El resto ya se lo saben…

Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi

Nota de la autora: yo me estoy inventando el universo vampírico de esta historia, no se rige por ninguna leyenda u otra fuente. Es como yo creo funcionaría en este universo el vampirismo.

Música de fondo:

"L'amore cos'é" de Eduardo De Felice (explicación de lo sucedido por Akane)

"Neon Le Ali" de Marracash ft. Elisa (música en club nocturno)

"Breathe" de Tommee Profit ft. Fleurie (música de fondo para discurso final de Akane)

"Bad guy" versión de Eklipse (escena final)


Epílogo

La mañana aún es fría, siento el viento rozando la piel descubierta de mis antebrazos pero cuando inspiro puedo degustar en mi lengua el sabor de la primavera. Y aunque la vista es cautivadora hay una realidad que debo seguir aceptando, en cuanto el sol se alce a medio día yo no podré salir a menos que una sombrilla me proteja.

No importa.

Recargo mejor el peso de mi cuerpo en el barandal de hierro del balcón disfrutando del amanecer y de la vieja ciudad frente a mí, Roma. Lo que sin saber sería nuestro último viaje por una cura empezó justo aquí, y luego de tantos años en Japón me siento rara de volver.

La chalina gruesa bordada de flores se desliza un poco por mi espalda cuando aflojo el agarre al frente, dejando al descubierto más piel que se asoma por los finos tirantes de mi camisón.

—¿Despierta ya?— Ranma besa mi hombro cuando se coloca tras de mí y yo me deslizo hacia su pecho para acariciar con mis dedos su mejilla con la finalidad de poder acercar mejor su rostro a mis labios.

—Necesitaba respirar— le ofrezco un dulce beso matutino.

Sus brazos rodean mi cintura, su mandíbula se recarga sobre el hombro que ha besado antes. Ahora su aroma me llena la nariz.

—¿Estás nerviosa?

—Ansiosa solamente— lo miro de reojo, el azul en sus iris está al pendiente de mis gestos —no sé si sea buena idea volver a escarbar en una vieja herida. Y menos ahora que llevas esa amenaza en el pecho.

Suspira, ya hemos discutido mucho por lo sucedido. El le resta importancia y yo se la sumo a mis angustias.

—Sé que…— trago saliva cuando me encojo de hombros, buscando como explicarme sin caer en lo mismo —yo sé que tú tienes esperanzas de verdad en esto, pero Shampoo dijo que no había forma de cambiar como curarnos. Creo que ella es quien más tendría conocimiento al respecto ¿no?

—Sí, pero ella no contemplaba que había en el mundo algo más que solo brujos de sangre por herencia como las amazonas— sus manos se extienden con las palmas hacia arriba frente mi abdomen —ni siquiera nosotros lo imaginamos real y hemos andado por todos lados.

No puedo evitar tensarme y Ranma frota mis brazos ahora con suavidad, de arriba abajo como una manera de consolarme.

—Si no quieres hacer lo de esta noche no tenemos que ir, puedo llamar a Ranko y decirle que lo hemos pensado mejor y que necesitamos tiempo.

No respondo, solo miro el paisaje.

Hasta que cierro los ojos y me giro en los brazos de mi samurái, sujetando con ambas manos su rostro. Nuestras narices chocan y sonreímos con levedad.

—Podemos intentarlo una vez más.

Ranma besa mi nariz y yo rodeo con mis brazos ahora su espalda, con las manos sujetas de sus omoplatos.

—Volvamos dentro entonces ¿sí? planeo darte un baño muy lento, muy delicado después de desayunar.

Mis labios se curvan en una sonrisa franca sobre la piel desnuda de su pecho —enseguida voy.

Sus dedos se cierran dentro de mi cabello unos segundos —bien.

Me suelta y yo me concentro de nuevo en el sosiego del paisaje con facilidad.

No es que tenga renuencia al encuentro de esta noche, pero cualquiera que estuviera en mi lugar entendería que las fisuras provocadas por una maldición que exige un precio muy alto para ser curada no se pueden remendar con tanta simpleza.

Ranko es la solución, beber toda su sangre significaría dejar de temer a los rayos del sol, sentir el corazón golpeando en el pecho y la vida creciendo. Y si no aprovechamos a Ranko sus hijos lo serán después y si no los hijos de sus hijos.

El último descendiente de la familia Saotome será siempre la solución. Porque siempre habrá uno, es parte de la maldición. Ingenioso y retorcido.

Pero hay algo más.

Cinco años atrás Taro escapó de la casa de té con el libro de las amazonas, resultó después de todo que Mousse no fue su creador.

A la fecha Herb sigue sin explicarse como fue que Mousse se liberó de sus hechizos, él había trabajado sin descanso para crear un muro de contención alrededor de la casa de té. Sin embargo cree sin duda que lo que me dijo el vampiro es cierto y había algún brujo de sangre igual de poderoso a él entre las filas yakuza, pero sigue sin tener idea de quien.

