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Capítulo 1

La Obra Maestra

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El pequeño rubio se encontraba moviendo sus piernas al ritmo de una canción que el mismo tarareaba viendo a la pelo morada enfrente suyo… completamente cubierta de polvo, heridas, y lo que parecían quemaduras, ella le daba una mirada de muerte a la cual el pequeño respondía con una enorme sonrisa—Neeee… creo que gane, ¿no, sensei?

Que dijera eso de una manera tan inocente hacia molestar en gran medida a Anko, junto al hecho de que estaba literalmente sacudiendo los cascabeles de su prueba… bueno, la prueba que le había robado a Kakashi. El asunto radicaba en que el mocoso estaba burlándose de ella abiertamente… considerando que estaba con un brazo directamente puesto alrededor de una venda por tenerlo inutilizable por los clones explosivos que había usado, ella no podría decirle nada en esos momentos—Supongo que… ustedes pasaron— declaro la Mitarashi a regañadientes.

El pequeño pareció parpadear repetidamente ante esas palabras—"¿Ustedes?" Qué curioso, no recuerdo haber visto a ellas dos haciendo algo— mencionó el rubio antes de simplemente encogerse de hombros—. Bueno, supongo entonces que será un gusto ser su compañero de equipo.

Naruto se encontraba sentado sobre un tronco en medio del campo de entrenamiento, con sus dos compañeras igualmente paradas a los lados de él, viéndole confundidas y asombradas, no hace más de una hora había dejado a su maestra completamente noqueada, aunque le había dado primeros auxilios, no significaba que no había sido algo… diferente de ver como un niño había sido capaz de vencer a una Kunoichi hecha y derecha.

Las palabras de que ninguna había hecho nada las crisparon, pero antes de poder objetar, el pequeño salto del tronco y se sacudió la camisa blanca que llevaba, teniendo algo de sangre de la pelimorada todavía encima—Bueno, ya se me va a hacer tarde para regresar a casa, les veo después.

—Espera moco… Naruto— se corrigió Anko—. Todavía me debes una explicación acerca de quien es tu padre.

—Creo que nuestro Hokage le puede explicar mejor eso que yo, sabe mucho, ¡mucho más que yo!— declaró el Ojiazul con una enorme sonrisa en su cara mientras empezaba a correr, a una velocidad normal para un niño, cabía aclarar.

—¡Eso no es de lo que…! Ugh…— Anko no pudo seguirlo pues cuando sus pies trataron de mover su cuerpo rápidamente, los músculos de todo su cuerpo se habían quejado en consecuencia de eso.

El rubio siguió corriendo a igual velocidad, los campos de entrenamiento estaban fuera de la aldea así que tendría que correr mucho, y aun así, al llegar pocos minutos después a las calles de Konoha, ni siquiera parecía agitado. Viendo a las personas a su alrededor, pasando a comprar algunas cosas como comida y revistas, para luego ir a la sección económica media de la aldea.

Llegó hasta unos departamentos de aspecto normal y subió las escaleras de un salto, casi perdiendo el equilibrio al llegar de una al ultimo escalón para seguidamente recobrar la postura e ir hasta una de las habitaciones.

El pomo de la puerta pareció brillar en circuitos de color morado antes de que el pequeño le diera la vuelta y entrará.

Allí había… prácticamente nada.

Lo único que destacaba en el cuarto era un futon en el suelo, las paredes eran de color blanco grisáceo y el suelo era de madera café, el pequeño rubio fue hasta el futon, se sentó sobre él y sacó de las bolsas que llevaba una bolsa con lo que parecían cajas con forma de robot a los cuales empezó a sacudir para luego abrir y sacar lo que parecían trozos de chocolate de ellos.

—Tengo que conseguirme una televisión— declaró al aire antes de vaciar el robot de chocolate sobre su boca y luego pararse—. Supongo que ahora que vamos a tener misiones debería empezar a organizar estás cosas— murmuró antes de poner una mano justo en la pared.

Una red de circuitos de Fūinjutsu se formó se repente en la superficie, para que una ranura de repente se abriera en la pared, en dónde el pequeño se levantó para ver lo que había en la pared.

