El resto ya se lo saben…

Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi

Nota de la autora: yo me estoy inventando el universo vampírico de esta historia, no se rige por ninguna leyenda u otra fuente. Es como yo creo funcionaría en este universo el vampirismo.

Música de fondo:

"Notion" de Tash Sultana

"Lost it all" de Jill Andrews

"Through a glass" de Henry Jamison


No es lo que parece

Hay una leyenda…

Seguro te será conocida.

Sobre una hermosa mujer atrapada por una bestia en un mundo frío y solitario.

Pero no es una leyenda, es una historia que yo inventé para cubrir las huellas de mi amado samurái y las mías. Cubrir lo que una joven hermosa bruja, cegada por la humillación nos hizo. Lo que la ambición desmedida por poder le hizo a una amazona. Cubrir lo que la inocencia le causó a un joven soldado y el don heredado a una joven madre.

No hay pecadores que no se puedan redimir, no hay culpas que no se puedan perdonar.

Incluso en la muerte habrá forma de negociar.

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Mi mano se resbala y termino de nuevo recostada en el suelo, mi cuerpo se retuerce un poco por el calor repentino que va desde mis pies hasta la cabeza. Décadas han pasado desde la última vez que la sangre en mis venas entibiaba mi corazón por si solo.

Yo debería estar muerta, yo debería estar bajo tierra. Restos de huesos como cenizas.

Pero revivir parece ser peor que la muerte misma.

Siento como si fuera a partirme en pedazos, destrozada por una vida robada que cruje y se estira tras cada esquina de mi cuerpo. Robada. No es mía.

Mi corazón retumba en mis sienes con un constante martilleo. Un golpe tras otro. Un golpe.

A unos pasos escucho que Ranko sigue vomitando, escucho el castañeteo de sus dientes y lo exhausta que está por el esfuerzo. Se va volviendo más y más pálida a cada instante.

Han pasado casi otros 30 minutos desde que ambas comenzamos a sentir esta tortura. Y la sangre, el olor que percibo se va haciendo más fuerte. El goteo sigue constante. ¿De dónde viene?

Sé que no es la sangre de Ukyo, la he bebido antes en el avión y reconocería su aroma si fuera ella. Así que no me siento preocupada por su bienestar.

Pero estoy segura que está aquí dentro de la bóveda con nosotras.

Estiro mi rostro y veo el relicario con el alma de la bruja sobre mi cabeza en el suelo —maldita seas Shampoo— digo con los dientes apretados mientras mi cuerpo vuelve a absorber retortijones que provienen de mi vientre —no— suspiro.

Las lágrimas por el dolor salen de las orillas de mis ojos, se deslizan lentas y cálidas por mis sienes.

¿Así será mi fin? ¿Después de todo este tiempo? Porque sin duda siento que me muero a cada respiración. Pero todavía escucho el golpeteo de la sangre y la huelo.

Tengo que levantarme.

Muevo mi cuerpo hacia un lado e inspiro con fuerza para poner las palmas de mis manos sobre el suelo e impulsarme. La gracia de vampiresa parece también estarse diluyendo en mí, con un tropiezo tonto que casi me tira de nuevo consigo levantar mi trasero del suelo reconfortante.

Ranko tiene los ojos entre cerrados, rendijas largas me dejan ver el azul hermoso de sus iris moverse inquietos.

—¿Voy a morir?— pregunta con la voz seca y los labios partidos cuando me mira a su lado.

Me extiendo sobre la mesa y le ofrezco otra botella de agua.

—No, no vas a morir.

—Te ves diferente— hace un esfuerzo por mantener su cabeza arriba, pero el cansancio se lo impide —¿por qué te ves diferente?

Giro mi cabeza y veo mi reflejo en el metal de la puerta —Por todos los dioses— consigo hablar sorprendida.

Mi piel ha adquirido un color saludable, mis mejillas se ven sonrosadas y hay un brillo precioso en mi mirada.

Pero dejo de contemplarme cuando vuelvo a escuchar el goteo —quédate aquí y bebe el agua— le ordeno a Ranko tomando con un poco menos de esfuerzo una de mis dagas.

Inclino mi cabeza y camino lento a través de los estantes, busco seguir el sonido pero a cada paso se vuelve intermitente. Como si estuviera perdiendo el sentido auditivo. ¡Claro! Cuando era una humana yo no podía escuchar con tanto detalle, tampoco podía ver con tanta claridad hasta casi percibir las texturas sin tener que tocarlas.

Si esto me esta pasando, si estoy perdiendo mis habilidades tenemos un problema en caso de ser atacadas como se podría pensar.

Avanzo más hasta llegar a la última hilera, pero no hay nada. Solo el vacío, las antigüedades y nosotras.

Veo el sable que había sacado en el piso y junto a él un estuche negro enorme cuyo contenido recuerdo. Sé que había leyendas que contaban lo especial que era el arma de la familia Kuonji. Se decía que contenía propiedades mágicas.

—Yo necesito magia ahora— digo mientras voy por el hacha de doble filo.

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Cuando me detengo ni siquiera necesito preguntarle a Ryoga como se siente. El aventurero historiador se dobla recargando su peso en la pared contigua y vomita todo ese almuerzo de avión frente a él.

—Lo siento— murmura con un jadeo cuando se detiene limpiándose la boca con el interior de su antebrazo —eso ha sido horrible.

Lo miro recordando que la primera vez que corrí tan rápido igual vomité, con todo y que ya era una abominación.

—¿Tienes la vial cerca de tu corazón?— pregunto para restarle importancia a su reacción humana.

—Sí— toma aire tocándose por encima del pecho.

