El resto ya se lo saben…
Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi
Música de fondo:
"Last Train Home" de Raffertie
"Like that" de Black Eyed Peas (música de fondo en casa de té)
—Invitados—
Hace unos pocos años encontramos en una convención en San Diego a un chico que se especializaba en la creación de vestuarios para películas. Eso no es lo importante, sino que sus trajes no estaban simplemente creados con fines estéticos.
El sujeto tenía un intelecto muy alto y había cursado tres carreras distintas casi al mismo tiempo. En sus tardes libres le gustaba inventar materiales nuevos, resistentes. Habíamos pagado una muy buena suma de dinero para que continuara con su investigación y le habíamos pedido que confeccionara exclusivamente para nosotros un par de armaduras inspiradas en las que solíamos emplear durante nuestra Era pero que fueran ligeras, flexibles y resistentes, menos aparatosas.
¿Qué puedo decir? Adoro como se ve mi hombre en ese traje negro ajustado en algunas partes de su anatomía lleno de escamas rojizas regadas por su pecho que además le protegerán de cualquier arma blanca. Una daga en el corazón sigue siendo igual de peligroso para nosotros como para cualquiera.
Decidimos dejar el auto de Ranko en la posada. Yo preparo nuestras armas y termino de amarrar mi cabello mientras Ranma baja a la recepción, envuelto en una de las yukatas del hotel, a pagar por dos noches más y pedir explícitamente que no seamos molestados. No tenemos tiempo para esconder el auto de nuestra pelirroja y tampoco nuestras maletas. Es mejor que se quede todo aquí para después volver.
—Descubriremos que traman esos infelices— me dice Ranma cuando vuelve y yo le beso rápido luego de que se coloca en la espalda el sable.
Sale entonces al balcón, sube a la barandilla y empujando con sus brazos su cuerpo por la cornisa queda encima del techo. Un segundo después veo uno de sus brazos estirado hacia abajo y yo tomó suavemente su mano para que pueda subirme con un movimiento firme al techo también.
Nos desvanecemos entre las sombras del alba por los tejados, veloces hasta la carretera. Tenemos que volver a la ciudad, pero ir a pie será mucho más rápido para nosotros que viajar por cualquier otro medio.
Según los pocos detalles que tenía Ranko el ataque había sido una manera de frenar a fondo las investigaciones de la policía.
Esta nueva organización tiene escasos diez años de haber aparecido en la escena criminal, sin saberlo hasta ahora tratábamos con los Sabishii Bird. Por fin teníamos un nombre, decodificado entre toda la evidencia que habíamos conseguido.
Resultó que se habían hecho ya de una reputación silenciosa entre el resto de grupos criminales de alto rango. Desde las mafias europeas hasta algunos de los carteles latinos reconocían o habían escuchado por terceros hablar de estos yakuza.
O al menos eso creía el departamento de policía del país. Daba la impresión que mencionarlos podía costarte la vida.
Además estaba el hecho de que muchos hombres de diferentes complexiones, diferentes edades y todos con posibilidades creíbles habían surgido como los supuestos jefes del grupo. Detenidos en distintas partes del mundo.
Pero todos eran solo peones comandados por un solo rey yakuza de los Sabishii Birds y él había amenazado la seguridad de nuestra familia. Él había enviado el mensaje. Porque ¿para que más dejarle la dirección a Ranko en específico? Tan solo es una de los investigadores en materia de este caso.
No tengo dudas, nos estaba buscando. Sabe que hemos sido nosotros, la pareja de una leyenda que acaba con demonios humanos los que están fastidiando su fiesta. Una bestia y su títere danzante o la bruja y su Samurái, según quien la contara. Pero ¿qué tanto sabe o cree saber?
—Entonces...— digo respirando con fuerza mientras corremos al subir otra pendiente —llamaron a Ranko y le dijo que detuviera a sus informantes.
—Y luego se escucharon dos explosiones en el estacionamiento subterráneo— completa Ranma, seguimos repasando lo ocurrido.
—Lo que fue la causa del derrumbe.
Veo que mueve la cabeza para afirmar —Ranko estaba en el último piso con sus superiores. Les avisaron sobre un robo en una pequeña galería al sur del país y en eso trabajaban cuando sucedió todo.
—¿Una galería?— alzo una ceja incrédula.
—Seguramente están vendiendo arte a coleccionistas privados.
—El último sujeto en Roma tenía fotos de cuadros en la memoria del teléfono que nos entregó.
Ranma medita la observación que le hago. Los dos sabemos que no fue el único al que atrapamos con fotos de pinturas o esculturas.
—Tal vez el propio jefe de la organización sea el coleccionista— señala el hecho de que nunca encontramos información, al menos en Europa, sobre la venta ilegal de arte. Pero igual sabemos que Medio Oriente es otra posibilidad que no hemos explorado o incluso Asia.
Tras unos cuantos metros más veo las luces de la ciudad, débiles por la proximidad del amanecer.
Antes de salir de la posada memoricé el mapa y mientras avanzamos por los tejados ya de los barrios que rodean el distrito de Shinjuku pienso que es demasiado fácil y demasiado obvio. Algo no me gusta de todo esto.
Mi esposo baja primero por un callejón y yo me arrojo para caer suave entre sus brazos.
—Estas muy fría— señala cuando besa la punta de mi nariz —¿necesitas que vayamos por suministros?
Por supuesto estoy helada, hemos quemado demasiada energía en poco tiempo y hemos bebido alcohol.
Niego con la cabeza —estoy bien.
El cielo sigue pintado de un azul velado y el frío se empuja por mi cuerpo, invadiendo con fuerza cada rincón.
Nos guió entre los callejones, por la hora, casi vacíos del barrio pues en su mayoría algunos establecimientos siguen cerrados. Pero hay uno que otro rezagado de la noche anterior y del cual todavía se puede escuchar música.
Y entre dos de estos sitios abiertos vemos una sencilla casa de té con adornos chinos en la fachada a modo de decoración. Es un pequeño sitio de dos pisos.
Ambos nos detenemos en la esquina y decidimos avanzar de nuevo por el tejado para analizar mejor el establecimiento, mismo que da la impresión de servir igual como una cafetería cualquiera.
Parece que recién acaba de iniciar actividades, un señor de edad media esta barriendo despreocupadamente el interior y escucho ruidos de platos y agua hirviendo más al fondo.
