Buenas, les vengo con mi primera comisión para Toeyoun! Sobre esta interesante ship que no había tenido en cuenta antes, que es el Makroh (Mako x Iroh II) y la verdad necesita más atención -shora-
Estuve subiendo estas historias a Wattpad y Ao3 pero me recomendaron también difundirlo en esta plataforma. ¡Espero que les guste!
Advertencia contenido sexual explícito
Yo no inventé LoK ni sus respectivos personajes
Mako estaba preocupado por su novio. No era difícil recordar que él era un oficial de policía y Iroh era un General, un título que cargaba tanta importancia como su uniforme. Ambos llevaban la mayor parte del día vestidos de esa manera, sabiendo para quienes trabajaban y cuáles eran sus objetivos. Eran pocos los días que podían reservarse para estar a solas y ser tan sólo Mako y Iroh, una pareja de jóvenes adultos que querían pasar su intimidad ya sea en una cena romántica, un paseo inocente o una charla para compensar las pocas que tuvieron en estos días.
Mako estuvo muy ocupado, pero la distancia que mantenían entre ambos venía más por parte del General Iroh, quien atareado se encontraba organizando su flota, navegando y administrando el pilón de papeleos que debía firmar cada día. Mako estaba al tanto de aquello, porque, además, él era uno de los sujetos que le llevaba algunos documentos para registrar y firmar. No se trataba sólo de ser un General de las Fuerzas Unidas, sino que Iroh también era el príncipe heredero de la Nación del Fuego, menudo título cargaba en sus espaldas y, por tal razón, Mako también debía mantenerse al margen cuando estaba a su lado, protegiéndolo por naturaleza propia.
No era que el futuro príncipe y el General más joven de las Fuerzas Unidas no pudiera tener un romance, pero era un amor entre dos hombres que llevaban diferencia de estatus en la sociedad, por lo que, ya cargaba demasiadas complicaciones que para la prensa eran un rico y fresco jugo de naranja en una mañana calurosa en donde podrían relamerse. Iroh quería tener un perfil bajo, Mako también.
—Este es el último documento por firmar, viendo tu escritorio ya casi vacío—comenzó a decir Mako, luego de entrar uniformado al despacho de su pareja, quien tenía la atención fija y cabeza agachada revisando un mapa mientras realizaba unas anotaciones. No era necesario preguntar para darse cuenta de lo cansado y estresado que estaba, el blanquecino rostro del General estaba decorado por arcos oscurecidos debajo de sus ojos que declaraban su carencia de descanso.
Mako frunció los labios antes de suspirar, preparándose para forzar una leve sonrisa, esas que pocas veces le salía bien—Podríamos ir a buscar algo de comer. Mi apartamento no es el lugar más espacioso, pero sin Bolín, creo que tendremos una cena tranquila y silenciosa—añadió, apoyando suavemente la carpeta al borde del escritorio, lejos de las manos de Iroh, como para no tentarlo a ponerse a trabajar en ello. No era algo urgente, por lo que podría dejarlo para otro día—Tú sabes, de esas que no tenemos hace mucho tiempo.
Todavía no se habían dado el lujo de compartir una casa apropiada para los dos, pocas veces Mako se quedaba donde Iroh residía, y otras Iroh iba sin problemas de visita a su apartamento compartido con Bolín. Sin embargo, Bolín tenía más tiempo con Oppal, por lo que la privacidad era un alivio existente. Lo que los alejaba de este bienestar eran las autoexigencias del General, y, para qué mentir, las de Mako también.
Asimismo, Mako aprendió de su noviazgo con Korra de no anteponer su trabajo a su relación, y le estaba saliendo medianamente bien con Iroh. No se trataba de sólo irse a ver cada uno a sus viviendas, sino de salidas discretas donde acababan pasando un rato bastante agradable, todavía recordaba su primera cita, pero el cómo comenzó esta relación formalmente, estaba un poco confuso.
Simplemente surgió.
Como ahora surgía la preocupación de Mako por Iroh.
—Estoy bien, debo reorganizar estas direcciones—contestó Iroh creando líneas imaginarias con su dedo índice sobre el mapa—Necesito dejar todo perfectamente preparado para las reuniones de la semana. Me tomará un tiempo, por lo que es mejor que tú vayas a descansar.
—Mi turno no acabó, pero podría darme una pausa.
No era conveniente, con lo exigente que resultaba ser la jefa Beifong, pero Mako retomaba su coraje con tal de dejar de ver el agotamiento en la mirada de su novio.
—Como quieras, Mako, yo tengo cosas que hacer—contestó Iroh, fríamente. Mako presentía de dónde venia el problema, pero era la primera vez que lo notaba tan estresado.
