Capítulo 25

CUANDO BAJO, ESPERABA QUE TODOS ESTUVIERAN EN LA SALITA, pero no fue así. Solo estaban Tezuna y su hermano, lord Haruno, que la miraba de modo extraño. La calidez que había en sus ojos hizo que cualquier tipo de recelo desapareciera.

—Sakura, ven, siéntate con nosotros —le dijo Tezuna con una sonrisa temblorosa.

—Pensaba que los demás también estarían aquí.

—No, cariño, primero nos gustaría hablar contigo de algo.

—Mi hermana es una charlatana, pero se ha olvidado de presentarnos. Soy Kizashi Haruno, y para mí es un placer conocerte.

Sakura esbozó una sonrisa y lord Haruno sintió que una gran calidez se extendía por su pecho. Era la misma imagen de Mebuki, salvo los ojos y el pelo, que eran iguales a los de él. No cabía duda de que era su hija.

Kizashi Haruno extendió la mano para estrechar la de Sakura, y entonces ella palideció.

—¿Estás bien, cariño? —le preguntó Tezuna preocupada.

Lord Haruno se puso de pie para acercarse a ella.

—¿Se encuentra mal? Está pálida.

Sakura no sabía qué decir. Cuando vio el anillo de lord Haruno reconoció el escudo. Era el mismo que llevaba en su pecho dentro del colgante. El mismo que según su madre pertenecía a su verdadero padre. En ese momento deseó levantarse y salir de aquella habitación, pero dudaba de que las piernas la sostuvieran. Entonces hizo lo único que podía hacer. Lo miró directamente a los ojos, unos ojos que eran iguales a los suyos, y vio lo que antes no había comprendido. Esa sensación extraña, esa calidez. ¿Estaría allí acaso por...? Miró a Tezuna, cuyos ojos estaban algo humedecidos, y no le cupo duda. Se llevó las manos al cuello y con lentitud desabrochó el colgante. Lo abrió y se lo mostró a lord Haruno a la vez que tomaba suavemente su mano, y tocaba su anillo.

Tezuna se levantó lentamente y dándole un beso en la mejilla salió de la habitación para dejarlos a los dos solos.

—Jamás pensé que la vida me reservara esta maravillosa sorpresa, pero solo puedo decir que sería el hombre más feliz del mundo si pudiera llamarte hija.

Sakura lo miró, incapaz de soportar por un momento más la emoción. Había perdido a su madre y jamás había tenido un padre, y ahora él estaba allí, el hombre con el que había soñado toda su infancia. Alguien sin rostro, pero que le decía cuánto la quería, que la escucharía y que siempre estaría a su lado. Así se lo había imaginado y ahora estaba allí, a solo un metro. Entonces hizo lo que había deseado hacer desde que era una niña, se echó a sus brazos y lloró entre ellos.

Kizashi Haruno la abrazó con fuerza aunque sus ojos lo traicionaban. No pudo sostener las lágrimas de alegría que asomaron a ellos cuando Sakura buscó sus brazos. Los dos habían sufrido demasiado y necesitaban ese momento. Cuando se recuperaron lo suficiente como para poder hablar, lo hicieron durante un buen rato. Rieron y lloraron juntos. Kizashi le contó cómo conoció a Mebuki y cuánto la amó y que solo unas horas antes había descubierto por qué lo había alejado de su lado y por qué le había ocultado que iban a tener una hija. Le contó cómo era su hija Suiren y cómo su vida pareció acabar cuando ella murió. Sakura le estrechó la mano al comprender sus palabras. Ella le contó cómo recordaba a su madre, los años vividos en Italia con su tía y su estancia en Inglaterra esas últimas semanas. Cuando acabaron, la luz del alba se filtraba por los cristales y la casa ya estaba en marcha. Darrows se dirigió a ellos con sumo cuidado, sin dejar de mirar a Sakura con algo parecido al miedo.

—El conde de Ashford les pide que se reúnan con él en el estudio, si son tan amables.

—Sakura, acuéstate, yo iré a verlo. Estás agotada —le dijo su padre frunciendo el ceño.

—Estoy bien, de verdad —le dijo con una sonrisa.

—De acuerdo, pero solo un momento.

Cuando entraron en el estudio, Sasuke se acercó a ellos. Miró a Sakura con cara de preocupación. Tenía sombras oscuras bajo los ojos debido al cansancio.

