Capitulo IX
"La señal en el cielo"
Athena despertó en brazos del pelirrojo, quién aún dormía plácidamente, sonrió se veía tan tranquilo, tan distinto a cómo lo conocía, habían pasado la noche juntos. De pronto sintió un asco terrible, como si quisiera bomitar, rápido sé levantó de la cama cubriéndo su cuerpo con la sábana, corrió al baño y abrió la tapa del inodoro comenzando a vomitar, Iori despertó al escucharla en el baño, ni siquiera había cerrado la puerta, fue caminando hacía ella, ya en ese momento se estaba enjuagando la boca en el lavamanos.
–¿Estás bien? -le pregunto Iori viendo cómo terminaba de lavarse la cara.
–No lo sé, sentí náuseas. - respondió ella mientras se sacaba la cara con una toalla de mano cuando paró en seco y miró al pelirrojo como si dudará.
–¿Que sucede? -volvio a preguntar preocupado.
–Este mes no me ha bajado la regla. - confesó a lo que Iori comprendió a lo que se refería, el tampoco había utilizado protección.
–Creo que estoy embarazada.
Era más que obvio que estaba embarazada y no necesitaba una prueba que lo confirmé, lo presentía y era como si supiera que estaba ese pequeño dentro de ella, no resistió ir a ver los aparadores en el centro comercial, miró con ternura esa miniatura de ropa imaginando como se vería su bebé.
–Hola princesa. - escuchó a sus espaldas y un escalofrío recorrió su cuerpo, giro de repente, el la miró con una sonrisa que no podía describir si era el gusto de volver a verla o era fingida con un fin malévolo.
–Eric. - susurro y por instinto dio dos pasos hacía atrás.
–No sabes cuanto te he extrañado Princesa.
–Deja de llamarme así.
La mirada de Eric cambió de puso muy serio.
–¿Porque?
–Soy una mujer casada. -le respondió ella enseñándole su alianza a lo que Eric la tomó de la muñeca con fuerza y la jaló hacía el.
–Casarte con Yagami fue lo peor que pudiste haberme hecho.
– suéltame. -le exigió con dureza Athena tratando de zafarse pero fue inútil.
–¿Que sucede Princesa? ¿No puedes defenderte? -se burló de ella colocando su mano sobre su vientre, eso la aterrorizó, el subió un poco su blusa dejando ver su marca de nacimiento. –Se porque no puedes Athena, mi antepasado fue el que mató a la tuya y de alguna manera eso te marco en esta vida.
Ella se sorprendió al escucharlo, mientras que Eric deslizó su mano hacia el rostro de Athena quién lo rechazó evitando que la tocará. –Deberias cambiar tú actitud hacia mi porque podría hacerte mucho daño.
–Eres un desquiciado Eric, maldigo el día en el que te conocí.
–No saques lo peor de mi Princesa, ya tuve mucha paciencia contigo ¿Acaso crees que al casarte con Yagami te liberarías de mi? Pues estás muy equivocada. -el apretó aún más su mano sobre su muñeca haciéndola estremecer del dolor. –El solo te utiliza para que le des un hijo y así romper con esa maldición, luego te botara como si fueras basura.
–¡Eso no es cierto! ¡El me ama! - gritó Athena lastimada por sus palabras, Eric soltó su brazo quedando asombrado a su reacción, en esos ojos violetas había ¿Amor?
–Dime que no te enamoraste de el. - murmuró él temiendo que fuera cierto, Athena lo miro confundida. –¡Dímelo! - gritó Eric a lo que Athena dió un pequeño salto asustada.
–Si.. yo amo a Iori. - confesó a lo que Eric comenzó a reírse a carcajadas como un loco. Athena no entendía como podía cambiar de estado de ánimo de repente, eso la confundió pero también la enojo, era como si se burlara de ella. –¡YA BASTA! Será mejor que te olvides de mi ¿Está claro?
Eric se enojó y la agarro posesivamente de la cintura. Esto había sido la gota que derramará el vaso.
Con una voz sumamente peligrosa, le dijo en el oído:
–¿Acaso tu no entiendes que eres mía? Sólo mía, ¿Lo entiendes? Esto es solo el comienzo Princesa. -hizo una pausa y con voz fría, continuo. –Tendrás que acotar y hacer el esfuerzo de volverme amar como lo hacíamos antes.
Athena se quedo en shock, si se encontraba asustada, ahora temblaba mucho más.