Era un montón de pergaminos sujetados en estanterías, que se miraban por decenas al mismo tiempo que el rubio extendió su mano a una de ellas y saco varios de ellos al tiempo que sujetaba uno en particular de color azul y ponía Chakra sobre la superficie.

De allí salieron lo que parecían un par enorme de yoyos hechos de metal platinado y de color azul, con una fuerza que parecía igualmente de metal, y se los puso en los shorts que llevaba.

Seguidamente escucho como tocaban la puerta.

Parpadeo repetidamente antes de poner su mano contra la pared y que todo desapareciera, para luego ir a la puerta y desactivar la secuencia de sellos de seguridad que tenía en el cerrojo, y al abrirlo, el cabello de color rubio le hizo parpadear—Saki-san, ¿Qué le trae por aquí?— pregunto al ver a su compañera de equipo allí presente.

—Etto, bueno, yo quería hablar un poco contigo, fue impresionante lo que hiciste con Anko-sensei, quería preguntarte cómo lo hiciste.

El pequeño rubio se rascó la nuca al escuchar esas palabras—Bueno, para empezar, fui más rápido y listo que ella, lo normal— declaró el Ojiazul con una leve sonrisa que hizo parpadear a la rubia.

Junto sus manos e hizo una mueca con ellas hacia el pequeño de 11 años—Bueno… yo me esperaba de hecho una explicación un poco más… no se, concisa o algo.

—La mayoría de los Jutsus que uso no los puede usar una persona normal debido al gasto de Chakra— indico el Ojiazul de forma más tranquila.

Saki alzo la mirada, notando lo vacío que estaba el apartamento, generando una pequeña duda de parte de ella—Bueno… quisieras… ir a comer conmigo, ya sabes, para conocernos.

El niño se miro pensativo ante esas palabras—Creo que soy un poco joven para ir a una cita contigo.

La rubia se crispo—¡N-No me refiero a eso! ¡Eres muy joven para mí de todas formas! ¡Solo como amigos, para conocernos mejor!

Una risa fue la respuesta que obtuvo—Entonces allí si me parece bien, aunque no puedo decir mucho, solo nuestro Hokage puede revelar ese tipo de información, y no hay muchas personas que piensen que pueden obligar a que rebele ese tipo de información.


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—¿Cómo demonios es que ese mocoso es hijo de ese cabron?— fue la exclamación de Anko enfrente de un escritorio.

Quien estaba enfrente de ella, era otra mujer, de cabello rojizo y ojos morados, con un traje de Jōnin por debajo de una capa y sombreros de color blanco con bordes rojos.

Kushina Uzumaki suspiro ante mis gritos de la Mitarashi—Maldigo un poco que este cuarto sea insonorizado y que no deje salir el sonido— murmuró antes de mirar a la pelimorada—. Lo que escuchaste ya, ese pequeño es el hijo de Orochimaru.

—…Hijo como en… ¿El es su creador o algo?

—Hijo como en Orochimaru y una mujer cogieron y el resultado fue Naruto-kun— indico la pelirroja con neutralidad—. Ni yo misma me lo creí cuando me enteré de eso, pero aparentemente es sin duda algo que Orochimaru haría con su propia sangre, considerarlo como un proyecto más… o bueno, algo más.

Anko se quedó congelada al escuchar eso antes de inclinar la cabeza a un lado—…¿Haaa?

—El lo llamo "Sujeto" seguido de un número. Le dio otro nombre, Karamitsuki, según los informes que encontramos en donde estaba, es… la obra maestra de Orochimaru— hablo la pelirroja frotándose la frente.

—¿Obra maestra? ¿Ese niño?— pregunto Anko sentándose enfrente del escritorio con el ceño fruncido.

—El nombre, Naruto, se lo di yo después de que lo encontramos y fue rescatado— empezó a hablar la Uzumaki sacando de debajo de su escritorio un montón de archivos—. Según lo que los informes indican, tiene la posibilidad de usar el Mokuton, además de otras cosas como que puede que tenga una especie de unión con la serpiente blanca de la cueva Ryūchi.

