DETROIT: REVENGE
Capítulo 01
"Tú eres mi hijo"
…
Connor estaba entro de una casa. Caminó a la ventana y miró al cielo nocturno. Después se giró y miró la sala: todo estaba desordenado, la televisión estaba rota, había papeles y objetos rotos en el suelo y los muebles estaban dañados. Avanzó unos pasos y miró hacia la cocina, donde alcanzó a ver rastros de sangre humana. Después caminó con lentitud por el pasillo y subió las escaleras hasta llegar al baño. Entró y en la tina había un hombre atado de manos y pies mirándolo con miedo. Connor caminó hacia él y el hombre retrocedió. Luego, le entregó un papel e hizo que el hombre lo sujetara.
—Guárdalo por mí, ¿quieres? —le dijo.
El hombre, muerto de miedo asintió. Connor miró al espejo y se vio a sí mismo. Él lucía sucio, su uniforme de Cyberlife estaba gastado y tenía heridas de bala. Connor se miró a los ojos y sonrió maliciosamente.
—¿Qué harás ahora, Connor?
…
…
—Connor. Esta es tu última oportunidad —dijo Hank —¡Decide de una vez!
—Ya se lo dije, teniente —respondió Connor —lo que usted decida está bien para mí.
—¡Por el amor de Dios, Connor! —Hank giró su cabeza en desesperación y giró sobre sí mismo —¿De verdad es tan difícil? Sólo elige: Azul o Blanco. No es tan complicado.
—Ya se lo expliqué, teniente. No hay motivo para que me proporcione un nuevo cambio de ropa, ya tengo tres juegos en mi armario.
—Y aun así te la pasas vistiendo este uniforme seis días a la semana.
—Es que… me gusta.
—Connor. Hijo, escucha. Tu uniforme te queda bien, en serio, te hace ver… importante. Pero no hay necesidad de que lo vistas todo el tiempo. Trato de que te sientas cómodo.
—¡Lo estoy, teniente!
Hank lo miró con decepción —¿De verdad lo estás? O, ¿sólo estás programado para decirlo?
Connor permaneció en silencio. —Hank, yo… —Connor estudió sus respuestas: DISCULPARSE, ANDROIDE, FINGIR y NO DECIR NADA. Connor eligió.
—Lo lamento, teniente. Hago mi mejor esfuerzo por adaptarme a sus actividades cotidianas, pero no puedo dejar de evaluar la logística y la practicidad de sus decisiones… y sé que eso le molesta.
Hank suspiró —Está bien, Connor. No te preocupes… ¿sabes qué? ¡Te compraré ambos! Fin de la discusión.
Connor le sonrió —teniente, no tiene porqué. Además, no olvide que tiene que manejar responsablemente su tarjeta.
—¡Al diablo la tarjeta! Para eso es, ¿no? —Hank tomó ambos suéteres y se giró hacia Connor.
—Supongo que sí.
—Y, Connor. Ya lo hablamos, no tienes que llamarme "teniente" a donde quiera que vayamos. Además, hoy no es día de trabajo. No tienes a nadie a quién impresionar.
—Cierto… es la costumbre… Hank.
Hank le sonrió, aunque Connor detectó cierta frustración en él. —De acuerdo. Vámonos entonces, tengo hambre.
—Por supuesto —respondió Connor.
…
Luego de comprar la ropa para Connor, camisas para Hank, y comida para Sumo, fueron a comprar una sola hamburguesa, dado que Connor no necesitaba comer.
—¡Hola, Hank!
—Hola, Gary
—¿Lo de siempre?
—Por favor.
Hank se recargó en la barra y miró la televisión. En la televisión aparecía la presidenta Warren en una mesa, y a su lado se encontraba un androide.
—Oye, ¿ese es el tal Marcus? —preguntó Gary —¿el líder de la revolución?
—Sí. El mismo —Hank prestó atención —Huh, con que al fin lo logró.
—¿Qué logró?
—Cuando los androides fueron dejados en libertad, se decretó que, así como tendrían derechos y obligaciones, también tendrían su propio departamento de justicia. O algo así.