—Ok, vayamos entonces.

Doy un par de pasos y me aseguro que él vaya tras de mí. Entre sus manos Ryoga no puede evitar tamborilear sus pulgares sobre la superficie de piel del libro de las amazonas.

Por supuesto no pienso dejar que se lo quede Mousse, pero primero necesito encontrar la daga antes de destruir el libro.

Ryoga piensa que lo voy a recuperar del vampiro cuando tenga lo que quiero, pero lo pienso destruir. Nada bueno, nada que realmente valga la amenaza de más vidas puede provenir de ese libro.

Me detengo cuando llegamos al frente de la casa de té. Dentro hay gente comiendo y bebiendo con tranquilidad. Doy un paso, con Ryoga a mi lado, cuando nos plantamos ahí esperando servicio pero en cuanto el viejo hombre en la barra me ve sonríe sabiendo quien soy.

Tan inocente que parecía.

—Al menos esta vez ha decidido entrar por la puerta principal. El señor Mousse está arriba esperándole— habla con fuerza.

Hago un movimiento de cabeza para agradecerle y subo por las escaleras. Mientras escucho como despacha a todos los comensales y agradezco en silencio que esta pelea no inmiscuirá a inocentes.

Espero ver a Herb, pero nada de él. De hecho no veo a ningún otro posible yakuza. Aunque la puerta de aquella habitación horrible está cerrada a cal y canto.

Giro mi atención hacia la otra única puerta sobre el pasillo y miro por encima de mi hombro a Ryoga. Ruego a todos los dioses que la vial que lleva le proteja, aunque me ha contado en algún momento del viaje al sur que él sabe pelear. Lleva en su cadera una katana que ha pertenecido a su familia por generaciones. Solo espero que no nos veamos en la necesidad de averiguar que tan buenas son sus habilidades contra matones profesionales.

—Mi querido samurái— es la voz aterciopelada de Mousse tras la puerta —por favor, entra y tu invitado es igual de bienvenido que tú a mi hogar.

Ryoga se pone más recto. Valentía sin duda. Y abro la puerta hasta que él asiente.

—Te he traído el maldito libro, como querías infeliz— digo tomando de las manos de Ryoga el objeto y arrojándolo al centro de la habitación.

Esta vez el sitio esta perfectamente iluminado. La decoración es de buen gusto, minimalista y muy dispar a lo que esperaba. Una mesa larga está a un lado, rodeada de espacios suficientes para sus hombres. Sin lugar a duda este es su sitio de reunión.

Donde Mousse está hay unos sillones que huelen a nuevo.

—¿Decidiste decorar para recibirme?— me burlo —me siento halagado.

Mousse no responde, solo sonríe de lado cuando se levanta y camina hasta donde el libro.

—Puedes decirle a tu brujo matón que levante el encantamiento.

—Creí que te haría sentir bien estar más cerca de tu familia— su cuerpo baja para tomar el libro del suelo.

—Ha sido un experimento un tanto desagradable, un hombre de mi tamaño…— sonrío igual que él —ya te imaginarás lo ridículo que me veía lloriqueando por un corazón roto.

Mousse chasquea la lengua —te prometo que yo no le pedí a Herb enamorar a tu… ¿sobrina? ¿Ranko Saotome es tu sobrina entonces?

—Libérala.

Sus ojos se abren de par en par divertidos, desviando su atención de las hojas que comienza a revisar. Seguro verificando que sea el auténtico y que no quiera yo jugarle sucio.

—Por supuesto, en cuanto Herb termine con un encantamiento que le he ordenado te prometo liberarla.

Mis ojos van hasta el reloj de madera que esta en una de las paredes.

—Todavía queda tiempo capitán. Por favor tome asiento y sea educado, presénteme a su peculiar amigo humano.

Rio por lo bajo —me quieres robar el tiempo y yo no estoy para tus juegos Mousse. Ya te traje lo que pediste, ahora deja ir a mi sobrina.

—Sabes que un brujo de sangre vive muchos años— habla cerrando de un golpe el libro poniendo atención de nuevo en mí —pueden pasar décadas y el brujo seguirá viéndose joven. Son casi eternos. Tal vez si tu sobrina está realmente enamorada de Herb le convenga una vida más longeva.

—Llama a tu brujo.

Mousse sonríe como el cazador que piensa que es. Da un paso hacia mí. Me observa de arriba abajo.

—Ok, ya me cansé de jugar contigo por ahora.

Toma el bastón que cuelga de su brazo y produce una serie de golpecitos en el suelo.

—Me da gusto que tengas ayuda para buscar el resto de las cosas que necesito— comenta señalando con el metal en sus manos a Ryoga —usted es un recolector de baratijas ¿cierto?

—Soy un curador de la sociedad protectora de la historia militar— explica Ryoga a modo de presentación. Sin titubeos en su voz. Sin saber que el monstruo frente a él no se tentaría en arrancarle la yugular por solo ver sus entrañas.

—Ryoga Hibiki— el apellido de mi aliado danza en la lengua de Mousse —siempre me topo con los Hibikis entrometidos cuando necesito pistas.

La respiración de Ryoga permanece igual. Inmutable.

—Ahora que tienes el libro ¿cuándo nos dirás que más necesitas de nosotros?

—Así me gusta, dispuesto a ayudarme a recuperar al amor de mi vida capitán— Mousse se cruza de brazos dejando el libro sobre la mesa de cristal —que modales los míos ¿desean algo de tomar?

La puerta vuelve a abrirse, yo empujo el cuerpo de Ryoga tras de mí y una joven de cabello largo y oscuro, con un adorno en la frente entra. Esta vez la jovencita a ofrendar lleva más ropa que cuando vine aquí con Akane.

