Capítulo 19

A LA MAÑANA SIGUIENTE, SAKURA SE LEVANTÓ MÁS TEMPRANO que de costumbre. Cuando bajaba para desayunar vio que lady Take y su hija estaban en la puerta con las maletas hechas, dispuestas a salir en ese momento. El marqués de Stamford estaba despidiéndose de ellas, al igual que Tezuna. O'Connell se apresuraba a llevar las cosas de ambas al coche que esperaba frente a la casa. Por lo que se veía, el anciano mayordomo al que le costaba realizar algunos ejercicios debido a su artritis, esa mañana tenía una agilidad especial.

Como habían organizado su partida en secreto y con tanta celeridad, Sakura sospechaba el motivo. Sin duda, la escena que había presenciado la noche anterior había sido la causa de tan presurosa marcha. Cuando lady Fujikaze iba a cruzar la puerta para salir, miró hacia las escaleras y la vio. Su mirada se convirtió en puro hielo, hasta tal punto que Sakura podía imaginarse sin esfuerzo cómo era la vida de los pingüinos.

Ese día la vida volvía a la normalidad y todos estuvieron sumamente ocupados. Sasuke había partido temprano hacia su propiedad, de la que al parecer no se esperaba que llegase hasta la tarde. Tezuna había quedado con Izumi para hacer unas compras en el pueblo. Ella tenía las clases de los niños y, Itachi, al que se veía prácticamente recuperado, iba a hablar con varios de sus arrendatarios después de echar un vistazo a la contabilidad. Así llegó la tarde y, todos inmersos en sus obligaciones, apenas fueron conscientes del transcurso apresurado del tiempo.

Ese día Sakura, se había reído con los niños. Kenji no había dejado de imitar a lady Take y, a pesar de que ella lo reprendía por tal falta de respeto, las payasadas del niño le habían hecho difícil poder mantener la seriedad.

Solo fue por la tarde cuando se permitió tener un rato de soledad. Salió al jardín y echó a andar sin rumbo fijo. Extrañaba los largos paseos por las calles de Venecia, por el bullicio de la plaza de San Mateos y las tiendas que daban color al Puente del Rialto. Sin embargo, la vasta extensión de bosque y el hermoso manto verde que sus ojos no podían abarcar eran una verdadera delicia para sus sentidos. Había convertido sus paseos en una necesidad, esperando ese momento como un verdadero regalo.

Esa tarde algo la había impulsado a salir de la casa. Sus pensamientos volvían una y otra vez sobre la misma cuestión, sobre la misma persona. Y una y otra vez llegaba a la misma conclusión: que estaba perdidamente enamorada de Sasuke. Se había adueñado de cada uno de sus actos, pensaba y reaccionaba en función de ello. Si veía un hermoso atardecer, pensaba en que sería maravilloso compartirlo con él. Si estaba dando clase a los niños, lo veía en la sonrisa de Kenji, en el entrecejo fruncido de Azami o en la mirada inquieta de Saori. Cuando se acostaba soñaba con él y cuando se reprochaba que fuera dueño de su paz mental no podía sino reír ante esa locura. Intentaba ser realista, práctica; intentaba dominar ese sentimiento que le hacía sentir un cosquilleo en el estómago a la vez que desbocaba su corazón como un tambor cada vez que él la tocaba. Porque tenía que reconocer que cada vez que la besó había visto fuegos artificiales. Menos mal que él no parecía tener conciencia de cómo la afectaba. Sintió un escalofrío solo de pensar en ello. Si tuviese aunque fuera la más remota idea... ¿Cómo iba a hacer para olvidarlo? No podía mentirse. Sabía que nunca lo lograría, aunque tenía que intentarlo.

Eso hizo que pensara en su plan. Ya había decidido qué hacer con respecto a su marcha. Sasuke se iría en unos días, antes que el resto de la familia, que se reuniría con él en la ciudad. Ella se marcharía después de Sasuke. Había pensado volver a Londres, pero no podía hacerlo con ellos. Debía saber si su padre seguía buscándola, si su vigilancia no era tan férrea y si existía la posibilidad de tomar un barco hacia Venecia.