Cerró la puerta detrás con llave, y rodeó el escritorio sin recibir ni una mirada por parte del General concentrado en su trabajo—Sabes que no me gusta meterme en tus cosas, pero te veo demasiado tenso y creo que deberías…
Un siseo proveniente de los labios resecos de Iroh interrumpió las palabras de Mako. Iroh se sostuvo la sien con sus dos dedos, presionando ligeramente. Por la forma en que cerró sus ojos con tanta fuerza, denotaba que su cabeza le estaba regalando dolorosas punzadas en castigo por su falta de cuidado personal.
Mako tenía que hacer algo porque Iroh estaba tan atareado, que ni siquiera se le ocurría que eso podía ser una señal de que tenía que dejar de trabajar y descansar. No le importaba si salía o no con él, sólo quería que el General se relajara, que durmiera al menos las ocho horas necesarias sin tener que pensar en todo el trabajo que tenía que hacer. Todo estaba hecho a tiempo y forma, pero Iroh revisaba una y otra vez con tal de no dejar nada pendiente.
La mano de Mako se posó sobre el hombro izquierdo de Iroh, causando que este se sobresaltara al estar tan distraído por su dolor de cabeza—Insisto en que te tomes un descanso. O si no…
Esto último lo llevó a un tono levemente divertido, sólo para aligerar la tensión mientras se posicionaba detrás del General y ambas manos ahora presionaban suavemente sus omóplatos. Iroh arqueó un poco su espalda, mostrando una buena contestación al intento de masaje de Mako.
—…me tendrás toda la noche junto a ti. Insistiendo e insistiendo…
No estaba en los zapatos de Iroh, por todos los títulos que cargaba, pero sabía lo que era llevar muchas responsabilidades en su espalda, lo sentía desde la punta de sus dígitos hasta el resto de su cuerpo. No dudó en aumentar moderadamente la temperatura de sus manos mientras las caricias se reducían a la zona baja de su espalda para subir de nuevo.
Iroh suspiró relajadamente sin decir nada. Mako sonrió.
Aún así, el General no tardó nada en quejarse nuevamente por su dolor de cabeza. Los esfuerzos de Mako todavía no eran suficientes.
Trató de continuar con sus caricias, no sólo por su espalda sino pasando suavemente su mano por su cuello para tomar su mentón y distraerlo del mapa que sus ojos enfocaban, depositando un beso cálido en su mejilla. —Si no dices nada, me veré obligado a tomar riendas.
—Mako, de verdad, no es momento.
Mako soltó un suspiro, fue un intento de risilla juguetona, al momento que sus manos viajaron por los botones del uniforme ajeno, hasta la hebilla de su cinturón, dejando muy claro el mensaje de lo que estaba por hacer.
Iroh llevó rápidamente sus manos hacia las contrarias para detenerlo, pero no forcejeó demasiado. Quizás por el cansancio o, porque hacía mucho tiempo que no estaba tan cerca de su novio.
Le cedió el paso para que deshiciera el cinturón, Mako se acomodó frente a él para reducir sus pantalones, lo suficiente como para enfrentarse a su miembro flácido. Oh, estaba tan frustrado y cansado, eso pronto cambiaría.
Las palmas de Mako tenían una temperatura más alta de la normal, pero era moderada. Sus dedos delinearon el miembro de su pareja para masajear su longitud, sintiendo el proceso de su calentamiento y su dureza comenzando a sentirse. Entonces, sus labios besaron la punta de su creciente erección, causando que de los labios del General escapara un jadeo.
—Ma-Mako, estamos en mi oficina. N-No es precisamente un lugar apropiado para…
Mako lo sabía, pero si Iroh no iba a ceder a sus amables peticiones, tenía que atenderlo con artillería pesada, aunque él también corría peligro por las ordenes de Beifong.
El maestro fuego alejó sus labios del glande para relamerse—Sólo tardaré unos minutos, y luego podremos seguir con nuestro trabajo. ¿O no confías en que lo haré bien? —jugueteó un poco.
Iroh hizo una mueca, desviando su mirada con sus mejillas calientes.
Ya habían tenido sexo, en lugares íntimos, no precisamente en una oficina donde él, el General de las Fuerzas Unidas, príncipe heredero de la Nación del Fuego, trabajaba. Sin embargo, se resignó a pesar de su nerviosismo.
Cuando Iroh relajó los hombros, Mako supo que podía continuar.
De rodillas, Mako se inclinó frente a él, su cabeza entre las piernas ajenas y su lengua envolviendo la punta con el sabor sudoroso que tanto extrañaba. Iroh arañó los bordes de la mesa, apretando sus dientes con tal fuerza que podrían romperse, con tal de no emitir un sonido que delatara los actos que se cometían dentro del despacho, donde cualquiera podría venir y tocar la puerta. Mako estaba debajo de la mesa, si alguien entraba de pronto, a primera vista nadie notaría que al futuro príncipe Iroh le estaban haciendo una felación.
