DETROIT: REVENGE

Capítulo 04

"Impostor"

Jeffrey estaba apoyado sobre la barra sosteniendo su taza casi vacía de café. Sus ojos estaban fijos en la pared, aunque su mente se encontraba en otra cosa: Connor. El androide que hacía ya tanto tiempo fue enviado por Cyberlife para "resolver" el caso de los divergentes, cosa que en realidad no hizo, pues él mismo se convirtió en uno y ayudó a los suyos.

Él no lo odiaba, al contrario, admiraba su habilidad y su razonamiento, pues no lo había visto en ningún otro policía humano o androide, salvo en el nuevo modelo, Nines; pero Connor había demostrado ser un gran detective, sí, y un buen policía, pero no cambiaba el hecho de que él seguía siendo una máquina, por lo cual Jeffrey no terminaba de confiar plenamente en él. A pesar de ello, le permitió seguir en servicio, y no objetó cuando Connor fue nombrado oficialmente detective. Después de todo, Hank confiaba en él, y Jeffrey confiaba en Hank, aunque no se lo dijera.

Eso es precisamente lo que Jeffrey no entendía: ¿cómo es que tantos meses fueron tirados a la basura tan fácilmente? ¿De verdad había sido Connor el responsable de estos crímenes? O ¿Acaso Hank tenía razón, y alguien lo estaba inculpando? Jeffrey se frotó los ojos agotado, pues no podría responder ninguna de esas preguntas hasta encontrar a alguno de los dos, si es que no lo habían hecho ya. Él no vio el cuerpo, pero sabía que Gavin y Nines encontraron un modelo igual al de Connor. Aunque ambos negaron que se trataba de la misma persona, era un hecho que esto sólo complicaba más la investigación.

Jeffrey suspiró, terminó su café y regresó a su oficina tomando su tiempo antes de cerrar la puerta y tomar asiento tras su escritorio. De pronto se percató de un zumbido en su oficina, lo buscó con la mirada hasta toparse con su teléfono debajo de unos papeles, alguien lo estaba llamando. Jeffrey no quería levantarlo, aunque sabía que era inusual que alguien lo llamara a esa hora. Abrió los ojos tanto como pudo, cuando vio que quien lo llamaba era Hank.

—¿Hola? ¡Hank! —dijo tan pronto respondió a la llamada.

Ugh… —Hank se quejó del otro lado de la línea —¿Jeffrey?

—¡Hank! ¿Te encuentras bien? ¿Dónde estás?

Ugh, cielos… —algo no estaba bien, tenía dificultades para hablar —También me da gusto escuchar tu voz.

—Hank… ¿qué está sucediendo?

Quisiera decirte, pero… no tengo mucho tiempo.

—De acuerdo —Jeffrey buscó una pluma tan rápido como pudo —¡Dime dónde te encuentras e iremos a buscarte!

No, no estoy seguro… pero desde aquí -¡Ugh! —lo escuchó quejarse.

—¿Hank?

Estoy bien… por ahora… Desde aquí logro ver… eh, dame un segundo…

—Hank, ayúdame. Describe el lugar.

De acuerdo… el lugar parece abandonado hace tiempo… Estoy en un tercer piso… desde aquí veo… espera, sí… el Bar de Jimmy.

—¡Entendido! —Jeffrey tomó nota tan rápido como pudo —¡Enviaré un equipo a buscarte! Resiste…

Gracias, Jeffrey… sabía que podía contar contigo.

Hank colgó el teléfono, por lo que ya no escuchó a Jeffrey llamarlo. Salió de su oficina a prisa para enviar al oficial Chris Miller a buscar a Hank…

Sólo que no había sido Hank quien lo llamó…

El cuerpo del RK800 estaba tendido sobre una mesa, y había cables conectados a su sien, así como en su pecho y su brazo. Aunque el androide ya había sido declarado como imposible de reparar, su apariencia seguía asemejando a la de un humano, razón por la cual Nines solicitó que cubrieran su cuerpo desnudo con una sábana blanca. La ropa sucia se encontraba en una mesa más pequeña, y no tardarían en llevársela también a examinar.

