Capitulo VI

"En el carnaval"

Ambar esperaba a Eric en la habitación, la encontró sentada en la cama cubierta por unas finas sábanas blancas en la penumbra, el cabello rubio cayó como suaves ondas sobre los hombros desnudos. Era una hermosa mujer, ojos color amarillos, un rostro delgado y con la expresión que sólo las mujeres sensuales poseen, su cabello era largo, y aun cuando estaba sentada, los rizos se ondulaban por el colchón, sobre las sábanas. La blancura de su piel casi palida, sus finos labios eran una tentación.

— Te estaba esperando.

—¿Que haces aquí?

Eric hacia años que no la veia hasta que Saiki se la presento volviendose a encontrar con ella, siguió tomando de su botella sentandose en la cama.

—Vine a ver a mi persona favorita.

Este rió a esa respuesta.

—Me vas a decir que no te afecta que Yagami se haya casado con Athena.

—Si me duele, yo lo quiero mucho pero... muy pronto me las pagara. -dijo acercándose más a el. —¿Porqué no recordamos viejos tiempos? Apuesto que Athena nunca logro satiafacerte como lo hacia yo.

—No sabes lo que dices Ambar, ella es única. -murmuró volviendo a tomar un trago largo sintiendose como el alchol hacia su efecto.

—¿A si? -cuestionó ella en desacuerdo mientras se sentaba en sus piernas, Eric no pudo ver como sus pechos que subia y bajaba al ritmo de su respiración. El intentó apartar la mirada, pero era obvio que ella no lo dejaría.—Entonces enseñame lo que se pierde al estar en tus brazos, no vas a negar que la pasabamos bien -dijo ella, sonriéndole mientras mordia sus labios.

—Hasta que el pelirrojo apareció. Luego tú te alejaste de mi. -le recordó el aún molesto con ella.

—Si es cierto pero tu empezaste a conocer a Athena en ese tiempo y también te alejaste. -contra ataco ella a lo que Eric asintió, era cierto lo que ella decia. —Vamos Eric, hazme tuya.

Ambar estaba en una actitud muy seductora, y no hacía ningún esfuerzo por disimular. Eric sentía que esa atracción que ejercía sobre él estaba haciendo reaccionar su cuerpo, él no estaba seguro de poder, o querer, negarse. Dejo la botella aun lado y la tomó del rostro besandola con una pasión mientras que ella lo abrazaba a travez de su playera tocando y rascuñando su piel, iba a ser una noche muy larga.

Mientras tanto en la mansión Kusanagi Yuki bajaba de las escaleras en bata mientras veia justo a su esposo entrar a la mansión, eranas 5:07 am

—¿Se puede saber donde estabas? -Kyo no tenia escuza, bajo su mirada avergonzado. —Sé que fuiste a querer impedir el casamiento de Athena con Yagami. -le recordó ella ese episodió.

—Si, no queria que se casara con el.. era nuestra amiga.

—Athena es una mujer libre, puede casarse con quién quiera en cambio tu eres un hombre CASADO. -marcó bien lo último mientras apretaba sus mandibulas.

—¡Lo sé! No debí ir.. lo lamento Yuki. -se disculpó el, a lo que Yuki suspiró resignada como si el castaño no tubiera remedio.

—No lo lamentes, sé que Athena fue una gran amiga pero debes preocuparte mas por mi yo soy tu esposa Kyo. -al momento que dijo eso, ella volvió a subir las escaleras volviendo a su cuarto, el castaño suspiró cansado frotandose los ojos dejo su chaqueta en el sillón para luego sentarse recostandose, sabiá que Yuki estaba enojada y con razón, sabia que debiá dejarla sola en ese momento.

El avión que venia de Japón aterrizó en el aeropuerto de la ciudad Mar del Plata (Buenos Aires) a las 15:02 pm, los pasajeros bajaban muy cansados despues de 19 horas arriba de un avión hacia al otro lado del mundo. Iori y Athena bajaron al aeropuerto con sus maletas, la psíquica apenas podia mantener los ojos abiertos, el viaje fue largo, estaba exhausta por el cambio de horario además que en Buenos Aires hacia calor y en Japón estaban en invierno, nada mal para unas vacaciones en la playa en verano.

