El resto ya se lo saben…
Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi
Nota de la autora: yo me estoy inventando el universo vampírico de esta historia, no se rige por ninguna leyenda u otra fuente. Es como yo creo funcionaría en este universo el vampirismo.
Música de fondo:
"Release" de Imagine Dragons (charla con los Hibiki)
"Seven devils" de Florence and the machine (habitación de Ranma y Akane de regreso en la mansión)
"What a Wonderful World" de Joshua Radin (recorrido de Akane en la bóveda estando sola)
—Causa de mi sufrimiento—
Ranma abre la puerta del auto para mi y espero ansiosa hasta que entre en el lado del piloto para mostrarle mi botín.
—¿Quieres que vayamos a comprar algo para comer?— pregunta cuando cierra la puerta y yo me rio como una niña pequeña que ha cometido una travesura, lo que llama su atención y provoca que se gire para mirarme extrañado —¿pasa algo?— pero su voz es curiosidad infantil también.
Meto mis manos en los bolsillos del abrigo y extraigo las preciosas bolsas.
—¡Ta-da!
Sus ojos se abren de par en par —Akane Tendo Saotome ¿que has hecho?
Le doy tres de las cinco bolsas que pude conseguir al final —supongo que podría decirse que preparé la comida— respondo animada, mirándole con los ojos entrecerrados, produciendo un sonido ronco con el pecho a modo de risa —y dices que no sirvo para los alimentos.
Toma con gusto las bolsas que le ofrezco, sus ojos están iluminados por la ansiedad de beberlas —eres una pequeña bruja digna de todo mi respeto.
—Lo sé— abro una de las bolsas y comienzo a sorber el contenido —está frío pero es mejor que buscar algo por ahí ¿no crees?
Ranma también ya está bebiendo de una de las bolsas, casi la vacía por completo antes de poder responderme —está delicioso— gruñe.
—Ukyo me ayudó.
Su mirada se vuelve interesada —eso es buen augurio ¿no crees?
—También le dije que necesitábamos de su ayuda para otros asuntos.
—Lo he estado pensando— dice cuando abre otra bolsa tras terminar la primera —tal vez sea buena idea darle y no darle el libro a Mousse.
No puedo evitar fruncir el ceño —quieres decir ¿engañarlo?
Ranma asiente —tenemos tres libros Akane— se encoge de hombros —o bueno, Ukyo tiene los tres libros que sacamos de la tumba de Cologne. No puede culparnos si no sabemos a cuál se refiere. Él solo nos pidió uno.
—Hablando de tumbas…— termino mi bolsa —creo que deberíamos ir hasta donde estaba el campo de refugiados y averiguar lo de la supuesta tumba de Shampoo.
—Eso también lo había pensado, pero no quiero dejar a Ranko sola aquí. El médico con quien hable dijo que posiblemente la den de alta máximo en un par de días, aunque también es posible que sea antes si mejora.
—¿Crees que esté en condiciones de viajar?
—No puedo dejarla— insiste y yo lo acepto, siempre y cuando Ranko también esté de acuerdo.
—Y ¿qué haremos cuando se de cuenta que lo queremos engañar?— alzo una ceja.
Me mira con mala cara y hace un mohín pasándose la lengua por los colmillos —esta bien, fue un plan muy estúpido.
Lanzo una bocanada de aire —no, en realidad no es malo pero no lo vamos a poder engañar. Y presiento que más que interesarle obtener a través de nosotros el libro… para él esto es una clase de prueba. Porque él sabe donde y quien lo tiene, pero ahora juega con nuestra lealtad.
Ranma aprieta su quijada tras pasar un trago de sangre —es muy posible. No lo había visto de esa manera.
—Yo creo que si Ryoga puede descifrar nuestra cura tal vez la opción sea tratar de descifrar la que serviría para Mousse.
—¿Curarlo dices?
Lo miro pensando que tampoco es buena idea.
—Es viable— medita —siempre y que no sea posible que siga siendo un brujo de sangre. De lo contrario estaríamos igual de indefensos.
—También lo había pensado pero yo tenía entendido que los brujos canalizan su energía de la vida o de la naturaleza. Y entonces siendo un vampiro ¿qué no la muerte sería impedimento para que fuera un brujo?
Me mira con los ojos entornados —sin embargo había algo en esa habitación que gritaba peligro.
—También lo noté.
Abro la segunda bolsa y Ranma ya termina su segunda para entonces. Se frota el abdomen y sonríe encantadoramente —esta delicioso, es como un frappe.
Me río de sus tonterías —a veces se te ocurre cada cosa.
—Oye trato de llevar una vida lo más normal, sabes lo que pienso.
—Sí— pongo los ojos en blanco —quitarle lo macabro a nuestras circunstancias.
—Por cierto escuché de la policía que no tenían pistas que lleven a los autores intelectuales por lo que no hay forma de incriminar a los Sabishii Birds. Básicamente es su palabra contra la de ellos.
Lo miro esperando que me cuente el resto de lo que su cabeza está maquilando.
—No sé como lo han hecho Akane— parece admirado —pero el papel con la dirección de la casa de té no tiene aroma alguno— gira su cabeza para mirar el exterior del auto, el estacionamiento está por completo vacío salvo por nosotros —Ranko ha entregado la evidencia para que examinen buscando huellas digitales pero presiento que no encontrarán nada.
—Posiblemente haya previsto Mousse que terminaríamos revisando esa pista.
Ranma mueve la cabeza de un lado al otro negando mientras se pelea con el plástico de la tercera bolsa que intenta abrir —no, no me estas entendiendo. No olía a nada, ni siquiera a Ranko.
Me limpio los labios con un papel desechable —entonces ¿tendríamos que seguir dudando que Mousse sea un brujo?
—No necesariamente, bien podría tener entre sus filas un brujo o una bruja— sus cejas se unen levemente cuando arruga su frente —piensa en la sensación que transmitía esa habitación por donde entramos.
—Era escalofriante, horrible.
Miro la hora en el reloj del auto —casi ha pasado el tiempo acordado con Ukyo y me gustaría que compráramos algún postre para llevar a su casa.
—Amor de mi vida— dice apurando el contenido de la tercera bolsa —siempre consigues sorprenderme con delicias así.