Nines se encontraba de brazos cruzados, no dejaba de mirar el cuerpo sobre la mesa, mientras Gavin caminaba de un lado a otro de la sala mordiéndose las uñas. Simon, retiró el conector de su sien, para reemplazarlo con uno más delgado.

—¿Cuánto más llevará esto? —Gavin se impacientaba.

—Hago lo mejor que puedo —respondió Simon —en el exterior él no sufrió daños serios, a excepción de unos cuantos golpes, y su cabeza. El hecho de que su Led haya sido destruido, y que se quemó, retrasa demasiado el proceso, pero el interior es algo completamente distinto. —se puso de pie, escribió algo en su teclado, y lo que se veía en sus pantallas apareció como holograma frente a los oficiales —Todo su sistema neuronal está destrozado. Su base de datos está corrupto… y su banco de memoria no existe —Ante la mirada dudosa de Nines y Gavin, prosiguió —Es como si este androide jamás hubiera sido activado, pero a la vez hay una clara muestra de que sus sistemas llevaban funcionando cierto tiempo… no… no lo entiendo.

—¿Y podemos averiguar lo que le sucedió? —preguntó Nines.

—Eso es lo que intento… —Simon suspiró —Markus desea mostrarles algo.

El 11 de noviembre de 2038 los androides se manifestaron pacíficamente en la Plaza Hart, en un último intento por demostrarle a la humanidad que ellos también eran seres vivos. Esa misma noche, a los androides se les concedió la libertad, y Markus sabía que aún habría mucho trabajo por delante para lograr una completa y pacífica coexistencia entre humanos y androides; una de esas labores era Cyberlife. Tras la liberación de estos, Cyberlife se vio forzada a detener su producción y venta de androides. Varios de sus cabezales fueron degradados, o despedidos, y el futuro de la compañía parecía ser su desaparición total.

Markus sabía que esto también sería la aniquilación de su especie, dado que Cyberlife era también quien proporcionaba Tirio, piezas de repuesto, y manutención a los androides. Así que, dos semanas después, Markus, y el resto de los líderes de Jericho solicitaron una audiencia con la presidenta Warren, solicitando la transferencia de poder de Cyberlife a ellos. Tras una semana entera de discusiones, propuestas aceptadas y rechazadas, y discursos por parte de humanos y androides, la noción fue aceptada, y Markus se volvió el presidente del Nuevo Cyberlife.

A partir de entonces, él se encargó de redistribuir y modificar las áreas de trabajo y desarrollo de la compañía. Era una labor extenuante, y sus frutos no se lograrían ver a corto plazo, pero lo hacía por su pueblo. Ahora, había logrado establecer un departamento de justicia dentro de las instalaciones, uno que sería dirigido hacia androides, y regulado por ellos. Una parte del acuerdo para tener este departamento, era el de crear un área de investigación, que trabajaría mano a mano con la policía de Detroit. Si bien, a Markus no le convencía del todo la idea, aceptó confiado, pues ya contaba con un aliado dentro.

Nines y Gavin se encontraban en el elevador, esperando pacientemente a llegar al piso 43. Gavin estaba cruzado de brazos y se balanceaba de un lado a otro, hasta que miró de reojo a Nines.

—Oye, fortachón, estás… muy callado.

Nines bajó la vista —Sí. Es que no tengo nada que decir.

"¿Te encuentras bien?" Quería preguntar Gavin, pero él mismo pensó que era una pregunta tonta, y que la respuesta era obvia. Como si escuchara sus pensamientos, Nines lo miró.

—Mi primer día no ha sido… como yo esperaba.

Gavin sabía que se refería más a Connor que a la investigación en sí —Sí, bueno… yo te advertí que no sería fácil.

Nines se giró hacia él, ¿acaso eso había sido una broma? ¿O un absurdo intento por reconfortarlo? Lo que sea que haya sido, Nines se relajó un poco y le sonrió agradecido. Gavin lo miró un par de veces

—¿Quieres quitar esa mueca de tu rostro? Me inquieta bastante.

—¿Lo hace? —Nines sonrió aún más, y volvió la mirada hacia adelante —Discúlpeme, detective. Incomodarlo no es mi intención.

—Sí, sí —dijo Gavin.

El elevador se detuvo, y al salir avanzaron por un largo pasillo con unas cuantas puertas cerradas a en los lados.

