Capitulo 15
Pilika había sentido una satisfacción insana al ver el rictus de dolor que el pelimorada trataba con todas sus fuerzas de ocultar. Su magia lo atacaba con violencia y eso sumado a su débil poder mágico se encontraba en el suelo a duras penas manteniendo la conciencia. Todo su cuerpo se estremecía en dolor.
―Eres una maldita sadica…―susurro a duras penas, respirando con dificultad. Tenía que hacer un esfuerzo consciente para respirar.
―-ohh querido puedo serlo aún más...dejemos que mi hermano sea partícipe―Exclamó con una retorcida sonrisa en su rostro que lo desconcentró.¿Que quería decir con eso?-Dile hola a mi hermano- Comentó divertida cuando volvió a torturarlo y sintió la conexión mágica con Horo, que comenzó a sentir el mismo dolor que él estaba sufriendo, pero sin recibir las heridas que estaba experimentando.
―¡Es tu hermano!...¿No lo amas?―Gritó desesperado en medio de su tortura y gemidos ahogados,no podía entender el razonamiento de la muchacha,¿Si lo amaba, por que lo haria sufrir?. Podía ver en su mente retazos del cuerpo de Horo retorciéndose por el dolor en el suelo, el no quería eso, pero su magia estaba tan débil que no podía hacer nada, tan solo resistir hasta que ella se sintiera satisfecha
Al parecer fueron largos minutos, ya que sentía el cuerpo entumecido, además de la perdida se sangre lo estaba mareando, si seguía así quizás lo mataría.
―Aunque deseo matarte, tengo un trato con tu padre por el momento...pero puedo esperar unos días antes de decirle que estas aquí, pues tu magia todavía no es tan clara para saber que eres tu, así que tengo una ventaja que aprovechare por unos días―Le comento con una malsana cara de placer en el rostro mientras lo levitaba, encerrándolo en una casa abandonada cercana.
Sintió como colocaba algunos sellos para que no pudiera salir, no es como que los necesitara, se encontraba muy débil con todo lo que había sucedido asi que solo se quedaría ahí tirado en el suelo.
―Lo siento tanto Ren―Escuchó el débil susurro en su cabeza que le hizo abrir los ojos sorprendido, era la voz de Horo
―HoroHoro?-pregunto Ren en apenas un susurro― ¿Por que te disculpas?―Preguntó con las lágrimas apareciendo en sus ojos
―Yo debería ser capaz de protegerte.-Sentía como la conexión se iba perdiendo ―Ren, resiste...yo iré por ti.―Escucho como le decía con esfuerzo―
―Te amo ...―susurro casi de manera inaudible al estar cayendo en la inconsciencia.
―Yo también Ren...yo también― Fue el vago murmullo que a su mente llegó antes que la inconciencia se lo llevara
Nadie quería acercarse al líder de los anui, su lenguaje corporal y la leve aura mágica que desprende eran inquietantes e intimidantes, por lo cual había cierta distancia entre su caballo y el resto del ejército que lo acompañaba.
Horohoro no estaba de humor, había tenido una muy mala noche, ya que había logrado obligar a la sacerdotisa a utilizarlo como recipiente de cura para Ren. Las primeras horas no habían sido una molestia, había logrado dormir algo al lado de Izumi que se encontraba tranquilo a su lado, pero cerca del amanecer el dolor y ardor en su cuerpo empezó a aumentar paulatinamente, haciéndolo despertar abruptamente a causa del mismo. Ana le había comentado de aquello, pues si hacia la unión demasiado rápido su cuerpo no lo resistiría ya que aún se estaba recomponiendo de su "muerte". Así que al momento de partir más de alguno se sorprendió de ver a su líder mas pálido de lo normal y con varias vendas en su cuerpo. No respondió mucho a las dudas de sus súbditos, sólo siguió como si nada encabezando el ejército en camino a las tierras de la dinastía Tao.