Ahora que recordaba…
…Mako trabó la puerta. No sabía si relajarse por ello o sentirse un tonto al haber caído en la trampa de su novio.
Mako se deslizó hasta la base y de nuevo al glande, su lengua acalorada acariciaba juguetonamente la cabeza antes de continuar deslizándose hacia abajo y succionar con suavidad. Cerró sus ojos concentrándose en la maravillosa sensación cálida que crecía en su interior, tan intenso como el elemento que recorría por su sangre desde que nació; un fuego apasionado y poderoso que lo completaba con una energía inmensa cada vez que la utilizaba.
No tan intenso como la utilización del rayo, pero sí era una vehemencia que no quería rechazar por nada en el mundo. Su elemento lo utilizaría hasta el fin de sus días, le brindó capacidad para moderar su temperatura y generar un calor que complacía a su novio ahora jadeante.
Sus manos vacías encontraron su labor en esta ocasión.
Mako llevó delicadamente sus dedos a los testículos de su pareja, intentando probar algo nuevo. La energía concentrada en su interior, la exteriorizó recatadamente en sus dígitos para liberar leves electrochoques que hacían vibrar la zona ya sensibilizada del General. Iroh emitió un gemido de sorpresa que pronto cubrió con su mano, causando que la boca ocupada de Mako soltara un suspiro ahogado al intentar reírse.
—Ma-Mako…
Sonó como un siseo, casi lleno de deseo, pero más como una maldición. Probablemente Iroh le haría pagar por esto más tarde.
Los dedos electrificados crearon una corriente intensa, ejerciendo presión sobre las gónadas contrarias creando temblores que su pareja no pudo controlar ni con la mejor de las concentraciones. Iroh se abrió de piernas, dispuesto a recibir todo lo que Mako podía darle en este espacio tan reducido; sus jadeos emitidos y siseos que llegaban a los oídos del maestro fuego ya no eran por culpa del dolor de cabeza sino del placer fogoso que le estaban entregando.
Mako no podía hacer nada con el ruido, sus succiones y lamidas generaban un suave chasquido que le hacía a Iroh preguntarse si podía escucharse por detrás de la puerta. En un momento donde el fuego en su interior nublaba su sentido común, no le importaba lo que pudiera pasar del otro lado de las paredes de su despacho; lejos de las paredes de la ardiente boca de Mako.
La saliva se escapaba de la comisura de sus labios mientras gemía en susurros su nombre. Iroh ya no se veía como un General de postura firme, ahora era sólo un amante desesperado por más del calor que estaba recibiendo. Sus caderas tímidamente embestían la boca ajena para sentir más de su lengua abrasando su longitud. Mako emitió un sonido gutural, tolerando el grosor y la punta que golpeaba el comienzo del fondo de su garganta.
Mako se maldijo a sí mismo, porque también se estaba poniendo algo—bastante—duro por culpa de sus propias intenciones.
—Mako…—suspiró Iroh, acariciando el despeinado cabello de su amado—Te extrañé—sonó agotado, pero, su respuesta a todo esto había sido perfecta, no sólo por la ternura de sus palabras sino porque la finalizó con un dulce gemido que llenó a Mako de orgullo y amor. Reconocía que no lo esperaba; no esperaba oír más que jadeos, gemidos y, tal vez, alguna queja, sin embargo, estas sorpresas eran lo que impulsaban a Mako a darle a Iroh lo que deseara y expandir su propia mente a sus gustos, conocerlo en profundidad.
Esta era la parte interesante de una relación, conocer a tu pareja en todos los ámbitos. Ya le insistiría más a Iroh luego que su boca no tuviera nada mejor que hacer.
Las caricias en su cabello eran un detalle que causó que su corazón latiera dolorosamente de ternura y valor, sabiendo que estaba haciendo las cosas bien. Su lengua no dejaba de abrazar su erección mientras subía con lentitud y se detenía en el glande, besando, lamiendo esa zona, mientras movía un mechón rebelde que Iroh no pudo remover detrás de su oreja, antes de regresarlos a sus testículos, aumentando la vibración de los electrochoques. Continuó succionando, emitiendo sonidos grotescos que resonaban vergonzosamente en el despacho.
Ambos dejaron de preocuparse por el afuera de estas cuatro paredes. Sólo importaban ellos dos.
En el caso de Mako, sólo importaba Iroh.
