Capitulo X

8 meses después...

El pelirrojo no era muy paciente para esperar en la sala de espera el turno de Athena para una nueva ecografía, ya no faltaba mucho para que naciera el niño y todo terminará pronto.

Un hombre de cabello gris y piel pálida salió del consultorio.

– Yagami Athena, pase por favor.

La pareja entro y la psíquica se recostó sobre la camilla, se notaba cansada y era causa que el bebé no paro de moverse toda la noche.

– dígame jóvenes ¿Sucedió algo malo con el embarazo?- cuestionó el ginecólogo escribiendo en la ficha de Athena.

– No nada serio doctor, solo que últimamente me he sentido muy cansada. -le respondió la psíquica con una sonrisa.

– y no solo eso, se la pasa comiendo todo el tiempo. - hablo Iori preocupado.

– ¡Yagami! - lo regaño su esposa con vergüenza.

El doctor rio un poco divertido.

– No deben preocuparse. Es normal, solo debes alimentarse sanamente y caminar ya que solo le falta un mes ¿Alguna otra duda?

– Eh, si me duele todo el cuerpo y aún más mis senos. -le explico Athena al doctor a lo que Iori solo la miro serio como si lo último no era necesario decir.

– Todo lo que siente es porque su cuerpo se está preparando para cuando de a luz a su hijo o hija. Le daré un turno para el próximo mes. - sacó un papel y transcribio todo lo dicho por el. – Si esas son todas sus dudas déjenme hacerle una revisión. -tomo un líquido y lo esparció sobre el enorme vientre, acercó un aparato que en la punta era redondo moviendolo dónde encontró al bebé, Iori y Athena vieron a la pantalla donde estaba su futuro hijo. – ¿Ahora si quieren saber el sexo del bebé. ?

– No es necesario es un niño. - hablo Iori con total seguridad.

– Pues se llevará una gran sorpresa. - sonrió el doctor mirando a Athena con complicidad.

– Es niña - dijo la psíquica asombrado al pelirrojo.

– Exacto será una hermosa niña. -siguio hablando el doctor. – ¿Ya tienen algún nombre?

– Akane. - se apresuró en hablar el pelirrojo. – Como mi madre.

Athena sonrió complacida, con la ecografía en mano y el turno siguiente se fueron en automovil a la mansión.

Mientras tanto en la mansión Kusanagi, Shizuka y Saisyu se vieron entre si cuando su hijo presentó a la soldado como su novia.

– Bienvenida. - logro decir la madre de Kyo tratando de ser amable.

En cambió su esposo no estaba tan contento como la presento su heredero. Solo la observó detenidamente, inclinó un poco su cabeza como saludo.

–Es un gusto conocerlos. - hablo Leona con una sonrisa.

–Supongo que te quedarás a comer. Ya debe estar listo el almuerzo. - dijo Shizuka llendo a la cocina, más bien huyendo.

–Kyo ¿Podemos hablar un momento? - pregunto su padre indicándole el despacho a la cual el Kusanagi se adelantó, Kyo sabía que algo andaba mal.

–Ya regreso. -le dijo a Leona quien no tenía idea que sucedía, vio como Kyo entro al despacho junto con su padre.

Una vez a solas Kyo miro con reproche a su progenitor.

–¿Pasa algo?

–Ella.. ¿Es tu novia?

–Si ¿Que hay con eso?

–Es estranjera.

–Brasileña. -le confirmo Kyo a lo que su padre se rascó la barbilla preocupandolo.

–Sabes que nuestro Clan es muy tradicional, nunca nos hemos mezclados con otra raza. ¿Entiendes lo que digo?

Kyo rio con arrogancia.

–¿No pensarás que siga con esa tradición tan absurda?

–No solo que obedescas y comprendas que si en algún momento eliges casarte con esa chica, dejaras de ser un Kusanagi. -le advirtió a lo que Kyo se sorprendió de sus palabras, su padre le estaba amenazando.

