Capítulo 16
KUMADE TORIICHI MIRABA CON IMPOTENCIA como su gran esperanza de acabar con el pozo de deudas que lo venían acosando desde hacía tiempo se desvanecía entre sus dedos. Tenía sobre la mesa un informe de los investigadores privados que había contratado para encontrar a su hija. Debía haber tomado precauciones, pero ¿quién podía pensar que el ratón asustado que había llegado a su puerta desde Italia tenía en verdad las suficientes agallas como para desafiarlo?
El informe no era muy alentador. Al parecer había pocas pistas. Habían interrogado a los criados y a todos los servicios de carruajes de Londres. Esa noche habían viajado solas más mujeres de las que cabía esperar. Varios cocheros habían llevado a damas a altas horas de la noche, aunque solo tres podían ajustarse a la descripción de Sakura. La primera había ido a la parte este de la ciudad, otra había alquilado un coche para que la llevara a un pueblo cercano de Londres y la última había terminado su viaje en la posada The Red Rose que estaba a unos kilómetros afuera de la ciudad. Al parecer esa mujer había preguntado por los coches que pasaban por allí con dirección al Norte.
La primera había sido descartada ya que resultó ser una prostituta de lujo. Las otras dos parecían haber desaparecido por arte de magia, pues los hombres todavía no habían localizado a ninguna de las dos.
Últimamente las cosas no le salían nada bien. Por un lado, Sakura se había fugado, con lo que frustraba la mejor posibilidad de acabar con sus deudas y volver a entrar en juego. También las cosas iban mal en el negocio en el que había invertido el grueso de sus bienes. Las acciones de la Sea Star, la compañía naviera que antaño había sido la empresa más lucrativa en el sector naviero, cada vez arrojaba ganancias más exiguas debido a la durísima competencia de la compañía de lord Sasuke Madara de Uchiha y su socio Naruto Namikaze. Esos jóvenes emprendedores habían monopolizado el mercado sin que la compañía pudiese evitarlo. Como socio mayoritario en la Sea Star, sus pérdidas durante los últimos años constituían el motivo principal de su desastrosa situación financiera. Lo único que le restaba era intentar que las acciones de la compañía subieran y poder venderlas al mejor precio. Pero para ello, la competencia debía sufrir serios reveses. Con ese propósito había contratado a Orochimaru, un hombre sin escrúpulos capaz de vender a su hermana por unas monedas. Era un profesional hundiendo empresas molestas y haciendo desaparecer a hombres aun más molestos. A pesar de ello y de tres sabotajes a los barcos de Namikaze, los navíos de sus competidores seguían siendo los más solicitados. Se le estaba acabando la paciencia y el tiempo. Debía encontrar a Sakura antes de que el Duque perdiera su interés, y con ello se esfumará la importante suma de dinero que iría a parar a sus manos, y por otro lado le diría a Orochimaru que fuera más creativo porque necesitaba que Namikaze se hundiera.
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Sasuke la esperaba en el estudio. Eso era lo que le había dicho O'Connell con cara de "si yo fuera usted, saldría corriendo", lo que no hacía nada por tranquilizarla. La noche anterior, después de volver de casa de la señora Yotsuki, Sasuke le deseó las buenas noches y la acompañó hasta su habitación, donde la despidió con un beso abrasador, excitante y abiertamente carnal. Eso le impidió conciliar el sueño hasta el amanecer. Aún no podía entender qué le había sucedido para arrojarse a los brazos de Sasuke. Era un hombre tremendamente atractivo, de eso no cabía duda, y demasiado perturbador como para no verse afectada por él. Pero de ahí a perder totalmente el control de sus sentidos... Porque eso era lo que había ocurrido. Había sufrido una especie de locura transitoria que la había llevado a comportarse de manera licenciosa y atrevida. No cabía duda de que Sasuke era un maestro en el arte de la seducción, por lo menos con ella. Solo con mirarla a los ojos hacía que se le doblaran las piernas y que el estómago se le revolviera lleno de mariposas. Se comportaba como una niña que suspira en cada esquina por el príncipe de sus sueños. Y Sasuke no era ninguna ilusión, sino un hombre de carne y hueso que a pesar de toda su arrogancia y dureza podía ser tierno y encantador, aunque se esforzara continuamente por acallar esas cualidades. Sin embargo, nada justificaba que ella se hubiese dejado enredar en su tela de araña. Sabía que pronto debería abandonar la casa, y si comprometía su corazón más de lo que ya lo estaba, su partida sería muy dolorosa. Además, sabía que, aunque las cosas no fueran como eran, si su vida fuera otra y fuese libre para decidir, Sasuke no era el tipo de hombre que se comprometería. Eso se deducía claramente de su estilo de vida, por los comentarios de Tezuna y Izumi, y por la sonrisa irónica que acudía a sus labios cada vez que alguien le hablaba del amor o de matrimonio. En una ocasión en que Izumi le contó del compromiso de un antiguo amigo de la familia con una joven presentada ese año en sociedad, Sasuke solo le dijo que esperaba que el pobre no estuviese enamorado. Sin duda, para Sasuke enamorarse era sinónimo de estupidez. Sasuke buscaba el placer y, aunque le costara reconocerlo, ella empezaba a entender por qué. Aunque solo había vislumbrado el principio de algo que desconocía, la noche anterior había deseado más, había ansiado alcanzar algo que no entendía, pero que su cuerpo le pedía a gritos. Sin embargo, pensaba que eso solo no bastaba. A ella no le resultaba suficiente porque lo que sentía por Sasuke iba más allá. Con un fuerte suspiro, salió de su habitación camino al estudio.