Se inclina y me besa castamente en los labios —vamos— mira mi bolsa a medio tomar —termina para que podamos ir de compras y volver en tiempo.
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Ranma se estaciona justo donde Ryoga le indica afuera de su casa. Y Ukyo va hasta mi lado del auto en cuanto el motor se apaga para abrir la puerta.
—Ryoga ha intentado cocinar algo para la cena— me advierte apretando los dientes como si se estuviera disculpando pero al instante su preocupación es reemplazada por su sonrisa animada —¿cómo se sienten?— pregunta y yo veo a mi esposo más activo en sus movimientos, sacando de la cajuela nuestras armas dentro de una de las maletas junto con unos pasteles que hemos conseguido comprar cerca del hospital.
—Mucho mejor— sonrío agradecida y ella sujeta mis manos.
—De hecho te sientes menos fría.
—Nos ha sentado muy bien tu ayuda.
—Vamos dentro— inclina su cabeza con dirección a la casa —tenemos mucho de que hablar.
Ryoga ayuda a Ranma con una de las bolsas y luego de que nos sentamos en la sala Ukyo coloca la carpeta de imitación que ya habíamos visto en la superficie oscura del kotatsu con las fotografías de los libros que sacamos de la tumba de Cologne.
Trago saliva nerviosa.
—Ukyo dice que deben contarnos algo— rompe el silencio repentino Ryoga cuando deja junto a las fotos una bandeja de madera con tazas a juego de una tetera humeante. El aroma es picante, té negro sin duda.
Miro a Ranma y él inclina ligeramente su cabeza, veo como sus fosas nasales se expanden tomando aire antes de iniciar.
—Nosotros fuimos los que sacamos esos libros de la tumba de la líder de las amazonas— explica y tanto Ryoga como Ukyo le miran atentos, expectantes, deseosos de saber más de nuestra historia.
Nuestra historia.
Mi esposo mueve de lado su cabeza y el brillo azul sobrenatural en sus ojos resplandece —la mujer se llamaba Cologne, había sacado a su gente de las fauces de las montañas donde se asentaba su aldea. Yo desconocía el motivo real por el cual lo había hecho y pensaba, al igual que el resto, que era debido a la guerra.
Como capitán del ejercito del daimyo Saotome era mi responsabilidad salvaguardar a los refugiados en un campamento que se había instalado en las orillas de la costa sur del imperio a petición explicita del emperador.
Que el mundo no pensara que nuestro emperador era algo menos que generoso con los necesitados— sus labios se estiran en un intento de sonrisa amarga.
Toma aire cruzándose de brazos —había una chica, Shampoo. Era misteriosa y guapa. Los chicos del regimiento estaban encantados de verla todos los días— un gesto de complicidad masculina que seguro tenía con sus compañeros del ejercito aparece en su rostro —pero lo que más sobresalía en ella era su habilidad con las armas. Incluso admito que me costó trabajo ganarle unas cuantas prácticas que tuvimos y entonces se ofreció a ayudar con los entrenamientos de los recién llegados a mi batallón del ejercito.
Accedí porque en la guerra nunca son suficientes manos las que puedan ayudar. Siendo francos Shampoo fue muy útil, sobre todo cuando tuve que movilizar a algunos de mis hombres para aplacar una pequeña revuelta que había en las cercanías.
Pero más allá de la amistad que le ofrecí no pasó nada— esta vez me mira y yo tomo su mano por debajo del kotatsu, entrelazando nuestros dedos, luego que deja caer sus brazos a cada lado de su cuerpo y aprieta mi rodilla a modo cariñoso.
Esta parte de la historia ya me la sé, me la contó Ranma mientras viajábamos en solitario aquellos largos días en el mar. Cuando teníamos la tonta idea de que encontraríamos con rapidez una cura.
Pero hay cosas que se ha guardado para él, secretos que siguen pesando en su corazón y a los cuales no me permite acceder por culpa. Por miedo. Por resentimiento hacia él mismo.
Ryoga sirve té para todos a la espera de que mi esposo continúe con su relato.
—Yo no volví al campamento, tenía que seguir ayudando a movilizar a la gente que se había quedado sin casa y sustento por las batallas. Pero también tenía otras obligaciones, el anuncio oficial de mi compromiso y próximas nupcias estaba cerca.
Viajé a la capital del imperio para reunirme con mi familia y con la de mi prometida— Ranma fija ahora la mirada en el kotatsu, como si pudiera ver en la mesa de madera oscura la imagen de nuestra celebración de compromiso. Se ilumina un poco más el azul en sus iris —Akane se veía preciosa en su kimono rosa pálido. Pensé que parecía un ángel y mientras la música sonaba a la espera del emperador para que este nos diera su bendición yo me acerqué a ella.
—Acomodaste uno de los pliegues del moño en mi cinturón.
Una sonrisa tímida y complice aparece en sus labios —solo era el pretexto para acercarme a ti— empuja mi cuerpo con su brazo —estaba tan nervioso.
Ukyo suspira y mis labios se unen avergonzados cuando recuerdo sus palabras en el hospital sobre como nos ve.
La mirada de Ranma se pierde en el recuerdo amargo de lo que sucedió a continuación —las puertas del salón se abrieron de par en par y la oscuridad se extendió en el recinto cuando las llamas de las antorchas se apagaron por el golpe de un viento espectral.
Una figura desaliñada, con el cabello largo desparramándose sobre sus hombros y pechos apareció de la nada. Vestía un atuendo que se pegaba a su silueta de forma sinuosa. Caminó lento mientras entraba al salón y la forma de su peinado me recordó a la chica del campamento… pero de algún modo distinta.
Las venas resaltaban en su piel extremadamente pálida y los ojos violeta estaban demasiado iluminados, irreales. Seguía siendo hermosa pero había algo profano en su andar.
Abrió sus labios para hablar y lo único que dijo fue que me había buscado por todo el imperio, que quería reclamar nuestro amor. Pero yo la miraba sin entender quien era exactamente o a lo que se refería. Solo estaba concentrado en proteger a Akane cuando me planté frente a ella para cubrirla, sintiendo su pequeña mano aferrándose a la tela del brazo de mi kimono.
