Hola a todos. Espero que estén bien. Aquí les traigo hoy una historia (y posiblemente la única, quien sabe) de Konosuba como protagonistas a Megumin junto con Kazuma. Espero que les guste. Fue una idea que se fue moldean y que estuvo en mi mente mucho tiempo antes de decidir escribirla.

En fin, sin más que expresar, a leer.

Disclaimer

Todos los derechos de localizaciones y personajes pertenecientes al universo de Konosuba son propiedad de Natsume Akatsuki (escritor) e Kurone Mishima (ilustrador). La historia, sin embargo, si es de mi propiedad.


Una vida vivida, una vida perdida

Axel era atacada sin piedad por emisarios del ejercito del Rey demonio. Algunos de ellos llegaron sin miedo a morir. Todos eran antiguos seguidores de Wolbach y, al darse la noticia de su terrible muerte en el inframundo, hizo eco en sus corazones. No podían creer dicho destino cruel para una general de su calibre.

Los héroes del pueblo llegaban y defendían, atacando con todo su poder. Algunos monstruos estaban sorprendidos de las habilidades de sus oponentes. Para ser un lugar donde inician los novatos muchos tenían vasta experiencia, y no entendía por qué se mantenían en dicha localidad en vez de aventurarse a zonas más prospera de misiones principales (sorpresa se llevarían si hubieran sabido que se quedaban por los bellos sueños que le daban las Súcubos por precios más accesible que una cita de verdad).

— Oh, estos demonios vienen a atacarnos con ira. Seguro despedazarán nuestras armaduras y herirán nuestra carne con sus filosas armas. — Expresó Darkness con un leve sonrojo en su cara al ver la fiereza de las criaturas. — Muchas de nosotras seremos tomadas y trataran de romper nuestra voluntad mientras nos profanan y…

— No es tiempo para tus pensamientos masoquistas. — Indicó Kazuma, detrás de ella.

Sonando un chasquido, las criaturas se detuvieron. Abrieron un camino entre sus fuerzas, revelando al comandante de su ejército. Era alguien alto, delgado de aspecto buenmozo y, de no ser por los cuernos que sobresalían de su cabeza, pasaría por un humano normal.

— Ustedes mataron a nuestra amada señora Wolbach. Deben pagar el precio. — Precisó el comandante, apuntando su mano hacia Megumin.

El demonio era fuerte, más que el resto. Un solo ataque podía dejar casi al borde de la muerte a quienes se atrevieran a atacarlo de frente pensando que solo era un farol por su aspecto muy humano y normal. Aqua los sanaba apenas eran traídos por sus compañeros y así evitar cualquier tipo de baja en su presencia.

¡Megumin! ¡Megumin! ¡Megumin! escuchaba la maga carmesí a su espalda la voz de su compañero (y algo más que amigo, pero menos que novio). Esa repetición la desconcentraba.

— Deja de decir mi nombre tan repetidamente, Kazuma. — Declaró ella, algo molesta.

Kazuma parecía confundido con lo que acababa decir. No entendía por qué creería que la molestaría en un momento como este, más volvieron a la situación actual cuando veían que este comandante no parecía ser detenido por nadie de Axel.

Ella dio un paso al frente para detener la pelea y así, con todos en silencio, y con enemigo principal en frente, declaró:

— Yo soy Megumin, la maga carmesí que controla la magia explosiva, el hechizo definitivo. Yo maté a tu ama en una explosión que la hizo sonreír al verse superada.

— ¡Mientes! — Gritó con fiereza el demonio. — La señorita Wolbach era la más poderosa en controlar la magia explosiva. No una niña como tú.

— No soy una niña. Ya estoy en edad de casarme si quiero y tener bebés. — Refutó enojada. Estaba cansada que la siguieran tratando como una niña pequeña a pesar de todas sus victorias y ser quien ha dado el golpe final a muchos enemigos temibles.

— Pues, no creo que puedas amamantar a nadie si no hay pecho del cual agarrarse. — Con tono burlón, señaló al pecho de Megumin.

Sus ojos carmesíes se encendieron hirviendo de ira. Los aventureros que fueron a luchar dieron muchos pasos atrás lo más rápido que pudieran al sentir la energía desbordándose del cuerpo de la demonio carmesí. Así como su magia, su temperamento era muy explosivo y era obvio lo que iba a pasar pronto. Algunos del lado de los monstruos rieron ante el comentario de su señor, no prestando atención a lo que pronto pasaría. De hecho, aplaudían la buena burla ante una chiquilla insignificante.

La energía del maná de su hechizo estuvo lista para atacar sin piedad.

¡EXXXPLOOOOOOOSIIIÓÓÓN! — Gritó mientras su hechizo caía directo a él.

Tomado por sorpresa con la velocidad de ataque, él también utilizó el único hechizo que podría sacarlo de este apuro.

— ¡Teleport! — Gritó, temiendo no poder escapar del ataque a tiempo.

Ambos hechizos chocaron y se unieron, creando una reacción en cadena que hizo temblar los terrenos de Axel. Un agujero negro se formó cerca de la entrada y comenzó a devorar los ladrillos del muro, enemigos, y otros objetos tirados por los aventureros cuando se fueron.

Megumin cayó como era costumbre y ante su mala suerte iba directo al agujero negro. Kazuma corrió y la agarró de la cintura con su mano derecha, a la vez que con su mano izquierda clavaba a Chunchunmaru al suelo, tratando de evitar ser absorbidos. Lamentablemente, la fuerza que tenía este aventurero nini no le bastó y ambos fueron tragados en un vacío de oscuridad infinita cuando la espada se desprendió por la poca profundidad a la que fue clavada.

¡Despierta, Megumin! ¡DESPIERTA!

Escuchaba a lo lejos la voz de Kazuma, rogando casi en un tono triste y melancólico. Ella abrió los párpados lentamente, pero tuvo que poner su mano encima de sus ojos para no se cegada por el fuerte sol.

— Ya desperté, Kazuma. No tienes que seguir gritando. — Expresó, recomponiéndose. Ya su maná era suficiente para valerse por sí misma.

— Nadie gritaba. — Indicó confundido.

— No tienes que fingir. Sé que gritabas mi nombre. — Dijo ella. — Despierta, Megumin. DESPIERTA. Decías casi llorando. — Imitó la voz de Kazuma en tono de burla.

— Oye. Puede que esté preocupada por ti, pero no tanto. — Declarando estas palabras, ella parecía molesta.

Con su báculo se acercó a él con la intención de golpearlo.

— Ohhh, así tratas a la chica con la que eres más que amiga, pero menos que novia. — Exclamó lanzándole golpes al aire.

Kazuma pudo evitarlos sin problema. Llegó a quitarle su preciado báculo y cuando se disculpó, él se la devolvió.

— No salgas con eso ahora. Mira donde estamos. — Le recriminó ya estando más calmada, señalando la zona.

