Hola, mis amigos, yo soy es Yuzu

Este es mi primer one shot esta vez para Candy Candy donde esta vez el protagonista será el rebelde forever Terry Grandchester, es una lástima que su cumpleaños fue el 28 de enero y quería subirlo pero como yo estoy siguiendo la secuela de Inuyasha pues me fue muy infructuoso. Lamenyo si fue tarde pero será un regalo tardío para nuestro badboy inglés.

Saludo a todas las terrytanas o como les digo actualmente Terrytards, aunque para evitarme problemas debido a que suelo emparejar a Candy con cualquier chico/a (Exceptuando a los Leagan) les aclaro que yo no soy fan acérrima a morir de ningún galán o alguna preferencia definitiva por ellos, simplemente me gustan los tres galanes porque cada uno tiene su personalidad y su toque único.

Sin dar más rodeos empecemos con esta historia

Espero que lo disfruten

Yuzu y fuera

PD: Va a contener lemmon y ¡Miren una Candy neko!

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Ya había amanecido en Londres, dando el efecto que sería un día cualquiera, un caluroso y aburrido sábado, eso es lo que se suponía que iba a ser. Sin embargo como en todas las historias hay un detonante para dar inicio a la historia, y este se manifestó cuando llamaron a la puerta del apartamento de Terry Grandchester.

Eran las nueve de la mañana, un sábado como otro cualquiera, con este pensamiento el chico de cabellera negra se había levantado temprano, arreglándose para ir a matar el rato por ahí, ya se le ocurriría algo para más tarde. Cuando oyó que tocaban al timbre fue a abrir ya que era el único que se encontraba en la casa, puesto que, su madre Eleonor tenía previsto pasar el fin de semana visitando a un familiar. Por supuesto su padre, el Duque de Grandchester estaba de viaje de negocios, así que estaba totalmente solo en casa, cosa que no le desagradaba en absoluto.

Fue a abrir a la puerta encontrándose un gran paquete cuadrado de color rojo carmesí envuelto con un lazo de un verde esmeralda, justo donde se formaba el lazo pudo notar una nota que al leerla se quedó en shock.

"Querido Terry, nos enteramos que pasarías el fin de semana solo

Así que te damos este regalito para que te haga compañía.

Aprecialo bien que nos costó retenerlo.

Atte: Charlie, Archie, Stear, Annie y Patty

PD: Por cierto te lo hemos dejado a punto de caramelo

PD2: Stear nos dio la solución para un detalle en este regalo y Eliza añadió otro detallito"

Aquella nota lo dejó desconcertado pero no tardó mucho encoger el paquete, eso sí algo inseguro, y llevarlo al salón. Una vez allí lo abrió con cuidado encontrándose con la imagen más dulce y condenadamente sexy que hubiera podido imaginar en su vida.

Allí durmiendo plácidamente se encontraba Candy, sin embargo, ésta tenía unas orejas y cola pomposas blancas de gato, y vistiendo un vestido de seda blanca, de tirantes y por lo que se podía apreciar apenas le llegaba a cubrir dos dedos de muslo, aunque lo más sorprendente es que se podían ver, al ser tan corto el vestido, unas braguitas de color rosado, con volantes a los costados.

Después de poder recuperarse de su sangrado masivo, agarró a la rubia pecosa como pudo para sacarle de la caja aunque tuvo la mala suerte de resbalarse y caerse, quedando él tumbado en el piso y encima una Candy que comenzaba a despertarse.

Tallándose su ojo derecho y teniendo el izquierdo entreabierto, notándose lo adormilada que aún estaba, aun así empezó a hablar

-¿Qué sucede?, ¿Dónde estoy? –Preguntó bastante dormida aún sin darse cuenta de nada.

-Estas en mi casa, Tarzán Pecosa- respondió el inglés rápidamente mientras se ponía tapones en la nariz para evitar desangrarse completamente- Los amigos en quienes tanto confías te han dormido y vestido para la ocasión- Le explicó sonriéndole pervertidamente ya habiendo descubierto el significado se aquella posdata, que si no se equivocaba mataría y les agradecería a aquellos locos que se hacían llamar amigos suyos.

