió con la gente equivocada y llegó a un punto en el que sus deudas lo superaron. Ahí fue cuando me pidió ayuda... Yo acepté encantado, no por él, claro... Sino para poder acercarme a ti, tu padre no se opondría entre nosotros después de haberle salvado el pellejo. –hizo una pausa mientras caminaba de un lado al otro por la habitación. – Pero como todos saben, nada es gratis en esta vida... El acuerdo que tenía con tu padre es que me devolvería el dinero, pero cuando tuvo la oportunidad de hacerlo decidió engañarme para no pagarme. No fue muy inteligente de su parte porque tarde o temprano iba a enterarme.

- Okay... –estaba tratando de entender todo lo que me decía pero no podía creer que mi padre nos hubiera puesto en peligro de esa forma. – Entonces por eso entraste a robar esa noche, pero lo que me hiciste no tiene excusa ni se relaciona con tus problemas con mi padre.

- Lucy, éramos una pareja... Sólo estaba reclamando lo que era mío –dijo acercándose y acariciándome la mejilla, el pánico se estaba apoderando de mi nuevamente. – Además sabría que a tu padre le dolería más que el dinero y debía enseñarle una lección.

Estaba tratando de alejarme de él, pero estaba atada y no tenía forma de defenderme. Probé seguir hablándole a ver si así lograba que se aleje.

- Aún no me dices qué hago aquí ahora...

- Bueno, digamos que no soy una persona conformista y lo que había en la caja fuerte no era ni de cerca la cantidad que tu padre me debía. Pero también... –dijo pegando su nariz a mi cuello, oliéndolo. Con una de sus manos empezó a recorrer el escote de mi remera– Extrañaba tu olor, tu piel, tus besos... –con cada palabra se iba acercando más, muy cerca de mis labios y no había nada que yo pudiera hacer. Podía sentir las lágrimas de desesperación acumulándose en mis ojos, pero no volvería a permitir que me tocara sin luchar. Ya estaba preparada para morderlo en cuanto me besara, pero apenas llegó a rozar sus labios con los míos cuando James se aclaró la garganta, interrumpiéndolo.

- Disculpe, señor... –dijo James un poco incómodo. Cruzamos la mirada por medio segundo antes de que se dirigiera nuevamente a Marcos. – Pero creo que es tiempo de hacer la llamada.

- Tienes razón, vamos –le dijo pero antes de irse me dejó un beso en la mejilla y me susurró al oído: - Luego continuamos... No me olvido de ti, preciosa.

Podría haber vomitado en su cara si seguía oliendo su olor tan cerca de mí por otro segundo. Lo vi caminar hacia la puerta mientras intentaba enviarle a James una mirada de gratitud por al menos esta vez haberlo parado a tiempo, por haberme ayudado a pesar de ser cómplice de mi secuestro.

Salieron por la puerta y antes de cerrarla escuché en un tono de voz muy bajo que Marcos le daba una advertencia a James:

- Vuelve a interrumpirme en un momento así y te arrepentirás.

Capítulo 28

Santiago

Estaba comenzando a desesperarme. No sabíamos qué hacer ni por dónde comenzar a buscar, ya que al parecer ninguna de las personas a las que les preguntamos la vieron salir del cine. Tampoco nos dejaron acceder a las cámaras pero luego la policía se encargaría de eso.

- Debemos avisarle a Damián –me dijo Nick y tenía toda la razón, debíamos hablar con el padre de Lucy.

- Vamos, estoy con el auto.

Nick había mandado a sus otras amigas a su casa en un taxi así que sólo nosotros nos dirigíamos a la casa de Lu. No voy a mentir y decir que no fue un poco incómodo estar los dos en un espacio tan reducido en un silencio tenso todo el trayecto, pero lo hacíamos por alguien que nos importaba más que nada.

Al llegar nos atendió Gabriela, quien se extrañó al no encontrar a Lucy con nosotros y nos dirigió al escritorio del padre de Lucy.

- ¡Nick! ¿Cómo estás muchacho? ¿Qué haces aquí, no salían con Lu hoy? –exclamó Damián con una sonrisa mientras le apretaba el hombro a Nick a modo de saludo cariñoso. Luego pareció notar mi presencia: - Oh, hola... ¿Tú también eres amigo de mi hija?

- Emm sí, algo así... –dijo Nick.

- Soy Santiago, el novio de Lucy –dije yo al mismo tiempo que habló Nick, extendiendo mi mano hacia Damián para presentarme.

- ¿Qué? ¿Novio?

- Lamento que tengamos que conocernos en estas circunstancias pero tenemos que decirle algo muy serio.

- ¿De qué hablan? ¿Qué está pasando y dónde está mi hija? –se notaba lo confuso que se encontraba y poco a poco estaba empezando a preocuparse, ya que dirigía la mirada de mi cara a la de Nick sucesivamente esperando una respuesta.