Ana estaba preocupada aunque su semblante no lo demostrara, lo que Horo le había pedido era peligroso, pues si alguien del enemigo se daba cuenta podría ser un arma de doble filo que podría matar al príncipe heredero. La magia de Horo aún se encontraba inestable, aunque era poderosa eso no significaba que era invencible, el peliazul estaba arriesgando demasiado, tenía a su hijo en brazos seguro, porque Ren sabia que era el mejor lugar para el niño.
―Deberías descansar―Se escuchó la seria voz infante de Lyofar, luego de un par de horas de viaje
―oohh ¿Te preocupas de mi? Me enternecen tus molestias―ironizó el ojiazul desviando su mirada del camino y llevarla a su regazo. Era muy raro tener esta versión de 6 años que llevaba amarrado a su pecho a su hijo, pero había sido la mejor forma de poder ir en caballo con los dos juntos, de cualquier otra manera Izumi comenzaba a llorar o Lyofar se hacía intangible.
―Lo que sucede es que eres demasiado estupido para darte cuenta, pero mas alla de eso estás cansado, ya que no eres capaz de mantener estable tu magia dentro de tu cuerpo, tus subordinados lo han notado y se mantienen lejos de ti, pues estás muy tenso―Exclamó el infante planteando lo obvio
―Tengo bastante vivido el recuerdo de la tortura de ayer, por lo cual estoy algo molesto eso sin contar que me duele bastante el cuerpo―Exclamo sincerándose con una leve sonrisa, volviendo su atención al camino
―Lo se, pero quizás deberías dejar que Hao me llevara o incluso Ana llevara a Izumi, así no tendrías que estar pendiente de mantener mi cuerpo seguro y tu cuerpo estaría menos tenso―Comentó mientras miraba a Izumi dormir nuevamente.
―Me siento más cómodo teniéndolos a ambos cerca de mi, sentir que están aquí conmigo me calma en cierta medida―exclamó un poco avergonzado. Era verdad, sentir el calor corporal de su hijo e incluso el de Lyofar lograban calmar toda esa preocupación y ansiedad que lo estaba consumiendo.
―-...―El pequeño de cabellos naranjos solo se le quedó viendo, mientras un leve rubor se pintaba en sus mejillas. Así que eso era ser querido por alguien que no fueran sus hermanos, era agradable. Daría todo lo que estuviera en sus manos para que la historia de su padre no se repitiera, haría todo lo posible para protegerlos a ambos.
El sol se encontraba en lo alto del cielo, cuando sintió un leve estremecimiento por el cuerpo, específicamente en su vientre. Su espasmo no pasó desapercibido para el niño en sus brazos que se le quedó mirando raro.
―No es nada.―Comentó con una sonrisa, mientras mantenía el trote de su caballo, aun quedaban un par de horas antes de que se detuvieran a comer y reponer energías.
Solo fueron unos segundos después cuando el mismo dolor le atravesó el vientre, pero más intenso y punzante. Había quedado en alerta al sentir el primero, pero el segundo había sido aún más intenso que le había cortado la respiración.
―¿Seguro que estás bien?―preguntó inseguro el pequeño, pues el espasmo en el cuerpo de Horo no había sido leve, incluso había notado que había apretado con demasiada fuerza las riendas del caballo.
Horohoro en este momento no lo dudaba, se aproximaba otra sesión de tortura y prefería que nadie fuera testigo de esto.
―¡HAO!―grito con más fuerza de la que hubiera querido, pero justo en ese momento sintió como si la piel de su vientre se desgarrara, incluso por reflejo se encorvó mientras cerraba los ojos con fuerza y apretaba su mandíbula.
―¿Horohoro?―¨pregunto extrañado el castaño, tanto de que lo hubiera llamado por la extraña posición en la cual se encontraba, si no fuera demasiado extraño pensaría que el peliazul estaba atravesando por un agonizante dolor u herida, pero por lo que el sabia eso no estaba sucediendo.
―...―Respiro con un tanto de dificultad y abrió los ojos para encontrar dos pares de ojos fruncidos profundamente― Necesito que comandes las tropas, ya que yo me voy a adelantar para inspeccionar el terreno― Fue un milagro que su voz no titubeara o que su cuerpo se mantuviera quieto.
