Capitulo XII

"Rivalidades"

Apoyada sobre las barandas de su balcón la psíquica veía como el atardecer se iba, sentía que algo malo pasaría, aún el pelirrojo no aparecía, el sonido su teléfono la hizo hizo exaltar, era una llamada desconocida, contesto de inmediato.

–¿Si.?

–¡Athena! ¡Athena!

Era la voz de Bao, quien la llamaba, se desespero y sintió una puntada en su pecho.

– Si quieres volver a verlo ven sola a la dirección que te mandaré por texto.

Está voz era de Eric y luego colgó.

Tenía a Bao en su poder, ella debía ir a salvarlo, no podía dejar pasar más tiempo, en ese instante llegó un mensaje con una dirección, antes de irse dejo una nota rápida en la mesita salió de inmediato de la mansión.

La calle estaba mojada por la reciente lluvia, pocas luces alumbraba, Choi caminaba sin prisa cuando vio algo extraño, a la psíquica entrando a un galpón abandonado. Se notaba tensa, observó como entraba silenciosamente.

Athena una vez adentro escucho la voz de Bao nuevamente llamándola fue corriendo hacia la habitación donde provenía pero solo se encontró con un televisor dónde veía unas de sus peleas de KOF y en esa grabación estaba Bao apoyándola gritando su nombre.

Se tapo los labios y sus ojos se humedecieron, había sido engañada, giro rápidamente para irse pero ya era demaciado tarde, Eric apareció con una sonrisa prepotente en su rostro, el maldito se había salido con la suya y parecía que disfrutaba de la situación.

–No puede ser que hayas caído por una grabación de una cinta. -se burló de ella quien se tomó del vientre temiendo por ella.

—¿Qué sucede ? ¿Estás asustada? -le preguntó con voz burlona.

—Sí.

—Haces bien, preciosa. -le tomó la cara fuertemente con una mano y la obligó a mirarlo.— Después de dejarte embarazar por el maldito de Yagami, puedes esperar cualquier cosa de mí.

Mientras tanto Iori llega a la mansión y se extraño en no ver a su esposa en su cuarto, algo andaba mal pensó cuando noto la nota sobre la mesita de noche decía. " Eric secuestro a Bao.. " y una dirección.

Iori hizo cenizas el papel y salió de inmediato de la mansión.

— ¡Voy a matar a ese malnacido!

—¿Que quieres de mi? -le grito la psíquica ya atada a una silla. — ¡Yo no te hice nada!

—¡¿Nada?! ¡Te casaste con ese asesino! -La abofeteó con fuerza—. Y además... ¡Esperas un hijo de ese imbécil!

—¡Iori cambió. El es un buen hombre!

—¿ Un buen hombre? -rio con gracia.

— Eric.. por favor no le hagas daño. - murmuró entre lágrimas.

— ¿A quien te refieres Athena? - sonrió con malicia — ¿A Yagami? O a ¿Tu bebé?

—¡Maldito psicópata! -exclamo Athena perdiendo el control, ya no quería sentir miedo. — Ojalá te pudras en el infierno.

— No estás en condiciones para amenazarme estúpida.

—Se que estoy en tus manos y admito que fui muy tonta en haber caído en tu juego.

—Vaya al menos admites tus errores.

—Mi único error fue tomar tus dibujos y admirarlos en esa ocasión. - lo miró con determinación—. Iori vendrá por mi y su hijo.

—¡Lo voy a estar esperando! Primero lo mataré a él y luego sigues tu y ese maldito niño.

—¡No sabes cuánto te odió! -le gritó Athena enfadada, incapaz de controlar su furia— ¡Mataste a Soiree! Y luego ¡ A su hermano! Eres un loco que no admite que ya no puedes tenerme y nunca me tendrás ¡Me repugnas! ¡Te odio!

Eric golpeó nuevamente el rostro de ella con fuerza, frustrado tras escuchar aquellas palabras que tanto significaban para él. Athena no lloró ni se quejó, simplemente continuó mirándolo con la misma intensidad, acusándolo de todo.

— Golpear a una mujer que no puede defenderse no es de hombres. -hablo de pronto Choi entrando en escena. Athena se sorprendió al verlo y Eric lo miro con gracia.

—¿Pero que clase de amigo raro tienes Athena? - observo sus garras. — ¿Acaso te creés Freddy Krueger chiquitín?

Choi se mantenía indiferente ante los comentarios de Eric acompañado de su risa cínica.

— No, pero puedo convertirme en tu peor pesadilla. - contesto con una sonrisa sádica empuñando sus manos.