- Lo que pasa es que... Lucy desapareció, creemos que la secuestraron. Estábamos en el cine y cuando ella fue al baño ya no volvió y solo encontramos su celular en el suelo.

- ¡¿Qué?! Ay por Dios... No puede ser esta desgracia otra vez –se sentó muy lentamente en el escritorio, su rostro cada vez más pálido.

- Es muy probable que Marcos sea el culpable –dije sin dar mucha información, ya que no creía que estuviera al tanto de los mensajes.

- ¿Qué sabes tú de ese bastardo?

- Lucy me contó todo –mentí, pero no podía decirle la verdad y esperar que esté tranquilo cuando acababa de presentarme como el novio de su hija. Nick me dirigió una mala mirada pero se acercó hasta él preguntándole si se sentía bien.

- Estoy bien, solo hazme un favor y llama a la policía, tenemos que encontrarla cuanto antes.

Mientras Nick llamaba a la policía y les explicaba todo, empezó a sonar el celular de Damián, era un número desconocido.

- Ponga alta voz –le pedí. Hizo lo que le pedí y dejó el celular en el escritorio donde todos podíamos oír.

- ¿Hola? –dijo aclarándose la garganta para alejar los nervios.

- Hola suegrito, ¿Cómo estás?

- Marcos dime qué diablos has hecho con mi hija. Por favor no le hagas nada, te lo suplico, dime qué quieres.

- Tú sabes lo que quiero, viejo. Solo disfrutaré de mi chica mientras espero a que vengas.

- Como le toques un pelo te juro que te mato, imbécil –dije sin poder controlar la rabia.

- ¡Santiago! Que sorpresa, bienvenido a la fiesta. Admiro la valentía que tienes de estar ahí con su padre después de todo... –dijo riéndose con suficiencia.

- Cierra el pico y dinos lo que quieres.

- Eso es muy fácil. Sólo quiero el dinero que es mío, deberá traerlo Damián a la dirección que le enviaré como el buen padre valiente que es. Si llego a ver a alguien más por aquí, policía o no, la mato. ¿Está claro?

- Primero déjame hablar con mi hija, necesito saber si está bien –pidió Damián con voz dura, cuando en realidad yo podía ver que se estaba esforzando por contener las lágrimas.

Se escuchó un suspiro al otro lado de la línea, luego unos pasos y finalmente el ruido de una puerta abriéndose.

- Está bien –dijo Marcos. – Aquí la tienes, sólo un minuto.

- ¿Lucy? ¿Estás bien? –dije rápidamente, estaba desesperado por escuchar su voz, por saber si le habían hecho algo.

- Estoy bien –dijo con la voz rota. – Santi por favor sácame de aquí...

- Lo haremos Lucy, te lo prometo, no te pasará nada –le dijo su padre.

- Sólo has lo que te pide, papá... Ya has hecho suficiente daño –estaba muy confundido por sus palabras, no tenía idea de qué clase de daño había hecho su padre pero ya habría tiempo para hablar de ello.

- Suficiente. Te espero mañana a primera hora, no hagas nada estúpido Damián... No hagas que tu hija vuelva a cargar con tu egoísmo –dijo Marcos cortando antes de esperar una respuesta.

Todo este tiempo Nick había estado manteniendo la llamada con la policía, narrándoles todo lo que pasaba. A los pocos segundos cortó y nos dijo que estaban viniendo para la casa.

- ¿Qué vamos a hacer? –dijo Nick. – Si obedecemos y sólo te presentas tú sin la policía no tenemos manera de asegurar que suelte a Lucy o que no intente hacer nada.

- Por supuesto que no va a ir solo, pero necesitamos un plan... –dije justo cuando llegó el mensaje con la dirección en dónde estaban.

Capítulo 29

Santiago

Vi a Damián avanzar lentamente hacia la casa, con un bolso negro lleno de dinero. Habíamos repasado el plan toda la noche, pero había muchas cosas que podían salir mal. La policía no llegaría hasta dentro de un rato así que esta parte dependía de nosotros, Nick se había quedado esperando en la casa de Lucy.

Yo estaba escondido, y cuando lo vi llegar a la puerta fui hasta la parte de atrás de la casa, hacia la puerta trasera. Con ayuda de la policía habíamos estudiado los planos casa, el plan se basaba en usar a Damián como distracción mientras yo me metía por atrás, atrapándolos hasta que llegara la policía unos minutos después.

Damián me había dado la pistola que tenía en su casa que no tenía intenciones de usar a menos que fuera sumamente necesario, pero que nos serviría para llamar la atención de Marcos.

Llegué hasta la puerta y me metí haciendo el mínimo ruido posible. Una vez dentro seguí el ruido de los murmullos y llegue a la habitación en la que estaban todos reunidos.

Damián estaba en un lado de la habitación, frente a los demás, con las manos levantadas demostrando que estaba desarmado. Lucy estaba atada de pies y manos, las mejillas mojadas por las lágrimas, se la notaba agotada. Marcos estaba a su lado, la tenía agarrada, asegurando que no se moviera; y al otro lado estaba James... Ambos se encontraban armados. Me dolía verlo aquí, fue un golpe duro que mi propio hermano me traicionara de esta manera...

