Capitulo VII

"El hipnotizador"

Un dia en el amplio Jacuzzi era algo que necesitaba Athena para relajarse, entro al baño, el vapor que brotaba había templado el lugar, la muchacha habia dejado todo listo caminando hacia ella.

—¿Desea que los ayude en algo mas, señora? - sonrió picara la muchacha con que estaba de servicio, dejando las toallas a un lado, Athena la miro sin entender, solo ella estaba en el cuarto. —La temperatura es la adecuada.

— Eh, no, gracias.

— Si necesitan algo, sólo llame.

— Bien...

La joven se retiró dejando a Athena sola. El agua, la espuma la llamaba a bañarse, toco el borde de la gran bañera, sintiendo el agua, la calidez, dió un suspiró animandose a querer entrar.

Es este amor que enciende al corazón

Y el mismo amor será mi perdición

Fui condenado a quererte sin razón

Es un hechizo de muerte y de dolor

Su cuerpo le dolía, y sí, después de bailar sin parar el dia de ayer en el carnabal, se sentía cansada, aún le dolia el pie pero no le importaba. Todo lo que quería era sumergirse en el agua y dejar que su cuerpo se relajara. Cerrar los ojos y descanzar aprobechando que el pelirrojo fue al cajero por efectivo. Se sacó su blusa y su pollera corta de jeans quedando en ropa interior de color negro, la poca luz de ese lugar iluminó su blanca piel, mientras el espeso vapor tibio la rodeaba. Su corpiño cayó al suelo, junto con el resto de sus ropas. Su bombacha resbaló por sus piernas blancas, suaves, dejando todo en el suelo, tranquilamente.

Entró al Jacuzzi con cuidado, primero una pierna, sintiendo cómo el agua tibia acariciaba su piel creaba un exquisito alivio. Se sumergió lentamente, su cuerpo desnudo tomando con agrado la tibieza y suavidad del agua llena de espumas. Estirando una mano, alcanzó una de las toallas y la dejó cerca a ella, para apoyar la cabeza allí, entrecerrando los ojos, dejando que el agua le llegara hasta el cuello. El vapor parecía hacerse cada vez más espeso, y se sentía agradable respirarlo.

Suspiro, hace mucho que no tomaba un rico baño en un Jacuzzi llena de espumas con un perfume tan agradable, se volvió repentinamente, apoyando su brazo en la toalla y la cabeza sobre él, descansando.

De pronto sintió un movimiento en el agua, una onda que ella no había producido, la niebla de vapor empezó a desaparecer al frente de ella viendo a alguién también en el Jacuzzi. Se sobresaltó violentamente, salpicando agua y espuma, se vio frente a frente con dos ojos azules que la miraban seriamente, su cabello rojo desordenado y a la vez tan salvaje.

Y beberá mi sangre, y beberás mi amor

Nada impedirá que te ame, que seas mía

Si corre por mis venas la pasión

Somos herederos de sangre

En muerte y en vida

Somos herederos de un amor

— ¡¿Iori?!

Rapidamente Athena tomó la toalla para cubrirse. Sus ojos lilas estaban totalmente abiertos, fijos en los ojos de Iori y en su sonrisa sorprendida y burlona. La toalla flotaba en el agua espumosa, pero no era necesaria, la espuma sobre el agua evitaba que dejara al descubierto su cuerpo. Apenas podía ver al pelirrojo, sólo a centímetros de ella. —¿Qu- qué... qué haces aquí? - pudo preguntar al fin, tensa, mirando fijamente al pelirrojo.

— Lo mismo que tu. -respondió como si nada viendo las mejillas de la chica muy sonrojadas.

Trato de evitar pero se quedo mirando el cuerpo de Athena a travez de la espuma blanca al igual que su piel. Sus piernas flexionadas bajo el agua, su cintura tan delicada. Apartó los ojos como si tratara de esquibar su mirada que tanto la inquietaba.

— Tranquila, al fin y al cabo eres mi esposa.

—Debiste haberme avisado. ¿Acaso tu.. me viste.. ?

Iori frunció el ceño al ver lo nerviosa que se ponia frente a el quién estaba también desnudo al igual que ella.

—Ya te dije que no tienes porque preocuparte, ni que fueras virgen. -murmuró el a lo que la chica se sonrojo furiosamente. —¿Acaso solo te has acostado con Fave?