Luego fueron transportados por el microbús al gran hotel "Las orcas" que ciertamente ya había sido reservado y pagado por todo un mes de estadía, días atrás.

Estaban asombrados por la gran dimensión y elegancia del hotel. Luego fueron llevados a su habitación y al entrar vieron un camino de pétalos de rosas rojas que terminaban en la cama con mas pétalos de rosas encima y una caja de bombones sobre la mesita de luz, globos de corazones que decian "Te amo" y velas rojas. Athena se ruborizo al máximo maldiciendo a su madre, Iori solo lo veia con indiferencia.

—¿Esta todo bien? -cuestionó el mozo de equipajes sin entender como la pareja de recien casados no parecian felices por la sorpresa. —¿Es como lo reservaron?

—Si esta perfecto, gracias. -respondió Athena amablemente, eso era lo bueno de hablar varios idiomas.

—Si necesitan algo mas llamen a servicio a la habitación, el numero esta grabado precionando la tecla uno. -termino diciendo el joven mozo dejando el equipaje hacia un costado para luego salir de la habitación.

Iori saco del mini bar una lata de cerveza abriendola y beber un gran sorbo, hacia demaciado calor y no era de esperarse hacian 37°, se dejó caer en la cama aún con pétalos de rosas que no parecia importarle aunque no le agradaban esas cosas cursis, el romanticismo es algo que prefería no pensar, la habitación era espaciosa al igual que la cama, con muebles imprescindibles como una cómoda, lámpara, una mesa, un sillón, televisor grande y cerca un minicomponente. Todo muy moderno, bebió un poco mas su bebida dejandola en la mesa de noche.

Vió a la psíquica tomar el control remoto y prender el televisor, cambiando de canales, veia sorprendida los programas de televisión, actuaba como si el no estuviera ahi, no habian hablado ni siquiera cuando subieron y bajaron del avión, de pronto se acordó cuando ella durmió en sus brazos aquella noche en su apartamento, aún olía ese perfume, sintió una extraña incomodidad liberó algunos botones de su camisa color vino, subió las mangas hasta la altura de su codo, su piel era blanca, pero nunca tanto como la de Athena, maldijo el voz baja, otra vez estaba pensando en esa psíquica.

Ella fue hacia la ventana abriendolas en par en par, el viento del mar hacia flamear las cortinas de seda blancas y al salir al balcón vio el paisaje mas hermoso, el mar de frente junto con el sonido de las olas y a su vez de las gabiotas volando, las personas tomaban el sol en la playa, los niños jugando en la arena, otros en mar nadaban divertidos, música moderna, habian puestos de ropa, artesanias y comida, la psíquica sonrió, el lugar era perfecto además que nunca habia visitado sudamerica, ya no veia la hora de también ir a divertirse.

Volvió de nuevo a la habitación para acomodar sus cosas en el placar y al hacerlo se encontro con el pelirrojo ya durmiendo en la cama, su expresión tan tranquila, en paz, estaba profundamente dormido, también lo habia agotado el viaje.

Iori despertó al escuchar los sonidos de unos tambores a lo lejos, frotó su mano sobre sus ojos para despavilarse y levantarse, se percató que sus cosas y su ropa habian sido dobladas y guardadas en el armario al igual que las de ella, giro para verla dormir acurrucada en el sillón como si fuera una niña, se veia tan tierna con su vestido rosa.. tenia su cabello humedo como si se hubiera pegado una ducha y las gotas de agua resbalaban de su cabello y caian hacia el nacimiento de sus pecho el cual el pelirrojo esquibo su mirada hacia otro lado, debia admitir que la joven Athena era muy hermosa y con una figura envidiable.

Ella comenzó a moverse comenzando a despertar, se estiro levemente, le dolia la espalda, habia dormido mal en ese sofá, abrió sus ojos viendo al pelirrojo parado.

—¿Que hora es? -le preguntó para sorpresa de Iori quien la miró serio.