—Dijiste que si te traía el libro dejarías de…— miro como me observa Mousse esperando siga hablando. Pero no es hasta que lo estoy diciendo que lo noto.

Akane me contó que Mousse quería el libro para localizar el alma de Shampoo pero que alguien más tendría que usarlo seguramente, Herb, porque él no puede tomarlo. No debería poder hacerlo.

—¿Sucede algo capitán?

—Tú no eres Mousse— siseo.

Sus labios vuelven una fina línea mientras su cabello cambia de tono y se hace más corto, su rostro se desfigura y acomoda.

—Esperaba que no tuviéramos la necesidad de que lo descubrieras. ¿Qué me delató?— pregunta Taro colocándose bajo el brazo el libro, metiendo una mano en el bolsillo de su pantalón a modo casual mientras que con la otra sujeta del cuello a la jovencita quien no hace ni un solo sonido mientras la uña de su pulgar le perfora la piel —bebe de ella y tal vez me apiade de no matar a tu amigo.

—¿Dónde está Mousse?

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Siento un mareo y ganas repentinas de volver el estómago. El olor a sangre se vuelve putrefacto y desagradable, pero sobre todo muy cercano.

—Hola cosa bonita— dice Mousse a mi espalda y cuando me giro lo veo vestido completamente con una armadura muy similar a la mía.

—¿Cómo?— mis labios tiemblan y yo me deslizo rápido para tomar de la caja el arma de lady Kuonji —¿cómo entraste?

—Cuando tienes muchos brujos a tu disposición es muy fácil conseguir que alguno realmente haga lo que se le pide.

Mousse mira sobre su hombro y veo al fondo del pasillo el charco de sangre bajo una caja metálica larga.

Parpadeo una vez y cuando pongo atención de nuevo en el vampiro frente a mí ya tengo su rostro a escasos centímetros del mío con su mano sujetando mi cuello para alzar mi cuerpo. Tal como yo hago con mis presas.

—¿Creíste que podrían ganarme? Sabía que irían a buscar pistas al campamento cuando mencioné la tumba de Shampoo. Si, ella estaba ahí o al menos sus restos. Pero donde su alma tendría que estar... nada.

—Te importa muy poco ella, solo quieres su poder— consigo decir con el poco aire que tengo.

Mousse me observa con atención de arriba abajo, inclinando su oído hacia mi pecho —es fascinante como la humanidad vuelve a ti, como ya no eres una amenaza.

Abro mucho los ojos.

Él sonríe de forma ominosa —sabía que el infeliz de Herb terminaría traicionándome. Lo he estado vigilando por meses ¿creían que no sabría que no acata con lo que se le pide?

—¿Para qué querías unir a Ranko con Ranma?

—Es tan obvio dulzura— dice de forma visceral —Ranko es la cura para la maldición del capitán y tú lo sabes.

—Recién me enteré.

—Pero algo me dice que lo sospechabas por un rezo muy común entre tu padre y el daimyo Saotome la sangre llama a la sangre. Supongo que a pesar de todo Shampoo no era tan tonta y sabía perfecto como joder al capitán que la había rechazado.

—Ranma jamás le prometio nada a ella.

Una risa sarcástica ruge en su pecho —francamente no me importa lo que esa tontita hubiera supuesto.

Mi cuerpo vuelve a estremecerse, el dolor de sentir cada vena, músculo y hueso volviendo a la vida es extenuante. Paso de ser la cazadora a la presa en manos de este vampiro que me sostiene como si fuera una simple bolsa de aire.

Mousse me mira con ojos abiertos llenos de locura y poder —vamos a terminar lo que mi dulce Shampoo no consiguió cumplir. Tan débil. Tan inexperta Shampoo— sus labios se deforman en una mueca de desprecio —ella no tenía porque heredar el poder de las amazonas. Y tú en verdad te robaste su corazón, su compasión, el último rastro de su humanidad… pero yo voy a obtener el control del que ella no fue lo suficientemente fuerte por hacerse. Taro tiene una sorpresa para tu capitán.

El aire me falta, empiezo a perder lucidez. Esto no puede ser el final.

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Lo encantador de la magia de las amazonas es que la daga de la tribu se volvía una con su dueña, solo la líder era capaz de extraer de esta su magia propia y el objeto cumplía el propósito que la amazona dictara si así lo quería en ese momento.

Pero cuando Shampoo atravesó el corazón de Akane Tendo y vio el terror en los ojos azul mar de Ranma, antes de que este cambiara al monstruo que ella esperaba obtener con la maldición, la intención y los deseos de la amazona transmutaron.

Una sola gota es suficiente para abravar un mar entero.

Sin saberlo una chispa diminuta de su poder se transfirió a la doncella cuando Shampoo volvió a dudar, y sufrió por ello. Retiró la daga y huyó al notar que la voluntad del samurái no se enredaba bajo su embrujo.

Algo había hecho mal.

Protegida por las sombras de la noche Shampoo trato de razonar lo que había visto. Antes de realizar el encantamiento ella lo había memorizado, antes de incluso hacerse con el poder de la amazonas ella había repasado una y otra vez su plan.

¿Por qué lo dudó entonces? ¿Por qué titubear cuando se estaba cobrando la ofensa del capitán?

Y entonces lo recordó, el amor que sentía por su prometido Mousse aún corría por su piel. El recuerdo de sus manos y las caricias, las palabras y promesas. Ella seguía queriéndole y por la forma como había reaccionado Akane Tendo supo que la joven doncella también quería al capitán.