— ¿Qué lugar es este? — Inquirió ante lo que veía.

— Un desierto. — Respondió él.

— Eso lo sé. Me refiero, ¿dónde exactamente? ¿en qué país?

— Y cómo quieres que yo sepa eso. Ni siquiera he memorizado las localidades del reino en que vivimos y quieres que sepa los de otros. — Expuso Kazuma, rascándose la cabeza.

En silencio se volvió incomodo entre los dos hasta que ella dijo:

— Inútil.

Al ver que su compañero no le era de ayuda para ubicarse, las cosas no pronosticaban nada bueno.

— Me llamas inútil. ¿No eres tú la prodigio del clan de los demonios carmesí? — Encaró Kazuma, señalándola con el dedo.

Acariciando las partículas de arena, Megumin percibió algo que no estaba bien.

— Este desierto es extraño. — Declaró, dejando caer la arena.

Sabiendo que quedarse quietos no los ayudaría en nada, caminaron en dirección recta muchas horas antes que la noche cayera. Encontraron en su camino los restos de los monstruos enemigos, pero solo sus armaduras y armas manchadas de sangre ya seca. No había cuerpos a la vista.

Con restos de armaduras hechas de madera, Kazuma encendió una fogata para pasar la noche.

— Ten. — Le entregó un pan de los pocos que había cogido antes que sonara la alarma mientras desayunaban.

— Come tú. Los magos carmesíes estamos acostumbrados a pasar días enteros sin probar bocados y seguir igual de fuert... — El rugido de su estómago delató su real estado y no pudo seguir con las exageraciones de su clan.

Aceptó con pena el pan de Kazuma y lo comió. Gracias al Create Water pudieron tomar bocanadas de agua, sin agotarle mucho su maná.

Bostezando, ya era hora de dormir pues el día de mañana sería tedioso mientras buscaban algún signo de vida que les ayudara o alguna zona de la que resguardarse antes que las pocas (míseras, mejor dicho) provisiones se les acabasen.

Ella vio temblar a Kazuma por la fría noche que la fogata no podía contrarrestar. Pensó con malicia y se paró, caminó a su lado y se dejó caer encima de él durmiéndose cómodamente ante el latido de su corazón. Kazuma quiso oponerse por no ser el momento ni lugar para continuar lo que han desarrollado estos últimos meses, pero viendo lo dulce de su rostro no le dijo nada (era su nuevamente momento de suerte).

— ¡Megumin! ¡Despierta!

Ella abrió los ojos ante la petición de Kazuma, pero él seguía dormido. De hecho, ahora él la abrazaba suavemente. Sintió como su rostro se ruboriza. Pensó por un momento que, si Kazuma no hiciera tantas tonterías, tal vez habrían avanzado un poco más en su relación.

Un fuerte movimiento lo hizo despertar. Él se ruborizó al tenerla tan cerca. Se pararon con los rostros un poco rojos y miraron hacia donde vino el movimiento.

— Enemy detected. — Usó su habilidad y los pudo ver.

A lo lejos unas criaturas corrían hacia ellos. Eran una especie de gusanos con cuerpo de lobos. Su boca se abría revelando cientos de mortíferos dientes. Se metían en la arena y salían de forma veloz, ganando velocidad.

— Wind Breath. — Lanzó un remolino que confundió a la criatura, dando oportunidad de esquivar sus ataques.

Kazuma hizo esto varias veces, desmembrando a una y esperando el momento justo para dar el golpe final al otro.

— Snipe (Disparo). — Chunchunmaru salió volando como un proyectil y cortó la cabeza (si se le puede llamar así) de la criatura.

Sin más peligro, se acercaron a los monstruos para inspeccionarlos.

— Estos Worf no son tan peligrosos. — En el rostro de Megumin había confusión después de estas palabras. — Como tiene apariencia de Wolf (lobo) y Worn (gusano), por eso se llamarán Worf. — Terminó de aclarar.

Volvieron a acostarse luego de esperar algunos minutos a ver si más Worf aparecían de improvistos. Esta vez, durmieron más juntos, sin pena. Sus miradas se quedaron fijas hasta que el sueño les ganó

El día siguiente, después de más horas de caminata y de batalla contras los Worf, llegaron a un pequeño oasis. El pasto verde y brillante crecía alrededor de los muchos charcos de agua que allí se hallaban. Era cristalina y su olor dulce. Bebieron saciándose de la sed después de tanta lucha (especialmente Kazuma).

Una de las rocas medía un poco más de tres metros de alto y cuatro de ancho; estaba hueca, perfecta para pasar las frías noches. Los arboles eran variados; algunos eran frutales y otros solo servían para dar fresco.

— Creo que podemos quedarnos aquí hasta que llegue ayuda. — Planeaba Kazuma, feliz.

— Ahh. — Exclamó la demonio carmesí frunciendo el ceño. — Incluso en un lugar como este quieres hacer de vago.

Las palabras le hirieron en lo más bajo de su ser.

— No es nada de eso. — Se defendió Kazuma. — No tenemos materiales para llevar el agua con nosotros; y aquí hay suficiente para sobrevivir mientras esperamos que pasen personas.

Ante esa lógica, Megumin solo preguntó:

— ¿Y cuánto tiempo tomará eso?

— No creo que mucho. Mira la cueva. — Señaló él.

— La veo. — Prestó ella más atención hasta que captó lo que quería decir. — Su interior es muy simétrica.

— Lo que significa fue hecha de forma artificial, así que este lugar tendrá algún dueño o tal vez caravanas de comerciantes pasan por aquí.

— Eres muy astuto.

Kazuma sonrió al ver la admiración de Megumin. Pequeños momentos de gloria que disfrutaba.

Esa tarde se bañaron juntos (cosa que no era rara entre ellos), dejando puesto solo la ropa interior. Lavaron en otro de los charcos de agua cristalina la ropa y recogieron frutos que saciaron sus estómagos.

Kazuma enfrentaba a los bestias Worf días tras día. Por su lado Megumin siguió usando su magia de explosión todas las mañanas (estar varados en medio de un desierto inhóspito no era excusa para dejar de lado su mayor afición).

Desde entonces, los minutos se convirtieron en horas; las horas se convirtieron en días; los días en semanas; las semanas en meses; tres meses atrapados en aquel lugar.

— ¡¿Dónde demonios están?! — Gritaba Kazuma a los cielos con molestia. — ¡Aqua, diosa inútil!

— Tu mismo lo dijiste. Podríamos estar en otro reino y ellos no sabrían dónde buscar en primer lugar. — Volvió a recordarle, comiendo ella una jugosa manzana.

— Sí, se lo que dije, pero tienen ayuda. Mi pequeña hermanita Iris debe estar mandando tropas a todas partes para buscarme; Vanir debe estar usando su clarividencia, elevando los costos con cada segundo que pasa para crear su gigantesca mazmorra; La diosa Eris-sama…

Silencioso, pensativo, sacó a Chunchunmaru y una idea tenebrosa pasó por su mente después de recordar a la diosa que siempre lo espera cuando su vida llega a su fin de forma abrupta.