―¿Adelantar terreno?―Pregunto extrañado de aquella decisión―¿Pero…―
―Solo hazlo.―Fue su respuesta seca antes de agitar las riendas de su caballo y alejarse con rapidez del grupo, sin dejar espacio a réplica alguna.
No había sido muy prudente salir a pleno galope con su bebe en brazos, pero sabía que lyofar lo mantendrá bien asegurado y el haría lo suyo con el chico, pero debía alejarse lo mas que pudiera, pues sentía como su cuerpo se estaba tensando tratando de mantener la postura ante las olas de dolor lacerante. Eran estallidos de dolor que lo estaban haciendo sudar bastante.
―Hay una bifurcación más adelante hacia unas cuevas―Comentó el pelinaranjo al entender que era lo que estaba pensando el peliazul.
―...―Su hilo de ideas cada vez se estaba haciendo más confuso, por lo cual con las indicaciones del niño aceleró aún más la carrera de su caballo, mientras sentía como sangre escurría de su boca al estar mordiendo sus propios labios. Cualquier grito podría alertar a los centinelas.
Fueron varios minutos de carrera sin tregua para el caballo, por su lo lado el jinete sentía demasiado agarrotado el cuerpo, pero aun así no se iba a soltar aún, tenía que mantener intactos a ambos niños, por lo cual con un par de insultos al aire golpeó aún más las riendas para ir más rápido si era posible.
Lyofar tan solo trataba de mantenerse lo más estable sobre el caballo mientras mantenía con fuerza en sus brazos a Izumi que a pesar de todo seguía durmiendo lo cual agradecia. Al parecer fueron unos 15 minutos de loca carrera de la cual tenían suerte de no haberse matado, cuando las cuevas fueron visibles. Fue un movimiento un tanto abrupto cuando paró al pobre caballo y más cuando saltó de este aun en movimiento. Si el pelinaranjo no hubiera ido afirmado aparte a la silla la caída hubiera sido terrible. No le dio tiempo de gritar nada cuando vio al peliazul correr un tanto tambaleante a las cuevas, mientras él paraba al caballo que se encontraba agotadísimo por la ardua carrera.
Tras un par de minutos de lograr calmar al caballo y lograr bajar con bastante esfuerzo, pues si tenia magia, pero tenía el cuerpo de un niño de 6 años cagando el cuerpo de un bebe de 3 meses que estaba bajando de un maldito caballo adulto. Con unos cuantos segundos de calmada respiración para tranquilizarse, acomodó al bebe en los brazos y se internó dentro de la cueva.
―Tenía el presentimiento que esto sería una muy mala idea.―Exclamó abatido el niño una vez que se encontró al peliazul.
Ni siquiera lo pensó cuando le indico al caballo que parara y él se bajó de este aun en movimiento para salir corriendo hacia la cueva. Le faltaba el aire, su visión estaba bastante errática pero aun así se obligó a seguir para internarse dentro de aquel oscuro pasaje.
Sus piernas no fueron capaces de sostenerlo más tiempo, su respiración era un fuerte jadeo agónico que buscaba hacer entrar oxígeno y lograr control y lacerante dolor que sentía en prácticamente todo el cuerpo.
Se encontraba tirado siendo su único soporte su cabeza y sus rodillas. Sus ojos estaban abiertos lo máximo posible, pero sus pupilas se movían demasiado rápido, erráticas. Su boca la sentía seca por los fuertes jadeos irregulares que brotaban de ésta ,además de saliva mezclada con sangre que estaba llegando al suelo. Su mano derecha presionaba con fuerza desmedida su vientre, sentía que algo viscoso y tibio se deslizaba a través de sus dedos, un muy fugaz pensamiento de sangre llegó a su mente, pero tan rápido como llegó se fue.
El dolor era punzante, constante y sentía el cuerpo muy caliente. Quizás estaba llorando pero no estaba lo suficiente lúcido para afirmarlo. Que se encontrara consciente era todo un mérito.