—Es un niño.

—Y ese niño te venció— declaró Kushina seriamente—. Literalmente tiene sellos encima que lo suprimen de quien es, y aun así tuvo que ir suave contigo.

—Hizo que sus clones me explorarán en la cara.

—¿Tienes idea de cuantos puede hacer realmente? Sería una suerte que quedarán campos de entrenamiento— remarcó la pelirroja dándole los informes a Anko—. Te estoy dando esto porque eres tu mejor que nadie la que tiene que entender como es la situación del pequeño.

—Me estas pidiendo que confíe en el hijo del bastardo que arruinó mi vida.

—Te estoy pidiendo que cuides de un niño que ha sufrido por lo mismo que haz tenido tu, la única diferencia es que él apenas y tiene alguien en que apoyarse— declaró con severidad la pelirroja—. Un niño no es culpable de los pecados de su padre, no importa que tan horrendo a sido su padre, tu deberías saberlo bien.

—…

A Anko a veces se le hacía difícil olvidar que esa no era la misma Uzumaki Kushina que antes. Parecía más como una versión mujer y no arrugada de Sarutobi Hiruzen, después de que su esposo literalmente se sacrificara sellando al nueve colas, no es como la vida hubiera seguido continuando bien para ella.

Había perdido a su esposo, y ahora tenía que lidiar con toda la aldea queriendo manejar a su hija, generando que ella tuviera que hacer cosas que antes ni siquiera habría considerado.

Volverse la primer Hokage mujer y la Quinta de estos… era algo que ella habría creído antes que habría sido todo un logro y felicidad pues lo había soñado desde niña, pero como la mayoría de cosas había aprendido que sus sueños de niña no eran exactamente las cosas que realmente desearía ahora que era una mujer adulta y que el mundo era igual de adulto. Ahora tenía que lidiar con que la aldea se estaba volviendo un problema político—Naruto-kun no tiene nada, y se como es eso, la ultima vez que me sentí así fue cuando Minato murió y la primera cuando todo mi clan fue atacado. Ver como la mayoría de mis amigos y conocidos desde la infancia opinaban que deberíamos matarlo o lavarle el cerebro no me deja muchas opciones.

—Así que… ¿Quieres que cuide de él?

—Quiero que lo trates como un ser vivo, que es más de lo que realmente puedo decir que la gente le ha tratado en la mayor parte de su vida— declaró la Uzumaki—. Sobretodo porque ahora tendrá menos tiempo libre.

—¿Menos tiempo libre? ¿No deberías alegrarte que tenga tiempo disponible?— pregunto Anko alzando una ceja ante esas palabras.

La pelirroja nego—¿Cuánto tiempo entrenas diariamente?

—Bueno— la pelimorada se frotó el cuello—. Por el sello no puedo entrenar más de 1 hora sin sentir como hace que toda mi red de Chakra duela, así que… poco más de 30 días cada hora. ¿Cuánto entrena el niño?

—Cuando lo conocí, 20 horas diarias.

—…¿Disculpa?

—Página 27 del portafolio color azul, empieza a leer.

Anko empezó a leer.

Si uno eliminará las horas necesarias para las misiones, la alimentación, el descanso, la relajación y los pasatiempos personales, un Jounin normal entrenaba aproximadamente entre tres a cuatro horas al día, todos los días.

Algunos, los particularmente dedicados como Kakashi, entrenarían de seis a siete horas al día, todos los días. Los locos por el entrenamiento como Gai o Lee, quizás de ocho a nueve horas al día, todos los días.

Sin embargo, incluso los "locos" estaban limitados porque necesitaban interactuar con la gente.

Requerían una vida social, familia, deberes, obligaciones y responsabilidades que hacían que no pudieran entrenar más de nueve horas diarias.

Él no tenía ningún tipo de restricciones, y por lo tanto, veinte horas al día, cada solo día.

¿Qué tan duro fue su régimen de entrenamiento?