Itachi se sentía cada vez más fuerte, aunque todavía le costaba dar un paseo sin que sus pulmones parecieran a punto de explotar. Si todo seguía así, en un mes podrían ir a Londres y, aunque la idea no le apeteciera mucho, se lo debía a Izumi y a Tezuna. Izumi podría tener su presentación en sociedad largamente postergada y Tezuna podría ver a las viejas amistades que tanto tiempo hacía que no frecuentaba. También podría liberar a su hermano de la carga que se había echado a la espalda desde que él enfermó. Se había hecho cargo de las propiedades, de la contabilidad y de todos los problemas que ello conllevaba. Había estado a cargo de la casa cuidando de todos, incluido él mismo, ya que no se había separado de la familia en ningún momento. Sasuke podía decir lo que quisiera, pero él lo conocía bien. Había visto su rostro nada más salir de aquella horrible fiebre. Sasuke le había sonreído, pero no había podido disimular la palidez ni las ojeras de preocupación, que le hacían aparentar al menos diez años más de los que realmente tenía. Él no le había dicho nada, pero Tesuna le había contado que lo había acompañado durante su convalecencia y que se había quedado al lado de su cama sin dejar que nadie más permaneciera las noches enteras en vela.
—¿Otra vez haciendo de las tuyas?
Itachi levantó la cabeza ante la voz conocida.
—Buenos días, Tezuna.
—No sé si son buenos días —le dijo con un mohín que desmentía su enfado con un brillo de picardía en los ojos.
—¿Sabes que eres encantadora cuando te enfadas?
—Eres igualito a tu hermano. Creéis que con halagos me vais a ablandar, pero yo no me dejo convencer fácilmente. ¿De verdad crees que estoy encantadora?
—La mujer más hermosa.
—Ahí te has pasado, pero qué diablos, me ha gustado oírlo.
Itachi soltó una carcajada.
—¿Has dado un paseo muy largo? —le preguntó Tezuna mientras se sentaba junto a él en uno de los bancos de piedra que daban al jardín.
—Una hora.
—Vaya, eso es maravilloso, aunque recuerda que nada de hacer tonterías, ya sabes lo que dijo el médico, poco a poco.
—No te preocupes. Con tantos vigilantes es imposible que haga ningún esfuerzo. Además, ya sabes que soy el hermano formal.
—Sí, si hubiese sido Sasuke el que hubiese caído, enfermo hubiéramos tenido que atarlo. Ese muchacho es demasiado inquieto. Aunque tengo que reconocer que me ha sorprendido. Parece más tranquilo y sosegado que antes de irse. Claro está que cuando se marchó era solo un muchacho y ahora es un hombre. Lo que no consigo entender es por qué se fue tan precipitadamente.
Itachi miró hacia el frente, pensativo.
—Mi padre quería cosas para él que Sasuke no compartía, y al ser los dos tan testarudos, sabían que ninguno daría su brazo a torcer frente al otro. Sasuke tomó la decisión por ambos.
—Sí, pero tanto tiempo... Creí que había sido por una mujer.
Tezuna se dio cuenta de que había preguntado demasiado cuando vio endurecerse la mandíbula de Itachi en un gesto de rabia contenida.
—Lo siento, he sido demasiado curiosa, pero ya sabes cómo somos las viejas, nos metemos en todo —le dijo Tezuna con una sonrisa.