Las arcadas fueron lo suficientemente violentas para que colapsara, sintió que era empujado hacia uno de sus costados, pero su mirada estaba tan nublada que no era capaz de identificar nada. Comenzó a sentir el sabor de la bilis en su boca cuando fue capaz de coordinar sus pensamientos. Su mirada se movía frenética ¿Dónde estaba?, su respiración superficial y punzante no ayudaba a que se ubicara.
―Estás a salvo―La suave voz del infante logró que se concentrara en un punto. Un salvavidas para su estado frenético.
Tras largos y extensos minutos sus ojos fueron capaz de enfocar al niño que estaba sentado a su lado, por unos segundos su cerebro no fue capaz de procesar a quien estaba viendo, cuando iba a preguntar su cerebro recordó volver a funcionar y todos los recuerdos volvieron de golpe, instintivamente se sentó abruptamente, lo cual fue una pésima idea. Jadeó, su visión giro, produciéndole vértigo, antes de que pudiera reenfocar se dejó caer nuevamente al suelo.
Una mano pequeña se posó sobre su palma extendida, soltó un suspiro ahogado al entender que Lyofar estaría ahí cuidándolo, por lo cual se dejó llevar por la inconsciencia, mientras solitarias lágrimas se deslizaban por sus párpados cerrados.
―Ren..―Fue el murmullo ronco que salió de sus labios antes de quedarse completamente dormido.
Suaves murmullos comenzaron a traspasar su inconsciencia que lo llamaban abrir sus ojos. Sus párpados temblorosos se abrieron lentamente, su visión lentamente dejó de ser borrosa por lo cual fue capaz de ver la pequeña maño que su mano mantenía cautiva. Con lentitud movió su cabeza para encontrar la cansada mirada rojiza sobre si.
―Pensamos que no despertarías.―La molesta voz de Ana lo obligó a desviar la mirada del niño
―Perdón...―Fue un susurro bastante ronco el que salió de sus labios. Se sentía débil y su cerebro estaba funcionando a pasos de tortuga, por lo cual la postura amenazante de la rubia no le mando las alertas que siempre hacía.
―Realmente no estoy segura si es buena idea mantener esta conexión mágica. Por si no te has dado cuenta te abrieron un tajo en el vientre de lado a lado, no era lo suficiente profundo, pero eso sumado al resto de tortura que estabas experimentando por lo que me comento Lyofar, no se como lograste llegar aqui sin matarlos y mas encima entrar caminando a la cueva. En cualquier otra persona su cerebro se hubiera apagado en los primeros minutos. ―
―Ren?―Pregunto con duda mientras apretaba un poco la pequeña mano que sostenía.
―Debe estar mejor que tu, pero el punto es que Pilika fue más allá, porque en Ren no se reflejaban sus acciones, por lo que debe pensar que debe tener un alto grado de regeneración o resistencia. Lo más probable es que Ren se haya dado cuenta que hay una conexión entre ustedes y que cuando tu colapsaste Ren fue capaz de bloquear en algo la conexión y reflejar en sí mismo el daño para que tu hermana no continuará. No creo que haya sido capaz de mantener el bloqueo demasiado tiempo, por el nivel de daño perpetrado y su magia débil, por lo cual tu aun inconsciente seguiste absorbiendo el daño.―Concluyó preocupada
―¿Mis heridas..?―preguntó vacilante llevando su mano desocupada a su abdomen. Aun recordaba la sensación del líquido tibio en sus dedos, pero ahora no sentía ni una herida o el ardor de ella.
―Obviamente las cure, se supone que fuiste a explorar y estas por delante de las tropas―Exclamó indignada de la pregunta estúpida que había recibido.