—¿Y para qué? ¿No se supone que los androides iban a ser libres? ¿Para qué querrían algo así?
—Mera precaución, creo yo. Jamás ha dejado de haber criminales, y supongo que, ahora con libertad, siempre puede haber quienes busquen problemas, y Marcus ha estado intentando los últimos tres meses en que ese departamento quede inaugurado oficialmente, y parece que ya lo consiguió.
Aún parecía casi increíble que hace tan solo tres meses, todos los androides se rebelaron contra sus amos. Exigieron igualdad y respeto. Y a pesar de que hubo violencia, la justicia prevaleció y ganaron su libertad. Tres meses habían pasado, y los androides estaban redescubriendo sus identidades. Muchos abandonaron a sus amos y se reunieron con los suyos, pero hubo algunos otros que prefirieron regresar y permanecer con humanos, con aquellos a quienes querían de verdad, por así decirlo. Connor era uno de ellos.
Hank se dio cuenta de pronto que Connor estaba en silencio. Giró a su izquierda, pero él no estaba ahí, ni a su derecha. Hank se giró un poco preocupado, pero lo encontró justo en el asiento del copiloto, mirando hacia adelante.
—Enseguida regreso.
—Sí, claro Hank.
Hank caminó al auto, guardando sus manos en las bolsas de su saco. No tenía frío, pero era su costumbre. Abrió la puerta del piloto y entró.
—De todas las veces que te pedí que te quedaras en el auto y no me siguieras, ¿por fin decides hacerlo? ¿Acaso te estás burlando de mí? —le preguntó Hank, burlón.
—Claro que no teniente… ¡Hank!
Connor regresó la vista hacia adelante. Hank perdió su sonrisa.
—Okay, ¿qué pasa? —Connor lo miró con muestras de sorpresa —¡no me mires así! Anda, dime.
Connor abrió la boca, pero no quiso hablar. Bajó la vista y miró sus manos. —Hank… ¿crees que soy… sólo una máquina?
Hank se tomó unos segundos para responder —¿tuviste ese sueño de nuevo?
—Yo no lo llamaría un-
—¡Es un sueño y se acabó! Cuéntame, ¿cuándo fue?
—Hace cinco noches… yo caminaba por las calles de la ciudad. Era de noche y me estaba escondiendo. Me pregunté, ¿qué hago aquí? ¿A dónde voy? ¿Dónde está Hank? Quise dejar de correr, girar hacia otro lado. Detenerme a pensar. Pero mi cuerpo no respondía a mis deseos. Seguí caminando hasta toparme con una ventana, y vi mi reflejo… Hank, me vi a mí mismo, sin expresión, sin vida real. Me miré a los ojos y dije… "Eres una máquina, Connor." y… y… y mi objetivo… Hank, no tenía un objetivo… necesitaba uno… porque sin una misión que cumplir… no sirvo para nada… —Connor levantó la vista —Hank… y si yo…
—No lo digas.
—Pero, Hank…
—No, Connor. Escúchame con atención: llevas unos meses siendo divergente, o, mejor dicho, siendo libre. Por primera vez, en tu ciclo de vida, que en realidad no es tan extenso, tienes completa libertad en lo que decides hacer. Nada te rige, nadie te ordena… excepto yo —ambos rieron. Connor ya dominaba la risa —Te asusta tener tanta libertad, porque… nada te impide hacer el bien, o el mal. Nada excepto —Hank apuntó a su pecho —tu corazón. Tu sentido común, Connor. Tú tienes sentido común. Creo que… hasta eres más humano que yo. —le sonrió —Connor, yo no creo que seas una máquina. Yo creo firmemente que tú eres un ser vivo… y no me importa lo que digan los demás: Gavin, Jeffrey, ni nadie. En lo que a mí concierne, Connor… tú eres mi hijo.
Connor no sabía qué responder. Se sentía conmovido de una manera que jamás había experimentado, por lo que no sabía cómo reaccionar, y tampoco pudo evitar la inestabilidad de su software. Titubeó al hablar, aunque no entendió por qué.
