HEREDEROS DE UN AMOR

Capitulo I

"La fuerza del destino"

Estaba cansado de entrenar, atender asuntos de la familia, necesitaba un descanzo y que mejor que caminar por la villa, el joven de cabello largo y negro lo llebaba bien peinado hacia atras atado con una cinta, habia escuchado a los ninjas decir que habria una fiesta ahí y era mejor que ir a la mansión Kusanagi y presentar sus mas "sinceras" felicitaciones al nuevo lider del Clan por su casamiento con la señorita Jun Kushinada, no entendia como Ken Kusanagi acepto casarse sin siquiera conocer a la mujer, sabia que tradicionalmente ella fue destinada desde pequeña a casarse con el futuro lider del Clan y por obligación habia que aceptarlo, en cambio Fudo no, el buscaba algo distino, no iba a casarse por obligación ni por interés que fortalezca al Clan, el buscaba algo mas estraordinario que eso, buscaba eso que las parejas enamoradas llamaban amor.

A pesar del frio el lugar estaba repleta de personas, el lugar estaba iluninado con lámparas de velas iluminando todo el lugar, algunos bailaban al ritmo de unos tambores que se escuchaba, otros caminaban felizmente viendo los puestos de artesanias, venta de ropas, accesorios que ofrecian, tambien habia luces.

Vio como la familia del emperador Kõmei bajaba del carruaje, su esposa y sus dos hijos gemelos cuando la ve bajar tambien.

Esa mujer morena de ojos verdes vestía de blanco, con su cabello suelto y su rostro limpio. Lleva un vestido tan liviano que se sorprende que no esté tiritiando de frio y que le obliga a alzar su mirada hacia su rostro, para no fijarse en la tela que se ajusta a sus caderas y su abundante pecho, formas que normalmente quedan resguardadas de su mirada curiosa bajo su ropa.

Sus ojos brillan, recordándole el reflejo de la luna sobre la superficie de un lago. Se ve hermosa, y ese pensamiento lo golpea de forma tan inesperada que le hace tambalear. Mientras el emperador y su esposa veian algunas artesanias de un puesto dejandola sola con los gemelos no dudo en ir a presentarse y conocerla.

— Buenas noches, soy..

—Fudo Yasakani -termino diciendo la chica inclinando un poco su cabeza.

—¿Como sabes quien soy?

—Tu familia es muy conocida en todo Japón, además tu eres uno de los guerreros que sellaron a Orochi, son unos heroes. -explico la chica con una sonrisa, le agrado saber que también lo concideraba un heroe, despues de que todos hablaban que fue Ken el único héroe.

—Nunca la he visto en el pueblo.

—Vengo de Kioto, vine a pasar una temporada con mi hermano y su familia.

—¿Es hermana del emperador Kõmei?

—Asi es. -contesto perdiendose en esos ojos azules del joven Yasakani sintiendo algo extraño y bello en su interior cuando el carraspeo de alguien la saco de su trance.

—Señor Yasakani, veo que conocio a mi hermana Natsuki Asamiya. -hablo el emperador apareciendo con su esposa, una mujer bella de ojos y color lila, el vestia un Kimono que es como una bata larga que llega hasta los tobillos, que hace sentirse cómodo, se sostiene en la cintura por un listón grueso que por la parte de atrás se hace nudo haciendo una especie de moño de color oscuro y su esposa igual aunque mas femenino de un color rojo.

—Emperador, un honor verlo en este lugar. -saludo el Yasakani haciendo una leve reverencia.

—Mi esposa insistio en conocer el lugar.

—Señora Athena, veo que los años no pasan para usted. -dijo algo extrañado, a pesar del tiempo, la esposa del emperador seguia siendo igual desde que se caso, en cambio su esposo ya era un hombre de edad, ella se incomodo un poco por el comentario.

—Gracias. -murmuro ella cubriendose con su gran abanico.