—Tendremos que entrar por arriba— sugiere Ranma y yo afirmo.
Caminamos agachados, aún encima del techo de un edificio de tres pisos procurando no solo no ser vistos sino tampoco escuchados.
Decidimos ir unos cuantos techos más lejos para brincar la calle y cruzar al lado opuesto, justo donde está la casa de té, pero mientras avanzamos vemos a tres jóvenes ruidosos cantando a todo pulmón rumbo a la entrada del mismo sitio al que nos dirigimos.
Ranma se queda quieto mirándoles.
Los tres parecen extranjeros y llevan trajes que debe ser muy caros, también escucho el tintineo de joyería en sus cuellos y brazos.
—Deben ser miembros de la organización— susurró y mi esposo asiente.
Del sitio sale otro hombre igual de bien vestido que ellos y los saluda con complicidad y camaradería. Tanto Ranma como yo buscamos escucharles, así que dejamos de respirar.
—El jefe quiere verles, parece que todo ha salido según sus instrucciones.
Uno de los tres hombres se acerca más y sujeta su mano a modo de saludo para luego darle unas palmadas en el hombro —sabes que Lime y Mint se las arreglan bien para causar problemas.
—Y tú Herb— lo mira sin pestañear —¿te las arreglas para causar problemas?— pregunta el hombre que ha salido a recibirles, su voz suena como un reproche antes de que lo aferre de la nuca para someterlo y abstraer algo de dentro del saco del tal Herb.
No alcanzo a ver que es porque lo guarda con agilidad en el bolsillo de su pantalón y luego sonríe de lado, escalofriante y sin dejar de mirar a los ojos a Herb.
—Eso pensé— su semblante muestra desdén.
Herb gruñe cuando se suelta del agarre del hombre —solo era un recuerdo Taro y de cualquier modo al jefe no le importaría si después igual podremos tomar lo que queramos. Además creo que me he ganado ciertos privilegios.
El sujeto, quien sabemos ahora se llama Taro ríe molesto —tú ambición y tu estupidez no conocen límite. Espero puedas explicarle lo mismo al jefe, sin tu lengua.
No dice más y se gira, entrando de nuevo en la casa.
Herb, Lime y Mint se quedan de pie en la entrada, indecisos sobre que hacer ahora. Tal parece que están en problemas. Escucho sus corazones bombear más aprisa y la boca se me hace agua.
—Debemos seguir— me las arreglo para hablar y eso hacemos.
Nos movemos con gracia para cruzar de un solo brinco el callejón desde un techo al de enfrente. Y una vez que estamos sobre la ubicación del pequeño establecimiento localizamos un gran ventanal en la parte posterior. Nuestra única forma de entrar a escondidas.
Ranma se aferra de la cornisa para agachar su cuerpo y mirar dentro —esta despejado— anuncia y acto seguido se contorsiona para entrar en silencio. Yo voy tras él y de un grácil salto lo imito.
Dentro el primer piso está iluminado por lámparas de aceite o al menos esa habitación que está forrada hasta el techo de papel tapiz barato con imágenes de aves y serpientes doradas. Se ve corriente y de mal gusto, como una trampa para turistas. Al centro vemos una mesa pequeña y frascos con hierbas y cuencos de bambú, cera derretida de velas que se han dejado encendidas hasta derramarse por las orillas de la madera de la mesa y luego reemplazadas por más velas sin limpiar lo anterior.
La imagen me causa escalofríos por alguna razón.
Caminamos hasta la entrada, nuestras pisadas no se escuchan y pareciese como si estuviéramos flotando sobre el tatami. Ranma descorre la puerta y afuera se distingue el movimiento de más gente en la planta baja que esta llegando. El sonido de saludos y risas.
No podemos tener la certeza de que sean clientes regulares o solo más yakuzas.
—Creo que hemos llegado a tiempo para la reunión— susurra sonriente Ranma y yo produzco una risa ronca en mi garganta a modo de respuesta.
—Con lo que me gustan las reuniones sociales.
Salimos despacio por el pasillo de madera, está recién pulido y el olor a cera inunda mi nariz. Pero ni siquiera a este excedente en el ambiente podemos pasar por alto otro aroma. Uno que reconocemos al instante tras la única puerta que hay al final.
Sangre fresca.
Ranma me mira de reojo y yo asiento.
Abajo puede ser donde está el ruido más fuerte de un grupo numeroso de gente pero aquí arriba, aun cuando es todo un silencio sepulcral, el aroma delata que algo sucede dentro esa otra habitación.
Los dedos de mi esposo tocan la orilla de la nueva puerta de madera y esta se descorre igual de fácil que la anterior.
El sitio está oscuro por completo y a primera vista la habitación da la impresión de estar vacía. Pero no podemos ignorar el sonido de la sangre que corre y que gotea, el aroma dulce… hay alguien aquí. No puedo evitar que mis colmillos se asomen ansiosos, toqueteo con la lengua la punta de los cuatro.
—Pasen por favor— escuchamos una voz grave al fondo de la habitación —tendrán que disculpar mis modales pero no estaba seguro si recibirían el mensaje y me he adelantado al desayuno.
Tomo aire abriendo los ojos de par en par. Una tenue luz se enciende en una esquina del lugar, delimitando mejor las sombras permitiéndonos ver a quien menos esperaríamos encontrar ahí. O en cualquier otra parte.
—Mousse— dice Ranma con voz grave también —¿cómo?
Dientes afilados y llenos de tintura roja se asoman en una sonrisa relajada. Y al mismo tiempo aparecen dos vidrios redondos produciendo un brillo ominoso por encima de los ojos de aquel chico que conocimos en China al inicio de nuestro viaje.
Entre los brazos de Mousse está el cuerpo inerte de una jovencita, escasos 16 años tal vez. Con marcas de mordidas en sus brazos, cuello y hombros. La ha bebido.
Estoy horrorizada de la imagen.
—La pregunta correcta no es cómo honorable Capitán Saotome, sino cuándo.
El chico de larga cabellera oscura se levanta, dejando caer a sus pies en un ruido seco el cuerpo de la joven, y camina elegante hasta donde estamos —son muy escurridizos ¿no es así?
—¿Tú eres el jefe de los Sabishii Birds?— pregunto incrédula.
Mousse había sido dulce a pesar de la guerra, había sido honorable y buena persona. Tenía un corazón enorme y estaba preocupado por la gente de su pueblo además de su prometida. ¿Qué podía haber sucedido? ¿Quién le había maldecido?