El silencio nos envuelve en la sala, Ukyo retira su mirada como si al hacerlo pudiera evitarnos la pena de lo sucedido. Su corazón late acelerado, igual que el de Ryoga.
—Y entonces lo hizo ¿cierto? ¿cómo te maldijo Ranma?— la pregunta viene de este último, aunque por la forma como mira a mi esposo intuyo que tiene pensadas varias opciones.
—Solo dijo que si no era de ella no sería de nadie— el pulgar de Ranma dibuja círculos en el dorso de mi mano —la luna y las estrellas se apagaron al mismo tiempo, dejando una negrura, un vacío. Y el caos reinó. Había gritos y escuchaba pasos de la gente reunida en el salón buscando escapar. Yo sentí un golpe en el corazón y un fuego que quemaba mis entrañas, un dolor inexplicable explotaba en mi boca como si hubiese tenido carbón ardiendo en la lengua… pero fue en medio de toda esa oscuridad que una luz me hizo girar cuando algo llamó mi atención. Veía el latido, cada vez más lento, del corazón de Akane. Y una petición de auxilio— guarda silencio y yo aprieto más su mano cuando su pulgar también se detiene.
Suspira para continuar —cuando volví a cobrar el conocimiento la tenía entre los brazos, su mirada estaba vacía pero su expresión era de paz absoluta. Mis uñas estaban clavadas en su piel y su hermoso kimono empapado por su sangre. Podía olerla— cierra los ojos inspirando, recordando mi aroma mortal —era lo más dulce y tentador. Y también podía sentirla en la punta de la lengua. Jamás, a lo largo de mi existencia he conseguido probar algo similar.
Recargo mi cabeza en su brazo y él ríe con un sonido ronco que viaja por su garganta, recarga su cabeza encima de la mía —después despertamos en una cripta familiar. No sabemos que sucedió luego de que Ranma tomara mi vida— termino de contar —pero no fuimos enterrados como se debería.
—¡Oh cielos!— murmura Ukyo con las mejillas encendidas.
—¿Cuándo volvieron a ver a la bruja?— pregunta ahora Ryoga.
—Semanas después, en el campamento de refugiados— contesto nerviosa —al día siguiente de que abriéramos la tumba de su abuela.
Ukyo mira a Ryoga y él asiente —entonces sin duda es magia de sangre— sus ojos nos sonríen pero luego veo cierta pena.
—Las amazonas fueron una tribu confinada en las montañas de China— explica Ukyo —un grupo de mujeres que en su mayoría tenían un amplio conocimiento en variadas técnicas de arte marcial. Estaban adelantadas a su época— un lado de su boca se tuerce —pero también tenían costumbres un poco arraigadas para la demostración de su valía por medio de la fuerza. La líder era no solo sabia, sino poderosa. Temeraria y muy hábil.
—En los vestigios de las ruinas que quedaron después de los derrumbes se han encontrado inscripciones que recopilan diversas técnicas, provenientes de muchas culturas— complementa Ryoga —las amazonas querían aprender básicamente a dominar el mundo.
No puedo evitar tamborilear mis dedos en la superficie del kotatsu —los romanos— hablo sin pensarlo.
—Sí— contesta Ryoga casual —en realidad hay muchos escritos romanos dentro de las posesiones de la tribu— mira a Ukyo de reojo —tendré que revisarlo con Tsubasa, él está más especializado.
—Y entonces… ¿la gente de la tribu amazonas conoce algo de todo esto?— es Ranma quien hace la pregunta.
—Recientemente. Lo que igual hemos ido aprendiendo nosotros. Antes mucha información se había perdido luego del derrumbe y con cada generación nueva más y más relatos se fueron diluyendo, como el azúcar en el agua.
—En mi familia hay escritos que hablan sobre variadas prácticas de los magos de sangre, pero debo admitir que es la primera vez que escucho que por causa de una maldición de un corazón roto hubiese una conversión y no la usual manipulación de la voluntad del maldito— nos instruye Ukyo —ustedes rompen la regla.
Esto ya lo había comentado cuando les conocimos, que el objetivo de Shampoo muy probablemente era el de obtener a Ranma a su manera. Contra su voluntad si era necesario.
—Claro esta que la magia que practicaban las amazonas, ahora sabemos, bien podría surgir de cualquier fuente o incluso de la combinación de varios conjuros— complementa Ryoga.
—Entonces la cura ¿es posible que exista?— pregunto preocupada de que estas explicaciones solo sean la antesala a una realidad inminente. Que la cura no existiese aún cuando Shampoo porque nunca lo haría.
—Cada maldición produce su propia cura, es una cosa de causa y efecto. Mi intención era conocerlos para comprender mejor lo sucedido y así poder confirmar la idea que tenía de que podía tratarse de una maldición por despecho— Ryoga deja salir aire por su nariz —aunque necesito seguir investigando para buscar la fuente exacta del conjuro que pudo haber empleado Shampoo, limitar un poco las posibilidades.
—¿Cómo que?
—Bueno— sus ojos se alzan en busca de la respuesta en su memoria —por lo general las maldiciones de sangre requieren una ofrenda o un elixir conjurado por otra bruja o brujo de sangre. De preferencia de la misma estirpe y eso, en este caso, puede ser alguien de la tribu amazonas.
—Además la mujer quería que sufriera una represalia capitán— dice Ukyo mirando con cautela a Ranma —pero también le quería a sus pies. Ella dijo si no eres mío no serás de nadie, una advertencia— sonríe confiada —usted creo una tercera opción al convertirse y convertir a su esposa, se me ocurre que la respuesta a la cura podría estar entonces en usted.
Ryoga asiente emocionado —lo que amplia más las posibilidades y aunque parezca malo en realidad es una buena noticia.
Sé que he separado mis labios pero mi cabeza intenta procesar todo.
El aire sale abruptamente de los labios de Ranma, como si alguien le hubiera dado un golpe en el abdomen —¿yo tengo la cura?
Lo miro y algo me suena conocido —no es tan descabellado, Mousse dijo que si no le entregábamos los libros para buscar otra opción te drenaría por completo para revivirla.
—¿Revivirla? ¿A quién?— Ryoga interroga confundido —¿Quién es Mousse?
Ranma pone mala cara y luego me mira de reojo, yo asiento —hay más por contarles.