Los niños corrian de un lado a otro rodeaban al joven Yasakani, eran totalmente identicos, tenian el cabello y color de ojos de su madre. En un momento uno de ellos salto en su espalda sacandole la cinta que sujetaba su cabello.

—Niños comportencen. -les indico Natsuki aunque no hacian caso, riendo se fueron a un puesto a comprar dulces. —Lo siento, son unos traviesos.

El emperador miro con enojo a su esposa por la verguenza para luego suspirar cansado.

—Esos niños necesitan disiplina Athena, ya deja de malcriarlos. -le dijo a su esposa con autoridad quien lo miro tambien molesta.

—Son tus hijos tambien querido.

—No se preocupen, son solo niños. -contesto Fudo con una sonrisa. —Me gustaria invitarlos a almorzar mañana en mi mansión, ya que solo nos vemos en ocasiones especiales, si lo desean.

—No lo se señor Yasakani, creo que en otra ocasion con gusto, tenemos.. -decia el emperador.

El joven no escuchaba lo que le decia pero miro por un momento a Natsuki quien de inmediato se sonrojo, Athena se percato de ello y de inmediato contesto.

—Claro que aceptamos su invitación. -miro picaramente a Natsuki quien la miro agradecida.

—Esposa mia sabe que tenemos la visita del emperador chino y sus acompañantes. -le recordo.

—Ellos vendran por la tarde querido, podemos hacer ambas cosas. -le dijo amablemente Athena con una sonrisa que el emperador no podia negarse, amaba mucho a esa mujer, la habia conocido cuando solo era un joven general del ejercito, en una de sus guerras la encontro, era una cautiva del enemigo, estaba en deprorables condiciones, sucia y desarreglada, asi fue como la conoció y se enamoro no solo de su belleza sino de su bondad, asi fue como tomo su mano y la hizo su esposa, todo fue antes de ser el sucesor de su padre.

—Esta bien, iremos mañana a su mansión señor Yasakani.

Pasaron dos años, el emperador ya habia aceptado entregar la mano de su hermana al joven Yasakani comprometiendola en matrimonio, no podia estar mas feliz, desde que habia comenzado a frecuentarla decidió que fuera su compañera de vida, su amada esposa. Y asi fue que se realizo la ceremonia en la mansión Yasakani, todo el pueblo estaba invitados a celebrar la unión de aquella pareja, muchas familias de alto rango tambien estaban ahi.

—Vaya al fin se casaron. -dijo la sacerdotiza Mei Yata, una joven vestida un Kimono rosa tradicional y tenia su cabello castaño bien atado en una cola de caballo y solo un mechon caia hacia su rostro, estaba sentada en una mesa junto con Kusanagi, un joven tambien castaño de ojos marrones, tambien vestia igual pero mas masculino de un color oscuro, lucia su cabello corto a un estilo samurai ambos veian a la feliz pareja tomados de las manos.

—Sabes muy bien que yo deberia estar en su lugar. -murmuro Ken algo triste.

—Tu destino era casarte con Kushinada, tu la salvaste de ser sacrificada a Orochi. -le recordo ella. —Además tienes una linda familia ahora. -vio de lejos a un pequeño bebe en brazos de Jun junto con los padres de Ken.

—No me arrepiento de haber tenido a mi hijo, pero si al no revelarme a mi familia cuando se reusaron a que pidiera la mano de Natsuki cuando eramos amigos. -contesto siendo honesto con Mei.

—Eras solo un joven de 18 años Ken, ella aún no estaba lista para casarse. -le contesto pasando una mano sobre su hombro como consuelo.

—Yo la amaba Mei. -susurro volviendo a ver a la recien casada quien saludaba a algunos invitados, en un momento lo miro bajando un poco la vista con pena.