—Al fin dices algo, creí que me habia casado con una muda. -vió el reloj que estaba en la mesita a la psíquica no le agrado nada el comentario. —Son las ocho de la noche. Ire a bañarme. -le informó tomando algo de ropa y entrar al baño.

Cuando hay sol en la mañana

y es que detona la fiesta

se formará la contienda

vamos a bailar y brincar

Cuando este de madrugada

no te tomes una siesta

todos las manos arriba!

vamos a bailar y brincar

Athena se levantó del sillón mientas escuchaba una música en el aire que provenia de afuera, se asomó al balcón para ver lo que sucedia, en la avenida que estaba enfrente habia sido cortada por la policia para que no sea tránsitada por los autos asi dar lugar al "El carnaval del pueblo", decia un gran pasacalles.

Athena sintió una curiosidad en ir a ver como eran los carnavales en Argentina, se peino rapidamente colocandose sus sandalias, le dejo una nota al Yagami sobre la cama y salió de la habitación.

Un mundo de gente de vestimentas coloridas, amarillas, verdes, naranjas, las mujeres sonriendo alegremente, moviéndose al ritmo de los tambores que sonaban en la avenida.

Tras ellas, venía un grupo de jovenes con la bandera de su escuela mostrando su baile de corzo callejero, desfilaban con silbato y tambores. Otro grupo de chicas bailarinas iban detras de ellos se movian al ritmo de la música, todas usaban trajes lleno de luces de colores brillantes llamando la atención de muchos. Por detrás, el grupo de batería tocaba, gritaba, se movía y tocaban sus silbatos. Sus movimientos brindaban energía, vida y alegría, e iban también vestidos con colores fuertes y pintorescos, dándole potencia a la batucada. Otro grupo detrás de ellos hacian bailes en parejas, que eran los mejores bailarines de su localidad, hombres parecian fuertes y musculosos, también bailaban con las mujeres, quienes llevaban trajes preciosos, pegados al cuerpo, llenos de plumas y que poco dejaban a la imaginación, uno de esos bailarines les pareció conocido sorprendiendose al verlo.

—¡Nikaido! -exclamó la psíquica haciendole señas con las manos entre la multitud, este también la vio asombrado al verla.

—¡Hey! ¡Asamiya! -la saludó sonriendo, dejo a su grupo para acercarse a la chica. —¿Que haces aquí?

—Eh... -la chica dudó en contarle al rubio. —es una larga historia.. y ¿Tu?

—Vine a un certamen de moda y termine en este grupo ¿Quieres bailar? Tenemos un lugar para que te cambies de ropa.

Athena miro a las bailarinas, sus trajes de baile dejaban mucho que ver.

—¿Que.. ¡No, que verguenza Nikaido! -le respondió muy sonrojada.

—¡Ven, sera divertido! -la tomó del brazo como obligandola a ir a cambiarse.

Por otro lado Iori sale del baño secando su cabello rojo con una toalla, ya se habia cambiado dentro del baño para no incomodar a la psíquica, se habia puesto una camisa celeste y unos jeans y zapatos negros, se percato que ella no estaba y que habia dejado una nota "Estoy en el carnaval del pueblo" el pelirrojo fue al balcón y vio también el mundo de gente también esos bailes llamaban la atención y esos tambores, tal vez también deberia bajar un momento.

Oooh Ieeeh Ooh

que empieza larga la vida

comenzó el carnaval

Oooh Ieeeh Ooh

aquí todo es diversión

hasta que salga el sol

Vaya, nos fuimos de rumba

hasta que salga el sol

baila rompiendo caderas

hasta que salga el sol

Mami cervezas arriba

hasta que salga el sol

la fiesta es por 7 días

hasta que salga el sol

Una vez abajo caminaba por la vereda ya que la avenida eran de los grupos de corzos y sus bailes, escucho unas risitas de unas jovenes que pasaban delante de el y decian "los Japoneces son lindos"

Iori solo sonrió de lado mostrando indiferencia cuando la música cambio, volviéndose más exótica, con toques de selva de por medio, todos quedaron en silencio al ver a los bailarines rodear a alguién que no se lograba ver por el humo que hacian el ambiente mas cautibador, además que estaba cabiz baja usando una máscara, Iori reconoció a uno de esos bailarines y la música volvió con más fuerza.