—Ya tenias que nombrarlo. -respondió la psíquica muy enojada queriendo salir del Jacuzzi cuando el pelirrojo la atrapó contra el borde de la bañera.

—Espera.. no te vallas. -susurro viendo esos labios rojos que lo invitaban a ser besados.

—Iori ¿Que pretendes?

Y es tu belleza la dueña de mi voz

La misma estrella que me acorraló

Fue mi destino escrito con pasión

Y con suspiros, salvarte me impidió

— Creo que esta noche te retendré aquí a mi lado-dijo el al tiempo de acariciar la mejilla de Athena con las yemas de los dedos, se sintió extraño al hacerlo y antes que ella pudiera decir algo sin más la beso rodeandola con sus brazos.

Por favor, como su cuerpo puede reaccionar tan solo con besarla, sus labios rojos lo invitaban a querer deborarlos y su piel suave.. su olor era embriagador que lo estaba por volver loco. ¿Cómo una mujer lo atraía de esa manera? Al límite de hacerle perder la conciencia.

Athena no era de fierro, no puedo contenerse ya que comenzó a mordisquear sus labios y acariciando su pecho, su olor también la atraía muchísimo y se olvidó del mundo.

No paso mucho que salieron del Jacuzzi a la habitacion, parados Athena lo instó a darse la vuelta para besarlo con pasión. Él le devolvió el beso con el ardor como si fuera tan real y sincero, cuando ella se apartó, vio sus ojos relucientes, quería estar con él pelirrojo y haría algo que jamás había experimentado con nadie.

—Cierra los ojos. -susurró contra sus labios. Iori no entendió sus palabras hasta que la vio arrodillarse a sus pies. Frunció el ceño, extrañado, hasta que ella se la acarició y se metió la punta en la boca.

Jadeo por la sorpresa y el placer estuvo a punto de retroceder, tan solo pensar que ella se lo hizo a otro hombre lo molestaba, ¿Cómo podía sentir celos si comenzaba a conocerla? ella era su mujer ahora, la rabia que hervía en su interior se evaporó bajo el asalto de esa lengua. Nunca había sentido nada parecido. Nunca había imaginado que pudiera ser mas maravilloso. Además de las caricias de su boca, una de sus manos le rozaba los testículos y sentía su aliento abrasándole la piel. El amor, ese sentimiento que había enterrado en el fondo de su corazón se presentó con tal intensidad que le provocó un orgasmo instantáneo.

Athena no se apartó sino que limpio su placer con sus labios y echó la cabeza hacia atrás para mirarlo a la cara mientras se lamía los labios.

—Te ha gustado, ¿verdad?

—Sí -contestó él con la voz entrecortada. No podía fingir que no cuando la verdad que fue más de lo que esperaba.

—¿Estuvo bien?

Iori le pasó el pulgar por el labio inferior, donde aún tenía rastros de su semen. Sin dejar de mirarlo a los ojos, ella le lamió el dedo para saborearlo. Verla hacer eso, junto con la húmeda caricia de su lengua en el dedo, fue lo más increíble.

— Lo fue. - balbuceo el pelirrojo sintiéndose un completo idiota al quedar tan embobado ante ella quien soltó una carcajada y tiró de su cabeza para besarlo con todas sus fuerzas.

— Hazme el amor, Iori. - le tomo de una mano y lo llevó hasta la cama, donde se tumbó de espaldas antes de darle un tirón para que se colocara sobre su cuerpo desnudo.

Iori no le diría que no a tal invitación, Athena giró hasta dejarlo de espaldas en la cama y se colocó sobre él.

Mientras Athena lo tomaba en su interior, se preguntó cómo era posible que le gustará tanto, no sólo su cuerpo sino sus besos, sus manos en su piel, ella lo abrazó y lo estrechó contra su cuerpo como nunca nadie lo había hecho. Como si le importara y cuando estuvo satisfecha, se apartó de él con un suspiro de alegría.

En cambio el pelirrojo no estaba dispuesto a dejarla y la inmobilizo debajo de él, mientras más la miraba el deseo se apoderó de el. El pelirrojo se movía como el mercurio que la hacía gritar de placer.

¿Por qué lo deseaba tanto?

Fuera cual fuese la respuesta, no podía negar su magnetismo y deseo tenerlo así el resto de la vida.