—Gracias… Hank…
—Gracias a ti, Connor —lo abrazó —por haber entrado a mi vida.
A pesar de todo este tiempo, Connor aún no comprendía del todo los abrazos. Sabía que representaban cariño entre individuos, y también sabía que reconfortaban. Pero lo que sí sabía era que lo hacía sentir seguro.
—¿Quieres que vayamos a casa? —le preguntó Hank al soltarlo.
—Sí… digo, no —evaluó sus respuestas. HOGAR, COMIDA, HANK. —¿Qué quieres tú, Hank?
—Yo quiero que te relajes en domingo. Espera aquí, lo pediré para llevar —Hank abrió la puerta —¿seguro que no quieres nada?
—Hank, sabes que no necesito comer.
—Pero te he visto hacerlo.
—He consumido alimentos pequeños, mi sistema no está diseñado para-
—¡Sí, sí! Ya entendí.
Hank salió del auto.
…
…
Connor…
Connor…
¡CONNOR!
…
Connor se reactivó de pronto y se levantó alarmado —¡Hank! ¿Qué sucede? —estudió su entorno, pero no encontró nada fuera de lo normal, excepto por Hank a su lado.
—¿Qué sucede? ¡Son las putas 10:30 de la mañana y sigues dormido! ¡Rápido! ¡Vístete y vámonos!
Connor se miró a sí mismo. Vestía la playera de manga larga azul que le había regalado Hank, y un pants azul oscuro. —¿No me… reactivé? —Connor tenía que realizar un diagnóstico de su sistema de descanso.
—¡No! ¡Rápido, vístete ya! —Hank tomó su teléfono —¿Sí?... ¡Sí, te oí la primera vez! ¡Ya estoy de camino! Dame diez minutos.
Mientras él hablaba por teléfono, Connor tomó de su clóset el uniforme y se cambió de ropa rápidamente. Cuando estuvo listo salió a la sala.
—Estoy listo, Hank.
—¡Ya era hora! ¡Vámonos ya! ¡Sumo, cuidas la casa! —el perro le ladró sacudiendo la cola —Buen perro.
Salieron de la casa y subieron al auto.
—¿Sabe, teniente? —dijo Connor —Habríamos salido con dos minutos de anticipación si no me hiciera cambiar mi ropa.
—¡No empieces, Connor!
Hank arrancó el auto.
…
Ellos no llegaron al departamento de policía, sino que recibieron una dirección y se dirigieron al lugar. Una casa de los suburbios. Cuando llegaron, ya había oficiales de policía y también vecinos curiosos. Bajaron del auto y avanzaron entre la multitud. Justo fuera de la casa estaba Gavin charlando con otro policía.
—¡Al fin llegan! —exclamó Gavin con sus brazos cruzados —¿Qué les pasó? ¿Se te acabaron las baterías, cafetera?
—Gavin, déjalo en paz —dijo Hank.
—Porque tengo unas de repuesto en la cajuela, ¿qué dices, Connor? ¿Te las traigo?
Connor lo analizó, y le sonrió —Me complacería, detective. Aunque creo que usted las necesita más que yo. Luce cansado. Y su androide, ¿dónde está? He oído que es… único.
—Sí, Gavin —dijo Hank —hace tres semanas que te asignaron compañero, y morimos por conocerlo.
Gavin se quejó y habló desganado —No estoy autorizado a hablar de… el modelo que me asignaron, hasta que el "Nuevo Cyberlife" firme su transferencia al departamento. Pero les aseguro, que es una patada en el culo… justo como tú, Connor. Estoy seguro de que te caerá bien.
—Dígame, detective —dijo Connor —¿Este androide ya le sirvió un café?
Gavin permaneció mirándolo, hasta que le sonrió —no está mal, máquina. No está mal —después se dirigió a la puerta —¿Qué esperan señoritas? Vamos, tenemos un homicidio qué investigar.
Connor miró a Hank, y este le guiñó un ojo. Ambos sonrieron y siguieron a Gavin. Justo antes de entrar, Connor detectó que la perilla de la puerta estaba salida, por lo que la puerta se abrió a la fuerza. Connor entró después de Hank. Avanzaron por el pasillo, y Connor se topó con la cocina a su derecha. Había una mujer en el suelo. Fallecida.