Itachi la miró con un brillo pícaro en la mirada, sin rastros de esa tensión que momentos antes había sentido.
—No eres vieja, Tezuna, si pareces una adolescente.
Tezuna soltó una risa mientras pasaba su mano por el brazo de Itachi. Quería a ese muchacho como si fuera su propio hijo.
—No te rías de mí, porque si sigues diciendo esas cosas pensaré que la enfermedad ha hecho algo más que dejarte débil.
—Eso ha sido un golpe bajo.
—Eso es lo que tiene la edad, muchacho, hace que se nos suelte la lengua.
—He decidido que vayamos a Londres dentro de unas semanas —le dijo Itachi cambiando de tema.
—¿Quiénes?
—Los niños, tú y Izumi. Quiero que Izumi disfrute de la temporada social. Ya la ha retrasado suficiente.
Tezuna asintió con comprensión.
—¿Y crees que sería conveniente que te sometieras a todo ese ajetreo? Podemos dejarlo para más adelante.
Itachi la miró fijamente.
—Tezuna, he estado enfermo, pero no me he muerto. Por Dios, solo tengo treinta y cinco años, y me habláis como si fuera un anciano.
Tezuna sonrió abiertamente.
—Solo es que nos preocupamos por ti. Tendemos a protegerte, pero tú haces lo mismo con todos nosotros.
—Eso es distinto.
—Yo diría que no. Ya me callo —dijo después de ver como Itachi alzaba la ceja izquierda.
—¿Le has hablado a Izumi de esto?
—Sí, y me temo que no le hizo mucha ilusión.
—Imagino.
—¿Qué? —pregunto Itachi.
—Nada, que digo que es normal. Se ha acostumbrado a la vida del campo a los niños, y ahora la ciudad, Londres, las fiestas y las soirées. Le tiene que dar vértigo —le dijo Tezuna intentando morderse la lengua.
—Si solo fuese por eso... —dijo por lo bajo Itachi.
—¿Qué? —preguntó Tezuna.
—No, que digo que tienes razón, no había pensado en todo eso. Sin embargo no puede quedarse recluida aquí para el resto de sus días. Tiene toda una vida por delante y no voy a permitir que la desperdicie.
Tezuna calló largo rato después de las palabras de Itachi.
Él tenía toda la razón si no fuera por un pequeño e insignificante detalle que Izumi estaba enamorada de él. Y habría que hacer mucho más que llevarla a Londres para que su sobrina olvidara al que sin duda era el hombre que amaba.
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Sasuke la miraba fijamente, lo que la hacía sentirse vulnerable. Después de la noche anterior, le afectaba el doble ese don con el que parecía poder adivinar los pensamientos de los demás. Ahora más que nunca le recordaba a un depredador que vigila atentamente a su presa antes de convertirla en su cena. Y francamente la situación era preocupante cuando la idea, más que aterrorizarla, la hacía estremecerse.
Sasuke pareció darse cuenta de su reacción porque frunció el entrecejo.
—A pesar de lo que puedas pensar, no voy a morderte.
Sakura no pudo sino sonreír, así que él también esbozó una maravillosa sonrisa.
Antes de que pudiera decir nada, Sasuke avanzó hasta ella y le tomó una mano entre las suyas. Comenzó a acariciarla mientras la miraba a los ojos intentando leer más en ellos de lo que ella quería dejar ver. Sonrojándose a su pesar por el deseo que vio en sus ojos, retiró la mirada, tratando de apartar la mano sin que él se lo permitiera.
—Jamás pensé que fueras tímida —le dijo mientras le levantaba la barbilla con la mano para que volviera a mirarlo.
—Y no lo soy —le dijo Sakura alzando el mentón.
Sasuke tuvo que reprimir otra sonrisa. Sakura no sabía disimular sus emociones. Eso era lo que más le gustaba de ella. No era capaz de fingir, de mentir sin que se le notara. Sabía que no le había contado todo acerca de lo que le había ocurrido antes de llegar allí, pero era paciente y con el tiempo sabía que confiaría en él. La noche anterior su rostro había sido un libro abierto. Sabía que se sentía atraída hacia él, como en ese momento, aunque intentara disimularlo con todas sus fuerzas. Su sonrojo no dejaba de ser una agradable sorpresa. Muchas mujeres fingían esa candidez, esa reacción inocente y dulce que a él nunca le había atraído, pero que en Sakura le fascinaba. En ella era algo que le despertaba la necesidad de protegerla y de mimarla. Dos cosas que ninguna mujer había provocado en él, pero que últimamente parecían vibrar en su interior cada vez que la tenía cerca. La había picado con lo de su timidez solo para tener la satisfacción de verla reaccionar, y no lo había defraudado. Le encantaba ese genio que iba tan bien con el color rosáceo de su pelo y que hacía que sus magníficos ojos verdes brillaran con intensidad. Unos ojos verdes que lo atraían como un imán.