—Veo que os habéis puesto al día —le dijo a Sakura y le provocó una sonrisa—. Sé que esto es atípico, lord Haruno, pero no podía esperar. Ahora que Sakura tiene a su padre junto a ella, quería pedirle humildemente que me hiciera el honor de concederme su mano en matrimonio.

Lord Haruno miró a su hija, y le tomó la mano.

—¿Lo quieres?

Sakura miró a Sasuke a los ojos, y vio como la tensión se adueñaba de él a la espera de su respuesta.

—Más que a nada.

—Pues entonces solo me queda desearte la mayor felicidad del mundo.

Sasuke, sonrió y, estrechándole la mano a su futuro suegro, solo pudo responder:

—No esperaba menos, milord.

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Los días siguientes fueron una vorágine de acontecimientos. Sakura nunca había sido tan feliz. Tenía consigo a todos sus seres queridos, había recuperado a su padre, se iba a casar con el hombre al que amaba y había encontrado a una nueva familia. Los niños la había recibido con risas y llantos, y la pequeña Saori estaba como loca porque ahora iba a ser su tía. Kenji no paraba de gastarle bromas y Azami se abrazó a ella con todas sus fuerzas hablando durante horas sobre el hecho de que su madre fuera en realidad la hermana de Sakura. En esos días tan felices solo hubo algo que ensombreció su dicha. Sasuke y su amigo Naruto, con ayuda de la policía, detuvieron a Orochimaru y este confesó.

Sakura pudo relajarse por fin porque había estado aterrada ante la posibilidad de que algo saliera mal y Sasuke resultara herido. Parecía que todo había acabado hasta que aquella mañana Sasuke llegó con la cara tensa, con una mirada extraña. Sakura supo de inmediato que algo había ocurrido. Sasuke la hizo entrar en la biblioteca y sentarse en el sofá.

—¿Qué sucede? —le preguntó Sakura nerviosa.

—Es sobre tu padre.

—¿Kizashi? ¿Qué le ha sucedido? —preguntó sintiendo que le temblaban las manos. Lo había visto esa misma mañana temprano. Había salido a hacer unas compras.

—No, Sakura, Kizashi no, lord Toriichi. Se ha suicidado ayer por la noche.

Sakura no sintió dolor, solo un enorme vacío. Unas lágrimas asomaron a sus ojos sin poder evitarlo.

—Sakura, mi amor —le dijo Sasuke mientras la acunaba entre sus brazos.

—No puedo sentir nada por él, Sasuke, y eso es horrible.

—No cariño, eso es lo que él se buscó.

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—Bueno, hermano, si sigues poniendo esa cara, nadie se atreverá a acercarse a Sakura a más de dos metros.

—Eso es lo que pretendo. ¿No saben que está comprometida?

Itachi soltó una carcajada al ver la expresión de Sasuke. Faltaba una semana para la boda y su hermano parecía cada vez más impaciente. Habían acudido a tres bailes y en todos ocurría lo mismo. Sakura había deslumbrado a la sociedad y a los caballeros, que la abordaban a cada paso. Itachi había tenido que sostener unas cuantas veces a Sasuke para que no le pusiera el ojo morado a más de uno.

—No sé qué te hace tanta gracia. Por lo que veo Izumi también tiene su legión de admiradores.

A Itachi se le borró la sonrisa de la cara.

—No sé de qué estás hablando. Se supone que para eso hemos venido. Para que Izumi disfrute de la temporada y de la posibilidad de hacer un buen matrimonio.

—¿Sabes que le dijo el otro día a Sakura?

—No, y no me interesa.

—Pues debería. Eres mi hermano y te quiero, pero eres testarudo. Izumi va a rendirse, Itachi. Va a hacer exactamente lo que tú quieras que haga, buscar un marido, y ¿sabes por qué?, porque está enamorada de un imbécil que prefiere dejarla marchar antes de admitir que la ama.

—Debería darte un puñetazo por esto.

—De acuerdo, pero después de que lo hayas arreglado, y ahora si me disculpas, voy a rescatar a mi prometida de las garras de esos cretinos.