Después del casamiento habian pasado seis meses, Fudo se encontraba en el balcón de su habitación, la vista que tenia al frente era insuperable. Un mar de nubes y un cielo estrellado adornaba la hermosa noche. Natsuki se encontraba de pie con una bata roja cubriendo su cuerpo de la suave brisa nocturna, Fudo apago las velas que alumbraban levemente, la silueta de su esposa quedo iluminada por los rayos de la luna, se veía hermosa, especialmente por la hermosa pancita que resaltaba en su figura. Fudo la abrasó por la espalda hundiendo su cara en su cuello, con su mano deslizo un poco la bata dejando al descubierta la piel blanca y beso su hombro comenzando una cadena de besos por su cuello, miro la delicada cadena de oro blanco y ese dije de rubi.

— Te amo. -dijo al llegar a su oído, ella sonrió, unió sus manos con las de él que estaban sobre su vientre abultado.

Fudo acaricio el lugar donde su hijo crecía, ella de pronto sintió calor en su piel, donde su esposo tenia sus manos, y entonces el bebe se movió dentro de ella.

— ¿Lo sentiste? -pregunto Natsuki con emoción.

— Si - respondió Fudo sonriendo, la felicidad que sentía no cabia dentro de el.

Ambos disfrutaban de la experiencia mas hermosa que es ser futuros padres, se miraron felices y se besaron con pasión llenando ese profundo amor que sentian.

Alguien los observaba de lejos detras de un árbol.

—¿Princesa?

En ese momento pego un salto mirando a la joven que la habia sorprendido.

—Ah por nuestro dios Helene, me asustaste. -contesto tomandose del pecho.

—¿Que hacia?

—Solo veia a la pareja. -contesto indicando el balcón. —Me gusta ver el amor que tienen Natsuki y Fudo, parece algo fuera de lo común, algo mágico.

—Hay que ser precabidas para que ningun humano nos viera o se darian cuenta que no somos como ellos. -le aconaejo mirando su atuendo que usaba en el otro mundo fantastico, era una especie de bikini roja y sandalias bien acordonada sobre sus piernas.

—Lo se. -susurro.

—Sabe que tiene poco tiempo en este mundo, hay que volver al castillo de la Victoria...

—¡Lo se! -exclamo algo molesta, Helene solo bajo su mirada, Athena se sintío mal por haberle hablado asi, su mas fiel amiga no tenia la culpa. —Lo siento, pasa que me duele abandonar a mis hijos, mi esposo.. todo lo que amo.

—En verdad la entiendo Princesa, pero debe saber que ya el pueblo habla de usted, que no envegece a pesar de los años por mas maquillaje que use sigue siendo joven. -le informo a lo que Athena suspiro cansada.

—Es mi inmortalidad por ser una diosa, fue un riesgo que decidí correr, ahora debo irme antes de ser descubierta.

Mientras tanto un hombre robusto se acercaba al dios del tiempo, quien sentado en un sillón negro frente a una gran hogar veia como los troncos eran consumidos por el fuego la unica iluminación en esa oscuridad.

—Señor Saiki, tenemos una información que puede ser importante. -hablo con una voz casi robotica e intimidante.

—¿A si? ¿Cuál? -cuestiono desinteresado volteando a verlo.

—La esposa del Señor Fudo Yasakani fue muy amiga del Señor Ken Kusanagi al límite de querer romper su compromiso con Jun Kushinada.

—¿Que tan seguro estas de eso?

—Tengo a un espía entre los ninjas del Clan Kusanagi, escucho hablar a uno de los señores de lo sucedido años atrás.

—Travis, espero que no te equiboques o lo lamentaras. -amenazo su amo. —Sabes que hace mucho tiempo el gran Orochi quiere vengarse de los Clanes que lo sellaron.

Travis se atemorizo, sabia lo sadico que podria llegar a ser su amo.

—Estoy seguro que no miente Señor Saiki, puede estar seguro.