Pensando en sus asuntos no se dio cuenta de que la tarde estaba bien avanzada y que se había alejado bastante de la casa hasta que casi se cayó al suelo al meter accidentalmente el pie en una hondonada del camino. Hizo una mueca de disgusto ante su distracción. Su tía siempre la había reprendido por lo mismo. Sonrió al recordar sus palabras: "Si sigues así, un día te vas a caer a un canal", y debía reconocer que tenía razón. No se había caído, pero se podía haber roto el tobillo.

Apresuró el paso. No quería que se le hiciera más tarde. Si Tezuna y Izumi habían vuelto del pueblo, pronto empezarían a preocuparse. Eran sumamente protectoras. Soltó una carcajada ante ese pensamiento, porque Itachi y Sasuke no se quedaban atrás. La ceja alzada y el entrecejo fruncido era una técnica pulida por los hermanos.

Era muy tierno ver la preocupación por su bienestar en los ojos de esos dos hombres tan duros y fuertes. Empezó a sentir que su tobillo se estaba inflamando. El dolor que sintió al primer momento pareció menguar, solo para disfrazar su verdadera cara. Ahora le latía con fuerza y hacía que su paso fuera errático y doloroso. ¿Qué más podía pasarle? Apenas terminó de decir esas palabras escuchó un sonido a sus espaldas. Al mirar hacia atrás vio a un jinete a lo lejos que le resultó vagamente familiar.

—No puede ser —dijo entre dientes.

Pero sí, el día no había terminado y aún faltaba la última broma, era Sasuke. ¿Quién si no? Si alguien tenía que verla así, tenía que ser precisamente él.

Sasuke la vio cuando intentaba apartarse del camino. ¿Qué demonios hacía Sakura allí? Le pareció verla cojear, aunque desde esa distancia no pudo estar seguro. Urgió a Bucephalus a ir más deprisa. Últimamente se encontraba demasiadas veces pensando en ella, una costumbre que se estaba convirtiendo en algo peligroso.

—¿Qué haces por aquí sola? —le preguntó mientras desmontaba para acercarse a ella. Su voz había sonado dura y reprobatoria.

Sakura intentó mantenerse lo más erguida posible a pesar de la punzada de dolor que le atravesó el pie.

—He salido a dar un paseo, de todas formas no creo que tenga que darle explicaciones. Tengo la tarde libre y lo que haga con ella no le incumbe.

Sakura sabía que había sido demasiado dura, pero no soportaba que la regañaran como a una niña. El tono con el que le había preguntado era del todo censurador. Sasuke levantó una ceja ante la respuesta. Sakura pensó que quizá tendría que haberse mordido la lengua, después de todo.

—Siento haberle contestado de esa manera, pero me miraba como si hubiese cometido un delito y luego, en cuanto al tono en el que me ha hablado, parecía que estaba tratando con una niña. Yo no soy uno de sus sobrinos.

—Eso salta a la vista. Ellos tienen más sensatez que tú.

Sakura hizo una mueca con la boca antes de intentar marcharse.

La exclamación de dolor que soltó cuando intentó andar no hizo de su retirada una de las más elegantes.

Sasuke la tomó por la cintura antes de que la pierna cediera y cayera al suelo.

—¿Qué te ocurre? —le preguntó consternado.

—Me he torcido el tobillo.

—¿Qué has estado haciendo? Déjame ver qué te has hecho.

Sakura exclamó un: "¡No lo puedo creer, será cretino!", que Sasuke escuchó claramente. Tuvo que sonreír a su pesar. Esa mujer lo enojaba y lo divertía en partes iguales. En ese momento estaba preciosa.

—Antes muerta que dejarlo ver mi pierna.

—O me la enseñas o te coloco sobre mis rodillas y te levanto la falda. Entonces puede que haga algo más que ver tu pierna.

—No se atreverá.

El brillo que cruzó por los ojos de Sasuke la convenció.

—Ya me siento mejor. Casi no me duele.

—No te sale bien mentir.

Sasuke la miraba de un modo que intimidaría al guerrero más curtido. Sakura alzó el mentón en un intento de mantener la compostura.

—Oh, está bien.