—Claro que sí, soy su creador. Requería de un grupo numeroso de gente para abarcar mucho terreno y así cumplir con mis necesidades— responde mirándome a los ojos acomodándose las gafas.
Estoy segura que no las necesita, pero imagino que será un recuerdo de su vida humana.
No hace falta encender más luces, con nuestra capacidad de ver en las penumbras puedo detallar su vestimenta sofisticada y evidentemente costosa, un traje de tres piezas hecho a medida. Huele a seda y a algodón además de la sangre. El traje será sin duda nuevo.
Mousse se saca del bolsillo del pantalón un pañuelo y se limpia la boca —por favor— hace una seña para que tomemos asiento —pónganse cómodos, enseguida les pediré un aperitivo.
Camina lentamente hasta donde estaba sentado y levanta un bastón con el cual golpea el piso tres veces.
Ranma y yo nos quedamos en nuestro sitio, sin poder darle una explicación lógica o satisfactoria a lo que nuestros ojos ven.
—Verán luego de unos años de restaurar mi aldea— sonríe sarcástico —en una nueva locación al principio, llegó el rumor de una pareja infernal en el reino del príncipe Kirin. Y me alegré mucho por ustedes, en serio que sí porque sabía que al fin habían dado un uso a sus habilidades— su voz es emotiva —después más años pasaron y mi gente me nombró su salvador. Su líder en esencia sin poder serlo porque nuestra tradición solo le da ese derecho a las mujeres.
Pero las amenazas continuaban contra la tribu de las amazonas, la guerra había desatado una variedad de monstruos nuevos tras el derrumbe en las montañas de esa zona. ¿Sabían que ese derrumbe fue a causa de unos explosivos?— estira las mangas de su saco —un general curioso descubrió un peligro latente que había estado oculto por siglos en Jusenkyo. Quiso aprovecharlo pero no supo lo que hizo.
Y distintos monstruos comenzaron a aparecer y fue ahí cuando mi desesperación me llevó a romper una promesa silenciosa que les había hecho a ustedes. Sabía que eran fuertes y ágiles por lo que si yo podía acceder a lo que ustedes eran estaba seguro que podría proteger a los míos.
Cuando le conté a la nueva líder de las amazonas sobre los extraños amigos que había conocido años antes ella me explicó que esa clase de maldición era conocida como Vetus Cor Meum Sanguine, un rencor para dominar un desamor— mira a Ranma ahora —y los escritos para realizarla los había conseguido la líder Cologne en un intercambio con romanos que escapaban cruzando por nuestras tierras. Y entonces lo supe, ustedes habían sido maldecidos por una amazona.
Se escuchan pasos en el pasillo y Mousse se acerca hasta donde estamos para movernos levemente y así poder abrir la puerta a nuestras espaldas.
El hombre que vimos en la entrada, el que se llama Taro aparece con dos jovencitas vestidas con diminutas prendas que solo cubren un poco sus partes íntimas.
—Pasa lindura— ronronea Mousse a la primera que entra —¿estas tranquila?— pregunta mirándole a los ojos.
Sé de inmediato lo que está haciendo.
La chica asiente —eso, eso pequeña así me gusta— Mousse la toma del brazo y se lo lleva hasta la altura de sus labios, da un pequeño beso en el interior de la muñeca de la chica y luego la muerde, abriendo una herida que deja fluir la sangre.
Ella ni siquiera se mueve, solo parpadea perezosa con la boca cerrada. Su corazón está relajado, puedo escuchar como bombea con calma como si no estuviese siendo amenazada su existencia.
—Por favor— dice Mousse acercándole el brazo de la joven a Ranma —estas niñas han sido bien cuidadas, bien alimentadas y su sangre es más dulce de lo que jamás probarás.
Mi esposo lo mirara horrorizado y traga saliva —¿porqué haces esto?
Mousse sonríe de lado —¿por qué lo hago?— ríe ronco —debemos alimentarnos ¿no es verdad Taro?
—Ciertamente lo es— responde el aludido con una sonrisa macabra y una mirada desafiante.
Él se encarga de morder el brazo de la otra chiquilla y me la arroja al pecho —espero que la disfrute dama Saotome.
Siento como mi mandíbula se tensa. Taro también es un vampiro y por eso le temía Herb cuando le amenazó. ¿Lo sabrán los demás yakuza?
—Duérmete— le digo a la chica cuando la sujeto del rostro luego de que Taro sale de la habitación y cierra tras de él. Me muerdo el labio hasta romperlo y tomo unas gotas de mi propia sangre para curar la herida de la chica.
Pocas veces lo hacemos, curar a otros con nuestra sangre no es recomendable porque no todos reaccionan de la misma forma. Es inexacto.
Pero no tengo otra opción, así que dejo en el piso recostada a la joven tras de mí escuchando como la herida en su brazo comienza a cerrarse y ella duerme.
Mousse sigue insistiendo para que Ranma beba y me mira desdeñosamente cuando vuelvo a observar la interacción entre ellos.
—Tan nobles— comenta con sorna —¿fue tú nobleza de samurái lo que atrajo la atención de mi adorada Shampoo? ¿Con esa galantería la enamoraste y la orillaste a hacer lo que hizo cuando la rechazaste?— pregunta con el ceño fruncido a Ranma.
Lo sabe. Sabe que fue su prometida Shampoo quién nos maldijo. Pero por supuesto tiene todo mal entendido. ¿Quiere entonces venganza?
—Mousse por favor— digo inspirando para relajar mis ansias por la sangre que brota de la muñeca de la chica.
—Fue muy doloroso— responde tirando al suelo a la joven que está frente a él cuando se da cuenta que Ranma no la tomará para alimentarse de ella —sentir como el fuego de la maldición quemaba cada vena en mi cuerpo, como se robaba mi último latido. Pero lo hice por mi gente.
—¿Quién te maldijo Mousse? — pregunta Ranma acercándose más a él.
Yo me arrastro para ir hasta donde la jovencita y también la curo, le digo que duerma y siento la mirada penetrante y sobrenatural de Mousse en mi espalda.
—Yo mismo tuve que hacerlo— responde inflando el pecho —no sometería a ninguno a ese martirio. ¿Saben que maldecir a alguien se roba un trozo de tu alma? Te deja frágil, te deja vulnerable.
Sus ojos siguen clavados en mí.