Itachi vio alejarse a su hermano mientras pensaba en lo que le había dicho. Durante su enfermedad había tenido la oportunidad de pensar en muchas cosas y una de ellas había sido en lo efímera que era la vida y en lo que costaba encontrar la felicidad. Él había sido muy afortunado porque había tenido a Suiren y la había amado con toda su alma. Sin embargo, allí estaba: intentando rebelarse contra su maltrecho corazón. Este lo había traicionado dejando entrar a alguien cuando pensó que jamás podría volver a amar. Y lo había hecho a conciencia. Izumi se había metido en su vida, en su corazón y en su cabeza, y ahora Sasuke decía que ella también lo amaba y que iba a rendirse. ¡Jamás!, aunque él tuviera que ir al mismo infierno para retenerla.

Izumi estaba cansada de bailar y de fingir que todo iba bien. La verdad era que, aunque le había dicho a Sakura que iba a olvidar a Itachi y a intentar fijarse en otro hombre, solo había sido una excusa. Ya había pensado qué hacer: iba a irse a Escocia con su tío cuando este volviera después de la boda de Sakura. Amaba demasiado a Itachi como para poder desterrarlo de su corazón en solo dos semanas. Miró a Sakura, que en ese momento estaba bailando con Sasuke. Estaba resplandeciente con su vestido color turquesa, y el pelo que le caía por la espalda. Sasuke la miraba con pasión, y con la promesa de algo que ella no sabía identificar, pero que anhelaba encontrar algún día en los ojos del hombre al que ella amara. Se los veía tan enamorados que una punzada de dolor le atravesó el pecho. Se alegraba por ellos, más de lo que podía expresar, pero no podía evitar sentir que ella jamás lograría encontrar aquello.

Sentía que el aire estaba demasiado cargado y decidió salir a la terraza. El aire fresco de la noche le rozó las mejillas y la tranquilizó. El olor de las plantas del parque de lady Kenton, famosa por sus jardines, se mezclaba con el aire de la noche y hacía que sus ojos se cerraran para poder aguzar los sentidos.

—Es una noche hermosa, ¿verdad?

La voz de Itachi resonó en sus oídos y todo su cuerpo reaccionó a ella. Al girarse lo vio acercarse con paso decidido.

—Sí, es perfecta.

—¿Qué haces aquí fuera? ¿Te encuentras bien? —le preguntó poniéndose a su lado.

—Sí, me encuentro perfectamente. El ambiente en el salón estaba muy cargado y quería sentir un poco de aire fresco.

—Esta noche estás preciosa.

Izumi sintió un vuelco en el estómago al escuchar sus palabras. ¿Había visto un brillo de admiración en sus ojos cuando las había dicho o su imaginación le estaba jugando una mala pasada?

—Gracias. Tú también estás muy apuesto —le dijo Izumi mientras las mejillas se le teñían de rojo.

Itachi sonrió ante tal muestra de inocencia. Ese rubor lo estaba volviendo loco.

—¿Tienes toda tu tarjeta ocupada?

—¿Cómo? —le preguntó Izumi aturdida. Itachi la estaba mirando como si quisiera..., no por Dios, tenía que dejar de fantasear de una vez.

—Tu tarjeta de baile, ¿está completa?

—Sí, ahora tengo un vals con el coronel Frend.

—Pues creo que eso no va a ser posible.

—¿Por qué?

—Porque la música ya ha empezado y el Coronel habrá encontrado otra pareja.

—No lo creo, si entro ahora... —le dijo mientras intentaba pasar por su lado.

Itachi la tomó antes de que diera un paso y la sostuvo entre sus brazos. Izumi abrió los ojos como platos y él no pudo menos que sonreír. Cuando bajó la cabeza para besarla, Izumi lo paró en seco.

—¿No irás a besarme, verdad?

—Pues la verdad es que sí.

—¿Por qué?

—Porque deseo hacerlo desde hace mucho tiempo.

—No puedes —dijo Izumi nerviosa.

—¿Por qué? —preguntó frunciendo el ceño.

—Porque...

—Izumi —le dijo Itachi suavemente—, deja que ocurra. He sido un imbécil al no admitir lo que sabía desde hacía tiempo y es que estoy enamorado de ti. No digas que no sientes lo mismo, aunque me lo tendría bien merecido. Sin embargo, espero que perdones mi estupidez y me des la oportunidad de hacerte feliz.

Izumi estaba intentando no ponerse a llorar, pero eso era prácticamente imposible. Había esperado tanto escuchar esas palabras que no iba a dejar que aquello se esfumara como un sueño.

