Capítulo 15
SASUKE DEJÓ A BUCEPHALUS EN LAS MANOS DE BEN, el muchacho encargado de las cuadras, y con paso lento se dirigió ala entrada lateral de la casa que daba al estudio. Había sido un día demasiado largo desde que saliera temprano hacia su propiedad. Desde que su hermano enfermó, no se había acercado a sus tierras. No le preocupaba demasiado ya que tenía un excelente administrador de confianza que cuidaba de que todo estuviera en orden. Bekkō Regis había sido cocinero, marinero, vendedor y un sinfín de cosas más. Sasuke lo había conocido durante uno de sus viajes. Ambos eran parte de la tripulación del barco en que se habían enrolado. Cuando supo de la historia de Bekkō, creyó que era una mentira. Se decía que era un rico hombre dé negocios que en una sola semana fue estafado por su socio y engañado por su mujer, quien lo abandonó para escapar junto a ese socio ladrón. Se decía que había pasado de tener una fortuna incontable a quedarse en la calle solamente con lo puesto y que el cerebro de ese plan haba sido su esposa, de la que él estaba totalmente enamorado.
Se hicieron amigos cuando Bekkō le salvó la vida en una tormenta en alta mar. Y cuando Naruto y él se establecieron y fundaron la compañía naviera, Bekkō dejó su vida de trotamundos para aceptar el trabajo que le ofrecieron. Administraba la propiedad de Sasuke y los ayudaba con la compañía. Tenía un don para las finanzas que pronto los llevó a ofrecerle convertirse en socio. Bekkō se negó sin dar más explicación y siguió con su trabajo, del que decía, era más que suficiente.
Era un hombre con cicatrices, con un pasado, pero en el que se podía confiar.
Al entrar en el estudio, un ruido le llamó la atención. Era su hermano que, sentado en el sillón del rincón, intentaba leer un libro, aunque por su expresión, sin mucho éxito.
—No se te ve de muy buen humor.
Itachi levantó la mirada y al verlo frunció el ceño.
—Te has perdido la cena.
—¿Ha ocurrido algo interesante?
Itachi cerró el libro de un manotazo, lo que hizo que Sasuke alzara la ceja izquierda.
—Decididamente algo ha sucedido. ¿Debo preocuparme? —le dijo mientras se apoyaba sobre el escritorio y cruzaba las piernas a la altura de los tobillos.
—El señor Hidan Yotsuki ha estado hoy aquí.
Eso llamó la atención de Sasuke.
—¿Y que quería?
—Invitarnos al concierto que su madre dará pasado mañana.
A Sasuke no le pasó inadvertida la cara que su hermano había puesto al decir lo de la invitación.
—Ya sé que Hidan Yotsuki no es de tu agrado, créeme que yo no puedo ni verlo, pero no creo que estés así solo por su visita.
Itachi soltó un suspiro. No podía engañar a su hermano. Se conocían demasiado bien contó para intentar disimular ante él.
—Cuando entré en la biblioteca, Yotsuki tenía la mano de Izumi entre las suyas. No me fío de ese hombre. Izumi se merece algo mejor.
—¿Estaban solos?
—No, Sakura estaba con ellos y por el modo en que miraba a Hidan creo que es de los nuestros.
Sasuke esbozó una sonrisa. Sabía que Yotsuki disgustaría a Sakura. Era una mujer lo bastante observadora y perspicaz como para no dejarse engañar por ese mequetrefe.
—Yo diría que a Izumi tampoco le gusta.
—Sí, pero es demasiado dulce e inocente. Seguramente no sabe cómo frenar el interés de Yotsuki.
—No te preocupes, si tiene alguna dificultad acudirá a nosotros.
—Yo no estoy tan seguro de eso —dijo Itachi entre dientes.
—¿A qué te refieres? —le preguntó Sasuke mientras se alejaba del escritorio y se sentaba frente a su hermano.
—Hoy me ha dicho que no desea presentarse en sociedad.
Sasuke se mantuvo impasible ante la noticia.
—No pareces sorprendido.
—Ya te dije una vez que quizá eso no era lo que ella deseaba.
—De acuerdo, si sabes tanto, ilústrame.
Sasuke no pudo evitar soltar una risilla.
—Se ha acostumbrado a estar aquí, junto a ti y los niños. Es un hogar para ella y le resulta difícil dar el siguiente paso. No la atosigues.