–Entonces también dejaré de ser tu hijo. - respondió al tiempo de salir del despacho e ir con Leona quien hablaba con su madre –Vamos.

–¿Que sucede hijo? - cuestionó Shizuka al verlo tan enojado. En ese instante salió Saisyu del despacho a la sala.

–Preguntale a tu esposo. - dijo solamente tomando la mano de Leona quién no entendía nada y ambos salieron de la mansión.

Durante estos meses Iori estuvo pendiente de su esposa, en que nada le faltase, aunque la relación de ambos fue volviéndose monótona, muy pocas veces hablaban, el se la pasaba en reuniones fuera del hogar y últimamente llegaba tarde por las noches y se encerraba en su despacho, Athena se sentía sola a pesar de tener la presencia de su madre en el lugar, pero esta vez no se iba a callar, hablaría con el pelirrojo a comode lugar.

Así fue cuando en camino a una de sus empresas donde el estaría en reuniones cuando justo en la puerta fue detenida por cierta rubia arrogante, que la miraba con burla al verla con el vientre enorme.

–¿Muy apurada niña?

–¿Disculpa?

–Soy Ambar Ramos. -Athena parpadeo sin entender de quién se trataba.– Veo que Yagami no te hablo de mi.. ni de lo nuestro.

–¡Que quieres!

–Solo quiero abrirte los ojos, tu querido esposo te engaña. -le aseguro mientras se tomaba de un mechón que caía por su mejilla. Athena se sorprendió y negó de inmediato con la cabeza.

–Mientes.

Ámbar volvió a reírse con burla.

–Por dios Athena, ya no eres atractiva para Iori, estás enorme y te has descuidado bastante. Ahora entiendo porque volvió a buscarme.

–¡Cállate! -las cosas que le decía la rubia le dolían y trataba de no creer.

–¡Mírame! Soy mucho más bonita que tú y el solo está contigo por ese niño que tienes.

Athena por protección se tomó el vientre, algo le decía que no confiara en ella y que estaba de acuerdo con sus enemigos.

–¿Porque debería creerte?

–¡Pero que idiota eres! -le grito enfadada. –Aun no entiendo cómo pudo cambiarme por ti. -la miro con repudio sin embargo Athena intuyo que se trataba de una mujer despechada, solo cerró sus ojos y querer apartarla del camino cuando Ámbar la tomo del brazo con dureza la jalo hacia ella. –Qudamos en vernos esta tarde a las cuatro en su apartamento, por si quieres acompañarnos. -le dijo sobre su oído con algunas risitas.

–Sueltela. - hablo una voz gruesa y varonil.

Ambas volteraon a ver al hombre grande y alto.

–Goro. -musito la psíquica, la rubia la soltó dejando que el hombre la protegiera.

–Bien, eso es todo lo que quería decirte querida. - terminó diciendo Ámbar con su cinismo se fue del lugar.

La psíquica quedó muy confundida con lo que le dijo la mujer ¿Es cierto? Iori ¿La engaña?

– Athena ¿Te encuentras bien? - le pregunto Goro preocupado.

–Si, muchas gracias por defenderme de esa mujer. - trato de sonreír para vea que estaba bien, dió media vuelta y se subió a un taxi.

Cuando el Yagami entro a su habitación vio a su esposa sentada sobre la cama, observó la expresión de decepción en su rostro, las lágrimas deslizándose por sus mejillas. Iba a preguntarle qué le sucedía cuando de repente ella hablo.

–Quiero el divorcio.

Eso lo desconcertó, frunciendo el ceño.

–¿Que dices?

–Vamos Iori, ví a tu amante entrar a tu departamento está tarde y no me lo niegues.

– Ámbar. - contesto el entendiendo todo.

–Si ella misma. Me dijo que son amantes y que se encontrarían en su apartamento. -le dijo muy enojada.

–¡Ella no es mi amante! - exclamó haciéndose escuchar. –Ella solo..

–¡No mientas! -grito interrumpiendolo. –Solo te advierto que apenas nasca la niña pediré el divorcio, ya no quiero saber de ti. - terminó diciendo al tiempo de salir de la habitación.

