Capítulo 22

Londres, una semana después.

—¿CÓMO QUE HA DESAPARECIDO? —preguntó Sasuke mientras intentaba mantener la calma. Su hermano y el resto de la familia habían llegado esa mañana. Él había pasado el día fuera investigando el paradero de uno de los tripulantes de su compañía naviera que podía estar involucrado en los sabotajes. Al regresar a casa, se había encontrado con la sorpresa de verlos, ya que no los esperaba hasta dos días después. Su primera reacción fue de alegría, ya que ello suponía volver a ver a Sakura. No había dejado de pensar en ella en todo ese tiempo. Sin embargo, allí estaba, sentado en la biblioteca con Tezuna, Izumi y su hermano, intentando descubrir qué había ocurrido, por qué Sakura había desaparecido dejando tras de sí una nota sin sentido.

—Solo puedo decirte lo que sabemos. Izumi encontró esta nota encima de su escritorio. Decía que debía irse. Que lamentaba no poder despedirse de nosotros, pero que sabía que si lo hacía le haríamos preguntas que no podía responder. Que le dolía tener que dejarnos porque solo había recibido cariño de nosotros y que recordaría esos días como los más felices de su vida. Después de que Izumi me mostrara la nota, subimos a su habitación y no quedaba nada. Al parecer se había marchado durante la noche. Salí a buscarla, pero nadie parecía haberla visto. —respondió Itachi.

—¿Averiguaste si alguien la había visto tomar algún coche?

—Sí, lo hice.

—Maldición, no puede haber desaparecido sin más —dijo Sasuke furioso y preocupado.

—A mí me parece tan extraño. No nos dijo nada. El día anterior estuvo igual que siempre —comentó Izumi con los ojos húmedos.

—Tranquila, Izumi, averiguaremos a dónde se ha ido y por qué —le dijo Tezuna con suma seriedad.

Sasuke intentó imaginar qué era lo que había llevado a Sakura a huir de aquella manera. Quizá lo que había ocurrido entre los dos la había hecho tomar esa precipitada decisión, aunque se rehusaba a pensar eso. Cuando la dejó, Sakura se había despedido de él con una sonrisa en los labios. La había mirado a los ojos y en ellos no había visto miedo o indecisión. Sakura era impulsiva, pero no una cobarde. Jamás huiría de él para no enfrentarse a algo.

—¿No notasteis nada extraño en ella? ¿Alguien fue a verla o recibió algún mensaje? —preguntó Sasuke mirándolos atentamente.

—Que nosotros sepamos, no —contestó Tezuna—. Ese día fue como cualquier otro. Estuvo con los niños por la mañana y por la tarde con nosotras. No salió, ni siquiera a dar el paseo que tanto le gusta, y cuando le preguntamos a O'Connell nos dijo que nadie había llegado ese día con ningún mensaje para Sakura.

—Lo que me parece imposible es que nadie recuerde haberla visto. Alguien tiene que acordarse de ella. Sakura no pasa inadvertida. ¿Estás seguro de que preguntaste a todos los que viven en los alrededores?

Itachi endureció la mandíbula antes de asentir con la cabeza.

—Créeme, Sasuke, pregunté en vanos kilómetros a la redonda. Fui hasta el camino principal y a la posada de Harold. Solo pasaron tres coches esa noche. Dos a Londres y uno a Bath, y en ninguno de ellos subió nadie con sus características.

Sasuke levantó la mirada de golpe al escuchar las últimas palabras de su hermano.

—Pero quizá no sea una mujer joven de pelo rosa a quien estemos buscando.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Izumi algo confundida.

Tezuna y Itachi miraron a Sasuke y entendieron de inmediato.

—¿Ya no te acuerdas de cómo llegó Sakura a Cravencross?

Itachi maldijo en voz baja.

—¡No reparamos en ello! —exclamó Tezuna golpeando en la rodilla con la mano con evidente frustración.

—¿Te dijeron qué viajeros tomaron esos coches?

Itachi miró a su hermano. Sasuke estaba mucho más alterado de lo que pretendía demostrar. No lo culpaba y menos si su hermano sentía por Sakura lo que él suponía.

