El resto ya se lo saben…
Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi
Música de fondo:
"Immortalized" de Hidden Citizens (escena en la boveda del historiador)
"Neptune" de Sleeping at last (charla durante viaje en carretera)
"Goodby (feat. Lyse) –Slow version" de Feder (escena aguas termales)
—Un poco de calor—
En el trayecto Ranko nos pasa una bolsa de sangre a cada uno, escondidas dentro de bolsas de papel —prometo conseguirles mañana más.
—Gracias— respondo y con cuidado de no manchar el auto perforo la bolsa para beber de esta.
—Ranko— habla Ranma con la voz gruesa por el cambio mientras bebe de la bolsa de sangre —¿tus amigos saben lo que somos?
La chica se pone tensa. Hago una nota mental de hacerle ver a Ranma que tiene que ser más sutil con la pobrecita.
En el reflejo de la ventana puedo ver un destello de mis colmillos y mis ojos iluminados como ámbar atravesado por la luz. Tal cuál como los ojos de Ranma parecen llamas azules los míos igual se encienden.
—¿Hice mal?— pregunta trémula Ranko.
Trago con rapidez para responder esta vez —no, solo queríamos saber— mi voz también suena más grave, aunque confío que causa menos miedo que la de Ranma.
—Debí haberles preguntado, lo siento— se apresura Ranko.
Veo que Ranma sujeta la mano de la chica que está sobre el mando de velocidades —no has hecho mal— ahora habla más lento y suena un poco menos amenazante —no lo has hecho— incluso sonríe mostrando sus colmillos.
¿He dicho que amo a este hombre?
No tardamos mucho en llegar a la casa de sus amigos. Una casa común de la ciudad, nada tan ostentoso como la mansión Saotome.
Y mientras esperamos a que nuestros anfitriones nos reciban yo limpio con esmero la comisura del labio de Ranma. Pero guardo el pañuelo en el bolsillo de mi abrigo cuando escucho pasos acercándose a la entrada.
—Disculpen la tardanza— Ranko ofrece una reverencia a modo de disculpa a la mujer al otro lado del umbral cuando la puerta se abre.
—Están en tiempo— responde ella con voz amable y luego nos sonríe a Ranma y a mí en cuanto sus ojos reparan en nosotros —por favor pasen, sean bienvenidos.
La analizo curiosa, me recuerda a alguien.
Ranma me sede el paso y la mujer recibe mi abrigo cuando me lo quito.
—Ukyo déjame presentarte a mi familia— habla Ranko estirando su mano frente a nuestras siluetas —el capitán samurái Saotome Ranma y su esposa la dama Tendo Saotome Akane.
Tanto Ranma como yo hacemos una reverencia —es un gusto— le digo cortes.
—El gusto es nuestro— nos observa con… normalidad —yo soy Hibiki Ukyo y este es mi esposo Hibiki Ryoga.
Un hombre joven de cabello castaño y ojos marrones con toques de verde se acerca a la entrada para saludarnos —es un verdadero honor conocerlos, pasen por favor.
Mientras nos guían hacia el comedor veo los curiosos adornos que hay por toda la casa, trofeos antiguos y reliquias en su mayoría de nuestra época.
—Algunas son verdaderas— dice Ukyo cuando seguramente me encuentra fisgoneando —otras son solo réplicas de las que tenemos en algún museo.
—Ukyo y Ryoga dirigen una asociación que se dedica a la recuperación de piezas históricas para colocarlas en distintos museos del país— comenta ahora Ranko cuando se acerca a nosotras.
—Además de certificar colecciones privadas— complementa orgullosa Ukyo.
Veo a Ranma ayudando a Ryoga a transportar platos de comida.
—Ahora entiendo porque el interés en nosotros— dice Ranma alzando una ceja.
—Y aunque me fascinaría pasar cuando menos una tarde entera charlando con ustedes para conocer detalles de la época en la que… bueno…— Ryoga se encoge de hombros luego de que mueve su cabeza de un lado al otro —no quiero ser grosero pero…
—Cuando estábamos vivos— completo sin más y él asiente. Se nota que de verdad está emocionado de conocernos.
—Pero creemos que tenemos parte del rompecabezas relacionado con su maldición que puede ser de su interés.
Percibo el segundo en el que tanto Ranma como yo contenemos la respiración, ambos nos miramos y luego a Ryoga quien sonríe mostrando su blanca dentadura. Es la primera vez, desde Shampoo misma, que alguien se refiere a nuestra condición sin que se lo hayamos dicho nosotros como maldición.
—Imagino que estarán ansiosos, cenemos y podré contarles un poco más los detalles de lo que hacemos.
Durante la cena Ukyo nos revela que ella es descendiente directa del clan Kuonji.
—Eres idéntica a la hija del general Kuonji— murmuro al entender porque me parecía conocida la joven mujer.
La dama Kuonji había dicho, el día que maté a Shampoo, que la amazona se trataba de una bruja poseedora de magia de sangre.
—¿Cómo podría saberlo? ¿Cómo conocía la naturaleza de Shampoo con solo verla?— me atrevo por fin luego de siglos enteros a hacer la pregunta en voz alta.
Ukyo toma un trago de su té mientras hacemos la sobre mesa luego de la cena —es que la familia Kuonji cazaba brujos de sangre o al menos lo intentaba. La mayoría de los que atraparon eran brujos comunes.
Abro los ojos tanto como puedo —pero ella se fue y dijo que yo también debería alejarme de lo que podría estar por suceder.
—Los Kuonji habían estudiado las causas de la magia de sangre y sabían detectar cuando un brujo estaba en los límites— explica Ryoga ahora —en realidad no los mataban, sino que buscaban regresarlos a la normalidad. Seguramente la chica había agotado posibilidades para alejarse de la magia.
—¿Qué es magia de sangre?— pregunta Ranma, yo aferro mi mano alrededor de la suya para agradecerle por preguntar.
Ukyo traga saliva, se ve incómoda de repente y me mira como si estuviera a punto de decir algo inapropiado.
—Se refiere a los sacrificios— explica inquieta —es decir que se hace el uso de la magia conocida como oscura o profana. Se le rinde tributo a los demonios para cobrar favores a cambio de la sangre derramada. Era muy usual en estas tierras como una manera de obtener sirvientes sin voluntad propia o marionetas para realizar actos en los que aquellos quienes conjuraban la magia de sangre no querían estar involucrados.
—Pero se desconoce la cantidad exacta de rituales ya que son variados, esos que menciona Ukyo son los más comunes.
