Capítulo 17

—¡AJÁ! —exclamó Kenji con el parche de pirata en el ojo y un trozo de madera atado a la rodilla como pata de palo—. ¿Os rendís, miserable?

—Tendréis que acabar conmigo antes de que yo os entregue mi navío —contestó Sakura con una mirada penetrante mientras se alisaba con los dedos el gran bigote que se había puesto.

—Si así lo deseáis, con sumo placer os haré picadillo.

—Pero, Kenji, tú eres el malo, no puedes ganar. Sakura tiene que salvarme porque yo soy la princesa —dijo Saori con un mohín encantador.

—No te preocupes, Saori, Sakura le dará un buen escarmiento a nuestro hermano —le dijo Azami mientras alzaba a la pequeña y la sentaba sobre su regazo.

Sakura estaba encantada con el cambio que Azami había dado en unas semanas. El mérito no era suyo ni mucho menos, pero si en algo había contribuido a que los ojos de la niña no reflejaran tanta preocupación y a que su risa fuera más frecuente, entonces se daba más que por satisfecha.

—Este bribón se cree que puede vencerme, pero no sabe quién soy yo —le dijo Sakura a Kenji con voz grave y fuerte acento francés.

Kenji sacó un palo de madera de una cuerda que tenía atada a la cintura, simulando que era una espada.

—De acuerdo, déjese de tanta palabrería y desenvaine su espada milord —dijo Kenji con ironía.

Sakura sacó también su espada y ambos se enzarzaron en un baile de pies aparentando que luchaban bravamente por salvar su vida.

Las espadas chocaban entre sí mientras los gritos de Saori para animar a Sakura hacían que Azami riera estrepitosamente.

Sasuke que subía a su habitación después de pasar la mañana inspeccionando unas tierras de la propiedad, oyó la risa de su sobrina y la curiosidad pudo con él. Nada lo había preparado para el espectáculo con el que se encontró. La pequeña Saori saltaba sobre su hermana animando a Sakura a que ganara lo que parecía ser una lucha entre su sobrino pirata Y una mujer con el bigote más enorme que había visto en su vida. A pesar del sombrero y de la indumentaria, estaba más hermosa que nunca. Concentrada en los envites de su sobrino, intentaba mantenerse seria, aunque no lo conseguía.

—Rendiros, no tenéis nada que hacer contra mí —dijo Kenji con una sonrisa radiante y lanzando una estocada al cuerpo de Sakura.

—Nunca subestiméis a un adversario —le dijo Sakura mientras eludía la estocada con su cuerpo, y Kenji caía hacia delante—. La verdad, pirata, no tengo todo el día.

—Oh —exclamó Saori con los ojos como platos.

—Esto te va a costar caro, francés —le dijo Kenji.

Una carcajada hizo que todos se quedaran inmóviles y volvieran la vista hacia la puerta.

Sakura se quitó de un tirón el bigote cuando vio de quién se trataba.

—No por favor, no te lo quites —le dijo Sasuke todavía riendo. Te favorece mucho.

Sakura frunció el entrecejo aún más, con lo que Sasuke disfrutó de lo lindo.

—¡Tío Sasuke! —dijo Saori levantando los brazos hacia él.

Sasuke tomó a la niña mientras esta no paraba de parlotear.

—Sakura es un caballero y yo soy la princesa a la que tiene que salvar, y Kenji —dijo poniendo cara de asco—es un pirata malo que me tiene prisionera.

—¿Y quién es Azami?

—Es mi dama de compañía.

—Ah, pues claro, una princesa no puede ir sin dama de compañía —le dijo Sasuke mientras le guiñaba un ojo.

Saori asintió con la cabeza aprobando el razonamiento de su tío.

—¿Desea algo? —le preguntó Sakura con los dientes apretados.

—No, solo sentía curiosidad por las lecciones de mis sobrinos.

—No estamos dando clase en este momento, la tarde la tienen libre y nos estábamos divirtiendo.

—Eso ya lo veo —le dijo Sasuke con una intensa mirada que la hizo sonrojarse.

—Tío Sasuke, ¿por qué no te quedas con nosotros? íbamos a ir a dar un paseo hasta el lago. Podrías acompañarnos —le dijo Azami con una sonrisa que iluminó por completo la cara de la niña.

—Imagino que tu tío estará muy ocupado —se apresuró a decir Sakura.