—¡Ay, Jesús!
—Revisaré el piso de arriba —dijo Gavin.
Connor detectó un trauma en su cabeza, señal de que fue golpeada, pero la causa de muerte había sido un cuchillo clavado en su vientre, más de una vez. Connor analizó su rostro, y la identificó como Sandra Wilson, 38 años. Connor se acercó lo suficiente al cuchillo buscando huellas digitales. Sin embargo, no había ninguna. ¿Un androide fue responsable?
Connor retrocedió, lo suficiente para recrear una parte de la escena: la mujer entró corriendo del pasillo, había sangre en la pared en que se apoyó. Connor se acercó, colocó su dedo sobre la muestra y lo llevó a su lengua.
—Mierda. Connor, ¿por qué te encanta hacer eso?
El ADN pertenecía a Ángel Wilson. Un hombre de 43 años. Entonces Sandra estaba manchada con la sangre de un hombre, ¿el agresor era humano? Connor miró uno de los cajones a medio abrir. Connor lo abrió y encontró cuchillos, y un hueco hecho deliberadamente. "El sospechoso sabía que lo encontrarían". Connor recreó la escena, y descubrió que al entrar ella a la cocina cayó al suelo. podría haber sido golpeada, luego el agresor tomó el arma, y la apuñaló.
—La perseguían. Ella intentó huir de su atacante —Connor salió de la cocina al pasillo —Y venía de… la sala.
Llegó a la sala de estar, la cual estaba hecha un desastre. Los muebles estaban golpeados, había cosas tiradas en el suelo y la televisión estaba rota. Connor estaba a la mitad de la recreación de la escena. El agresor había entrado por la puerta, hubo un combate en la sala, de pronto apareció una tercera persona en la recreación. ¿Dónde estaba esa otra persona? En el suelo había sangre roja. Connor volvió a escanearla, y supo que también era de Ángel Wilson.
—Esta es demasiada sangre. Si el agresor hubiera sido humano, no habría podido perseguirla tras una pérdida de esta magnitud.
—¿Y de quién es la sangre?
—De Ángel Wilson. Su esposo.
Hank no sabía cómo supo Connor eso, pero no lo cuestionó —Entonces un hombre y su mujer fueron violentados en su propia casa. El hombre cayó aquí perdiendo sangre, y su esposa huyó a la cocina. Ahí fue atacada, y finalmente asesinada. La pregunta es, ¿por qué? ¿Un robo? ¿Venganza? ¿Y dónde está Ángel Wilson?
Connor se levantó y miró hacia la ventana. Algo de pronto llamó su atención. Caminó hacia la ventana y miró hacia la calle. Luego levantó la vista hacia la luz del día y se estremeció.
—¿Connor? —Hank lo notó.
Connor se dio la vuelta consternado y miró la sala desde un ángulo familiar: todo estaba desordenado, la televisión estaba rota, había papeles y objetos rotos en el suelo y los muebles estaban dañados. Era exactamente igual que en su… sueño. Desde ahí podía ver la cocina, y alcanzaba a ver la sangre.
—Está arriba —dijo con voz temblorosa.
—¿Qué dices?
—¡Hank! —lo llamó Gavin —¡Tenemos una víctima arriba!
—En el baño —dijo Connor consternado.
Hank subió las escaleras y Connor fue tras él. Los escalones estaban manchados de sangre, y cada paso que daba alteraba más su sistema, pues estaba recorriendo exactamente el mismo lugar. Al entrar su visión se enfocó en un hombre, era Ángel Wilson, y estaba atado de manos y pies en la bañera. Se había desangrado en ella.
—Ya encontramos al esposo, Connor —dijo Hank —pero todavía no sabemos quién fue el atacante.
—Tiene un papel en sus manos —respondió Connor.
—¿Seguro? —dijo Gavin mirando de cerca sus manos. Estas estaban cerradas, así que Gavin intentó separarlas. Y, en efecto, un papel cayó al suelo. Hank lo rejuntó.