Ahora no queda nadie a quien amenazar por respuestas de los Sabishii Bird. Tan repentina como fue su creación fue su final.

Y a pesar de que los amigos de Herb, Lime y Mint, también eran hechiceros no eran de sangre. Aunque de cualquier forma están totalmente descartados porque ambos fueron sacrificados por Taro cuando se realizó una ofrenda a los demonios de jigoku para conseguir los servicios de la asura conocida como Rouge.

En aquella pelea Ranma consiguió matarla, pero se pagó un precio. En el pecho de mi amado samurái hay una marca como si se tratara del rasguño de una garra justo sobre el sitio donde se encuentra su corazón.

De acuerdo con las leyendas que ha encontrado Ryoga al respecto es la marca que queda luego de un asesinato infernal.

Ranma mató a la asura y algún buen día cualquier demonio podría venir a reclamar una satisfacción por esa muerte.

Más venganza. Más muerte.

Ese es un buen motivo por el que no siento debamos seguir buscando una nueva opción a una cura. Porque existe una luz al final de esta historia, la posibilidad de ser humanos aún sigue vigente. Pero de conseguirlo seríamos vulnerables y yo ya viví esa angustia cuando mi humanidad regresó por unos minutos mientras me enfrentaba a Mousse.

Como fue que sobreviví a su ataque sigue siendo un franco misterio, pero yo pienso que en gran medida recibí la protección del hacha de la dama Kuonji.

—Akane, el desayuno está listo— me llama Ranma.

Cuando camino de vuelta a la estancia y voy hasta la cocina abierta mi esposo ya ha colocado sobre la barra de mármol moteado dos platos con verduras al vapor y un poco de arroz.

—¿Té o jugo? — pregunta todavía de espaldas.

—¿No piensas vestirte?— tomo asiento divertida observando los músculos de su cuerpo moverse mientras baja un par de tazas de la alacena. Solo lleva puesto un pantalón deportivo.

—Pensé que te gustaría la vista. Estás tan encandilada con el exterior que me siento un poco descuidado.

Chasqueo la lengua —el té está bien. Mimado— respondo sin dejar de mirar su trasero ahora con satisfacción pero igual noto la sonrisa que enmarca sus pómulos.

Ranma camina fuera de la cocina y se sienta a mi lado en el banquillo alto, deja ambas tazas frente a nuestros platos y luego aprieta con un gesto complice mi muslo derecho con una mano.

—Me gusta como se te ve el cabello corto— se inclina hacia mí besando la piel descubierta de mi nuca.

Me retuerzo con un alegre escalofrío que recorre mi columna y lo empujo juguetona con el hombro —déjame desayunar primero, además me prometiste un promiscuo baño de burbujas si no mal recuerdo.

—Por que anoche prometiste que tendría una pasarela privada con las diminutas nuevas adquisiciones de esa tienda pecaminosa en Via Condotti… si no mal recuerdo— me guiña un ojo y yo solo lo miro coqueta, metiendo mis labios dentro.

Luego los dos nos dedicamos a comer hombro contra hombro.

El día se pasa quieto, no hacemos nada fuera de lo usual. Ver una película, revisar unos temas de las nuevas acciones que Ranma ha insistido en comprar. He dormido una siesta después de la hora de la comida.

Por supuesto disfruté mi baño pecaminoso y luego de que mi samurái talló con devoción cada centímetro de mi piel yo devoré su virilidad como agradecimiento por su dedos hábiles.

Y cuando por fin llega la noche termino de rociar unas gotas de perfume en mi cuello mientras contemplo el perfil de mi cuerpo delineado por el vestido negro de falda amplia y espalda baja sujeto por tirantes diminutos en el reflejo.

—Es hora de irnos amor— Ranma ya está en la entrada.

Salgo de nuestra habitación con paso seguro, saboreando su silueta enfundada en ese caro traje a juego con mi vestido.

—Te ves preciosa— me dice con sus labios pegados a mi sien cuando me acerco a él.

Volvimos a Roma justo la noche anterior. No sé si es mal presagio que este vuelva a ser nuestro punto de partida buscando una cura sin proponérnoslo.

Lo miro con expresión socarrona cuando me suelta la cintura y me dedico a arreglar el cuello de su camisa —yo siempre me veo preciosa.

Ranma abre la puerta para mí sin dejar de mirarme como si fuera un bocadillo sabroso y salimos del edificio rumbo a nuestra cita.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Las montañas de China guardan secretos fascinantes, la tribu de las amazonas es un buen ejemplo. Los malditos de Jusenkyo y la tribu de los híbridos es otro. Incluso la dinastía Musk, de donde proviene Herb, tiene enigmas de miles de años de antigüedad.