—La verdad es que ahora no se me ocurre nada que me apetezca más que ir a dar ese paseo —le dijo Sasuke con un tono de advertencia, en un claro desafío a que Sakura lo contradijera.

—Estupendo —dijo Kenji mientras se quitaba la pata de palo.

—Entonces nos vemos en el vestíbulo dentro de media hora —dijo Sasuke, y Sakura volvió a fruncir el ceño—. Señorita Izuno, me gustaría cambiarme si no es mucho pedir. He estado todo el día fuera.

—Claro —le contestó Sakura sonrojándose. Iba a tener que empezar a controlar esos sonrojos. Sasuke la miraba con una chispa de picardía—. Lo estaremos esperando abajo —le dijo Sakura intentando apartarse de la cabeza la imagen de lo que sería Sasuke cambiándose. Sus fantasías le jugaban malas pasadas sin que pudiera evitarlo, y eso estaba empezando a ser un serio problema.

Media hora después, tal y como habían quedado, iban camino al lago. Los niños, sonrientes; Sasuke, despreocupado y Sakura, más que furiosa, y todo por culpa de ese hombre arrogante que la desarmaba con solo mirarla. Cuando veía esos ojos posados en ella, sentía que las piernas le fallaban, que el aire le faltaba en los pulmones y que toda su templanza desaparecía como por arte de magia. Era como dar vueltas sobre sí misma, cada vez más aprisa, hasta perder el dominio de los sentidos, sin poder determinar a dónde iba ni cómo detenerse.

—No se te ve muy contenta, ¿acaso te disgusta que haya venido? —le dijo Sasuke con una media sonrisa que la puso aún más furiosa. No le iba a dar el gusto de que creyera que influía en su estado de ánimo.

—La verdad es que me da exactamente igual.

—¿Sabes?, no se te da nada bien mentir.

Los niños iban varios metros por delante de ellos, por lo que Sakura podía hablar sin tapujos.

—¿Y cómo ha llegado a esa conclusión? ¡Ah, ya lo sé. Se cree tan encantador e irresistible que ninguna mujer podría evitar la tentación de estar en su compañía. Pues déjeme que le aclare una cosa, yo no soy ese tipo de mujer.

—Es cierto, y eso es lo que más me gusta —le dijo Sasuke totalmente serio.

Sakura sintió sus ojos fijos en ella. Algo en su interior le gritaba que no lo mirara, pero no pudo evitarlo. La promesa que vio en ellos la dejó sin aliento. Estaban cargados de una emoción primitiva y salvaje que la hizo temblar de la cabeza a los pies. Tuvo que admitir que de nuevo lo había hecho. La había dejado sin aliento con tan solo unas palabras. Sakura intentó buscar algún tema de conversación que le hiciera olvidar lo que acababa de decirle.

—Su hermano está cada vez mejor. Imaginó que pronto retomará sus obligaciones y usted podrá volver a las suyas.

—¿Ya quiere deshacerse de mí?

—No, yo... Oh, ya sabe a lo que me refiero.

—Sí, lo sé —le dijo Sasuke con una sonrisa—. Itachi está casi recuperado. Está ansioso por volver a tomar las riendas y si no lo ha hecho antes es porque Tezuna y Izumi aún están preocupadas por una posible recaída. Sin embargo, no creo que tarde mucho, y sí, pronto volveré a mis asuntos. Mi hermano quiere ir a Londres dentro de unas semanas. Yo me quedaré allí después de que ellos vuelvan.

Sasuke se dio cuenta de que Sakura se había parado en seco cuando no la vio a su lado. Al mirarla, estaba pálida y parecía angustiada.

—¿Qué te ocurre?

Sakura se giró hacia Sasuke y vio el gesto de preocupación que tenía en el rostro. Cuando mencionó lo de Londres había sentido como si le hubieran dado un golpe seco en la boca del estómago. Tan solo unas semanas... ¿Cuántas? Dos, tres, ¿un mes?

—Nada, estoy bien.

—No me mientas, Sakura, estás pálida.

—No, de verdad, solo ha sido un pequeño mareo, pero ya estoy bien.

A Sakura le resultaba una carga tener que fingir, pero no podía hacer otra cosa. No podía decirle que lo que la había puesto así era la idea de tener que dejarlos tan pronto, porque era imposible que se quedara con ellos en Londres.