— Me suicidaré para hablar con Eris-sama. Así podrá averiguar dónde estamos, decírselo a Aqua y nos encontraran.

— ¿Estás loco? — Golpeó Megumin la espada y le dio una cachetada. — Aqua no está aquí para revivirte. ¿Qué pasaría si para cuando llegue tu cuerpo estuviese desecho y no pudiera traerte de vuelta? — Inquirió frunciendo aún más el ceño, furiosa. — Yo no podría vivir sin el hombre que…

De golpe, ella perdió la conciencia. Esa misma sensación fría, cuando luchaban contra el comandante demonio, cuando despertó en medio de la noche y otros días más atrapados aquí, en medio de la nada, volvía a molestarla. Le aterrorizaba no entender su significado y porque la golpeaba de pronto.

— Hola. — Saludó Kazuma cuando abrió sus párpados.

Sostenía su mano y la acariciaba con rapidez, calentándola.

— Deja vú. — Sonrió ella, soltando una risa. El temor de que rondo por su cabeza se desvaneció tan rápido como apareció, como si solo fuese un sueño que no pudiera uno recordar al despertar.

Viendo Kazuma lo que hacia él tampoco pudo evitar soltar una carcajada.

— Sí, solo que sin tu madre tentándome a que te haga algo.

— Mi mamá no necesita tentarte. Tú no tienes el valor de pasar esa línea.

Recalcando este hecho, hiriéndolo. Kazuma se levantó, tomó aire y dijo.

— ¿Crees que no tengo el valor? Si dices cosas como esa no me lo pensaré dos veces en aprovecharme de ti.

— Has tenido tres meses para hacerlo. — Dijo, dejándolo a él sin habla. — Te he visto por las noches levantarte. Usas tus manos; la izquierda es tu favorita para terminar el trabajo.

Kazuma parecía un fantasma de lo pálido que estaba.

— Eso es ilegal. Viola mi privacidad.

— No cuando oigo que dices mi nombre. — Indicó ella con una sonrisa.

Otra vez, la piel de Kazuma volvió tan blanca como un espectro.

— Apestas. — Dijo ella, olfateando y tapándose la nariz.

— Te defendí de los Worf mientas estabas desmayada. Es natural. —

— Vamos bañarnos en ese caso. —Indicó ella después de oír como él explicaba la peste de su aroma corporal.

Parándose, comenzó a quitarse las partes de sus prendas, quedando en ropa interior. Duró unos segundos quieta antes de decir:

— Es mejor que no tengamos nada, para poder limpiarnos mejor.

Luego de esto, entró a una de las charcas de agua y allí, ocultado su cuerpo, se quitó sus prendas íntimas y las lanzó a lo lejos. Sonrió a Kazuma, esperándole.

Kazuma dudó un segundo, pellizcándose para comprobar que no era alguna ilusión. Él entró, ya sin nada puesto (si tuvo vergüenza que ella le viera su miembro agitarse mientras iba caminando para meterse, lo ocultó muy bien). Respiraba agitadamente mientras se acercaba más y más.

Megumin hizo una seña para que se diera la vuelta. Le acarició espalda con su propio cuerpo para quitarle la suciedad de la arena. Kazuma no pudo resistir ante su toque y giró, viéndola de frente. Su cuerpo era lindo. Aunque no era tan desarrollado como el de Darkness, Wiz, Yun Yun o incluso Aqua, tenía su encanto. La acarició mientras sus rostros se acercaban más y más.

— Te amo. — Declaró él.

Ella no supo que hacer. No esperó que Kazuma tuviera el valor de decir estas palabras. No solo eso, sintió el dulce sabor de sus labios tocar los suyos.

El baño duró unos minutos, antes de salir e ir corriendo desnudos a la cama que fabricaron con las hojas de los árboles. Allí, hicieron el amor con un poco de vergüenza, acostumbrándose como cada uno a los puntos sensibles del cuerpo del otro. Se dieron placer hasta que llegaron muchas veces al clímax y ya no pudieran seguir más.

Megumin durmió feliz con el hombre que amaba. Su calor la reforzaba; la hacía sentir segura.

Un mes más pasó desde aquel día; día el cual por primera vez comenzaron ya una relación formal. Mientras pasaban el rato se besaban, hablaban un poco más de sus vidas, antes de conocerse y cuáles eran sus gustos. Lo que desconocían uno del otro poco a poco se fue desvaneciendo, casi sin secretos entre los dos.

Y por supuesto, obviamente, lo hacían a cada rato. Cada que no tenían más que hacer (pelear contra los Worf, comer, bañarse, hablar o vigilar si alguna caravana pasaba cerca), uno llamaba al otro para tener intimidad; ya sea Megumin desnudándose y saltando frente a él para ver su expresión de asombro; o por parte de Kazuma, que la agarraba, la cargaba y la llevaba corriendo a la cueva rápidamente igual que un animal después que atrapa a su presa. Era un juego que ambos disfrutaban.

— ¡Megumin! — Gritó Kazuma una noche al verla levantarse de la cama agitadamente.

Corrió alejándose lo más posible de la cueva, vomitando la cena.

— Ya van tres veces el día de hoy. — Declaró Kazuma.

Megumin pensó algo y contó con los dedos de su mano antes de darse la vuelta.

— He tenido un retraso de 5 días. — Dijo, no pudiendo evitar sonreír con antelación. — Estoy embarazada.

Kazuma sonrió a más no poder, sobando la panza de Megumin con ternura. Dentro de ella estaba el fruto de su amor. Desde entonces, los días pasaron más rápidamente. Kazuma se las ingenió para mejorar su "hogar", creando una nueva cama para el bebé que venía. La hizo más acolchada e hizo un sistema de seguridad a base de cuerdas de hojas para prevenir que los Worf se acercaran más de lo debido al oasis.

Su vieja capa se convirtió ahora en la sábana que le pondría para abrigarla. Por su lado, Megumin comía el triple de costumbre, lo que hizo que la caza de los Worf fuera en aumento. Podían verse feos por fuera, pero su carne era muy apetitosa (y más ahora).

Lo más difícil no fue los antojos que aparecían en medio de la noche, exigiéndole frutas o carne; era el querer hacer su magia explosiva. Él se negó rotundamente. Los primeros dos meses lo aceptó, pero al verla muy debilitada se lo prohibió, drenando levemente su maná con el Drain Touch para que no intentara utilizarlo en secreto. Eso sí cada que ella gritaba ¡EX-PLOOOOOSIÓÓÓN! él lanzaba muchas rocas que recogía al aire y hacia una imitación del sonido explosivo. No era lo mismo, pero eso la calmaba de querer hacer explotar todo.