—Entonces ¿qué pretendes?, ¿que se quede aquí hasta que sea una anciana y renuncie a tener una vida propia?
—No, Itachi, lo que te estoy diciendo es que lo hables con ella.
—Ya lo he hecho y casi me da un ataque.
—¿Qué quieres decir?
Itachi se acercó a su hermano inclinándose hacia delante.
—Me ha dicho que no quiere casarse. Nunca.
—Vaya.
—Sí, vaya, pero eso no es lo peor.
—¿Hay más?
—Sí. Sujétate bien al sillón. No quiere casarse porque dice que sigue enamorada de alguien que está muerto.
Sasuke intentó no sonreír. Parecía que a Izumi se le estaba pegando la audacia de Sakura. Él sospechaba desde hacía tiempo que Izumi tenía ciertos sentimientos hacia su hermano y que ese era el motivo de su renuencia a dejar la casa, pero jamás hubiese imaginado que la tímida muchacha que conocía enfrentara a su hermano de esa manera. Le hubiese gustado que Itachi también se fijara en Izumi. Era una mujer cariñosa y sincera. Entendió a su hermano cuando al morir Suiren juró no volver a casarse, pero tampoco quería que renunciara a rehacer su vida. Itachi era muy diferente a él. Su hermano creía en el matrimonio y en el amor, y negarse eso por el resto de su vida era algo que sin duda no le hubiese gustado a Suiren. Ella había sido una mujer extraordinaria que había querido a Itachi más que a nada en el mundo. Hasta él, que siempre había sido un escéptico, había sentido una punzada de envidia al ver cómo su cuñada miraba a su hermano con ternura y amor. A él ninguna mujer lo había mirado de aquella forma. En los ojos de las mujeres que había conocido había visto pasión, lascivia, recelo, incluso miedo, pero nunca amor. Y no es que él no lo buscara. A temprana edad había aprendido la lección. Una experiencia que le costó un alto precio, como fue romper definitivamente la relación con su padre y perder la oportunidad de resolverlo antes de que muriera. Se imaginó a Izumi frente a Itachi diciéndole que no se casaría nunca. Había que admitir que la historia de que seguía enamorada de alguien que estaba muerto había sido demasiado teatral.
—¿Te dijo quién era?
—No —dijo Itachi frunciendo el ceño.
—¿Y qué es lo que no me cuentas? —le preguntó Sasuke, que sabía que su hermano le estaba ocultando algo. Podía verlo en sus ojos igual que uno lee en un libro abierto.
—A veces eres un verdadero fastidio.
Sasuke sonrió ante la mueca que Itachi había hecho al decir esas palabras. Parecía que le fastidiara que lo conociera tan bien, pero sus ojos le decían otra cosa. Expresaban alivio.
—Temo que no quiera ir a Londres y que no quiera casarse, no solo porque siga profesándole amor a un hombre que está muerto, sino porque si lo hace podría descubrirse algo que dañaría a su familia y sobre todo a ella misma.
—¿Estás diciéndome que Izumi se entregó a ese hombre?
—Sí, así es.
Sasuke pensó que aquello se estaba complicando. Sin embargo, su hermano parecía querer retorcerle el cuello a alguien y eso era muy esperanzador.
—Sinceramente, Itachi, yo no lo creo.
—Entonces debemos hacerle entender que tiene que seguir con su vida.
—¿Debemos?
Itachi alzó una ceja claramente fastidiado.
—De acuerdo —le dijo Sasuke mientras sonreía.
—Me alegro que te haga tanta gracia.
—No es eso, es que deberías verte la cara. Parece que lo de Izumi te ha afectado demasiado —dijo alargando las últimas sílabas.
—Ya sé lo que estás pensando, y si no fueras mi hermano, te borraría esa sonrisa tuya en un segundo.
—Bueno, puedo estar equivocado.
—Estás equivocado.
—Si tú lo dices...
Itachi salió de la habitación maldiciendo por lo bajo, lo que hizo que Sasuke soltara una carcajada en cuanto la puerta se cerró.