—¿Qué es lo que quieres entonces de nosotros? Si sabes que fuimos las víctimas de tu prometida— Ranma se pone tenso y extiende su brazo hacia mí para ayudarme a poner en pie.
Mousse ríe quedamente sin dejar de seguir con la mirada todos nuestros movimientos —siempre pensé que eran la pareja perfecta— alza una ceja —confieso que por las noches sentía envidia al verlos dormir juntos, abrazados. Pero tenía esperanzas de encontrar a mi Shampoo.
—¿Qué quieres?— insiste Ranma.
—Seguro saben que hay una cura para la maldición.
—Lo sabemos.
Es eso, quiere la cura. Pero no comprendo porque cree que nosotros la tenemos.
—Cada maldición tiene su propia cura— explica ahora.
—Eso no lo sabíamos— soy yo quien responde. ¿Será verdad lo que dice?
Mousse nos mira con amargura, pero también detecto tristeza y desesperación. Me doy cuenta que esos mismos sentimientos le llevaron a hacerse esto a sí mismo. Está consumido por el dolor de los años perdidos, no solo se transformó en un vampiro sino que antes debió ser un brujo de sangre.
—Esta maldición es por un corazón roto ¿dijiste?— trato de entender, porque tal vez él sabe lo que le sucedió al final a Shampoo.
—Mi corazón ya estaba roto dama Saotome, saber que mi adorada prometida había muerto en el campo de refugiados ya lo había roto.
Trago saliva. Temo preguntar si sabe las circunstancias exactas de su muerte.
—Encontré la tumba de su abuela y justo a un lado de la de ella.
Ranma me mira de soslayo, tampoco entiendo a que se refiere Mousse. Cuando nosotros nos fuimos del campamento solo había una tumba, la de Cologne, la que habíamos profanado nosotros mismos al sacar los libros de la tribu.
—Entonces quieres la cura a tu maldición ¿qué tenemos que ver nosotros si ya dijiste que las curas de cada maldición son diferentes?— Ranma extiende los brazos —y esta claro que nosotros no la hemos encontrado— mientras habla empuja mi cuerpo tras el suyo para protegerme.
Conforme quedo un poco oculta de la vista de Mousse yo coloco mi mano sobre la empuñadura de una de mis dagas.
El joven hombre frente a nosotros parece tener poco más de 30 años pero sonríe al vernos con jovialidad, como si en verdad fuéramos sus pares. Exuda elegancia y conocimiento, dista mucho del chico recién salido de la guerra.
—¿La cura para mí?— chasquea la lengua —no, por supuesto que no. El mundo en verdad que se ha vuelto con los años un lugar fascinante— mueve la cabeza negando con una risa edulcorada mientras sus hombros se elevan indiferentes. Parece incluso aburrido.
Su actitud cambia, su pose se relaja. Va hasta otro cojín frente a nosotros, al otro lado de la habitación y se sienta.
—En serio— su mirada es afilada —deberían tomar asiento.
—Preferiría permanecer en pie, si no te molesta— responde Ranma con voz baja.
—Es su decisión capitán— dice desinteresado Mousse y sus manos se resbalan en la bolsa interna de su saco.
Tanto Ranma como yo nos ponemos en alerta, sujeto ya el mango de mi daga en espera de cualquier movimiento en falso por parte del joven jefe yakuza.
Mousse ríe cuando saca una cigarrera y nos ve ahí tensos frente a él.
—Sé que ustedes son honorables hijos del imperio y de un modo u otro han conseguido arreglárselas sin manchar demasiado sus colmillos, se han incluso convertido en justicieros— nos mira de perfil mientras enciende un cigarro y da la primera bocanada —mientras que yo he pasado mucho tiempo buscando respuestas, acumulando experiencia y durante los últimos diez años recolectando las piezas para revivir a mi adorada Shampoo.
Lo miramos atentos.
—Es curioso que se deban desenterrar algunos tesoros para revivir mi tesoro más preciado, siento que es incluso metafórico.
—Por eso el arte robado— afirmo.
A lo que él asiente —pero faltan piezas para completar el conjuro. Existían tres copias de nuestros libros sagrados, una especie de trinidad. Eran libros que relataban la existencia y muerte de mi gente— su mirada desciende entretenida en el dorso de su mano, cuando sigo con los ojos lo que ve me doy cuenta de marcas largas que aparecen y desaparecen en un pestañear. Me cuestiono entonces si en verdad las he visto o solo las he imaginado.
—Pero ninguna de las dos copias que se habían quedado en los terrenos de mi tribu, bajo salvaguarda dentro de nuestro templo fueron jamás encontradas— da otra bocanada al cigarro —seguí la pista de rumores sobre bandoleros que habían saqueado las ruinas de las tierras amazonas antes de que pudiéramos volver— alza su mirada hacia nosotros otra vez —y nada. Sin embargo tengo la certeza de que las mujeres que consiguieron escapar de la guerra trajeron consigo una copia a este imperio. Entre esos el libro que necesito.
—¿Quieres que averigüemos donde está el libro entonces?— pregunta Ranma.
—¡Oh no! Yo sé donde está el libro— sonríe mostrando sus dientes, sus colmillos siguen ahí y me queda claro que parece disfrutar lo que es ahora —ustedes desgraciados lo robaron de la tumba de Cologne y luego lo dejaron atrás cuando escaparon.
Nos ponemos más tensos.
—Y ahora lo tiene la familia Kuonji, porque su pequeña zorra ladrona hija del noble General Kuonji se lo llevo. Al menos debería traer su espíritu de la muerte para agradecerle que tuviera la consideración de no dejarlos arder en el fuego.
Su quijada está tensa. ¿Qué tanto sabe realmente?
—¿Qué es lo que quieres Mousse?— pregunta Ranma.
—Necesito que me traigan el libro y que sigan ayudándome a recuperar todo lo que requiera para completar mi deseo. Después de todo ustedes me llevan ventaja en edad y son magníficos espías.
—¿Es una amenaza?— la voz de mi esposo es de completa incredulidad, tal como yo me siento.
Nos mira indiferente ahora —es una amable petición capitán porque debo contarles un par de cosas que les serán de interés.
—¿Qué cosas?— Ranma aprieta la quijada, también sus puños están cerrados y su postura es de tensión total.
—Como podrán entender tuve que practicar magia de sangre para convertirme a mi mismo, por lo que sé cual es la cura para su maldición.