- Yo cumplí con mi parte –dijo Damián. –Aquí tienes el dinero ahora devuélveme a mi hija.

- Fíjate que esté todo –le indicó Marcos a James, quien se acercó y tomó el bolso corroborando su contenido. – Creo que ustedes tendrán una bella charla de padre a hija después de todo esto, ¿no? –dijo riendo.

- Por favor... Déjanos ir, ya tienes lo que querías.

- Tú ya puedes irte... Pero creo que me arrepentí respecto a Lucy... –dijo mirándola de una manera que hizo que me tensara automáticamente. El arma en mis pantalones pesaba más cada segundo.

- ¿Qué... qué quieres decir? –dijo Damián muy confundido, James también lo miró extrañado.

- Bueno... Es que sería una pena dejar ir a semejante mujer –dijo destapándole la boca y besándola duramente. Lucy se retorció tratando de sacárselo de encima y ese fue mi límite.

Salí de donde estaba, apuntando el arma directamente a la cabeza de Marcos.

- ¡SUELTALA! –le grité furioso.

Automáticamente Marcos tomó a Lucy del cuello y la giró, quedando de cara hacia mí con el arma en la sien, usándola para protegerse de mí como si fuera un escudo; y James me apuntó con su arma directo a la cabeza. Damián nos miraba de uno en uno sin saber qué hacer, esperaba que la policía no tardara demasiado.

- Va cayendo gente al baile... –dijo Marcos burlándose, cubriendo la expresión de nervios de un segundo atrás. Mirando a Damián a los ojos continuó: – Creía que te había advertido que vinieras solo...

- Por favor... –le suplicó Lucy, podía ver que estaba temblando como una hoja.

- Santiago por favor, baja el arma –me pidió James. No podía distinguir lo que trataba de decirme con la mirada, pero no le iba a permitir que se preocupara por mí cuando él es el culpable de que estemos todos aquí en primer lugar.

- ¡Tú eres un traidor de mierda, ni se te ocurra dirigirme la palabra! –le dije escupiendo las palabras. – Vamos a ver si eres lo suficientemente hombre como para dispararle a tu hermano.

- No es tan fácil Santi, confía en mí... Tuve que hacerlo por ti.

- ¡¿Qué mierda se supone que significa eso?! –le grité pero un grito me cortó de inmediato.

Marcos había golpeado a Lucy con el mango de la pistola, y la sangre caía por su rostro. La rabia y el miedo me nublaron la vista.

- Lamento interrumpir la terapia familiar, pero yo dije explícitamente que si veía a alguien que no fuera Damián con el dinero, habría consecuencias…

En un segundo que se sintió eterno Marcos derribó a Lucy, tirándola al piso y apuntándole con la pistola. Mis ojos se abrieron con terror y pánico, no sabía qué hacer.

- ¡No tienes que hacer esto, es mi culpa, mátame a mí! ¡Te lo suplico, por favor! –le dijo Damián desesperado.

- Muy tarde para arrepentirse –contestó Marcos.

- ¡¡NO!! –grité con todas mis fuerzas mientras intentaba apuntar el arma en mis manos hacia Marcos sin temblar. Si algo le pasara a Lucy no podría seguir con mi vida.

De repente un escuchamos un disparo y un grito que me heló hasta los huesos. Cerré los ojos como instinto, pero también por miedo a lo que pudiera ver...

Capítulo 30

La sirena de la policía, que empezó como un pequeño murmullo a lo lejos, podía escucharse cada vez más cerca.

Entre el mareo y el dolor del golpe que me dio Marcos y el fuerte disparo que me dejó aturdida, me tomó unos segundos darme cuenta que me encontraba en el piso, con un charco de sangre a mi alrededor.

Con pánico empecé a revisar mi cuerpo para ver dónde me habían disparado, pero la verdad era que a pesar de estar manchada de sangre, no era sangre mía... Salvo la que salía de mi cabeza por el golpe.

Un gemido de dolor a mi lado me hizo volver a la realidad y mirar la situación que pasaba a mi alrededor. Al lado mío se encontraba Marcos, retorciéndose de dolor, ya que al parecer él fue el que resultó herido. La sangre no paraba de salir de su estómago, pero al menos no lo habían matado... No hubiera podido sacarme esa imagen de la cabeza jamás.

Al levantar la vista me encontré con la mirada de James, que me preguntaba si estaba bien mientras mi padre se acercó a levantarme del suelo. Por un momento había creído que Santiago había realizado el disparo hacia Marcos, pero el que tenía la pistola apuntándole era James...

Busqué a Santi con la mirada, y lo que vi me partió el corazón... Estaba en el piso, de rodillas, agarrándose la cabeza con las manos. Me acerqué hasta él lentamente y le coloqué la mano en su hombro mientras me arrodillaba a su altura.

