Nota inicial: Ahora este si es el inicio del fanfic como tal. Los primeros dos capítulos publicados anteriormente pueden leerse sin problemas y son autoconclusivos, aunque complementarios. Volviendo al tema, esta es la verdadera continuación, por si alguien decía que era demasiado sufrimiento para ambos. ¿De que va esto? Principalmente, de la rehabilitación y terapia de ambos y como vuelven a ser pareja. El camino no es fácil, obvio. No sé si les vaya a gustar, pero me estoy arriesgando. Mas info al final.
Desde que Nie MingJue había tenido aquel desmayo cuyo origen no se explicó hasta después —encontraron en sus ropas una gran cantidad de opio a medio masticar y en su habitación varias infusiones sin terminar—, su hermano biológico y sus hermanos jurados no se habían despegado de él, pasando día y noche junto a su cama turnándose cada uno. El todavía líder —solo de título ya que HuaiSang había asumido el control ayudado por GuangYao y XiChen— de la secta QingHe Nie pasó tres días en estado de coma hasta que despertó. Decir que se sentía mareado era poco, le costó reconocer que se encontraba en su habitación, y no ubicaba tampoco la voz que lo había estado llamando desde hacía minutos.
—¡¿MingJue?! —repitieron su nombre al menos tres veces—. ¿Me oyes? —era Jin GuangYao. Veía borroso, pero sus facciones y su voz eran familiares para él.
Fue incapaz de asentir y de articular palabras.
—No te muevas, iré por el sanador.
Minutos más tarde, luego de que el sanador le revisase estaban Nie HuaiSang, Lan XiChen y Jin GuangYao haciéndole compañía. Nadie habló. Todos le dedicaban miradas preocupadas mezcladas con alivio. Era un milagro que su núcleo dorado a pesar de la debilidad por la gran cantidad de energía resentida, lo había salvado de la intoxicación por consumo de opio.
HuaiSang se veía ojeroso, XiChen parecía esconder su verdadero sentir detrás de una sonrisa escueta, el que se veía peor era Jin GuangYao. Ahora que veía mejor, MingJue notó una aguda delgadez de los brazos del Jin y las mejillas sin color, hasta el cabello se le veía frágil. Le invadió la culpa, la aflicción, la vergüenza, la ira. Era un remolino de sentimientos tan negativos que no podía manejar.
Entonces, a HuaiSang se le ocurrió preguntar cómo se sentía, automáticamente respondió que mal. La respuesta provocó que el menor de los Nie se percibiera como un tonto. Lan XiChen en cambio, le preguntó si quería hablar. Dijo que no. Luego, Jin GuangYao le ofreció de comer. No se negó, dejó que el otro le alimentara. Tenía hambre, muchísima hambre. Era una sopa sencilla, al estilo de GusuLan —seguramente idea de XiChen— y a pesar de la austeridad de la comida, le supo a gloria. Poco después le dieron a que comiera una plasta vegetal que le supo horrible.
—Es para revertir la intoxicación. —le señaló GuangYao.
MingJue no respondió, pero tragos pequeños logró terminársela. Sus últimos recuerdos eran vagos. Se había tomado un té, o dos. Y había masticado el opio. Y luego, cayo sumergido en un profundo sueño…La boca se le puso amarga de rememorarlo, el no lo sabía, pero tenía los labios y las uñas de un azul pálido. Si se hubiese visto, habría sentido más vergüenza de si mismo.
HuaiSang y XiChen al ver que MingJue probablemente solo iba a abrirse con GuangYao, se retiraron, no sin antes reiterarle su apoyo. Cuando ellos se fueron, las primeras palabras que Nie MingJue le propinó a Jin GuangYao fue preguntarle si había comido. Jin GuangYao sonrió débilmente. Negó, y comió junto a él. Entre ellos se formó una dinámica curiosa durante los días siguientes, Nie MingJue no comía si el otro tampoco lo hacía.