―cierto...pero ¿Cómo nos encontraste?―Preguntó dubitativo a la vez que se incorporaba con algo de esfuerzo quedando sentado al lado del pelinaranjo que estaba empezando a cabecear.―¿Lyofar?―Pregunto dudoso
―Está cansado, te traspaso magia mientras me llamaba a este lugar, además su cuerpo es pequeño por lo cual el gasto es grande, no te sorprendas que esté al borde de dormirse. Solo su obstinación lo mantiene despierto y con el niño en sus brazos.―
―..―Sus palabras murieron cuando sintió el pequeño cuerpo apoyado sus piernas, a pesar de todo había mantenido protegido a Izumi. Con un par de movimientos dejó a ambos niños acostados en su regazo, ahora él cuidaría el sueño de ambos.
―Ya está anocheciendo, así que lo mejor sería volver con el resto . Hao no se quedará con las órdenes que le diste en la mañana― Comentó la muchacha caminando hacia la entrada de la cueva
―Vamos―
Con ayuda de Ana se subió a su caballo y con paso suave se dirigieron al encuentro del batallón. Al menos la chica le había comentado que su ropa manchada de sangre llamaría demasiado la atención, por lo cual un cambio de ella evitará preguntas innecesarias. Cerca de casi 2 horas de viaje llegaron al encuentro de sus compañeros y eso que habían ido galopando, Horo no pensó que había estado tanto tiempo inconsciente tras la última sesión de tortura. Estaba preocupado por el bienestar de Ren, su hermana se estaba volviendo realmente sádica, ¿Qué había pasado con la dulce niña con la cual él se crio? ¿Sus buenas acciones?. No podía comprender tanto odio hacia el pelimorado, por mucho que fueran rivales amorosos, tener esa sed de sangre era algo nuevo para él y le preocupaba aún más si se sumaba el padre del Tao a la ecuación, sentía que las cosas se estaban orientando al peor escenario posible.
Cuando llegaron recibió varias muestras de preocupación, pues no había aparecido durante el día. Lo cual hábilmente logro esquivar mientras llevaba a los niños en sus brazos, agradeció a Ana que le había dado una manta para protegerlos a ambos. Sus ojos se perdieron por unos minutos en Izumi, el niño estaba tan tranquilo a pesar de todo lo que estaba sucediendo.
―¿Qué sucedió en la mañana Horo?―Pregunto entre preocupado y extrañado el castaño cuando se encontró con él cerca de la fogata.
Con cuidado acomodó los cuerpos de ambos infantes en la cama improvisada que le habían colocado y se quedó mirando unos segundos el fuego. De cierta manera las llamas le recordaban los dorados ojos de Ren. ¿Estaría asustado en esos momentos?¿Se sentiría abandonado? o ¿acaso ya había aceptado el supuesto destino de ser controlado por su padre?.
―Tenía asuntos que resolver, no te preocupes―Respondió con una leve sonrisa, debía dejar el tema ahí
―Eso ni tu te lo crees.―Sentenció mientras se acostaba―Espero que me digas pronto―
―Espero que no sea necesario―Sentenció mientras se acomodaba a dormir al lado de los niños.
Los gimoteos de su hijo fueron lo que lo despertaron, aquellos pequeños ojos dorados estaban nublados por las lágrimas, mientras un adorable puchero se encontraba en su pequeña boquita, pensó por un segundo el rostro de Ren pero en otras circunstancia y su rostro explotó en rojo.
―¿Que estas pensando pervertido?―La voz infantil de Lyofar lo trajo de vuelta
―-Nada―Fue una respuesta demasiado rápida y atragantada, pero en ese momento lo dejaría pasar
―Debe necesitar un cambio y comer―Comentó de lo más normal el niño, mientras se levantaba de las cobijas e iba en busca de lo necesario
―Nee,Izumi-chan ¿Quieres ver a mamá?―Preguntó risueño con una boba sonrisa. La pregunta fue devuelta por unos balbuceos felices que le hicieron sonreír.
El sol había recién salido cuando continuaron con su camino. Si seguían aquel paso quizás para la mañana del segundo día llegarían a las tierra de los Tao, en cierta medida estaba preocupado de lo que pudieran encontrar en aquellas tierras, eran pocas las noticias que lograban salir de esos páramos y mas encima llegar a sus tierras. Quizás solo se estaba sobre preocupando con el próximo enfrentamiento, era lo más probable.