La sonrisa que le regaló mientras le hacía el amor la derritió y se dejó estrechar en sus brazos, algo extraño sucedió en su interior. Como si acabara de liberarse una parte de sí mismo y sus cimientos se hubieran agitado, ella se estremeció al ver que los ojos de Iori adquirían un brillo rojizo. Fue tan rápido que no supo si había sido producto de su imaginación.

Sin embargo, en ese momento la besó con tal ardor que el mundo comenzó a girar a su alrededor. El poder que irradiaba su cuerpo le provocó un escalofrío. Se rindió con el corazón desbocado. El roce de sus labios y de su lengua era abrasador, y en ese momento estaba viendo otra faceta del pelirrojo que no conocía y cuando la penetró, estuvo a punto de desmayarse por la intensidad del placer.

Iori se mostraba tan salvaje y fiero como un animal en la naturaleza. Sus jadeos y gruñidos de placer prendieron fuego a su alma. De haber sabido que sería así, se abría acostado con el mucho antes.

Soltó un grito al llegar al orgasmo y le clavó las uñas en la piel. Sin embargo, él no se detuvo, siguió penetrándola cada vez más hondo y con más fuerza. No lo habría creído posible, pero el placer aumentó y experimentó otro orgasmo.

Cuando el pelirrojo se corrió, ella estaba agotada y saciada. Tan exhausta que se dio cuenta que ni si quiera usaban protección.

Iori se acostó a su lado y dejó una lluvia de besos en sus labios y en sus pechos.

—¿Cómo es posible que puedas moverte después de lo que acabas de hacer?

— Es tu culpa.

Athena se dejó tumbar en la cama entre carcajadas y notó que su cuerpo todavía se estremecía de placer con el simple recuerdo de lo que acababa de pasar.

— ¿Mía? Jamás creí que tuvieras tanta energía.

La verdad era que sus actos habían enamorar a cualquier mujer y eso quería el pelirrojo, dejarle bien en claro lo bueno que era en la cama y eso le recordó a Fave. En ese instante se detuvo y solo se acostó a su lado un poco infeliz.

—¿Pasa algo?

—Nada.

—¿Y por qué estás tan enfadado? -le preguntó ella mientras cruzaba los brazos por delante del pecho.

—¿Sientes algo por Fave?

—¿Por qué lo dices?

—Curiosidad

Athena puso los ojos en blanco ¿Acaso le importa? solo fue sincera.

—No quiero a nadie más. Solo a ti, si es lo que quieres.

El corazón le dio un vuelco al escucharla ¿Sería capas de enamorarse?

Iori le cogió un mechón de pelo y el gesto hizo que se sonrojara. Por fin comprendía por qué sus fanáticos se derretían por el, Iori le pasó un dedo por detrás del lóbulo de la oreja y se vieron por un momento.

— Si quiero..

El le abrió su corazón en un primer momento.

Después de un tiempo el sueño de Iori lo venció y de modo que ella aprovechó la tesitura para comérselo con los ojos. Sus extremidades eran largas y elegantes, muy bien formadas. Sus abdominales estaban tan marcados que parecían esculpidos por un cincel. Al recordar cómo le había hecho el amor, creyó arder.

—Ojalá me tocaras siempre así.

Alargó un brazo para acariciarle el pelo y en cuanto su mano rozó su melena roja no pudo evitar sonreír.

Y beberá mi sangre y beberás mi amor

Nada impedirá que te ame, que seas mía

Si corre por mis venas la pasión

Somos herederos de sangre

En muerte y en vida

Somos herederos de un amor

En esa misma noche Iori despierta repentinamente, Athena no estaba durmiendo a su lado estaba nuevamente acurucada en un rincón.

—Athena.. -susurró el pelirrojo llendo hacia ella.

—Soiree no esta, murió. Su hermano busca venganza. -rió suavemente dejando al pelirrojo perplejo por su actitud.

—Y yo no pude hacer nada... Ni siquiera tengo la fuerza para poder matar a Eric. - murmuró Athena, cerrando los ojos con desesperación —¿Porqué no puedo usar mis poderes? - continuó —Siento que voy a enloquecer. Siento que no puedo aguantarlo más...

— No pienses - murmuró Iori. Sentía que ella aún temblaba, pero no había nada que pudiera hacer. No le nacía consolarla, no había palabras dulces para calmarla. Él no era como los demás, ¡demonios.!