–Dejala Eric -escucho Athena que hablo una mujer a su defensa, giro su cabeza para encontrarse con la soldado parada cerca de ellos.
–Leona. -la nombró Eric con una falsa sonrisa soltando a Athena. –Solo la saludaba.
–¿Encerio? -le respondió la peliazul viendolo con su expresión sería como acostumbra.
–Claro Mon cheri ¿Que piensas que soy? -bufo mirando a la psíquica con advertencia antes de irse.
Una vez que estuvieron solas Athena respiro aliviada.
–Eres la esposa de Iori Yagami y sales sin guardias a la calle. -le reclamó la soldado mientras que Athena solo bajaba la cabeza con vergüenza.
–Lo siento, no debí salir sola.
Leona solo negó con la cabeza a la imprudencia de la psíquica.
–Te agradezco que hayas aparecido..
–¿Eres conciente que Saiki te busca?
–¿Cómo sabes..?
–Lo se todo Athena, la obsesión que tiene Eric contigo, la profecía..
–Tu.. ¿Crees que mi bebé será quien termine con la maldición de los Yagamis?
–No lo sé, pero tal vez también con la mía. -hablo segura a lo que sorprendió a la psíquica. –Es por eso que quiero ayudarte... Espera ¿Dijiste mi bebé?
Leona abrió sus ojos grandes y vio el aparador a su lado donde había solo ropita de bebé. –¿Estás embarazada?
Athena asintió con seguridad a lo que Leona semi sonrió y sus ojos brillaron con esperanza, luego su cara fue de total preocupación.
–Eric y mucho menos Saiki deben saber está información. ¿Entiendes?
–Lo sé.
–Te llevare a tu casa de inmediato. -hablo al tiempo la soldado mientras buscaba un taxi.
Habia pasado una hora que Leona dejo a la psíquica en la mansión Yagami, fue a un bar donde esperaba a Kyo mientras tanto bebía una cerveza sentada en la barra, pensaba en lo sucedido hoy con la psíquica, en verdad sentía que era su deber protegerla. Vio al castaño acercarse a ella y sentarse a su lado, se notaba preocupado.
–¿Te encuentras bien?
–Athena está embarazada. - soltó ella para el asombró de Kyo. –¿Sabes lo que significa?
–No me interesa.
–Deberias. Saiki quiere eliminarla porque ese niño romperá con la maldición.
–¿Me llamaste por esto? -la cuestionó con desinterés.
–No seas egoísta Kusanagi. Athena fue tu mejor amiga y te necesita. -le recordó a lo que Kyo apretó sus mandíbulas en desacuerdo.
–¿Porque te tomas tantas molestias por ella? Y no me digas que es tu deber
–Si nace ese niño hay una gran posibilidad que no solo se deshaga la maldición de los Yagamis sino también la mía. - reveló a lo que Kyo bajo su mirada sabía a qué se refería, ella también sufría del riot y tenía la maldición de Orochi.
–De acuerdo. Lo haré por ti.
–¿Por mi?
La peliazul sonrió levemente con tristeza. No había nada que Kyo pudiera hacer. Solo quería que Orochi y su maldita energia desapareciera.
– No te preocupes, yo estoy bien. - se encontró diciéndole a Kyo, levantó sus ojos azules, húmedos, hacia él. Ahora lo veia tan diferente, no como el héroe y ganador de los torneos, sino una persona a la quien le importa y tal vez sienta algo más.
–Lo... sé... - dijo con suavidad Kyo, como si temiera que su voz le fallara, no entendía como ella llego a formar parte de su vida tan rápidamente, terminó acariciando su mejilla. –Eres fuerte.
Un joven entro de prepo al bar y exclamó.
–¡Escuchen! Las nubes formaron algo en el cielo.
Todos salieron afuera para ver el fenómeno inclusive Leona y Kyo quienes vieron con sorpresa el emblema de Orochi formado en el cielo, las personas miraban con curiosidad ese círculo que comenzaba a iluminarse con la luz de la luna.
¡Que bonito!
Escuchaban que hablaban la gente al ver cómo estás nubes obscuras eran iluminada. No lo veían como una desgracia sino como si fuera un milagro del cielo, como una señal de un ángel de cabello blanco y ojos dorados que comenzaba a despertar y así vengarse de quienes osaron a combatir contra el.
Todo lo contrario a lo que pensaba el Kusanagi y la peliazul, esa señal no era buena.