Por otro lado, los síntomas de la abstinencia de la adormidera resintieron pronto en su cuerpo. Las primeras treinta horas, no dejó de sudar, ni de lagrimear, tampoco pudo dormir, a veces temblaba o sufría calambres. Sus pupilas todavía parecían un débil puntito y de no ser por la fatiga muscular se habría puesto a gritar y la fiebre tampoco disminuía. Estaba inquieto, ansioso, quería gritar, patalear, mandar a todo el mundo al demonio, y al mismo tiempo, se sentía extrañamente aliviado de seguir vivo. Pasadas setenta y dos horas, comenzó con nauseas. Comía, pero su estómago no soportaba los alimentos. Su ánimo no era muy diferente, embargado por la culpa, la inutilidad, el deseo otra vez de consumir el veneno negro, lo estaban matando. MingJue no respondía ante ningún otro remedio. Al paso de cinco días, el sanador decidió que tenían que darle de nuevo la adormidera, pero en dosis reducidas hasta quitarla por completo. Como era de esperarse, Jin GuangYao se negó, no quería más saber de aquel veneno que estaba matando a su expareja. HuaiSang y XiChen le convencieron de que, con la vigilancia adecuada podrían lograrlo.
Aunque Nie MingJue siguió sin hablar demasiado, y tampoco se atrevían los demás a tocar el tema, mostró cooperación con todos. XiChen fue muy perceptivo ante los gestos de su hermano jurado —después de todo entendía bien a WangJi, quien siempre había sido hermético—, y se dedicó a ponerlo al tanto de algunas noticias, omitiendo sucesos desagradables que pudieran desencadenar crisis en su hermano jurado, también tocaba el guqin para reducirle la ansiedad. HuaiSang en cambio, se turnaba con GuangYao para darle de comer, e incluso bañarlo. Si bien el hecho que se ocuparan de él lo percibía como algo lastimoso, se dejó ayudar. No estaba en condiciones de negarse.
Cualquiera que no fuera cercano a él, si lo hubiera visto en tan deprimente situación, habría dicho que su nivel de cultivo era bajo. Lan XiChen no se atrevía a hacer comentarios al respecto, no lo comprendía por completo, pero sabía por parte de WangJi que Wei WuXian había pasado por algo similar. Hasta se le ocurrió que Wei WuXian pudiera aconsejar a Nie MingJue. Ya que el nivel de cultivo de HuaiSang y de GuangYao no era muy alto, tampoco sentían que les correspondiese decir si la respuesta del cuerpo de MingJue ante los efectos de la adormidera era normal o no. La realidad es que no se sabía de un caso de un líder de secta con un nivel de cultivo alto que se hubiese vuelto adicto a la amapola. Era un caso peculiar. Lo común era que se bebiera alcohol y ese era un vicio más aceptable. Por lo delicada de la situación, HuaiSang solo dijo que su hermano había tenido una desviación de qi. Para bien o para mal, MingJue sufrió la sobredosis a solas, XiChen fue quien lo encontró. Nadie quería pensar en que hubiera pasado si el líder Lan no hubiera llegado a tiempo.
Una noche en la que Jin GuangYao estaba haciendo la guardia, Nie MingJue le pidió masticar más opio.
—Déjame comerlo un poco más, me duele mucho. —su frase era solo esa, decía que algo le dolía mucho, sin especificar qué.
—Sabes que no puedo. Te he dado todo lo que puedes consumir por día.
—Pero es menos del que comí ayer. —replicó el Nie.
—MingJue, no puedo. —respondió Jin GuangYao con firmeza.
—Pero…
—No, es por tu bien. —viéndolo de esa manera, MingJue se comportaba como un niño pequeño al que le habían quitado un dulce. Y habría sido tierno, de no ser porque estaba pidiendo más de ese veneno negro que casi lo mataba.
—No dormiré bien si no me das más.
—Basta, por favor. Mejor te leeré más poemas. —resolvió Jin GuangYao. Debido a que el otro casi no podía hablar, y parecía no querer hacerlo (excepto para expresar cuando necesitaba algo), pensó que era buena idea recitar para él en voz alta. Dio un suspiro y volvió a abrir el libro de poemas. No sabía si MingJue le estaba poniendo atención, pero a él le tranquilizaba recitar poesía en voz alta y esperaba que eso animara un poco a su expareja.
—¿En qué estación estamos? —inquirió MingJue antes de que GuangYao recitara.
—Estamos acercándonos a la primavera.
Eso significaba que Jin GuangYao había pasado su cumpleaños en el Reino Impuro. MingJue quiso golpearse. Además, ese era el último día que Jin GuangYao pasaría en QingHe antes de regresar a Lanling.
—Mañana regresaré a casa. —anunció con un poco de tristeza. Al igual que en las otras ocasiones, parecía que el Jin era el único presente en esa habitación —. Hoy tengo que dormir temprano, así que solo te recitaré un poema.