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¿Por qué no la habían dejado en casa en vez de obligarla a ir a ese concierto? En sentido estricto, no la habían obligado; no le habían puesto un puñal en el pecho, pero le habían hecho chantaje emocional. Después de que Izumi le contara sobre su conversación con el Marqués, Sakura la estuvo consolando mientras le decía que no había salido tan mal. Por lo menos, no le había dicho a Itachi que el hombre del que estaba enamorada y que supuestamente había pasado a mejor vida, era él mismo. Sin embargo, Izumi estaba hecha un manojo de nervios desde entonces. Le había suplicado que la acompañara al concierto, ya que lo último que quería era verse a solas con el pesado de Yotsuki. Allí Sakura tuvo que darle la razón, y no solo porque ese hombre fuera muy presuntuoso, sino porque era un sinvergüenza. Lo malo era que ella conocía a Sienna Mangieri. Era una vieja amiga de su tía y no sabia cómo iba a hacer para que no la descubriera entre los invitados. Aquello no sería una fiesta común y corriente en la que sería sencillo esconderse de alguien durante toda la noche. Estarían sentados frente a ella bien visibles buena parte de la velada. Solo podía rezar para que no se diera cuenta de su presencia y después, cuando tuviera lugar la recepción, intentar pasar inadvertida entre la gente. Esa noche iba a resultar una pesadilla si no tenía cuidado.
Atraída como si de un imán se tratase, levantó la mirada y se encontró con la de Sasuke. Iba todo vestido de negro, salvo por la camisa blanca, anudada sencillamente, pero con un impecable estilo que desprendía una distinguida elegancia. Además de ser demasiado guapo para cualquier mujer, tenía esa aura de misterio y ese toque felino y peligroso que lo convertían en un hombre tremendamente atractivo. Sus ojos, clavados en los de ella y oscurecidos por la escasa iluminación del interior del coche, parecían brillar, lo que produjo que sus mejillas se tiñeran de rojo. Menos mal que con esa penumbra, él no podía darse cuenta. Era increíble que con solo mirarla podía despertar en ella sentimientos y producir reacciones que antes ni siquiera había soñado. Era perturbador y la hacía sentirse vulnerable. Algo a lo que no estaba acostumbrada y que la irritaba sobremanera. Nunca había imaginado que un hombre pudiera hacer que su autocontrol quedara reducido a cenizas, porque eso era lo que le ocurría cada vez que Sasuke estaba cerca.
Sasuke vio como las mejillas de Sakura se sonrojaban. Al parecer no era tan inmune a su presencia. Claramente había descubierto en sus ojos el deseo que se instaló en su interior desde que la viera bajar por las escaleras con ese vestido de seda verde que tanto le había molestado que él le encargara. Recordó cómo se le había entrecortado la respiración al verla allí parada frente a él con los hombros parcialmente desnudos y el pelo que le caía sobre el busto. Era irresistible para cualquier hombre. Había tenido que frenar el impulso de rozar su piel con las yemas de los dedos para comprobar si era cálida y no de porcelana como parecía. Sin embargo, solo había que mirarla a los ojos para comprender que, lejos de ser una mujer fría, era apasionada y de carácter. Al fijar los ojos en ella se podía ver la llama que brillaba en su interior. Lo había tomado por sorpresa el deseo salvaje que había corrido por sus venas al tenerla cerca. Había llegado a ser doloroso. Nunca su autocontrol se había visto azotado con tanta intensidad y de manera tan rotunda. Eso lo había enfurecido y lo había dejado perplejo. Su necesidad de ella era abrumadora y eso lo había hecho maldecir entre dientes durante todo el trayecto. Por eso la había mirado de esa forma, porque quería que ella no estuviera tan tranquila mientras él luchaba internamente por restaurar años de control sobre sus instintos.
—Esto parece un funeral —dijo Tezuna mientras alisaba varios pliegues de su vestido—. ¿Hay algo que yo deba saber?
—Nada, tía —le dijo Izumi con una sonrisa en los labios.
—¿Entonces por qué estáis todos tan callados?
—Estamos guardando fuerzas para el concierto —dijo Sasuke con ironía, lo que hizo que Tezuna lo mirara como una madre a un niño pequeño que acaba de hacer alguna travesura.
Sakura no pudo evitar sonreír. Sasuke podía sacar de quicio a cualquiera.