—Esta bien, te creo. -se levanto y fue hacia una mesa y se sirvio un poco de vino en una copa. —No puedo atacar a esos humanos si estan aliados, tenemos que despertar a Orochi a su debido tiempo. -tomo un sorvo de vino. —Quiero que abras bien tus orejas y hagas lo que te voy a decir, tengo un plan para enemistar a los Clanes y empezar una guerra entre ellos pero necesito la ayuda de ese espía que tienes en la mansión Kusanagi.

Al otro dia de mañana el joven Ken estaba sentado en el cesped cerca de un manantial, miro nuevamente el papel que le habia dado una de los sirvientes Yasakani discretamente.

"Te espero en el manatial a las diez. N"

Apenas vio que alguien encapuchado se acercaba se levanto de inmediato con desconfianza pero cambio cuando vio que el sujeto tiro su capucha hacia atrás viendo a la persona que menos esperaba.

—¿Natsuki?

Se veia tan natural como la conoció.

—Hola Ken.

Saber que era ella, hizo que su corazón latiera con fuerza, pero al mismo tiempo un intenso dolor se situó en su pecho al recordar cuando el dejo de ser su amigo, cuando se despidió de ella en el mismo lugar que estan ahora años atras, en el mismo manantial.

Ella bajo su cabeza al escuchar al Kusanagi que su deber era casarse con Jun, que lo disculpara pero que sus padres lo obligaban.

O sea que ya no nos volveremos a vernos. -dedujo ella con una tristeza.

No.. ya no podemos ser amigos. -concluyo el sintiendose un idiota al decirle que toda esa amistad y supuesto amor habia terminado.

Unas lágrimas cayeron sobre la cara de la chica.

Entonces mentiste cuando dijiste que pedirias mi mano, que me amabas y deseabas estar a mi lado siempre. -hablo dolida y su voz debil la traicionaba.

Se dio vuelta no queria que ella lo viera sufrir tambien, debia ser fuerte, su casamiento con Kushinada fortaleceria a su familia.

Mis padres me comprometieron con Jun cuando era niño, no puedo reusarme a casarme con ella, en verdad lo lamento Nat..

Ya dejate de escusas Ken. -lo interrumpió. Olvida que existo si quiera, no me busques. -le advirtió echandose a correr.

Ken vio como la joven se encorvaba un poco y cierta expresión de dolor en su rostro, comprendió que le debía una disculpa.

— Perdón… - hablo el Kusanagi llamando la atención de la chica.

—No tienes que disculparte Ken, yo soy la que te debe una explicación. -contesto sujetándose uno de sus brazos. —debi haberte dicho que me casaria con Fudo...

—Espera Nat, no tienes porque explicarme nada.-la detuvo el, la chica lo miro confundida. —Yo debi haber luchado por ti, fui en verdad un tonto en dejarte ir.

El no se atrevio a mirarla a los ojos.

—Eso ya no importa Ken. -susurro ella. —Eramos tan solo unos niños, que no sabian que era realmente el amor.

Ken volvió a mirarla a los ojos, ella ya no era la misma, ya no lo miraba con esos ojos brillantes lleno de ilusión.

—Ambos cambiamos Nat, seguimos nuestro camino pero aun asi no te he olvidado, siempre seras parte de mi. -confesó a lo que sorprendio a la chica sintiendose culpable.

—Yo.. en verdad no se que decirte...

—Tranquila Nat, estare bien. -contesto fingiendo una sonrisa como si tratara de transmitirle paz. —Amo a mi hijo, jamás fui tan feliz hasta el dia que lo tube en mis brazos y veo que tu también seras mamá.

Ella se tomo del vientre, era tan notorio su embarazo que ni su túnica la cubria, sonrió dichosa.

—Asi es Ken, estoy tan contenta con este niño, el va a cambiar mi vida. -se saco una cadena de oro blanco con un rubí como dije con forma de estrella, se acerco a el colocandolo en su cuello.—Deseo que lo conserves y lo uses como muestra de la amistad que tubimos y quiero verte feliz.