Sin aviso, las contracciones y los dolores de parto llegaron. Tardaron alrededor de muchas horas desde que la fuente se le rompió y dijo que no podía soportar más parada hasta que dio a luz a la criatura. En todo ese tiempo gritaba de dolor, agonía y maldecía a Kazuma por dejarle tomarla muchas veces ya sea de día o de noche.

— Es una niña. — Expresó Kazuma, limpiándole la placenta de su cuerpo y cortando el cordón umbilical.

Soltando un llanto, la bebé parecía estar en perfecto estado.

— Mi hija ha nacido. Este es un día explendido. ¡Desde ahora en adelante esta bella criatura hecha entre nosotros dos llevará el nombre de…!

— Komequi. — Interrumpió Megumin, amamantando a su recién nacida.

Kazuma quedó petrificado. Tanto tiempo esperando este día. Noches en vela cuidando y pensando en el nombre apropiado idos a la basura.

— ¡Ahhh! ¡¿Por qué siempre me ganas los nombres?! — Refunfuñando él, Megumin se reía.

Para el hombre con las estadísticas de suerte más alta, estas no eran nada junto a la maga carmesí dando nombre a lo que tuviera cerca.

Derrotado, toda esa noche él quedó vigilante. Caminaba de un lado a otro. Limpiaba el pañal de tela (hecha con parte de la capa de Megumin, cortada en unos pedazos) y se aseguraba que su hija estuviera bien limpia. Siguió así hasta que cayó rendido por la falta de sueño.

Por el lado de Megumin, el pulso que sentía hace meses volvía de vez en cuando. El temor la invadió y una oscuridad la tomó. Oía su nombre gritado por Kazuma. ¿Por qué le ocurría esto? Eran sus pensamientos profundos en su mente buscando el significado.

Despertó aterrorizada, pero los otros dos dormían tranquilamente, con el sol apenas saliendo por el horizonte. Mantuvo en silencio su situación, ocultándolo de Kazuma. Tenía cosas más importantes por las que preocuparse ahora como madre primeriza que por una simple sensación que iba y venía.

Al cabo de un año de cuidados y protección, viendo a la pequeña Komequi crecer, dar sus primeros paso y aprender sus primeras palabras (y mantenerlos en velas las primeras semanas cuando era una bebé indefensa y muy glotona), llegó un momento que no todo era alegría. Llegó un día que ella quiso detener a Kazuma de un plan que ya venía ideando con el pasar de los meses.

— Por favor, no te vayas. — Pidió Megumin, tratando de quitarle los pequeños objetos en una bolsa artesanal que Kazuma hizo con las hojas y las ramas.

— Tengo que hacerlo. Ya llevamos casi dos años. — Logró soltarse sin esfuerzo de las manos de ella. — Tengo suficiente agua para un camino largo de ida y vuelta (si no llego a encontrar nada).

Megumin negaba con la cabeza, no queriendo que se fuera de su lado.

— Quiero ir contigo. — Trató en última instancia.

Si convencerlo de quedarse era inútil, al menos la probabilidad que le permitiera ir con él era mayor.

— No. — Negó él, manteniendo una distancia entre ellas.

— Megumin. Tú y Komequi son mi mundo. Moriría si algo les pasara.

— ¿Y qué hay de nosotros? ¿Qué pasa si te vas y nunca vuelves? — Le devolvió entre lágrimas.

— Hay que arriesgarse. — Dijo Kazuma con firmeza.

Caminó alejándose de las mujeres que amaba: su mujer e hija. Caminó recto, manteniéndose como un héroe solitario, frío y con determinación. Estaba listo para enfrentar todo enemigo que arriesgara su vida; todo con el objetivo de salvar a su familia y lograr su propósito. Llegaría hasta el final para llevarlas nuevamente Axel (o una población civilizada como mucho).

— Papi. — Fue todo lo que bastó por parte de Komequi para detenerlo. Solo decir esta palabra con un tono triste al borde del llanto.

Kazuma giró y reveló su cara empapada en lágrimas y mocos (la imagen de héroe profundo se derrumbó). Corrió devuelta junto a ellas y las abrazó. Lloró como un bebé que no siente a sus padres cerca. No quería soltarlas por nada del mundo.

— Tenemos que salir de aquí, pero no tengo el valor de dejarlas. — Dijo después de estar más calmado.

— Cuando tenga diez años nos iremos de aquí. A esa edad yo sabrá defenderse como lo hace su increíble padre. — Sugirió Megumin.

— Ese es el plan. Te lo juro. — Aceptó Kazuma, besando sus frentes y volviendo a la cueva. Allí pasaron todo el día, en familia.

Los días, meses y años comenzaron a pasar. Megumin y Kazuma veían con alegría el crecimiento de la pequeña Komequi (ya seis años de edad). Aunque no se le podía enseñar magia u otras habilidades, con que supiera hacer cosas básicas por su cuenta era más que suficiente.

— Quiero ser una aventurera igual a papi cuando obtenga mi tarjeta de puntos. — Expresó ella, después de ver como su papá vencía a cuatro Worf que aparecieron en los alrededores.

Imitándolo con un palo, lanzaba golpes al aire y hacia sonidos de derrotar monstruos. Era divertida y adorable de ver.

— ¿Quieres partirle el corazón a tu mami? — Indagó Megumin en tono burlón. — ¿Qué hay de la magia explosiva? ¿No te gusta?

— Es bonita de ver, pero es algo inútil. — Dijo Komequi.

Vacíos como el espacio, los ojos de Megumin mostraban como su alma estaba derrotada, perdiendo el sentido de su vida al oír como su primogénita consideraba de inútil el poder por el que ella se sacrificó tanto en dar sus puntos de experiencia.

— Sin la magia de tu mami, muchos monstruos me hubieran destruido hace mucho tiempo. — Intervino Kazuma. — Con una sola explosión podía derrotar a los generales del Rey demonio. ¿Qué más podía pedir un aventurero novato como yo?

Pensando en las palabras de su papá, Komequi agarró el sombrero de su mamá y tomó una pose habitual en los demonios carmesí, con su espada (la rama) en alto.

— Mi nombre es Komequi, la hechicera espadachina más poderosa de todas. Aprender todo tipo de magias y ataques con armas es mi destino.

— Creo que cuando volvamos Yun Yun se va a sentir celosa al ver que alguien quiera ser más grandiosa que ella. — Bromeó Megumin, abrazando y acariciando a su hija.

Tal vez no seguiría sus pasos, pero ya su actitud parecía perfectamente como una maga del clan de los demonios Carmesí.

Ya esa noche, durmiendo Komequi como una angelita, Megumin fue hasta el "taller" de su hombre. Allí estaba todos sus intentos de mejorar la estadía en el oasis: hamacas, abanicos para refrescarse de los días más calurosos, sillas para sentar; y otros cachivaches que nunca funcionaron por falta de piezas.