MingJue se entristeció. Sin embargo, hizo el esfuerzo por sonreír para que el otro le viera. No era capaz de expresarlo abiertamente, pero había disfrutado mucho la compañía de GuangYao, su voz le tranquilizaba y le ayudaba a pensar en otra cosa que no fuera la adormidera, las pesadillas, o esos horribles recuerdos del pasado. Todavía le dolía verlo tan famélico, pensó que, si Jin GuangYao se iba a Lanling, se compondría rápidamente. Así que decidió no decir nada. Al poco rato, el Jin empezó a recitar.
—Los frijoles rojos nacen en el sur… —hizo una pausa, mirando a Nie MingJue en cuyo rostro resbalaban lágrimas-Al llegar la primavera, —su voz se quebró, le era imposible verlo así; sufriendo en silencio, —¿Cuántas ramas brotan? —más que verso, aquello fue una pregunta, ahora él también estaba sollozando.
Tomó la mano de Nie MingJue y la apretó. Tuvo la sensación de que el otro hacía lo mismo.
—Dime algo, lo que sea. —rogó Jin GuangYao, obligando a que el otro le mirara. —Por favor. Dime lo que te duele, lo que te molesta. Dímelo, por favor.
Los labios de Nie MingJue se entreabrieron como queriendo decir algo e intentó levantarse. Tras permanecer dos semanas en cama casi sin moverse —no le permitieron salir pues el sanador explicó que era las primeras dos semanas eran vitales para la recuperación— el cuerpo estaba demasiado entumido. Cansado del esfuerzo que aquello le suponía, volvió a acostarse. Luego, Nie MingJue dio un par de respiraciones profundas antes de decir:
—Los frijoles rojos nacen en el sur. —comenzó a recitar lentamente, se había memorizado ese poema (Añoranza de Wang Wei) cuando era un niño, y era su favorito. Que Jin GuangYao se lo leyera durante su recuperación había despertado en él una parte que pensó que tenía muerta —. Al llegar la primavera, ¿Cuántas ramas brotan? —sus ojos se enfrentaron finalmente. Ambos lloraban —. Espero que recolectes muchas, porque son el símbolo de la añoranza.
Intentó levantarse de nuevo para abrazar a Jin GuangYao, pero tan pronto este se dio cuenta, se apoyó en su pecho. Los dos lloraron sin preguntarse, sin hablarse. No sabían si se amaban en ese momento, o si se amarían otra vez en el futuro, pero todavía podían imaginar —cada uno a su modo— un futuro donde el vínculo que habían establecido muchos años atrás siguiera vivo.
Al otro día, cuando Jin GuangYao fue a despedirse, MingJue le prometió que le daría un puñado de judías rojas cuando volvieran a verse.
Los días siguientes a esa noche, se le permitió a Nie MingJue salir de su habitación. XiChen le acompañaba en las caminatas matutinas, y HuaiSang en las tardes. Evitaba el campo de entrenamiento y pasaba la mayor parte del tiempo en los jardines que originalmente había sugerido crear Jin GuangYao. El régimen de alimentación seguía siendo el mismo, y el se desesperaba de no poder consumir más la adormidera. Le entraban unas ansias terribles de golpear las paredes, arañarse, y no lo hacía. Cada que Lan XiChen tocaba el guqin para él, el resentimiento se aplacaba. En alguna ocasión, llegó a comentarle vagamente sobre algunos de sus malestares, sin profundizar en ello. Le daba suma pena aceptar que algo así le estaba pasando a él.
Un día, MingJue despertó sintiendo una sensación de hormigueo en sus extremidades. Cansado de permanecer acostado, esta vez logró ponerse de pie. Todavía no amanecía del todo y XiChen se había marchado el día anterior, así que sería su primer amanecer solo. A paso lento avanzó hacia la ventana de su habitación e hizo a un lado las cortinas para contemplar el horizonte. Se tomó tiempo para escuchar el soplo del viento y mirar la salida del sol. Vislumbró la llegada de esa aurora como el comienzo de una nueva etapa en su vida.