- Santi... ¿Estás bien? –al escuchar mi voz levantó su cabeza rápidamente, como asustado, podía ver las lágrimas en sus ojos, el miedo... – Ey, ¿qué ocurre? –le susurré.

- ¿Lucy? ¿Estas herida? Dios Lu... Pensé que estabas muerta, me quedé paralizado, lo siento tanto... –dijo tomando mi cara con sus manos y recorriendo mi cuerpo con la mirada para ver si estaba bien.

Cuando vio la sangre en mi ropa palideció un poco, pero lo tranquilicé enseguida:

- No es mía, estoy bien, tranquilo... –me moví para que viera que Marcos había recibido el disparo y el alivio llegó a su cara.

- Te juro que nunca tuve tanto miedo en mi vida –dijo besándome con mucha emoción. – Si te pasara algo me moriría, Lucy...

Nos abrazamos para calmarnos mutuamente, cuando escuchamos que tiraban la puerta abajo e ingresaba la policía dividiéndose por toda la casa para ver si había alguien más. Cuando llegaron hasta donde estábamos nosotros mi padre se acercó a explicarles lo que había pasado y se llevaron a Marcos rápidamente al hospital.

Tuvimos que quedarnos un rato allí para que nos hicieran todas las preguntas necesarias. También llamaron a una ambulancia para que pueda revisarme la cabeza que ya había parado de sangrar; no iba a necesitar que me cosieran pero me recomendaron ir al hospital para hacer unas pruebas y confirmar que todo estuviera bien.

Cuando al fin nos permitieron irnos a nuestras casas ya estaba atardeciendo, me despedí de Santi ya que los dos debíamos descansar. Luego James que hasta entonces se había mantenido en silencio, se acercó a despedirse con la mirada baja.

- Lucy... Sé que debes odiarme pero solo quería que supieras por qué lo hice –dijo con calma.

- No te odio James... Tú me salvaste –le dije sinceramente, ya que si él no le hubiera disparado a Marcos yo ya estaría muerta. Él me dedicó una pequeña sonrisa y siguió con la historia.

- Yo era el que mandaba esos mensajes anónimos.

- ¿¿Qué?? ¿Por qué harías eso?

- Él iba a matar a Santiago... Al principio me amenazó para que les mandara esos mensajes y mantenerlos separados. Pero luego planeó secuestrarte y no supe qué hacer, no podía contarle a nadie o pedir ayuda porque tenía miedo de lo que pudiera hacernos... Sé que tú no eres menos importante que él, pero es mi familia, no tuve opción... –hizo una pausa y suspiró con los hombros caídos, desanimado. - Espero que tal vez algún día puedas perdonarme por todo, Lucy.

- Es tu hermano... Por supuesto que te entiendo James –le dije con una mano en su brazo, apretando ligeramente. – Yo no sé cómo hubiera reaccionado en tu lugar así que no puedo juzgarte por eso, lo importante es que te arrepentiste y ayudaste en lo que pudiste, incluso cuando evitaste que me tocara... Te lo agradezco, de verdad.

- ¿Podemos empezar de cero?

- Me parece bien –le dije y nos tomamos de la mano como cerrando el trato.

Al llegar a casa me encontré con Nick, quien estaba esperándome con los brazos abiertos. No había querido irse a su casa y se había quedado en la mía para poder recibirme. Corrí hacia él y por fin me sentí más tranquila.

Le pedí a mi mejor amigo que se quedara esa noche conmigo, lo necesitaba. Estuvo toda la noche abrazándome y consolándome mientras lloraba y le contaba todo lo que había pasado, descargándome.

Después de sacar todo lo que tenía adentro, me sentí en paz... Finalmente sabía toda la verdad y Marcos no podría molestarme. Ya podía volver a sentirme a salvo, podía dormir tranquila...

Capítulo 31

Santiago

Todo el trayecto hasta nuestra casa fue en silencio y bastante incómodo. Ninguno parecía querer dar el primer paso en la conversación. Por supuesto que aún estaba molesto, pero lo conocía y sabía que no lo hizo porque quiso... Aunque no entiendo por qué dijo que lo hizo por mí.

Necesitaba un tiempo para enfriar las cosas y descansar, así que cuando llegamos quise ir directo a mi habitación, pero James me detuvo:

- Sigues enojado, ¿verdad? –dijo suspirando. – Ya me disculpe con Lucy, me gustaría que me dieras un minuto para hablar y explicarte todo.

- Mira, te estaré eternamente agradecido por haber salvado a Lucy... Algo que yo no pude hacer. Pero claro que sigo molesto, mi propio hermano me traicionó y me estuvo mintiendo todo este tiempo.

- Ven, deja que te cuente todo –dijo llevándome al sofá.

- Por qué no empiezas explicándome qué significa el celular que encontré debajo de tu cama, el cual tiene todos los mensajes que nos enviaron a Lucy y a mí.