Detrás de unos arbustos se encontraba el espia viendo toda la escena.

Habian pasado mas de quince minutos que el Kusanagi salío galopando en su caballo, ella se quedo sola viendo la belleza del manantial, cuando escucho a alguien acercarse a ella, se dio vuelta y vio a ese hombre, tenia su cabello de un color bronce al igual que sus ojos, por su apariencia era francés.

—¿Quien es usted? -exigió saber sumamente asustada, jamás lo habia visto y por lo que veia no tenia buenas intenciones.

—Mi nombre es Travis Fave y lamento tener que hacer esto. -dijo al tiempo de sacar una daga y un grito se escucho por todo el bosque.

Fudo fue hacia la habitación donde domia con su esposa y se extraño al no verla, se suponia que para medio dia estaria en la mansión, ella a la mañana habia salido al pueblo a hacer unas compras pero aún no habia vuelto. Fue hacia la sala donde vio a su hermana caminaba con un libro hacia el jardin, era una joven de 19 años de edad, de cabello negro y ondulado de ojos carmeci.

—Lin ¿Haz visto a mi esposa? -le pregunto su hermano mayor a lo que la joven se asombro.

—No, que no esta casada contigo. -bromeo ella. — Es algo que tu deberias saber.

—¿Que sucede? -pregunto su tio Hiro apareciendo, era un hombre robusto de cabello rojo y ojos azules, vío la cara preocupada de su sobrino.

—Busco a Natsuki, ella salió al pueblo esta mañana y no ha vuelto. -solo dijo Fudo.

—Manda a las ninjas a buscarla. -le aconsejo, Fudo asintió, sabia que algo malo habia sucedido.

Un ninja de su Clan entro a la casa y todos se lo quedaron viendo, se veia cansado y transpirado como si hubiera corrido apurado.

—Señor Yasakani. -logro decir tragando saliva, volviendo a retomar su respiración normal, eso preocupo aún mas a Fudo. —Encontraron a su esposa muerta a las orillas del manantial que esta en los terrenos de los Kusanagi.

Los ojos de Fudo y de los demás miembros de la familia quedaron atonitos, no esperaban esa información, Fudo salío corriendo de la mansión hasta las caballerizas y busco su caballo.

— ¡Espera! ¡Fudo!

Escuchaba los gritos de su tio pero a el no le importo, salió montado a su caballo a todo trote a las afueras de los terrenos de la mansión.

Mientras galopeaba con su caballo sin detenerse por un segundo tratando de ignorar sus pensamientos, queria creer que era una mentira lo que dijo ese ninja, ella no podia estar muerta. Sus recuerdos pasaban por su mente como un proyector que mostrara cada uno de los momentos que había estado con Natsuki.

Recordó la primera vez que la vio en esa fiesta en el pueblo, como hubiera deseado que todo terminara ahí.

Recordó el claro y su primer beso, aquella suavidad que solo poseían sus labios, sus expresivos y grandes ojos color esmeralda.

Fudo detuvo su marcha justo llegando al manantial, parecía mentira pero el dolor de los recuerdos le quemaba, fue ahi cuando la vio tirada en el suelo rodeada de personas quienes se apartaron cuando el Yasakani se acerco al cuerpo.

Callo de rodias al suelo el dolor lo atravesó por completo, sintió como toda su vida se iba sin nada que hacer, no le importo que esas personas lo vieran sufrir.

—¡NO! -grito lleno de frustración al ver a la persona a la que amaba sin vida, ya no respiraba, estaba totalmente pálida, toco su vientre, habia sangre.—No mis bebes NOOOO ¡¿Porqué?! La vida es tan injusta.

Sus lágrimas no dejaban de salir de sus ojos mientras abrazaba el cuerpo de la mujer que amaba.

...·:·:·:·:·…

Asi imagine que seria el comienzo de esta historia, espero que les haya sido de su agrado. Capitulo II "El pacto"