La chica se sacó la máscara mientras bailaba riéndose, moviendo sus caderas, su cintura, las plumas rojas y plateadas sacudiéndose con todos sus movimientos seductores.

Su traje era un corpiño de color rojo con lentejuelas de un color más claro se pegaba perfectamente a su cuerpo, enmarcando muy bien su figura, su piel parecia brillar por alguna brillantina plateada, en su cintura un lazo metálico que unia su tanga con su corpiño bien armado con flecos que cubrian su abdomen y parte de su cola. Usaba unos tacones negros de diez centímetros, con los que se movía con facilidad, como si fueran zapatillas.

Toda la calle esta llena

mueve tu cuerpo morena

música que hace que bailes

ritmo, candela que quema

sube el volumen sin pena

que te corra por las venas

música que hace que bailes

ritmo, candela que quema!

El casco que traía puesto sobre su cabeza era grande, con las plumas moviéndose gracias a su baile, del corpiño salían más plumas, solo que las de la derecha eran rojas mientras que las de la izquierda eran plateadas.

El kohl negro que rodeaba sus ojos enmarcaban con fuerza esos ojos lilas y el rojo intenso que pintaba sus labios se veía preciosa, en especial cuando sonreía.

El Yagami quedo estatico al ver a la psíquica de esa manera, saber que se trataba de su esposa, todas las personas se volvian loca al ver a una bella Japonesa bailando en el carnaval.

Benimaru tomó la mano de Athena y ambos comezaron a bailar al cómpas de los tambores. Ambos se divertian mucho, los demás bailarines comenzaron a rodearlos, Iori apretó sus puños, ese imbécil estaba con su esposa, la tomaba de la cintura como si tratara de seducirla con su estupido baile, fue esquibando a algunas personas que se les atrevazaba en su camino, ahora Nikaido la abrazó acariciaba su cabello, y Athena sujetaba su otra mano, los largos dedos de ambos enlazados.

El pelirrojo miró esa escena un par de segundos, sintiendo una opresión en el pecho. La mirada que el rubio hacia en el rostro de Athena parecía ser cariñosa, demasiado cariñosa, y los ojos de Athena solo era divertida... ambos parecian diafrutarlo, por un momento ella vió al pelirrojo venir hacia ella, quién se atemorizó al ver su expresión tan dura.

—Vamos. - ordenó Iori secamente, sujetando el brazo de la psíquica tirandola hacia el, su casco calló al suelo.

—¿Yagami? -murmuro el rubio sin entender que hacia el también en el lugar, hizo un gesto como si quisiese evitar que Iori se la llevara pero el pelirrojo lo miro friamente como advirtiendole que no lo intentara llevandose a Athena con el.

Athena se reuso a seguir caminando siendo aún arrastrada por el pelirrojo tomaba de su brazo, ya se habian alejado lo suficiente del carnaval dónde era un mundo de gente y estaban en otra cuadra donde solo habian pocas personas, se soltó de el con fuerza y al hacerlo su tacón se rompió haciendola tropezar y caer al piso, chilló de dolor tomando de su pie.

—¡Todo es tu culpa! -le gritó enojada.

Iori hacia un esfuerzo para no reprocharle nada pero era imposible.

—Eres mi esposa, comportate como tal.- fue todo lo que respondió Iori, en un tono bajo y contenido.

—¡No hice nada, malo! -volvió a clamar sacandose los zapatos quería pararse pero el dolor que sentiá en su pie le hacia flaquear.

El pelirrojo sonrió por un momento le habia parecido divertida la forma en la que ella trataba de pararse, dejando escapar un suave suspiro.

—Volvamos al hotel. -se agacho hacia Athena pasando una mano tras su espalda, y otra bajo sus rodillas, para alzarla inesperadamente que la psíquica no alcanzó a reaccionar.