—El de Bath queda descartado. Era un hombre el que subió a él, y ni Sakura puede disfrazarse así. Y de los dos que iban a Londres uno pasó a medianoche.

—¿Y qué?

—Pues que Sakura estuvo con nosotros hasta las once y media. Es imposible que tuviera tiempo para llegar hasta el camino principal y menos de noche.

—¿Y qué me dices del otro? —preguntó Sasuke.

—El otro pasó de madrugada y subió a él una mujer mayor. No pudieron darme más detalles. Al parecer no se fijaron mucho en ella.

—Debía de ser Sakura.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque es nuestra única pista —le dijo Sasuke mientras cerraba la mano en un puño.

En ese momento la puerta de la biblioteca se abrió y Darrows, el sobrino de O'Connell y mayordomo de la casa en la que residía la familia en Londres, apareció con aire solemne.

—Lord Uchiha, lord Haruno acaba de llegar y solicita verlos.

—¿Mi hermano? —preguntó Tezuna sorprendida.

—El mismo —dijo Kizashi Haruno desde la puerta.
—¡Qué sorpresa!, ¿cuándo has llegado? —preguntó Tezuna mientras se levantaba rápida como una jovencita para acercarse a su hermano.

Los ojos de Kizashi, de un verde azulado intenso, se llenaron de una dulce calidez cuando abrazó a su hermana y la besó cariñosamente en la mejilla. Era un hombre que pese a su edad se conservaba en plena forma. Su pelo rosáceo, que se había oscurecido con los años, estaba salpicado de canas en las sienes y lo hacía parecer aún más interesante.

—Pareces más joven —le dijo al oído, lo que hizo que Tezuna soltara una carcajada.

—Y tú más guapo.

—Me encanta escucharte decir esas cosas, aunque sepa que las dice tu corazón de hermana y no tus ojos.

Después de eso, levantó la mirada y sus ojos buscaron a Itachi con clara preocupación. Había pasado los últimos dos meses en el continente, visitando a unos viejos amigos y hasta que regresó a Escocia no supo de la enfermedad de su yerno.

—¿Cómo estás, hijo? He venido en cuanto leí la carta de Tezuna. Antes pasé por Cravencross. O'Connell me dijo que todos estabais en Londres y entonces comprendí que lo peor había quedado atrás.

Itachi sonrió a su suegro. Su relación había sido más que cordial. Podía decirse que durante los años que estuvo casado con Suiren ambos habían llegado a ser buenos amigos.

—Como ves, sigo aquí. Con tu hermana, tu sobrina y el testarudo de mi hermano cuidándome todo el día, no podía menos que recuperarme —dijo con una mueca, lo que hizo que lord Haruno soltara una carcajada.

—Ya me imagino.

—La verdad es que ha sido un enfermo insoportable —dijo Sasuke adelantándose para estrechar la mano del recién llegado.

—Eso es fácil de creer. Izumi, estás preciosa —le dijo a su sobrina mientras esta se acercaba a él—. ¿Con cuántos pretendientes tendré que pelearme?

Izumi soltó una risita que hizo que su tío sonriera a su vez.

—Bueno, ¿dónde están mis nietos?

—Están arriba, pero en cuanto sepan que has llegado no van a dejarte en paz.

Lord Haruno miró a su yerno con una mirada picara.

—Estoy deseándolo, esos niños son mi debilidad.

Kizashi se sentó en el sillón de brocado verde con flores de color gris perla, junto a su hermana y su sobrina.

—No quisiera parecer entrometido, pero cuando entré me pareció que todos estabais sumamente serios. ¿Hay algo en lo que pueda ser de ayuda?

—Te lo agradecemos, Kizashi, pero realmente... —empezó a decir Itachi.

—Sakura ha desaparecido —le dijo Tezuna.

—¿Quién es Sakura?

—Sakura es la institutriz de los niños —le dijo Sasuke apoyándose en la mesa mientras cruzaba los brazos sobre el pecho.

—¿Y cómo ha desaparecido?