Acercándose más a ella hasta que pudo sentir su aliento en la mejilla, miró atentamente sus labios, que devoraba en su imaginación. Nada le impedía besarla hasta que se rindiera a la verdad, pero quería que ella lo aceptara antes. Sintió que la respiración de Sakura se volvía cada vez más trabajosa y que empezaba a balancearse un poco sobre la punta de los pies mirando atentamente sus labios. En ese mismo instante, Sasuke le soltó la mano y se dio la vuelta como si no hubiese ocurrido nada, con una sonrisa que ella no pudo ver.
Sakura quedó en primer lugar estupefacta y después enfadada. La había mirado como si fuera la única mujer en la tierra, había logrado que le flaquearan las piernas y que el corazón le palpitara al doble de su ritmo normal, había clavado los ojos en sus labios hasta hacerla sentir tentadora e irresistible, y la había hecho desear que por fin se decidiera a besarla hasta dejarla sin aliento. Había estado a punto de arrojarse en sus brazos y él, ¿qué hacía?, se daba media vuelta como si hubiesen estado hablando del tiempo y la dejaba plantada en medio de la habitación con el cuerpo temblando de la cabeza a los pies. ¡Era un, un...!
—Me gustaría que me dijeras para qué querías verme. Hoy tengo muchas cosas que hacer —le dijo Sakura intentando controlarlas ganas de tirarle algo a su bonita cara y borrarle esa expresión de auto complacencia que tenía.
—Quería que habláramos de lo que ocurrió anoche.
Sakura no pudo disimular otro sonrojo que le hizo arder hasta las mejillas.
—No me refería a eso, aunque también tendremos que hablar de ello —le dijo Sasuke sin apartar los ojos de los de ella—, pero quiero que me cuentes exactamente lo que sucedió en casa de la señora Yotsuki.
Sakura lo hubiese matado en el mismo momento en que le dijo que sabía que aquello en lo que pensaba era en los besos de la noche anterior. Era un presuntuoso, y en ese instante no podía recordar por qué creía que había sentido algo por él en algún momento. Lo miró con furia sin poder contenerse por más tiempo. Si pensaba que le iba a decir algo de lo que había pasado con Hidan Yotsuki se equivocaba. Ni con la peor de las torturas le sacaría algo.
—No tengo nada que contarle.
—Pues entonces tenemos un problema, porque no vas a salir de aquí hasta que me des una explicación que me convenza.
Sakura empezó a dar toquecitos en el suelo con la puntera de su zapato.
—Así están las cosas, ¿eh?
—Exacto —le contestó Sasuke con gesto intimidatorio.
Sakura se dio media vuelta para salir de aquella habitación.
—Yo lo pensaría antes de salir, a no ser que quieras que vaya a buscarte y te traiga arrastra.
Sakura soltó un bufido por lo bajo que hizo que Sasuke alzara las dos cejas. Sakura cruzó el estudio hasta quedar a escasos centímetros de él, con la barbilla levantada y el ceño fruncido.
—Por si no se ha dado cuenta, milord, soy mayorcita. Si he tenido o tengo algún problema, es solo asunto mío, y en cuanto a lo de anoche, solo tengo que decir que lo resolví y que ya no volverá a ocurrir jamás.
Sasuke, que estaba descansando sobre el escritorio, se incorporó hasta quedar solo a un suspiro del cuerpo de Sakura.
—Dejemos una cosa clara, señorita Izuno, usted trabaja en esta casa, y su seguridad mientras así sea es responsabilidad de mi hermano, y mía. Sí algo le ocurre tengo todo el derecho de saberlo y la obligación de cuidar de usted.
—Yo lo eximo de esa responsabilidad —le dijo Sakura con la respiración entrecortada no solo por la discusión, sino también por la proximidad del cuerpo de Sasuke, que la hacía sentirse confusa y aturdida.
—No puedes —le dijo Sasuke antes de tomarla entre sus brazos—. Eres la mujer más testaruda que he conocido en mi vida.
—Y usted el hombre más engreído y prepotente y...
—¿Seductor?