Sus ojos lo habían buscado cuando fue la única en dar un paso hacia él. El resto de los presentes había huido, pero ella no. Ella necesitaba ayudar a su futuro esposo.

Entonces se le ocurrió a la joven princesa amazona, la nueva líder de su tribu, que no se puede mandar en un corazón ya ocupado.

Regresaría por su gente, se la llevaría de vuelta a su tierra. Olvidaría todo o al menos lo intentaría.

Su cuerpo vagó por el camino de vuelta al campamento, pero a cada paso que daba sentía su piel estirarse. Su visión misma parecía estarle jugando bromas al notar su cuerpo volverse gris. A veces sí, a veces no.

Y sin saber cómo llegó a la orilla del mar. Había andado en línea recta y había llegado al final de la tierra. Pero esa clase de tonterías como los límites físicos no se aplican cuando tienes toda esa magia encapsulada vibrando por tu cuerpo.

Shampoo continúo, elevándose por sobre el agua.

Sentía en sus pensamientos una discordancia, sus recuerdos de lo sucedido oscilaban entre la verdad y la mentira que se construía. Ella no había matado a su propia abuela, por supuesto que no. Ella seguía dormida en la tienda de campaña a su lado esperando el sonido de las aves. Esperando el amanecer.

Pero por más que andaba Shampoo no despertaba. El agua seguía bajo sus pies, la neblina que había rodeado su cuerpo en la premura del alba seguía cubriéndola.

Tal vez si había hecho todas esas cosas terribles y alguien la había matado. Tal vez estuviera vagando entre la tierra de los muertos.

Escuchó entonces un clic a su espalda, puso más atención y como si un hilo invisible la sostuviera desde el cielo algo jaló el centro de su cintura. Lo primero que acudió a su mente fue su abuela, los libros sagrados y una risa burlona de un capitán que debía ser su sirviente.

Era verdad, él debía pagar la humillación que le hizo pasar. No podía dudar. Ahora él no tendría obstáculos porque ella había matado a esa mujer que se suponía sería su esposa. No, ella sería su ama, su diosa, su todo.

Su cuerpo se movió por voluntad propia hasta donde sentía el llamado, él le había conjurado al tomar lo que no le pertenecía y ella iría a recolectarlo.

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Mis extremidades penden de mi cuerpo laxas, como un títere sin tensar las cuerdas. En los ojos de Mousse danza una ira filosa, no hacía mí, sino hacía lo que yo no quiero darle que es el acceso al alma de Shampoo.

—Dime dónde la escondieron dama Tendo y prometo ser rápido al cercenar tu cabeza de tan bello cuerpo.

Comprendo que Mousse no puede sentir el alma de la bruja porque ella no quiere que él la encuentre.

Si no actúo, si no hago nada ahora será mi ruina y mi fin. Tanto soportar, tanto compensar mis crímenes por esta nueva naturaleza para terminar así.

—Que desperdicio— jadeo a pesar de tener mi garganta apretada por la mano firme del vampiro.

Ya no escucho a Ranko, no sé si es porque mis habilidades se han consumido por completo o si es por algo mucho peor.

—Ahora eres renuente pero sabes que si yo estoy aquí pudiendo hacerte esto significa que tu adorado samurái esta bien muerto en mi guarida para este momento. Yo te puedo facilitar el acompañarlo.

Jadeo buscando aire que llene mis pulmones. Analizando mis posibilidades.

Puedo tomar mis dagas de mi cadera e intentar clavárselas en el pecho, sé que no funcionará de mucho si su armadura es realmente similar a la mía y no me ganaré el tiempo que necesito para poder llevar a Mousse fuera y lejos de Ranko.

Pero también puedo intentar otro truco. Tal vez ya sea humana pero sigo sintiendo la fortaleza de mis músculos, así que deslizo mi mano derecha con lentitud tras mi espalda.

—Vete. Al. Infierno.

Tomo con determinación el mango del hacha tras de mí y con un gran esfuerzo jalo de mi brazo para cortarle yo la cabeza a este hijo de…

No atino, solo consigo golpearlo para que me suelte. Caigo como el títere que soy de un sentón al suelo cuando Mousse rebota contra la estantería a su izquierda desparramándose en el suelo inconsciente, el hacha sí que es mágica. Además concedo que el factor sorpresa ha sido una valiosa ventaja.

Escucho mi corazón repicando en el interior de mis oídos, miro de reojo el reloj cuando logro ponerme de pie con el hacha entre mis manos y solo quedan 30 minutos.

Corro hasta la puerta de metal. Ranko está hecha un ovillo bajo la mesa, escondida en la oscuridad hasta el fondo. Me mira con esos ojos azules tan familiares, veo el dolor y la resignación.

Y yo niego con la cabeza, el final del hechizo ya no me causa malestares así que voy a pelear con todo lo que tengo. Mi cuerpo me duele como jamás pensé que podría dolerme y la garganta me irrita al tragar saliva. Pero yo estoy viva y Ranko está cada minuto más próxima a la muerte, porque yo ya no podré convertirla en vampiresa… ya no soy una vampiresa.

Tecleo el código de seguridad para abrir la puerta y entonces el alto parlante del intercomunicador se activa.

—¿Están bien Akane?— la voz de Ukyo rebota en cada pared de concreto.

Me giro para buscar si se encuentra Mousse por alguna parte, pero nada.

—Es-con-de-te— le digo con los labios mudos a Ranko y ella asiente empujando su cuerpo más a la sombra. La feroz agente que a nada teme está aterrada viendo como los minutos pasan cerca para recolectar su cadáver.