Tezuna le contó de manera abreviada todo lo que había acontecido. Desde que Sakura llegó a Cravencross hasta cómo se fue ganando el cariño de todos y cómo después desapareció en extrañas circunstancias dejando solo una nota sin mucho significado.

—La verdad es que es muy extraño, sin embargo, tampoco la conocíais tanto como para saber si tenía algún problema que no había llegado a contaros.

—Si la hubieras conocido, te hubieses dado cuenta de que Sakura no hubiera hecho nada así a no ser que le ocurriera algo grave. Se hubiera desecho de nosotros —le dijo Izumi con aflicción.

—¿Habéis averiguado algo?

—Hemos llegado a la conclusión de que tomó un coche que venía a Londres la madrugada del viernes. Mañana temprano iré a hablar con la compañía para poder interrogar al cochero a ver si puede darnos alguna otra información.

Kizashi miró a Sasuke mientras le hablaba. Lo conocía desde hacía muchos años, pero solo lo había tratado en los dos últimos. Lo apreciaba, era un hombre de honor y uno de los pocos en los que se podía confiar. Era una pena que el padre de Sasuke, su viejo amigo, el difunto marqués de Stamford, no hubiera recapacitado a tiempo y hubiera hecho las paces con su hijo. Ahora ya era demasiado tarde. Sasuke era un hombre endurecido por la vida y eso se le veía en la mirada, que resultaba bastante peligrosa. Todos estaban afectados por la desaparición de la institutriz, pero si su instinto no le fallaba, él estaba más que afectado. Parecía una fiera intentando dominar sus impulsos.

—Si queréis, os ayudaré en todo lo que esté a mi alcance. Me quedaré en Londres durante un mes, así que estoy a vuestra disposición.

—Gracias, Kizashi —le dijo Sasuke asintiendo levemente con la cabeza.

—No tienes por qué. A mi edad se agradece que cuenten con uno.

—¿A tu edad?, pero si solo tienes cincuenta y cinco años... —le dijo Tezuna frunciendo el ceño—. Cuando dices esas cosas me haces sentir vieja.

—Cariño. Para ti no pasa el tiempo.

—Ahora arréglalo —dijo Tezuna entre dientes.

—¿Dónde te hospedas? —le preguntó Itachi cambiando de tema.

—Había pensado en alquilar una casa en Mayfair.

—¿Y por qué no te quedas aquí con nosotros? A todos nos gustaría y más que nadie a tus nietos.

—No quisiera molestar...

—Tonterías —dijeron todos a la vez, lo que hizo que lord Haruno sonriera sin poder evitarlo—. Esta bien, no tendrás que insistirme mucho más. Será un placer estar cerca de mi familia.

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Sakura intentó no perder el equilibrio al subir las escaleras con los dos vestidos que acababa de planchar. Las chicas ya estarían vistiéndose. Eran las nueve y pronto aquella casa se llenaría de los caballeros más poderosos de media Inglaterra, ha verdad es que nunca imaginó que pasaría el último mes trabajando en un lugar como aquel, pero las cosas habían salido así y no podía quejarse.

Cuando llegó a Londres, después de dejar Cravencross de madrugada, se enteró de que acababa de zarpar un barco para Italia. Tenía otras posibilidades, pero viajar por el continente con el poco dinero que le quedaría después de pagar el pasaje no era la mejor opción. En un mes saldría otro barco y en él esperaba ir.

Después de eso, se dedicó a buscar alojamiento. Algo que fuera económico, pero que no la llevara por la peor parte de la ciudad.

Estaba en ello cuando en un callejón cerca de Hyde Park escucho el grito sofocado de una mujer. Un hombre estaba atacando a una joven que se defendía con uñas y dientes, pero la fuerza de aquel hombre le impedía siquiera respirar. Sakura la ayudó atizándolo por la espalda con el bolso de viaje. Todavía recordaba la cara de asombro de aquel cavernícola que le mostró todos los dientes al verla. Después soltó una carcajada al comprobar que se trataba solo de una mujer mayor, ya que Sakura iba disfrazada. Aunque esa sonrisa se le borró de la cara cuando sintió el frío metal del estilete de Sakura en la garganta. Cuando soltó a la muchacha y se fue, Sakura soltó un suspiro de alivio.