—Lo siento... en verdad - sonrió Athena débilmente, antes de cerrar sus ojos. Iori la levantó para dejarla sobre la cama. Se acostó a su lado y la rodeó con sus brazos como tratando de confortarla mientras la veia, acarició la mejilla de la joven dormida, pensando que le era imposible cuidarla. Ella se hundía en su propia desesperación. Queria llegar a ella, pero para eso debia ser un estupido sentimentalista en esas cosas.

Después de unos días Athena estaba tumbada en la cama, y añoraba a su esposo. Tenía su anillo de casada junto al corazón y sonreía mientras recordaba la noche anterior. Durante esas últimas semanas había sido muy amable y generoso con ella. Nadie le había demostrado nunca tanta consideración.

A pesar de esa noche las demás semanas fueron increibles, salidas al parque, al cinema, a la playa, cenas fueras del hotel, conociendola aún mas. Athena para el siempre fue, la tipica chica extrovertida y adorable, pero de un corazón tan puro que no podía soportar ver sufrir a gente inocente. Una héroina, rió de nuevo, con burla, la líder del ridículo Psicho Soiders Team, el equipo que nunca pasaban de la segunda ronda pero cuando aparecian el público clamaban su nombre, la buena chica heroica que protegia al debíl arriesgando su propia vida por desconocidos, eso al pelirrojo le parecia ridiculo. Ahora la veia mas madura e inocente.

Llego al cuarto donde se hospedaban en el hotel pensando que ella ya habria llegado de ir de compras pero no se encontraba, cerró los ojos suspirando, Athena despertaba en él una calidez y un anhelo que sólo solo su madre le habia entregado, de ella había podido hacerlo sentir, pero de un modo totalmente distinto, mas fisico, mas sentimental. Diablos...

Debia aceptar que esa psíquica le gustaba, le agradaba estar con ella, junto a ella se sentía totalmente tranquilo, también en un completo idiota.

Vio sobre la mesita que estaba cerca del sofá, una tarjeta blanca llamó su atención, estaba escrita una direccion cerca de ahi, ella esta mañana habia actuado extraño, tal vez vez fue a ese lugar.

Athena en ese momento estaba sentada en una banca afuera del edificio, no sabia si hacia lo correcto en ir con un hipnotizador, pero necesitaba saber quién fue en otra vida, porqué ultimamente soñaba con el cuadro que vió en la mansión Yagami sintiendose extraña, porqué con Eric no podia utilizar sus poderes, bajo su mirada.

—¿Athena?

Levantó la cabeza para encontrarse con Benimaru, quién le sonrió.

—¿Qué haces al frente de mi apartamento?

—¿Vives aquí?

—Decidí quedarme un tiempo mas antes de volver a Japón. -le explicó sentandose al lado. —¿Sales con Yagami? -cuestionó el a lo que Athena recordó cuando el pelirrojo se la llevo a rastras del carnaval.

—De echo, es mi esposo.. estamos de luna de miel. -le contestó viendo la cara divertida de Benimaru.

—¿Es broma? ¿Verdad? -vio la cara seria de la chica. —No lo es...

—No.

—¿Kyo lo sabe?

—Si.. no quiere volver a verme. -dijo sintiendose desanimada.

—Pero.. ¿Cómo es que terminaste con Yagami? Ustedes son totalmente diferentes.

—Ya no me preguntes mas Benimaru.. tengo que entrar a ese edificio donde vives.. tengo una cita con un hipnotizador. -confesó sorprendiendo al rubio.

—y se puede saber ¿Para que necesitas un hipnotizador?

—Es por Eric.. necesito saber porque no puedo usar mis poderes cuando estoy cerca de el, porque me bloquea. -hablo nerviosa.

—No te preocupes yo te acompañare a la seccion. -le dijo tomandola de la mano volviendo a sonreirle, sabia que necesitaba compañia.—Ven, vamos.

Iori cerca de ahi los vio juntos entrando a ese edificio, sintió una punzada por dentro, ya era la segunda vez que sintió eso, sabia que no debió sentir nada por nadie, sabia que al final terminaria traicionandolo, en otro momento no le hubiera importado que se rebolcara con ese imbecíl pero ella LE pertenecia, era SU esposa e iba a OBLIGARLA a serle fiel aunque tenga que ser un maldito infeliz con ella.