Separo los labios pensando que decir.
—¿Creen que la bruja que me hizo así buscaba cambiarme para poder controlarme entonces?
Ryoga y Ukyo asienten —era lo usual.
—¿Y entonces que sucedió?
Ukyo me mira. Yo soy la respuesta a la pregunta de mi esposo.
—Ella clavó una daga en mi pecho— hablo tocándome el punto exacto donde la hoja afilada atravesó mi piel.
Ryoga continúa con la explicación —cuando se usa magia de sangre y se es inexperto, como probablemente la mujer que les hizo esto lo era, entonces el lazo que se intenta crear se puede ver alterado por alguna fuerza externa.
Bajo la vista hacia mi pecho, puedo incluso ver la figura del mango de la daga donde una vez estuvo.
Ranma sujeta con fuerza mi mano y yo le miro —Shampoo no podría haberme controlado porque mi voluntad ya te pertenecía Akane. Tu sangre… —abre los ojos con un poco de miedo al contarme esto porque en realidad jamás le había preguntado porque había decidido alimentarse de mí —fue como si me gritaras por ayuda y yo solo actué como una corazonada. Mi intento de salvarte.
Suspiro, de manera dolorosa al verlo tan afligido —y lo hiciste— acaricio el contorno de su rostro antes de que se le ocurra bajar la cabeza.
Y en el instante que sus ojos me miran yo siento las mariposas en mi interior danzar, como se supone que la bella princesa en mi leyenda lo hace. Gustosas revolotean animadas por una música que las hace brillar y les brinda calor.
Ignoro la presencia de los demás y me acerco para consolar a mi adorado samurái con un beso en los labios.
—¿Les gustaría venir a la fundación mañana?— pregunta Ryoga cuando Ranma y yo nos quedamos quietos con nuestras frentes unidas tras la muestra de nuestro afecto.
Ranma lo mira de reojo y sonríe —sería interesante saber más.
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Ranko nos deja a una cuadra de la fundación de la familia Kuonji. Pero antes de llegar nos cuenta que a sus amigos los conoce desde que estaba en la secundaria. Fue por Ukyo que escuchó por primera vez sobre la maldición del samurái Saotome y no por su padre.
Luego de la secundaria Ryoga estuvo estudiando en el extranjero por algunos años y Ukyo se había planteado ser chef, pero su madre falleció y tuvo que hacerse cargo de la fundación.
Este año cumplirá 100 años y lo que se creó para preservar los descubrimientos de la familia ahora se dedica a recopilar un amplio espectro de la historia.
—Justamente la nueva organización yakuza, que ustedes han estado cazando en Italia, robó hace un par de años unas piezas de una de las exhibiciones que estaban fuera del país— explicó Ranko cuando terminó de contarnos porque se pospuso un año la boda de Ryoga y Ukyo —acabamos de confirmarlo gracias a las evidencias que han traído. En ese entonces Ukyo estaba muy triste por lo ocurrido pues aseguraba que entre las piezas había objetos muy personales de su familia.
—Tal vez podamos recuperar algunas— ofrece Ranma y Ranko sonríe.
—Tal vez.
Mientras caminamos hasta la entrada de la fundación me alegro de que sea casi invierno. No soy muy adepta del clima frío pero al menos es más común toparse con días como el de hoy, sin un rayo de sol que pueda dañar mi piel. Y así puedo sentirme más normal si se me antoja pasear por la calle.
Ranma abre para mí la puerta del edificio de concreto. Es curioso como este lugar que alberga la historia de las eras del país tiene un exterior tan nuevo.
—Bienvenidos— nos recibe Ukyo cuando la vemos de pie en la recepción, sujetando una gruesa carpeta de imitación —síganme.
Las dos recepcionistas nos sonríen amables cuando pasamos a su lado, pero siguen ocupadas en lo que hacen.
—Ryoga ha salido a una junta, pero nos alcanzará a la hora de la comida— explica mientras entramos a un elevador.
—¿Puedo preguntarte algo?— le digo a Ukyo mientras el elevador desciende.
—Lo que gustes— se muestra relajada.
—Es posible que tu familiar, la dama Kuonji ¿hubiese tenido la capacidad de detener a nuestra enemiga?
Ukyo niega —no, no, por supuesto que no— su voz es tranquila y no detecto su pulso acelerado así que no miente —mi familia no poseía poderes espirituales propios como para enfrentarse a enemigos así. Usaban herramientas benditas para poder controlarlos, creían que los malos espíritus se podían purgar, como si se tratara de una adicción.
De cualquier modo, pienso, aun si la dama Kuonji hubiese sido capaz de hacer algo contra Shampoo el daño ya estaba hecho.
—Esta mujer… Shampoo— continúa Ukyo cuando salimos del elevador y vamos tras ella por un largo pasillo de concreto y metal —nos dijo Ranko que era extranjera ¿cierto?
—Una amazona— responde Ranma sujetando el brazo de la puerta para abrirla cuando Ukyo teclea un código a mitad de esta.
—Gracias— dice Ukyo y ambas entramos a una especie de bóveda de cristal cuyo contenido se puede observar desde el corredor.
La puerta se cierra por sí sola despacio con la ayuda de unos gatos hidráulicos. Como si se sellara a presión.
—Entonces tal vez la teoría de Ryoga no está tan errada— medita Ukyo dejando sobre una mesa de madera la carpeta que lleva.
—¿Teoría?
—Bueno las amazonas vivieron por mucho tiempo en las profundidades de las montañas y poco se sabía de ellas— dice la mujer mientras se pierde tras unos altos libreros llenos de pergaminos y escritos que deben ser tan o más viejos que nosotros —tendrán que disculpar el clima, pero este sitio debe mantenerse a cierta temperatura para evitar dañar los objetos.
Río quedamente —no te preocupes por eso— en sí es muy difícil que un cambio de temperatura nos afecte.
—Aquí esta— suena orgullosa mientras carga con dificultades una especie de estuche tan largo y ancho como ella misma.
Ranma corre para auxiliarla —¿dónde lo pongo?
—Sobre la mesa esta perfecto— Ukyo toma aire tras su agitado esfuerzo, estirando su falda tipo lápiz para acomodarla, después va hasta donde el estuche y teclea en la orilla de nuevo otro código.
Cuando la tapa se levanta lo veo, tan brillante e imponente como aquel día —es el hacha de la dama Kuonji— hablo bajito, quisiera tocarla pero me imagino que no es posible.