– Después de lo que ocurrió en la casa de Lucy, no volví a tener contacto con Marcos... Hasta unos días antes de que me llamaras diciendo que iban a la misma universidad. Necesito que me creas cuando te digo que yo no quise nada de esto, pero no tuve opción, me amenazó con matarte si no hacía lo que él pedía.

James jugaba con sus manos, avergonzado, con la mirada perdida en sus recuerdos. Yo lo escuchaba atentamente, tratando de ponerme en su lugar. La verdad que no sé qué hubiera hecho si fuera yo.

- Primero me pidió que le mandara unos mensajes a Lucy de forma anónima, él me decía lo que debía poner. Después tú empezaste a estar más cerca de ella y yo traté de decirte que te alejes pero no lo hiciste... Así que tuve que mandarte mensajes a ti también para que te dieras cuenta, pero bueno... Todo se salió de control.

- Respóndeme una cosa... ¿Marcos te pidió que le contaras la verdad a Lucy o lo hiciste para alejarla de mí?

- Santi, ¿quién te crees que soy? Soy tu hermano, yo jamás te haría eso...

- Okay... Tenía que preguntarlo.

- Luego Marcos me contó su plan, de secuestrar a Lucy. No supe qué hacer en ese momento y lo único que se me ocurrió fue enviarle un mensaje a Lucy tratando de advertirle, pero no se dio cuenta supongo... De verdad que lo siento mucho Santi, pero eres mi familia... Siempre voy a hacer lo que sea para protegerte.

- Lo entiendo, pero tú también entiende que así como tú no permitirías que algo me pasara yo siento lo mismo por ustedes, pero también por Lucy...

- Lo sé –dijo asintiendo.

- Bueno... Me voy a descansar. Todo va a estar bien a partir de ahora, ya verás.

- Espera, hay una cosa más que quiero contarte –me paré y lo miré intrigado. – Me mudo. Hace un tiempo que vengo buscando y conseguí un lugar pequeño pero bonito y allí estaría más cerca del hospital... Podría ver a mamá todos los días.

- Oh... Bueno, me alegro por ti entonces, ¿cuándo te vas?

- En dos días; mañana si quieres puedes ayudarme a empezar a llevar las cosas y te enseño el lugar.

- Claro, cuenta conmigo –le dije dándole una palmada amistosa en el hombro.

Capítulo 32

Después del desayuno le pedí a Nick que me dejara para poder hablar con mi padre. Seguía exhausta, pero quería terminar con esto cuanto antes. Fui hasta su oficina y golpeé suavemente, hasta que me dejó entrar.

- ¿Podemos hablar?

- Claro Lucy, ¿cómo te sientes?

- Bien... Estoy bien. Pero quería que tengamos de una vez la charla que tanto evitaste tener conmigo.

- Lucy yo... No sé qué fue lo que te dijo Marcos pero yo no quise que salieras lastimada en ningún momento.

- ¿Tú crees que fue justo que me enterara de nuestros problemas por él en vez de por mi padre? ¿Por qué nunca me contaste nada? Y no me vengas con que fue para no preocuparme.

- No quería que te enteraras así, pero tenía vergüenza de mí mismo... Trata de entenderme, cuando tu madre murió fue muy difícil para mí pero debía ser fuerte para ti, eras tan solo un bebé y tenía muchas cosas de las que hacerme cargo. Ahí fue cuando empecé a apostar... Y fue como un escape a tanta tristeza, pero se me fue de las manos...

- Y entonces nos pusiste en peligro y te involucraste con la mierda de Marcos que le pareció lo bastante coherente que yo pagara por tus problemas. Maravilloso –era consciente de que me estaba pasando en la forma en la que le hablaba, pero estaba muy enojada y dolida.

- Dios lo siento tanto... –dijo con la voz rota, al levantar la mirada vi que lloraba, lo cual me impactó porque nunca antes lo había visto llorar así, ni siquiera cuando hablaba de mi madre. – No sé cómo pedirte perdón por todo, hija. Te juro que te lo compensaré y haré lo necesario para mejorar las cosas. Nunca más volverás a estar involucrada en esto.

- Papá... Entiende que me preocupo por ti. Estoy molesta por todo, pero también me preocupa que te metas en estos problemas, tienes que conseguir ayuda... Por favor, déjame ayudarte.

- Esta bien hija, tienes razón –me acerqué a darle un abrazo como hacía mucho tiempo no nos dábamos... Se sintió muy bien, como en casa.

Antes de irme de la oficina una idea se me pasó por la cabeza y me volví a preguntarle:

- ¿Tienes alguna novedad de Marcos? ¿Qué pasará con él?

- Ya no tienes que preocuparte por él, tranquila. Una vez que salga del hospital irá directo a la cárcel, le dieron cinco años allí –asentí y subí a mi cuarto, me sentía extraña no sabía si alegrarme o qué sentir exactamente.