Izumi miró por la ventanilla los jardines que rodeaban la casa de los Yotsuki. Esa noche hubiese deseado encerrarse en su habitación, meter la cabeza debajo de las almohadas y regodearse en su autocompasión, ya que le era imposible olvidar lo estúpida que había sido. No podía haber hecho más el ridículo durante su conversación con Itachi. Cada vez que cerraba los ojos, veía la expresión de Itachi mientras ella le decía que estaba enamorada de un hombre. Esas palabras se le habían escapado de los labios antes de pensar en el lío en que se metería. Si lo que quería era que Itachi la dejara tranquila, ahora sabía que no lo haría. Lo había visto en sus ojos. Él quería respuestas y no se contentaría con menos. ¡Incluso había llegado a pensar que ella podía haber quedado comprometida! Antes la veía como a una mojigata y ahora pensaba que era una perdida. Mirara por donde lo mirara, a pesar de que Sakura le había dicho que no era tan malo, la situación era para ponerse a llorar.
Tezuna miraba a su sobrina intentando dilucidar qué era lo que la tenía tan pensativa. Parecía estar a punto de llorar en cualquier momento. Definitivamente algo había ocurrido y no se había enterado, eso no iba a ser por mucho tiempo. Si Izumi continuaba con ese talante, hablaría con ella. No soportaba verla así. Sabía que sufría en silencio por Itachi. Durante los dos años que llevaban viviendo allí, había tenido tiempo suficiente para comprender que su sobrina estaba enamorada del muchacho. Quizá otra persona no se diera cuenta, pero ella conocía a Izumi como si fuera su propia hija y había visto el anhelo en cada mirada suya, en cada suspiro, en cada silencio y en cada sonrisa. Sabía que mientras había estado fuera visitando a la señora Yotsuki, Izumi había hablado con Itachi, y era muy significativo que a partir de eso su sobrina hubiese cambiado. Si su instinto no le fallaba, algo había ocurrido entre ellos. "Bueno, poco puedo hacer por el momento", se dijo a sí misma mientras echaba una mirada a Sasuke. Otro que estaba de lo más extraño. Llevaba la mandíbula tan apretada que parecía que en cualquier momento saltaría hecha pedazos. Seguramente sería porque le estaba costando reconocer que había una mujer sobre la faz de la tierra capaz de hacerle perder ese autocontrol que dominaba hasta la última de sus reacciones. Bien, ya era hora de que alguien lo hiciera despertar. Ya era hora de que dejara de pensar que enamorarse era una enfermedad mortal, y de que olvidara a Kin. Ese muchacho tenía un corazón de oro del que ni siquiera él mismo era consciente, y se merecía ser feliz. La verdad era que difícilmente podía ser indiferente a Sakura. Era una mujer demasiado hermosa, no solo por fuera sino también en su interior, como para obviar su presencia. Era incluso más hermosa que su madre. Mebuki había tenido una naturaleza más sosegada, mientras que Sakura tenía fuego en las venas y un carácter endiablado. Lo que no se explicaba era qué hacía la hija de una condesa disfrazada de institutriz. Sabía que era cuestión de tiempo saber la respuesta, y ella era una mujer muy paciente. Si no fuera porque era el vivo retrato de su madre, salvo por el color de pelo y sus maravillosos ojos verdes, podía haber pensado que era una mera coincidencia, pero en su interior sabía que no era así. Quizá la edad le estaba jugando una mala pasada, pero no lo creía. Podía haber muchas explicaciones para el parecido casi total con la difunta Mebuki Toriichi, pero ninguno tan convincente. Sabía que Mebuki había tenido una hija y que cuando aún era pequeña la habían enviado a vivir con su tía. Se había comentado en sociedad la falta de interés maternal por parte de Mebuki. Ella nunca había creído las idioteces que se decían, porque, a pesar de conocerla escasamente, siempre había tenido la sensación de que era una buena mujer desgraciadamente involucrada en circunstancias poco felices.
Sabía que una vez hacía mucho tiempo, su hermano Kizashi y Mebuki se habían sentido atraídos. Sí, se acordaba como si fuera ayer. Varios años después de que Kizashi enviudara, ella lo había invitado a Londres a pasar una temporada. Recordaba la primera fiesta a la que fueron y cómo su hermano se había quedado prendado de Mebuki nada más verla. Después de aquello fue frecuente verlos bailar juntos y hablar durante largo rato. Si había ocurrido algo más, ella lo desconocía, y a pesar de lo que los demás pudieran pensar le parecía bien que así fuera. Era más que evidente que Mebuki no era feliz en su matrimonio. Solo había que mirar a los ojos a su marido, al cortés y amable conde de Kensington, para saber que ese hombre tenía una doble cara. Por eso ella nunca censuró a Mebuki a pesar de lo que se decía de ella, como la cantidad de amantes que se cuchicheaba que habían pasado por su cama. Bueno, fuera como fuera, su hermano terminó volviendo a Edimburgo y Mebuki siguió con su vida, tuvo una hija y siguió siendo el blanco de las murmuraciones y las censuras por parte de la sociedad.