—Había una especie de bóveda secreta en lo que se podría considerar el sótano del terreno donde estaba el palacio de la familia Kuonji— explica Ukyo con un brillo especial en sus ojos —cuando se realizaba una excavación se encontraron varios objetos en perfecto estado y también esto.
Ukyo toma la carpeta y la abre, revelando fotografías de los libros que Ranma y yo habíamos sacado de la tumba de Cologne.
Los dos miramos boquiabiertos las fotografías —la dama Kuonji debió habérselos llevado— comento y Ranma asiente para corroborar mi teoría.
—¿Entonces saben que pertenecen a la tribu amazona?— pregunta asombrada Ukyo.
—Sí— trago saliva.
—Pero en esos libros no hay nada que pueda sernos útil— dice cabizbajo Ranma.
La mujer ladea su cabeza sin comprender —¿cómo lo saben?
Ranma me mira y yo me muerdo el interior de la mejilla, sintiendo un frío recorrer mi espalda al pensar que entonces esa posible resolución no exista en realidad si esta es la pista que creen tener.
—Nosotros sacamos esos libros de la tumba de Cologne, la líder de las amazonas cuando los tiempos de guerra— declara Ranma.
—¿Y los leyeron?
Ambos asentimos en silencio. Devastados.
—¿Y porque piensan que no hay información valiosa aquí?
—No habla sobre la magia que usó Shampoo.
Ukyo se ríe quedo —no, por supuesto que no. Esa clase de información proviene de otras fuentes custodiadas por las propias amazonas. Pero igual esto de aquí es valioso y la complementa porque habla de las costumbres de las amazonas. El ciclo de vida y sus jerarquías familiares.
Ranma se cruza de brazos, piensa que estamos perdiendo el tiempo. Yo veo a la joven mujer esperando que siga diciéndonos la idea que está en su cabeza.
—La magia tiene un ciclo de vida también— suspira y señala el mango del hacha de doble fijo —pero la magia de sangre no empieza con la vida, sino con la muerte. Y uno de estos libros habla sobre la importancia de la sangre.
—Pero por los lazos familiares— debate mi esposo.
—No— Ukyo niega mostrando el diagrama del hacha —estos símbolos son los que hacen referencia al honor, a la familia y a la sangre como un valor de herencia y jerarquía— luego pasa las fotografías, una tras otra de las que están en la carpeta hasta que encuentra una con símbolos casi tan similares a los del hacha —estos símbolos hablan de la importancia de la sangre y el pago por honor, no como un lazo familiar en la vida sino como un tema de venganza.
Ranma se acerca más a leer lo que ella señala. ¿Cómo podríamos entenderlo nosotros en ese momento? Tan jóvenes, tan poco conocedores del mundo. Nuestro mundo, como bien había explicado Ukyo, se regía por el honor.
—Las amazonas tenían varios castigos por la humillación, para ellas el resguardo del honor era su más preciado tesoro. Por supuesto eso no se explica tan detalladamente en estos libros. Pero se han encontrado pinturas y otros escritos.
—¿Dónde?— pregunto casi sin voz.
—La aldea quedó sepultada en su época— habla Ukyo y yo asiento —pero un tiempo después descendientes de la tribu buscaron recuperar el patrimonio de su cultura. En la actualidad hay muy cerca una no tan pequeña población.
Jamás volvimos a buscar la tribu amazona. No le dimos sentido hacerlo porque habíamos visto con nuestros propios ojos la destrucción.
—¿Crees que Mousse haya encontrado a más gente de su tribu?— pregunta Ranma, a mí por supuesto.
Y cuando me mira yo estoy igual de desconcertada que él. Molesta. Triste. Preocupada. Quiero respuestas.
Ukyo se mueve —siento mucho si esto les ha removido algo, no es nuestra intención dañarlos— habla bajo y yo la miro con empatía —admiramos mucho lo que han hecho y queremos hacer algo por ustedes también.
—Gracias— susurro conteniendo las lágrimas.
—Les dejaré solos un momento— habla caminando de vuelta a la puerta principal —si necesitan algo el inter comunicador está en el marco de la entrada.
—Gracias Ukyo— responde Ranma y esperamos a quedarnos solos para hablar o hacer algo.
Me dejo caer lánguida en el suelo y Ranma se pone frente a mí —oye— me llama tomando mi rostro con cuidado y limpiando las lágrimas que sí se han logrado escapar rodando por mis mejillas —de cualquier modo tú has escuchado a Ukyo, Shampoo ya estaba tan corrupta que no había manera de revertir lo sucedido. La misma dama Kuonji te dijo ese día que te alejaras y ahora sabemos el motivo.
—Lo sé, yo…— muevo mis ojos avergonzada —es solo que me siento como una tonta de pensar que teníamos la respuesta y no la vimos.
—No es la respuesta amor, saber que se trata de una venganza y que fue magia de sangre realizada por una inútil inexperta no es la respuesta.
Ranma me rodea con sus brazos y yo hundo mi nariz en su hombro.
—Tal vez ya no estén nuestras familias, pero tenemos la oportunidad de formar una si conseguimos la cura ¿no es lo que siempre hemos querido?
También lo abrazo, sujetando con mis puños la suave tela de su abrigo.
—Sí— respondo con la voz quebrada —tienes razón.
—Te amo Akane, me tienes aquí contigo.
—Yo también te amo.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
En la comida con Ryoga no hablamos del tema, no hablamos de la cura o de las amazonas. Tampoco hablamos de esa historia, ni de sus reliquias.
—Por años nos dedicamos a las recompensas— explica orgulloso Ranma —algunas veces no llegaban enteros a las manos de la justicia pero esos fueron errores en su mayoría de principiantes.
Nuestras manos están sujetas por debajo de la mesa balanceándose, me doy cuenta como Ukyo esta encantada viendo nuestros brazos oscilando a razón de ese movimiento. Pero también esta atenta a las palabras de mi esposo, sus ojos viajan de arriba hacia abajo en algunas ocasiones queriendo absorber todo lo que somos Ranma y yo y se ve graciosa.
—Y como en realidad no necesitábamos mucho, porque la idea era pasar desapercibidos, fuimos capaces de ir ahorrando lo suficiente para viajar.
Ryoga se recarga en el respaldo de su silla —y por que no simplemente tomar lo que necesitaban, son leyendas.
Sonrío —no somos esa clase de personas, a pesar de tener todo nuestras familias nos habían enseñado que un título no era el único valor de un samurái o una dama. No puedes simplemente tomar lo que necesitas porque te crees con el derecho de hacerlo.