—¿No me digas..? ¿Tu y cuántos enanos más?

Choi con su velocidad le rasguño el brazo a Eric quien gimió de dolor viéndolo con enojó.

—¡Fenómeno de circo! ¡Ya verás!

Le encestó un golpe en la cara y a la vez una patada, Choi estaba a punto de crear un remolino cuando Iori aprecio en ese momento caminando lentamente hacia ellos. Noto a Choi quien lo veía con indiferencia, vio a Athena atada a una silla con signos de golpes en su mejillas y cerca de ella el infeliz de Eric a quien fulminó con la mirada, para el Yagami era carne fresca.

— Bienvenido Iori Yagami, te estábamos esperando ¿ Verdad Princesa? - hablo con total cinismo ante la cara de furia del Yagami.

— No sabes cómo voy a disfrutar matandote. - contesto el Yagami prendiendose completamente en fuego púrpura.

Eric entendió que la pelea había iniciado cuando sintió el ardor en su cuerpo provocado por las flamas purpura, dio unos pasos hacia atrás tambaleandose un poco.

– Maldito Yagami. - contra atacó dándole una patada en la cabeza pero Iori no se dejó caer y al tiempo envío una enorme escala de fuego purpura se alzo como si fuese el vapor de un geiser, se tira a un lado para no ser atrapado por ella – AAAAAAAAH! – otra torre más le levanta en vuelo y antes de caer el fuego escose su piel nuevamente pues ocho columnas purpuras se aparecieron dejándolo tirado en el suelo.

Apenas podía ponerse de pie, Iori lejos de ahí de pronto echa a correr. Eric queria por todos los medios poder resistir, quería demostrarle que era fuerte, quería golpearlo por haberse atrevido a casarse con su Athena y que se la merecia mas que el, deseaba poder acabarlo.

– vas a ¡Pagar! - tomo su ultimas fuerza y quiso darle una piña pero apenas rozo el rostro del Yagami para sorpresa de Eric, no lograba entender como ese pelirrojo era tan rápido.

Iori le dió una serie de golpes certeros y lo toma de la chaqueta levantándolo, sus pies apenas tocaban el suelo, su cuerpo estaba molido, los ataques del Yagami fueron veloces y mortales.

– Idiota.. - dice Iori dejándole parado en el piso, tambaleante debido a todas las heridas – Ni siquieras puedes darme una buena pelea.

–Te crees invencible Yagami ¿Olvidas que Kyo Kusanagi es más fuerte que tu maldito Clan y tu?

–¿ Y tú olvidas que tengo tu miserable vida en mis manos? - Eric se aleja un poco frunciendo el celo. –¡Vamos! - ¡PELEA! - grito Iori y sus dedos se abren como garras y un golpe certero en su pecho… otro golpe más que solo le hace retroceder pero no cae. Eric rio divertido mientras un hilo de sangre salía de su boca. El pelirrojo gruño al ver cómo su rival no parecía afectarle emocionalmente sus golpes.

–Yo fui su primer amor Yagami, fui quien la hizo mujer y sentir sensaciones que tú nunca podrás experimentar ¿Y sabes porque? -lo miro a los ojos con seriedad mientras se limpiaba la boca con sus dedos. –Porque ella me amo desde un principio, tu solo eres uno más al que dejará cuando empiece a conocer lo que en realidad eres.. en cambio a mi ella jamás podrá olvidar, eso es algo que no puedes cambiar.

Los ojos azules del pelirrojo comienzan a enrojecer y puede ver como de sus manos sale el fuego purpura de manera incontrolable, lo agarro del cuello y grito de la forma más que aterradora, su rostro se deformaba como el de un monstruo, sorprendiendo a Choi y Athena temió al ver esa expresión mientras el integrante de Korea team la desataba cortando la soga con una de sus garras.

Luego vio como Iori comienza a darle golpes continuos a Eric de forma precipitada que pudo ir esquibando y a pesar de estar herido toma fuerza comenzando a corresponderle los golpes, una patada que lo hizo flaquear y una rafaga de fuego púrpura con un certero golpe hace que Eric caiga al suelo inconsciente.

Athena se acercó al cuerpo de Eric, temia que Iori lo hubiera matado.

–¡ NO LO TOQUES! -Grito el pelirrojo exaltandola, sabía que las palabras de Eric lo había alterado.

–Iori, debemos llevarlo al hospital. -En ese instante una punzada la hizo gritar y tomarse del vientre, el dolor que sintió fue insoportable.