El coche se detuvo bruscamente y la sacudió hacia delante, lo que la trajo de nuevo al presente.
—Este hombre quiere mandarme a la tumba antes de tiempo —dijo entre dientes mientras se cercioraba de que su peinado seguía intacto.
—No creo que eso sea tan fácil —le dijo Sasuke con una sonrisa.
—Eres un diablillo, pero con una sonrisa preciosa —le contestó Tezuna, guiñándole un ojo.
Después de que las ayudó a bajar, Sasuke tomó la mano de Tezuna y la colocó por debajo de su brazo para que se apoyara en él. Sakura se quedó un poco más atrás con Izumi, ninguna de las dos se sentía muy dispuesta a soportar aquella velada.
—¿Todavía le estás dando vueltas a lo que le dijiste al marqués de Stamford?
—Sí —le contestó Izumi alzando una ceja—. No puedo quitarme de la cabeza su expresión cuando le dije lo del muerto.
—Sí, en eso te pasaste.
—¡Sakura!, me dijiste que no había sido tan malo y que podríamos utilizarlo para que él se diese cuenta de que soy la mujer de su vida.
—Y lo haremos, no te preocupes. Entre las dos conseguiremos que vea lo que está perdiendo al no fijarse en ti.
—Creo que debería ser realista. Itachi no me verá nunca de esa manera.
Sakura se detuvo y miró fijamente a Izumi.
—No te rindas antes de empezar. Si es verdad que él no siente nada por ti, entonces podrás seguir adelante con tu vida, pero ya no tendrás que preguntarte nunca más qué hubiera pasado si lo hubieses intentado.
Izumi se mordió el labio inferior mientras parecía pensar en las palabras de Sakura.
—Gracias, Sakura.
—¿Por qué?
—Por ser una amiga.
Sasuke y Tezuna se hallaban en la puerta a punto de entrar cuando se dieron cuenta de que Sakura y Izumi se habían quedado atrás.
—Estas jovencitas se traen algo entre manos y se creen que no me doy cuenta.
Sasuke no pudo menos que sonreír. Era verdad que a Tezuna no se le escapaba nada. Al contrario de su sordera, que sospechosamente iba y venía, su inteligencia y picardía eran mucho más agudas de lo que solía aparentar. De un genio vivaz y un temperamento que haría temblar hasta al guerrero más aguerrido, Tezuna era una de las mujeres que más respeto le inspiraban.
—Conociendo a la señorita Izuno, se tratará de algo impredecible.
—Vaya, muchacho, ¿he sentido cierto tono de admiración?
—Eso me temo, Tezuna —dijo Sasuke sintiendo que esa confesión lo tomaba por sorpresa.
Tezuna le dio cariñosamente varias palmaditas en el brazo mientras lo miraba a los ojos con algo cercano al alivio.
—Ya era hora.
En ese momento, Sakura y Izumi se acercaron y, sin más dilación, todos entraron en la casa en la que tendría lugar una velada, se temían, muy larga.
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—Ha estado magnífica —le dijo Izumi a Sakura mientras todos los invitados pasaban al salón donde se serviría un refrigerio, al tiempo que la música de la orquesta ubicada en el extremo de la sala animaba la velada.
—Sí, es muy buena —le contestó Sakura intentando mezclarse con el resto de los invitados para así pasar inadvertida, aunque eso sería tener mucha suerte, pensó cuando vio a la señora Yotsuki acercarse a ellas con Sienna Mangieri a su lado.
Tezuna y Sasuke, que también se acercaban por el otro extremo, hacían que la situación no pudiese ser más desastrosa. Mirando hacia los lados en busca de una escapatoria, vio que las puertas de la terraza estaban abiertas y, aunque había que reconocer que la noche estaba algo fresca, soportaría hasta una pulmonía con tal de no ser descubierta allí mismo por una de las mejores amigas de su tía que, a pesar de ser cantante y actriz, no sabía disimular sus reacciones.