—¿A dónde nos trajeron? —preguntó Gavin.

—Esta es la oficina principal de los líderes de la Nueva Cyberlife. Aquí se llevan a cabo reuniones, registro y control general del edificio, y también discusiones particulares.

—¿Cómo investigaciones policiacas?

—Por ejemplo.

Al final del pasillo se abrió una puerta, y fue North quien los recibió —Pasen, por favor.

Una vez dentro, se encontraron con Markus con sus brazos en la espalda, mirando al exterior por la enorme ventana. Gavin carraspeó, aunque acabara de entrar.

Markus se dio la vuelta —¿Alguna buena noticia? —preguntó sin ánimos.

—En realidad… —Gavin miró a Nines, y éste sólo asintió —No. Lo que encontramos fue un androide muerto… de modelo idéntico a Connor. Debieron advertirnos que había más modelos como él sueltos por ahí.

Markus entrecerró los ojos —No los hay.

—Pues hay uno justo abajo que prueba lo contrario, por si quieres echarle un vistazo.

Markus lo meditó unos segundos —¿Y su Led fue destrozado?

—Casi en su totalidad —dijo Nines —además tuve que analizarlo para rastrear a su dueño, y en el proceso se quemó. Lo siento, Markus.

—Aun así, agradezco que no lo desecharas. Averiguaremos lo más que podamos.

Markus se recargó en el escritorio. Gavin creyó que habían terminado, así que se dio la vuelta para irse, pero se detuvo avergonzado cuando notó que nadie más se había movido. Regresó a su lugar y se aclaró la garganta —¿Algo que no me hayan dicho?

Markus soltó un suspiro —De hecho, así es. Cuando recibimos el aviso de que Connor era fugitivo de la policía, yo creí que sólo sería un malentendido. O tal vez una situación delicada de pronta resolución… tal vez me equivoqué.

Antes de que pudieran preguntar, Markus realizó un movimiento en un teclado, y en una pantalla aparecieron siete modelos androides, y en otra un mapa con ocho puntos rojos —Hace dos meses, un androide fue encontrado sin vida en su departamento de Detroit. Cuando lo registramos, no detectamos daño o agresión, así que fue catalogado como malfuncionamiento… pero algo que me llamó la atención, fue que su Led se había quemado por completo. Una semana después, otro androide fue encontrado en las mismas condiciones. Pensamos que podría ser un defecto en sus biocomponentes, por lo menos en los Leds, así que comenzamos realizando análisis a nuestra gente. No encontramos nada, pero hubo una tercera víctima la semana siguiente.

Víctima —dijo Gavin —¿Creen que hay un asesino en serie?

—Yo también lo dudé, detective; de igual manera no quería dejar que apareciera una cuarta víctima… lamentablemente, como puede ver, no pudimos evitarlo.

Gavin se acercó al mapa y al registro de los androides. Había siete en total —¿Uno por semana?

—Sí. Sin excepción, desde hace ocho semanas.

—Pero entonces… ay, no.

—El androide que ustedes encontraron es la víctima número ocho. Pero reconozco que este es diferente.

—¿Explica?

—Los otros siete modelos sólo mostraban daño neuronal durante sus últimos minutos de vida. No parecía haber anomalías de ningún tipo previo a eso, y según me informan, esta nueva víctima es la que más daños presenta. No cuanta con un registro de memoria, ¿qué creen que signifique?

Gavin se giró a Nines, esperando que él respondiera, pero para su sorpresa, este parecía tan confundido como Markus. Gavin giró de nuevo a ver a los androides, y los puntos marcados en el mapa.

—Está escondiendo sus huellas —Nines alzó la vista hacia él —¿Están seguros de que los otros androides sí almacenaron recuerdos?

—Sí, pero ninguno claro justo antes de su deceso.

—Ajá —Gavin se mordió el labio —¿Y qué me dices de los androides? ¿Algo que tuvieran en común?

—No parece que haya nada. Todos son modelos distintos.

Gavin no tenía ni idea del significado de la variedad de letras y números de androides, sólo sabía que eso los diferenciaba, como a los humanos sus huellas dactilares. Aun así, intentó encontrar algo en sus modelos: Se trataba de una modelo RT600, una AX400, un PL600, un JB300, WR400, HK400 y un WR600… y ahora un RK800. Gavin se dio la vuelta.