—¿Un chantaje entonces Mousse?— la pregunta sale por sí sola de mis labios —¿el libro a cambio de la cura?
—No, es solo que lo que les pido es a razón de la amistad que alguna vez tuvimos— inspira —porque verán sin ese último libro no puedo hallar otra forma que no sea la de derramar hasta la última gota de sangre del capitán Saotome para completar mi propósito— baja su vista decepcionado y herido —a fin de cuentas él fue la causa del sufrimiento de mi amor.
Su semblante cambia, esta vacío, roto. Había hecho esto por el amor a su gente y en el trayecto descubrió una verdad relacionada con su prometida. Que ella nos había maldecido, por el amor que sentía por otro hombre. Algo así te debe cambiar.
Al verlo ahí no puedo evitar pensar que sin Ranma a mi lado posiblemente podría ser yo misma la que estuviera amenazándole para ayudarme a recuperarlo. El amor puede ser la peor forma de perder la lucidez, pero la obsesión sin duda es el camino adoquinado amarillo que te lleva a la temeridad imprudente.
—¿Shampoo te amaba Mousse?— pregunta Ranma ahora y yo miro incrédula a mi esposo.
—Sí— ni una sola duda en su respuesta —ella me amaba, estoy muy seguro que algo debiste prometerle para romper luego su corazón y su confianza.
Se pone de nuevo en pie, fumando el resto del cigarro mientras camina hasta nosotros. Nos observa a los dos con detalle.
—¿Quieren que les ponga un límite de tiempo?— niega con la cabeza —no, los samuráis no necesitan esa clase de amenaza, su reputación no les permitiría que más deliciosas jovencitas caigan en mis manos ¿cierto?— me mira ahora solo a mí —entre más pronto ustedes me den lo que quiero y yo más pronto detendré a mis hombres.
Veo a detalle sus ojos azules oscuro, con esas sombras en verde que recuerdo. No han cambiado mucho salvo por ese brillo característico de nosotros los vampiros. Me es inevitable jugar con el pensamiento que martilla tras cada latido de las chicas que están en el suelo, indefensas en sus manos ¿quién es este hombre?
Sería tan sencillo sacar mi daga y clavársela en el pecho, matarlo y el problema terminaría. Pero no puedo correr el riesgo de que le haga algo a Ranma cuando esta a tan solo unos centímetros de distancia de él.
—Espero escuchar de ustedes muy pronto— entrecierra su mirada —ya saben dónde encontrarme.
La puerta vuelve a abrirse y la silueta de Taro aparece, yo miro a las dos chicas que están dormidas y quiero tomarlas para llevármelas lejos de ahí, pero cuando trato de bajar mi cuerpo para hacerlo una mano rodea mi brazo, apretando.
—Dama Saotome, los acompañaré a la salida— dice con voz firme Taro, con su boca muy cerca de mi mejilla.
Al instante Ranma desenfunda su sable y hace un corte en la mano del vampiro para que me suelte. Taro sisea sujetándose la herida.
Mousse ríe a carcajadas —Taro será mejor que no toques ni un solo cabello de la dama Saotome o podrías perder una extremidad.
El hombre se mueve a un lado y nosotros salimos de la habitación sin dejar de mirar con odio tanto a Taro como a Mousse.
Tenemos la opción de enfrentarnos a todos estos sujetos, podemos escuchar latidos de muchos corazones así que no creo que aparte de Mousse y Taro haya otros vampiros que puedan resultar un problema.
Pero sin duda hay algo peligroso en el modo de actuar de Mousse, algo que nos mantiene al margen. ¿Podría seguir siendo un brujo de sangre?
Bajamos las escaleras y los demás yakuza nos miran con asombro, muchos desenfundan sus armas y otros nos apuntan con sus pistolas retirando los seguros. No veo a Lime, Mint o Herb entre los presentes.
—Tranquilos todos— es la voz de Taro desde la parte alta de la escalera —son socios del jefe.
Mirando la casa de té repleta de hombres listos para dañarnos salimos por la puerta principal y corremos a través del callejón para alejarnos rápido de todo lo sucedido.
A unas cuadras Ranma me detiene de golpe y me revisa por completo.
—¿Estás bien? — pregunta con su mirada angustiada todavía, con sus manos entre mis hombros y mi cintura.
Yo lo abrazo con fuerza, inspirando su aroma para calmarme. Y él también me rodea con sus brazos recargando su mentón en mi cabeza.
—¿Qué fue todo eso? ¿Mousse? ¿Un vampiro? ¿Será un brujo de sangre?
—Tendremos que hablar con Ukyo, tal vez su familia pueda ayudarnos.
—¿Le traeremos el libro que quiere? No quiere la cura Ranma— digo aterrada —solo quiere a Shampoo y… — el miedo se instala en el fondo de mi estómago —¿pensará convertirla en vampiresa?
Comprendo la desesperación de Mousse, entiendo también su odio hacia nosotros porque ya habíamos omitido una vez toda la verdad. Esta cegado en creer que Shampoo le amaba y celoso de la relación que tenemos Ranma y yo.
¿Qué haría diferente el explicarle que ella se había encaprichado con Ranma y que mi esposo jamás le había mostrado amor? ¿Nos creería? ¿Querría creerlo?
—Volvamos a la posada por las cosas y después vayamos a ver a Ranko, un paso a la vez ¿sí? — dice abrazándome más y besando mi cabeza —¿sí?
Recargo mi cara en su pecho, llenándome aún más de su aroma —sí.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Permanecemos en completo silencio durante el camino hasta el hospital. Nos hemos cambiado las armaduras y hemos guardado las armas ostentosas en una maleta.
Pero bajo mi abrigo hay una daga en mi cadera y Ranma se ha guardado un tanto tras su espalda sujeto por la cintura de su pantalón.
—Descubriremos que planes tiene— rompe el silencio —somos buenos investigando.
Cierro los ojos —él no quiere la cura Ranma, si su petición hubiese sido ayudarle a revivir a Shampoo porque quiere llevar una vida humana con ella…— me encojo de hombros —tal vez consideraría entregarle el libro, pero estamos hablando de un jefe yakuza que mata jovencitas por placer. Su palabra no nos garantiza que entregándole lo que quiere se detendrá.
—¿Entonces que propones Akane?— su voz sube unas cuantas notas —¿qué lo matemos antes de que él me mate a mí?— su ceño está fruncido, sus nudillos están casi blancos de lo fuerte que aprieta el volante, su respiración se ha agitado.