–¿ Que sucede? - pregunto con más calma preocupándose.

–Creo que viene el bebé... Ahhhhh - logro decir ante el dolor.

–Hay que irnos.

– Si...

Athena miro a Choi quien también la observo con preocupación.

"Por favor llama a emergencias.. " le dijo mentalmente el asintió. No comprendía cómo podía tener consideración con el sujeto que la secuestro.

Los tres salieron del lugar y un taxi llegó y dejo a una pareja bajar rápidamente. Eran Kyo y Leona.

–¿Athena, te encuentras bien? -le pregunto Kyo inquieto al verla sufrir.

– Me duele en cada contracción. - murmuró arrugando su rostro la psíquica pero feliz de ver a su amigo.

–¿Que haces aquí? -le cuestionó Iori a su rival.

–Kim le dijo que Athena estaba aquí y podría estar en peligro -le contestó Leona.

–Yo le avisé a mi maestro. -hablo Choi a los que los demás lo quedaron viendo sin entender.

–¿ Y tú, que hacías aquí? - le pregunto desconfiado Kyo.

–Solo quería ayudar..

–AHHHHHHHHHH. ¡YA BASTA DE INTERROGACIONES!- volvió a gritar Athena ya no aguantaba mas.

–Ya es hora de irnos.

Fueron al vehículo estacionado, Kyo le abrió la puerta a Athena para que subiera en la parte de atrás, era mejor que la psíquica estuviera cómoda, Leona esperó a que Kyo subiera adelante, y luego se sentó al lado de la muchacha de cabello lila. Iori espero y subió también, y observó a Leona durante un segundo en el espejo retrovisor, quien se incómodo y luego vio a Kyo como si le pidiera una explicación.

–Es mejor que Athena vaya atrás con Leo, estara más cómoda.

Iori asintió, no tenía opción.

–y otra cosa Yagami - dijo de pronto. El pelirrojo volvió a mirarlo. – Deje mi motocicleta en la avenida, déjame ahí con Leo luego seguimos adelante solos.

–Puedes recogerla después - dijo Iori secamente, Athena hacia sus respiraciones, Kyo frunció el ceño.

– No, lo haré ahora - dijo firmemente.

Iori lanzó una risa burlona, y se encogió de hombros mientras empezaba a manejar. Empezó a cobrar velocidad, a través de las ventanillas se podía ver los árboles, casas que pasaban a raudos, parecía embriagante.

Leona había sido empujada hacia atrás debido a la brusca aceleración, y en ese momento hizo una mueca.

Athena se sostuvo del asiento delantero, donde Kyo se encontraba, y miró los ojos azules de Iori en el espejo retrovisor. Él le devolvió la mirada durante un segundo antes de tomar una cerrada curva que lanzó a Kyo contra el y a Leona casi contra la psíquica.

–¡Yagami! - exclamó Kyo, al ver que su rival tomaba la avenida donde se encontraba la moto y no parecía estar dispuesto a detenerse.

–¡Detente, Iori! - exclamó Athena, asustada al ver la velocidad a la que iban.

–¿Puedes ir más lento, grandísimo idiota?- gritó Leona a las que Iori respondió hundiendo aun más el acelerador –¡¿Cuál es tu problema?! - insistió la soldado, viendo que sus gritos no solucionarían nada y que, al contrario, empeoraban las cosas.

–¡Estás loco, Yagami! -hablo Kyo.

Iori mantenía la mirada fija en el frente ahora, como si desafiara a Kyo con una actitud de "si no me detengo, ¿qué vas a hacer?". No podía evitarlo, odiaba a su rival.

–Esta bien, tu lo pediste. - fue una última amenaza velada por una semisonrisa antes de que una ráfaga de aire helado invadiera el vehículo. Leona, al darse cuenta que la puerta del lado de Kyo estaba totalmente abierta lanzó una exclamación. Athena cerró los ojos, sabía que el Kusanagi haría algo así.

–¡Kyo! - exclamó Leona.

Kyo estaba en el borde mismo del asiento, medio cuerpo fuera del vehículo, su cabello castaño sacudiéndose con el viento, y sus ojos brillando furiosos. Sin embargo su rostro parecía calmado. Iori tampoco disminuyó la velocidad.

–No lo haras - murmuró para sí el pelirrojo.

– Sí lo hará - habló Athena, levantando la voz. –¡Detente!

No hizo caso, no bajo la velocidad. Leona trataba de hacer un esfuerzo para no mirar.

–Es solo un fanfarrón. - volvió aclarar el pelirrojo con burla viendo al velocímetro, que marcaba más de cien kilómetros por hora.