Al día siguiente, al despertar, me quedé en la cama mirando al techo mientras pensaba en lo retorcida que era la historia de mi vida, cuando me llegó un mensaje. Al principio me asusté pero luego recordé que ya todo había pasado y que James, que era el que nos mandaba los mensajes, ya no tenía razones para hacerlo. Solo estaba siendo paranoica, me llevaría un tiempo poder relajarme completamente.

Santi: Hola Lu, pregunta... Iré a ver a mi madre en un rato y me preguntaba si tal vez querías venir conmigo y conocerla.

¡¿Quería que conociera a su madre?! Oh por dios, ya estoy entrando en pánico... O sea por supuesto que quiero, es solo que me pone nerviosa... Qué pasa si no le agrado, o si tal vez se ofende por ir a verla en el hospital, no sé... Es probable que sólo esté exagerando, no podía decirle que no; además me hacía ilusión que me propusiera presentarme a su madre después de todo lo que pasamos y por cómo me habló de ella seguramente es una mujer maravillosa y fuerte.

Santi: ¿Estás ahí? No tienes que ir si no quieres... Está todo bien.

Lu: ¡Por supuesto que te acompañaré! Tuve un momento de pánico jajaja pero me encantaría conocerla.

Santi: Sé que te va a adorar... Paso a buscarte en dos horas, estoy ayudando a mi hermano con unas cosas y luego vamos.

Lu: Okay, te amo...

Santi: También te amo, por eso quiero que conozcas a mi madre ;)

Estaba súper nerviosa. Pero nada más entrar a la habitación nos recibió con una sonrisa enorme. Su nombre era Beth y a pesar del deterioro que provocaba la enfermedad se notaba que era muy hermosa.

- Tú debes ser Lucy, ¿verdad? Mi hijo me ha hablado mucho de ti... –me sonrojé de inmediato pensando en qué le habría dicho de mí, espero que cosas buenas.

Pasamos una hermosa tarde con ella. Era una mujer muy agradable y divertida, nos contó anécdotas vergonzosas de cuando Santi era pequeño de las cuales reímos sin parar mientras él refunfuñaba hacia su madre como un niño enojado y avergonzado.

- Deja de avergonzarme frente a mi novia mamá, por favor... –algo se movió dentro de mí al escucharlo llamarme así frente a su madre.

- Oh vamos... Es la primer chica que me presentas, déjame disfrutar de torturarte un poco –le dijo guiñándome el ojo.

- Me encantaría ver cómo eras de pequeño –le dije a Santi riendo. – Seguro eras un niño muy tierno con esos hermosos ojos verdes.

- Oh sí, era un niño precioso –añadió su madre.

- Ya te mostraré alguna foto luego...

- Sabes... – me dijo Beth tomándome de la mano, emocionada. – Debes sentirte afortunada, nunca había visto a mi hijo mirar a nadie de la forma en la que te mira a ti.

- Mamá, por favor...

- Cállate –lo cortó dándole una mirada de advertencia y volvió a mirarme dulcemente, lo cual me hizo reír. – Hacía mucho que no veía a mi hijo sonreír de esa manera... Gracias por eso.

- Oh, no tienes nada que agradecer... Él también me hace muy feliz –le dije mirando a Santi directo a los ojos.

Cuando terminó el horario de visita me despedí de Beth y salí de la habitación para que Santi pudiera despedirse. Pero antes de terminar de cerrar la puerta escuche parte de lo que su madre le decía:

- Me agrada esta chica Santi... No la cagues o te mato –ambos rieron y se abrazaron. - De verdad creo que es la correcta para ti y me hace muy feliz ver lo feliz que eres con ella.

- Yo también creo que es la correcta, mami...

Con el corazón latiéndome muy fuerte me alejé de la puerta para darles un poco de intimidad y porque si seguía escuchando me pondría a llorar.

Cuando salió de la habitación fuimos hasta el auto tomados de la mano. Era una sensación hermosa cada vez que estábamos cerca, algo diferente a lo que alguna vez había sentido con nadie. Me sentía... como en casa.

Una vez dentro del auto se detuvo y me tomó las manos antes de arrancar el auto.

- Hoy antes de recogerte estuve ayudando a mi hermano a mudar sus cosas...

- ¿James se muda? –dije sorprendida.

- Si... Mañana se muda definitivamente, es cerca de aquí, así estaría cerca de mamá.

- Tiene sentido, pero ¿por qué me dices esto ahora? ¿Y por qué estás tan nervioso y serio? –me estaba poniendo nerviosa a mí con tantas vueltas porque no sabía a dónde quería llegar con esto.

- Bueno... Te cuento esto ahora porque estuve pensando algo toda la noche y quería preguntarte una cosa...

- ¿Si? Dios me estás matando con el suspenso por favor, ¿qué quieres decirme?

- Lucy... Como verás ahora voy a vivir solo... Y me preguntaba si tal vez te gustaría venir a vivir conmigo... –dijo mirándome con un poco de miedo. – Sé que es muy pronto y puedes pensarlo si quieres, no necesito que me respondas ahora.