Suelto aire por la nariz —no lo sé Ranma— y no miento, tengo la cabeza completamente en blanco ante esta situación.
—Le tienes lástima porque no le contamos que había sido Shampoo quien nos maldijo.
—No es por eso.
—¿Entonces?
Meto mis labios bajando la vista.
—¡Háblame carajo!
Ranma está tenso, está preocupado y yo lo entiendo. Pero no tiene porque gritarme —no me hables así.
—Akane… no podemos darle el libro. No podemos dejar que reviva a Shampoo, ella es una bruja de sangre. Sería demasiado riesgoso.
—Sí— grito moviendo mis manos en el aire molesta —lo sé y yo la mate. ¡Yo la mate!— me cubro la cara con las manos.
El auto se detiene y Ranma apaga el motor. Toma aire y baja del vehículo. Yo me siento fatal, por lo que está pasando y por gritarle y por todo.
Mi puerta se abre, siento las manos de mi esposo sujetando las mías.
—Vamos amor, mírame— dice apretando con firmeza mis manos, quitándolas de mi rostro cuando se pone en cuclillas fuera del coche junto a mí —mírame por favor— acaricia con sus pulgares el dorso de las mismas. Esta igual de helado que yo.
Lo veo de reojo, también percibo en sus ojos que se siente fatal porque hayamos discutido —yo sé que parece una situación imposible, pero no estamos solos. Tenemos la ayuda de Ukyo y los secretos de su familia. Tanto Ryoga como ella nos ayudaran a buscar una opción, sin información vamos a ciegas.
—No quiero seguir involucrando gente inocente en nuestra maldición— digo con pesadumbre.
Frunce los labios, sus hombros caen y sus ojos se posan en mis piernas —yo no quería esta vida para ti— susurra —no quería esta clase de decisiones— alza una ceja —había imaginado la noche de nuestro compromiso días antes de que sucediera anhelando que llegara porque te daría un anillo precioso y me atrevería a robarte un beso a sabiendas que podrías golpearme.
Sonrío ligeramente y siento mis ojos cristalinos.
—Se suponía que nos casaríamos y que tendríamos un palacio pequeño donde vivir, unas cuantas tierras que cuidar y mantener y proteger. Por las mañanas nos levantaríamos a entrenar y por las tardes me servirías el té mientras revisáramos detalles de nuestra propiedad y su gente y por las noches— se muerde los labios antes de continuar —por las noches luego de una deliciosa cena, me dedicaría a demostrarte mi devoción llenándote de besos en cada rincón de tu piel.
Me río o al menos lo intento.
—Quería darte el mundo— su voz suena ahogada por la pena.
Limpio con mi pulgar una lágrima que se desliza por su mejilla.
—Me has dado el mundo— respondo sujetando con delicadeza su mandíbula para que me vea —y soy muy feliz a tu lado.
Desvío mi atención al paisaje en la carretera —tal vez por eso me siento tan perturbada, por malos entendidos y nuestro silencio creo que le robamos esa misma oportunidad a Mousse. Tal vez si le hubiésemos contado la verdad él habría seguido con su vida— me giro para enfrentar a mi esposo y esa melancolía que nos ha golpeado a ambos —Shampoo te maldijo pero yo la maté.
Ranma niega —Mousse está cegado por un recuerdo, esa mujer no le quería.
—Él piensa que sí.
Suspira cansado —si pudiéramos encontrar la manera de demostrárselo.
Pero no la hay.
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El hospital está rodeado de patrullas. En las noticias no se habla de otra cosa que no sea el ataque, que denominan ya como terrorista, contra la comisaría de policía. Pero aún no hay declaraciones oficiales a los medios.
Y cuando llegamos al sitio solo dejan pasar a uno de nosotros para poder ver a Ranko, mi esposo insiste en que vaya yo pero al final le convenzo de que suba él a verla.
Las heridas de Ranko no son graves, pero se quedará en observación por un par de días.
Mientras espero a Ranma voy a la cafetería del lugar para comprar un té hirviendo. Mi cuerpo tiembla contra mi voluntad y eso es peligroso. Necesitamos conseguir sangre pronto.
—Un té verde con poco endulzante por favor— ordeno sin dejar de mirar a mi alrededor por cualquier sospechoso.
Pero mi mente vuela en diferentes direcciones. Sigo preocupada por las jovencitas que parece estar guardando como alimento Mousse.
Trato de devanarme la memoria en busca de algún dato, algún recuerdo relacionado con el día que nos fuimos del campamento y todo lo que dejamos ahí.
¿Quién cabo la segunda tumba junto a la de Cologne? ¿Qué hay ahí? Shampoo se desintegró en una explosión púrpura luego de envenenar a todo el ejército presente.
¿Cómo sabía la dama Kuonji que los libros estaban en nuestra tienda de campaña? Nosotros no volvimos nunca a nuestra tienda. ¿Qué más se llevó?
—Hola Akane— escucho a mi lado a Ukyo.
—Hola— intento sonreír cuando me muevo para saludarla —¿vienes a ver a Ranko?
Asiente.
—Ranma está con ella ahora.
—Lo sé, me han dicho en la recepción. Esto ha sido terrible.
—¿Quieres algo de tomar?— le ofrezco comprarle una bebida mientras espero mi té.
—No, estoy bien. Gracias.
—Respecto a los libros que nos mostraste… ¿hay registro de cómo los obtuvo tu familia?
Ukyo se muerde el labio inferior —no, lo siento. La bóveda donde estaban recién se ha encontrado pero no hay registros históricos de su existencia... aunque nunca hay que perder las esperanzas.
—Comprendo.
—Mi familia siempre ha tenido un sexto sentido para estas cosas, es como un don— sus labios se curvan en una sonrisa avergonzada.
Le creo, nada me sorprende ya. Respondo a su sonrisa con otra igual —yo realmente no conocí a tu familia tan a detalle. Sabía de ellos porque… bueno ante el emperador había que seguir ciertos protocolos.
—Ranma es hijo de un daimyo ¿cierto?
—Sí, y de hecho mi padre era el general del ejercito del daimyo Saotome.
—Entonces tú realmente no eres una princesa.
Niego sonriente —no, pero Ranma empezó diciéndome así por burla y luego la broma se le revirtió a él cuando me inventé la historia sobre nosotros.