–¡No lo desafies, Yagami! - gritó la soldado asustada.

Justo en ese momento oyeron el agudo grito de Athena. En una milésima de segundo los ojos de Iori se dirigieron al asiento del copiloto para alcanzar a ver una sombra negra cayendo por el lado del vehículo, y de pronto una sacudida remeció a los tres jóvenes que se encontraban adentro. Leona grito de nuevo, segura de que una de las ruedas había pasado por encima del cuerpo de Kyo.

Iori no podía entender que en verdad lo hubiese hecho. ¡Ese estúpido Kusanagi había saltado del vehículo en pleno movimiento!

– Imbécil. - gruñó al sentir como perdía el control del vehículo empezó a girar sobre sí mismo, a una velocidad estremecedora. El pelirrojo sujetó con fuerza el volante, tratando de enderezar el automóvil y hacerlo salir de ese vórtice que la velocidad había creado. Cuando lo consiguió, sintieron otra sacudida, y luego quietud.

El vehículo había quedado con la parte posterior sobre la acera. Sintiendo su corazón acelerado y la adrenalina corriendo por todo su cuerpo, Iori apoyó la frente en el volante, sin poder creer que realmente había sucedido eso.

La puerta del lado donde estaba Athena estaba abierta. Frenético, trató de recordar si se había había puesto el cinturón de seguridad.

– ¡Athena! - el pelirrojo salió bruscamente, e iba a recorrer todo el trayecto en que había perdido el control para buscarla, cuando la vio, de pie en medio del camino.

El viento helado de la noche hacia ondular su cabello lila. Se acercó y luego miro hacia la misma dirección, frunció el ceño.

Era Kyo sentado en una moto con la moto andando, el castaño encendió una pequeña llama y señaló al vehículo.

–Soy Kyo Kusanagi, el mejor luchador del mundo Yagami

Iori siguió la dirección que señalaba, y vio la razón por la que había perdido el control de su auto. La rueda delantera estaba totalmente quemada.

Kyo comenzó a acercarse con la moto hasta detenerse frente a la psíquica.

– Debemos irnos al hospital - le dijo con una sonrisa mientras un brillo juguetón iluminaba sus ojos cuando le dirigió una mirada a Iori. –Nos adelantaremos, Yagami - dijo mientas la psíquica se subió atrás y abrazo al Kusanagi, apoyándose en su hombro y cerrando los ojos, para sentir el brusco tirón de la moto al arrancar. Se sentía cansada y enojada al mismo tiempo con su esposo por lo que acaba de pasar, una vez más los dolores volvían.

– ¿Estás bien, Athena? - preguntó Kyo, volviéndose para que ella pudiera escucharlo.

Athena sudó una gota.

- ¡¿Y tú qué crees?! - cuestionó enfadada – Tu y Yagami me van a volver loca. -Kyo empezo a reír, ver a Athena enojada no era algo usual.

– Lamento lo sucedido pero había que darle una lección a ese presumido.

Siguió yendo en línea recta, esperando que ella respondiera.

– ¿Athena? - preguntó, deteniéndose alarmado. Estacionó la moto en una esquina y se volvió hacia su amiga, que descansaba contra su espalda -. ¿Athena? - volvió a llamar, al ver que ella no contesta.

La agarro de los hombros, y la obligó a incorporarse. Athena tenía los ojos cerrados y los labios entreabiertos.

–Papá. - susurro ella

El castaño se alarmó. Y al instante se maldijo en silencio. ¿Pero en qué estaba pensando? ¿Como pudo obligarla a irse con el en su estado?

– ¿Que hice? -murmuro sacándose la chaqueta negra y envolverla protegiéndola del frío de la noche. –Lo siento.. -se reprochó por haber actuado de esa manera tan impulsivo. El haber querido castigar a su rival pero no quería que le pasará nada.

Athena empezó a temblar, estaba caliente como si tuviera fiebre y la estrechó con fuerza, mirando la calle desierta, esperando ver aparecer el vehículo en cualquier momento. Athena tenía que ir al hospital.

–Apúrate, Yagami. - murmuró, sintiéndose culpable, mientras abrazaba aun más a su amiga.

...·:·:·:·:·…

– Maldita sea.

Leona esperaba a que Iori terminara de cambiar el neumático que estaba todo quemado.

–¿Necesitas ayuda? - preguntó Leona, el no le contesto. –¿Yagami? - le tocó levemente el hombro pero este la aparto violentamente, y ella retrocedió poniéndose en guardia. Lo noto alterado y su respiración agitada. –¿Estás bien?