Esta vez soy yo quien relata.
—Cuando viajábamos buscando la aldea de la tribu de las amazonas nos encontramos con un pequeño grupo de hombres que volvían de la guerra. Entre ese grupo había un chico de nuestra edad que pertenecía a la tribu de las amazonas. Su nombre era Mousse y resultó ser el prometido de Shampoo. Pero ahora es un vampiro que busca uno de esos libros— señalo las fotografías en la madera.
Ukyo parpadea sorprendida y se cubre la boca con ambas manos —¿él supo lo que ella les hizo?
Ambos negamos.
—No tuvimos el valor de contarle y tampoco que yo la maté.
—¿Qué?— la voz de Ryoga suena aguda —¿Shampoo está muerta?
—Sí— respondo por lo bajo.
—Pensábamos que seguía viviendo— el asombro se reemplaza por temor en la expresión de Ukyo.
—¿Por qué creerían eso?— Ranma responde con un tono un poco elevado.
—Por que ustedes siguen viviendo. La magia de sangre está ligada al brujo de sangre— dice Ukyo —aunque ustedes, esta muy claro, son la excepción.
Ryoga suspira dejando caer su espalda en el respaldo del sillón —si tan solo supiéramos exactamente de donde sacó Shampoo el embrujo— sus ojos recaen en mí —es obvio que se trata de una mezcla, una práctica de magia de sangre amazónica pero hay algo más.
—Mousse mencionó que era una maldición conocida como Vetus Cor Meum Sanguine, proveniente de un escrito romano que obtuvo en específico Cologne— alzo un hombro —lo que explicaría en gran medida la facilidad que tuvo Shampoo para obtenerlo.
—Pero si era algo relativamente nuevo dentro de las amazonas también explicaría porque no supo controlarlo— habla Ukyo con determinación —la investigaré, tengo registros de casi todos los escritos de mi familia en la fundación, es también posible que los míos supieran algo—baja su vista anotando el nombre que le doy en su teléfono.
—También quisiera saber…— digo tras aclararme la garganta y Ukyo se detiene de escribir para poner atención —Mousse afirma que él mismo se maldijo, por lo que tuvo que convertirse en un brujo de sangre primero ¿es posible?
Ukyo ladea su cabeza, con los labios en una línea recta —bueno… en teoría sí. Tendría sentido, así solo dependería de él mismo su supervivencia— luego anota algo más en su teléfono —pero eso no solo sería complicado sino físicamente insoportable.
Bueno Mousse mencionó el dolor.
—¿Y puede seguir siendo brujo aún cuando es vampiro?
—No— parece incluso ofendida Ukyo de la pregunta —sería muy… muy raro— luego nos mira y suspira —como ustedes— sus manos se unen con las yemas de sus dedos, presiento que es su postura usual cuando está por explicar algo complejo —verán para crear un vampiro nuevo se suele hacer a través de una maldición, a diferencia de los vampiros convertidos. Ranma sería en su caso el vampiro de origen y tú Akane su primer vampiro convertido— sus ojos se entrecierran —pero es una maldición específica, diseñada para obtener ese resultado. Lo del capitán es algo propio.
Cada vez que siento que es más sencillo comprenderlo aparece algo nuevo que lo complica todo.
—Sería mejor no entrar en desesperación, encontraremos la cura— habla Ryoga cuando ve que Ranma y yo nos quedamos en total silencio —lo prometo, no son los únicos seres malditos por la magia a quienes hemos ayudado.
—¿Hay más?— Ranma se muestra curioso.
—Jusenkyo ha arrojado al mundo una infinidad de seres que siguen rondando nuestro mundo capitán. Se sorprendería.
—No lo dudo.
El estómago de Ryoga ruge y yo retiro mi mirada de él, sonriente se levanta el joven historiador ayudando a su esposa a lo mismo —deberíamos cenar y después será mejor descansar. Mañana nos espera otro día agotador.
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Ryoga y Ukyo nos ofrecen permanecer en su casa, pero al final decidimos volver a la mansión.
En el trayecto a esta pienso que, a pesar de todos los años que hemos vivido pocas veces nos hemos topado con vampiros. Que los hay. Pero, tal como mencionó Ukyo, todos habían sido convertidos por otro vampiro. Ranma siempre era el único original, creado por magia.
Y ahora Mousse.
—¿Te sientes mal Akane?— pregunta Ranma cuando suspiro recargando mi frente en el frío cristal del auto.
—Solo estaba pensando en todo lo que ahora sabemos.
—Hay que esperar a ver que encuentra Ukyo respecto a la maldición romana, si Shampoo combinó ambos… ¿hechizos? A lo mejor eso fue lo que contribuyó a que yo pudiera conseguir autonomía.
Lo miro con el rabillo del ojo —al menos no fuiste su esclavo.
No se lo he dicho para recriminarle nada, pero me frustra pensar en esa mujer. Y ahora tenemos otro problema adicional.
Me abrazo las costillas y trato de relajarme el resto del camino.
En cuanto entramos el teléfono de la mansión suena, es Ukyo avisando que su amigo doctor le ha informado que Ranko ya se encuentra fuera de observación y que si todo sigue igual de bien mañana por la tarde podrá salir.
—Gracias a los dioses— murmuro y Ranma sujeta mi rostro cuando cuelga.
—Gracias amor— susurra besando mis mejillas —¿te apetece un baño?
No puedo evitar temblar ante tal expectativa y él ríe por lo bajo. Subimos tomados de la mano.
Cierro los ojos disfrutando del largo baño caliente por el cual, de algún modo que no me explico, conseguimos entrar ambos a la tina. Las manos de Ranma frotan con suavidad mi espalda.
—Se siente tan bien— digo extasiada y agradeciendo por fin la limpieza de mi cuerpo. Ha conseguido quitarme la tensión con un delicioso masaje en los hombros.
No puedo estar molesta con él, ni siquiera es su culpa mi tensión. Nada de esto es su culpa.
Supongo que más bien ha sido abrumador todo porque desde nuestro encuentro en las aguas termales no habíamos podido limpiarnos. Tenía en la piel la noche y el día enteros.
Pero sobre todo saber que Ranko esta bien nos ha quitado un peso de encima y nos ha devuelto de alguna forma el alma al cuerpo.
