Capítulo 12
¿CUÁNDO APRENDERÍA A MORDERSE LA LENGUA? durante el trayecto de vuelta a la casa, Sakura no dejó de hacerse esa pregunta. A hora sí que estaba segura de que su mal genio la había metido en un buen lío. Sentía que Sasuke la observaba desde el asiento de enfrente y aún sin mirarlo sabía que estaba disfrutando ideando la manera de hacérselas pagar, cosa que sin duda no se haría esperar.
No quería hacerse notar, pero eso era imposible si cada vez que nublaba con él lo desafiaba de esa manera. ¿Y cómo se le había ocurrido darle una patada en la espinilla? Se encogió en su asiento al pensar en su temeridad. Él podía haber respondido. No, eso no era verdad, porque algo en su interior le decía con una certeza absoluta que a pesar de ser un hombre peligroso y con un genio de mil demonios, sería incapaz de hacerle daño.
De eso se había valido para ser tan descarada y atrevida, y ahora debería pagar las consecuencias que sin duda no serían nada agradables. Sasuke parecía el tipo de hombre que no dejaba ninguna deuda sin cobrar.
Cuando llegaron, Sasuke las ayudó a bajar. Sakura no perdió el tiempo y empezó a subir las escaleras de la entrada seguida por Izumi y Tezuna. Ambas mujeres habían estado todo el viaje de vuelta comentando la fiesta e intercambiándose los cotilleos más recientes de Londres, que los invitados de la ciudad estaban deseosos de difundir.
Al entrar a la casa, Sakura deseó las buenas noches y se dirigió a las escaleras.
—Señorita Izuno, si tiene un minuto me gustaría hablar con usted.
Sakura sintió que su merecido estaba a punto de serle impuesto.
Tezuna y Izumi miraron a Sasuke con gesto interrogante.
—¿No puede esperar hasta mañana? La señorita Izuno debe de estar agotada —le dijo Tezuna con condescendencia.
—¿Señorita Izuno? —le dijo Sasuke en un tono que desprendía una sutil amenaza.
Sakura se giró para mirarlo y vio la determinación en sus ojos. Estaba claro que si ella no cedía a su demanda, la cosa sería peor. Además si seguían así, Tezuna y Izumi no tardarían en preguntar qué sucedía y lo único que le faltaba era que ese arrogante les contase el relato completo de sus andanzas.
—Sí, claro.
Sakura se obligó a esbozar una sonrisa dulce y encantadora que hizo que Sasuke deseara entregarle un premio por su interpretación.
—Tezuna, Izumi, les prometo no entretener mucho a la señorita Izuno. Les deseo buenas noches.
Ambas mujeres se quedaron atónitas cuando Sasuke les cerró la puerta delante de sus narices.
—¿Se puede saber qué sucede? —preguntó Tezuna cuando pudo cerrar de nuevo la boca.
—Tía, no tengo la menor idea, pero es bastante extraño, ¿no te parece?
—Lo que me parece es que todo sería más fácil si cada uno fuera quien realmente es.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Izumi extrañada por ese acertijo que le había dicho Tezuna.
—Que estoy demasiado mayor para el juego de los jóvenes.
Dicho eso se marchó a su habitación tras desearle las buenas noches a su sobrina, y dejarla aún más confusa.
Sakura se mantuvo al otro extremo de la biblioteca mientras Sasuke cerraba la puerta y se apoyaba cómodamente sobre la repisa de la chimenea. Con los brazos cruzados sobre el pecho, Sakura empezó a pensar en cuál sería la mejor manera de salir de allí sin que su orgullo resultara herido. Debería de haber sabido que eso no iba a ser nada fácil.
El silencio hacía cada vez más tensa la situación, lo que llevó a Sakura hasta el extremo de su autocontrol. La estaba poniendo nerviosa y sabía que él estaba divirtiéndose con ello.
—¿Podría dejar de atormentarme y decirme cuál será mi castigo?
—Sakura —dijo Sasuke mientras se pasaba una mano por la barbilla como si en vez de meditar sobre su venganza tuviera que decidir si declaraba la guerra a Francia.
—Somos personas adultas —empezó a decir Sakura antes de fijarse en como la ceja izquierda de Sasuke se arqueaba significativamente—, y por lo tanto debemos afrontar esto como tales —continuó diciendo no sin tragar saliva al ver la otra ceja del Conde arquearse hacia arriba para acompañar a su gemela—. Oh, está bien, reconozco que el pisotón ha sido a propósito y le pido disculpas.