―¿Cómo te encuentras ?―Preguntó Lyofar entre sus brazos mientras iban sobre el caballo. Había esperado, ya que no quería que oídos innecesarios escucharan lo que no debían, además avanzar en silencio era agradable y eso sumado al balbuceo feliz de Izumi mantenía sus nervios a raya, pues desde el amanecer tenía un muy mal presentimiento.
―Me siento un poco cansado físicamente, pero más allá de eso estoy bien, pero...―Titubeo antes de proseguir
―Pero...―
―Tengo un mal presentimiento―Suspiro derrotado
―¿Tú también?―Preguntó preocupado, si el peliazul también lo sentía eso significaba que era algo que iba a suceder ¿Qué podría ser?
―¿También sientes que algo malo va a suceder hoy?―Preguntó bastante serio
―Demasiado seguro…―Exclamó con pesar
Con eso dejaron el asunto por zanjado, pues ninguno de los dos tenía certeza de lo que podría suceder y en qué momento.
Tan solo supieron la respuesta un par de horas después.
Habían llegado a una zona donde el camino solo se podía atravesar por las profundidades de un acantilado, realmente la idea de viajar por un lugar tan estrecho y con las posibilidades de un desprendimiento de rocas no le llamaba en nada la atención, pero según las averiguaciones de sus estrategas era el camino más directo y por la topografía del lugar era una zona que se prefería evitar, por ende era más seguro para las tropas atravesar aquellas tierra por ese camino.
―Para prevenir cualquier cosa yo avanzare con Ana y después ustedes nos seguirán junto a Hao, así cualquier cosa extraña la podemos anticipar―Exclamó convencido
―¿Encuentras seguro avanzar solo con 2 niños y la sacerdotisa?―Pregunto preocupado Hao del hilo de pensamiento que tenía su líder
―¿Acaso crees que no soy una amenaza?―Preguntó bastante molesta y con un aura oscura Ana
―Yo no quise decir eso―Exclamó preocupado el castaño de su integridad―Yoh dile algo―Esperaba encontrar apoyo en su hermano
―Ella es bastante peligrosa, se puede cuidar y más a Horo―Respondió con una gran sonrisa su gemelo para su desconcierto
―Ustedes son imposibles―Sentenció abatido el castaño mientras se retiraba con su hermano
―Bueno como le explique a los chicos, la idea es que nosotros entremos y ellos nos seguirán 30 minutos después―Le comento el plan a la rubia que iba a unos metros de su caballo.
Tal vez habían avanzado cerca de 1 kilómetro cuando sintieron algo raro en el aire, mejor dicho en la magia. Fue un cambio brusco que les mando escalofríos en todo el cuerpo, el pelinaranja se estaba volteando para hablarle a Horo cuando lo vio deslizarse del caballo como peso muerto al suelo, incluso su cuerpo llegó a rebotar suavemente.
―¡Horo!―Grito impactado, su grito había despertado Izumi el cual había comenzado a gimotear intranquilo
―¡Horo!―Grito la sacerdotisa ya a unos pasos del muchacho en el suelo
―...―Abruptamente el peliazul se arrodillo y empezó a vomitar sangre. Su cuerpo había comenzado a sudar mientras sentía como sus oídos habían comenzado a zumbar
―¡Horohoro!―Gritó el niño aterrado
―...―El grito había llamado la atención del peliazul, lentamente giro su rostro al niño
―Maldita sea―Exclamó entre molesto y asustado. Los ojos de Horo vacilaban entre un celeste traslúcido y el dorado
―¿Lyofar?―Pregunto extrañada, sentía extraña al aura mágica del peliazul, sumamente peligrosa además a cada segundo se estaba haciendo visible.