—Entonces ¿cuanto tiempo pueden estar sin comer alimentos?— la curiosidad de Ryoga lo delata como un buen historiador.
Ranma y yo meditamos, hacemos un recuento mental del mayor tiempo que hallamos pasado sin probar comida. ¿Fue durante la revolución francesa?
—Creo que podría pasar medio año sin sentir la penuria por la falta de alimento— responde mi esposo y yo afirmo.
Ryoga y Ukyo se miran con las bocas abiertas.
—¿Y sin sangre?— esta vez la duda viene de Ranko.
Yo la miro como disculpándome. Su pregunta tiene otro tono diferente a la curiosidad.
Por lo que nos ha contado sus padres no son muy dedicados a ella, nunca lo fueron. Su madre fue una reconocida modelo de pasarelas en su juventud, ahora tiene su propia agencia y su padre es un hombre de negocios siempre ocupado, siempre de viaje.
Pienso que la soledad fue la que la orilla desesperada a buscarnos. Luego de conocerla hemos mantenido contacto a distancia con ella cuando menos una vez por semana.
—Mucho menos tiempo que eso— contesta serio Ranma.
Esa clase de información no podemos revelarla. Información tan valiosa que pueda poner en riesgo nuestra estabilidad hemos aprendido por malos acontecimientos que no puede dejarse tan a la deriva.
Ryoga comenta algo sobre su intolerancia a los lácteos y sigue cuestionando a Ranma respecto a nuestra dieta y la selección o preferencia de alimentos. Pero Ranko solo me regala una sonrisa tímida cuando me vuelvo para mirarla y luego de unos minutos se disculpa diciendo que debe regresar al trabajo por la investigación en curso.
—Piensan pasear por la ciudad o ¿prefieren volver a la mansión?— nos pregunta cuando Ryoga y Ukyo igual comentan que deben atender unas reuniones programadas y que mañana podrán llevarnos hasta donde están los archivos que complementan la teoría de Ryoga.
—Creo que volveremos a casa— dice Ranma con una expresión relajada.
—Tengan— nos ofrece Ranko las llaves de su auto —la comisaría no está lejos de aquí y por la noche un compañero puede llevarme a casa.
—Está bien— las recibe Ranma y luego jala de la mano a la chica para abrazarla —sabes que aquí nos tienes para cuando lo necesites ¿verdad?
Entonces no fui la única que se dio cuenta.
Ranko cierra sus ojos y se deja caer entre los brazos de mi Samurái —lo sé— habla bajo —pero también quiero que sean felices.
—Oye lo somos, de un modo u otro encontramos muchos ratos de felicidad además— Ranma se separa de ella para verme —no estamos solos, tengo al amor de mi vida junto a mí y yo me esmero mucho por hacerla reír y complacerla en la cama para que no me deje nunca.
—¡Ranma!— le gritó y Ranko se ríe ahora también.
—Aún si no encontráramos la cura te tenemos a ti— habla amable Ranma mirando a los ojos a la chica —y siempre te vamos a cuidar y a querer.
Ranko es ahora quien abraza con fuerza a Ranma —y yo a ustedes.
Cuando ya estamos en el auto Ranma revisa por quinta vez los espejos. En Roma no lo necesitábamos mucho así que entiendo porque mi esposo está nervioso. La falta de práctica.
—¿Quieres que conduzca yo?— me burlo de su nerviosismo, pero solo me muestra la lengua y su ceño fruncido como respuesta.
—No, porque no sabes a donde te voy a llevar para hacerte el amor.
Alzó las palmas de mi mano hacia el techo del auto —¡por fin!— acto que hace que Ranma se relaje.
Mi esposo enciende la marcha y salimos con dirección al tráfico de la ciudad.
—¿Crees que la teoría de Ryoga realmente nos lleve a algún descubrimiento nuevo?
Ranma toma aire —por lo que veo es muy posible, aunque tendremos que contarles lo sucedido ese día en la playa. Y nuestro encuentro con Mousse.
Asiento —tal vez al ser Shampoo una inexperta en el tema su cuerpo no resistió ese tipo de magia.
—Mmm... no lo dudaría. Aunque a veces siento que es mi culpa el que haya terminado tan desesperada como para hacer algo así.
Lo miro atenta. No sé si lo dice por vanidad o por otra razón.
—Ya sé que te especifiqué que nunca le hablé de amor o mostré algún interés en ella. Pero tampoco hablaba abiertamente de mi devoción por ti.
Ranma estira su mano izquierda, buscando que le entregue la mía y cuando lo hago besa el dorso de esta.
—Debí haber sido franco con nosotros cuando aún latían nuestros corazones— me mira por debajo de sus largas pestañas negras, con esos ojos azules que hacen que me tiemblen las piernas.
—Tampoco yo dije algo en su momento— tuerzo la boca.
—Dime— comenta animado —cuéntame ese secreto que te estas guardando tras los labios.
—¿Alguna vez te dije que me parecías el samurái más guapo que había visto?
Ranma niega, le estoy inflando el ego pero se ha portado como un caballero desde que llegamos al país.
—¿Sí?— un agudo se escapa en el tono de su pregunta.
Muevo mi cabeza de arriba abajo —pensé que seguro el verdadero Ranma Saotome abría enviado a un impostor para medir mi frivolidad.
Una risa que nace en su pecho —en serio ¿quién haría eso?
—El pretendiente de Nabiki lo hizo— le recuerdo y él se suelta en una carcajada.
—Pero es que tu hermana Nabiki era un caso especial.
—Claro que a papá no le hizo mucho gracia el suceso y prohibió el compromiso con el noble duque.
—Yo también lo hubiera prohibido— sigue atento al camino pero igual hace uso del aparato que marca la ruta —entonces si yo hubiese tenido la cobardía de probar tu frivolidad ¿tu padre habría negado el permiso para casarnos?
Asiento —pero daría igual, probablemente me habría escapado con el impostor.
Ranma abre mucho sus ojos —es decir yo, yo soy el impostor en esta versión ¿cierto?
—Sí— me muerdo los labios.
Ranma se acomoda mejor en el asiento —esto me gusta, cuéntame más. ¿Habría sido un escándalo?
—Uno descomunal, la pequeña hija del general del daimyo Saotome huyendo con el guapo impostor que el propio noble envió para medir la valía y la moral de la joven.