—¿Y si siempre tuvimos la cura?— pregunta de repente Ranma.
Me río sin poder evitarlo —¿te refieres a tu propia sangre?
Ranma hace un ruidito con la garganta afirmando.
—Ya te he mordido antes Ranma y te he sacado sangre— pienso en esas ocasiones donde la pasión se nos ha ido de las manos.
Mi esposo se ríe alegre antes de suspirar y abrazarme por la cintura —y vaya que ha dolido perversa mujer de colmillos tentadores— me besa en la mejilla.
—Y seguimos igual. No, no eres tú amor— respondo a su duda —o al menos no solo tú— pienso en lo que dijo Mousse respecto a drenar por completo a Ranma. Pero también en los comentarios de los Hibiki relacionados con lo que un brujo de sangre debe hacer para crear magia.
—¿Cuéntame que piensas?— dice Ranma acariciando con su mejilla la mía antes de soltarme para tomar un cuenco de madera de los que están en el banquillo junto a la tina y así poder recolectar un poco de agua.
—En algunos momentos me pregunto porque lo hizo.
—Se sentía sola— responde dejando caer esa agua sobre mi cabeza para quitar el excedente de jabón de mi cabello, pasando sus dedos con cuidado para desenredarlo —creo que eso fue lo que la motivó, pensó que yo podía darle seguridad. La seguridad que había perdido por la guerra.
—Me da lástima. ¿Es malo que sienta lástima por ella?
—No, Shampoo tuvo que huir con su gente y era la siguiente en la línea de sucesión de su abuela. Y seguramente la anciana ya estaba enferma desde que escaparon de China.
—Su abuela— medito mordiéndome los labios —¿tú viste enferma a la mujer cuando la conociste?
—En realidad no. Era una vieja gruñona que esperaba poner a mi ejercito en orden bajo su mando— siento su sonrisa en el cartílago de mi oreja cuando susurra el resto —pero no se lo iba a permitir ¿cierto?
El agua sigue descendiendo por mi cabello, hasta que me recargo en el pecho desnudo de Ranma y él besa mi sien —¿qué se te está ocurriendo?
—No lo sé, ahora me da miedo hilar dos puntos que parecen claramente unirse.
Con suavidad sujeta mi mentón y alza mi cabeza para que pueda mirarme a los ojos —entonces por ahora déjalos estar libres— se agacha para besarme y yo subo mi brazo para que mi mano se introduzca en su cabello suelto.
Salimos de la tina, Ranma me lleva casi en voladas sujetando mi cintura con sus brazos. No paramos de besarnos mientras mi esposo nos acerca hasta la cama.
—Va a quedar empapada— me río en el segundo que me deposita con lentitud sobre la superficie.
—Hay muchas habitaciones— abre los brazos para señalar lo obvio, su torso gotea agua de la tina y yo sigo con la mirada el trayecto de estas. Me gusta lo que veo —luego de que terminemos de hacer el amor aquí prometo llevarte a otra para dormir.
Ranma se coloca sobre mí, con sus brazos extendidos para no aplastarme con su peso completo. Me mira a los ojos y juega con el nacimiento de mi cabello relamido por el agua también.
Después me besa, mordisqueando mis labios de vez en cuando y yo no puedo evitar reír de las tonterías que a veces me susurra delineando con mis dedos el contorno de su boca, buscando que se detenga de besarme.
Siento los labios hinchados y adoloridos ya.
—¿No quieres que te haga el amor?— pregunta sonriendo con los ojos muy abiertos e incrédulo —porque estoy lleno de energía, mi esposa hermosa me ha alimentado como los dioses esta tarde.
—Siempre quiero que me hagas el amor— respondo abriendo mis piernas y rodeando con estas su cadera, empujando su cuerpo hacia mí con mis brazos cuando pasan entre sus costillas aferrando su espalda. Mi deseo por Ranma se enrosca en mi vientre —siempre.
Bajo uno de mis brazos, colocándolo entre nuestros cuerpos húmedos para tomar con cuidado su erección, rozando primero mis dedos con lentitud sobre el largo caliente. Y lo que hago me es recompensado cuando Ranma gime con los labios entre abiertos y los ojos cerrados con fuerza.
—¡Oh cosita cruel! ¿Cuánto piensas jugar así conmigo?— gruñe suave.
Alzo mi propio cuerpo arqueando mi espalda y deslizo su miembro poco a poco en mi interior— no mucho, tampoco tengo ganas de tenerte lejos —dejando así que me llene.
Su aliento eriza mi piel y yo le respondo con sonidos agradables y pequeños jadeos de placer.
Me contoneo lento acoplándome con su empujar y jalar dentro de mi cuerpo. Yo acaricio su columna con las yemas de mis dedos en pequeños círculos y él tiembla. Sin dejar de moverse tampoco.
—Me encanta cuando me torturas con serenidad— dice a mi oído, después toma con sus dientes el lóbulo y yo me estremezco destrozada por el placer.
Muevo mi cuerpo en un vaivén contrario a sus movimientos, sensual con mis caderas deslizándose entre los dos. Los brazos de Ranma se doblan, recargando solo sus antebrazos a cada lado de mi cuerpo protegiéndome de su propia fuerza cuando acelera sus movimientos, pero eso no impide que nuestros cuerpos se peguen aún más.
—Adoro cuando me haces el amor con dulzura, cuando me coges con furia, cuando me veneras con lentitud y me demuestras la pasión que ruge en tu interior. La lujuria que nos une y el cariño que nos construye día a día.
Gime y posa sus ojos azules encima de mi rostro, tratando de descifrar mis pensamientos a través de mis propios ojos aupando con una mano mi mejilla y una mirada apasionada —Akane, sin duda haces que me estremezca con cada aliento tuyo — dice antes de dedicarse a besar con calma mi boca, luego deslizándose por la línea de mi mandíbula y después mi garganta, mordiendo un poco la piel de mi clavícula antes de saborear mis pezones —te amo tanto mi princesa.
—Le sacas partido a todos esos estudios en literatura— sonríe divertido.
Ranma y yo hemos tenido que entretenernos a lo largo de las épocas y es evidente que hemos invertido tiempo en nuestra educación por años. Pero con lo que más se divierte molestar es echarme en cara cuando recientemente decidí estudiar literatura en Inglaterra.