Sasuke la ayudó a sentarse debajo de un árbol mientras le decía a sus sobrinos que no se alejaran de su vista. Después tomó asiento junto a ella mirándola sin que la preocupación desapareciera del todo de su rostro. Mientras los niños jugaban a unos metros ofreciéndoles cierta intimidad, Sakura trataba de tranquilizarse después de saber con certeza que pronto estaría lejos de ellos.

—¿Estás segura de que te encuentras bien? —le preguntó Sasuke en un tono de voz que hasta a él le resultó duro.

—Sí —le dijo Sakura con una media sonrisa.

Esa era otra de las cosas que había descubierto de Sasuke y por extraño que le pareciera no la había sorprendido. A pesar de su apariencia externa de total indiferencia, estaba claro que era de todo menos indiferente ante lo que sucedía a su alrededor y a las personas que lo rodeaban. Su preocupación por su hermano, por sus sobrinos, por Izumi y Tezuna, y por ella misma, no hacía más que evidenciar su naturaleza protectora, algo que la hacía sentir segura y creaba en su interior un anhelo absurdo e infantil. En ese momento hubiese querido que la rodeara con sus brazos, hubiese deseado apoyar la cabeza en su pecho y cerrar los ojos a todo el torbellino que sentía en su interior, al irracional pánico que se apoderaba de ella cada vez que pensaba en no volver a verlo.

Sasuke hubiese dado una fortuna por saber qué era lo que estaba pensando Sakura en ese momento. Había visto como un sinfín de emociones cruzaban por sus hechiceros ojos verdes, que le hacían perder el aliento cada vez que lo miraban. Sabía que algo le ocultaban. No le había pasado inadvertida su reacción al decir que irían a Londres. Fuera lo que fuese que estaba ocultando, tenía origen en la ciudad. Quizá fuera ese hombre del que le habló, aquel que había intentado seducirla a la fuerza. Tenía que hacerle comprender que nada le sucedería mientras estuviese con él. Que no dejaría que nadie jamás volviera a hacerle daño.

Sakura vio un brillo de diversión en los ojos de él.

—¿En qué está pensando?

—Me estaba acordando de la primera vez que la vi. Si alguien me hubiese dicho que la misma mujer estirada de ese día jugaría con mis sobrinos a piratas y princesas totalmente disfrazada, pegando saltos mientras simulaba batirse a duelo con una espada de palo, lo hubiese mandado directamente al manicomio.

—No he cambiado tanto —le dijo Sakura frunciendo el ceño.

—Sí, eso es verdad. Sigue siendo una gruñona sabelotodo.

Sakura lo sacudió de el brazo antes de pensarlo dos veces, y Sasuke rió por lo bajo.

—Bueno, ¿y qué me dice de usted? Yo tampoco me hubiese imaginado que el hombre maleducado y grosero que conocí ese día pudiese tener alguna cualidad aceptable —le dijo pronunciando entre dientes el final de la frase.

—¿Y puedo preguntar a qué cualidades se refiere?

—Ya sabía yo que iba a preguntar eso —dijo Sakura apenas en un susurro.

Sasuke soltó una carcajada.

—¿Le parezco graciosa?

—No, para nada —le dijo Sasuke sin poder evitar soltar Otra carcajada.

—¡Sabe lo que le digo, que se olvide de que tiene alguna cualidad aceptable, porque la verdad es que no tiene ninguna!

En ese momento, Sasuke aullaba de risa. Sus sobrinos se habían acercado a ver qué era lo que ocurría y lo miraban boquiabiertos, sonriendo también como si nunca hubiesen visto nada igual.

Parte del enfado de Sakura se esfumó en ese mismo instante. Antes de saber por qué, estaba riendo junto a los niños y Sasuke.

La tarde pasó más rápido de lo que hubiese querido. Antes de darse cuenta, ya estaban de regreso. Sin embargo, Sasuke la sorprendió pidiéndole que diera una vuelta con él por los jardines mientras los niños entraban en la casa.

—Pensé que estaría harto de mi compañía después de esta tarde —le dijo Sakura con una sonrisa.

Sasuke la miró fijamente mientras rodeaban el extremo de la casa dirigiéndose a los rosales que tía Tezuna cuidaba tan celosamente.

—¿Está buscando un halago, señorita Izuno?

¡Dios!, ese hombre conseguía sacarla de quicio en solo dos segundos. ¿Cómo podía pensar que buscaba que la alabaran? Quizá ese era el tipo de mujer al que él estaba habituado. Frívola y superficial, pero ella no iba a seguirle el juego.