Aquella chica resultó ser una de las chicas de Madame Vale, la dueña de uno de los prostíbulos más famosos de Londres. En agradecimiento por salvarle la vida, Sadoru, como se llamaba, le presentó a Madame Vale, quien le ofreció un empleo en la casa como ayudante personal de sus muchachas. Sakura pensó en no aceptar, pero ¿qué mejor sitio para esconderse que aquel, donde tendría comida y cama gratis y algo de dinero extra? Era el escondite perfecto.

Sakura recorrió el lujoso pasillo que daba a las habitaciones y llamó a la penúltima puerta.

—Entra —dijo una voz suave desde dentro.

—Te traigo los vestidos para que decidas cuál quieres utilizar.

—Oh, gracias, Leída —le dijo Sadoru mientras le daba un abrazo.

Sakura había dicho que se llamaba Leída y que era alemana, aunque llevaba muchos años viviendo en Inglaterra. El acento con el que imprimía sus palabras era contundente.

—Esta noche me pondré el verde. No quiero resultarle demasiado atractiva a ese francés con modales de carnicero.

—Si es un bruto, ¿cómo es que entra aquí? Creía que esta casa era una de las más selectas de la ciudad.

—Y así es, pero este hombre es socio o algo parecido de uno de los clientes más antiguos de Madame Vale al que no hay que enfadar. Las chicas le tienen miedo, pero es un viejo amigo de Vala.

Vala era el verdadero nombre de Madame Vale, y, aunque delante de ella ninguna osaba llamarla por él, en privado las chicas se referían a ella de ese modo.

—Y a este hombre, ¿también le tenéis miedo?

—Orochimaru es también peligroso a su manera. Tiene la mirada fría y sus modales son... Bueno, poco refinados, pero no nos ha hecho daño a ninguna, sin embargo, el amigo de Vala, ese hombre importante del que te he hablado, tiene por costumbre pegar a las chicas. Le excita ver el miedo en las mujeres.

Sakura no podía ni imaginar cómo aquellas mujeres podían soportar aquella vida, y, aunque Sadoru parecía resignada a ello, incluso feliz, la verdad es que a veces podía ver la tristeza en sus ojos.

—De todas formas no hay nada que temer y menos estando tú cerca, ¿verdad? Eres mi ángel de la guarda...

—Muchacha, yo soy de todo menos un ángel —le dijo Sakura con la voz más ronca para parecer mayor. Su disfraz, el pelo oscurecido con algunas canas, su maquillaje y las gafas hacían el resto. Sadoru soltó una carcajada.

—Alguna vez, Felda, tienes que contarme tu vida. Seguro que fuiste una picara a mi edad.

—Uff, eso fue hace mucho tiempo. Y ahora date prisa si quieres que te peine.

Sadoru se dejó hacer. Sakura le sacó partido a una cara que era de por sí una preciosidad. Era una muchacha menuda con los ojos del color del mar y el cabello negro como el azabache. Su rostro era demasiado dulce para haber vivido tanto en tan poco tiempo. Sadoru le caía bien. Era risueña y charlatana y tenía buen corazón. Era una pena que tuviera que soportar algunas cosas como las que acababa de contarle, aunque sabía que nada la convencería de dejar aquella vida.

No fue hasta más tarde cuando estuvo a punto de sufrir una apoplejía. Era la una de la madrugada cuando Madame Vale la llamó para encargarle que arreglara una de las habitaciones del piso superior. Cuando hubo terminado, se dispuso a retirarse bajando por las escaleras de atrás que daban a la planta inferior y fue entonces cuando lo vio. En aquel momento se quedó paralizada como si todos y cada uno de sus músculos se hubieran convertido en piedra. Allí estaba su padre, vestido con un abrigo negro, con una sonrisa en los labios saludando a Madame Vale.