La mayoría de los shinobi no entrenaban hasta que colapsaron por el esfuerzo, se despertaron, consumieron sólo sueros nutritivos y drogas para mejorar su desempeño y se la comieron mientras entrenaba, y colapsaron nuevamente por el esfuerzo.

De hecho, la mayoría de los shinobi se entrenaron en cosas en las que ya eran buenos, se enfocaron en retener un nivel de habilidad que habían alcanzado, y su entrenamiento se estableció a un ritmo constante y repetitivo.

Ellos estaban entrenando para ser fuertes, pero no todos entrenaron para ser los más fuertes, para ser perfectos.

Se estaban entrenando para misiones, pero no todo el mundo se entrenaba con una misión en particular en mente.

Al final, con la excepción de una o dos personas, nadie se entrenó como si su vida dependiera de ello.

Él lo hizo.

—Por todo lo que aparece aquí el niño bien podría enfrentarse a Jounins.

—¿Te enfrentó a ti, no?

—Sabe de lo que hablo, Hokage-sama. Alguien así es peligroso, tiene este nivel de fuerza a esta edad, imagina cuando pase la pubertad… aunque me imagino que no es sólo por sus habilidades que me pides que lo cuide.

—…¿Qué crees que puede hacerle a la psique de un niño tener ese tipo de vida? Lo único para comparar sería a Kakashi con todo lo que ha pasado desde que su padre se suicido— declaró la pelirroja.

Anko se quedó pensando en eso—Parecía bastante vivas e infantil cuando lo conocí, como un niño normal.

—Parecía, es la palabra clave. No significa que lo sea… es como un Uchiha en eso, ve lo que hacen otras personas y lo copia, incluso en actitud… solo… solo espero que por lo menos tu equipo lo haga sentir menos encerrado en si mismo.

—Bueno… ¿Qué es lo peor que podría pasar?


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Naruto recordaba las expresiones que debía hacer.

En gente que le rodeaba, en gente que era arrogante, incluso en su propia compañera de equipo en esos momentos, notaba el movimiento de sus caras, el arrugamiento y forma de la boca, eliminaba las imperfecciones que esa expresión tenía y luego… sonreía.

Era muy diferente a las sonrisas falsas de los que trabajan como ANBU de Raíz.

La suya se miraba completamente genuina y feliz al mismo tiempo que comían Takoyaki juntos en la tienda favorita de Saki, parecía una hermana mayor con su pequeño hermanito comiendo felices y juntos.

Naruto por su parte, simplemente imitaba las expresiones tan bien como un espejo, eligiendo una actitud muy positiva, feliz, y en general que no se molestaba con nada.

En realidad, no estaba molesto por la actitud arrogante que sus compañeras y sensei habían mostrado antes, la forma de vida en la que había estado le evitaba comprender el significado de sentirse humillado o avergonzado en lo más mínimo.

Pero seguir actuando como un niño era lo que Hokage-sama quería que hiciera.

Quería que tuviera al menos un poco de infancia, que cuando menos, tratará de vivir una vida normal aún con un par de las anormalidades que tenía.

Naruto solo sabía que quería hacer a la mujer pelirroja feliz.

Eso era todo lo que le importaba.

Si reír viendo como a la rubia se le ocurría usar sus palillos en la nariz era algo que sirviera para hacer feliz a Kushina Uzumaki, Naruto lo haría sin ninguna forma de duda. Seguidamente, cuando terminaron de comer, ambos caminaban tranquilamente después de pasar un buen rato comentando de las cosas que les gustaban.

El pequeño no paraba de escuchar, sus ojos estaban viendo con absoluta atención a su compañera de equipo, que hablaba de sus gustos—Hay unas aguas termales que tienes que probar, después de la pelea que tuviste con sensei estoy segura que haz de necesitar un buen descanso.

El rubio no estaba ni por asomo cansado, pero aún así asintió con una sonrisa enorme en su cara, caminando con la Ojirroja a una edificación que era lo que ella había mencionado, y el pequeño se rasco la nuca recordando una cosa muy importante—Etto… probablemente debí preguntar esto antes, pero, ¿Te gustaría tener sexo conmigo cuando sea mayor?