Aunque sin importar ninguna de mis decisiones siempre ha estado ahí para mí. Como yo para él.
—Te amo— dice en voz tan baja, con sus labios carnosos y húmedos contra mi piel que incluso a mí me cuesta escucharlo —te amo, te amo, te amo.
Y con sus palabras dejo que la explosión de alivio estalle. Aferrando con furia mis manos en su piel para sostenerme.
Ambos jadeamos. Temblando nos abrazamos sin movernos primero. Disfrutando el descenso de ese estallido.
Casi siempre soy consciente de su simiente en mí y casi siempre pienso lo mismo... si tan solo estuviéramos vivos. Pero nos tenemos el uno al otro y haré hasta lo imposible por protegerlo.
Después de respirar unas cuantas veces más sale de mí y volvemos a besarnos con suavidad —te amo Ranma— le confieso jugando con los mechones de su cabello que caen envolviendo su cuello —y debemos acabar con Mousse.
—Si— suspira recargando su cabeza entre mis pechos —tenemos que detener lo que sea que es. Solo espero que no haya convertido a más personas en vampiros.
Trago saliva ante la posibilidad.
Acabar con él, significará acabar con su estirpe. Sin importar que tan lejos o que tan unidos se encuentren a él.
Lo sabemos porque una vez, de viaje por Nueva Zelanda, conocimos a una pareja de vampiros convertidos. Habíamos decidido conocer con ellos la Isla Rangitoto y por la noche, mientras cenábamos acompañados por las luces de la fogata en nuestro campamento uno de ellos comenzó a sentirse mal.
Creíamos que se debía al clima pero de la nada empezó a devolver sangre a raudales. Él había convertido a su pareja, así que ambos chicos duraron no más de 10 minutos luego de que comenzaran a desangrarse frente a nuestros ojos. Sin poder hacer nada.
Alguien, en alguna parte del mundo, había matado al vampiro que había creado su estirpe.
Ha sido lo más horrible que he tenido que ver en mi larga vida. Y he visto muchas cosas horribles.
Cuando amanece yo estoy arropada por los brazos de Ranma, escuchando su respiración. Es lo único que puedo escuchar en su pecho.
Paseo mis dedos por sus pectorales desnudos imaginando como se sentirá escuchar su corazón o sentirlo bajo mi mano. Extraño ese sonido y esa sensación. Cuando estábamos vivos pocas veces tuve la oportunidad de escucharlo, y jamás de este modo, pero es de las pocas cosas que mi memoria decidió atesorar con vehemencia.
—¿Dormiste bien?— pregunta frotando con fuerza mis hombros.
Ranma siempre sabe cuando ya me he despertado. No es difícil en realidad, el movimiento de la respiración cambia.
—Tan bien como se podría esperar después de un día tan dispar.
Se queja mientras se levanta, conmigo a cuestas —lo sé— frota su cara con pereza —pasamos de ir de cacería al trago amargo de descubrir que Mousse es un señor yakuza y que además tiene la audacia de amenazarnos. De alimentarnos magníficamente para después enterarnos que estamos tan cerca como lejos de la cura. Ya no sé como sentirme— escucho un puchero.
Le abrazo por la espalda, arrodillada en la cama cuando se sienta en la orilla del colchón.
—Entones también dormiste bien ¿no?
Suspira besando mis manos que están sobre su pecho —te haré algo de desayunar y nos iremos a la fundación ¿sí?— mira la hora en el teléfono que está sobre la mesa de noche y entonces se pone tenso.
—¿Qué ocurre?— trato de mirar la pantalla del aparato.
—Mousse quiere saber si ya decidimos cuando le llevaremos el libro.
—¿Cómo consiguió este número?— miro horrorizada el mensaje al momento que Ranma me enseña la pantalla.
—Debe tener algún informante en la policía. Después de todo este teléfono nos lo dio Ranko y además eso explicaría como consiguieron colocar las bombas dentro del estacionamiento.
—¿Que piensas responder?
Ranma comienza a teclear —le diré que debe practicar la paciencia, que se lo llevaremos en un par de días.
No estoy segura como se lo tomará el jefe yakuza. Aunque siento que en el fondo puede haber todavía rastros de su humanidad, sino ¿porque la preocupación por encontrar otra manera de revivir a Shampoo que no involucre la muerte de mi esposo?
Sin embargo es difícil aferrarme a esa idea cuando lo he visto tomar de una jovencita como si se tratara solo de una bolsa de sangre.
Esperamos alguna respuesta antes de movernos de la cama pero tarda en llegar.
* Soy un hombre paciente *
Es lo único.
—Si, claro. Un hombre paciente— farfulla mi esposo mientras se levanta y anda desnudo hasta la habitación donde se encuentra toda nuestra ropa. Al final si hemos tenido que cambiar de cuarto para poder dormir un poco.
Me levanto y voy tras de él, mirándole gustosa las nalgas a cada paso mientras balbucea una sarta de tonterías relacionadas a lo mucho que desea golpear el soso rostro del secuaz de Mousse, el tal Taro.
Se coloca los bóxers, para mi desgracia, y luego se da la vuelta con mi ropa interior en las manos quedándose callado, observándome de pies a cabeza. También estoy como llegué al mundo.
—Yo... yo ya iba con tu ropa— murmura con esa mirada que me desarma por completo.
Camino gatuna hacia él —¿quieres que me ponga eso?— señalo sin importancia las prendas que cuelgan de sus largos dedos.
—Es bonito— se traga el aire a nuestro alrededor sin apartar sus ojos de los míos.
—¿Me los pones?— ronroneo y él mueve rápido la cabeza de arriba abajo.
Pasa por mis brazos los tirantes del sujetador y abrocha la prenda en mi espalda, luego introduce bajo la tela sus fríos dedos, acomodando mis pechos en cada espacio donde deben ir —perfecto— habla encantado antes de besar el espacio entre mis senos.
—Faltan las bragas— alzo una ceja.
—No las había olvidado ¡los dioses impidan que se le congele el trasero a mi esposa!