—Nines, mueve tu trasero aquí y muéstranos que vales la pena —Él no respondió, pero obedeció y se acercó —¿Qué ves aquí?

—Diferentes modelos de androides, Detective.

—¡Hola! —tronó los dedos —¡Usa la cabeza!

Nines lo miró con frustración, pero obedeció. Volvió a estudiar a los modelos androides, y de pronto lo entendió —Son divergentes.

—Así es. Modelos reportados como desaparecidos; casos que el DPD tenía que investigar… casos asignados a Hank.

—El asesino de estos androides también podría ser el secuestrador del teniente. Consiguió acceso a los archivos del DPD… y los eligió a ellos en particular por su familiaridad con el teniente… y por eso eligió a Connor.

—Pero eso no nos dice cómo es que hay un segundo Connor —se giró de vuelta a Markus —¿Ya encontraron la información?

Markus miró a North —Los encontramos —dijo ella —y… están encriptados.

—¿Qué cosa?

—Fueron sellados. No sabemos cuándo, ni por quién. Simon y Josh están trabajando con los técnicos para desencriptarlos… creo que estamos pensando lo mismo.

—Creo que sí —dijo Gavin —parece que su sospechoso y el nuestro son la misma persona.

—Y seguramente fue también quien encriptó los datos —dijo Nines —Se aseguró de no dejar ningún rastro obvio.

—¿Por qué no nos mostraron esto antes? —preguntó Gavin. North dio un paso adelante.

—No sabíamos que era nuestro sujeto. Mucho menos pensamos que Connor se vería involucrado.

—No tiene sentido —dijo Nines. Se giraron hacia él —El Departamento de Policía piensa que Connor es el responsable por el asesinato y la desaparición del teniente; al menos, esa es la conclusión a la que llegaron. Si conectamos el suceso de estos días con los asesinatos a androides, pareciera tratarse del mismo individuo… pero, ¿qué motivaría a Connor a atacar androides divergentes, dos civiles y al teniente de policía?

Al notar la mirada de Nines, Gavin buscó una excusa —Se le… ¿zafó un tornillo?

—Es una manera de verlo… pero no lo creo. Un androide averiado no calcularía así la fecha de sus ataques, ni sería tan preciso y constante; y aunque fuera el caso, ¿no había pasado ya desapercibido varias veces? Parece un descuido muy obvio el dejarse ver por una niña.

—A menos —prosiguió Gavin —que pretendiera ser visto.

—Dejar un testigo.

—¿Por qué se delataría a sí mismo?

—A menos que no fuera el caso.

Gavin lo razonó, y logró llegar a la misma conclusión —¿Un impostor?

—Alguien que luciera idéntico a Connor, o lo suficiente para que un testigo, y cámaras de vigilancia, lo identificaran y así inculparlo.

—Cámaras de vigilancia convenientemente bien posicionadas. No fue al azar.

—No… Sin embargo, hay algo que no cuadra con nuestro escenario.

Gavin miró a los lados buscando la respuesta —¿Hank?

—No, detective. El otro Connor —Gavin ladeó la cabeza sin entenderlo —Piénsalo, Gavin; había alguien falsificándolo, otro modelo RK800, podría ser él quien atacó a estos androides, y seguramente fue él quien engañó y secuestró a Hank, pero después ¿qué sentido tendría autodestruirse? Encontrarlo es suficiente para comenzar a creer en la inocencia de Connor, y aunque esa hubiera sido su intención, sabemos que alguien más trasladó su cuerpo y lo enterró en el callejón.

—A ver, déjame ver si lo entiendo. Lo que tú sugieres es que el androide que trajimos podría ser nuestro sospechoso, pero ya que está muerto, y su memoria parece borrada… hay alguien más involucrado.

—Tú mismo lo dijiste, Gavin: yo creo que alguien reprogramó al RK800. Alguien que tenía acceso tanto a los archivos del DPD para conseguir modelos de androides, y también acceso a los archivos de Cyberlife, para encriptar datos.

—Así que hay un impostor que también podría ser un traidor.