Athena estaba sentada en uno de los sillones de la sala, cabizbaja sentía las miradas de Chizuru y de Iori que la miraba con reproche por haber salido sin protección, aún más en su estado. Su madre estaba muy enojada.
–¿Pero que descuido es eso Athena? ¡Estás embarazada, niña! Debes cuidarte. - le reclamó su madre a lo que la psíquica solo se ruborizó avergonzada.
–Es cierto Athena ahora más que nunca debes protegerte. -siguio hablando la morena con seriedad.
En ese momento entro Taiki y todas las miradas se fijaron en el por la cara que traía no eran buenas noticias.
–Creo que deberían salír afuera.
No dudaron en salír y ver el cielo, esa figura y una sombras aparecieron de la nada.
–Es peligroso que estemos aqui. Llevala adentro. -le ordenó Chizuru al pelirrojo quien tomó el brazo de Athena, ella se soltó bruscamente mirando con atención el símbolo en el cielo, Iori no entendía el comportamiento de su esposa.
–¿Que demonios pasa contigo? -le cuestionó el a la psíquica quien lo miro fríamente con una sonrisa, sus pupilas eran de un color dorado como la de una serpiente.
–No se saldrán con la suya Yagamis, no dejaré que deshagan mi maldición. - hablo Athena asombrado a los demás, era su voz pero como si fuera otra a la vez.
–¡No es Athena! Es Orochi - dijo Chizuru viendo la expresión de maldad que emitía la psíquica. –Se apropió del cuerpo de Athena.
En ese instante Iori la tomó de los hombros con fuerza la miro directamente a los ojos.
–¡Sal de ella maldito! -le grito Iori mientras la sacudía a lo que ella reía como loca, un dolor en el estómago la hizo retorcer del dolor y se desmayo en sus brazos.
–Date prisa, llévala adentro. - le aconsejo la morena a lo que el pelirrojo obedeció de inmediato.
Oculto en las montañas, Daimon estaba con su duro entrenamiento, miró el cielo, se sorprendió al ver la figura plateada, y durante un momento se preguntó por qué le resultaba tan familiar. Frunció el ceño, pasándose una mano por el cabello, rascándose la cabeza con gesto confundido, tratando de recordar.
El rostro de Yuki vino a su mente. ¡Claro! Lo había visto en un libro que la novia de Kyo le había emprestado y leyó.
Ese mismo dibujo había estado en el libro, recordó finalmente. Es la misma figura que se encontraba en el cielo. El dios contra el que los Kusanagi lucharon mil ochocientos años atrás.
– ¿Orochi? - murmuró.
Algo le decía que debia ir a South Town lo antes posible.
–¿Que es eso? -le cuestionó Choi a su maestro Kim.
Estaban en la ciudad de Osaka cuando notaron cómo la gente en las calles se había detenido para mirar el cielo. Claro, ellos, curiosos, lo hicieron también, y debieron entrecerrar sus ojos ante el furioso resplandor que parecía querer desgarrar las nubes.
–No me gusta nada. - respondió Kim al ver la figura en el cielo, era un mal presentimiento. Un atroz presentimiento.
Se volvió para mirar a su alumno, y por su expresión, comprendió que algo estaba yendo muy mal.
–Mira. - le indico Kula a K' y la motocicleta que ambos iban en la carretera se detuvo
El joven de cabello gris con cabello desordenado se sacó los lentes oscuros para mirar el cielo.
–¿Que rayos es? - preguntó K' apartando la mirada, con cara de aburrimiento, como si no le importara. –Me resulta familiar.
Kula río por lo bajó, sabía que su compañero con su postura indiferente nada llamaba su atención.
– Ni idea... - murmuró, volviendo a mirar el cielo durante un segundo.
– Hn, vamos - dijo K', volviendo colocarse los lentes y encender su moto. –Solo esa figura nos retrasa.
–Esta bien. - sonrió ella colocando sus brazos alrededor de la cintura de su compañero.
– Orochi... - murmuró Ámbar. Ese dios que no conocía volverá al mundo. – Piensas que... ¿Será duro con los que dejaron de servirle por un tiempo?- preguntó, sin poder apartar sus ojos amarillos del cielo. Su cuerpo fue recorrido por un temblor, quizás debido al temor.
Eric sentado detrás de un escritorio la noto preocupada desde que entró a su oficina.
– No te creas tan importante. - se burló Eric lanzándole una breve mirada – Viene por ella...