Sasuke apoyó su peso en el otro pie mientras seguía en silencio esperando a que ella continuara.
—Y..., reconozco que lo de la patada ha sido vergonzoso para una mujer de mi posición. Ha sido una chiquillada y también lo lamento.
Sasuke sabía que con el orgullo que corría por las venas de la señorita Izuno esas disculpas le habían costado años de vida.
Sasuke se enderezó y caminando hacia la puerta, la abrió para que Sakura pasara.
Sakura se disponía a salir después de atravesar lentamente la estancia cuando Sasuke la tomó del brazo. Ella vio que el regocijo brillaba en sus ojos.
—No ha sido tan difícil, ¿verdad, Sakura?
—Es usted... —Sakura se calló a tiempo, recordándose que después de todo no había salido mal parada.
—Eso está mejor —le dijo Sasuke con una sonrisa, para después cerrarle también a ella la puerta en las narices.
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Sakura decidió darse un baño. Era tarde y debía irse a la cama, pero con la furia que llevaba en esos momentos en su interior sería imposible conciliar el sueño. Pensó que el agua caliente haría maravillas en su estado. La calmaría y la ayudaría a relajarse. Quitarse el disfraz que continuamente debía llevar podía ser en esos momentos la mejor medicina. Se lavaría el pelo, pensó, saboreando el momento en que se viera libre de todas esas horquillas. Casi no recordaba el verdadero color de su cabello, ya que siempre que se lo secaba tenía que volver a aplicar ese horrible tinte. Ese día no lo haría. Dormiría como Sakura Toriichi, con el pelo suelto y la cara limpia de maquillaje.
Llenó la bañera que daba a su habitación. Cuando llegó a aquella casa, la instalación de tuberías fue lo que más la sorprendió. No hacía falta llevar los cubos hasta la bañera para llenarla, sino que el agua salía directamente sobre ella.
Se desnudó quitándose las vendas que aprisionaban su pecho y que tan dolorido se lo dejaba.
Sin pensarlo dos veces, se metió en el agua soltando un gritito al sentir como los músculos se le iban relajando a la vez que el líquido los cubría.
Se regaló el placer de permanecer durante un buen rato rodeada por las sales aromáticas que había echado en el baño mientras su pelo, después de un primer lavado, se deslizaba suave por la espalda, sintiendo que la cabeza descansaba de la tirantez, y la presión de las horquillas que a todas horas permanecían clavadas en el cabello.
Cuando sintió que el reloj del pasillo daba la una, salió a regañadientes del agua, cubriendo su desnudez con una toalla. Se secó sin prisa, mientras el fuego que había encendido crepitaba en la chimenea y adormitaban sus sentidos. Se puso el camisón y se acercó al calor para desenredarse el pelo. Lo tenía demasiado largo como para poder manejarlo con facilidad. Ahora más que nunca debería cortárselo. Su tía la mataría, pero debido al disfraz, el trabajo con su cabello se había multiplicado por dos.
¡Qué alivio ser otra vez ella misma, aunque fuera a escondidas y solo por unas horas!
Una llamada en la puerta hizo que volviera a la realidad. No pensó en nada más cuando el tono en la voz de Kenji le reveló que algo no andaba bien.
—Sakura, por favor abre, Sakura.
—Sí, un momento —dijo Sakura que había ido por una bata.
—Es Saori, está enferma.
Sakura sintió una punzada de temor. Kenji no era de los que se asustaban por nada.
Sakura abrió inmediatamente la puerta antes de que la razón se impusiera. Cuando lo vio en pijama, descalzo y con los ojos abiertos como platos se dio cuenta de que el niño no estaba viendo a la institutriz, sino a Sakura Toriichi, y era evidente que se había quedado sin palabras. Ya era demasiado tarde como para maldecirse por cometer la estupidez de salir así antes de disfrazarse de nuevo, pero al percibir la urgencia en la voz de Kenji ni siquiera había pensado en su aspecto.
—Soy yo, Kenji, ¿qué ocurre?
El niño parpadeó dos veces antes de que una exclamación saliera de su boca de manera espontánea. Después de la impresión inicial pareció recordar por qué estaba allí.
—Saori está muy caliente y no para de devolver. Solo dice que quiere que usted o Izumi vayan, pero tía Izumi no contesta.