Sasuke levantó el borde del vestido. Le tomó el pie con delicadeza y lo examinó. Sakura soltó un suspiro por el contacto de sus dedos. A pesar del dolor solo podía ser consciente de sus manos.

—No te lo has roto, pero se está hinchando. No puedes caminar hasta que la inflamación baje.

Antes de que ella tuviera tiempo de responderle, la tomó en brazos y la montó sobre Bucephalus, acomodándola delante de él. Tomó las riendas con una mano mientras le rodeaba la cintura con la otra acercándola más, hasta que su espalda descansó sobre el pecho de él.

—Así está mejor. Y ahora relájate que parece que te has tragado un palo.

—Ya veo que esto le hace gracia —le dijo Sakura mientras intentaba sin éxito inclinarse hacia delante para no apoyarse en él.

—¿Cómo te has lastimado? —le preguntó con un deje de ternura.

Sakura sintió que su piel se estremecía cuando su aliento le rozó el cuello.

—No vi una hondonada que había en el suelo y metí el pie en ella. Al principio no me dolía demasiado, pero al rato me era casi imposible dar un paso.

—Ha sido una suerte que yo pasara por aquí. ¿Cómo te has distanciado tanto de la casa? ¿No te diste cuenta de que pronto se haría de noche? ¡Y encima sin poder andar! ¿Te das cuenta del problema en que te habrías metido si no te hubiese visto? Es peligroso hacer lo que has hecho.

"Adiós a la ternura", pensó Sakura.

Sasuke había ido enfureciéndose según le hablaba, terminando con una maldición.

—Lo siento —le dijo—, pero no creo que sea para tanto. Nadie podía prever que me lastimara.

—¿Que nadie podía preverlo? ¡Por Dios, Sakura! Desde que te conozco has estado flirteando con el peligro. Era cuestión de tiempo que una de tus alocadas ideas te metiera en un lío.

—Soy una institutriz, milord. Las institutrices no tenemos ideas alocadas.

Sakura sintió que Sasuke acercaba la boca a su oído.

—Ojalá yo hubiese tenido una institutriz como tú. No puedes engañarme. Quieres hacer creer a todo el mundo que eres una mujer anodina, pero nada más lejos de la verdad. He de decirte que has fracasado totalmente, porque eres incapaz de ocultar tu rebeldía y tu naturaleza apasionada.

Sakura sintió como todo su cuerpo entraba en calor. Debería cambiar de tema. Él creía conocerla demasiado bien y eso la asustaba, porque en su interior sabía que podía tener razón.

—¿Ha tenido un buen día?

Sasuke soltó la carcajada.

—De acuerdo, si así lo quieres...sí, he tenido un buen día.

—¿No va a contarme nada más, verdad?

—Mi vida no es muy interesante, sin embargo, me fascina todo lo que tenga que ver contigo.

—¿Ahora quien es el que miente? No puede convencerme de que su vida es rutinaria, insulsa. De verdad, lord Uchiha, está insultando mi inteligencia.

—Jamás. Si hay algo que respeto de ti, es tu inteligencia.

—Ya veo —refunfuñó Sakura.

—¿Sabes? Creo que estás enfadada conmigo y no tienes ningún motivo para ello. Lady Fujikaze no significa nada para mí.

—¿Está insinuando que yo estoy enfadada con Usted porque estoy celosa? ¡Es el colmo! ¿Cómo puede ser tan presuntuoso?

Sasuke soltó una carcajada. Su risa hizo que el enojo de Sakura desapareciera. Le fascinaba escucharlo reír.

—¿Le encanta provocarme, verdad?

—¿Tanto se me nota?

—Sí, salta a la vista que disfruta de ello.

Sasuke sonrió mientras le apretaba más contra su pecho. Sus labios rozaban la coronilla de Sakura, mientras sus sentidos se inundaban del olor a flores frescas que desprendía su hermoso cabello. Todo en ella lo hacía reaccionar físicamente. ¿Desde cuando permitía que una mujer ocupase todos sus pensamientos?

—Dentro de poco podrá descansar de mí.

—¿Cuándo se va? – le preguntó demasiado ansiosa.

—Podría disimular un poco. Eso no es nada alentador para el ego de un hombre.