La rubia no respondió, sólo bajó la mirada un momento, sonriendo con tristeza, después de todo Eric aún la amaba.
– No, ¿Encerio?... - la voz de Ámbar era burlona. – El señor Orochi busca venganse de los Clanes que lo derrotaron hace años y también deshacerse de la bendición que pudiera parir tu querida.
– ¡Ya cállate! - la mano de Eric golpeó con fuerza la superficie del escritorio, haciendo que las cosas salieran de lugar.
En ese momento Saiki entro y ambos guardaron silencio.
– ¿Están peleando nuevamente? - preguntó Saiki.
–Solo hablábamos del símbolo en el cielo. - argumento Ámbar.
–No tienen porque temer ustedes son parte del Clan. Además..- una leve risita juguetona –¿Acaso no tienen un poco de sangre Orochi? Ambos sienten el poder de Orochi pasando por sus venas.
–No era necesario que lo digas - interrumpió el francés.
– Vamos, Eric... - Saiki jugaba con él, obviamente estaba de buen humor. – Aceptaste el poder de Orochi para poder ser más fuerte que Iori Yagami, aunque no puedes controlarlo como Yagami ahora tienes lo que querías, menos a Athena. - la burla era evidente en cada palabra que el dios del tiempo pronunciaba. – Eres intocable ahora.
Hubo un silencio en la que nadie dijo nada.
– Yo estoy feliz por ayudar a Yamata, el me dió este poder.. nunca me senti más fuerte y poderosa que ahora. -hablo Ambar complaciendo al dios.
–Bien. - fue todo lo que dijo Saiki antes de apartar las cortinas y observar el símbolo resplandeciente de Orochi.
Shen Woo lanzó una mirada al conjunto de mujeres que estaba en el jardín del templo Kagura. Shen se había pasado al lado oscuro y no porque le gustará ser es espía de Saiki sino porque estaba furioso, despechado después de que Leona rompió con el, sin remordimiento le dijo que solo lo utilizo para obtener información de Eric, solo era su trabajo, solo cumplía con su deber le dijo la muy hipócrita. Escondido entre los árboles, también había visto el símbolo de Orochi en el cielo, había aparecido de la nada.
¿Será que ese dios despertó?
No, si hubiera despertado el templo Kagura hubiera sido destruido ya que su sello se encontraba en uno de esos pasajes subterráneos oculto por debajo de esos hermosos jardines.
Las sacerdotisas lo sabían, y muchas de ellas fueron a los sótanos para orar y cuidar, pero no era necesario. El sello estaba ileso.
Entonces ¿Porque apareció esa figura?
¿Que significa?
La energía maligna se sentía en el aire, aparecieron ninjas armados rodeaba el lugar, provenían del Clan Yagami junto con Chizuru, se escuchaban murmullos, susurros, rumores de estar listos a cualquier ataque.
– Rayos... - dijo para sí.–Debo ir con Saiki.
Saiki llego a su habitación, la felicidad que sentía era inexplicable, ¿Acaso Orochi despertó sin ayuda?
El símbolo estaba en el cielo, sentía su presencia. Recordó cuando se remarcó en el cuerpo de un niño llamado Chris, también había escogido como sirvientes a Shermie, Yashiro que al final no sirvieron para nada, fueron derrotados por simples humanos que participaban en el torneo. Pero está vez el había tomado las riendas y estaba realmente dispuesto a cumplir con su propósito. Orochi volvería a dominar el mundo bajo su reinado, todos aquellos que le servían y que ahora se encontraban separados por el mundo volverían, y la victoria sería suya.
Entonces miro sin entender el cielo, solo había una figura resplandeciente en el cielo, comentarios de las personas y noticias de la televisión tratando de explicar la extraña figura.
– ¿Yamata? - preguntó en voz alta, tocando con la punta de sus dedos el vidrio de la ventana.
Una voz se sintió como un estruendo en su cabeza, haciéndo caer de rodillas con las manos en los oídos, como si fuera demasiado fuerte. Cerró los ojos, pero una sonrisa adornaba sus labios, porque era la voz de su señor, la familiar voz de Orochi...
"Date prisa, Saiki..."
– Lo lo lamento mi señor... - murmuró – Voy atrapar a la esposa de Yagami para usted.
La voz de Orochi se disipó, junto con la sensación de su presencia cercana. Saiki se levantó lentamente, y vio que el cielo volvía a la normalidad.
Continuará!