—Itachi.

—¿Qué?

—Ya puedes besarme —le dijo mientras una sonrisa iluminaba sus ojos.

Itachi soltó una carcajada.

—¿Eso es una orden?

—Es un deseo.

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La boda se celebró un viernes por la mañana en la capilla de la familia en Cravencross. A ella acudieron solo los amigos íntimos. Estaba Naruto, el administrador de ambos, Tezuna, Izumi y Itachi, que se habían comprometido y se casaban un mes después, su tía Tsunade, con un pañuelo en la mano para secar las lágrimas que decía no tener, los niños, que no pararon de reír y jugar, y su querida Mei, imposibilitada de viajar, le había enviado una afectuosa carta.

Kizashi la acompañó hasta el altar, no sin antes darle un beso en sus mejillas, decirle cuánto la quería y desearle toda la felicidad del mundo. Sakura pensó que no podía ser más feliz. Estaba rodeada de toda su familia, de todos aquellos a los que amaba, en el día más feliz de su vida.

Sasuke la tomó de la mano durante toda la ceremonia, robándole miradas llenas de promesas de una noche inolvidable, lo que hizo que Sakura temblara por dentro. Estaba imponente y sumamente atractivo. Con su pantalón de color gris y su chaqueta negra, estaba más elegante que nunca. Un mechón oscuro le caía sobre la frente, y Sakura ansiaba enredar sus dedos en él. Sus ojos, negros como la noche, la miraban con tanto amor que Sakura pensó que moriría de felicidad.

Sasuke no podía dejar de mirarla. Desde que la vio entrar en la capilla se quedó sin respiración pensando que era la mujer más hermosa que había visto. Estaba preciosa con el vestido verde y el pelo suelto que le caía por la espalda hasta la cintura. Necesitaría de toda su voluntad para soportar no tocarla hasta esa noche.

Después llegó el convite, y en él Sakura tuvo ocasión de hablar con su tía.

Soy muy feliz, Sakura.

—Lo sé tía —le dijo abrazándola con cariño.

—Ojalá tu madre hubiese podido verte en este día, pero sé que desde donde esté, celebrará tu felicidad.

A Sakura se le llenaron los ojos de lágrimas ante sus palabras.

—¿Te quedarás un tiempo, verdad?

—Cariño, debo volver. Tengo obligaciones y además echo de menos a Dan. Creo que es hora de que acepte su oferta y me case con él.

Sakura gritó de alegría. Siempre había querido mucho a Dan y sabía que haría muy feliz a su tía.

—Sin embargo, pienso venir a verte y espero que tú vayas a visitarme a mí. Voy a echarte terriblemente de menos —le dijo mientras buscaba otra vez su pañuelo.

Sakura la besó en la mejilla mientras le decía cuánto la quería. Ella también la echaría mucho de menos porque más que su tía había sido su segunda madre.

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Sasuke le desató el cordón de la bata mientras Sakura le rodeaba el cuello con los brazos. Estaban por fin en la habitación solos, después de una tarde llena de intensas miradas y promesas susurradas al oído.

—Esta vez vamos a ir muy despacio —le dijo Sasuke mientras le besaba el cuello y hacía estremecer a Sakura.

—No sé si podré hacerlo —le dijo Sakura apenas en un susurro.

—¿Qué cosa?

—Ir despacio.

Sasuke soltó una carcajada que hizo que ella frunciera el ceño.

—¿Te causa gracia?

—No, mi amor, solo es que tengo suerte de tener una mujer tan apasionada. Pero esta vez confía en mí.

Sasuke la desnudó poco a poco, y Sakura contenía el aire cada vez que los dedos de él le rozaban la piel. Cuando estuvo completamente desnuda, Sasuke la llevó hasta la cama y la dejó sobre las sabanas mientras la miraba con intensidad.

—Eres preciosa. Realmente vas a volverme loco —dijo mientras se quitaba la bata y dejaba al descubierto su erección.

Sakura contuvo la respiración admirando a su marido. Su cuerpo era perfecto. Los músculos bien formados delineaban su cuerpo como si de una escultura se tratara, y su sexo grande y duro despertaba su curiosidad más allá de lo posible. Y era todo suyo.

—Si sigues mirándome así, acabarás con todo mi control —le dijo Sasuke con una sonrisa.