Entró al edifició también y vió como ambos tomaron el ascensor, sabia que piso y que numero de apartamento estarian, la muy tonta habia dejado anotado en una tarjeta en la habitación, tomó el ascensor también cuando llegó abajo. Subió al ascensor mientras se elevaba pensó en matar a golpes a ese modelo idiota amigo de Kyo, en tomar a Athena llevarla a rastras del lugar y... en ese momento se abrieron las puertas dejandolo salir, no le tomó mucho tiempo buscarlos, los vio justo llegando al apartamento, se acerco rápido sin ser visto apartó a Athena con su brazo y le ensestó un golpe justo en el la mejilla al rubió.

Athena abrió sus ojos, no esperó ver a Iori y mucho menos en el edifició, Benimaru lo miro con odio apretando los dientes.

—¡Raijinken! -grito el rubio devolviendo el golpe al pelirrojo estrellandolo contra la pared.

Iori se enfurecio incendiandose a si mismo de llamas purpuras, le dio una patada al rubio mandandolo al suelo, le habia quemado un poco el pecho.

—¡Benimaru! -la psíquica iba a ir ayudarlo cuando Iori la tomo del brazo con fuerza.

—¡Déjalo! -habló Iori como ordenandole, ella se deshizo del agarre enojada.

—Esta lastimado. -insistió con voz baja y contenida.

—¡Dije que lo dejes!-exclamó levantando la voz para que algunos inquilinos salieran de sus apartamentos. Ella se interpuso ante él, dándole la espalda al rubio. —Desaparece. - gruñó Iori mirándola fijamente, ensayando una de sus miradas asesinas. Sin embargo esto no pareció tener efecto en ella.

—Ya deja que se vaya, si quieres que te lo explique. -murmuró, firmemente la chica.

Hubo un momento de incómodo silencio y luego, para total sorpresa del rubio, el pelirrojo sonrió levemente.

—Bien, que se largue.

Athena se volvió hacia Benimaru sintiendose culpable de lo sucedido.

—Vete Beni, todo estara bien.

Este se levanto sintiendo un pequeño dolor, esa patada fue dura pero disimuló.

—¿Segura? Tu esposo esta loco.

—Si, vete por favor. -le suplicó a lo que el suspiró en desacuerdo caminando hacia el ascensor.

Una vez que el rubio se fue, todos inquilinos volvian a sus apartamento.

—¿Pero que te pasa Iori? -le recriminó ella.

—¿Y me lo preguntas? -contestó de la misma manera dura. —¿Se puede saber que hace la señora aquí?

En ese momento salió un hombre de unos cincuenta años del apartamento dónde estaba Athena esperando. Tenia cabello gris y ojos negros, vestia una camisa blanca y usaba un jeans con zapatos azules.

—¿Se puede saber que esta pasando, aquí?

—¿Es usted el doctor Leonardo Rivas? ¿el Hipnotizador? -contestó con otra pregunta la psíquica con amabilidad. Iori frunció el ceño sin entender.

—Si, asi es.

—Soy Athena Asamiya, tengo una cita con usted.

—A si claro, pase señora Athena.. y ¿El es? -dijo viendo al serio pelirrojo cerca de ella.

—El es Iori Yagami, mi esposo. -respondió ella algo molesta con el pelirrojo.

—Oh bien, puede pasar pero solo le pido que se quede en silencio cuando comience la sección. -se hizo a un lado haciendo entrar a ambos. —Hemos hablado por telefono, lo que me ha dicho es que usted quiere saber porque se siente debil cuado una persona en particular se acerca a usted sintiendo un dolor en una marca de nacimiento ¿Es asi?

—Si, su nombre es Eric Fave. -le informó. —¿Quiero saber quién soy?

—¿Puedo ver esa marca?

Athena asintió levantando un poco su blusa y mostrarle una marca al costado de su vientre.

—Mi abuela cuando era niña me dijo que esa marca venia de mi vida pasada, me contó la historia de mi antepasado, una mujer Asamiya habia tenido una muerte trágica.

—Entiendo... eso la esta perjudicando en esta vida. -suspiró. —Bien, comencemos. Señor Yagami puede sentarse en esa silla en silencio y usted Señora acomodece en el diván.

—¿Usted es doctor? -preguntó desconfiado el pelirrojo.