No puedo evitar carcajearme y él sonríe de lado antes de ponerse sobre una rodilla frente a mí, luego su rostro se pone serio besando primero mi muslo derecho y con su nariz se pasea por encima de mi Monte de Venus y yo tiemblo a causa de su respiración en mi piel —me encanta tu aroma Akane— dice con seriedad extrema y besa al fin el muslo izquierdo cuando llega hasta este.
Pasa la prenda por mis pies y lentamente la sube, acariciando mis piernas con descaro exagerado —ha sido una dicha hacerte mía tantas veces— sigue hablando y sigue besando mis dos extremidades inferiores.
Me sujeto de sus hombros para no caerme —Ranma no me tortures así— consigo hablar de algún modo luego de que el juego se me ha salido de las manos.
—Es una lástima que no pueda hacerte algo más— el aire sale de sus labios con pesadumbre —nos espera un día extenuante— dice cuando por fin termina de subir las bragas y besa mi ombligo, aspirando de nuevo —pero prometo hacerte el amor en cuanto estemos a solas.
Agito su cabello con una mano y él me mira desde abajo —y siempre cumple sus promesas capitán.
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Una de las recepcionistas de la fundación nos recibe en la entrada, parece que nos esperaba desde temprano porque su rostro se ilumina cuando ingresamos. Aunque presiento que también tiene algo que ver la presencia de mi esposo con que su pulso se haya acelerado.
La chica nos lleva hasta donde la bóveda subterránea.
Ukyo está dentro, sentada en la mesa central rodeada de muchos libros. Parece concentrada, hasta que la puerta se abre y ella alza su cabeza.
—Tengo pruebas de que el señor Mousse ya no podría ser un mago de sangre— dice levantándose de su lugar y caminando hasta donde estamos. Me abraza y luego a Ranma —¿quieren algo de tomar?
—Buen día— le digo al verla tan concentrada —parece que has estado ocupada.
—Estamos bien, gracias— responde Ranma a la oferta de una bebida.
Para este momento la puerta ya se ha cerrado y nos quedamos solos los tres en el sitio.
—Es que necesitaba saber como es que a Mousse no le pareció extraño que sigan ustedes con vida a pesar de que Shampoo ya no exista.
Ranma se rasca una mejilla —bueno...
—¿Qué han olvidado contarme?— pregunta cruzándose de brazos.
—Él mencionó que junto a la tumba de Cologne estaba la de Shampoo.
Ukyo desvía su mirada, pareciese estar entre tejiendo nuevas posibilidades en su mente.
—Él lo sabía o al menos lo sospechaba— habla por lo bajo Ukyo regresando hacia donde tiene sus anotaciones y un par de libros abiertos.
—¿Saber qué?
Ukyo alza la mirada —una maldición te roba algo y en muchos escritos se habla de que es doloroso maldecir a alguien. Igual hay algunos testimonios de personas que fueron maldecidas que comentan que recibirlo es igualmente imposible de soportar— toma un libro de en medio de una pila que está a su derecha —aquí hay relatos de una mujer que se creía había perdido la razón porque gritaba que el sol se había introducido hasta el fondo de su ser para quemar cada espacio de su cuerpo y que ella era la luz ahora. Me suena a algo muy similar a lo que usted nos comentó capitán.
—Es verdad, es una clase de dolor que no se puede explicar.
—Entonces ¿por qué otro motivo estaría dispuesto el señor Mousse a pasar por ambos tormentos? — la emoción por el conocimiento bulle dentro de Ukyo.
—Él dijo que no querría que alguien sufriera por esa causa, su objetivo inicial era detener monstruos que habían llegado desde Jusenkyo.
—Si Shampoo estuviera viva en teoría ella tendría que controlarte Ranma. Mousse no solo lo ha hecho para bondad sino también porque él no quería especular en ser controlado por nadie— mueve los ojos de un lado al otro —y además porque así se aseguraba de ligar su existencia solo a sí mismo.
También ya lo había comentado el día anterior.
Nos quedamos en silencio analizando la información. Yo incluso busco sentarme, tiene todo el sentido de ser.
—Mousse debió seguramente re afirmó que había hecho bien cuando encontró la tumba de su amada— medita sujetando con dos dedos su barbilla —salvo que la haya encontrado antes de convertirse.
—Creo que entendí que supo lo ocurrido con Shampoo antes de convertirse en vampiro.
Ranma mueve la cabeza negando —de cualquier forma esa tumba no debería existir, cuando Shampoo falleció su cuerpo entero explotó. No quedó nada.
—¿Entonces como sabe él que se trata de la tumba de Shampoo?— Ukyo se cruza de brazos.
—Tenía pensado que fuéramos a revisar el sitio en lo que antes era el campo de refugiados.
—Es buena idea capitán, podemos ir en cuanto llegue Ryoga— explica anotando algo más en su libreta —fue por los libros de la tribu. Es que se encuentran resguardados en una bodega de uno de los museos al otro lado de la ciudad.
—También vendrá con nosotros Ranko— mi esposo no deja espacio para refutar su afirmación.
—¿Han hablado con ella el día de hoy?— pregunta Ukyo.
—Aún no— comento al ver que todavía no son ni las 10 de la mañana.
—Bueno estoy segura que igual ella querrá venir— dice Ukyo sin apartar su vista de lo que escribe en el papel bajo sus narices.
—¿Y tienen alguna información sobre la cura?— mi esposo por fin se sienta a mi lado, tomando con cuidado uno de los libros sobre la mesa.
—La única certeza que tenemos es que la sangre pide sangre. Pero en cuanto tenga la copia de los escritos romanos que también traerá Ryoga podemos descartar opciones.
—Habían dicho que Ryoga tenía una teoría.
Ukyo deja de escribir y nos mira mordiéndose el interior de sus mejillas —Ryoga piensa que el sacrificio exige un sacrificio. Una maldición de un brujo de sangre normalmente se puede curar con reliquias corruptas que sigan absorbiendo…— de repente se queda en silencio mirando algo —tal vez…— ahora me observa a mí —tal vez si tuviéramos el objeto con el que mataste a la bruja.
—Mi daga— respondo frunciendo el entrecejo —no sé que fue de ella luego de que Shampoo dejara de existir.
Ukyo vuelve a anotar algo, esta vez en una esquina del papel frente a ella —¿pero podrías reconocerla?
—Por supuesto.