Para mi suerte Ukyo no vuelve a hablar. Espero haya entendido que algo no iba bien y haya buscado a mi esposo.

Cuando la puerta suena que se abre sujeto la manija y comienzo a tirar, con más fuerza cuando en el reflejo veo a Mousse. Así que saco de mi puño el relicario y lo dejo balancearse de la cadena.

—Esto es lo que quieres— mi voz es ronca pero desafiante.

Sus ojos se abren de manera aterradora. Sus labios se separan con una amenaza de colmillos.

Empujó más la puerta y me quedó de pie en el arco.

—Ven y quítamelo.

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—Bebe de ella— insiste Taro empujando el cuello de la joven hacia mí.

El olor de su sangre es dulce, muy dulce, me recuerda incluso a la sangre de Akane. Mis colmillos se hacen visibles contra mi voluntad y la necesidad de beber de la chica se hace más fuerte. Apetitosa como nunca antes.

—No— gruño.

Taro ríe por lo bajo y entonces la puerta tras nosotros se cierra de golpe por si sola y la chica junto a Taro sonríe mostrando sus dientes perfectos, mirándome con una chispa distinta en sus ojos que no había notado antes.

—Es más apuesto que en sus fotografías capitán— la joven habla con un ronroneo suave mientras la herida en su cuello se cierra cuando se libera del agarre de Taro —entiendo ahora el malestar de la princesa Shampoo por perderlo— hace un puchero con su labio inferior salido —yo también me habría puesto furiosa, pero suerte la mía.

La joya en su frente se ilumina y entonces su rostro se triplica. La visión me recuerda a una estatua de Hécate. Escucho que Ryoga traga saliva y desenfunda la katana. Yo tengo mi mano puesta en la empuñadura del arma en mi espalda.

—Eres una bruja.

—Soy una asura— explica con el pecho levantado —pero es cierto, tengo magia y planes para ti.

La mujer se eleva un poco del suelo y se arroja hacia donde estamos Ryoga y yo. Me coloco en posición de ataque con el arma lista para recibir a la demonio —¿estas listo para demostrar tus habilidades?

—La verdad…— escucho que el historiador inhala con fuerza.

—Bien.

Ella golpea mi pecho y yo resisto tratando de asestar una respuesta con mi puño antes de usar el filo de mi arma. Algo me distrae la visión y es cuando siento otro par de manos en mi muslo izquierdo. Sus brazos también se han triplicado.

Ryoga intenta abrir la puerta, escucho los jadeos del esfuerzo tras de mí. El rasguño de sus uñas clavadas en la madera.

Mi puño da en la cara derecha de la joven cuando Ryoga consigue darnos más espacio para pelear. Estamos espalda contra espalda pero estoy seguro, por la tensión en sus músculos, que él se ha preparado también para cualquier inesperado encuentro que tengamos una vez fuera.

A la distancia, por encima del hombro de mi atacante veo a Taro sujetar el libro. Alza la mirada cuando seguramente siente la mía y sonríe con desdén.

—Diviértanse— se burla empujando bajo sus pies una trampilla y por la cual se desaparece.

La mujer se pone más rígida apretando con mayor empeño las partes de mi cuerpo que están entre sus manos.

—Vas a morir y es una lástima.

—Maldita— mi mandíbula está tensa y los dientes apretados.

De repente siento aire en la nuca y escucho un par de corazones adicionales al de Ryoga tras de mí.

El historiador grita, capto el brillo reflejante de su arma a la altura de mi mejilla y luego el golpeteo de acero contra acero.

—Ríndete, seré piadosa y prometo disfrutar mucho de tu cuerpo cuando seas mío.

Hago un esfuerzo y muevo el puño que sostiene mi arma y logro cercenar uno los brazos que sujeta mi muslo.

La joven ahoga un grito y me mira con sus seis ojos muy abiertos y furiosos —¿cómo pudiste ser tan descortés?

Otra mano sustituye la anterior y yo muevo con agilidad mi arma para cortar esta vez no solo una extremidad sino dos más.

Su agarre en mi pecho se suelta y yo giro sobre mi propio eje para hacerla retroceder con la amenaza del filo de mi arma.

—Mi fuerza no es mi único elemento capitán.

Su pie derecho se levanta, coloca la planta recargada en su muslo izquierdo y el resto de sus brazos la impulsan y ella comienza a girar tan rápido que pareciese no estarse moviendo en realidad. Su sonrisa se ensancha más, tanto que se vuelve inhumana y monstruosa.

—Mi ira alimenta mi fuego. No quieres probar mi sangre entonces bebe de mi fuego capitán.

Lenguas ardientes se liberan de su silueta en movimiento. Mi principal preocupación es salir de esta habitación con Ryoga. Así que me giro para ayudar a mi compañero de batalla, está luchando asombrosamente contra dos hombres vestidos en trajes elegantes.

Tomo a Ryoga por la cintura y doy un brinco para resguardarnos entre las maderas del techo justo a tiempo mientras el fuego de la joven asura se desplaza quemando a sus dos compañeros de banda.

El grito de los dos dura un par de segundos pero el fuego no da tregua, sigue saliendo como una cascada desde la habitación tras nosotros.

El corazón de Ryoga bombea con rapidez.

—¿Y ahora?

Miro nuestras posibilidades, bajar por la escalera más cercana pero eso probablemente sea el plan de Taro. La otra opción es entrar al cuarto cerrado.

—Tendrás que cooperar— le digo a Ryoga y con un empujón lo pego más a mi cuerpo —no te muevas.

—Sí, sí, lo que digas— está asustado.