—A si es, no trato de medicina sino de asuntos espirituales.

—¿Que hará para que ella recuerde su vida pasada? -le cuestionó Iori con ironiá aún no creía en esas cosas.

—Voy a hipnotizar a su esposa para que recuede su vida pasada. -le respondió seguro.

Athena se acomodó en el diván al igual que Iori se sentó en una silla que estaba en un ricon junto a una mesa, para solo observar la sección.

—Es bueno disminuir luz. -dijo al tiempo de ir a las ventanas y bajar las percianas, tomó una silla y la acomo cerca de ella. —¿Esta tranquila?

—Si.

—Vamos a comenzar despacio. -saco un reloj de su bolsillo y comenzó a moverlo frente de sus ojos. —Mire el reloj. -Athena obedeció al doctor. —Siga sus movimientos con sus ojos. -los parpados de Athena pesan. —Deje que los pensamientos pasen pero no se detenga en ninguno. -Athena cerro sus ojos respirando relajadamente, el saco su reloj guardandolo nuevamente en su bolsillo, Iori solo veia con indiferencia. —¿Esta oyendo?

—Si.

—Ahora va a volver a un pasado mas distante donde no hay nada que temer.. calma..vuelva

Athena recordó su primer dia en la preparatoria, cuando conoció a su mejor amigo, a Yuki, a Kensou.

—¿Que ves?

—A mis amigos. -contestó sonriendo ella.

—¿Estas feliz?

—Si.

—Ahora volvera a un pasado mas distante cuando eras niña

Athena recuerda cuando era una pequeña y estaba en el parque con un hombre parecido a ella, se reia mucho con el.

—¿Que estas haciendo?

—Jugando con mi padre.

—Ahora volvera a un gran vacio Athena a un tiempo anterior.. los años pasan.. pasan.. ahora se surgiendo a un tiempo anterior donde aun no se llamaba Athena... esta atravezando una gran obscuridad..

Athena se ve a ella misma pero en otro cuerpo, en una fiesta en la mansión Yagami sonrió.

—¿Que ve?

—Es mi boda.

—¿Con quién?

—Con Fudo Yasakani.

Esa respuesta sorprendió a Iori, el fue el antiguo lider del Clan quién hizo el pacto con Orochi.

—¿Que mas ve?

Athena ve una imágen que la entristece.

—Sangre.. una daga con sangre.

—Tranquila.. ¿Ve a alguién mas?

Athena recuerda a la misma joven viendo la belleza del manantial, cuando escucho a alguien acercarse a ella, se dio vuelta y vio a ese hombre, tenia su cabello de un color bronce al igual que sus ojos, por su apariencia era francés.

¿Quien es usted? -exigió saber sumamente asustada, jamás lo habia visto y por lo que veia no tenia buenas intenciones.

Mi nombre es Travis Fave y lamento tener que hacer esto. -dijo al tiempo de sacar una daga y un grito se escucho por todo el bosque.

Athena comenzó a llorar asustada, tomandose del vientre, Iori solo la observaba, sabia que no estaba fingiendo ese dolor.

—Esos ojos.. -balbució tomandose del rostro, estaba empezando a ponerse nerviosa. —Mi bebe..

—Ahora sentira una gran paz.. calma.. la daga esta quedando distante.. volviendo.. cuando cuente 3 despertará y cuando despierte, se sentirá muy bien y lo recordara todo.. estara bien.. hay paz 123 despierte!

Athena despertó abriendo sus ojos con sorpresa fue levantandose del diván lentamente, parpadeó varias veces, ella lo miro al pelirrojo como si hubiera descubierto a algo importante.

—Lo recordé todo, ahora lo entiendo ¡Lo sé!

—¿De que hablas? -pregunto Iori sin comprender.

—Fue el antepasado de Eric quién mato a la esposa de Fudo Yasakani, no fue Ken Kusanagi. -reveló a lo que Iori se asombró un poco. —Es por eso que le temo a Eric, es por eso que me bloquea y no puedo defenderme.

El hipnotizador la veia preocupado a lo que Athena también lo miro.

—Si ese sujeto le hace daño debe alejarse, usted tiene ahora los recuerdos de esa vida a flor de piel.

Lectores! Ahi tienen

El séptimo capitulo!

Gracias por sus comentarios! Saludos!

La canción "Herederos" pertenece a David Bisbal.