A Sakura no le extrañó que Izumi no lo hubiese oído. Después de beber el ponche de la señora Yotsuki era imposible no caer fulminada en la cama, y Izumi había bebido más de uno porque al regresar a casa estaba achispada.
—Por favor, señorita Izuno, no sabemos qué hacer.
Sakura salió de su cuarto y junto a Kenji se dirigió a las habitaciones de los niños. Cuando entró vio que Azami estaba lívida mientras sostenía la cabecita de Saori que no paraba de vomitar.
Sakura se acercó a ella.
—Azami, déjame ver cómo está tu hermana.
Los ojos de la niña reflejaron un inmenso alivio al verla allí.
—Saori, cariño, no te preocupes, verás como pronto te pones bien —le dijo Sakura en un intento de tranquilizar no solo a la pequeña, sino a todos los que estaban allí con ella.
Tocó la frente de la niña y efectivamente estaba caliente, aunque no tanto como para que fuera alarmante.
Recostó a Saori sobre las almohadas cuando dejó de vomitar.
—¿Te duele aquí? —le dijo Sakura tocándole la boca del estómago.
La mueca de dolor en la cara de la niña fue suficiente respuesta.
—¿Qué ha cenado? —le preguntó a Azami mientras tapaba a Saori con una manta.
—Lo mismo que nosotros, pescado con zanahorias.
—¿Y no ha tomado nada más?
—No —dijo Azami moviendo la cabeza para que su respuesta fuera más rotunda.
—Eso no es del todo correcto —dijo Kenji recordando algo—. Esta tarde cuando fui al piso de abajo, vi a Saori salir de la cocina. Cuando la llamé escondió las manos en la espalda y tenía la boca llena de chocolate. Al parecer se metió en la cocina cuando no había nadie y se dio un festín con las galletas.
—No me extraña que esta noche no tuviera hambre —dijo Azami ahora algo más tranquila al conocer el origen del malestar de su hermana.
—Entonces lo que tiene es un empacho —dijo Sakura mientras mandaba a Kenji a que humedeciera un paño.
Empezó a darle masajes a Saori en el estómago mientras le cantaba suavemente. Puso el paño húmedo en la cabeza de la niña a la vez que pensaba en bajar a hacer una infusión que ayudara a calmar el estómago de la pequeña.
Sasuke subía las escaleras de dos en dos ansioso por llegar cuanto antes a su habitación y dejarse caer en la cama. Después de la conversación con la señorita Izuno, se había puesto a repasar los contratos que Naruto había traído de Nueva York, y a pesar de no estar cansado, el sueño que le había estado rehuyendo durante las últimas semanas pareció concederle una tregua.
Adormilado, empezó a cruzar el pasillo cuando una dulce voz le llegó desde el otro extremo. Se acercó atraído por el bello sonido como si una cuerda tirara de él.
Provenía del cuarto de los niños. Una luz parpadeante que provenía de la habitación que tenía la puerta entornada, creaba sombras en la pared del pasillo. Aceleró el paso para descubrir por qué los niños estaban despiertos a esa hora.
Cuando abrió del todo la puerta y entró, tuvo que contener la respiración al verse frente a la mujer más hermosa que había visto en su vida. Esta había saltado como un resorte al oírlo entrar y ahora lo miraba como si fuese una ladrona a la que hubiesen descubierto en mitad de un delito.
¡Dios, era magnífica! Su pelo rosáceo le llegaba hasta la cintura ondulándose sobre su exquisita figura que se empeñaba en ocultar cerrando la bata con pudor. Sus enormes ojos centelleaban en medio de la penumbra. Apostaría lo que fuera a que eran verdes, de esos en los que un hombre podía perderse para no querer volver jamás.
Debía de ser alguna criada nueva que no había visto, aunque era imposible que una criatura así pasara inadvertida.
—Sakura, ¿puedes cantarme un poco más?
Sakura cerró los ojos a la espera de la explosión de Sasuke, que parecía mirarla como si hubiese visto a un fantasma.
Sasuke sintió que un escalofrío subía por su espina dorsal al escuchar las palabras de Saori. No podía ser cierto, era imposible.
—¿Sakura?
Sakura se quedó callada como si así pudiese engañar al destino que parecía haberse ensañado con ella.
—¿No es increíble, tío? —le dijo Kenji poniéndose junto a ella.
Sasuke sintió que una furia cegadora le recorría el cuerpo.