—¡Uy! Ya me imagino el drama que habría hecho mi madre si me hubiese atrevido, mínimo me habría enviado a azotar y padre probablemente no se habría negado o… — me mira de reojo atenta a lo que hubiese sucedido —me habría ocultado para protegerme, como su primogénito...
—Cierto— concedo reconociendo que el daimyo Saotome a veces podía ser muy suave con su propio hijo —pero es que en ese entonces no sabían si tendrían más descendientes.
—Cierto— respira hondo Ranma.
Otro historiador nos confirmó las sospechas que teníamos sobre la estirpe Saotome. Luego de que Ranma fuera dado por muerto oficialmente su padre se dedicó a tener hijos bastardos con algunas doncellas del territorio. Pero no es muy clara la historia pues hay posibilidades de que al menos uno de esos hijos con el apellido del daimyo fuera realmente legítimo y progenie de la dama Saotome, la madre de Ranma.
—Tal vez Ryoga pueda ayudarnos a esclarecer si tuviste hermanos y no solo medios hermanos.
Ranma mueve su cabeza —estaría bien intentarlo aunque confío más en Ukyo, no te parece que Ryoga a veces es un tanto ¿despistado?
Los dos reímos.
—Y luego del escándalo ¿qué sería de nosotros?— me regresa a la historia que estoy tejiendo en un mundo paralelo donde él no habría tenido su rango militar o su nombre.
—No lo sé, cuéntamelo tú.
Ranma gira por otra calle y toma la carretera —probablemente te habría llevado lejos, te habría desposado y habría buscado como mantenerte lo más cómoda posible. Te habría llenado de hijos porque no podría parar de hacerte el amor y los habríamos criado con interés para convertirlos en hombres y mujeres de bien.
—Y estarías básicamente conmigo, como ahora.
—Tu compañero siempre que me quisieras a tu lado— me recuerda nuestros votos matrimoniales.
Suspiro —he sido muy feliz a tu lado Ranma, cada día ha sido una aventura extraordinaria.
—Lo ha sido— confirma —pero si encontramos la cura esa será una aventura aún más linda que esta vida eterna que hemos llevado. ¿Sabes que es lo primero que haré?
—No, dime.
—La playa.
—¿De verdad?
—Como añoro sentir el calor en la piel sin preocuparme de verme asqueroso o de que me duela.
Me río de nuevo —eres un tonto.
—Admite que también harás lo mismo, ponerte un bikini diminuto solo para mí y tenderte en la arena a tomar el sol.
—Suena como todo un plan para mí.
Al final de un poco más de dos horas manejando en la carretera, mientras escuchamos música y evaluamos que tan alejadas están las nuevas tendencias al respecto de otras épocas o que tan repetitivas pueden llegar a ser las modas, arribamos a Yamanashi.
Ranma abre la puerta del auto para mí cuando se estaciona frente a una posada que probablemente cuenta con vista al lago y al monte Fuji.
—Dudo mucho que a esto se refiriera Ranko cuando preguntó si iríamos a pasear antes de volver a la mansión.
—Le avisé antes de entrar al coche, ella sabe que pasaremos aquí la noche.
—¿Planeaste esto?— lo miro asombrada, mi hombre a veces puede tener buenas ideas.
—Ranko me lo sugirió, entre otras muchas actividades.
Tomo aire con fuerza. Huele al frío de la temporada y a té verde, seguramente proveniente del interior de la posada.
—No sé en que momento te volviste el esposo ideal Ranma Saotome pero me gusta— comento cuando escucho que saca algo de la cajuela.
—Siempre lo he sido— pasa a mi lado y me besa en la coronilla de la cabeza por que lleva las dos manos ocupadas —vamos— señala la puerta del lugar.
Le abro esta vez la entrada para que pueda pasar con las maletas que trae.
—Buenas tardes tengo reservación a nombre de Saotome— habla Ranma con la recepcionista y luego de firmar y pagar la mujer le entrega una llave electrónica.
Yo lo voy siguiendo leyendo el panfleto que tomo de la recepción —¡ah! Hay aguas termales con vista al monte— anuncio exaltada.
Ranma me ignora y luego de subir los dos pisos encontramos nuestra habitación. Igual soy yo quien abre la puerta y Ranma entra primero dejando las maletas sobre la cama para regresar en un parpadeo por mí y cargarme de forma nupcial.
—Te encanta hacer esto siempre ¿no?
—Es nuestra tradición— se encoge de hombros.
Cada vez que Ranma y yo nos hospedamos en un lugar donde solo pasaremos una noche mi esposo suele cargarme como si estuviéramos recién casados. Como si fuera la parada previa a nuestro viaje de bodas.
Creo que es en compensación al verdadero.
El sitio es amplio para tratarse de una pequeña posada. La habitación tiene un balcón que evidentemente cuenta con vista al monte y al lago pero lo que me sorprende es ver que cuenta con una especie de piscina privada.
—Son aguas termales— explica Ranma cuando abro la puerta de cristal que da al balcón.
Cuando me giro lo veo sacando de una de las maletas algunas armas, un par de dagas que seguramente son para mí, un sable y un tanto para él.
—¿Cómo las conseguiste?— pregunto señalándolas con la quijada.
—Ranko me las mostró mientras te bañabas esta mañana. Son de la familia.
Dejo atrás el paisaje y voy hasta donde él. Tomo con cautela una de las dagas, reconozco el emblema de los Saotome en la hoja.
—Son preciosas.
—Ahora son tuyas— me dice —son casi idénticas a las que usábamos para entrenar, un poco más nuevas pero siguen siendo de buena calidad— chasquea con la lengua —es una lástima que casi todas las armas las hayamos dejado atrás en el campamento.
—No creíamos que tardaríamos tanto en volver.
Ranma asiente —sí, supongo que tienes razón. De haber sabido que este viaje sería tan largo creo que habría cargado con todas mis cosas— pone mala cara.
Yo creo que para este tiempo no extraño nada material de lo que poseía. Lo único, en ese caso, que es valioso para mí lo llevo en el dedo anular.
—¿Te apetece que descansemos o quieres salir a conocer el lago? — pregunta Ranma cuando deja la maleta vacía en el armario.
Siempre que estamos en un lugar nuevo debemos tener las armas a la mano. Igual una precaución que hemos aprendido de mal modo.
No respondo, dejo las dagas sobre la mesa de noche. Me quito el suéter cerrado pasándolo por mi cabeza y cuando lo dejo en el suelo giro levemente mi rostro para contemplar la reacción de Ranma al verme ya solo con el sostén puesto —creí que me habías prometido hacerme el amor por fin.