Todos unidos por una leyenda común, Los Siete Dioses Marciales.

Nadie sabe desde hace cuanto existen pues son una fábula encarnada. Para los pocos oídos humanos que han escuchado hablar de ellos son solo un mito urbano, como pie grande o el monstruo del lago Ness.

Sin embargo entre los sobre naturales y los creyentes ellos son la fuente viva de la magia.

Por siglos enseñaron las artes marciales en sus templos ocultos a aquellos que fueran considerados dignos de aprender, pero ahora vagan por el mundo buscando completar un papiro que se dice es sagrado para ellos.

Cuenta la historia que una bruja de nombre Lychee lo partió en dos y robó una mitad luego de haber jurado amor verdadero al príncipe. Una mitad está en posesión del príncipe y la otra es la que buscan los dioses.

Fue Herb quien nos contó la obsesión de Taro por recuperar el papiro para estos, de hecho fue gracias a lo que el vampiro contaba que Herb comprendió la posibilidad de que fuera verdadera la leyenda.

Se dice que si el papiro es devuelto a los dioses te harás merecedor de recompensas invaluables que solo ellos serían capaces de cumplir una vez reúnan su más preciada reliquia. No por nada ya una vez, al inicio de la vida, bendijeron con magia a los humanos a quienes enseñaban.

A Ukyo se le ocurrió qué tal vez es por eso que Taro quería el libro de las amazonas para realizar su búsqueda, porque fue un regalo de los dioses y a sabiendas que Mousse no podría usarlo jamás seguramente resultó el precio que pidió el joven vampiro por sus servicios.

Porque ese libro en realidad oculta un grimorio bajo la tinta de cada palabra.

Aunque lo más probable es que Taro no pueda leerlo tampoco ahora que la magia de las amazonas no existe.

Si nosotros conseguimos primero lo que el príncipe Kirin, el líder auténtico de Los Siente Dioses Marciales, más desea esa podría ser la forma de romper la maldición que Shampoo no pudo ser capaz de modificar y que aún pesa sobre nosotros.

Encontrar el papiro, bueno... digamos que para los Hibiki se ha convertido en su nueva misión personal. Y la nueva esperanza para Ranma y para mí.

Pero en estos años no nos hemos acercado a una sola pista. Ni al papiro o al príncipe. Todo lo que Ryoga y Ukyo han descubierto nos ha llevado a callejones sin salida.

Hasta esta noche.

El taxi se detiene cerca de Piaza Navona y Ranma me ayuda a salir del vehículo, luego de pagarle al chofer caminamos por las calles empedradas.

—Ese vestido es nuevo— la voz de Ranma es un gruñido bajo —y no puedo evitar que mi insana curiosidad también se pregunte si las prendas diminutas debajo son nuevas.

Lo miro por entre mis pestañas, lamiéndome los labios con lentitud —¿quién dijo que llevo algo debajo?

Una sombra lasciva se refleja en sus ojos. Y el calor de la primavera romana nos recibe a cada paso que nos lleva a la explanada de la plaza con alegría en tanto que el pulgar de la mano izquierda de mi esposo se desliza con lentitud por el espacio abierto en la espalda baja de mi atuendo.

Anchio ho voglia di te— alzo una ceja mirándolo apasionada, deseosa, empujando mi cuerpo al suyo mientras andamos.

Como es un fin de semana hay más gente de lo usual, tanto locales como turistas buscan un sitio donde pasarla bien.

—Oh Akane— responde con un sonido grave también cargado en deseo —me provocas a tomarte en brazos y regresar al apartamento, tenerte solo para mí.

—Ya me tienes solo para ti— rodeó con una mano su brazo aferrándome mejor a él.

Ranma besa mi sien y lame el cartílago de mi oreja mientras susurra en un siseo áspero —sei cosi amorosa come il diavolo, cara mia.

—¡Chicos!— escuchamos una voz femenina, que rompe la burbuja erótica que estábamos construyendo, desde la Fontana dei Fuimi y que pertenece a la pelirroja ataviada en un traje sastre negro que cae como seda sobre sus curvas.

Ranko se ve femenina y muy sensual con su atuendo masculino acentuado por stilettos altos del color de su cabello, pero también se ve totalmente tierna con sus dos brazos estirados llamando nuestra atención.

—Se te ve la piel del pecho— señala Ranma con seriedad cuando la saludamos.

Ranko mueve la cabeza de un lado al otro —sí, sí, bueno tengo 33 años y esto se me ve increíble.

Mi esposo frunce los labios soltándose de mi agarre y jalando ahora del saco de Ranko para tratar de cerrarlo más.

—Déjame enfermo de las normas puritanas— Ranko intenta caminar hacia atrás para zafarse de Ranma.