–Solo no molestes. -respondio estremecido, cerró sus ojos sintiendo un dolor insoportable, no era el tipo de dolencia que le acompaño durante toda su vida sino distinta, más aguado que le producía una aflicción, desesperación insufrible. Amaba a su esposa y sentía que algo le había pasado. La angustia y el miedo se apoderó de él.

Iori...

Levantó la cabeza. ¿Lo llamaba...?

– A... Athena... - murmuró. Sacudió la cabeza. Era ella que le transmitía, dolor, miedo.. ella lo llamaba.. ella estaba sufriendo...

Gruñó apagadamente, lanzando un golpe contra la rueda que tenía frente a él y obligándola a quedarse en su lugar. Precipitadamente la aseguró, y con un gesto le indicó a Leona que subiera al vehículo mientras él lanzaba las herramientas en el compartimiento trasero del auto, luego se subió tras el volante.

– Sujétate - le dijo a la soldado, que se aseguró de ponerse el cinturón esta vez.

Otra vez encaminaron por la avenida a toda velocidad, pero no fue por mucho tiempo, vieron de lejos a los jóvenes aún lado del camino, la moto estaba ahí, pero los dos estaban en el suelo, se detuvo a centímetro de ellos y bajó precipitadamente, su corazón latiendo con violencia. Corrió hacia ella porque era la única persona que le importaba.

– Athena - llamó, tratando de controlar la creciente angustia.

Ella no se movió estaba en el suelo en los brazos de su rival quien lo veía preocupado.

– Yagami... - murmuró, mientras el pelirrojo tomaba en brazos a su amiga.

Miro a su rival con despreció ¿Que clase de amigo era? ¿Cómo no pudo protegerla? Iori se apresuró en dejarla dentro del vehículo.

– ¿Que demonios piensas que estás haciendo? - le dijo al Kusanagi, fríamente, mientras se volvía para encararlo. Se encontró con sus ojos marrones devolviéndole la mirada, pero la confianza en sí mismo parecía haberse esfumado. – ¿Acaso no eres un héroe del elemento fuego que iba a protegerla?

Lo tomó de la playera y lo miro a los ojos, el no respondió, quiso decir algo, pero las palabras murieron en sus labios. Apartó los ojos, avergonzado. No era necesario que Iori se lo dijera... Se había dado cuenta que no podía hacer nada para remediarlo. Iori lo soltó y se subió al vehículo y lo echaba a andar, no sin antes decirle.

–ya es hora que madures. - agrego el pelirrojo enfadando a su rival.

–fue tu culpa Yagami.. tu comenzaste. -murmuro en regañadientes mientras el automóvil se alejaba.

–pero tu no debiste llevarle el juego. -hablo Leona cruzada de brazos. –Jamás pense que podría llegar a ser tan desconsiderado... ¿Tirarte de un vehículo en movimiento es encerio? - le recriminó muy desepcionada.

¡Nunca creyó que podría sentir tanto miedo de quedarse sola!

–Leo..

–y mucho menos llevarte a Athena y ponerla en peligro.. dime algo Kyo ¿Que sientes por ella?

El castaño abrió sus ojos sorprendido a esa pregunta de la peliazul.

–Solo somos amigos.. -le aseguro acercándose a ella quien esperaba una respuesta más coherente. – Athena es una de las pocas personas en la que puedo confiar y su amistad significa mucho para mi.

–¿Y en mi que sientes? -quiso saber haciendo que sus mejillas enrojecieran, Kyo sonrió al ver lo tierna que se veía.

Tomo sus manos y las coloco sobre su pecho sonriéndole de la forma más linda.

–Leona, tu me quemas por dentro.. lo que siento por ti es algo especial que no lo he sentido por nadie, inesplicable, hasta te puedo decir que contigo soy capaz de enfrentarme a lo que venga. -los ojos de Kyo brillaron extrañamente a lo que Leona sonrio. –Te amo y te amo de verdad. Aunque no me lo creas, aunque siempre lo dudes, aunque a veces no te lo demuestre, así con sinceridad, te amo.

–Kyo.. -musito para luego abrazarlo, en verdad lo amaba con el alma y por más que quisiera no podria separase de el.

Sollozó, en la soledad de la calle, ocultando su rostro sobre el pecho de su novio, su lugar era estar a su lado, lo único que llenaba su mente era que quería estar cerca de Kyo... cada segundo que estaba con él era eterno y le hacía sentir bien.

Continuará...