—Sí, es increíble —dijo con un tono tan frío que Sakura sintió que las manos se le helaban.
—Saori está enferma —le dijo Azami a Sasuke. La niña parecía haberse dado cuenta de la tensión que había entre los dos adultos.
—¿Qué le ocurre? —preguntó mirando directamente a Sakura.
—Es un empacho —le contestó a media voz.
Los ojos de Sasuke buscaron la cama donde la pequeña estaba acostada y se acercó a ella.
—¿Cómo se siente mi bichito? —le preguntó con una voz tan dulce que conmovió a Sakura.
—Ahora estoy mejor —le dijo la niña mientras le tomaba una de las manos.
Sasuke se asombró una vez más de lo pequeñas que eran las manitas de su sobrina entre las suyas. Un impulso protector se adueñó de él mientras contemplaba su rostro ceniciento en medio de las almohadas.
—¿Que has estado comiendo?
La niña hizo un mohín encantador que provocó las sonrisas de sus hermanos.
—He comido galletas —dijo con un susurro como si hubiese confesado un pecado mortal.
—Bueno, ya verás como te pones bien enseguida.
—Desde que ha venido Sakura me encuentro mejor.
Sasuke se puso tenso como el mármol al escuchar el nombre.
—Tus hermanos se quedarán contigo un momento mientras yo hablo con la señorita Izuno.
—Está bien, pero ¿después puede venir conmigo?
—Ya veremos —le dijo Sasuke con una sonrisa mientras le daba un beso en la frente.
—Azami, llama a tu tía Izumi y que se quede con Saori.
—No creo que sea necesario, yo puedo hacerme cargo —le dijo Sakura haciéndole frente.
—Señora mía, usted no va a hacerse cargo de nada hasta que hablemos —le dijo Sasuke atravesándola con la mirada.
Sakura sintió que sus horas en aquella casa estaban contadas.
Sasuke la tomó del brazo cuando ella se resistió a seguirlo, y la obligó a salir de la habitación con él. Sakura empezó a sentir temor de verdad cuando vio que no se dirigían al piso de abajo, sino que seguían por el pasillo hacia las habitaciones del Conde.
Sasuke abrió la puerta de su dormitorio e hizo entrar a Sakura delante de él.
—No esperará que hablemos aquí, ¿verdad?
—Este es tan buen sitio como otro cualquiera —le dijo mientras se desataba el lazo de su camisa entreabriendo el cuello y arremangándose.
—Mi reputación quedará hecha pedazos si me encuentran aquí —le dijo Sakura entre dientes.
—Si fuera usted una dama estaría de acuerdo, pero por ahora solo tengo clara una cosa y es que es una impostora, una mentirosa que no ha dudado en engañar a todos los que han confiado en usted. Así que no me hable de reputaciones porque aquí está en juego algo mucho más importante que su honor.
Sakura pasó por su lado procurando salir de allí, pero Sasuke fue mucho más rápido. La tomó por los brazos y, cuando Sakura quiso soltarse, él estaba preparado para frustrar su intento.
—Pequeña arpía, estese quieta —le dijo mientras la sostenía con más fuerza apretándola contra su cuerpo.
Sasuke estaba irritado por la manera en que reaccionaba ante aquella mujer. Desde que la había visto se hallaba en un estado de excitación difícil de controlar, pero ahora que la tenía entre sus brazos, rodeando su deliciosa figura, sintiendo sus pechos firmes y esbeltos contra él, la urgencia de su deseo era apremiante. Recurriendo a todo su autocontrol, miró los enormes ojos verdes que lo miraban con una furia evidente y le habló lo más calmado posible.
—Si no deja de retorcerse, perderá su reputación en todos los sentidos.
Sasuke supo el momento exacto en que Sakura captó el significado de sus palabras. Un sonrojo propio de una debutante se extendió por sus mejillas e hizo que sus ojos brillasen con más intensidad.
Sakura se quedó quieta. Lo miró a los ojos y vio algo diferente en ellos que la abrumó.
—Suélteme, por favor —le pidió.
Sasuke la soltó a regañadientes. Sakura encajaba perfectamente entre sus brazos y eso lo tomó por sorpresa.
—Siéntese en ese sillón y empiece por el principio, y por su bien que sea toda la verdad —le dijo con un tono que no admitía discusión.