―¡Aléjate!―Exclamo serio mientras él hacía lo propio alejándose del supuesto Anui
―...―Una nueva ola de vómito desvió su atención del niño para quedarse viendo su mano bañada en sangre. Su cuerpo temblaba en irregulares espasmos y el sabor metálico en su boca era nauseabundo, desagradable, pero su mente se encontraba ciertamente perdida, la línea de pensamientos acorde a la situación no llegaban, si no uno completamente distinto, disonante, escalofriante que le susurraba suavemente en su cabeza. Había dado si es que dos pasos cuando una muy retorcida idea, pero muy convincente llegó a su cabeza―Debería matarlos―Exclamó risueño, de una manera escalofriante mientras la sangre se escapaba de sus labios y sus ojos vacíos no reflejaban aquella supuesta felicidad―¿O debería matar al dueño de este cuerpo?―Preguntó retorcidamente, deslizando su mano ensangrentada por su rostro, mientras su mirada se posaba en la roja del elemental de fuego
―Tenshi…-Fue el nombre que salió con odio de sus labios
―ohhh...el pequeñajo de fuego―Exclamó divertido mientras otra arcada de sangre atacaba a su recipiente―Es divertido ver sus inútiles intentos de ir en mi contra―Comento con una voz rasposa y una sonrisa sanguinolenta, acompañada ahora por uno de sus ojos de los cuales estaba saliendo sangre―Llega a ser conmovedor como este muchacho está cargando con el hechizo mágico y como mi hijo está tratando de cortarlo desesperado, ojala pudieras escuchar sus gritos angustiados―
―Horo…-Susurro con temor Ana, pero no lo suficiente bajo para no ser escuchada, ya que aquellos disonantes ojos sangrantes se le quedaron viendo
―Lo siento sacerdotisa...pero este cuerpo no va a resistir―Exclamó divertido dibujando una sonrisa que en otras circunstancias sería risueña
―El hechizo…¡ANA SEPARALOS!―Grito en cuanto lo pensó―¡HOROHORO MORIRÁ!―Su grito furioso desató el llanto de Izumi.
―….―El cuerpo del peliazul se estremeció con violencia, mientras su respiración se volvía pesada y errática―El niño...―Sus palabras fueron cortadas por otro arcada llena de sangre, pero sus inquietantes ojos no se despegaban del pelinaranjo que escondía con su cuerpo al bebe
―¡ANA!―Grito desesperado, mientras retrocedía con el bebe en sus brazos
―…-Ana no vaciló esta vez, hizo una serie de movimientos con los brazos para finalizar con un talismán quemado
En el momento en el que el talismán desapareció la magia extraña desapareció y el cuerpo del peliazul colapsó sobre su propia sangre.
―Horo!―Grito la chica, acercándose rápido y colocando al peliazul de lado cuando una nueva arcada lo atacó―¿Qué fue lo que sucedió?―No entendía lo que había sucedido, pero durante unos minutos no había sido Horo ni tampoco entendía porque su cuerpo se estaba deteriorando a esa velocidad ni porque motivo.
―Trata de curarlo y te explico― Si era posible su semblante estaba aún más blanco. El miedo que sintió calaba sus huesos. Él había visto al niño
―...―No se lo tuvieron que repetir, Horohoro estaba realmente mal
―Lo que acabas de ver es la manifestación del poder de Tenshi, el padre de Naga, no me preguntes como pero es el padre de Ren. No se que hizo o como lo hizo. El punto es que Tenshi tiene en sus manos a Ren y trató de activar su conjuro de control.
―Pero Horo estaba conectado a Ren...―Comentó vacilante al ver un rictus de dolor en el traslúcido rostro del peliazul, mientras lágrimas mezcladas con sangre salían de sus ojos
―Obviamente él se dio cuenta, por lo cual busco la magia extra que estaba obstaculizando y desvió el hechizo casi en su totalidad en Horo. El hechizo es para alguien como Ren no para Horo, tanto su magia como su cuerpo se estaban resistiendo a como diera lugar.
―Ren...―Susurro con la voz ahogada, la mueca de dolor en su rostro se acrecentó al igual que las lágrimas
―Si no rompíamos la conexión, moriría―Resoplo abatida
―Ahora Ren es completamente suyo― Sentenció lleno de ira mientras intentaba apaciguar el llanto desesperado de Izumi.
Continuará.