—No me importa lo que haga. Me es totalmente indiferente.

—Realmente estoy conmovido.

—No mal interprete mis palabras. Yo no he dicho que esté deseando perderlo de vista.

—Eso espero, porque dentro de una semana nos volveremos a ver en Londres.

Sakura se puso tensa como una cuerda.

—¿Hay algo que te preocupa? No he podido dejar de apreciar que siempre que menciono Londres saltas como un resorte.

—No sé de que hablas. Estoy cómoda aquí. Nunca me ha gustado mucho la ciudad. Eso es todo.

—¿Tiene algo que ver con lo que me contó de su anterior empleo?

—No.

Sasuke no estaba tan seguro de ello. Sabía que Sakura temía ese viaje y que eso tenía que ver con sus preferencias. Sabía que no era una mujer que se asustaba con facilidad, así que algo había en Londres que la perturbaba. No podía dejar de pensar que ese miedo era producto de la experiencia sufrida en su anterior empleo. Si descubría que tenía razón, ese malnacido iba a pagarlo caro. Desde la noche en que se lo contó, se había propuesto descubrir el nombre de aquel canalla. Ahora solo le faltaba saber en qué medida le haría pagar el daño que le había hecho a Sakura.

—¿Usted tiene ganas de ir a Londres?

—No voy por placer, Sakura.

—¡Quien lo diría!

—¿Qué quieres insinuar?

—Todos saben que es muy requerido en las fiestas que tienen lugar durante la temporada.

—¿Y por eso debe gustarme ese ambiente? Quizá no me creas, pero disfruto más aquí, en el campo. A pesar de la imagen que parece que te has hecho de mí, soy un hombre de gustos sencillos. Pero no siempre se puede tener lo que se quiere.

—Pero usted puede. Tiene una propiedad, una posición...

—Eso es desde hace poco. Antes era el segundo hijo de un marqués que debía buscar la forma de ganarse la vida. Estuve muchos años fuera, lejos de mi familia. No estaba aquí cuando murió mi padre, ni cuando se casó mi hermano o nació Azami. Mi vida no es tan frívola como piensas.

—Lo siento, no insinuaba eso. Bueno, sí lo insinuaba, pero no lo pensaba realmente. Sé que es un hombre de honor y, aunque intenta disimularlo, con un corazón noble.

Sasuke pensó que Sakura había sonado como si le hubieran estado sacando una muela. Le había costado mucho decirle que no lo consideraba un indeseable. El efecto que produjeron sus palabras en él fue del todo inesperado. No sabía por que había sido tan importante que Sakura no creyera lo peor de él. Eso nunca le había ocurrido antes. Es más, había alimentado esa impresión durante largos años. Eso le había servido para alcanzar todo lo que tenía. Tanto Naruto como él habían trabajado en asuntos con gente con la que era mejor no cruzarse. Que ellos le temieran, era esencial para seguir adelante. No habrían sobrevivido ni una semana si no hubieran sido duros e inmensamente desconfiados. Por eso no podía creer que todas esas defensas que constituían una segunda piel para él se estuvieran cayendo como fichas de dominó, rápidamente, sin darle tiempo a reaccionar. ¿Qué era lo que tenía esa mujer? La deseaba más de lo que podía soportar. Había estado bañándose con agua fría dos veces al día. A ese paso si no moría por el deseo insatisfecho moriría de una pulmonía.

Sasuke estrechó más la mano de Sakura. Ella la había puesto sin darse cuenta sobre la de él, y entrelazó sus dedos. ¡Qué dulce era! Tenía que reconocer que Sakura a veces tenía un genio de mil demonios y que no le daba miedo enfrentarse a él de igual a igual, cosa que le asombraba y le fascinaba a la vez. Sin embargo, debajo de toda esa fuerza que emanaba de su interior, vislumbraba a una mujer tierna y apasionada capaz de hacerle perder aún más la cabeza.

—No estaba celosa —la oyó decir en un murmullo, casi más para sí misma que para él.

Sasuke sonrió mientras rozaba los suaves cabellos de Sakura con los labios.

—Yo sí estuve celoso.