Iori quedó boquiabierto sin comprende que había pasado, ella no creía en el, no dejo ni que explicará lo sucedido.

La noche era estupenda para salir a pasear, Kyo se encontraba con su novia en la casa de Goro conociendo a la nueva integrante de la familia.

–Es preciosa, te felicito amigo. - le dijo el Kusanagi a Goro quien le sonrió alegre.

Leona la tomo en brazos y se la llevó hacia la cocina donde se puso hablar con la esposa de Goro.

– Ella es una mujer buena Kyo. ¿Ya la llevaste con tus padres?

–No me hagas acordar a mi padre. - suspiro cansado.

–¿Porque?

–No la acepta y no lo hará porque es extranjera, me habló de la tradición de la familia. Al parecer mi padre no quiere que nuestra sangre se mezcle con otra raza. - le explicó a lo que Goro lo miro colocando una mano sobre su hombro..

–Lo lamento.

– Dímelo a mi.

–Ella ¿Lo sabe?

–No me he atrevido a decírselo. -le dijo preocupado. –No se como se lo vaya a tomar.

–Kyo, ví a Athena. - le contó Goro a lo que el castaño solo negó apenas con la cabeza.

–No me hables de ella.

–Se que dejaron de ser amigos desde que se casó con Iori Yagami.

–¿Cómo está? -no pudo resistirse a preguntar.

–Ella no es felíz, por lo que escuche Yagami le es infiel. -vio la preocupación y el enojo de su amigo en sus ojos.

–Maldito infeliz.

Desde que salieron de la casa de Daimon, Leona noto que Kyo estaba extraño, era como si se hubiera ido, metido en sus pensamientos.

– ¿Sucedió algo que no me has contado?

–No, discúlpame te llevaré a tu casa. - dijo rápidamente a lo que la soldado no se quedó conforme.

–Kyo ¿Que paso con tu padre? ¿Porque salimos huyendo de la mansión?

Él la miro a los ojos, tenía que decírselo aunque le doliera.

–Mi padre quiere que me case con una mujer del linaje japonés, es un poco conservador. -le explico a lo que ella bajo su mirada con tristeza.

–Entiendo. - murmuró. –No deseo que tengas problemas por mi culpa, es mejor que terminamos.

–¡No digas tonterías! -le dijo con enojo. –No voy a dejarte solo por una estúpida tradición familiar, soy el líder del Clan y no pienso seguir esas reglas.

–Pero..

–¡Pero nada! Ahora te llevaré a tu casa mañana hablaremos. - le dijo tomando de la mano para luego besarla y sonreírle a lo que ella también compartió su sonrisa y acarició su mejilla, sus ojos azules brillaron.

–Esta bien.

En esa noche Athena no podía dejar de lamentar el día en el que se casó con Iori Yagami, caminaba por las orillas del lago que se encontraba algo retirada de la mansión, llevaba puesto un vestido largo color rosa, intentaba borrar la imagen que se repetía una y otra vez en su memoria, cuando entro silenciosamente al apartamento del pelirrojo, lo vio, su esposo siendo besado por otra persona quien no dejo de acariciarlo, tocarlo, no quería admitirlo, pero su matrimonio andaba mal.

–Estas en tierras de los Kusanagi señora Yagami.

Athena escuchó la voz de Kyo cerca de ella y al voltear lo vio, ella no pudo ocultar su alegría al volver a verlo, en cambio el notó como sus bellos ojos ahora se encontraba hinchados y colorados de tanto llorar, no pudo evitar abrir sus brazos y recibirla con un fuerte y necesario abrazo. Fue tan reconfortante y aliviaba todas sus penas, el dolor desaparecía.

– Que bueno volver a verte...- murmuró ella, sobre su hombro.

– También te extrañe - dijo Kyo, también en un murmullo.