—Conozco la leyenda de la bestia y la princesa— me golpea levemente el brazo con el codo, a modo juguetón —también la de la hermosa hechicera que ha maldecido a un Samurái.
—Aquí tiene su té señorita— dice el hombre en la barra de la cafetería y yo lo tomo con placer.
—Gracias— le respondo al señor y bebo un trago largo, el calor aligera mis ansias por la sangre y yo no puedo evitar disfrutar la sensación.
—¿Necesitas…?— pregunta de repente Ukyo y yo abro los ojos para mirarla confundida.
Separo los labios para negarlo pero… al final no lo hago —sí. Ranko iba a ayudarnos con esto.
Ukyo sonríe más —un amigo cercano a nuestro círculo es médico aquí en el hospital, yo puedo ayudarles con ese tema.
Entrelaza su brazo con el mío y me lleva hasta donde los ascensores —podemos ir por suministros mientras espero para poder ver a Ranko.
—No será el único favor que necesite pedirte— le digo pensando en el libro que quiere Mousse, pero sobre todo en la información que necesitamos aprender respecto a los brujos de sangre.
Los ojos de Ukyo se ponen alegres con mis palabras mientras responde —nada me gustaría que poder ayudarles, de verdad siento que es mi deber hacerlo desde que supe su historia.
—Fuiste tú quien le contó de nosotros a Ranko ¿por qué?
El elevador se abre y nosotras entramos. Hay más gente y mientras esperamos para bajar Ukyo se recarga casi sobre mí —porque eso hacemos los Kuonji, elegimos una historia y nos apasionamos hasta descubrir el final.
—¿Podemos confiar entonces en ti y en tu esposo?
—Considéralo un hecho.
Doy otro sorbo a mi té, casi lo termino —entonces— suspiro —tienen algunas cosas que saber.
Ukyo me mira ilusionada.
Quedamos de ir a su casa saliendo del hospital, ahí podremos hablar con tranquilidad y también podrá decirnos al fin Ryoga como es que piensa la cura se puede presentar ante nosotros luego de lo que ella nos ha enseñado.
Ukyo me explica, mientras caminamos por los pasillos del hospital buscando el consultorio de su amigo médico, que la magia de sangre es variable y subjetiva. La única regla base para su uso es el auto sacrificio. La magia da pero exige a cambio, siempre es así sin importar que cultura la esté practicando.
—Un mago de sangre debe ofrecer algo personal— explica Ukyo —y los demonios de Jigoku se le presentarán para aceptar un trato.
—Pero Ranma no está poseído por un demonio, él es una creación.
—Porque esta es otra clase de magia de sangre. La dinámica es una negociación. Shampoo pidió el amor del capitán, al no obtenerlo quiso entonces su voluntad. Pero por lo que veo ella era una novata en el tema. La magia de sangre no era tan común fuera de este imperio según los informes de mi familia.
—Pero entonces es ¿magia?
—Algo así— sonríe de lado Ukyo y de pronto se detiene frente a una puerta enumerada junto con un pequeño letrero que no alcanzo a leer— hemos llegado.
Ukyo gira la perilla de la puerta y nos encontramos con una pequeña recepción —buen día Kana ¿estará el doctor Ono?
—Buen día señora Hibiki, sí solo déjeme avisarle que está aquí— la chica se levanta de su lugar y abre una puerta tras de ella.
—Tofu es un quiropráctico— comenta Ukyo en voz baja —pero tiene una especialidad en cirugía ortopédica así que tiene acceso al banco de sangre.
Abro mucho los ojos y Ukyo ríe audiblemente.
—¿Cómo obtendrás la sangre?— pregunto y ella se ríe de nuevo.
—Te presentaré y le pediré que nos de un tour por el hospital. El banco está en el piso de abajo así podrás escabullirte cuando yo te diga.
Niego efusivamente y ella me sostiene las manos —vamos Akane, estás helada y no creo que esa sea una buena señal. Es la mejor oportunidad que tenemos para obtener unas cuantas bolsas.
Suelto aire con fuerza —bien, no es la primera vez que hago algo así de todos modos.
Ella me guiña un ojo —esa era la actitud que quería ver en mi vampiresa favorita.
Su buen humor es contagioso —seguro soy la única que conoces.
Ukyo empuja su cadera contra la mía —un problema a la vez ¿te parece?
La puerta junto a la recepción se abre y un muy alto hombre con gruesas gafas se asoma por ella —¡Ukyo! Es una sorpresa verte por aquí.
Ella me suelta y corre para abrazar a su amigo —bueno han traído a Ranko aquí.
—Oh si, hace unas horas subí a ver como estaba.
—Ven— le toma Ukyo del antebrazo para moverlo hacia mí —te quiero presentar a una prima lejana de Ranko, bueno prima política. Ella es Saotome Akane.
—Es un gusto conocerla señorita Saotome— dice el hombre extendiendo su mano para saludar.
—El gusto es mío— respondo sujetándolo igual.
—Yo soy el doctor Ono Tofu.
—Su esposo es primo de Ranko, son los parientes que viven en el extranjero— habla Ukyo.
—Pues bienvenida y es una pena lo sucedido. Escuché de mis colegas en el hospital que hubo unas cuantas bajas, pero que la mayoría de los que estaban dentro se encuentran bien. De todos modos estaré al pendiente por si requieren de mi ayuda en urgencias.
—Seguramente te terminarán llamando para algunos casos— le endulza Ukyo —estamos haciendo tiempo para poder ver a Ranko, ya sabes que solo podemos pasar de una persona a la vez.
—Pues si gustan pueden esperar aquí en el consultorio, todavía no inicia mi horario de consulta y estaba revisando algunos casos.
—Quería saber si nos darías un rápido tour por estos pisos. Me gustaría enseñarle a Akane el hospital ya que ella está pensando estudiar medicina.
Los ojos del doctor se abren tanto como los míos —¿de verdad? Es una profesión muy noble.
—Sí, estoy considerándolo— balbuceo con la esperanza de sonar convincente —mi esposo y yo nos casamos hace poco y aún estamos tratando de resolver que hacer.
—Ya veo, pues sí. No creo que haya problemas, la mayoría del personal médico esta atento a lo que sucede arriba— señala con el dedo índice el piso superior —vamos.
Salimos los tres del consultorio, Ukyo va al frente con el Dr. Ono y yo voy siguiéndoles muy de cerca.