A Sakura le gustó escuchar aquello. Saber que era capaz de provocar esa reacción en él, la hizo sentir especial, maravillosamente bien.

Sasuke se acostó a su lado. La besó con suavidad mientras la acariciaba lentamente, bajando sin prisas hasta sus pechos, donde tomó uno de ellos en la boca para lamerlo, jugar con la lengua alrededor del pezón hasta que Sakura se arqueó contra él en un intento de que la tomara por completo en la boca. Después fue bajando, dejando besos sobre su vientre hasta el centro mismo de su feminidad. Sakura se sobresaltó cuando comprendió lo que Sasuke pretendía, pero él no la dejó oponerse. La instó a abrirse para él y la saboreó como si fuera un manjar. La acarició con la lengua haciéndole cosas que Sakura jamás imaginó que fueran posibles. Cuando pensó que no podría soportarlo más, una oleada de placer la hizo estallar. Sasuke ahogó su grito besándola, tragándose la exclamación de placer que Sakura no pudo contener. Cuando los temblores que sacudían su cuerpo fueron cediendo miró a Sasuke, que estaba entre sus piernas mirándola con el mismo fuego que había corrido por sus venas. La penetró de una embestida, dura y exquisita, que la hizo gemir nuevamente y clavarle las uñas en la espalda en un intento de contener esa maravillosa agonía que volvía a nacer en su vientre. Sasuke la besó, devorando su boca a la vez que entraba y salía de ella lentamente hasta hacerla casi suplicar. Sakura se aferró a él rodeándolo con las piernas en un intento desesperado de mantenerlo en su interior. Sasuke empezó a penetrarla más deprisa y con cada embestida Sakura creía morir. Bajó las manos hasta las nalgas de él y apretó sus bien formados músculos para incitarlo a ir más deprisa aún. Salía al encuentro de cada embestida con las caderas, lo que hacía que Sasuke gruñera de placer. Solo cuando Sakura gritó su nombre, Sasuke se permitió su propia satisfacción. Penetrándola una última vez, se derramó dentro de ella y quedó laxo entre sus brazos.

Sakura lo sostuvo entre ellos saciada por el inmenso placer que le había hecho sentir. Era la experiencia más hermosa que había experimentado jamás. Sasuke se apartó a un lado llevándose a Sakura consigo, para acunarla entre sus brazos. Jamás había experimentado nada parecido. Había creído morir de placer, con la entrega absoluta e incondicional de Sakura que lo había emocionado más que nada en el mundo. Jamás pensó que la felicidad pudiera ser tan completa.

—Ha sido maravilloso —le dijo Sakura mientras jugaba con el vello de su pecho—. Cuando era vir..., bueno ya sabes, jamás imaginé que pudiera ser tan hermoso. Sin embargo, aquella primera vez contigo lo comprendí y hoy, creí que me moría.

Sasuke soltó una risa que hizo que Sakura lo mirara con una mueca en los labios.

—No me mires así, pequeña. Es que yo pensaba lo mismo, y eso que solo acabamos de comenzar la noche.

Sakura se irguió sobre sus brazos para mirarlo con incredulidad.

—¿Eso significa que podemos repetirlo?

—Si me dejas recuperarme un momento, sí, no solo podemos, sino que lo haremos. He estado estas semanas deseando tanto esto que, señora mía, no voy a dejar que abandone esta cama hasta que no sacie por completo los apetitos de su lujurioso marido.

Sakura sonrió con picardía.

—Bueno, el sacerdote dijo en las buenas y en las malas, así que tendré que resignarme y ser una buena esposa.

—Pequeña bruja —le dijo Sasuke mientras la besaba de nuevo con infinito ardor.

Después de caer exhaustos por segunda vez, Sasuke la abrazó entre sus brazos mientras escuchaba las palabras más hermosas jamás susurradas en su oído.

—Te amo —le dijo Sakura mientras se quedaba adormilada.

Sasuke se asombró al sentir que tenía los ojos húmedos. El amor le había dado la espalda durante mucho tiempo, tanto que pensó que no existía para él hasta que una institutriz, una dama con un disfraz, entró en su vida y le robó aquello que él más cuidaba: su corazón. Ahora daba gracias a Dios por ello, por darle el mayor regalo del mundo: el amor de Sakura.