Cuando se obligó a respirar de nuevo, los dos ya habían desaparecido detrás de una puerta. Sakura sabía que debía irse a su cuarto y permanecer allí hasta la mañana siguiente, pero cuando segundos más tarde vio llegar a Sadoru con un hombre y acompañarlo hasta la misma puerta, su curiosidad fue mayor que su sentido de la cautela. Se escondió entre las sombras que había detrás de las escaleras y los observó. El hombre que acompañaba a Sadoru debía de ser ese tal Orochimaru. Sus ojos fríos, ámbar como una serpiente, no dejaban de mirarla, atentos a ella que fingía una sonrisa que la hacía parecer aún más joven.

Dio unos toques en la puerta que se abrió casi al instante. Madame Vale saludó al acompañante de Sadoru y luego lo invitó a entrar. Después cerró la puerta tras de sí y dejó a ambos hombres dentro, mientras que ellas se dirigieron de nuevo a la sala principal. Al parecer aquello era una reunión, y si ese era el tal Orochimaru, entonces ¿qué hacía reunido con su padre? Sabía que no iba a irse a su habitación sin intentar saber qué era lo que pasaba tras aquella puerta. Había una pequeña habitación contigua. Era parte de una vieja sala que más tarde, cuando remodelaron la casa, dejaron como almacén. Ella había entrado allí varias veces y sabía que había una puerta que conectaba con aquella habitación. Por experiencia sabía que se podía escuchar con bastante claridad las conversaciones que tenían lugar allí dentro. La última vez que fue a buscar unas telas, escuchó sin querer a Madame Vale regañar a una de las chicas porque no había complacido del todo al cliente. Lo que describió que quería ese hombre que le hiciera hizo que bajo todo su maquillaje las mejillas de Sakura ardieran como el fuego. Sin pensarlo dos veces se deslizó hasta el interior del pequeño cuarto con mucho cuidado para no hacer ningún ruido que pudiera descubrirla. Una vez dentro, no encendió la luz que había sobre una encimera, por miedo a que se viera por debajo de la puerta que comunicaba ambas habitaciones. Las voces que provenían de allí se oían con claridad y más cuando pegó la oreja a la fina madera.

—Todo está preparado. Para el viernes el conde de Ashford, Namikaze y la compañía naviera y habrán pasado a la historia.

—Asegúrate de que no haya ningún fallo. No me puedo permitir que algo salga mal.

—Está hablando conmigo, lord Toriichi, no con un vulgar matón.

—Eso espero, Orochimaru. Te pago para que seas invisible y eficaz —dijo Kumade Toriichi mirándolo con dureza.

—Me paga para hundir una compañía naviera y matar si hace falta a los dueños.

Sakura tuvo que contenerse para no soltar el grito que pugnaba por salir de su garganta. Las rodillas le temblaban y sentía que el miedo atenazaba cada uno de sus nervios. Sin embargo, esa sensación solo duró unos segundos, porque de repente ese temor fue convirtiéndose en una rabia difícil de controlar. Su padre quería matar a Sasuke y a su socio, y tenía que ver con algo de su compañía naviera. Fuera como fuese, no iba a permitir que le hicieran daño. Tenía cinco días para evitarlo. En ese tiempo debía descubrir la dirección de Sasuke y avisarle. Tenía tiempo de sobra, aunque había una cosa que no resultaba tan fácil. ¿Cómo iba a presentarse de nuevo ante él después de haber huido de aquella manera? Y peor aún, ¿cómo iba a contarle lo que, sabía sin tener que decirle toda la verdad?

El sonido de la puerta de la habitación contigua al abrirse la sacó de sus pensamientos. Instintivamente se pegó a la pared de aquel cuarto sumido en la oscuridad como si aquello le diera mayor seguridad. Después de escuchar los pasos de los dos hombres que desaparecían por el pasillo, Sakura esperó varios minutos intentando normalizar su agitada respiración. Cuando estuvo segura de que se habían ido, abrió con sigilo la puerta del almacén, deslizándose al exterior con sumo cuidado. Recién en su habitación pudo soltar el aire que había estado conteniendo.