El área donde estamos es más de fisioterapia. Hay espacios abiertos para que los pacientes puedan recibir terapias.
Y cuando bajamos al siguiente piso subterráneo percibo el aroma que hace gruñir mi estómago.
—Aquí es donde se realizan la mayoría de los análisis del hospital, por allá está el área de descanso para los médicos y en esta parte se encuentra el banco de sangre.
La palabra ya me suena apetitosa de solo escucharla.
—Está muy bien organizado todo— dice Ukyo con expresión de asombro.
En este piso hay unas cuantas enfermeras y escucho algunos médicos en el área de descanso. También dos o tres personas cerca del banco de sangre. No será una misión imposible pero definitivamente no es sencilla. Debo ser muy rápida para que ninguna de las cámaras del lugar logren captarme.
Caminamos de un extremo al otro, para ver más de cerca las instalaciones que describió cuando salimos del elevador el doctor. Y justo cuando estamos a unos pasos del banco de sangre Ukyo se queja de un dolor abdominal.
—¿Te sientes mal Ukyo?— pregunta el doctor cuando se acerca más a ella luego de que la joven mujer aferra con fuerza la bata del médico.
—Son estos dolores— se queja más —llevo unas semanas de atraso y estoy muy segura que por fin seremos padres Ryoga y yo.
La miro incrédula y ella me observa con una mueca que termina con su vista directa al banco de sangre en el momento que el doctor pide a una de las enfermeras dentro del espacio una silla para Ukyo. Supongo que es mi señal.
Me pego a la pared del pasillo cuando dos de las enfermeras sacan con cuidado una silla y otra va con una botella de jugo.
Afino mi oído buscando si hay alguien más dentro pero nada, el sitio está vacío. Tomo aire y entro veloz al almacén.
Esta frío, como un verdadero congelador industrial. Quiero consentir a mi esposo pero no hay tiempo de buscar la sangre tipo B+, así que sujeto unas cuantas bolsas del primer mueble frente a mí y las guardo ágilmente en mi abrigo.
Cuando Tofu se da la vuelta para decir algo yo ya estoy de regreso en el pasillo. Me ha tomado solo unos segundos.
Creo que ha funcionado porque Ukyo sigue hablando con el doctor pero su cabeza se mueve de arriba abajo mirándome encantada. Sonrío levemente como respuesta alzando mis hombros inocentemente.
Convivir con ella me recuerda las pocas amigas que he tenido a lo largo de mi existencia, pero es agradable estar con alguien que sabe quien soy en realidad y que no me juzga por ello. Entiendo la emoción de mi esposo cuando habla con Ranko.
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Ukyo y yo no podemos parar de reír en el elevador de regreso a la planta baja.
—Pensé que se me saldría el corazón cuando parpadee y de repente no estabas y luego volviste a aparecer— dice animada.
—Creo que he roto mi propio récord— hablo pero no puedo evitar mirar su vientre y ella niega.
—No, no estoy embarazada— agita descuidada una mano para acompañar el gesto.
—Lo sé, por eso me sorprendí cuando lo dijiste.
Ukyo traga saliva observándome ahora con interés —¿cómo podrías saberlo?
—Solo escucho un latido en tu cuerpo.
—¿Entonces puedes escuchar cuando una mujer esta esperando?
Asiento estirando mis labios un poco de lado en una sonrisa forzada —pero es un sonido que nunca escucharé provenir de mí.
—Debe ser muy solitario, una eternidad y ser solo ustedes dos.
—Ranma ha sido un gran compañero— digo contenta al pensar en mi esposo —pero no puedo negarte que hemos tenido nuestras diferencias también, no todo podría ser miel sobre hojuelas.
Me mira cariñosa —pensaría que sí. Se ven preciosos juntos.
Arrugo mi nariz avergonzada —creo que fuimos hechos el uno para el otro, pero siempre ha roncado y eso a veces me desespera.
Ambas volvemos a reír.
—Lo entiendo, esas nimiedades que hacen que pueden desesperar ¿cierto?
El elevador se abre y lo primero que veo es a Ranma de pie en la recepción. Cuando salimos mi marido se vuelve y me mira dejando salir el aire de sus labios.
—Me tenías preocupado— comenta con una falsa calma.
Me rodea con sus brazos y entonces recuerdo que Mousse nos tiene prácticamente amenazados. Por un rato lo había olvidado.
—Hola Ranma— le saluda Ukyo —es mi culpa, yo he tomado prestada a tu esposa.
—Lo siento, estoy un poco nervioso.
Yo rodeo con mis brazos la cintura de Ranma y froto su espalda —¿Cómo está Ranko?
—Lista para salir— responde alzando sus cejas —le he contado lo de Mousse.
Ukyo carraspea —subiré a ver a Ranko, mientras podrían ir a tomar un refrigerio antes de irnos ¿les parece bien?
Ranma mira a Ukyo extrañado pero yo respondo por los dos —es buena idea. ¿Te vemos aquí en media hora?
—Perfecto.
Sigo con la vista como se pierde por el mismo pasillo hasta el elevador que lleva a los pisos superiores y luego tomo a Ranma de la mano.
—Vamos al auto— le guiño un ojo —he conseguido algo que seguro te va a gustar.
—Dime que es una caja de metal para encerrar a Mousse y después poder lanzarlo al fondo del mar.
Chasqueo la lengua —¡Ah! Suena como que alguien ya empezó a hacer planes malvados contra el joven guerrero.
—Tengo algunas ideas rondando mi mente.
Sus brazos me envuelven cuando salimos del hospital y caminamos para tomar las escaleras que llevan al estacionamiento.
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Hello mis guapos lectores! Esperando se encuentren muy bien.
Abrazos ultra gorditos!
Niomei: Adoro la relación que tienen, Ranma ama a Akane y hará todo lo posible por complacerla y Akane igual ama demasiado a su trenzudo. Aunque igual han tenido sus ratos de odio, normal en cualquier relación. Solo que no es el eje central en este cuento. Mil gracias por leer esta historia y por tu review!
Benani0125: Ya sé, aquí Ranma es el más deseoso de formar una familia y pues Akane tiene miedo por ilusionarse en conseguirlo, después de todo han pasado muchos años y no han encontrado la cura. Mil, mil, mil gracias por tu review y por leer! Abrazos gorditos!
: Jajaja aaah! Me da mucha felicidad saber que te está gustando la historia. Abrazos ultra súper gorditos!