La rubia pecosa le miró interrogante aun sin comprender, sin embargo al escucharle decidió echarse un vistazo notando su atuendo. Con mucha vergüenza y pudor intentaba taparse lo más que podía siendo inútil, y ocasionando que se le viera más tierna y adorable.

Terry ya no pudo contenerse más y en el descuido de la otra se posicionó sobre ésta, dedicándole unas palabras.

-¿Sabes? Los chicos se esforzaron mucho por darme un buen regalo, y siempre me enseñaron que hay que ser agradecido. Por lo que pienso disfrutarlo al máximo, mi gatita pecosa- Le confesó provocando que apareciese un gran sonrojo en sus mejillas contrastando con su nívea tez.

El de cabellera larga empezó a besar y lamer el cuello de la rubia pecosa con esmero deleitándose con los suspiros que se le escapaban de vez en cuando. Después de haber dejado algunas marcas en su cuello que le marcaban de su propiedad fue bajando hasta el inicio de aquel vestido, al notar que era de seda fina una mano se dedicó a mover y acariciar sus seno mientras la otra se dedicaba a acariciar y sobar las piernas de su novia acercándose peligrosamente por los muslos.

Candy no podía hacer mucho a parte de dejar salir pequeños y entrecortados gemiditos mientras dejaba vía libre al inglés para que hiciese lo que quisiera con su cuerpo.

-T-Terry… se siente extraño… mi cuerpo está ardiendo…-Le confesó la rubia pecosa respirando agitadamente.

El aludido tranquilamente se acercó al rostro de la otra y la besó fogosamente, al separarse un fino hilo de saliva unía sus bocas.

-Seguramente aparte de sedarte te habrán dado afrodisiacos, pero no debes preocuparte ya que yo haré que te sientas mejor las veces que yo quiera- Le respondió con una gran sonrisa pervertida mientras la otra intentaba negarse balbuceando palabras sin coherencia.

Nuevamente el de cabellera larga emprendió la marcha acariciando la zona más sensible del cuerpo de su pecosa empezando a hurgar las bragas y mover sus dedos sobre la zona femenina y luego comenzó a empujarlos dentro de la chica llegando a un punto en que las paredes atrapaban sus dedos los cuales empleaban el empuje más rápido y fuerte hasta que al final se viniera manchando las braguitas que aun llevaba puestas.

Lentamente Terry le quitó las braguitas, impregnándose con los dedos los restos de fluidos de Candy, se bajó un poco el cierre de su pantalón procediendo a masturbarse hasta que notó que su miembro se puso lo bastante duro mientras la otra abría levemente su entrada como si quisiese invitar a su amado que le encestara su sable de piel. El inglés abrió las piernas de su amante y las alzó hasta apoyarlas en sus hombros.

Poco a poco le iba introduciendo el prepucio dentro de la vagina consiguiendo en la rubia pecosa un respingo por su parte. Al poco tiempo se introdujo más hasta lograr encajar en el interior ganando posteriormente una expresión bastante molesta y dolorosa por parte de Candy. Ya tranquila y relajada estaba la rubia pecosa comenzó a moverse lentamente contra el interior de su amante mientras que la joven dejaba salir grititos ante el dolor que le causaba el ser penetrada aunque fuera gentil por ser su primera vez.

Al poco tiempo se calmó y el dolor se fue transformando en un placer que le nublaba el juicio. Terry se comenzó a mover con más fuerza y velocidad a petición de Candy. Hasta que llegaron al clímax, viniéndose el inglés varias veces tras varias embestidas más dentro de la rubia pecosa.

Al terminar salió del interior de su gatita pecosa, abrazándola al estar recostado a su lado

-Te amo mi gatita salvaje- Le confesó sin dejar de abrazarle.

-Yo también mi querido amo- Se confesó también la rubia pecosa para después besarle y empezar con otra ronda.

Definitivamente aquel fin de semana Terry no estaría solo, es más estaría muy bien acompañado aunque desgraciadamente la pobre Candy una vez tendría otra desgracia sumada a muchas otras y era que no se podría sentar en semanas.