Sakura sabia que debía ser convincente. No podía contarle la verdad, por lo menos la suya, pero sí podría ofrecerle la verdad de Sakura Izuno y de otras tantas chicas que habían sido tratadas injustamente. Izuno había sido seducida y abandonada sin posibilidad de encontrar un empleo, en Venecia su tía Tsunade había ayudado a más de una chica a las que hombres influyentes habían forzado y a las que después habían despedido por falta de moralidad. Era repugnante, pero cierto, así que su historia bien podía ser la de todas ellas.
—Me llamo Sakura Izuno y soy institutriz. —Sakura vio que Sasuke iba a objetar algo y antes de eso levantó la mano para que la dejara continuar. El Conde asintió con la cabeza—: Lo único que no es verdad es mi aspecto, pero me vi obligada a ello.
—¿Por que?
—Porque tenía miedo.
—¿De que?
Sakura empezó a improvisar intentando ser lo más verosímil posible. Pese a que asqueaba tener que seguir mintiendo, pero no podía decirle la verdad. Si les contaba el verdadero motivo de su presencia en Inglaterra, no sabia cómo podían reaccionar. Su padre era un hombre respetado y encantador para toda la sociedad, eran solo unos pocos los que sabían de su verdadera naturaleza. Quizá incluso Sasuke o Itachi lo conocieran o tuviesen negocios con él. Su padre podría convencerlos de que era una mujer alocada y difícil que intentaba dejarlo en evidencia. No podía arriesgarse por mucho que deseara contarle todo y dejar de llevar ese peso sobre sus espaldas.
—En la casa que trabajé antes de que me mandaran aquí, el hijo del hombre que me contrató intentó seducirme. No me dejaba en paz y me dijo que tarde o temprano conseguiría lo que quería.
Sasuke contrajo la mandíbula al escuchar esas palabras. No sabía si creerle, pero no era un secreto que muchas institutrices, doncellas y damas de compañía habían sufrido abusos por parte de sus empleadores. Desgraciadamente, esas historias se repetían continuamente sin que nadie pusiera freno a esas injusticias.
Sakura pensaba que con eso bastaba para que Sasuke se hiciera una idea, pero al parecer estaba equivocada. Su silencio era señal de que esperaba más. No se contentaría con solo unos retazos.
—¿Llegó a hacerte daño?
—Lo intentó —dijo Sakura sintiendo una punzada de remordimiento por tejer esa mentira.
La verdad es que no era del todo mentira. Había tenido que disfrazarse para escapar de un hombre. No uno que intentó seducirla, sino uno que trató de venderla para poder obtener a cambio dinero y poder. Un hombre que le había hecho daño y que había destruido vidas como si se tratara de una partida de ajedrez. Un hombre que había matado poco a poco a su madre enterrándola en vida y que pretendía hacer lo mismo con ella.
—¿Te fuiste de allí?
Sakura intentó recordar lo que le había dicho Izuno.
—No, me despidieron.
—¿Porque no quisiste aceptar sus demandas?
—Sí.
Sasuke sabía cómo era el carácter de Sakura, su genio y su naturaleza combativa. Era una mujer que no se dejaba amedrentar y podía imaginar cómo había hecho frente a aquel cabrón, sin embargo, a pesar de su indomable naturaleza ese hombre podía haberla dañado o algo peor.
—Su nombre —le dijo Sasuke con una contundencia que no dejaba alternativa alguna.
—No —le dijo Sakura—. Si le dijera cómo se llama, no volvería a trabajar nunca más.
—Tu situación en estos momentos es bastante delicada, así que solo voy a preguntarlo una vez más. ¿Cuál es su nombre?
Sakura sabía que estaba jugando con fuego, pero no tenía alternativa.
—Si quiere echarme lo comprendo, si quiere denunciarme a la agencia también, pero no espere que le dé su nombre.
—¿Por qué?
—Porque cuando se es institutriz, se depende de una reputación y del silencio para ganarse el sustento. Se aprende a no escuchar ni ver lo que ocurre alrededor. Se aprende a olvidar por el propio bien y a guardar secretos —le dijo Sakura mirándolo directamente a los ojos.
—Pues aquí no has hecho gala de ninguna de esas cosas —le dijo Sasuke mientras le sostenía la mirada de tal manera que parecía intentar leer su alma.
—Aquí era diferente.
—¿Por qué?