— No te escuché llegar. — Dijo él, besándola en los labios.

— No quería molestarte.

Megumin tomó uno de los cocos y lo examinó.

— Son muchos cocos agujerados. — Declaró, devolviéndolo junto al resto.

— Son para guardar toda el agua que podamos. Mientras más tengamos nuestro viaje durará más días.

Ella se le acercó y lo abrazó por la espalda.

— Tengo suerte de que te hayas hecho más musculoso en estos últimos años. — Dijo, apretando sus músculos.

— Y yo tengo suerte que tus pechos hayan crecido un poco más.

La feliz cara de Megumin se volvió instantáneamente a una asesina, brotándole llamas en sus brillantes ojos carmesí.

— Dijiste que te gustaban mis pechos, aunque eran pequeños. — Declaró apretando los dientes.

Kazuma tomó a Chunchunmaru (ya algo desgastada con tantos años de usos) y la apuntó hacia Megumin, temblando de miedo.

— No te asustes. Yo también estoy feliz que crecieran. — Rio ella después del susto tremendo que le pegó a su hombre.

Masajeaba y apretaba sus senos juntándolos para que se vieran más grandes (cosa que antes le era imposible) como un regalo de consolación. Kazuma se les quedó viendo hipnotizado, casi babeando por ellos, dando gracias internamente.

— He estado rezando a Eris-sama. Rogando para que lleguen a nosotros. Pero siempre será inútil. — Dijo. — Cada día que pasa se va acercando la hora de que salgamos y encontremos a nuestros amigos.

Megumin no dijo nada, solo asintió. Desde el día que Kazuma casi se fue en busca de ayuda, comenzó a rezar todos los días. El miedo no solo era morir, ahora con su pequeña hija las cosas eran más duras. Decidir qué hacer le aterraba y solo deseaba un milagro que les evitara una larga travesía de la que no tenían seguridad si triunfarían al final.

Después de minutos Kazuma bostezó luego del largo tiempo de trabajo diario.

— Volvamos a la cama. — Indicó Kazuma, parándose.

Megumin lo detuvo, sosteniendo su mano.

— Komequi está durmiendo. Unas horas más, solos tú y yo, no nos hará daño. — Dijo con una sonrisa pícara.

Él sabía que querían decir esas palabras. No tardó en apagar las pequeñas llamas y acostarse a un lado de sus inventos. Allí hicieron el amor un par de horas antes de volver junto a su tierna hija (bañándose y quitándose el sudor antes de eso).

Otro día comenzaba, nada parecía que iba a ser diferente. Kazuma vigilaba los alrededores, Megumin le enseñaba a Komequi como una maestra a una alumna lo básico (como escribir bien — haciéndolo sobre la arena—, el significado de palabras importantes y demás temas); pero en medio de la lección ella sintió algo en la arena. Agarró los gramos y podía sentir que un mala augurio se acercaba al ver como se movían con lentitud en su mano, como si estuviera con vida. Tembló de miedo cuando el frio la atacó de nuevo; otra vez el mismo que ha tenido desde que comenzó la batalla en Axel y la ha seguido hasta aquí; ese mismo frio que la quiere arrancar de este mundo y llevarla a quien sabe que oscuridad de la cual nunca pueda escapar.

— Mami, ¿qué pasa? — Preguntó Komequi, asustada del estado de su mamá.

— ¡Kazuma! — Gritó Megumin aterrorizada. — ¡Kazuma!

Trató de advertirle a su hombre al otro lado del oasis, pero fue muy tarde. Un gran montículo de arena de varios metros se formó y tomó una apariencia física humanoide.

Kazuma usó Wind Breath, buscando desmoronarla. Las partículas de arena ya estaban muy unidas por lo que el ataque no surtió efecto. Él tomó la decisión de volver junto a Megumin, que ya corría a su dirección cargando a Komequi en sus brazos.

—Hola, amigos. — Se oyó decir al montículo.

Su forma y los colores tomaron una apariencia que les era familiar.

— ¡Tú! — Dijeron Kazuma y Megumin al mismo tiempo.

— Así es. Soy yo. Un duque del infierno — Declaró en comandante que habían enfrentado hace ya años atrás en Axel. —, lugar donde se hayan.

— Imposible. — Expresó Kazuma. — Aquí no hay almas en penas ni torturas ni…

El demonio soltó muchas carcajadas ante la negativa de Kazuma.

— ¿En serio crees que todos los infiernos son tan clichés? — No paró de reír. — Este es mi pequeño reino. Lo moldeo al gusto que quiera.

Su entorno cambió súbitamente con un chasquido de su parte. El desierto que tanto les era familia ahora era un monte helado que les lastimaba su piel expuesta. Chasqueando otra vez, ahora era una zona montañosa, con lluvia cayendo a cantaros. Otra vez, cambió y el aspecto era la misma descripción que pocos segundos antes especificó Kazuma, con cuerpos colgando de cadenas. Megumin tapó los ojos y oídos de Komequi, evitando que se traumara ante tal barbarie de agonía.

Nuevamente, con un último chasquido, volvieron al oasis en el desierto.

— Casi me destruiste con tu poderosa explosión, pero recuperé mi fuerza poco a poca regenerándome aquí en mis dominios. — Declaró señalando a Megumin.

— Vienes por venganza. — Dijo ella manteniendo una pose firme.

El demonio sonrió con malicia antes de decir:

— Al contrario, te agradezco muchísimo lo que hiciste.

— ¿Por qué? — Preguntó ella.

— Porqué ahora que están en mi reino me divertiré con vuestro sacrificio.

Kazuma se puso frente a Megumin y miró al demonio. Sus ojos estaban en llamas, no les gustaba el haber oído "sacrificio" en esa oración.

— Les recomiendo que dejen a la pequeña. — Sugirió el demonio. — Cada grano de la arena es una parte de mí. He sentido sus muchas noches de placer, así que hacer un nuevo bebé no les será difícil. —

— ¡Pervertido! — Gritó Megumin, sintiendo asco de imaginar que todas esas noches él miró lo que hacían.

— Jamás te dejaré a mi hija. — especificó Kazuma, apuntándole con Chunchunmaru.

Él se mantuvo firme, sonriendo con malicia. Degustando la desesperación que se preparaba en sus cuerpos.

— Entiéndanlo, humanos. — Avisó con una sonrisa aún más grande. — Sin un alma con el que yo me quede, todos ustedes nunca saldrán.

Megumin ahora se paró enfrente, apuntándole con el dedo.

— Kazuma y yo pelearemos hasta…

— Quédate conmigo.

Megumin quedó petrificada al oír estas palabras que la interrumpieron. No entendía por qué las dijo; él no era así.

— No podemos ganar. No podemos engañarlo. Solos tu y yo no lograremos nada, excepto que este monstruo nos mate y se quede con nuestra hija.

