—Eh, Funebrero.
—Ah, hola Francisca.
—¿Nunca cambias esa cara larga eh?
—Es la única que tengo. De todos modos, ¿por qué me llamas de ese modo?
—Así te dice Aries cuando habla mal de ti. — se encogió de hombros, sin importarle ser delator. Cáncer subió los puntos de su frente con escepticismo.
—Gateguard puede hablar menos y tratar de reparar las armaduras mejor... ah, cierto, no es muviano — se miró las uñas de la mano — Jamás lo hará bien.
—¡Uhh, si que estás afilado hoy! — rio Tauro, y Sage ladeo media sonrisa con sorna.
—Sólo digo la verdad.
El Santo Dorado de Tauro se acercó a él, saludándolo con una venia. Luego de Sage, era uno de los guerreros más jóvenes de la Élite, y con la costumbre de hacer más misiones que los veteranos. Al terminar de subir las escaleras, halló a su compañero sentado en los primeros escalones de la Cuarta Casa, descansando con la Cloth puesta.
—Ya sabes, Cáncer, sin rencores, sólo fue una broma — sonrió ampliamente — . Si te molesta el término haré que lo supriman.
—No te molestes tanto por mí, puedo arreglármelas sólo.
—Ni tan sólo, somos compañeros después de todo, la guerra no es la única excusa, ¿verdad? Y para ser honesto, Aries no es la persona que me cae mejor de los 12. Hasta creo que tiene un poco de ventaja por ser más cercano al Gran Maestro.
Sage lo miró extrañado, mientras éste se sentaba a su lado.
—El maestro Itia no hace preferencias.
—No digo que él lo haga, es por cómo Aries se comporta, como si fuera su favorito — lo miró — . De hecho, el anciano tiene un afecto hacia ti y tu hermano, en realidad.
—Es porque vinimos de muy pequeños, eso es todo. Aún está enojado con Hakurei.
—Bueno, no cualquiera desobedece una orden del Destino y sigue con vida de ese modo. Pero creo que pasó de largo porque al final tenía razón, la Cloth te prefiere a tí — le dio golpecitos amistosos en la punta de la hombrera— . El que no aceptó aquello fue Gateguard, por eso les tiene tanto enojo.
—Si va a pasar la vida lamentándose como un borrego, no es problema de Altar ni mío — Sage se encogió de hombros — . Fue una decisión de la diosa, y no más que eso. Nada está fuera de lugar.
—Aún así, ten cuidado con el Carnero. Está tratando de desfavorecerte entre los rangos inferiores.
Ambos se quedaron en silencio mirando las montañas, mientras el viento resoplaba en la entrada de la Cuarta Casa. Un aire gélido con olor a muerto salió en una bocanada repentina, que hizo a Francisca voltear con un disgusto que no pudo disimular. Cuando Cáncer sonrió divertido, Tauro se puso rojo.
—¿Incómodo?
—No se como te aguantas el hedor, y ese frío...
—En un punto son confortables.
—Tétrico — suspiró — . Ahora sé por qué Aries te llama de ese modo.
—Gateguard es un ignorante, y esa cualidad suya no escapa tampoco en este caso — Sage se sentó derecho y colocó la tiara de Cáncer en su falda — . De hecho, le tiene tanto rechazo a algo natural como la muerte, que parece un civil. Después de tantos años de instrucción del maestro y de convivir en este lugar, debería haber aprendido algo.
—No todos tienen tus capacidades para asumir las cosas, Cáncer. Hay que admitir eso.
—Nadie tiene las mismas capacidades de nadie. Tu eres bueno en lo tuyo y nadie lo va a discutir. Pero no me refiero a eso, sino a la madurez de aprender y enfrentar ciertas cosas — lo miró — . Estar aquí arriba no es para cualquiera, porque no podemos ser ni pensar como cualquiera. Eso lo tengo en claro, lo tienes en claro, pero ¿todos los tenemos en claro?
—Eh, no sé qué responder a eso.
—No importa, cada uno debe ser la respuesta en sí misma. Como has dicho, somos compañeros todo el tiempo, no sólo en la guerra. Eso implica confianza, y conocer a quién tienes al lado. ¿Confiarías en alguien que teme a morir como una persona normal?
Tauro lo miró casi escandalizado. En momentos como esos recordaba que los gemelos muvianos no eran solamente iguales en apariencia.