—Ranma— lo sujeto para que la deje en paz —te ves muy sexy— le digo a Ranko y ella se ruboriza.

El viejo samurái frunce el ceño y se cruza de brazos molesto. Mirando todo menos a las dos mujeres que tiene frente a él. Es un necio pero sabe cuando ha perdido la pelea.

Escucho a la distancia pasos que chocan con rapidez contra la piedra, Ranma también lo percibe porque se pone atento al sonido que se aproxima del otro lado de la plaza.

—¿Herb se perdió?— Ranma sigue poniendo a prueba al chico, ni siquiera le tiene un poco de consideración luego de haber conjurado la ruptura con su linaje que implicó entregar más de la mitad de su magia. Pero al hacerlo ya le permite envejecer como cualquier humano. Lo que es más muestra de amor para Ranko que un diamante en su dedo anular.

—No encontrábamos donde estacionar el auto más cerca— grita Herb jadeante a cada trote que le acerca.

—Te dije que no era buena idea rentar un auto en Roma— le reprocha Ranma pero Ranko ya se ha dado la vuelta, dejándolo hablar solo.

Froto el brazo musculoso de Ranma para tranquilizar su carácter a punto de ebullición. Y él suelta aire por la nariz, frustrado.

—Debieron quedarse con nosotros en el departamento— murmura con los dientes apretados.

—Ellos necesitaban su espacio— beso su mejilla —además así te pude devorar a mi antojo.

Sus labios se mueven un poco pero no permite esa sonrisa que sé mi comentario le ha provocado.

—Ya… ya estoy aquí, lo siento… hola— alza su mano abierta a modo de saludo cuando llega por fin.

Ranma finge no ponerle atención y me ofrece el brazo —¿dónde lo veremos?

Herb traga saliva y yo muevo gentilmente la cabeza para indicarle que prosiga con cuidado y que también no le preste mucha atención.

Ranko suspira cansinamente por este comportamiento infantil de mi esposo y sujeta la mano de Herb con la suya —mi contacto dijo que esperáramos frente a la puerta de la iglesia— señala con el índice Sant'Agnese in Agone.

Los cuatro caminamos rumbo al punto de encuentro.

—Te ves muy hermosa Akane— me da un cumplido educado Herb y Ranma gruñe.

—Gracias— le guiño un ojo al joven hechicero y aprieto mis dedos alrededor del brazo de Ranma para que se calme.

En cuanto nos detenemos frente a las puertas de madera cerradas una sombra parece deslizarse por una lateral del enrejado.

No escucho nada, no escucho su corazón o su respiración.

Se trata de un esbirro nocturno, un mensajero o secuaz según el precio que se pague por sus servicios. La última ocasión que nos topamos con uno fue a principios del siglo XIX en el Imperio Germánico poco después de las guerras napoleónicas y había sido un accidente nuestro encuentro.

—Señores, señoras— hace una reverencia profunda el hombre literalmente gris, como todos los de su especie, delante de nosotros —su majestad les espera.

Se da media vuelta y camina hacia la izquierda de la iglesia, se detiene donde se encuentra una trampilla metálica en la pared y de esta surge una especie de sombra alta que semeja la puerta a una cueva oscura.

—Por aquí— dice mostrando servicialmente el espacio ahora inexistente.

Ranma sujeta mi mano sobre su brazo y caminamos con paso seguro dentro de la negrura. Tras nosotros hacen lo mismo Ranko y Herb, la única certeza de que siguen ahí es el sonido de sus corazones porque el sitio está completamente carente de luz. Es como si la noche se hubiese quedado sin estrellas y sin luna.

Siento a mi izquierda una ventisca ligera cuando el esbirro pasa junto a nosotros.

—¿Tu amo está muy lejos?— pregunta Ranma al esbirro luego de que este se coloca ahora al inicio de la procesión.

—No señor.

El golpeteo de música de club nocturno se comienza a escuchar a lo lejos, cada paso una nota más cerca. Cuando el ruido es más claro el esbirro se detiene de nuevo.

—Deberán dejar aquí sus armas, al salir les serán entregadas de nuevo.

Mi samurái inspira —bien, si son las reglas…

—En realidad no pero su majestad aún no les conoce, no puede confiar en ustedes.

Ranma ríe con aspereza —por supuesto.

Con facilidad desliza su mano derecha por debajo de su saco y toma de su espalda el tanto. Luego se coloca junto a mi en una rodilla y me ayuda a desatar el arnés de mi daga en mi pierna.

—Ni siquiera te atrevas— le amenazo cuando siento sus dedos caminar por el interior de mi muslo.

Otro gruñido como respuesta.

Herb también entrega al esbirro su arma y la pistola de Ranko.

—¿Estamos haciendo lo correcto?— pregunta Ranko en voz bajita.