Se levanta y va hasta la entrada —pediré que me traigan el archivo con todo el inventario que tenemos de la zona. Tal vez la tengamos.
La joven mujer sale y Ranma me abraza por los hombros —si fuese así sería mejor que tener que sacrificar a alguien ¿no crees?
—Sería demasiada buena suerte— trago saliva.
El teléfono que lleva Ranma vibra de nuevo, es Ranko pero no puede responder porque la señal se interrumpe.
—Iré arriba para hablar con ella y avisarle que pasaremos a recogerla— besa mi cabeza —no tardo.
Sale en cuanto pide ayuda por el interfón y la puerta se abre.
Inspiro y me pongo en pie observando en general la sala. Todo lo que está aquí cuenta una historia. No imagino lo que habrán visto estos objetos, lo que habrán sentido. Lo sé, es una tontería pensar en estas cosas como seres vivos pero a fin de cuentas yo no estoy viva tampoco.
Camino por entre los estantes, leyendo las etiquetas que clasifican las piezas que hay ahí. Veo el enorme estuche que guarda el hacha de la dama Kuonji y me pregunto si ella también está involucrada en la existencia de la tumba de Shampoo.
¿Sabría entonces que éramos Ranma y yo? Es posible que su sexto sentido se lo dijera.
Avanzo por otra hilera y encuentro de repente el nombre de mi padre en una etiqueta. Son sus diarios de guerra.
No me atrevo a sacar el libro forrado en piel, así que solo acaricio el lomo cerrando mis ojos al inspirar su aroma. Ya no es a como lo recordaba, se debe a que estuvo bajo tierra y predomina el olor a humedad y a todos esos años encerrado en la oscuridad.
Pienso en mi padre.
La última vez que hablé con él estaba muy emocionado por el baile de mi compromiso. Me había regalado un adorno para mi cinturón que él mismo había colocado con cuidado y manos temblorosas. Luego había bromeado conmigo respecto a que Ranma no fuera a hacer algo indebido cuando estuviéramos sentados el uno junto al otro durante el evento.
Casi enseguida entraron mis hermanas al lugar, Kasumi con la propiedad de una recién casada y Nabiki quejándose por un coronel que le estaba coqueteando con descaro según ella. Pero inmediatamente se ocuparon de supervisar que yo estuviera lista.
Trago saliva y me limpio la lágrima que rueda por mi mejilla.
Sé que mi familia vivió por muchos años, Kasumi tuvo muchos hijos e hijas y Nabiki jamás se ató a nadie. No me sorprende, ningún hombre era realmente digno de ella y su ansiada libertad.
Ellos no sufrieron penurias luego de mi muerte, no sufrieron estragos por la guerra o desventuras a causa de la magia. Tuvieron, de un modo u otro, una existencia pacífica.
Me abrazo la cintura para evitar temblar al pensar en ellos.
Yo tampoco he tenido una mala vida, Ranma y yo hemos andado por el mundo bastante tiempo. Mucho más de lo que se supone alguien debería hacerlo. Hemos visto los cambios a través de los siglos y nos hemos maravillado con los avances.
Nos hemos adaptado y reinventado cientos de veces. Hemos llorado nuestras perdidas con frustrada amargura pero también igual hemos reído en abundancia por los momentos de felicidad que hemos compartido.
Pero sobre todo hemos amado. A otros y a nosotros mismos.
Y a pesar de lo ocurrido nunca, jamás tendría algo que reprocharle a mi amado samurái. Él ha cumplido, después de todo, con su promesa de protegerme. Incluso de mí misma.
Recuerdo con amargura la primera vez que descubrí que ya no sangraba, que mi periodo ya no existía luego de creer que se debía a que pudiera estar esperando. La amarga resolución del descubrimiento y lo que realmente eso implicaba. Ranma no me soltó durante toda esa primer noche. Me consolaba hablándome con palabras de amor.
Suspiro.
Me muevo de nuevo cuando escucho los amortiguadores de la puerta.
—¿Akane?— me busca Ranma y yo corro hasta donde está en la entrada, me abraza por la cintura cuando detiene mi cuerpo al chocar con él —¡Eh! ¿todo bien amor? — pregunta besando la punta de mi nariz.
—Sí— suspiro más enamorada de él, como el primer día.
Su sonrisa cálida me llena el alma y luego exhala sin dejar de mirarme a los ojos.
—¿Hablaste con Ranko?
—Sí, dice que ya van a darla de alta esta tarde. Ha mejorado mucho en realidad.
—Bueno temían que tuviera daños internos y por fortuna eso ya fue descartado, para nuestra suerte solo ha sido un brazo roto.
—Para nuestra suerte— Ranma me sujeta mejor y recarga su mandíbula encima de mi cabeza.
Ukyo también entra a la bóveda y muestra una tableta en lo alto —aquí está el registro fotográfico de nuestro inventario Akane, será mejor que te sientes y veas cada pieza.
Asiento.
—Empecemos— le digo tomando el objeto de sus manos.
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Holi guapos! ¿Cómo van estos días? Esperando de corazón que mucho mejor. Les mando abrazos ultra gorditos.
Como siempre gracias por leer y por sus comentarios!
EsmeraldaYasmin: Creo que concordamos en que sería una terrible idea permitir que Shampoo loquita reviva jajaja abrazos ultra gorditos y mil gracias por tu review!
Akanita87: Ay! Yo feliz de que esté siendo de tu agrado, la historia le tengo mucho cariño. Gracias por leerla!
Niomei: Ajá! Ajá! Esa parte, cuando Mousse aparece fue lo que salió extra en el OneShot original que estaba planeando. Pensé que él no cedería tan fácilmente la idea de perder a Shampoo. Y lo de Akane con Ukyo me parecía una interacción necesaria para nuestra vampiresa, tener una complice. Mil gracias por leer!
Sary: Yo también espero que no aparezca la bruja! Jajaja Abrazos ultra gorditos!
Benani0125: Bueno por lo que cuentan nuestros historiadores Hibiki él se hizo brujo para no depender de la vida de otro. Están ligados los brujos a sus maldiciones, así que en teoría Ranma y Akane deberían haber muerto cuando Shampoo lo hizo. Muchíiiiisimas gracias por leer! Abrazos gorditos!
