EPÍLOGO

DESDE EL BARCO SE VEÍA DESAPARECER LA COSTA de Inglaterra, y mientras el sol eternamente suspendido en el horizonte se mostraba perezoso ante su retirada. Sakura cerró los ojos recordando el día en que había visto esa misma costa unos meses atrás, incapaz de imaginar que en aquellos días pudieran sucederle tantas cosas. Había conocido a su padre. Un padre cariñoso que la quería a su lado, que quería saber todo sobre ella y que casi de forma imperiosa la había hecho prometer que irían a visitarlo pronto a Escocia. Sakura sonrió al recordar ese momento.

Tenía una nueva familia que la había recibido con los brazos abiertos. Tezuna había llorado a escondidas el día de su boda, la había abrazado fuerte y le había dicho lo feliz que era desde que había entrado en sus vidas, y todo ello con una sorprendente recuperación auditiva. Ambas se habían reído mientras Tezuna le hacía prometer que no se lo contaría a nadie porque, al parecer, durante muchos años le había resultado muy útil fingir esa sordera, sobre todo cuando no quería escuchar algunas conversaciones.

Después estaba Izumi, una verdadera amiga, la amiga que pensó que nunca tendría, y Itachi, que ahora era también su hermano. Les deseaba toda la felicidad del mundo, o por lo menos, la misma que ella sentía en aquel momento. Y por último, los niños, que se habían adueñado de su corazón para siempre.

—¿En qué estás pensando?

Sakura miró a su marido y sintió que todo su cuerpo se estremecía. Jamás imaginó que se pudiera sentir tanto amor. Al principio aquello la había asustado, pero ahora tenía una fuerza que había desconocido hasta entonces. Con él a su lado sentía que nada malo podía ocurrir, y que si el destino les jugaba una mala pasada, juntos podrían enfrentarse a todo.

—Estaba pensando en mi nueva familia y en ti —le dijo mientras esbozaba una pequeña sonrisa.

Sasuke la miró a los ojos con una intensidad que había aprendido a reconocer y a ansiar. La rodeó con sus brazos y la apoyó contra su cuerpo mientras ambos veían desaparecer del todo la costa de Inglaterra. Comenzaba su luna de miel, que los llevaría por varios países del continente para después terminar en Venecia, justo a tiempo para asistir a la boda de su tía Tsunade.

—¿Sabes? —le dijo Sakura—. Cuando te conocí pensé que eras un arrogante, engreído, sabelotodo.

—Cariño, me había quedado clara cuál era tu opinión sobre mí —dijo Sasuke levantando una ceja, un gesto que Sakura adoraba.

Sakura rió abiertamente, lo que hizo que Sasuke la estrechara aún más entre sus brazos.

—Siento decirte esto, pero, aunque sigas pensando igual, ya no tienes escapatoria, señora de Uchiha.

Sakura le rodeó el cuello con los brazos mientras miraba fijamente sus profundos ojos negros.

—No hay ningún sitio en el mundo donde desee estar más que aquí contigo, en tus brazos. Y, aunque sigas siendo un arrogante y engreído sabelotodo, también eres el hombre más generoso, noble, atractivo y maravilloso que he conocido en mi vida, y te amo.

Sasuke sintió que nada de lo que había vivido era tan importante como aquel momento. Esas palabras dichas con tanta pasión por Sakura lo hacían sentirse más vivo que nunca e inmensamente feliz. Un amor que creía que él jamás podría sentir, pero con el que ahora ya no podría vivir si se lo arrebataran. Amaría a su esposa más que a su vida.

Sakura vio en la mirada de Sasuke el deseo que la devoraba también a ella por dentro.

Sasuke tiró de ella para dirigirse al camarote cuando Sakura vio la bolsa que tenía a su lado, y recordó por qué había subido allí unos momentos antes.

—Sasuke, espera.

Sasuke se detuvo frente a ella mirándola a los ojos con preocupación.

—¿Qué sucede? —le dijo suavemente.

Sakura le tomó la mano, entrelazando sus dedos con los de él.

—Todavía me queda una última cosa por hacer.

Sin decir más, buscó la bolsa, la abrió y sacó su vestido de institutriz y sus maquillajes.

—Tu disfraz —le dijo Sasuke.

—Así es —respondió Sakura apretando aún más su mano—. Durante toda mi vida he necesitado llevar un disfraz, hasta que tú me descubriste. Me hiciste enfrentarme a mis miedos y a mis sentimientos. Me hiciste el mayor regalo que jamás nadie me ha hecho. Me hiciste saber quién soy yo. Jamás volveré a necesitar esto —le dijo.

Arrojó al mar aquel traje que le había servido de escudo durante la mayor parte de su vida.

—Mi adorada y hermosa institutriz, mi muy amada ancianita, cada una de ellas es mi esposa, a la que amo profundamente —le dijo Sasuke mientras la besaba con ardor.

—Creo que me va a gustar esto de no llevar disfraz —le dijo Sakura con una sonrisa en los labios.

—Y a mí, que no lleves absolutamente nada —le dijo Sasuke con aire pícaro.

—Sigues siendo un engreído.

Antes de que pudiera seguir, Sasuke besó sus labios para acallar de ese modo las protestas de la única mujer que había podido conquistar su corazón y robarle el alma. Una dama sin disfraces.

Fin.