Mi esposo inspira sin apartar su vista de mí. Sus ojos me observan sin pestañear, asimilando y yo siento un hormigueo ante tal intensidad.
—Y soy un hombre de palabra— su voz es suave, traga saliva cuando me doy la vuelta y desabrocho los botones de mis jeans bajándolos lentamente por mis piernas —¿nada de conjuntos coquetos de la tienda de Via Condotti esta vez?
Niego —lo siento, hace más frío aquí. Pero sigue siendo un conjunto coqueto.
—Ciertamente lo es— sus ojos me desnudan oscilando entre la piel expuesta y la que se promete a desvelar bajo los trozos de algodón azul marino decorados que forman mi ropa íntima.
Ranma camina hasta donde estoy e introduce sus dedos a través de mi cabello suelto, sujetándome para obligarme a alzar la cara y así besarme. Nuestros labios se entre abren, nuestras lenguas se acarician. Mi piel casi se entibia un poquito pero estoy segura de que si no fuera una vampiresa mi piel estaría hirviendo bajo su tacto.
—Le quiero dama Tendo, es demasiado bonita y coqueta como para ignorar lo que siento por usted.
—¿Solo bonita y coqueta?
Besa mi nariz y deja que sus labios paseen por mis pómulos y mis mejillas, sus manos siguen manteniéndome quieta acariciando con sus pulgares la piel bajo mis orejas a lo largo de mi cuello.
—Y además es un peligro con las dagas ¿le habían hecho un cumplido tan galante antes, dama Tendo?
Me río de sus ocurrencias —es la primera vez que alguien se toma la molestia de notarlo capitán Saotome.
Chasquea la lengua y me mira a los ojos —tonterías— habla bajo —seguro tiene a sus pies centenares de pretendientes.
—Sí, los tengo. Pero estoy comprometida ya.
—Ah ¿De verdad? ¿Él la merece?
Me veo a mi misma en sus pupilas, cautivada nadando en el eterno azul de sus ojos. Las mariposas en mi interior revolotean de nuevo —me merece y yo le quiero.
Acto seguido Ranma me besa de nuevo y yo me dedico a desabotonar la camisa que lleva, su abrigo y la prenda caen tras de él cuando los empujo para liberar su piel aún ligeramente bronceada. Es un poco más pálida que cuando vivíamos, pero sigue viéndose increíble desnudo.
Descanso mis manos encima de sus pectorales, sintiendo como sube y baja su pecho por los besos que seguimos obsequiándonos.
Escucho que se deshace de sus pantalones y cuando abro los ojos veo que los bóxers igual se han ido.
—Extrañe tanto la suavidad de tu piel— me dice con un gruñido posesivo cuando sus labios se pegan a mi oído como melaza.
Sus manos me liberan del sostén y cuando paso mis brazos para dejarlo salir Ranma toma con sus labios uno de mis senos.
Yo gimo arqueando mi cuerpo involuntariamente, es una reacción simple. Los brazos de mi esposo me sujetan por la cintura y la cadera para evitar que me caiga.
—¿Dónde quieres que te haga el amor esta vez princesa? ¿En la cama? ¿Dentro del agua tibia de la piscina? ¿Sobre el suelo de madera mientras la alfombra acaricia tus nalgas desnudas?
Alzo una de mis piernas para rodear su cuerpo, sintiendo como su miembro firme se pega a mi vientre.
En automático sus labios se vuelven a sobre poner encima de los míos —donde creas que voy a perder la razón— respondo.
Sus manos me cargan por las nalgas al levantarme de un movimiento preciso. Tanto mis brazos como mis piernas le rodean mejor para sujetarme. El sonido de sus pies desnudos delatan que vamos hasta donde la piscina en el balcón. No puedo evitar sonreír.
—¡Jaja! Eso pensé que te gustaría más— habla separándose un poco de mí.
Con cuidado va entrando y yo siento como mis piernas son acariciadas por la tibies del agua y después mi cintura y al final quedo cubierta hasta debajo de los senos.
—¿Se siente bien?— pregunta Ranma.
Afirmo moviendo la cabeza, me maravillo de ver por encima de la silueta de Ranma el paisaje del Monte Fuji —es precioso— comento.
—Sí.
Siento sus ojos delineando mi rostro, así que cuando vuelvo a mirarlo directamente él me sonríe contento y seductor. Aunque está verdaderamente contento.
—Estoy feliz de estar aquí contigo Akane— esta entusiasmado.
Paso una de mis manos, ya mojadas por el agua, por su cabello alzando el fleco hacia atrás para ver mejor sus rasgos definidos.
—Yo también estoy feliz.
—Creo que por algo estamos aquí— veo la esperanza en el fondo del azul de su mirada —en serio que presiento que esta vez si conseguiremos la cura.
—Después de 500 años es una justa recompensa ¿verdad?
Las hábiles manos de Ranma me quitan las bragas y con besos diminutos sobre mi cuello comienza a introducir su miembro en mí.
—Es tan justa como escucharte ronronear para mi.
Precisó y sin duda en sus movimientos su erección me llena por completo, incluso sigue siendo doloroso a veces. Y yo cierro con fuerza los ojos gimiendo cuando mis labios se entre abren saboreando la invasión.
Me abrazo a su cuerpo, mis pies se tensan, mi espalda se arquea cuando mi cadera baja un poco más y él se queda quieto a la expectativa de lo que haré ahora. Pocas veces tenemos oportunidad de hacerlo dentro de aguas termales y es que...
—¿Puedes sentirlo?— pregunto lamiendo el cartílago de su oreja, disfrutando cada vibración de calor en nuestro contacto.
Ranma y yo necesitamos de sangre para subsistir como vampiros y aunque el efecto de calor dura días, según qué tan activos seamos, después de cada toma nuestros cuerpos jamás están del todo cálidos como cuando nuestros corazones latían. Y lo más importante... no podemos producir nuestro propio calor, así que estar en aguas termales mantiene circulando una falsa tibieza interna.
Los brazos de Ranma se cierran aún más, su pecho esta prácticamente aplastando mis senos en busca de esa ola de calor que pareciese yo estarle transmitiendo.
Pero con lo que hace también aplasta contra el muro de la piscina mi cuerpo. Y los dos gemimos fuerte cuando se introduce todavía más entre mis muslos.
Dejo mi cabeza recargada en el hueco de su cuello.