Hubo un segundo en el que me quedé en shock y no supe cómo reaccionar, pensaba que tal vez me estaba haciendo una broma.

- ¿Es en serio? –pregunté lentamente.

- S... Sí, pero no tienes que hacerlo si no quieres, lo entendería... Yo solo... Fue una propuesta, tal vez me adelanté –lo callé de un beso porque no podía seguir viéndolo tan inseguro, me daba mucha ternura. Se sorprendió un momento pero luego me correspondió el beso, acariciando mi cara.

- Por supuesto que acepto, Santi... Solo me tomaste por sorpresa –le dije separándome de sus labios con una enorme sonrisa. Pasé mis manos por su cabello, como sabía que le encantaba. – Me encantaría irme a vivir contigo. Nunca había querido tanto a nadie en mi vida como a ti... Es tan intenso que a veces me asusta, que me hagas daño, que me decepciones, pero es algo a lo que todos estamos expuestos cuando decidimos abrir nuestro corazón y darle una parte a otra persona...

- Yo te doy mi corazón entero, si lo aceptas.

- Con mucho gusto... –dije y reímos entre beso y beso.

Epílogo

5 años después...

Creo que no hay momento de mayor ansiedad que la espera del resultado de un test de embarazo. Mi período se había atrasado una semana y estuve sintiéndome muy rara estos últimos días, así que solo por precaución y para sacarme la duda decidí ir esa mañana a la farmacia y hacerme un test.

Pensé en hacerlo un sábado porque, además de que los fines de semana yo no trabajaba, sabía que Santi sí estaría trabajando en la mañana y no quería preocuparlo o ilusionarlo (dependiendo su reacción) por una falsa alarma... Más que nada porque hoy era su cumpleaños.

Ya habían pasado unos minutos y mis manos temblaban con la idea de levantar el objeto y ver el resultado. Definitivamente no era algo planeado... No estábamos buscando un hijo, pero tampoco sería algo malo, tenía cierta ilusión de ser madre. Sin embargo, me asustaba la idea de tener tanta responsabilidad, y también el no saber cómo reaccionaría Santi... ¿Se alegraría? ¿Saldría corriendo? No, él nunca me haría eso. Además si lo mirábamos del lado positivo, no habría llegado en un mal momento... Me refiero a que los dos ya habíamos terminado los estudios, teníamos trabajo y casa. Contábamos con los medios para cuidar de un bebé, aunque nadie te enseña cómo hacerlo correctamente.

No podía hacer esto sola así que tomé mi celular y busqué el contacto de Nick para hacerle video llamada.

- ¿Lucy? Estoy trabajando, ¿pasó algo?

- Lo sé, perdona, pero te necesito para una cosa ¿tienes un minuto?

- Espera –dijo y lo vi moverse por el lugar y entrar a otra habitación. – Ya está, me vine al baño ¿Qué pasa? Estas un poco pálida ¿Te encuentras bien?

- Me... Me hice un test de embarazo y no me animo a ver el resultado –solté rápidamente.

- ¡¿Qué tú qué?! –La cara de Nick se transformó al escuchar mis palabras, pasó de la sorpresa a los nervios y luego a la seriedad y calma que necesitaba. – Lu me hubieras dicho... Hubiera estado ahí para acompañarte.

- Tranquilo, fue una decisión repentina. Pero quiero que tú lo veas primero... Y me dices.

Muy lentamente me acerqué y tomé el test. Acerqué el celular y miré para otro lado, para que solo Nick lo viera. Pasaron unos segundos interminables en los que solo escuchaba la respiración de mi amigo, asimilando lo que veía.

- Mmm ¿Lucy? Creo... Creo que deberías verlo tú misma.

Miré el celular y lo primero que vi fueron lágrimas en los ojos de mi mejor amigo. Luego miré el test y lo confirme... Estaba embarazada... Oh. Por. Dios. Estaba embarazada.

- ¿Estás ahí? Dios, dime que no te desmayaste. –pidió Nick, ya que había dejado el celular en la pileta mirando hacia el techo.

- Estoy aquí –dije volviendo a enfocar mi cara. – No puedo creerlo Nick, voy a ser mamá. No sé si estoy lista, tengo mucho miedo –el llanto vino rápidamente, no porque no quisiera a mi bebé, sino por el shock y el miedo del momento; pero también estaba muy feliz.

- Ey... Tranquila, Lu. Yo estoy seguro de que serás una mamá grandiosa, ya verás –hizo una pausa con la mirada perdida y luego comenzó a reír haciéndome reír a mí también. - ¡¡Voy a ser tío!! Haré que me ame, ya verás, lo llevaré a pasear, y lo consentiré mucho...

- Como buen tío también deberás ayudar a cambiarle los pañales –dije disfrutando de la mueca que puso.

- Lu... ¿Le has dicho a Santi sobre esto?