—Señora no tiene nada que desconfiar del príncipe si sus intenciones son buenas.

—Solo es una consulta, claro que son buenas— murmura Ranko y si el esbirro la ha escuchado no lo demuestra.

La negrura frente a nosotros se solidifica, lo notamos porque aparece ahora una puerta de madera por la que a través de sus vetas deja filtrar la luz.

—Adelante— el esbirro gira la manija y la puerta se abre mostrando un club nocturno sofisticado.

La gente que anda por entre las mesas se mueve a un lado, abriéndonos un camino cuando avanzamos como si todos supieran a quien vamos a ver. Este club no es de humanos, no escucho ni un solo latir.

Nos detenemos luego del mar de gente y el esbirro nos conduce a través de unas gruesas cortinas de terciopelo. Al otro lado hay un cuarto alargado pero poco profundo y sentado en un sillón ancho está un hombre joven mirando a dos mujeres bailando seductoramente entre ellas frente a él.

Noto que su traje es lógicamente de alta costura en un color azul oscuro, sus zapatos pulidos a juego y las mancuernillas al final de su camisa de un blanco perfecto son de oro reluciente. Sus rasgos son marcados, duros y su nariz es afilada como sus labios delgados, el cabello negro va descuidadamente peinado como si la brisa del mar Tirreno lo estuviera acariciando pero sobre todo es tan oscuro que contrasta notablemente con su piel blanca.

Cuando nos mira distingo sus ojos azules y sobre su cabeza noto una delgada corona dorada que no dejaría duda a quien lo viera de que se trata de un miembro de alguna monarquía.

Pero este hombre no es un rey, es el príncipe de unos dioses.

Parece aburrido de todo y su mirada altiva me hace pensar que ya considera que nuestra presencia no va a mejorar su noche. Debo hacerle cambiar de opinión.

El esbirro se tiende en el suelo en una reverencia profunda —alteza divina he traído a sus invitados como lo ordenó.

El príncipe no responde, no se mueve. Tampoco el esbirro. Y nosotros no sabemos qué hacer ahora.

Detecto que Ranko está por emitir algún sonido y con cuidado de no llamar la atención tomó su mano tras mi espalda como una advertencia... hasta que detecto otro sonido.

Las mujeres se desvanecen como humo de incienso, en una espiral que se disuelve en el aire cuando la mano libre del príncipe se mueve hacia un lado frente a ellas. Eran solo una ilusión entonces.

—Usted es la princesa cautiva por un demonio ¿cierto?— la voz del príncipe es profunda pero aterciopelada, como si saliera del mismo infierno —asesinos y justicieros— el índice de la mano que sostiene su trago se mueve para señalarnos a Ranma y a mí —pero no están del todo libres de pecados, puedo sentir en sus venas muertas la sangre impura de bestias exanguinadas hasta la muerte misma.

Ranma abre los labios mientras se inclina en una reverencia —somos quienes dice alteza. Capitán Saotome y mi esposa, la dama Saotome Tendo. Mi sobrina, la detective Ranko Saotome y el brujo Herb de la dinastía Musk. Le agradezco nos permita esta reunión.

El hombre se levanta y al hacerlo también el esbirro, quien toma de las manos de su amo el vaso de cristal.

—Puedes dejarnos solos— ordena a la sombra y esta se desvanece engullida por la oscuridad que producen las cortinas.

El príncipe camina unos cuatro o cinco pasos lentos con una cadencia propia de un felino y hace una reverencia también. Breve por supuesto, como una cortesía relacionada a los tiempos actuales supongo. Luego busca mi mano izquierda obligándome a soltar a Ranko y besa los nudillos sin dejar de mirarme a los ojos. El gesto es demasiado íntimo y mi esposo disimula lo más que puede sus celos.

Pero no es suficiente, el príncipe lo nota y sonríe sombrío cuando se para derecho de nuevo.

—Es usted un hombre muy celoso capitán Saotome— da media vuelta y retoma su lugar en el sillón antes de que esté se curve lo suficiente para aparentar un medio círculo —aunque no le culpo. Por favor, —extiende sus manos señalando la superficie libre a ambos lados suyos —tomen asiento son mis invitados por esta noche.

Cuando quedamos casi frente a él nos mira sin discreción alguna mientras inspira.

Una de las reglas es que no podemos hablar antes que él, así que esperamos a que retome la conversación. Él lo sabe, sonríe con arrogancia sin dejar de analizarnos. Luego carraspea antes de volver a abrir sus labios —como el príncipe Kirin, líder de los siete dioses marciales debo decir que es muy complicado que algo o alguien me interese lo suficiente como para acceder a una reunión— un par de dedos se extienden hacia arriba en una orden silenciosa y de inmediato alguien se acerca con una charola repleta de bebidas similares a la del príncipe —pero ustedes presentaron un caso muy difícil de no considerar.