Kazuma le entregó la espada a su pequeña hija. Ella la tomó, comenzando a llorar.

— Papi.

— Komequi, eres mi mundo. Dese él día que naciste eras, junto con tu mamá, lo mejor que me ha pasado. — la abrazó por última vez y se despidió con un beso en la frente — Te amo.

— Nunca olvides que te amo, Megumin. Quiero que sepas que lo que estoy por hacer lo haría todas las veces que fuese necesario solo para salvarlas. — La besó apasionada mente. — Megumin, cuida a nuestra pequeña. — Dijo, despidiéndose.

— Yo también te amo, Kazuma. — Lloraba, resbalándose las lágrimas por su rostro. — Prometo que la protegeré.

Separándose de su familia, Kazuma caminó hasta el demonio y espero su destino. Cientos de púas salieron de las manos de este y lo empalaron. Gritaba mientras era encerrado en un ataúd de acero que se formaba en la arena.

— Un trato es un trato. — Declaró, tragándose la arena el ataúd que apresaba a Kazuma. — No tengo la suerte de mi primo. Ese desgraciado logró obtener el alma de la hija nonata de esa pareja con la condición de que el mundo olvidara que el hombre era un superhéroe.

Viendo que Megumin temblaba y la niña de esta lloraba desconsoladamente, él solo dijo:

— Teleport.

Megumin y Komequi instantáneamente volvieron al mundo real. Después de tanto tiempo, la vista al cielo era igual, pero a la vez diferente. El demonio cumplió su palabra, las devolvió a su mundo; solo que no era necesariamente el mismo lugar del que se fueron. Nuevamente era una zona que no conocía, un enorme bosque, pero al menos sabía que no se hallaba en el infierno (los demonios siempre cumplen sus tratos, aunque los humanos son quienes les quedan mal).

Caminando, se encontraron con uno que otro monstruo. Lo que no esperaron es que ella sabía magia intermedia (sacrificó los puntos de experiencias que ganó matando uno que otro Worf a lo largo de estos años. Amaba la magia de explosión, pero amaba más a su hija).

Pero incluso con eso, no estuvo preparada para un problema extra: Komequi enfermó. Su cuerpo no estaba acostumbrado al nuevo ambiente. La fiebre invadía su cuerpo y perdía la sensibilidad de sus extremidades.

Megumin corrió grandes trayectos llevándola en su espalda. Desesperaba buscando algún camino que le permitiera encontrarse con quien fuese que pudiera ayudar a su hija; y lo logró. Saliendo del bosque, se encontró un aventurero, descansando en una carreta, que le era conocido; era casi tan pervertido, pero siempre en quiebra, como Kazuma.

— ¿Megumin? — Dijo Dust asombrado de ver a la ya no loli de los demonios carmesí despertándolo de su descanso.

Sin tiempo para charlar, Subieron a la carreta y aceleró su marcha.

— Mami. — Dijo Komequi casi sin aliento.

— No te preocupes. Mami te va salvar. Pronto vas a estar bien. — Le decía, besándole las mejillas y abrazándola.

El calor del cuerpo de la pequeña casi ni se sentía. No reaccionaba más a las palabras de su mamá y su respiración era tan leve que a veces parecía que ya no respiraba. Megumin rezaba porque este no fuera su fin.

Llegaron al atardecer a Axel y, por milagro o coincidencia, Aqua, Darkness y Yun Yun estaban caminando hacia la entrada del pueblo.

Megumin sonrió creyendo que todo estaba bien ya. Que todo estaría bien y que su hija pronto se levantaría con mucha energía.

— Aqua. Sana a mi hija. — Le pidió a su compañera, que no daba créditos a sus ojos al ver a Megumin, viva y con una niña a la que llamaba por hija.

Megumin no la dejó hablar ni se puso a explicar nada. Lloraba mientras alargaba sus manos para que su amiga la sanara antes que fuera tarde. Aqua acercó sus manos brillando con su magia, duró segundos antes de detenerse.

— Ella está muerta. — Dijo la diosa, tapándose la boca.

— No, no, no. — Decía Megumin en bucle. — Aún respiraba. ¡Lo sé! ¡Estaba respirando hace un minuto! — Le gritaba.

Volvió a alargar las manos para que Aqua hiciera su trabajo bien. Ella estaba viva, solo tenía los ojos cerrados, creía. ¡Su hija no podía estar muerta!

— Ella murió de forma natural. No puedo traerla de vuelta. — Declaró Aqua, no evitando llorar.

Fragmentándose, haciéndose añicos, partiéndose en mil pedazos, su mente se destrozaba ante la noticia.

— ¡KOMEQUI! — Gritó su nombre a todo pulmón, llorando la pérdida de su hija.

Darkness, Aqua y Yun Yun abrazaron a Megumin. Lloraban su perdida. Así como ella se maldecía internamente por no poder salvarla, ellas se culpaban por no haberla encontrado minutos antes. Muchos civiles y aventureros llegaron a las puertas del pueblo al oír la noticia que Megumin había vuelto, pero al encontrarse con la escena no pudieron evitar llorar por la pequeña hija de Kazuma con ella.

Axel hizo un tributo al héroe que logró liderar la derrota de los generales del rey demonio y que entregó su alma por las personas que amaba. Le hicieron una tumba vacía junto a la de Komequi. El funeral fue doloroso para todos. Años buscando en todas partes y ahora solo uno de ellos yacía con vida.

— ¿Puedes salvar a Kazuma? — Megumin le dijo al ver como Vanir se le acercaba. — Si puedes, hazlo. Le diré que te entregue el derecho de distribución de todos sus inventos sin cobrar nada, pero tráelo.

— Su servidor estaría encantado de lograr tal hazaña, pero los tratos de los demonios no pueden ser rotos una vez completados. No en el infierno.

Vanir usó su clarividencia esperando hallar paz en el futuro de Megumin, pero notó algo que sabía que la ayudaría aún más a salir de su dolor.

— Cuando la luz de tu poder se apague todo continuará como debería ser. — Dicho esto, se despidió con cortesía y la dejó sola.

Pensó en el mensaje críptico del demonio, más no entendió a qué se refería. Solo se quedó unas más horas frente a las tumbas, quieta como una piedra.

— Los padres nunca deben enterrar a sus hijos. — Declaró dejando que las lágrimas volvieran a empapar su rostro.

Caminaba sin compañía, alejada de sus amigas. Ellas iban unos metros atrás, temerosas del estado mental. No podían hacer nada si ella se negaba a aceptar la ayuda que le ofrecían.

La vieron apuntar su báculo mágico al cielo. El maná de su hechizo se acumuló y estaba listo para el típico disparo diario que ella siempre hacía. El primero que Axel volvería a escuchar luego de años desde su desaparición.

¡EEEEEEXXXXXPLOOOOOSIIIIÓÓÓÓÓN! — Gritó a más no poder.