—¿Estas bien? ¿Te he lastimado?— pregunta con el aliento entre cortado y la voz grave.
—Si, solo...— me lamo los labios —solo dame un segundo.
Trato de tranquilizarme, mis colmillos se asoman y si no tengo cuidado podría terminar siendo yo quien lastime a Ranma, ya lo he hecho alguna que otra vez y las marcas tardan años en desaparecer.
—Estas demasiado excitada— comenta y yo no puedo evitar que mi interior le aprisione. Y él jadee —Akane necesito moverme o te juro que voy a terminar mordiéndote.
Parpadeo igual de agitada que mi interior —no te atrevas, recién se me está quitando la cicatriz en la cadera— mi voz también suena grave.
Tomó aire conforme él besa mi mejilla. Pidiéndome. Insistiendo por esa fricción.
—Hazlo, cógeme con fuerza esta vez. Quiero sentir. Quiero gritar.
No responde, pero soy consciente de su sonrisa lasciva, oscura y prometedora y después de sentir su lengua resbalando por el contorno de mi cuello hasta mi mentón.
Se pone de nuevo con la espalda recta y me mira a los ojos mientras toma mis muñecas de alrededor de sus hombros para colocarlas bajo el agua en paralelo a mi propio cuerpo.
—¿Quieres gritar?— también veo los colmillos bajo su labio superior. Entrecierra los ojos como una fiera que ha arrinconado a su presa —yo te haré gritar.
Su miembro sale casi por completo de mí y yo exhalo, conteniendo ahora el aliento a la tortuosa espera de que vuelva a invadirme. Pero no lo hace, solo se queda en mi entrada. Y entonces comienza el delicioso tormento.
Ignora adrede la tensión en mi cuerpo. Besa en medio de mis clavículas y luego por encima de mis senos. Y como me tiene sujeta de los brazos no tengo nada de movilidad propia. Si desciendo mi cadera pierdo el único soporte que tengo con mis piernas rodeándolo. Me tiene a su merced.
Me quejo —Ranma— le llamo y él se introduce en la boca uno de mis pezones como respuesta. Y yo tiemblo —Ranma por favor— mi voz es una súplica latente.
Intento desesperada darme un poco de alivio respirando de nuevo para empujar mi vientre una mínima distancia adelante o atrás. Algo que produzca un poco de fricción en el grupo de nervios con un invasor presionando sin moverse.
—Créeme amor que sentirás mucho más placer cuando por fin te penetre de nuevo, quédate quieta.
Dejo salir aire por nariz. Y los jadeos de necesidad por él empiezan a acelerarse conforme mordisquea mi piel.
Mis piernas se abren un poco más, no ha sido adrede pero él me toca y me besa de tal modo que me hace perder no solo la compostura sino también el equilibrio y entonces Ranma me libera de las manos y me sujeta de la cintura y las nalgas —¡a la mierda! Tampoco voy a aguantar más— suelta una larga exhalación— ¿esto es lo que quieres amor?
Su erección entra precisa de un solo golpe, yo grito, y vuelve a salir, pero ahora solo medio camino y antes de que pueda asimilarlo entra de nuevo. Otro grito. Y vuelve a salir y esta vez ambos nos quejamos al unísono.
Un proceso que se repite cada vez más aprisa, con más fuerza, pero a ratos lento y duro.
—Así— murmuró disfrutando cada golpe y cada abandono —así— cada sensación que me provoca y cada una de sus respiraciones agitadas por el esfuerzo y por el gozo.
De un momento a otro los dos ya estamos gimiendo y jadeando rítmicamente y siento como el vapor produce una especie de sudor sobre mi piel a causa del agua tibia bajando por mi columna y las curvas de mis pechos.
Y me estremezco más y grito su nombre y le digo que quiero más y que lo amo y que... y...
Más, más, más.
Mi cuerpo se pega al suyo, mis labios se adhieren a la piel de su cuello en una serie de pequeños y necesitados besos, mi lengua juega con el contorno de su oreja. Ranma tiembla igual que yo pero contrario a acelerar para obtener el alivio que podría estar próxima a experimentar sus movimientos se vuelven perezosos justo cuando estoy a nada de estallar.
Se libera del tacto de mi boca y baja su cabeza para disfrutar de mis pezones erectos y eso me deja molesta y Ranma se ríe besando mi piel sensible porque sabe, ha sentido como empezaba a vibrar mi interior.
—No, aún no— habla con dificultad pero sin dejar de invadirme. Lento. No tan profundo. Más lento.
Mis dedos buscan el trocito de lazo que sostiene el final de su trenza y dejo su cabello suelto, colgando en la orilla de sus hombros e introduzco mis dedos.
—Eres malo— tiro hacia abajo para que su cabeza se alce de mis pechos y pueda besarlo en los labios.
—Te quiero toda para mi y quiero darte más.
Lo atraigo para besarlo, me bebo sus gemidos y él contiene mis grititos. Mis piernas vuelven a tensarse y estoy segura que me acerco de nuevo a la explosión inminente. Bajo el agua lo nuestro se siente normal, caliente y duro. Una colisión que amenaza con explotar.
Sé que Ranma igual no tardará en llegar al clímax, sus brazos se cierran alrededor de mi cintura con sus dedos masajeando mi espalda.
Entra. Sale. Entra.
Sus dedos se tensan presionando con más fuerza mi piel. Su cadera se mueve más aprisa y yo hago lo propio balanceando mi cuerpo con mi interior frotándose en su erección. Y el mundo estalla y yo soy nervios y calor agradable. Puedo incluso concentrarme y sentir como vibra mi pecho y por esa fracción de tiempo contenido en placer y seducción sé que los dos nos creemos una mentira. Que estamos vivos y que somos solo una pareja más compartiendo un orgasmo.
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Cuando el sol ya se ha puesto por completo, envueltos en las yukatas de la posada, Ranma pide servicio a la habitación.
Nos bebemos una botella de sake tibio comiendo bocadillos de arroz y pescado, mientras vemos una película de comedia romántica en la televisión o eso aparentamos porque no podemos parar de besarnos.
—Espero las habitaciones contiguas estén vacías— me rio de nuestra aventura en la piscina cuando vuelvo a besarlo.
—Creo que la de la izquierda si está ocupada, escuche ruidos cuando trajeron la comida.
Si aún pudiera ruborizarme...
Ranma pasa mechones de cabello tras mi oreja —es una posada Akane, no te angusties.
—Tu carencia de decencia a veces me impresiona.