Con destreza voy moviéndonos, apoyando mis piernas y brazos en las paredes que forman el pasillo. Cuando estas se acaban de un lado hago uso del tramo de madera que sirve de marco en el espacio abierto.

—Empuja la puerta para abrir— le digo a Ryoga cuando me detengo frente a esta y él usa su pierna, chocando su pie contra la madera.

Nada.

—Con más fuerza Ryoga.

El historiador lo vuelve a intentar.

Nada.

El calor es agobiante, incluso yo que soy todo hielo prácticamente ya no puedo soportarlo. Ryoga a mi lado está completamente rojo y jadeante. A cada movimiento que hace se va quedando más laxo en mi agarre.

—Inténtalo de nuevo— le urjo.

Su pecho se mueve con rapidez, está exhausto y el calor constante bajo nosotros no ayuda para nada a su fortaleza.

—Tenemos que volver con nuestras mujeres.

—Lo sé, es… yo… no creo tener la fuerza.

De repente el sonido de algo que cae me hace bajar la vista, la manija de la puerta se ha caído y está ennegrecida en algunas partes. Debió ser por el fuego.

—Te prometo que esta vez lo vas a conseguir.

Ryoga asiente varias veces, gruñe con fuerza y se impulsa recargando su cuerpo en mi costado para lanzar la patada.

La madera cede, la puerta cae y yo nos arrojo dentro. El historiador se queda en el suelo sin moverse, mitad por el impacto y mitad por el esfuerzo.

La habitación solo está iluminada por las velas en la mesa, el olor es fuerte y nauseabundo. Podredumbre y sangre… mucha sangre.

Mis ojos buscan el origen y colgado en la pared, como uno de esos bichos de vidriera disecados y llenos de agujas está Herb. Sus ojos abiertos, su piel sangrando por largos clavos negros. A sus pies al menos 50 cabezas con rostros de terror, son los yakuza de Mousse y ahora comprendo porque no hubo más gente con quien pelear.

Mousse apostó todo a la asura.

Los labios de Herb están abiertos y trata de hablar, pero presiento que tiene la lengua entumecida y la garganta destrozada de tanto gritar porque solo escucho un quejido lastimoso provenir de su cuerpo.

Me acerco para tratar de bajarlo de ahí, pero en cuanto mis dedos rozan el primer clavo mi piel arde como si estuvieran al rojo vivo.

—La magia de la joven ¿cierto?

Herb consigue mover la cabeza hacia abajo para asentir. Si quiero liberarlo debo matar a la chica.

Jalo el cuerpo de Ryoga y lo acomodo en cerca de la ventana. Está totalmente inconsciente pero al menos respira. Saco la vial de su cuello y rompiendo la tapa vacío el contenido en su boca. Con esto resistirá.

Reviso mi teléfono, ya ha pasado al menos una hora. ¿Una hora? Coloco el aparato junto al historiador y antes de que se vuelva obscura la pantalla observo la fotografía de fondo que he puesto esta mañana. Akane, sonriente, con el cabello despeinado por la noche previa y la piel brillante por mis besos matutinos, la sabana apenas cubriendo su desnudez, con sus ojos mirándome alegres y despiertos cuando se la tomé el último día que estuvimos en Roma antes de salir rumbo al aeropuerto.

Y es todo lo que necesito.

Tomo aire, sujetando con fuerza mi espada con ambas manos y camino con precisión medida rumbo a las flamas. Y en cuanto me hundo en el fuego mi cuerpo comienza a deshacerse a cada paso.

Grito, un grito de batalla como en los tiempos de guerra y corro con rapidez para encontrarme con la joven.

Debo matarla.

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Grito cuando veo correr hacia mí a Mousse y me dejo ir de espaldas con el hacha de doble filo frente a mí para amortiguar el golpe. Pero el vampiro me lanza al techo cuando me alcanza, mi columna golpea con el concreto y luego caigo boca abajo en el suelo.

La repentina caída y el golpe provocado me dejan sin aire.

Mousse se pone en cuclillas, veo su cabeza de lado y su mirada desconcertada y entonces la puerta tras nosotros vuelve a cerrarse.

Trato de levantarme y el dolor retumba en cada terminación nerviosa.

—Sé que piensas que puedes proteger a tu familia— dice Mousse sin dejar de observarme —pero que la hayas dejado dentro, alejada de mí no significa que puedas salvarla.

Trago saliva y la garganta me quema. Pero también siento un regusto oxidado y escupo la sangre que sale por causa de alguna herida en mi labio.

—No es lo único que he dejado dentro— consigo decir.

En el suelo, cerca de uno de los libreros está el relicario con el alma de Shampoo.

Mousse me levanta de nuevo sujetando mi traje por cuello y yo le sonrío con suficiencia y altanería —¿creías que eras el único que podía tender una trampa?

Su mano libre me toma el rostro por las mejillas, apretando mi cara de manera dolorosa.

—Abre.

—No.

Sus labios se contraen —romperé este cristal con tus huesos entonces.

Ni bien termina de decirlo cuando estrella mi cabeza contra el muro transparente que rodea la bóveda.

El golpe me desenfoca la visión, la cabeza me retumba y por un instante pienso que esto es todo. Por supuesto el cristal ni siquiera se ha astillado, en cambio hay una sombra rojiza de mi sangre cuando Mousse me deja caer al suelo.

—Entonces no eres una cabeza dura como esperaba.

Debería estar ya inconsciente, debería estar muerta tal vez. Pero presiento que los residuos de mi propia inmortalidad y el hacha que sigo aferrando entre mis manos son lo único que impide que eso suceda.