La explosión fue directa hacia ella. Se aseguró que tuvieran la potencia necesaria para pulverizar su cuerpo. No quería que Aqua la trajera de vuelta. No había nada por lo cual seguir viva en este mundo. Falló en cumplirle su promesa a Kazuma; falló en proteger a su hija. Ahora podría al menos estar junto al alma de Komequi y tener la oportunidad de renacer nuevamente como madre e hija.

Sus párpados se abrieron con lentitud. Kazuma tomaba su fría mano y la calentaba acariciándola (otro deja vú). Ella saltó y lo abrazó, llorando sobre su hombro. Si esto era un sueño mientras traspasaba a la otra vida, o alguna clase de castigo por fallar como madre, no le importaba.

— Su fiel servidor lamenta todo el caos que ha pasado por el objeto que la dueña tonta compró. — Oyó decir por parte de Vanir. Giró para verlo mejor, tratando de comprender que pasaba. — Como compensación, tendrán un 10% de descuento en su próxima compra.

— ¿Qué ha pasado? — Dijo con voz temblorosa, aun saliendo lágrimas de sus ojos.

— ¿No lo recuerdas? — Preguntó Kazuma.

De golpe, recordaba como Aqua y Vanir se peleaban igual que gatos y perros callejeros en la tienda de Wiz esa mañana. Entre sus golpes, un orbe negro que seguía empaquetado salió volando. Ella quiso atraparlo, pero se resbaló y este se rompió en su cuerpo. De pronto, una sombra negra perforó su mente y soltó un grito de dolor antes de desmayarse por el frio que la sombra le propinaba.

— Todo lo que vi, lo que viví… lo que perdí.

— Solo fue una visión de un futuro condenado. — Continuó explicando el demonio. — Un futuro donde el final de quien lo ve es solo dolor y desesperación.

— ¿Y quién demonios querría ver eso? — Kazuma preguntó, le era difícil pensar que tonto pensaría que eso sería un buen producto de venta.

— ¡Y yo que sé! Su fiel servidor no puede creer que la dueña tonta siga comprando objetos inservibles.

Megumin agitaba su cabeza, halándose y rascándose su cabello. Agonizaba con los pensamientos de la vida que otros le decían que solo eran una ilusión. Todo ese amor, todos esos momentos de cariño con Kazuma y Komequi. ¿Todo era falso?

— No puedo aceptar eso. No puedo aceptarlo. — Dijo entre los dientes, apretando los puños y entrando en un estado de desesperación.

— Lo que sea que viste no fue real. — Dijo Kazuma tratando de ayudarla a aceptar la verdad.

Sintió una cachetada por parte de Megumin, mientras esta le decía:

— ¡LO FUE PARA MÍ! — Su gritó lo dejó pasmado.

Corrió saltando por la ventana abierta. Corrió como si no hubiera un mañana. Se paró segundos frente a una de las ventanas y allí la apariencia de niña volvió. La mujer desarrollada en los últimos años solo fue una ilusión que solo existía en su mente. Su puño quebró el vidrio, la idea de verse nuevamente menor la sacaba de quicio. Volvió a correr para alejarse de sus problemas.

Kazuma salió detrás de ella. La perdió por un momento al percatarse las gotas de sangre en una ventana, y ahora escoger direcciones al azar para buscarla solo lo haría perder tiempo. Sin embargo, pudo escuchar sus llantos de dolor. Corrió hasta la dirección procedente del sonido y allí estaba tirada en la calle, llorando desconsoladamente y con el puño ensangrentado.

La levantó y cargó en sus brazos, aferrándose ella a su cuerpo. Kazuma pidió perdón cuando las mujeres embarazadas, o con bebes de pocos meses de nacidos, salieron de la tienda de ropa infantil. Megumin no podía verlas sin sentir que su alma se rompía. Ellas sintieron pena por Megumin, y esperaban que fuese lo que le pasase pudiera superarlo.

La semana pasaba con lentitud entre el grupo. Megumin no quería salir del cuarto de Kazuma. Dormía con él todas las noches, sollozando a altas horas de la madrugada. Él la consolaba, pero al despertar, Megumin no tenía fuerzas para nada; ni para hablar, ni para comer, ni para bañarse (Darkness y Aqua la aseaban). Pero cuando se encerraba en su cuarto, el grupo temía que cometiera alguna locura, pero a la hora de dormir volvía al cuarto de Kazuma.

Una noche en que Darkness y Aqua se encontraban afuera, Kazuma se le acercó con la cena que preparó, junto a una copa de vino y se la ofreció.

— Tomate un trago primero. — Dijo sonriendo.

Ella lo miró y tomó la copa con extrañeza.

— Vas a envenenarme. — Declaró, oliendo la bebida.

— ¿Cómo se te ocurre esas cosas? — Preguntó él aterrado.

— Nunca quieres dejarme beber alcohol. Así que, ¿qué tienen esa bebida? — Indagó.

Esperando la respuesta en silencio, Kazuma supo que fue atrapado en su jugada. No tuvo más opción que decir la verdad.

— Vanir vio que no podría seguir ganando dinero con nosotros si tú seguías deprimida. Así que con ayuda de Wiz, ya recuperada de todo lo que le hizo él por comprar basura, prepararon este brebaje. — Informó Kazuma.

— Olvidaré todo lo que pasó. Es como si nunca hubiera vivido. ¿Crees que eso es justo? — Le preguntó sin titubeo, molesta. — Puede que pienses que solo se trata de un futuro falso, pero ¿qué tal si se trató de un mundo alternativo al que fui enviada?

El dolor se trasmitía a través de los ojos carmesí de la maga. Brillaban ante la horrible idea de destruir cada día que estuvo atrapada allí.

— Demonios, si hasta el Vanir de ese futuro me dijo en forma criptica que no me preocupara porque volvería a mi mundo.

Aquellas declaraciones Kazuma no podía tomarlas a la ligera. Pensó por un momento, con ella apretando los puños y mirándolo fijamente.

— Yo he muerto varias veces. Cuando vuelvo, las veo aquí; pero, ¿son ustedes realmente? — Dijo Kazuma, tomando a ella desprevenida. — Así como tú ahora dudas de que ese futuro podría haber sido real en otro mundo, ¿cómo sé que cuando Aqua me traía al mundo de los vivos mi alma no se transportaba a otro mundo, uno donde continúo mi travesía como héroe, pero en el original ya no estoy con ustedes?

Creyó al principio que quiso fingir ser empático con ella; contar algo relacionado con él sobre sus experiencias con el más allá. Pero, así como él veía el dolor de Megumin a través de sus ojos, ella vio la sensación de angustia y tristeza en los de Kazuma.

— Tal vez haya una Megumin que me esperaba y lloró mi muerte cuando no volví. — Dijo Kazuma con un tono de tristeza en su voz.