Todos imitamos al soberano al tomar uno de los vasos de cristal.

—Solo buscamos intervención divina— señala Ranma.

El príncipe Kirin lo mira de reojo antes de posar sus labios en la orilla del vaso —no puedes pedir nada a los dioses sin ofrecer algo a cambio.

Ranko lleva una mano dentro del bolsillo de su saco y extrae el objeto que nos ha conseguido esta audiencia con el príncipe —solo queremos ayudarle a recuperar su reliquia más sagrada majestad— extiende su brazo dejando ver sobre su palma el relicario de la familia de Ukyo, que en realidad era de las amazonas.

El príncipe Kirin se acomoda mejor para observar en la mano de Ranko el objeto —es una lástima que la magia de las amazonas haya disminuido considerablemente hasta solo quedar una estrella en el firmamento— mira el óvalo a detalle y luego a mí un segundo antes de volver su atención a su bebida —les agradezco que devuelvan este objeto sagrado a donde pertenece.

La pieza dorada se eleva de la mano de Ranko y desaparece envuelta en humo, como las chicas que bailaban para el príncipe.

—Como podrá notarlo somos capaces de conseguir lo que les fue robado— explica Ranma.

Kirin sonríe ligero —si está es su carta de presentación me temo que pierden su tiempo capitán, la ladrona que nos ha ofendido es mucho más hábil que una princesa amazona y un vampiro.

—Perdone majestad— me atrevo a hablar y él asiente dándome permiso silencioso para continuar —pero creo que nos subestima, podría creerse que el relicario llegó a nuestras manos por suerte pero tenemos el conocimiento y la habilidad para ayudarle— hablo con firmeza y el príncipe me observa mientras bebe de su trago.

—Dama Saotome yo no la subestimo— mira a los demás con indiferencia antes de continuar —al menos no a usted, pero según el contacto mutuo que arregló este encuentro llevan ya un par de años siguiendo pistas sin rumbo y eso mi hermosa dama es sin duda mejor muestra de que no serían capaces.

Ranma se coloca más a la orilla del sofá, inclinando su cuerpo hacia delante de forma relajada para cubrir la visión del príncipe hacia mi.

—Terminaron siendo fiascos, lo reconozco, pero era porque no habíamos comprendido de todo su historia. Usted mejor que nadie sabe lo que nos hace falta.

—Los dioses no tienen nada que responder a la humanidad ingrata— el príncipe responde moviendo su mirada a un lado, hacia la nada —otorgamos bendiciones y el olvido fue nuestra paga por ello. Ustedes solo quieren la recompensa y eso no les ayudará a conseguir el papiro.

—Entiendo su postura majestad— continúa Ranma —pero creo que hemos sido siempre claros con su contacto. Si, es verdad que tenemos un interés personal pero…

Los labios del príncipe se curvan en una sonrisa cansada sin mirarnos aún.

—Pero también creemos que el mundo debe recordarlos. Son el pilar de nuestra existencia como guerreros marciales. ¿No está cansado de vivir en las sombras?

Kirin se levanta de golpe, un movimiento tan veloz que ni yo lo percibo. Cuando vuelvo a parpadear veo su mano tendida sobre el espacio donde Ranma tiene la marca.

—Hablas como si lo que pidieras no fuera tu ruina— su voz se ha vuelto más grave y sus ojos se han puesto completamente oscuros. En su piel se dibujan las venas en movimiento —¿qué hará un humano cuando el infierno venga por él?

—Creo que el infierno perderá interés en un humano cuando deje de ser esta bestia— la voz de mi esposo también ha cambiado y sus colmillos se asoman cuando sus labios se entreabren.

—Ustedes son como todos los que han venido a pedirme ayuda, quieren encontrar el papiro con cuentos de restablecer la grandeza de los dioses pero en el fondo de sus almas puedo ver el egoísmo con tanta facilidad que hastía mi paciencia.

—Majestad solo queremos recuperar lo que nos fue robado también— hablo con calma, pero mi voz igual ha cambiado y puedo sentir los colmillos empujando mi labio superior.

Sorprendida por lo sucedido diviso a Herb, igual sus rasgos de brujo se muestran con facilidad. Sus ojos están completamente ennegrecidos y las puntas de sus dedos ahora se han vuelto oscuras. La única que sigue intacta en su apariencia es Ranko, la única humana en el sitio.

—La naturaleza verdadera de nuestras formas es demasiado hermosa como para no defenderla— recita el príncipe cuando se mueve en el medio de ese espacio, girando con lentitud para darle la espalda a la cortina que nos separa del ajetreo de la gente al otro lado —han devuelto un objeto que es valioso para mí— nos muestra el relicario de Ukyo girando por encima de la palma de su mano —sé que para realmente avanzar en la pista del papiro que nos fue robado necesitan una gota de mi sangre y es por eso que han venido.