—Voy a tomar algo de aire fresco.
—¿Ahora? —le preguntó Izumi como si Sakura le hubiese dicho que iba a correr desnuda por el salón.
—Sí, es que me siento un poco mareada.
Ante la mirada de alerta de Izumi, Sakura intentó suavizar su afirmación.
—Estoy bien, Izumi, no te preocupes, no estaré mucho tiempo fuera.
Antes de que su amiga pudiese decir algo más y que la cercanía de Tezuna y Sasuke le hiciera imposible la retirada, se dirigió con paso ligero hacia la terraza.
Hidan Yotsuki llevaba toda la velada sintiendo como su miembro se endurecía cada vez que miraba a la institutriz. Vaya sorpresa había resultado ser, hermosa y sensual. Sin duda creía que lo engañaba con ese porte y esa mirada capaz de helar cualquier intención por parte de un hombre. Sin embargo, él sabía que eso no era más que una pose. Ella era consciente de que así era aun más deseable. Pensaba que podía dárselas de inocente cuando él sabía que le estaba calentando la cama al Marqués, hasta que este se cansara. O tal vez pensara que él era demasiado poco cuando sus miras estaban puestas en un noble, pero la realidad era que debería dar las gracias de que se fijara en ella, porque él sí que estaba más que dispuesto a ofrecerle un acuerdo cuando el marqués de Stamford la echara de su casa. Hidan dejó de apoyarse en una de las columnas del salón cuando la perdió de vista. ¿A dónde había ido? Miró hacia todas partes, hasta que consiguió divisar un remolino de seda verde que traspasaba las puertas de la terraza.
Sakura sintió el aire fresco de la noche en la cara, y por unos instantes la tensión que había acumulado se disipó como por arte de magia. Acercándose a la balaustrada, observó el delicioso jardín que rodeaba la casa. La luna llena parcialmente cubierta por unas traviesas nubes hacía que las sombras crearan raras formas en la hierba. En ese momento, las copas de los árboles se inclinaron como dos amantes que anhelaban un beso, lo que le produjo un leve escalofrío.
—¿Le ha gustado la representación, señorita Izuno?
Sakura se sobresaltó al escuchar la voz de Hidan Yotsuki. Solo lo había visto a su llegada y apenas la había mirado, lo que hizo que confiara en que no volviera a molestarla. Sin embargo, ahora se daba cuenta de que había esperado en vano.
—Sí, por supuesto —le dijo Sakura en un tono frío y cortante—. Y ahora si me permite voy a entrar, de repente hace bastante frío aquí fuera.
Yotsuki dio un paso a la izquierda bloqueándole el paso.
—Hay una conversación pendiente entre nosotros, señorita Izuno.
Sakura lo miró a los ojos con una furia apenas contenida. Era increíble que le hablara como si no hubiese ocurrido nada.
—Yo no tengo nada más que hablar con usted.
—Pues yo creo que sí, ¿sabe? Sea quien sea de los dos, el Marques o el hermano el que se meta debajo de sus faldas, se cansará pronto y la echará sin recomendación. Los nobles son así, mi querida señorita, y le digo esto porque admiro su apuesta, aunque tengo que advertirle que le va a salir mal. Sin embargo, yo estoy dispuesto a hacer un trato con usted, uno muy ventajoso para los dos —le dijo mientras alzaba una mano para tocarla.
—No se atreva a tocarme —le dijo Sakura entre dientes.
—¿Quién va a impedírmelo?
Antes de que Sakura pudiese reaccionar, Yotsuki la tomó fuertemente por los brazos imponiendo sus labios sobre los suyos con una crueldad insaciable. Sakura se sintió acorralada e intentó librarse de sus manos y de su boca luchando con todas sus fuerzas, pero eso solo hizo que Yotsuki soltara una risa y la apretara aun más contra el. En medio del pánico que empezó a apoderarse de ella, se acordó de las enseñanzas de Hōki: "Siempre que quieras derribar a un hombre, si lo tienes suficientemente cerca, dale un golpe en la entrepierna" Sin dudar ni un segundo, levantó la rodilla y la impactó con toda la fuerza de la que fue capaz en la entrepierna de Yotsuki, quien con un gemido de dolor la soltó de inmediato. Sakura perdió el equilibrio momentáneamente al verse liberada de él. Recobrándose de inmediato, recogió su falda con la mano y salió corriendo hacia las puertas que comunicaban con el salón. Cuando le faltaban solo unos metros, un tirón en la parte de atrás del vestido la arrojó al suelo.