— ¿Qué haces...? - intentó protestar la chica sonrojandose, pero Iori dio media vuelta, caminando en dirección al hotel.

Una vez que entraron al cuarto el pelirrojo la dejo sentada sobre la cama, ella se sobaba su pie dolido mirando con reproche al Yagami.

—Debiste haberme dejado con Benimaru. -dijo Athena dando un suspiro, el pelirrojo la miro fijo a los ojos.

—Para que siga manoseandote. -murmuro Iori para luego apartar su mirada al ver la expresión de asombro de la psíquica. —¿Tu y el fueron...? - Iori iba a decir algo, pero calló de repente, y apartó la mirada, de nuevo, hacia un costado. Athena sonrió.

—¿Fueron...? - dijo, curiosa al ver esa reacción en Iori. Nunca se lo hubiera imaginado ver al pelirrojo dudar al decir algo.

El Yagami se maldijo por ser tan idiota. ¿Qué pensaba preguntarle a la chica? ¿Si Nikado fue o es algo mas? ¿Pero qué podía importarle eso a él? Y, a pesar de todo, la pregunta estaba allí, en en el aire, la curiosidad ardiendo en su interior. No imaginaba qué otra cosa podía ser ese rubio. El es uno de los amigos de Kyo pero con ella se comportaba como si hubieran sido o son muy cercanos.

—No, Iori. -Athena rió suavemente, para luego mirar a Iori, sin querer habia escuchado sus pensamientos.—¿Acaso.. te pusiste celoso de Benimaru?

La expresión del pelirrojo fue tal que la chica no pudo evitar echarse a reír. Iori que tardó un momento en reaccionar, es chiste, ¿cierto? Athena lo había dicho como un chiste... pero celos era justamente lo que había sentido, celos al ver los brazos del rubio alrededor de la cintura de ella y como la miraba. Celos.

La psíquica continuaba riendo. En otra ocasión hubiera mantenido la boca cerrada, pero ya no importaba si Iori no podia matarla pero era divertido hacer enfadar al pelirrojo, se veia tan lindo.

Iori la miró sonriendo.

— Ya te dije que no te metas en mi cabeza niña. - fue todo lo que dijo, mientras se sentaba también al borde de la cama.

—Iori ¿Tu nunca haz amado a alguién? -preguntó Athena también curiosa.

—Esa clase de sentimientos son una estupidez. -respondió el como si nada. —¿Para que amar a alguién si de todas maneras morire?

—Entonces.. ¿Para que vivir sin sentir nada? -murmuró Athena la miro a los ojos, esa niña le cuestionaba como si de verdad el le importara, queria acariciar su rostro tan bello y besar esos labios finos rojos sintiendo algo cálido y extraño en su interior. Ella le sonrió con dulzura, le gustaba su mirada, era igual como la que vió en el cuadro de la mansión Yagami, el de Fudo Yagami. Ambos fueron acercando sus labios y asi rosarlos suavemente, la psíquica se perdió en esa sensación tan agradable que comenzaba a nacer dentro de ella, el pelirrojo tomó su rostro entre sus manos profundizando mas ese beso, sintió como ella acarició su mejilla con suavidad, y poso su otra mano sobre su pecho dejandose llevar, Iori abrió un poco sus ojos y observarla un momento total mente confundido, ella se fue separando sintiendo como sus mejillas ardian.

—Iré por algo de cenar. -habló de repente Iori levantandose de pronto y salir de la habitación.

Athena parpadeó sin entender ¿Que acababa de pasar? ¿Porque se habian besado? Y le habia gustado ¡Le habia gustado y su cuerpo reaccionó con solo un beso!

Mientras que el pelirrojo bajaba por el ascensor, recordó el beso inesperado, sabiá que no solo comenzaba a gustarle fisicamente sino que también sentimentalmente suspirando una maldición, no queria sentir nada y lo peor era que estaba comenzando a sentir, el amor no habia sido hecho para el pero esa chica lo estaba atrapando con sus encantos.

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Lectores! Ahi tienen

El sexto capitulo!

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