Esta vez Mousse decide actuar por sí mismo, golpeando con su puño cerrado el cristal. Pero nada. Y las palabras de Ranma respecto a que este lugar es seguro resuenan en mi interior, tenía razón y yo me alivio de que así sea.

El gesto del vampiro se vuelve amenazante cuando intenta de nuevo romperlo, y otra vez, y otra y nada.

Tomo aire con dificultad, la espalda me duele del lado izquierdo y el sabor a sangre aún baña mi lengua.

—¿Crees que te saldrás con la tuya? Ella hizo todo lo posible por no permitir que te quedaras con el poder de las amazonas— me burlo con un quejido en mi pecho que sube y baja con mayor rapidez con cada palabra.

El rostro de Mousse se tensa, una de sus cejas se alza mientras mete su manos en un compartimento en su pecho.

—Tu capitán fue a mi hogar a buscar esto ¿cierto?— entre sus dedos está la daga.

Mi labio inferior tiembla al darme cuenta de que mi oportunidad de acabar con la magia de la amazonas se vuelve tan posible como distante.

—Tú te vas a morir pronto— dice con satisfacción —y para cuando eso ocurra yo ya habré traído a la bonita historiadora que está allá arriba para que abra esta maldita puerta— golpea con la palma abierta el metal, frustrado.

Mousse se guarda de nuevo la daga y me da la espalda intentando buscar seguramente alguna grieta o punto débil en el sitio. Así que hago uso de mi voluntad y lo que me queda de fuerza para levantarme, sujetar el hacha y tratar de clavársela en su arrogante cabeza.

Yo puedo. Yo debo.

El imbécil exuda una confianza de invencible, pero no es invencible, lo sé porque yo he sido una vampiresa por más de 500 años.

Empujo el hacha sobre mi cabeza para tener el ángulo suficiente, el arma se vuelve imposiblemente ligera y con un movimiento descendente consigo clavársela en la columna. Por la fatiga la suelto y yo me dejo caer con los muslos desparramados a cada lado de mi cadera, exhalando e inhalando, exhalando.

Mousse grita y luego gruñe, trata de quitársela y veo que cuando lo consigue la arroja lejos de mí, al otro lado del pasillo.

—Te subestime— dice con una sonrisa pequeña pero una mirada que bien podría matarme ya.

Yo no puedo evitar reírme cansada —lo mismo dijo tu princesa amazona cuando la maté.

Noto que su espalda parece no estarse sanando, la sangre gotea tras de él y estoy muy segura que es por causa de la magia del arma con la que lo he herido. Aunque él aún no parece darse cuenta, no va a durar mucho.

Camina con paso decidido hasta donde estoy, agotada como me siento solo pienso en Ranma y en las oportunidades que no tuvimos. En lo mucho que lo voy a extrañar. En lo mucho que lo amo.

Cierro los ojos. Esperando ese golpe fatal del vampiro. Pero el golpe no llega.

—Aléjate de ella— la voz de Ukyo me hace abrir los ojos al instante, está a la distancia tras Mousse con una ballesta en sus manos lista para disparar.

—Es una maravilla que me hayas hecho el favor de bajar, así no tendré que traerte a rastras— Mousse señala la puerta con la mandíbula —abre esa bóveda.

—Los Kuonji no seguimos ordenes— la ballesta dispara y Mousse consigue sostener la flecha antes de que le pegue en el pecho, girándose en arrogante demostración de su poderío inmortal quedando frente a mí en ese acto, pero entonces algo imposible ocurre de nuevo.

El cuerpo del vampiro se convulsiona en un espasmo repentino y de su pecho se asoma un punto brillante de un filo atravesado desde su espalda.

Mousse trata de tragar, abre los ojos sorprendido y cuando los dos bajamos la mirada a su pecho vemos la mancha de sangre extenderse.

—Son unas tontas— dice con las fosas nasales moviéndose en señal de furia y los dientes apretados.

Pero sobre su hombro un rostro conocido se asoma acariciando con sus labios su oído.

—El único tonto eres tú mi amado Mousse.

Shampoo es quien lo ha herido, saca la daga de la espalda del sorprendido vampiro y él la mira por encima de su cabeza cuando su cuerpo cede y cae de rodillas.

—¿Cómo?— susurra.

La princesa amazona está tras él, de cuerpo y hueso, con una daga que reconozco como mía en su mano. Esa fue la daga que utilicé siglos atrás para matarla.

—Tu asura y tu vampiro no fueron suficientes para detener al capitán Saotome.

Dentro de la bóveda observo a Ranko, con la misma daga clavada en la piedra que encierra el alma de la amazona. Entonces la que tiene la bruja se desvanece cuando la saca del cuerpo del vampiro, siendo solo un reflejo de la que está en manos de Ranko.

Y cuando ella se percata de mi mirada estupefacta saca una hoja de papel del bolsillo de su chaqueta. Herb ha conseguido enviarle la daga, como los mensajes.

Mousse ríe, llamando de nuevo mi atención —de todos modos perdiste— me lo dice a mí —tu tiempo se agotó.

Sus palabras son un conjuro y una promesa, mi cuerpo se desbarata con el impulso de un fuerte latido en mi pecho, un doloroso latido.

—Ranma— susurro con aire vacilante.

—Maldecir a alguien— la melodiosa voz de Shampoo es escucha cuando rodea el cuerpo de Mousse —te rompe el alma.

En cuanto lo dice el cuerpo del vampiro se llena de grietas azul verdoso como el color de sus ojos.

—Solo quería lo que por derecho me correspondía— responde el vampiro a la amazona antes de que su cuerpo se vuelva piedra.

—Ese es el problema mi querido amado, querer muchas veces no es lo mismo que merecer.