Tan pronto como escucho esas palabras la rubia se quedó quieta en su lugar con la misma mueca sonriente que tenía antes de crisparse de golpe para ver al pequeño de 11 años todavía con esa mirada sonriente—¿Qué?— pregunto en un tono de voz seco y que hasta sonó demasiado grave para ser de una mujer.

El pequeño junto sus manos y empezó a hablar aún con la misma cara—Hokage-sama me dijo que cuando crezca, si tengo la oportunidad debería "sentar cabeza" que por lo que tengo entendido es una forma de como se llama el empezar a tener una relación con alguien, ahora mismo soy demasiado pequeño como para estar en una relación con cualquier persona.

—¡No puedes simplemente ir por allí diciendo eso¡ ¡Eres… eres un niño!

Naruto se rascó la cabeza, confuso—No comprendo, es exactamente por eso que lo digo, no estoy pidiendo hacerlo ahora mismo, sino cuando crezca, y nos conozcamos mejor

La rubia se le quedo viendo fijamente por lo que había escuchado, alzando un dedo para hablar antes de cerrarla de golpe y frotarse la cara, para luego tratar de hablar nuevamente.

Nada salía de su boca y el pequeño rubio sólo continuaba viéndola con una curiosidad enorme en su cara, y con una sonrisa igual de infantil e inocente que siempre.

Solo… le voy a seguir el juego.

—Bieeen, si cuando seas mayor todavía estas interesado, supongo que tal vez te podría dar una oportunidad, eres bastante lindo ahora mismo en todo caso— declaró ella sujetando la mejilla del pequeño rubio y pellizcándola levemente.

Eso hizo que Naruto se riera levemente y estirara un poco la espalda—Bueno, ya se esta haciendo un poco tarde por lo que tendré que ir a casa de nuevo.

—A… riesgo de sonar mal, no tienes padres por lo que se, no creo que tengas muchos problemas de quedarte fuera de casa, que de todas formas, todavía son las cuatro de la tarde, ni ha llegado la noche— declaró la rubia de ojos rojos confundida por esas palabras.

El pequeño se rasco la cabeza con una risa y cerrando los ojos—Bueno, no es exactamente que mis padres se preocupen por mi, pero algunos de los… que tienen lugares de autoridad como Hokage-sama terminan enviando algunos de sus soldados para atacarme si estoy fuera de casa por más de este tiempo— el pequeño junto sus manos, seguía sonriendo y viendo a otro lado, ante la cara sorprendida y confundida de la Ojirroja—. Y esta que matarlos a todos luego termina siendo bastante problemático, la sangre es difícil de lavar y la carne llega a lugares molestos al bañarse. Además de que si tengo que matarlos, quisiera que no fuera cerca de gente cerca o sino también tendría que matarlos para que no digan nada.

—¿Tu…tu matas gente?

El pequeño parpadeo, la voz temblorosa de la rubia le daba la señal de que tal vez había dicho algo malo—Bueno, mi padre me creo para matar muchas cosas y los Shinobi tienen que matar a un montón de gente— declaró con una sonrisa grande e infantil—. No te preocupes mucho pensando en ellos como gente, ya no lo son, técnicamente claro, sangran como todos. Solo que estos son más como… ratas… ¡o raíces malas que tienes que sacar!— explicó Naruto en todo momento manteniendo esa sonrisa que no se miraba en lo más mínimo maliciosa o tenebrosa.

—….— la rubia se quedo en silencio ante las palabras del niño de 11 años, quien luego vio a un lado notando como una sombra se movía entre los techos.

Luego agitó su mano enfrente de Saki como modo de despedida—Te veo cuando empecemos a tener misiones, esa es mi señal de que ya me tengo que ir.

Naruto se fue con una enorme sonrisa en su cara, antes de empezar a correr en la dirección en donde había venido, su hogar, rodeado de varias sombras siguiéndolo mientras mantenía la sonrisa de un niño inocente en su cara.

Al mismo tiempo, sus manos se encontraban afiladas como navajas.