Así entendió ella que en parte ambos experimentaban sus propios problemas, pero a la vez eran semejantes. Aunque no lo demostrara, Kazuma sentía dolor más allá de su muerte, perturbándolo.

— Mira. — Mostró un diario que sacó de su pijama. — He anotado todo lo que viví en esa realidad y deseo hagas lo que sea mejor para mí. — Pidió, entregándolo en su mano. — Ya te confié mi camino como maga una vez, esto es algo similar. Te confió la viva que viví, la vida que perdí.

Tomó el brebaje de un sorbo. El efecto fue inmediato, provocándole somnolencia.

— Kazuma, tú me gustas. Espero que volvamos a tener a…— Antes de terminar la frase, ella cayó rendida.

Él miró el diario y sintió tentación de a qué se refería con estas últimas palabras. Quiso abrirlo y ver a través de las muchas páginas todo el largo tiempo que vivió en ese futuro en su mente.

Lo abrió, pero, aunque su vista estaba fijada en las primeras páginas, no podía dejar pensar que esto que hacía estaba mal. Cerró el diario, bajó las escaleras y lo lanzó a la chimenea, donde el fuego se avivó por el papel chamuscándose.

Volviendo a su cuarto, agarró a Megumin y la cargó devuelta al suyo. Chomusuke subió a la cama al ver que su ama volvía y se acomodó junto ella. Kazuma la abrigó y le dijo:

— Descansa. — Besó su frente con ternura.

Quedó unas cuantas horas mirando a la pequeña maga antes de bostezar de cansancio. Se despidió en susurros y salió sin hacer ruido. Todo estaría bien en la mañana.

Peleándose con otros aventureros, la maga carmesí se defendía de aquellos que decían que la magia explosiva era poderosa, más por su capacidad de poder usarlo solo una vez al día era en ese inútil aspecto y no valía la pena aprenderla. Luna la amenazaba a ella, y a los otros, que si había daños en el gremio les prohibiría la entrada por todo un año. Aterrados, hicieron las pases frente a ella para que no los castigara.

— Ya ha recuperado su actitud normal. — Darkness sonrió mientras Megumin seguía discutiendo con otros.

— Sigo pensando que era mejor que las cosas siguieran su curso natural. — Declaró Aqua. — No confío en ese demonio embaucador ni en esa Lich apestosa.

— No seas tonta, Aqua. Fue la mejor opción. — Recriminó Kazuma.

Al fin haciendo, Megumin volvió junto a su grupo. Devoró su desayuno hasta el último bocado.

— Eh, eh, Kazuma. — Avisó, tomándolo de la mano. — Vámonos. Es hora de mi explosión diaria.

Después de una gran explosión que le hizo ganar 95 puntos por parte de su "juez", ahora volvían con tranquilidad a la mansión.

— ¿Qué nombre le pondrías a una hija del clan de los demonios carmesí? — Kazuma quedó paralizado ante la pregunta de Megumin.

Hizo memoria y pensó en aquel sueño hace pocos días atrás donde ella en su estado de angustia le pedía a él que la tomara para hacerla sentir mejor; ahora temía que no fuese solo un sueño.

Megumin se dio cuenta que él pensaba algo pervertido o fuera de lugar y su cara se enrojeció.

— No pienses mal de mí. — Dijo apenada agitándole un poco la cabeza. — Solo leí un artículo que pensar nombres de niños o niñas ayuda a planear bien las cosas a futuro.

Gracias a la explicación soltó un suspiro de alivio y, pensando en su pregunta, se le vino a la mente un nombre.

— Komequi. — Dijo. — Pensé en un nombre ridículo que usarían ustedes.

— Ese nombre me gusta. — Los ojos de Megumin brillaban ante su respuesta (realmente le gustaba). — No me importaría usarlo en un futuro. Nuestro futuro.

— ¿Qué dijiste? — Preguntó él sorprendido. — No te hagas la desmayada ahora. Dime que dijiste.

Megumin sonreía plácidamente en su espalda, escuchando las quejas de Kazuma para que volviera a decir lo último que dijo. Las amenazas de que le quitaría su ropa interior usando Steal no funcionaba (ya estaba acostumbrado a ese lado pervertido de él), ni que le haría cosas mientras durmiera (no tenía el valor de llegar a tal punto).

Mientras comenzaba a dormir, vislumbró una de imagen de ella caminando junto a él agarrados de la mano, mientras sobre los hombros de Kazuma cargaba a la hija de ambos. Los tres sonreían con alegría.

LE GUSTABA ESE FUTURO Y ESPERABA QUE SE HICIERA REALIDAD ALGÚN DÍA.

EL FIN


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Bueno, espero que les haya gustado este pequeño fanfic. En teoría, el plan era que no fuese mayor de 4000 palabras (palabras más, palabras menos). Pero, dejé fluir mi imaginación y así fue al final.

Ya saben, si gustan, dejen sus Reviews u opiniones. No creo que traiga más historias de Konosuba, pero nunca se sabe.

En fin, hasta la próxima. ;D

Notas de autor:

* Soy malo para dar nombre a los títulos de mis fanfics. Otros nombres eran: Oasis de ilusión; Luchando contra un mundo falso (nombre clave que le puse al documento Word); Una vida falsa. Al final, escogí un dialogo que escribí en el texto y lo adapté como título.

* En parte, esta idea surgió después de leer el evento Metal y Death Metal de DC, y los Comics de Cuentos del Multiverso Oscuro con sus líneas alternativas de eventos, pero con finales catastróficos.

* Igualmente, en parte también tiene inspiración de las películas de: La laguna azul y del capítulo de la serie Liga de la Justicia Ilimitada titulado: Para el Hombre que lo tienen todo.

* Al principio tenía planeado que el nombre de la hija de Megumin y Kazuma fuera Komekko y no Komequi, como referencia que Megumin se hizo cargo de su hermanita desde pequeña, cuidándola y velando que se alimentara bien. Al final, no me gustó mucho y cambie las ultimas letras para que fuera un nombre nuevo.

* Tenía pensado que todo fuera un POV de Megumin, pero como ya hace mucho leí los libros spin off de Megumin, no tenía una idea clara de cómo se expresaría (en POV) en ciertas situaciones así que quedó como una historia en tercera persona.

* En vez de un orbe, también planteé la posibilidad de un psíquico que le mostraba el futuro, pero que llevaban a Kazuma y a Megumin, y sus amigos en la taberna del gremio veían lo que pasaba.

* Otra idea de este fanfic era que Kazuma, cansado de su vida con las tres, quisiera saber cómo serían las cosas si él nunca hubiera existido en ese mundo encontrado el lugar destruido y con el destino de sus compañeras en terribles condiciones (aquí puedo decir que me quería basar en la película titulada: "It's a Wonderful Life" (1946)). Pero al final no me llamó la atención (o mejor dicho la idea de Megumin me atrajo más).