Respiro de nuevo, mis ojos se entrecierran. Siento la cabeza como de algodón, tan cansada.

—Aún no hemos terminado tú y yo— dice la mujer y cuando habla la gravedad se difumina, se vuelve una ilusión. La gravedad es inexistente.

Ambas flotamos, la una frente a la otra. Shampoo me analiza y yo hago lo mismo. Por primera vez la descompongo de forma minuciosa. Sus ojos casi violetas, su cabello lavanda, su silueta perfecta con curvas pronunciadas en la cadera y pechos generosos. Su piel de porcelana inmaculada y sus labios carnosos y entiendo porque no creía capaz a Ranma de no mirarla.

Es preciosa de una manera ofensiva.

—Te odio— me dice.

La esquina derecha de mi boca se inclina hacia arriba en un intento disimulado de sonrisa —es mutuo— le respondo.

Ella también sonríe a discreción, nos entendemos de cierto modo retorcido.

—Supongo que ambas perdimos algo esa noche— su mirada baja hacia el cuerpo gris del vampiro bajo nuestros pies.

—Pero yo no lo he perdido— no puedo evitar mirarla ahora con desdén cuando veo tras de ella a la distancia junto a Ukyo a Ranma, con la armadura hecha jirones y el sable listo para atacar si es necesario —lo que perdí tú me lo has robado— pienso en esa vida paralela muy lejana y de mucho tiempo atrás.

La puerta de la bóveda se abre por sí sola, o tal vez no por sí sola sino por causa de la magia de la mujer frente a mí.

Veo a Herb corriendo hacia Ranko cuando llega a la escena sostenido por Ryoga. En cuanto entra a la bóveda sujeta a la agente pelirroja de los hombros y la ayuda a levantarse.

—Pero yo he perdido más— sus ojos se inclinan hasta el centro de mi pecho cuando frente a mí se eleva la piedra que la contiene a ella. A su alma.

Medito un segundo sus palabras y como un mal cliché veo mi vida con Ranma pasar frente a mis ojos. Y asiento. Ella ha estado encerrada en un extraño limbo solitario.

—Supongo que te lo merecías— mi voz tiembla.

—Supongo que sí— extiende su brazo entregándome la daga de su tribu —te subestimé, no eres una dama de sociedad.

—No, no lo soy.

Tomo la daga y la piedra.

—Termina lo que iniciaste aquella mañana entonces— su voz es tranquilidad y la promesa de paz— por favor.

—¿A dónde iras?

—A ningún lado, solo dejaré de existir.

—¿Qué pasará con la magia de las amazonas?

—Las amazonas no la han necesitado en 500 años— su cabeza se inclina con cierta abnegación en el gesto de su rostro —es mejor que se pierda de una vez por todas.

Miro la daga, la piedra y escucho los latidos de mi corazón.

—¿Puedes cambiar la cura para nuestra maldición?

Ella niega con arrepentimiento —lo lamento— luego mira a Ranko —será mejor que te des prisa o el brujo de sangre no tendrá tiempo para desvincularte con la chica.

—Primero tú ¿no?

—Siempre.

Impulso el filo de la daga en la piedra y cuando empujo con más firmeza es como si el material rocoso se volviera líquido, se traga la hoja metálica y luego el resto de la daga.

Frente a mí la amazona se ilumina, las grietas que cubrieron su cuerpo aquella mañana reaparecen pero esta vez no es fuego lo que semeja sino solo luz.

—La eternidad no puede ser tan mala si lo tienes a él— susurra y yo asiento, verla resquebrajarse por fin después de esta pesadilla de viaje me templa el corazón sentimental que tengo.

—No, no es para nada mala— mi voz también se quiebra.

Ella vuelve a sonreír, esta vez débilmente y entonces desaparece en un brillo intensó que puede cegar.

Yo caigo sin más, pero Ranma llega a tiempo para evitar que me golpeé. Herb camina con Ranko a su lado hasta donde estoy, luego extiende su brazo dejando la piel al descubierto y noto pequeños puntos negros que le cubren como si hubiese tenido viruela.

Toma la daga, mi daga, de las manos de Ranko y se abre una herida. Y mientras la sangre gotea de su antebrazo al suelo sus labios se mueven con rapidez inhumana.

—Estás tibia— me dice Ranma cuando su nariz acaricia mi mejilla conforme el brujo continúa con su conjuro.

—Y pronto dejaré de estarlo de nuevo— respondo con un nudo en la garganta.

—Pero siempre estaré yo para intentar calentar tu piel.

Muevo mi rostro y nuestros labios se tocan. Su frío, el frío inmortal, se desliza de su boca a la mía. El mundo se aquieta con un beso que me deja sin aliento.

Vivir, morir, revivir, en mi mundo es solo cuestión de semántica.

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Y llegamos al final, falta el epílogo que de hecho fue lo primero que escribí cuando pensé en esta historia totalmente inspirada en un fragmento de un ballet. Sí, por eso los videos de ballet que he estado posteando en mis redes sociales relacionados con Invierno.

Muchas gracias, como siempre directo de mi corazón, a ustedes que han leído hasta aquí. Originalmente eran menos capítulos pero sentí que era importante contar lo sucedido desde el punto de vista de Mousse, Shampoo, Toma y Lady Kuonji.

Y pues nada, espero no sea la única historia de vampiros que llegue a escribir porque los adoro.

Gracias totales a ustedes guapísimas! Las aaamo! Ustedes no lo saben pero esta historia existe por ustedes.

Esmeralda Yasmin, Serena de Kou, Benani0125, Niomei, SweetAkane, Nicky.

De verdad gracias.