Me levanto y cuando veo que Ranma está por hacer lo mismo lo detengo con un gesto de mi mano —majestad pónganos a prueba, permita que intentemos encontrar lo que les fue robado. Usted ponga el límite de tiempo y si no cumplimos no le pediremos más.

El príncipe Kirin camina hacia mí, sin dejar de mirarme a los ojos como si pudiera ver algo que yo no.

—Veo un fuego que me recuerda a Lychee— susurra y luego se muerde los labios —lo meditaré solo por usted dama Saotome pero no prometo que mi respuesta sea lo que esperan. Los dioses escuchan pero a veces la respuesta es no.

Hago una reverencia —se lo agradezco de todos modos majestad.

Su quijada se tensa y su semblante se endurece conforme su mirada se vuelve más oscura. Se inclina sin tocarme hasta que sus labios se acercan a la altura de mi oído —usted no quiere esa cura, puedo leerlo con facilidad. Lo hace por su esposo y déjeme decirle que no le debe nada a él.— puedo sentir su aliento frío —Si usted me lo pide ahora yo me negaré.

Trago saliva. La opción es tentadora pero niego.

El vacío que deja cuando se aleja de mí es extraño y yo camino un paso hacia atrás buscando a mi espalda la mano de Ranma, quien de inmediato me sujeta como si estuviera yo al borde del abismo.

—La audiencia a terminado, pueden retirarse y yo enviaré mi respuesta cuando tenga la resolución.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Cuando el esbirro nos regresa a Piaza Navona y yo me giro pensando que todo ha sido demasiado extraño y posiblemente inútil la sombra y esa entrada ya no están.

La gente que camina por la plaza, que cena en los restaurantes aledaños o que pasan cerca de nosotros parecieran no reparar en nuestra presencia. Pero no hay nada ya raro en realidad en nuestros aspectos. Los ojos de Herb han vuelto a la normalidad y los colmillos de Ranma ya no están expuestos.

—Contrario a lo que puedan pensar creo que tenemos una oportunidad— dice entusiasmada Ranko.

—No pienso aceptarlo— la voz de Ranma es una promesa tajante de que se ha decidido a olvidarlo.

—¿Fue por como se comportó conmigo?— pregunto entrelazando mis dedos con los de mi samurái al tomar su mano.

—Sospecho que fue nostalgia por la magia de las amazonas— explica tras un largo suspiro Herb —Akane consiguió acabar con Shampoo.

Pero en Ranma hay una furia hueca, no son celos lo que envenena sus pensamientos sino algo más.

—Lo ha hecho por el placer de torturar a alguien que no sea él mismo— busco consolarlo —y yo no le he puesto un alto porque debes reconocer que necesitamos de él y los dioses si queremos terminar con la maldición…— miro el centro de su pecho. Ranma lo nota pero no dice nada de momento.

—¿Cuándo crees que tendremos respuesta del príncipe?— pregunta Ranko a Herb.

—Es imposible calcularlo, solo nos queda ser pacientes y seguir por nuestro lado investigando otras formas de encontrar el papiro.

—Sin su sangre será como seguir buscando una aguja en el pajar.

Herb está por responder a la pelirroja cuando Ranma se mueve hacia ellos.

—Nosotros nos vamos ya, por favor cualquier cosa se comunican ¿sí?

No sé que cara pone Ranma porque he quedado unos pasos atrás de él, pero la mirada de Ranko y Herb es de lástima cuando asienten.

Mi samurái afianza mejor nuestras manos cuando se gira y yo solo distingo de reojo a Ranko y Herb igual de confundidos por la reacción de Ranma como yo.

Andamos fuera de la plaza, por entre las calles empedradas hasta la avenida principal.

—Cuéntame que piensas— le digo a Ranma y él suspira.

—¿Tienes miedo de la marca o de recuperar tu humanidad Akane?

—La marca, por supuesto— respondo sin dudarlo.

—Porque me da la impresión de que después de lo sucedido en Tokio ya no pareces interesada en querer ser humana de nuevo.

—Ranma no quiero pelear por esto.

Mi esposo se detiene, se pone frente a mí y sujeta mi rostro con una mano —te ves tan hermosa a la luz de la luna— dice con una sonrisa que no le llega a los ojos —pero no sabes como añoro poder mirar tu piel acariciada por el sol.

Cierro los ojos cuando siento que se me escapa una lágrima —Ranma— hablo bajito.

Lo entiendo porque yo también lo he pensado muchas veces, el recuerdo en mi mente de cómo se veía su piel bañada por la luz de la tarde.

—Extraño el calor y el sonido de tu corazón, el rubor de tus mejillas cuando te ponía nerviosa y querías aparentar estar enojada en lugar de avergonzada.