Nuevamente sus ojos observaban a Kyo, brillantes, intensos, mientras se apartaba un poco de el, le sonrió al igual que el a la psíquica, se veía tan hermosa embarazada y con ese vestido tan delicado como ella.

–Ya había venido aquí. - le dijo con ligereza Athena, como alguien que está animado por la idea de dar un paseo. – ¿Quieres caminar? El paisaje es precioso.

Kyo se quedó observando a Athena con los labios entreabiertos. Veía sus ojos brillantes, la sonrisa congelada, su expresión de impaciencia mientras esperaba una respuesta.

– Vamos, Kyo... - insistió, esta vez tomando la mano del joven y tirando levemente de él. –Son como las once de la noche y quizás veamos juntos cuando sale el sol. Quiero verlo contigo.

–Como cuando aquella vez nos escapamos del colegio para ver la puesta de sol en este lugar. - recordó el.

–¿Verdad que fue excitante? ¡Hagámoslo!

–¿Que..?

–Escapemos tu y yo juntos mientras nadie está observando. - Athena hizo una cortísima pausa para tomar un respiro y sonreír más ampliamente, tirando aún de la mano de Kyo, como si él fuera un niño difícil de convencer. – No hay nadie vigilando, podemos ir... y disfrutar de la noche. Vamos a la ciudad a beber algo caliente en un café... conozco un lugar donde hacen ricos pasteles y podemos llegar al amanecer antes de que despierten.

– Athena...

–Nadie se daría cuenta, Iori se habrá ido a un bar con su amante, yo me hare responsable si nos descubren. -ella río suavemente.

– Athena... - repitió Kyo, observándola preocupado ante sus palabras. Nunca la había visto hablar tanto, de corrido, tan rápidamente, como si no quisiera darle tiempo de protestar. Como si, de detenerse, los sentimientos lo sobrecogerían haciéndola colapsar.

– Tenías razón, Iori no me ama.. solo quiere a este bebé. - prosiguió la joven sin dejar que Kyo continuara. – Fui muy tonta en creer que sería feliz ¿Cómo serlo cuando mi casamiento fue arreglado? Fui en verdad una idiota y una mala amiga.

–¡Athena! - finalmente, Kyo la tomo de la mano. –No vuelvas a decir eso, tu eres y siempre serás una gran amiga.

Iori apareció en ese momento e hizo cenizas el ramo de flores que traia en la mano. No se atrevió a decir nada, creyó ingenuamente que así mejoraría la relación.

En eso Kyo sintió una presencia a su espalda. No se soltó, porque reconoció de quién se trataba.

– Hn, patéticos. - La profunda voz de Iori Yagami se hizo presente. Kyo levantó la mirada hacia él, sus ojos rojos observaban las dos figuras tomadas de las manos. Miro a la psíquica muy enfadado. – ¿No tienes vergüenza Athena? venir a llorarle a mi peor enemigo luego de una discusión.

–Yagami ¿Que le hiciste? - le cuestionó enojado Kyo.

–Eso a ti no te importa. - respondió lleno de odio apretando su mano al ver que aún no soltaba a su esposa.

Estaba a punto de apartarlo cuando Athena se interpuso delante de él. Sabía que terminarían peleando y no quería que eso pasara ya que ambos no sabían controlarse.

–Kyo, me iré con Iori -dijo suavemente Athena. – Estaré bien.

No hubo reacción de parte del Kusanagi, así que ella tomo el brazo del pelirrojo pero, este se soltó bruscamente y comenzó a caminar solo alejándose.

Una vez en la mansión Iori cerró la puerta de su dormitorio mientras veía a su esposa que iba hacia al balcón para ver el jardín iluminado, era una vista espectacular.

–¿Que hacias con Kyo?

– Quería huir con el. - respondió ella.

Iori pareció sorprendido pero solo frunció el ceño.

–¿Y tienes el descaro de decírmelo?

–Ya deja de fingir que te importa, solo vete con tu amante que es lo mejor que sabes hacer.

–¡Ámbar no es mi amante! ¿Cómo puedes juzgarme sin siquiera dejarme hablar?