—Esas son palabras muy duras para un Santo Dorado leal, debo confesarte.
—Lo que quiero decir es que me preocupa su nivel de ingenuidad. Estoy a su disposición para hablar del tema, para mostrarle la perspectiva de algo que no sueles ver en otro lugar. Y ahí está, evadiéndome y llamándome "funebrero" entre los compañeros, como si estuviera cargando muertos todo el día. ¿Entendemos el nivel de estupidez?
—Vaya... no, lo acabo de ver — Francisca parpadeo, algo sorprendido. Toco algo ansioso la punta de los cuernos de su casco — . La verdad, a mi me da algo de cosa aún venir a verte. Antes creía lo que decía de tí, que te pasabas hablando al aire con fantasmas y muertos, y que le dabas poca atención a este mundo porque el otro te parecía mejor. Luego me di cuenta que en verdad era sólo el ambiente.
—Sin embargo, vienes; y los demás también, más allá de cualquier prejuicio, porque ustedes no son seres ordinarios. El Patriarca ha señalado a Aries sobre su actitud, y solamente cambia en la superficie. Yo no tengo problemas con él, ni mi vida pasa por ganarme su simpatía. Me preocupa que alguien tan torpe sea un compañero en la Guerra Santa contra Hades; un dios que viene a mostrarnos quién comanda la muerte de verdad.
—Ja, seguro eres el único que no te asustas con sus amenazas.
—Si vieras que soy el que más le teme; porque las conozco en profundidad. Ciertamente, a veces hablo con las almas perdidas que guió hasta el Yomotsu; y les he preguntado desde hace mucho cómo es el castigo del Inframundo. De todo lo que me han dicho, la única conclusión que saco es que no quiero nada de eso para ninguno de ustedes, ni para la Humanidad — suspiró — . Al menos, si debemos morir, que lo hagamos en un ciclo normal hacia el Leteo para empezar de nuevo y ya...
—Déjame adivinar, para nosotros hay un "banquete" especial, ¿cierto?
—Así es, amigo.
—Hhm. Entonces preparémonos para no llegar tan rápido. — le palmeó la espalda con fuerza y se puso de pie, acomodándose la capa. Su compañero permaneció sentado, mientras su largo cabello blanco aún volaba en el viento.
—No te preocupes; es mi deber también instruirlos para que no caigan en el hechizo del Yomotsu. Y al final debo seguir el mandato de Hermes: llevarlos yo mismo a todos cuando sea la hora.
Francisca hizo una mueca de espanto y Sage sonrió de modo enigmático.
—Si que eres siniestro cuando quieres, Cáncer.
—Al final, quizás el apodo me sienta bien.
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—¡Sage!
—...
El hombre se sentó de pronto, con los ojos abiertos. Su frente perlaba de sudor y su cabello se pegó a su mejillas. Cuando sintió una mano amable apartando los mechones, pudo volver a su realidad.
—¿Estás bien?
Thais se movió apenas, poniéndose de cuclillas en la cama. Con una postura que la hacía inocente bajo los largos camisones que la cubrían, el muviano la contempló unos segundos, corroborando que no era una fantasía. Se tomó la cara y noto su sudor, extrañado; luego la miro a ella de nuevo.
—Lamento haberte asustado.
—No me asustaste, me preocupé. Estabas muy nervioso murmurando cosas entre sueños, y no podía despertarte.
—Yo... no estaba soñando — se sentó mas derecho, apoyándose en el respaldo de la cama — . No creo que hubiera estado siquiera aquí.
—¿Fuiste al Yomotsu de nuevo?
Sage la miró con infinito cariño. La naturalidad con la que se tomaba cosas que aterraban a cualquier ser viviente, lo hacían sentirse más cómodo.
—Así es, tuve un episodio de fuga. Hacía mucho que no me pasaba.
—¿Y qué viste? O a quién...
La muchacha se sentó mas cómoda, dispuesta a escuchar un relato. El hombre sonrió con sorna, mirándola divertido.
—Varias cosas; un recuerdo de un pasado muy lejano; y a un viejo amigo que quería mucho — comenzó, algo triste — . A veces vuelven a aparecer esos rostros, como si intentaran tranquilizarme.
—Estás buscando consuelo en esta situación de tensiones, incluso en tus fantasmas — la muchacha cerró los ojos, pensativa — . Siempre me has dicho que es un espacio donde respiras paz, cuando el mundo de los vivos es lo suficientemente agobiante para tu cabeza.