Sakura giró tan rápido la cabeza para poder mirarlo que le golpeó en la barbilla y Sasuke soltó un quejido de protesta.

—¿De quién?

Sakura apenas contenía la ansiedad por conocer la respuesta. La afirmación de Sasuke la había dejado de piedra.

—De todos los hombres que te presentaron. De todos aquellos que disfrutaron de tu compañía y de tu tiempo. Estoy celoso por perderme tus miradas, el mohín de tus labios cuando te enfadas, de no ser el destinatario de tu pasión, que está presente en cada centímetro de tu cuerpo y de tu afilada lengua, sabiendo que otros la disfrutan en mi ausencia.

Sasuke le tocó el labio inferior con el pulgar, lentamente. Tenía los ojos fijos en su boca. Sakura puso fin a su sufrimiento y se acercó a él para besarlo. La mano de Sasuke se enredó en su flamígero cabello bebiendo lentamente de ella. Su boca era dulce y exquisita y lo estaba volviendo loco. Decidió tomar la iniciativa antes de que Sakura, con su inocente entrega, le hiciera perder el control. La besó lenta e inexorablemente como si el tiempo no fuera importante. Sakura se apretó más a él rodeándole el cuello con los brazos. Un gemido ronco de satisfacción surgió de la garganta de Sasuke mientras la estrechaba entre sus brazos como si no la fuera a dejar marchar jamás. Introdujo la lengua en su boca saqueándola sin tregua, sin piedad. Sakura no se quedó atrás. Le salió al encuentro como si hubiese estado esperando eso mismo durante toda su vida. Las manos de Sasuke se movieron por su cuerpo mientras excitaban cada una de sus terminaciones nerviosas. El mundo exterior había desaparecido por completo, solo quedaba Sasuke, sus labios, sus manos, su aroma, su sabor. Era suyo en ese momento y eso era más de lo que se atrevía a soñar.

Sasuke sabía que en tan solo unos instantes le iba a ser imposible detenerse. Su voluntad se había hecho añicos como siempre que Sakura estaba cerca. Jamás había sentido un deseo tan absoluto, una necesidad tan extrema ni un anhelo tan profundo. Se separó de ella y comprobó con asombro que las manos le temblaban levemente. Las mejillas de Sakura estaban sonrojadas y los labios hinchados por los besos que acababan de compartir. Sus ojos brillaban y varios de sus cabellos se habían soltado.

—Lo siento, pero no pude evitarlo —le dijo Sakura ruborizándose aún más.

Sasuke le levantó la barbilla para que lo mirara directamente a los ojos.

—Jamás lamentes ser tú misma. Eres una mujer apasionada. No temas demostrar tu sensualidad conmigo. He deseado besarte cada minuto de estas últimas semanas. Me has salvado.

—¿Salvado? —le preguntó tragando saliva con cierta dificultad.

—Sí, de volverme loco de deseo.

Sasuke volvió a besarla. Esta vez el beso fue duro y abiertamente carnal. Exploró su boca con fiera decisión, devorando sus labios, mientras las lenguas danzaban a un ritmo salvaje y primitivo. La respiración de Sakura se aceleró al emitir gemidos de placer. Rodeó la cintura de Sasuke con los brazos, deseosa de tenerlo junto a su cuerpo. Sasuke soltó un ronco gemido mientras su mano adoraba el pecho de Sakura y sentía como el pezón se endurecía entre sus dedos. Sakura se arqueó contra él sin sentir nada más que el insoportable placer, la absoluta felicidad de esos momentos.

—Sakura, si no nos detenemos ahora te haré mía aquí mismo.

—¿Encima del caballo? —le preguntó abriendo desmesuradamente los ojos.

Sasuke soltó una carcajada mientras la abrazaba contra sí.

—Sasuke... no tiene gracia.

Sasuke sofocó la risa al escucharla llamarlo por su nombre. Lo había dicho con tanta naturalidad, con tanta dulzura que había despertado en él una ternura que pensaba no poseer.

—Cariño, podría hacerte el amor ahora y aquí mismo.