No sabía con exactitud como iba a empezar de nuevo, lo único que tenía claro era que de verdad iba a hacerlo. Mas allá de intentarlo, tenía que hacerlo. Deshacerse de aquel veneno negro que en el que se hundió durante cuatro meses. Primero habían sido semillas, dijeron que comerlas estaba bien y el sabor dulce contribuyó a que los efectos no fueran suficientes, y luego comenzó con las infusiones. El efecto sedante le ayudó a conciliar el sueño con rapidez, y al menos durante un mes no tuvo ninguna pesadilla, sin embargo, durante el día la somnolencia no se iba. Después se hizo de la resina. El sabor era horrible y le dejaba un mal aliento. Fue cuando su aislamiento empeoró y dejó de hablarle a todos. Había que llevarle la comida a la habitación y no dejaba entrar a nadie. Pasaba mayor parte del día durmiendo, despertaba solo para comer alimentos y consumir el opio. Y entre más lo usaba, más necesitaba aumentar la dosis de la adormidera. Dormir estaba bien, hacía que se fueran los fantasmas, pero esta vez no podía permitirse esperar tampoco a que los fantasmas se fueran solos, tenía que echarlos el mismo. Meditó sobre eso durante esas dos semanas en las que le redujeron el consumo de la amapola, no estaba bien. El daño que se había hecho…¿Podría ser reparado?
Pronto sintió el vacío en el estómago, la boca seca y percibió un olor extraño. Sus latidos se aceleraron y por un segundo en revivió en su mente el calor y la crudeza de la batalla. Apretó los ojos intentando apartar aquel recuerdo y comenzó a respirar con lentitud, pero incluso respirar era doloroso. No logró controlarse. Otra vez estaba perdiendo el control de la realidad. Sofocado, esperó a que esa tortura involuntaria terminara, apretó los puños y luego, arrastrándose, volvió a la cama. Los ataques se repitieron al menos tres veces más el resto de la semana. Incapaz de poder hablar aquella pena que lo aquejaba, XiChen regresó —ya que Jin GuangYao reportó que debía quedarse a ayudar a su padre—, así que el Lan le propuso hablar con Wei WuXian, quien sufría una aflicción parecida. MingJue aceptó.
Días más tarde, recibió la visita de Wei WuXian. MingJue estaba en el jardín, regando las peonías que GuangYao había sembrado en el Reino Impuro. Cuando eran pareja, solían regarlas juntos y pasar las tardes bebiendo té y hablando en el jardín. Al ser una zona árida, al Nie le sorprendía como las peonías habían sido capaces de florecer. Se le ocurrió por tonto que le sonase, que él podría ser como ellas.
—Lider Nie, me alegra que esté mejor. —saludó el llamado Patriarca Yiling. Cuando se descubrió la razón que había llevado a Wei WuXian a optar por el cultivo demoniaco, la actitud hostil de los clanes hacia él se suavizó. Pero WuXian no quiso regresar a Muelle de Loto, en cambio se mudó a los Recesos de las Nubes junto a Lan WangJi.
—Gracias por venir. —dijo MingJue con su habitual seriedad. Intentó dar una imagen más segura de sí mismo, aun cuando su cuerpo llevaba la cuenta de los daños. Había perdido masa muscular, y estaba pálido.
—XiChen me contó sobre ciertas cosas…
—Las pesadillas. —le interrumpió MingJue.
—No.
—Las crisis.
—No.
—¿La adormidera?
—No.
—¿Qué contó XiChen? —confrontó el Nie.
—Solo dijo que viniera y hablara contigo. —Wei WuXian sonrió—. Pero ahora que menciona eso, lleva meses sintiéndose así, ¿cierto líder Nie? Los malos sueños, los recuerdos que van y vienen, los ataques que a veces hacen que quieras llorar y te dejan sin casi sin respirar, la sensación de un dolor que no sabes de donde vino, y ese anhelo de que se acabe y te deje.
MingJue asintió.
—Puedes tutearme, Wei WuXian. —agregó después el Nie, por primera vez se sintió comprendido y ya no se vio a sí mismo como un loco —. Tu…¿Cómo lo sabes? ¿También te sientes perseguido por fantasmas?
—A veces. —dijo WuXian —. Entonces, ¿quieres hablar de eso, MingJue-xiong?
Notas finales: ¿Ya dije que escribo esto para hacer catarsis personal? Soy paciente de PTSD/TEPT y fui adicta -no al opio, sino a los sedantes-, y me prometí que no volvería a caer en eso. ¿Me estoy reflejando en los personajes? Un poco de esto, un poco de aquello. No pretendo glorificar ningún trastorno mental ni las adicciones, o mostrar que el amor de pareja lo cura todo o algo así. Este fic no va de eso. !Gracias por leer!