A pesar de la gravedad del asunto, se sonrieron mutuamente por el hecho de haber desenmarañado esta parte del misterio. Gavin le dio un golpe leve al brazo de Nines —¡Sabía que seríamos un gran equipo! —y lo decía en serio. Nines encarnó una ceja y estuvo a punto de responder cuando Gavin se sobresaltó por el rugido de su estómago.

Nines sonrió —Parece que ya pasó tu hora de comer.

—¡Oh, cállate! —se giró a Markus —en serio agradezco su ayuda, pero creo que tengo un asunto importante que resolver… hay que resolver esos datos.

—Así será —dijo Markus.

—Bien, debemos irnos —"a comer algo" pensó Gavin.

Anochecía. Los últimos rayos del sol iluminaban las zonas más altas de los edificios, pero las calles ya se estaban oscureciendo. Dos vehículos se estacionaron casi derrapando, y de ellos bajaron varias unidades policiacas. Desconocían la situación actual del teniente Anderson, por lo cual, una parte de ellos iba equipados para dar lucha si se requería. Hank no había sido muy específico, pero el hecho de que estuviera en el tercer piso era un buen punto de partida.

Los oficiales entraron a un primer edificio, subieron con precaución hasta el tercer piso, revisaron con cautela buscando a Hank, pero no había señales de él. Registraron también el segundo y el cuarto piso, y nada, así que salieron y registraron el siguiente.

Estaban por entrar al tercer edificio, cuando Chris creyó percibir movimiento en una ventana rota a su derecha —¡Allá! —dijo, y los oficiales avanzaron.

Con precaución fueron subiendo por las escaleras del descuidado edificio, de no ser por las pocas personas que los observaron subir habrían jurado que el lugar estaba abandonado. El tercer piso se encontraba casi a oscuras, así que avanzaron con mayor precaución. Comenzaron a registrar los departamentos uno por uno, y de pronto un golpe fuerte al fondo del pasillo, en la última habitación.

Chris se adelantó y se acercó a la puerta de dónde venía el sonido —¿Teniente? ¿Es usted? —esperó —¡Teniente! ¡Venimos a rescatarlo! ¿Está usted aquí?

Una vez más no hubo respuesta, Chris intentó abrir la puerta, pero tenía seguro, se apartó y asintió para que sus compañeros abrieran la puerta. Este departamento no tenía luz eléctrica en absoluto, por lo que entraron lentamente. Apenas y lograban verse los unos a los otros, y justo en eso, una luz azul brillante apareció por un pasillo, apuntó con un arma que nadie pudo notar hasta que comenzó a dispararle a los oficiales. Tres cayeron heridos, mientras el resto retrocedía o se cubría tras las paredes.

—¡Hay contacto hostil! —reportó uno de los policías. Como ya no hubo disparos se asomó, solo para que una mano le tirara su arma de un golpe, y con la otra golpeara con fuerza su rostro para hacerlo caer. A su lado se asomaron dos policías más, y el atacante nuevamente disparó. El sujeto aprovechó la oscuridad para escabullirse y atacar a los policías, que se defendieron lo mejor que pudieron, pero fueron noqueados fácilmente por él. Estaba por dispararles a ambos cuando Chris disparó y acertó en su hombro.

—¡Aah! —gritó una voz conocida para Chris. Se internó en la oscuridad con cautela y con su arma firme, pero recibió un golpe en la espalda, se giró como pudo para enfrentar al atacante, pero recibió varios golpes en el rostro, el estómago y finalmente calló al suelo. El atacante dio una fuerte patada a su pierna, y sólo pudo gritar por el dolor.

El sujeto levantó el arma de Chris del suelo, y él comenzó a jurar que era su final, pero el atacante sólo la contempló y después se giró a verlo. Un led parpadeaba entre colores azul y rojo en su sien. Era un androide. Justo entonces, una linterna iluminó su rostro y el androide se cubrió y disparó en esa dirección. Aprovechó la distracción y huyó por el pasillo. Un grupo de oficiales lo siguió, mientras otros se acercaron a los heridos.

Chris estaba conmocionado, no por su pierna, que seguramente seguiría funcionando, sino por el rostro del androide. La linterna logró mostrar un rostro manchado de sangre azul, y una piel entre humana y sintética. Cuando alguien tomó su rostro para saber qué ocurrió, Chris solo logró decir una palabra:

—Connor…