—Ven aquí, puta —dijo entre dientes Yotsuki mientras se acercaba a ella ligeramente encorvado.
Sakura, desde el suelo, se levantó la falda hasta los muslos y de la liga izquierda sacó el estilete que tan fielmente la acompañaba siempre. Yotsuki, que pareció no darse cuenta, se abalanzó sobre ella solo para quedar a escasos centímetros de la punta del arma que Sakura le apoyó en la garganta.
—Se lo diré solo una vez. Si vuelve a acercarse a mí o a Izumi, le juro que no me temblará la mano a la hora de hacerle un nuevo orificio en el cuerpo. ¿Me he expresado con suficiente claridad?
Yotsuki, que de repente estaba más pálido que una sábana blanca, tragó con dificultad antes de dejar salir un sonido entrecortado que podía entenderse como un sí.
Sakura se levantó poco a poco, sin dejar de apoyar el arma contra el cuello de Yotsuki, mientras lo instó a que se levantara también.
—Ahora váyase y no vuelva ni siquiera a mirarme.
Yotsuki se dio la vuelta y se alejó andando, perdiéndose por el lateral de la casa.
Ahora que todo había pasado, Sakura guardó el estilete mientras intentaba controlar los temblores que se habían apoderado de su cuerpo.
—¿Qué hace aquí sola?
Sakura giró sobresaltada por esa voz conocida.
Sasuke solo tuvo que verla para saber que alguien la había atacado. Tenía el pelo revuelto y el vestido desgarrado por un lateral.
—¿Quien ha sido? —bramó Sasuke mientras se acercaba a ella en dos pasos.
—Me he caído —le dijo Sakura intentando parecer convincente, aunque sin conseguirlo.
Sasuke la tomó con suma delicadeza de los brazos, y eso fue suficiente para que Sakura soltara un gemido de dolor al sentir sus dedos en el mismo sitio de donde Yotsuki la había agarrado.
Sasuke la llevó hacia la luz para poder examinar el daño. La mirada de furia que apareció en sus ojos la dejó helada.
—¿Y esto también te lo has hecho al caerte? —le preguntó mientras le señalaba el brazo, donde se veían con claridad los moretones que en forma de dedos iban surgiendo en su delicada piel.
Sakura no estaba preparada para aquello. Había mantenido el control durante toda aquella noche, incluso cuando apuntaba a Yotsuki con el estilete, pero la mirada penetrante de Sasuke y su ira contenida eran más de lo que podía tolerar. Sintiendo que de un momento a otro podría echarse a llorar, intentó librarse de Sasuke. Este no se lo permitió y como si pudiera leer en su interior la abrazó estrechándola contra su pecho.
Sasuke intentaba controlar la rabia que sentía. Verla alterada, con los ojos húmedos y cargados de lágrimas sin derramar e intentando mantener la compostura con una fuerza de voluntad admirable fue demasiado. Le dolió verla en ese estado, y toda su ira inicial fue desplazada a un segundo plano frente a su preocupación por ella. Sintió que necesitaba tenerla entre sus brazos para poder comprobar que estaba bien, para intentar calmar los terribles temblores que parecían dominar su cuerpo. La oyó soltar un sollozo mientras se apretaba más contra él.
Sakura no quería que ese abrazo terminara nunca. Jamás se había sentido tan segura como en ese instante. Se acurrucó entre sus brazos intentando llenarse de él. Parecía que sus sentidos no tenían suficiente y anhelaban su contacto más que nada en el mundo. Sintió los labios de él sobre su pelo, acariciándola con una ternura tal que la llevó de nuevo al borde de las lágrimas. Levantó la cabeza para encontrar su mirada, que la atrapó en un instante con esa fuerza y calor que la hacía querer más. Quería lo que esos ojos prometían y escondían al segundo siguiente. Lo quería a él.