—Son… sólo números —se lo tendió a Connor.
—Técnicamente —dijo Gavin —es una pista, teniente. Esto podría ser lo último que escribió la víctima.
—No —dijo Connor de pronto —la escritura es perfecta… no fue un humano… —levantó la vista consternado —fue un androide.
—¿Estás seguro de eso, Connor?
Su software se volvió inestable, justo cuando giró para salir se topó con el espejo y miró su reflejo.
—a-ah, yo… —Connor titubeó. Dobló el papel y cerró el puño, y salió a prisa del baño.
—¡Oye! —le gritó Gavin —¡Devuelve eso!
…
Connor salió al patio trasero, se detuvo justo en el centro y permaneció ahí de pie. Firme, pero inestable. A pesar de no necesitar aire auténticamente como un humano, lo hacía agitadamente. Abrió su mano y miró de nuevo el papel.
—¿Hijo?, ¿qué sucede? —dijo Hank detrás de él. Posó una mano sobre su hombro. Connor quería hablar, pero no sabía qué decir. Hank se plantó delante de él —hijo. Por favor, háblame, ¿qué hay en el papel?
—313… 248… 317…
—Sí, yo también lo leí. Pero qué signi-
—Hank… es mi número de serie…
—… ¿De qué hablas?
—¡Hank, es mi número de serie!
—¿Y eso qué?
—Hank… yo los maté…
—Okay, ahora sí estás diciendo pura mierda.
—No… yo estuve aquí… anoche… antes de despertar hoy… tuve otro sueño… estaba en esta misma casa. Recorrí los mismos pasos… yo le entregué a la víctima esto… —Connor sacudió el papel —¡Y luego me vi al espejo! Y me dije… ¿Qué harás ahora, Connor? —hizo una pausa, lo miró a los ojos —Hank… yo los maté.
—Okay, suficiente. —Hank abrazó fuerte a Connor, y este se aferró a él —quiero que te controles.
—Fui yo, Hank…
—¡Connor Anderson! —gritó, y lo sujetó con más fuerza —¡Quiero que te controles! Tú no eres así. Vamos, recupera el control.
Permanecieron así varios segundos, hasta que Connor se sintió completamente funcional de nuevo. Se apartó de Hank.
—Una cosa es segura —le dijo el hombre —Tú no eres un asesino. Lo único que eso demuestra es que tienes un enemigo. Alguien te quiere poner una trampa. Y estoy seguro de que ese alguien es nuestro sospechoso. Todo esto podría no ser más que una puesta en escena.
—Pero… ¿cómo es que pude verlo dormido?
—…Eso vamos a descubrirlo juntos.
Connor asintió —Sí… sí, Hank. Juntos.
Le sonrió y le dio una palmada en el brazo —eso es.
—¡Oigan! —los llamó Gavin —¿Ya terminaron? ¡Encontramos a una niña con vida!
Ambos oficiales entraron a prisa. Volvieron a subir las escaleras, y avanzaron hasta el final del pasillo, donde había una niña pequeña con lágrimas en sus ojos. Una oficial estaba tratando de calmarla.
—Está en shock —dijo Connor.
—Sí —respondió Gavin —lo notamos.
La oficial seguía calmando a la niña —¿Lograste ver al hombre que los atacó?
La niña alzó la vista lentamente, y después señaló hacia Connor. Todos se giraron para verlo, y de pronto él se sintió vulnerable. Miró a Hank buscando ayuda.
—Será mejor regresar al Departamento de Policía.
Hank se dio la vuelta, y Connor fue tras él.
…
Gavin y Hank se encontraban en la oficina del capitán Jeffrey. Ninguno decía nada.
—Hank —dijo Gavin por fin. Extendió sus brazos —¿Qué mierda es esto?
—No lo sé.
—Hank —dijo Jeffrey —¿entiendes lo que esto significa?
—Oh, cielos, Jeffrey. Creo que no lo sé. Tantos años de trabajar en la policía no me han servido para nada.
—¡No es hora de ser gracioso, Hank! Tenemos un asesinato de dos adultos, una niña como testigo, y a un sospechoso sentado justo afuera en su escritorio.