—Sí —le dijo Sakura con una sonrisa—, increíblemente arrogante, sabelotodo, autoritario... —Sakura calló al escuchar la carcajada de Sasuke, que la miraba de nuevo con deseo—. No se atreva a mirarme así.
—¿Cómo?
—Como si tuviera mucha hambre y yo fuera la comida más apetitosa.
Sasuke soltó otra carcajada. No podía evitar reírse de las ocurrencias de Sakura. Hacía demasiado tiempo que no reía de ese modo y, aunque al principio su propia risa le sonaba extraña, tenía que reconocer que lo hacía sentir bien.
—La verdad es que sí tengo hambre.
—Pues ya sabe dónde está la cocina —le dijo Sakura cada vez más bajo. Sus ojos no podían apartarse de los labios de ese hombre que la abrazaba, aprisionándola contra su cuerpo musculoso y haciéndola perder el poco control que aún le quedaba sobre sus sentidos.
Sasuke se acercó a sus labios y ella salió a su encuentro. Ese beso no tenía nada que ver con el de la noche anterior. Este fue desesperado y febril. Abrieron sus bocas devorándose mutuamente con un ansia apenas contenida. Sakura gimió, y Sasuke le acomodó la cabeza sobre su brazo para poder saquear su boca a placer. Su lengua exigía de Sakura una total rendición y ella no dudó en entregarse. Rodeó el cuello de Sasuke con los brazos, estrechándose aún más a su cuerpo. Enredó los dedos en su pelo y succionó su labio inferior como si fuera el más exquisito de los manjares. Ante esa osadía, Sasuke lanzó un gruñido de aprobación y sus manos empezaron a moverse por el cuerpo de Sakura hasta hacerle sentir que las llamas la consumían. Sasuke le acarició un pecho por encima del vestido, jugueteando con él hasta que el pezón se endureció rendido a ese dulce tormento. Eso hizo que Sakura jadeara en la boca de él y le hiciera perder el escaso control que le quedaba. Un sentimiento de posesión tan antiguo como el principio de los tiempos lo golpeó y lo dejó totalmente perplejo.
En ese momento, Sakura le apoyó una mano en el pecho y separó sus labios de los de él, mirándolo como si la pasión que se había apoderado de los dos hacía solo unos segundos nunca hubiese existido.
—Ha estado bien, pero tengo mucho trabajo que hacer, así que si me disculpa.
Antes de que pudiera reaccionar, Sakura había salido por la puerta y, si no había visto mal, con una sonrisa en los labios. Sin poder evitar sonreír tuvo que reconocer que Sakura era la mujer más fascinante, hermosa e inteligente que había conocido. Ella le había dado una lección, jaque en su propio terreno, y la admiraba por ello. Sin embargo, la partida no había terminado y ya estaba impaciente por el próximo encuentro. Había intentado engañarlo, pero había visto la pasión que le nublaba la mirada. Su entrega había sido total y eso es lo que más lo había trastornado. Mientras la había tenido en sus brazos, había sentido que Sakura no se guardaba nada para sí, se brindaba con una generosidad tal que él había querido embriagarse de ella. No se había saciado y pensaba que jamás podría acabar de hacerlo. Siempre que había estado con una mujer, ambos habían sabido las reglas del juego y nunca una mujer había depositado toda su confianza en él como lo hacía Sakura. Su inocencia, su sensualidad, habían estado presentes en cada beso, en cada caricia, y él los había sentido como nunca antes. La calidez de Sakura estaba penetrando poco a poco en su coraza, empujando con una fuerza imparable. Debía tener cuidado, aunque algo dentro de él le decía que quizá ya fuera tarde.
Sakura había apelado a todos sus años de preparación para fingir durante unos segundos que los besos de Sasuke la habían dejado indiferente, cuando la verdad era que apenas podía respirar y sostenerse en pie. Había sido maravilloso y excitante, y había tenido que recurrir a toda su fuerza de voluntad para apartarse de él cuando lo único que hubiese deseado era quedarse entre sus brazos, pero había querido pagarle con la misma moneda y no cambiaría por nada del mundo la cara de incredulidad de Sasuke cuando lo dejó sin más en el estudio. "Eso le enseñará que conmigo no se juega", se dijo con resolución. Sin embargo, cuando las piernas le flaquearon al subir las escaleras tuvo que admitir la verdad. No podría volver a escapar de sus brazos porque la escasa voluntad que le quedaba había sido aplastada por los besos, por las caricias y por los ojos de Sasuke.