—Es verdad. Me asusta lo cuidadosa que eres en los detalles de mis charlas.
—No tengo mucha ocasión de verte. Cada vez menos, de hecho — abrió los ojos grises, redondos y atentos — . Así que guardo cada una de tus palabras muy celosamente. Sobre todo, las cosas que me enseñaste años atrás.
—¿Acaso has visitado por tu cuenta el Hirasaka?
—No puedo ir sola, no al menos de la forma en que tú lo haces, ya que Cáncer no es mi estrella de nacimiento. Pero puedo ver a veces, en meditación, algunas cosas, por pura técnica de composición del manejo de Seikishiki. Y de manera muy errática, casi siempre he fallado; no puedo hacer una proyección completa, sólo transmitir o recibir señales. Todo eso pude hacerlo porque, al final, lo que no falla es mi memoria.
—Puede notarse, sin duda. De todos modos ahora podrías intentarlo, ya has madurado la técnica bastante.
—No quiero ir a bailar en una fiesta donde no estoy invitada. Prefiero siempre tener a mi compañero de danza— el muviano sonrió — . Ya no me cambies mas el tema, ¿hallaste lo que fuiste a buscar?
—Me recordó... cosas. Cosas y emociones que ya había olvidado, y que sería bueno rescatar.
—¿Rescatar?
—El tiempo y la vejez me han vuelto mas liviano en muchos sentidos. Antes tenía una arrogancia que competía con la fanfarronería de Hakurei en sus mejores momentos.
—No entiendo por qué querrías ser arrogante de nuevo — frunció el ceño ligeramente — . No es una buena cualidad.
—Pero marcaba una perspectiva de las cosas — suspiró y se rascó la barbilla — . Y hay cosas muy básicas que no he vuelto a pensar. Sobre la muerte, por ejemplo.
Thais se quedó callada unos momentos, rozando la incomodidad. Sage rio despacio.
—No es gracioso.
—Lo siento, querida mía, es que me recuerdas a esa misma expresión que Francisca de Tauro tenía cuando hablaba conmigo. Le daba algo de resquemor acercarse a hablar, y siempre que saludaba tenía esa cara, para prevenir mis respuestas. Con el tiempo descubrió que no era como él, o los demás, prefiguraban.
—Había mucho sobreentendido en tu generación, y perdona que te lo diga — torció la boca — , pero he estudiado a todas las generaciones, y la de ustedes es de una de las que menos registros tiene. Apenas hablaban entre ustedes.
—Por eso casi nos destruyen, justamente porque no hablábamos. Hakurei intentó romper esas diferencias; apenas lo logró, pero tarde. Era la costumbre de ese entonces no hablar si no fuera estrictamente necesario. Nos costó mucho establecer relaciones. Tauro fue el único que lo intentó; y en parte Sagitario. Pero no había mucho en el fondo. Aun así, lamenté mucho sus muertes.
—Tu... ¿los llevaste al otro lado?
—Sí. A cada uno. Los guié — habló suave, recordando — . Sentí un extraño confort en la tristeza, y ahí comprendí dos cosas esenciales que casi había olvidado.
—¿Qué cosas?
—La primera, que, a diferencias de mis predecesores, ser Cáncer no implica entregarse de lleno a la composición de la muerte; ni al sadismo que produce desearla; ni obsesionarse con ella despreciando la vida. Es una fuerza implacable, pero es parte de un ciclo en el que solamente debo ser un conector. Y esa noción se la debo a la postura de mi Patriarca. Por eso, es que no me he hundido en ella. Y la segunda...
Sage se inclinó hacia ella, dándole un beso cálido y suave en los labios entreabiertos.
Que la muerte no es el final, sino la continuidad de lo verdaderamente eterno, como el amor. Una lección que terminé de comprender cuando vi por primera vez tu rostro.
—Sage...
Ante la sorpresa de la pelirroja, el Patriarca sonrió ampliamente. Ya no tenía rencor a su hermano por haberle obligado a tomar las riendas de todo; con Francisca por sus prejuicios; o siquiera a Aries, por su recelo.
Estaba orgulloso de lo que había sido, y lo que era en el presente: Sage de Cáncer, el Funebrero y el Patriarca. Un ser que descubrió que ese extraño famoso instante, esa chispa que debía custodiar, existía en un lugar.
En las pupilas de la mujer que amaba.
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