—Creo que ya hemos terminado el paseo, milord —le dijo con toda la calma que pudo. Luego dio media vuelta y con determinación inició su regreso a la casa. Sin embargo, no llegó muy lejos porque cuando había dado tan solo dos pasos Sasuke la retuvo por el brazo.

—Suélteme o no respondo de mí.

—¿Por qué se ha enojado tanto?

—Ni usted puede ser tan tonto.

—Vaya, ya decía yo que estaba tardando en aparecer su encanto natural —le dijo con una sonrisa mientras la asía por los brazos y quedaban a escasos centímetros de distancia uno de otro.

—¿Pero qué se ha...?

No pudo acabar la frase. Sasuke la acalló con su boca, apretándola contra él como si en ello le fuera la vida.

—¿Ni siquiera sabes reconocer una broma, verdad? —le preguntó Sasuke dándole solo respiro para volver a besarla y esta vez sin compasión. Sakura ya no podía recordar por qué estaba tan enfadada. Para ser sincera, ni se acordaba dónde estaba. Solo era consciente de la boca de Sasuke, de su lengua abrasadora que la hacía estremecer y de su cuerpo duro y musculoso que parecía tocar cada centímetro de ella. Gimió sin que nada pudiera hacer por acallarlo. En ese preciso instante nada le importaba más que permanecer entre sus brazos.

Sasuke estaba a punto de perder el control. Esa mujer lo enfurecía, lo hacía reír y le hacía arder la sangre, más de lo que ninguna mujer había conseguido nunca. Hacía todo lo posible por sacarla de su cabeza para después encontrarse siguiendo cada uno de sus pasos, deseando, aunque solo fuera, verla a la distancia. Parecía un crío enamorado incapaz de dejar de soñar. No sabía cómo lo había logrado, ni cuándo, pero se le había metido en la sangre, corriendo por sus venas cada minuto del día y de la noche. La maldecía a cada instante por convertir todo su cinismo en una gran mentira. Pero qué suave era... Encajaba perfectamente en sus brazos y le era prácticamente imposible soltarla cuando por fin la tenía entre ellos.

Cuando apenas era un muchacho, se había hecho una promesa. No confiar jamás en una mujer. Sin embargo, le había sucedido una vez y le había cambiado la vida para dejarle algo más que su orgullo herido. Le había robado los últimos años de su padre, su estima y la posibilidad de hacer las paces con él antes de que muriera. Toda la rabia que sintió ante las mentiras de Kin la volvió contra su padre, porque las había creído. Después ya fue demasiado tarde. Durante todos los años transcurridos desde entonces, había alimentado su cinismo sobre el amor anulando ese sentimiento, enorgulleciéndose de ello. Simplemente no quería ese sentimiento para él y lo había rehuido sin que fuera un gran esfuerzo. En cambio, Sakura estaba siendo todo un desafío. A pesar de su determinación, se encontraba rendido ante su encanto. Anhelaba su sonrisa, su ceño fruncido, el modo que tenía de aferrarse el vestido con el puño cuando la sacaba de quicio, su voz sensual y profunda cuando pronunciaba su nombre, sus labios carnosos y sobre todo sus hechiceros ojos verdes, capaces de expresar en un instante toda la gama de emociones existentes. Le encantaba lo que veía en ellos cuando lo miraban. Eso lo había perturbado más que cualquier mirada sensual de la mujer más experimentada. Ahora lo estaba volviendo loco con su perfume, con su sabor dulce e inocente. Ella le rodeó el cuello con los brazos, jugueteando con su cabello sin tener conciencia de que eso prácticamente lo estaba matando. Su lengua rozó tímidamente la suya cuando profundizó el beso e hizo que el suspiro de placer que escuchó en Sakura provocara un gruñido de deseo en el.

Sakura sabía que debía detener aquello, pero no tenía fuerzas para hacerlo. Las rodillas prácticamente no la sostenían. Estaba perdida, absolutamente perdida. En ese momento, ni siquiera un terremoto hubiese podido apartarla de él. La mano de Sasuke sobre su espalda y su cintura la quemaban a través del vestido y solo podía desear que esa tela que se interponía entre ellos desapareciera. Quería desesperadamente sentir ese fuego sobre su piel.

Sasuke acabó el beso y le dejó una sensación de pérdida difícil de ignorar. Aquel no era el momento ni el lugar, pero si lo que había ocurrido entre ellos le dejaba algo claro era que esa no iba a ser la última vez que ocurriera.