Sakura sonrió sin saber por qué. Los brazos de ese hombre rodeándola la hacían sentir más segura y protegida que nunca. Deseaba quedarse allí para siempre. Era un sentimiento maravilloso y aterrador. La abrumaba la reacción de su cuerpo ante la cercanía de Sasuke, pero más la asustaba perderlo. En ese momento solo quería permanecer entre sus brazos.

La casa ya se veía a lo lejos cuando Sasuke detuvo a Bucephalus tirando suavemente de las riendas.

—Ya estamos cerca.

Sakura levantó la cabeza para mirarlo, deshaciéndose de su abrazo.

—No puedo ser un caballero, Sakura. No en esto. Me he negado lo que deseo desde que me pediste que me alejara de ti, pero no puedo seguir haciéndolo. Tú deseas lo mismo. Puedo verlo en tus ojos. Tu mirada no puede ocultármelo.
Sasuke le rozó la mejilla con la mano.

—Es verdad que deseo estar contigo, aunque solo Dios sabe por qué —dijo Sakura en un susurro, y Sasuke sonrió mientras alzaba la ceja izquierda en signo de interrogación.

—Está bien. No tenemos que hablarlo ahora. Estarán preocupados por ti.

—No era mi intención preocuparlos.

—Lo sé, pero es imposible que no piensen en ti, mi temeraria institutriz.

Después de besarla con ternura, reanudaron la marcha pensando ambos en las consecuencias de sus propios sentimientos.

Esa noche Sakura no bajó a cenar. Como muy bien le dijera Sasuke, Izumi y Tezuna habían puesto el grito en el cielo cuando vieron la hora que era y ella no había regresado. Nada más verla entrar en brazos de Sasuke, expresaron su profunda preocupación tratándola como si fuera una niña para después regañarla hasta la saciedad. Sakura se había reído interiormente de las caras que ponían al hacerlo. Itachi no se había quedado atrás. Cuando llegaron, bajaba las escaleras decidido a salir a buscarla después de que los hombres le dijeran que no la habían visto por los alrededores. Su ceño fruncido y su: "Como vuelva a hacer algo parecido, la mato", le habían valido para comprender que también le había dado un buen susto.

Sakura intentó tranquilizarlos a todos explicándoles lo que le había ocurrido, y que accidentalmente se había torcido un tobillo. Eso no sirvió de mucho. La llevaron al dormitorio, hicieron llamar al médico, le apoyaron el pie sobre un cojín y le hicieron beber una taza de té para calmar sus supuestos nervios. Sakura no quiso desilusionarlos diciéndoles que no se sentía para nada conmocionada, así que se dejó cuidar bajo la atenta mirada de Sasuke, que con expresión divertida veía las caras que ella ponía ante el aluvión de cuidados que le profesaban. Se sintió otra vez como cuando tenía diez años y su tía la reprendía y la cuidaba después de alguna de sus travesuras, y, en verdad, estaba emocionada. Sabía que todo ese escándalo se debía al cariño que le tenían.

Cuando el médico les comunicó que no tenía nada grave, todos empezaron a hablar a la vez. Sasuke y ella se miraron riéndose sin poder evitarlo. Tezuna, Izumi, Itachi, el médico y Sasuke permanecían en el cuarto. Aquello parecía una conferencia más que el dormitorio de una mujer. El médico les dijo que solo necesitaba un poco de descanso y que al día siguiente estaría como nueva.

Después de eso, no la dejaron hacer nada. Le subieron la cena, los niños estuvieron con ella un buen rato contándole como todos se habían preocupado menos ellos, porque sabían que Sakura podía cuidarse sola. Que no se parecía en nada a las demás institutrices y que ellos estaban contentos de que fuera la suya, porque era la mejor de todas. Sakura se derritió al escuchar esas palabras, tanto que sintió que se le humedecían los ojos. Estaba muy conmocionada, ella nunca lloraba. Al rato llegó Izumi para llevarse a los niños a la cama. La pequeña se había quedado dormida con la cabeza en su regazo. Más tarde, Izumi volvió y se quedaron hablando un rato hasta que la vio bostezar y la dejó descansar. Pensaba que todo estaba bien hasta que Tezuna le dijo que descansara el pie, porque al día siguiente estaban todos invitados a la fiesta de la señora Trent.