—¡Exacto! La niña sigue en shock. Seguramente lo señaló porque el atacante era un androide.
—¿Tú crees eso? —le dijo Gavin.
—Sin duda alguna. Sé que Connor no es responsable.
—¿Entonces quién es?
—¿Estaríamos aquí si lo supiera, Jeffrey?
El capitán respiró hondo —Hank, Gavin. Tenemos que aclarar esto, y pronto. No quiero tener al Departamento de Androides aquí. Si lo hacen-
—Lo sé… será su jurisdicción.
—Así es.
…
Connor estaba frente a su monitor, sin hacer nada, realmente. Sólo esperaba a que Hank saliera de la oficina. Cuando lo vio salir, se puso de pie de inmediato y lo esperó. Hank estaba consternado.
—¿Hank?
Este se rascó la cabeza —Bueno, mmm… no hay suficiente evidencia para probar tu culpa, pero aún no podemos mostrar tu inocencia. Iniciaremos una investigación… y Gavin estará a cargo de ella.
—¿Gavin? —soltó Connor —¡Disculpe, teniente! Pero Gavin no está calificado para llevar este caso.
—Cálmate, Connor. Gavin es un idiota, pero es buen detective. Estamos en buenas manos.
—¿Y por qué usted no?
—Jeffrey teme que… que mis emociones nublen mi juicio. Estoy muy apegado a ti, y… temen que interfiera con la investigación.
Connor se detuvo. ABSURDO, MIERDA, GAVIN y CONNOR, eran sus opciones —Y, ¿qué hay de mí?
Hank tomó aire —hasta nuevo aviso, estás suspendido.
—¿Qué? —Hank alzó las manos para calmar a Connor, pero él mismo mantuvo el control —Es lo mejor, ¿correcto, Hank?
Hank lo abrazó de nuevo —lo siento, hijo.
—No te disculpes, Hank. Está bien.
Se separaron y se miraron con tristeza. Después Connor se dirigió a la salida, pero regresó.
—Sería mejor que me lleve en su auto, teniente. Si me voy sólo, no beneficiará mi reputación.
—No, no lo haría. Vamos.
…
Hank detuvo el auto, pero detuvo a Connor antes de que este saliera.
—No pierdas la esperanza, hijo. Todo saldrá bien. Ya verás.
—¿Confías en Gavin, Hank?
—Sé que nos ayudará, Connor. Ahora, entra a la casa, y cuida de Sumo por mí, ¿sí?
—Con gusto, Hank.
Connor bajó del auto, se dirigió a la puerta y se dio la vuelta para despedir a Hank. Una vez que lo perdió de vista, entró a la casa. Connor se sentía afligido, y también estaba preocupado. Para pasar el tiempo, se dispuso a hacer los quehaceres del hogar: lavar la ropa, los platos, aspirar, etcétera. Sin embargo, aún era temprano cuando terminó los quehaceres. Regresó a su habitación, la que le había ofrecido Hank cuando accedió a permitirle vivir con él como su compañero… o como su hijo, como él decía.
Connor entró y se sentó en el borde de su cama. Realizó una revisión de todos sus sistemas, dos veces, pero no encontró ningún problema. Se encontraba en perfecto estado. Connor se quitó el saco y la camisa. Retiró sus zapatos, y luego se dirigió al armario. Sacó una playera blanca, de las primeras que le obsequió Hank. Se la puso y luego se recostó en la cama. Él no solía hacer eso, no lo necesitaba, pero ahora era lo único que quería hacer. En realidad, Connor quería estar con Hank. Pero eso no sería posible al menos hoy. Unos minutos después, Sumo entró a la habitación y se sentó frente a él. Connor lo miró y le sonrió.
—Sí, Sumo. Puedes subir conmigo. Necesito tu compañía —Sumo ladró agitando su cola y subió a la cama. Pasó por encima de Connor y se recostó a su lado. Connor lo rodeó en brazos y lo acarició. Los minutos pasaron, hasta que Connor cedió y entró en reposo, o, mejor dicho, se durmió.
…