Algo primitivo y salvaje corría por sus venas, solo atemperado por la ternura inesperada que Sakura despertaba en su interior y que lo empujaba a protegerla y cuidarla sin que nada pudiera hacer por evitarlo. Se había dado cuenta de ello el día de la fiesta en casa de los Yotsuki. Había sentido una furia ciega al verla después de que alguien, por mucho que ella quisiera negarlo, la hubiese molestado. Hubiese deseado golpear al que la había perturbado y, aunque no había insistido, eso era un asunto pendiente, algo que tarde o temprano averiguaría. No sabía cómo, pero la institutriz que en un principio lo había enfurecido se había deslizado bajo su sólido escudo y sin previo aviso estaba derribando una a una sus defensas.

En ese instante, los dos tenían la respiración entrecortada mientras se miraban a los ojos como si no hubiera nada más a su alrededor, solo ellos dos.

—Esto no puede volver a ocurrir —dijo Sakura en un susurro, rompiendo así el hechizo que parecía haber caído sobre los dos.

Sasuke endureció su mandíbula.

—Sabes que esto es inevitable. No lo niegues.

Sakura deseaba gritarle que no, pero sabía que decir eso sería una gran mentira. No podía mirarlo a los ojos porque si lo hacía no sería capaz de hablar con sensatez.

—Yo no puedo negar que me siento atraída, pero no por ello puedo permitir que siga ocurriendo.

Sasuke la tomó de la barbilla con suavidad y ternura, para que no pudiera seguir evitando su mirada, y sintió que su determinación flaqueaba por momentos.

—¿De qué tienes miedo? —le dijo mientras le acariciaba la mejilla con la mano haciendo que todo su cuerpo se estremeciera.

—De caer precisamente en aquello que siempre he tratado de evitar.

Un destello de furia cruzó por los ojos de Sasuke.

—¿Crees que soy de los que seducen a sus empleadas, aprovechándose de ellas para desentenderse después?

Sakura escuchó la frialdad con la que había pronunciado esas palabras. Sabía que podía decirle que sí, que pensaba lo peor de él y con ello conseguir levantar un muro entre ambos, pero no podía pronunciar esas palabras. Algo en su interior le decía que al igual que Sasuke no le entregaría su amor, tampoco le haría daño deliberadamente.

—No, no lo creo —le dijo Sakura pudiendo sentir en sus palabras una nota de derrota—, y eso es lo peor. Si fuera uno de esos hombres entonces sabría cómo enfrentarlo, pero ante esto no sé cómo defenderme.

Al ver la expresión de Sakura al decir esas palabras, Sasuke maldijo por lo bajo. ¿En qué estaba pensando?, le había asegurado que estaría segura, a salvo de los hombres que se aprovechaban de la vulnerabilidad de sus empleadas, y allí estaba él, enfurecido por no poder tener aquello que tanto deseaba. Ni siquiera sabía cómo había llegado a ese estado, en el que necesitaba tenerla tanto o más que el aire que respiraba. Aquello de lo que tan concienzudamente había escapado lo había atrapado como una araña en su tela. No podía ceder ante ese impulso, ante esa mujer, ante aquello que sentía y que no quería escuchar. Lo mejor para ambos era olvidar lo que había ocurrido. Olvidar la atracción que los envolvía cada vez que estaban cerca.

—Creo que esto ha llegado demasiado lejos —le dijo Sasuke con firme determinación—. No era mi intención ponerte en una situación incómoda. No volverá a pasar. Y ahora será mejor que vayamos dentro. Empieza a hacer frío aquí fuera.

Sakura levantó la cabeza al escuchar sus palabras. Algo había cambiado en él. Su mirada era fría y la sonrisa de su boca aún más fría.

Sakura lo siguió hasta el interior de la casa, repitiéndose una vez tras otra que era mejor así, que seguir involucrándose con él solo hubiese hecho más difícil su partida, que el conde de Ashford era un hombre magnífico, encantador y maravilloso, pero que nunca la amaría. Que tras su marcha a Londres, ella desaparecería de su vida para volver a Venecia, a su casa, a su propia vida, y que sería unía locura entregarle más de lo que ya le había entregado. Sin embargo, pese a todas estas razones, no pudo evitar que un hondo pesar se le instalara en el pecho y le dejara una sensación de pérdida. Se había enamorado de un hombre con el que jamás podría estar.