Gracias a Dios con el paso de los años Santi y Nick habían formado una buena relación de amistad y se llevaban muy bien. Me encantaba salir con ellos y reír sin parar, o verlos ir juntos a un partido de fútbol, era adorable.

- No... Es su cumpleaños, yo no quería alterarlo por una probable falsa alarma.

- Pero no fue ninguna falsa alarma... De verdad creo que debes contárselo cuanto antes, además es el mejor regalo de cumpleaños que podrías darle. Sabes cuánto te ama y que siempre dijo que le gustaría ser padre. Tal vez este niño llegó de sorpresa, pero no tengo ninguna duda de que lo amará tanto cómo tú.

- Sí, le diré en cuanto llegue, tienes razón –al decir esto miré el anillo en mi mano izquierda. Por supuesto que sabía que me amaba, me lo hacía saber todos los días y lo confirmamos hace dos años cuando nos casamos con una perfecta e inolvidable boda de ensueños. Solo fui exagerada y tonta al preocuparme por cómo reaccionaría.

Cuando escuché las llaves en la puerta de entrada, fui corriendo a recibirlo. Me tiré a sus brazos y lo abracé con fuerza. Él sorprendido, me sostuvo como pudo para que ninguno terminara en el piso.

- Wow, que agradable recibimiento...

- ¡¡Feliz cumpleaños, mi amor!! –le dije llenándole la cara de besos.

- Si vas a esperarme así cada día, entonces todos los días será mi cumpleaños –dijo bromeando, al acomodar un mechón de pelo detrás de mi oreja.

- Tengo... Algo para ti, tu regalo. Ven –tomé su mano y lo llevé a la habitación.

Nos sentamos en la cama frente a frente, y le dejé la pequeña cajita rectangular en sus manos. Destapó la caja y al ver su contenido se paralizó, abrió mucho los ojos y dirigió su mirada de mí, a la caja, luego a mí, y otra vez a la caja, así un par de veces.

- Di algo... –le pedí en un susurro. Estaba empezando a preocuparme.

- ¿Esto es...? –dijo aclarándose la garganta.

- Un test de embarazo, Santi –terminé por él.

Se tomó un segundo mirando fijamente la prueba en sus manos marcando un positivo y luego levantó la vista hacía a mí, con las lágrimas cayendo por sus mejillas.

- ¿Voy a ser papá? –dijo con la sonrisa más hermosa que le hubiera visto nunca.

- Sí... –respondí con un nudo en la garganta, ya que verlo tan emocionado me estaba derritiendo el corazón. – Vamos a ser padres...

Santi dejó la caja a un lado y me tomó la cara entre sus manos para darme un tierno beso, lleno de emoción y salado por las lágrimas de felicidad.

- Te amo tanto... –dijo entre besos. - Es el mejor regalo que me hubiera imaginado, te prometo que seré el mejor padre que pueda ser y seremos la familia que siempre quisimos.

- No tengo dudas de que serás un gran padre de este pequeño o pequeña... –le sonreí mientras pasaba su mano por mi panza. – Será un bebé muy amado.

Perdimos la noción del tiempo, pero nos quedamos en la cama abrazados pensando en el gran futuro que nos esperaba... Santi estaba convencido de que sería una niña, pero yo sentía que sería un niño. Faltaba mucho para saberlo aún, pero sea lo que sea lo amaríamos más que a nada, de eso estaba segura, y haríamos lo que fuera por su felicidad.

Volvimos a llamar a Nick para compartir la felicidad entre los tres y por la noche fuimos a cenar con mi padre para darle la noticia. Fue adorable su reacción aunque casi se atraganta; no podía esperar a ver cómo sería como abuelo. Sin dudas este niño o niña sería muy mimado por todos.

Cuando llegamos a casa nos preparamos para ir a dormir, pero al apagar la luz nos sorprendió que nuestros celulares sonaran al mismo tiempo con un mensaje. Era bastante tarde por lo que era raro que alguien nos hablara a esta hora.

Prendimos la luz otra vez y tomamos nuestros celulares. Un escalofrío me recorrió la espalda al encender el celular.

- ¿Quién te escribió? –preguntó Santi, muy serio.

- Es... Es un número desconocido. ¿Y el tuyo?

- También. Léelo –me pidió.

- Dice: "No te vas a deshacer de mí tan fácil, pequeña." M. –esta vez no era anónimo... Estaba muy claro, nos estaba amenazando directamente y sin vueltas. - ¿Y el tuyo?

- " El que ríe último, ríe mejor." M. –tomó una profunda respiración, mientras yo ya estaba temblando de los nervios.

- Esto no puede estar pasando... No ahora –dije acariciando mi panza. No podía entender la obsesión que él tenía conmigo... ¿Es que no podía dejarme en paz? ¿Iba a perseguirme toda la vida?

- Ya pasaron cinco años... –dijo Santi con la mirada perdida, como recordando algo. – Marcos ya está libre.

Fin