—Porque vosotros sois diferentes. —Sakura tomó aire antes de soltarlo en un largo suspiro—. Cuando me despidieron, se me ocurrió la idea de disfrazarme. Algunas de las otras institutrices de la agencia habían pasado por lo mismo y no todas habían salido tan bien paradas. Sabía que tarde o temprano yo podía ser una de ellas. Una de las muchachas fue violada por el hijo de un marqués y, ¿sabe lo que le ocurrió? —le preguntó Sakura con furia—. Pues que la echaron. La madre de aquel desgraciado dijo a la agencia que su institutriz había resultado ser una fulana y la agencia la echó también. ¿Sabe qué les ocurre a esas chicas? —le dijo Sakura con lágrimas en los ojos—. Pues que se encuentran solas con un hijo en el vientre y sin nada de qué vivir. Imagino que un hombre de mundo como usted puede imaginarse el resto.
Sí, desgraciadamente Sasuke sabía perfectamente qué les sucedía a esas chicas. Había escuchado más de una vez a hombres de la alta sociedad mofarse de ello.
—Yo pensé que si parecía una mujer vieja y fea nadie se fijaría en mí y podría hacer mi trabajo sin tener que preocuparme por el señor de la casa.
Sasuke podía entender por qué Sakura había decidido hacer lo que había hecho, pero todavía lo irritaba sentir que los había engañado a todos. Tomó una de las sillas y se sentó enfrente. Sus piernas quedaban por fuera de las de Sakura al acercarse más a ella.
—Dijiste que aquí era diferente, ¿por qué?
—Porque...
Sasuke le tomó la barbilla para levantarle la cara y que así lo mirara a los ojos.
—Por primera vez —empezó a decir Sakura casi en un susurro—, me olvidé de que solo era una empleada. Tezuna, Izumi, los niños, todos me recibieron tan bien, con tanto cariño, que a veces me sentía como si fuera parte de esta familia. Ya sé que digo tonterías, pero me hacían sentir en casa. Estaba tan a gusto que a veces me dejaba llevar.
—Sí, de eso puedo dar fe —le dijo Sasuke con una sonrisa.
—Sí, y lo lamento. Con usted he sido una arpía, lo sé, pero es que me sacaba de quicio con una facilidad que...
Sasuke soltó una carcajada.
—¿De qué se ríe? Me estaba disculpando, ¿sabe?
—Sí, diciéndome lo fastidioso que soy.
—Bueno, es que lo es. Decididamente lo hace a propósito.
—¿Qué cosa?
—Irritarme.
—Bueno, tengo que confesar que disfruto bastante viendo como pierde los estribos.
—Es usted...
—Shh, Sakura, tranquilícese, solo estaba bromeando —le dijo mientras le colocaba un mechón de pelo por detrás del hombro.
El roce de sus dedos, a pesar de la bata y el camisón, le produjo un hormigueo inquietante en la piel.
—Mañana recogeré mis cosas —le dijo Sakura decidida.
—Sasuke frunció el entrecejo mientras la sostenía por los brazos.
—No va a ir a ninguna parte, Sakura.
—Pero Tezuna, Izumi, su hermano...
—Lo entenderán.
Sakura estaba demasiado cansada para seguir discutiendo. Sasuke interpretó su silencio como si estuviese pensando qué hacer.
—Aquí nadie va a hacerle daño.
Sakura levantó la mirada rápidamente.
—Eso ya lo sé —le dijo tocándole inconscientemente el brazo con una mano.
Sasuke estaba seguro de que Sakura no se había dado cuenta de ese gesto, pero él sí. Le había dicho que nadie le haría nada, que estaba segura allí, y eso era cierto, pero lo que no estaba tan claro era cómo iba a conseguir comportarse como un caballero cuando en lo único en lo que pensaba era en desnudarla y besar cada centímetro de su cuerpo.
—Entonces no hay más que hablar. Ahora debe descansar. Mañana lo conversaré con la familia.
Sakura asintió con la cabeza mientras se ponía en pie.
—Antes voy a ir a ver como está Saori.
—Casi no te mantienes en pie. No te preocupes, yo iré a verla y Izumi estará con ella.
Sakura iba a discutir, pero la ceja levantada de Sasuke le indicó que ni lo intentara.
—Oh, está bien.
Sasuke no pudo más que sonreír cuando tuvo que obligarla a seguir por el pasillo en vez de dejarla entrar en la habitación de los niños. De una cosa no cabía duda. Esa hermosa, terca, e incorregible institutriz era toda una mujer.