–Entonces ¿Que hacía en tu departamento?

–Ella guardo las llaves que tenía cuando nos veíamos, es así como ella entró.. yo no la esperaba ¿Entiendes? Ya cambié las cerraduras. -le explico tratando de no salirse de sus casillas.

–¿Porque nunca me hablaste de ella?

–Porque no lo consideré importante, es ella la que está obsesionada conmigo.

–Ella me dijo cosas horribles, dijo que solo estabas conmigo por el bebé y que no me amabas ¡Ya no te parezco atractiva Yagami! ¡Fui una idiota en confiar en ti!

Iori la sujetó de los hombros y la sacudió con violencia, para que callara, pero mientras lo hacía, Athena dejó escapar una risa entrecortada, seca. Iori se detuvo, y vio cómo ella dejaba caer la cabeza, su cuerpo estremeciéndose por la risa. Lentamente, Athena levantó la mirada hacia el pelirrojo. Despacio, observando primero su pecho, su cuello, su barbilla, para encontrarse con sus ojos rojos, cansados. Iori vio que ella sonreía, sí, pero el temblor que recorría su cuerpo no se debía a la risa, sino a sollozos, suaves y contenidos. Las lágrimas caían por sus mejillas, e iban a deslizarse en la comisura de su sonrisa.

–... Tu me amas verdad? - dijo ella con la voz a punto de quebrárse. –Porque por más que quiera yo no puedo dejar de amarte... Lo eres todo para mí.

Iori la abrazo suavemente dejando que su cabeza descansará sobre su pecho, acarició el cabello lila, respirando su aroma mientras una punzada en su corazón lo hacía cerrar los ojos. Sintió cómo ella también lo abrazaba, cómo se aferraba a él, escondiéndose avergonzada. Al pelirrojo le agravada sentir los movimientos del bebé en el vientre mientras la abrazaba.

– Te amo Iori... - susurró con voz apagada. –Siento lo que pasó, no debí dudar de ti..

–Lo sé... - respondió, también en un susurro calmado. El cabello rojo caía sobre sus ojos, ocultándolos, pero miraba a su esposa, abrazado su cintura y con el rostro escondido. Parecía indefensa, por más que eso fuera contradictorio. Sintió un dolor insoportable al pensar que ella algún día desapareciera, no quería imaginarlo. – Jamás te dejaría. - murmuró abrazándola con más fuerza. En respuesta, ella dejó escapar un sollozo. Se mordía los labios, pero no podía evitarlo, se sintió feliz al escucharlo.

–Iori.. -susurro mirándolo a los ojos y posando su mano sobre su pecho. –Solo creí que ya no te gustaba como mi cuerpo cambio ya no soy la joven delgada y bella que tú conociste.

La mirada de Iori fue muy intensa y cambiante, melancólica, dulce y dura al mismo tiempo.

– Aún no me conocés. -se fue acercando a su boca y sus ojos fijos sobre ella, Athena se estremece al sentir su aroma. Los dedos de Iori rosaban sobre sus labios.

– Díme ¿Que sientes?

–Amor - dice muy lentamente – Es eso lo que siento ahora y un inmenso deseo de ti.

Emite un gruñido silencioso y sensual, de pronto sus labios se apoderan de los suaves labios de ella, su aliento es dulce. Comienza rozándo levemente pero Athena quiere más y apretó sus labios con fuerza abriendo su boca y el la suya saboreando cada lugar con su lengua, experimentando el más rico y deseoso de los besos. Iori la toma en sus brazos fuertes y la lleva directamente a la cama.

Afuera de la mansión una mujer muy parecida a la psíquica vio la escena en el balcón, sonrió.

–Ese Amor.. ya lo había visto antes. -dijo la joven que llevaba puesta una biquini roja, su aura era celestial.

–¿En quien Princesa? - cuestionó Helene su fiel amiga.

–En Natsuki y Fudo. - sonrió con pena.

–Solo esperemos que no compartan el mismo destino.

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