Me río con tristeza.

—¿Esta versión que soy ahora no te es suficiente entonces?— pregunto con dolor cuando me envalentono a enfrentar su respuesta con la mirada también.

Sus ojos están concentrados en mis movimientos —amo esta versión tuya, eres tan valiente y sexy, tan confiada y amorosa. Pero creo siempre he pensado que fui yo quien te robó mucho.

—No, mi corazón no late pero sigo existiendo. La lluvia reclama mi piel, el viento susurra en mis oídos. Siento frío y a veces, con un poco de suerte siento calor. Y aunque mi corazón ya no se mueva yo aprendo a amar cada día con cada nuevo amanecer.

—Akane— mi nombre es lento en su lengua.

Respiro.

Entrelazo mis manos con las suyas, me pongo de puntitas e inhalo y exhalo su aroma cuando acerco mi nariz a la suya. Pongo atención a cada movimiento producido por un evento que se toma demasiado a la ligera como respirar. Encontrando quietud y belleza en la armonía del hecho, porque siendo francos yo no estoy con vida. Tampoco él. No puedo dar vida y sin embargo respiro.

¿Qué otro milagro podría exigir?

Ranma baja su cabeza y sus labios rozan los míos, primero con timidez y después en un beso exigente que ambos disfrutamos.

Cuando nos separamos observo encantada a mi capitán, mi prometido, mi asesino, mi esposo, mi salvador, mi compañero y mejor amigo. Si, extraño su piel bajo el sol pero admirar la belleza de las sombras mientras dibujan sus rasgos es igual de bueno.

Ambos nos sonreímos.

—¿Qué es una maldición…— con las palmas de mis manos presiono mi peso sobre su pecho sin dejar de beber del azul de sus ojos iluminados por la luna mostrándo mi mejor sonrisa coqueta —si puedo pasar otros 500 años o mil o millones de años más a tu lado?

—Mi pequeña monstruo— dice con una sonrisa dulce.

Ranma vuelve entonces a besarme, esta vez de forma tan delicada que me derrito entre sus brazos con facilidad. Soy feliz y él es feliz a mi lado también y bajo esos conceptos podemos lograr lo que sea.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Un mes después, mientras estamos jugando a que la amante de mi esposo es una desvergonzada despilfarradora con la cuenta de lencería diminuta que le reitero a mi samurái es todo culpa de él por destruirla, un sobre blanco se desliza por debajo de nuestra puerta.

Al segundo que el sobre se detiene en la pata de la mesa junto a la puerta Ranma se levanta en una ráfaga para buscar a quien lo haya arrojado.

Yo voy hasta el balcón para hacer lo mismo pero descubro que nadie sale de nuestro edificio, al contrario solo hay sombras proyectadas por el sol.

—¡Argh! — me quejo cuando olvido que son las 3 de la tarde y los rayos pegan a mi piel descubierta.

—¿Estás bien amor?— pregunta Ranma cuando nos encontramos en el salón. Revisa ya mi rostro y acaricia con sus pulgares la piel que se me ha lastimado.

—Estoy bien. ¿Qué hay en el sobre? ¿Quién lo envía?

Ranma me suelta y busca el objeto que se ha quedado en el respaldo del sillón, lo abre con cuidado luego de que vemos que lo único que dice es nuestro apellido.

Dentro solo hay una tarjeta del mismo tono, con letras azules en una caligrafía tradicional japonesa que dice…

Tenemos un trato.

Sin límites.

—Creo que tendremos que recolectar una gota de sangre— sostengo la mano de Ranma.

—¿Estás segura?

Asiento.

—Podemos averiguar entre tanto como deshacernos de tu marca.

Los brazos de Ranma me envuelven y yo cierro los ojos, buscando en mi memoria como sonaba su corazón.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Hay una leyenda sobre unos dioses forjados en el centro del universo por fuego, aire, agua y tierra. Que cumplen deseos si su reliquia más sagrada consigues encontrar.

Liderados por un príncipe de mirada de acero que se dice tiene un apetito por cosas imposibles para cualquier paladar…


¿Será este el inicio de una hermosa nueva historia? No lo sé, me encantaría saber más de hecho tengo varias ideas pero también tengo varias otras historias que continuar.

Tal vez más adelante veamos que sucede con Kirin y los dioses.

Muchas gracias por todas aquellas personas hermosas que estuvieron dándole seguimiento a esta historia. Para mí es una dicha contar con su apoyo. Desde el fondo de mi corazón gracias porque ustedes incentivan el que siga publicando en realidad.

Gracias por todo su apoyo y por sus reseñas!

Serena de Kou, Esmeralda Yasmin, Niomei, Nicky, Benani0125, Pauvishana, Lana Winter, Tendo Black y Saritanimelove. Y mi eterno agradecimiento a SweetAkane.