Sasuke estaba echando mano a todo su autocontrol para no asustarla más por esa noche. Él sabía que después de lo que había ocurrido allí unos momentos antes, lo que menos necesitaba Sakura era que otro hombre se abalanzara sobre ella. Sin embargo, le estaba resultando más que difícil no hacer eso cuando ella lo miraba de ese modo. Sabía reconocer el deseo en los ojos de una mujer, pero sabía que lo que Sakura creía sentir en ese momento era fruto de todo lo que había pasado. Cuando el miedo cesa, deja los sentidos aturdidos y agudizados, lleva a hacer cosas que de otra manera nunca se harían. Pero a pesar de todo, él era solo un hombre y la deseaba más de lo que nunca había deseado a ninguna mujer. Lo que más le asombraba no era ese deseo devastador que corría por sus venas, sino la necesidad que sentía de protegerla, de cuidarla y de amarla.
Rindiéndose a ese impulso, acercó sus labios a los de ella rozándolos en una leve acaricia. Sintió como Sakura se relajaba en sus brazos mientras tímidamente abría la boca. Sasuke no necesitó más. Introdujo la lengua entre sus labios, con lo que Sakura se estremeció. Saboreó el interior de su boca lentamente, parecía tan dulce como el néctar. Casi sin atreverse, Sakura rozó la lengua de Sasuke con la suya, lo que hizo que él soltara un fuerte gemido de aprobación mientras profundizaba el beso. Sakura creyó que las piernas no la sostendrían. Enredó las manos en el pelo de Sasuke para sujetarse a él, sintiendo que cada centímetro de sus cuerpos estaban pegados. Jamás hubiese imaginado que un beso pudiese hacerla sentir así. Quería ser más atrevida, deseaba más, anhelaba calmar el calor que se estaba extendiendo por su vientre y que comenzaba a humedecerla. Podía sentir la excitación dura y poderosa de Sasuke a través de las capas de ropa que los separaban, y eso la hizo sentirse audaz. Copió los movimientos de Sasuke e inventó algunos nuevos dejándose llevar por la pasión que corría sin medida por su interior.
Sasuke sentía que el corazón le latía como un potro salvaje. Sakura, que al principio había sido tímida y dulcemente inexperta, estaba acabando con los pocos vestigios de control que aún le quedaban. Su pasión igualaba a la de él, mostrándola como una mujer sensual que despertaba al deseo con un anhelo exquisito. Sus lenguas estaban enredadas en una danza salvaje donde cada uno quería entregarse por completo al otro. Tenía todos los sentidos embriagados de ella. Su olor fresco a flores silvestres, su sabor dulce y adictivo, su cuerpo cálido y hermoso al que sus manos no podían dejar de tocar y su imagen clavada a fuego en la mente. Demasiado perturbador para un beso, sobre todo para un hombre que sabía demasiado de la pasión y de cómo complacer a una mujer, pero nada del amor. Demasiado para alguien que había jurado no enamorarse nunca.
Sakura no quería que aquel beso acabara. Se sentía vulnerable, descontrolada, excitada y deseada. Para alguien como ella, que no quería perder las riendas de sus emociones, era demasiado peligroso; sin embargo, la prudencia había hecho sus maletas dejándole al corazón como único compañero de viaje. Su instinto le decía que se arriesgara, que se dejara llevar por lo que no podía evitar. Había luchado contra esa atracción con todas sus fuerzas, pero sin éxito, porque su batalla ya estaba perdida desde el principio. Desde el primer momento en que lo vio.
Sasuke terminó el beso antes de que su voluntad quedara reducida a cenizas.
—Debemos irnos antes de que alguien te vea con ese aspecto.
—¿Tan mal estoy? —le preguntó Sakura.
—Estás horrible —le dijo Sasuke con una sonrisa y una calidez en los ojos que desmentían sus palabras.
Sakura lo miró en silencio y deseó que volviera a tomarla en sus brazos y le permitiera olvidarse de todo lo demás. Su padre, su engaño, Hidan Yotsuki y la certeza de que su corazón se quedaría con él cuando tuviera que marcharse, porque sabía que tarde o temprano ese día llegaría. De todos modos, dejó que Sasuke la condujera hasta el coche, en donde esperó que se despidiera de la señora Yotsuki y les diera a Tezuna y a Izumi una excusa creíble para su partida. Cuando volvió junto a ella, llevaba su abrigo y la capa de ella, que le colocó sobre los hombros con exquisita ternura. Sentándose a su lado, la atrajo hacia sus brazos y Sakura por fin tuvo que admitir para sí la verdad: estaba profundamente enamorada de Sasuke, el conde de Ashford.