Empuja sus dedos con lentitud por la abertura de mi yukata y luego sujeta uno de mis senos frotando el pezón con el pulgar. Yo jadeo sin dejar de mirarlo a los ojos, excitándolo también al demostrarle lo que me causa.
—Mi pequeña princesa— murmura con voz gutural —si es para darte placer no me importa lo que piense el mundo entero.
Lo tomó de la nuca y lo besó, lo besó con fuerza y con pasión, con mi lengua empujando la suya, acariciando su paladar, robándome todo su aire.
Volvemos a hacer el amor entre las sabanas de algodón cuando me subo en su cadera para cabalgarlo a mi antojo y después nos dormimos abrazados. Desnudos y gloriosos a la luz de la luna, cobijados por un paisaje de estrellas y un lago y el Monte Fuji.
Esta noche no sueño con nada. Pero no me hace falta, estoy concentrada en las manos callosas de mi Samurái susurrando caricias perezosas en mi vientre.
Sé que para Ranma el tener descendencia era uno de sus deberes. Además de ser el capitán del ejército de su padre era un noble, hijo de un daimyo. Esa clase de cosas se esperaban de él. Pero con los años he descubierto que no solo era un deber, él en verdad deseaba ser padre.
A veces lo sorprendo mirando con encanto a los niños pequeños cuando están aprendiendo a caminar en el parque. O maravillado con los juguetes didácticos que se anuncian en los comerciales.
A veces dice cosas como nuestros hijos serían más hábiles que... o nuestros hijos serían más hermosos que...
Yo por otro lado no me había planteado el ser madre. Creo que no lo había pensado más allá de que fuera algo lógico en mi naturaleza como mujer. En mi época no había muchas opciones, por más que entrenara y que pudiera pelear en alguna batalla mi rol principal sería el ser esposa y madre. Una dama.
Tal vez por eso tenía la idea de odiar el compromiso pactado con Ranma aun sin conocerlo. Creí que un capitán me limitaría. Pero cuando me retó a la pelea con los sables el día que llegó para conocerme algo en mi pecho se agitó de emoción.
Luego de eso temía permitirme amarlo. Sentía que me traicionaría a mi misma.
Y ahora temo anhelar la posibilidad de amar la idea de ser madre, porque a diferencia de la seguridad que implicaba el compromiso inminente con Ranma el poder darle ese hijo que tanto desea no depende de mí o de él, sino de una maldición.
Me aferro más a los brazos de mi esposo para apaciguar el rumbo que ha tomado mi línea de pensamientos. Si por fin existe la cura no habrá mujer más feliz que yo.
De pronto el teléfono que nos dio Ranko suena. Ranma se levanta de inmediato y responde.
—¿Qué sucede Ranko?— pregunta como si estuviera esperando la llamada.
Miro la hora en el reloj que está en la mesa de noche junto a mis dagas y son casi las cuatro de la mañana.
—Eso no importa— mueve la cabeza de arriba abajo —¿pero tú estás bien?
Me levanto y voy al baño, necesito lavarme los dientes antes de irnos. Porque estoy segura que por eso ha llamado Ranko. Me paseo desnuda por la habitación buscando ropa limpia en la maleta.
Ranma está sentado ya a la orilla del colchón anotando algo, me mira de reojo conforme me visto.
—No, no, iremos a investigar y nos pondremos en contacto contigo.
Saco una muda limpia para él y la coloco a un lado.
—Quédate ahí por favor, ya te avisaremos cualquier cosa. Te quiero— dice antes de colgar y cuando se quita el teléfono del oído me mira con preocupación.
Me acero hasta donde está y tomó la nota, es una dirección —¿qué ha pasado? ¿Ranko está bien?
Ranma niega y me abraza por la cintura recargando su mentón en mi abdomen para mirarme desde abajo —esta en el hospital tal parece que el grupo yakuza colocó explosivos en la comisaría como una advertencia.
Abro los ojos agitada —¿como saben que fueron ellos?
Mi Samurái baja el rostro hasta pegarlo por completo contra mi cuerpo, inspirando —tuvieron la amabilidad de avisar unos segundos antes de la explosión.
—Carajo— murmuró entre dientes furiosa —¿y esa dirección?
—La dejaron junto a Ranko en su cama del hospital cuando aún estaba bajo el efecto de los sedantes.
Ranma está temblando, está muy preocupado ahora y yo lo abrazo para transmitirle confianza —vístete, cazaremos a esos infelices. Ranko está viva y tenemos que protegerla.
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Hello mis guapos y sexys lectores! Espero que esta horrible falla que sufrimos en la plataforma ya no nos vuelva a causar problemas.
Les agradezco sus comentarios de verdad y espero se encuentren toooodos con mucho bien.
Abrazos gorditos!
Benani0125: Sí, definitivo la inmortalidad suena muy solitaria. Pero concuerdo, al menos aquí se tienen el uno al otro, pero igual solo son ellos. Saludos gorditos!
Maryconchita: Hermosa te mando abrazos enormes, al menos ha servido un poco de distracción. Ah! Esa película que mencionas es muy buena, de mis favoritas también. Espero ya te encuentres un poco más tranquila, esta clase de dolores es un proceso. Abrazos enormes, enormes a ti y a toda tu familia.
EsmeraldaYasmin: Me da mucho gusto que esté siendo de tu agrado, la verdad es que le quería poner un poco más de historia jaja espero quede bien. Abrazos gorditos!
Saritanimelove: Que bueno que esté siendo de tu agrado!
Ranma84: Oh si! Ya explicaré también porque los Saotome siguieron existiendo a diferencia de los Tendo. Y pues también hay algo de lo que comentas jeje Gracias por leer!
Niomei: Verdad que si! Me imaginé que no se quedarían de brazos cruzados teniendo las habilidades que poseen. Gracias por leer!
AkaneKagome: Hermosa mujer! Ya vi también tus comentarios en Demonio jeje que cosas se le ocurre a mi imaginación ¿no? Espero te encuentres super bien, prometo mandarte mensajito pero es que luego se me pasa y cuando me acuerdo ya es muy tarde y me da pena. Como sea muuuuuchas gracias por leer lo que estoy subiendo a la plataforma y pues respecto al capítulo 2 sí, fue un salto muuuuuy largo en el tiempo. Espero que te haya gustado este capítulo y solo te comento que se viene la sorpresa villana! Mua ja ja!
Abrazos ultra gorditos! Y muchos besos pequeñitos a la preciosa Maya.