Se redujo lentamente hacia abajo, su lengua dejando un camino hasta llegar hacia donde sus manos y atreviéndose a chupar esa zona. Buscando nuevos estremecimientos, su propio cuerpo reaccionaba emocionado y de su boca salían suaves y sordos gemidos al instante que respirar resultaba pesado. Fue de arriba abajo, hasta regresar a su base, como un pincel pintando con su saliva la vena sobresaliente de la erección ajena. Mako miró a Iroh a los ojos, admirando la belleza de su aspecto tan desastroso.
Estaba un poco despeinado, sudaba, sus ojos lagrimeaban y su rostro estaba completamente rojo; respiraba como si el aire le faltaba. Mako no iba a negar que quizás se estaba viendo de igual manera o quizás peor. Su mente de por sí era un remolino de deseos, y quería ser capaz de brindarle más a Iroh, pero el espacio no estaba a su favor, ni el tiempo.
De su boca, antes de ocuparla nuevamente, resolló: —Iroh…
Devoró el miembro frente a él, la cálida erección palpitaba sobre su lengua y el agridulce sabor del líquido preseminal se deshizo en sus papilas. Mako sabía no sólo por esta señal sino por la forma en que Iroh se agitaba y jalaba su cabello, que esto estaba por acabar.
Iroh balbuceaba incoherencias en la perdición de la agitación apasionante, su cuerpo temblaba, su respiración se entrecortaba mientras Mako continuaba succionando como si buscara arrebatarle el alma entera con su boca, su lengua; su saliva quemándole placenteramente su masculinidad que latía con persistencia en un pedido de más. Iroh no dejaba de gemir débilmente y, a veces, hasta desesperado que Mako continuara con más fuerza, más descontrol. Así fue, Mako ya no medía sus movimientos ni la calma, ni el sonido. Se deslizaba dentro de la longitud de su pareja.
Iroh ya estaba completamente perdido. El interior de Mako, el de sólo su boca, era tan caliente y su lengua tan hábil como las llamaradas que manejaba con su fuego control—Maldita sea, Mako—siseó, mordiendo su labio dolorosamente. Hacía demasiado calor en el despacho y juraba que el clima no ofrecía estas posibilidades de sentirse tan sofocado. Todo era culpa de Mako.
Desordenadamente, Iroh deshizo los botones de su saco para ventilarse un poco. En realidad, quería quitarse toda la ropa, que Mako hiciera lo mismo y quedarse encima del escritorio; del mapa, de los documentos y olvidarse de todo el trabajo, hacer un desastre con tal de complacer sus desesperadas necesidades carnales. Pero se limitó a dejar abierto el saco, exponiendo a través de su camisa sus pezones ligeramente duros, que sus dedos en su estado de embriaguez comenzaron a acariciarlos, como si llamara a las manos de Mako para que lo tocara completamente.
Con los ojos ámbar fijos en los del General, atendió a sus llamados; las manos del maestro fuego ahora subían por su camisa, sus dedos encontrando su objetivo sin vacilar, rozando los pezones sensibles del General a través de la prenda, sintiendo apenas la dureza de estos, Mako los encontró para pellizcarlos añadiendo un leve electrochoque, que hizo del fuerte apretón uno deleitablemente doloroso.
Iroh no aguantó más y se vació dentro de la boca de Mako, casi gritando su nombre, apretándose a sí mismo su propio pezón que había quedado abandonado en el medio en que Mako se concentró en tragar todos los fluidos que lo llenaron.
Para finalizar, Mako le dio una ultima lamida a su miembro, deshaciéndose de cada rastro, y sólo había quedado una pequeña línea de semen en su comisura. Se limpió al erguirse y alcanzar los labios ajenos que apenas estaban buscando espacio para respirar adecuadamente.
Iroh y Mako estaban tan acalorados y agitados que, en la pequeña separación de su beso fogoso, soltaron un suspiro de fuego compartido. Ese fue el ultimo acto de esfuerzo que realizaron, ya que ambos estaban demasiado cansados como para decir nada.
Sudorosos, agitados; Iroh era un desastre de fluidos, y Mako tampoco estaba mejor con el delicioso sabor de Iroh dentro de su boca, y las puntas de su cabello yendo por direcciones opuestas. Mako dejó caer su cabeza en el hombro de su pareja, quien se quedó mirando al techo que daba vueltas, mantenía sus piernas expandidas, su erección rojiza, brillante por la saliva que se iba secando; la saliva de Mako.
Luego de un minuto o dos, Mako preguntó en una risa cansada: —¿Cómo está tu cabeza?
La pregunta confundió a Iroh por un instante, hasta que recordó, y rio abiertamente—Ya lo había olvidado—suspiró—Me dejaste tan cansado que ahora podría aceptar irme a dormir.
—Definitivamente ese no era mi plan—pronunció Mako sarcásticamente. El maestro fuego miró a su propia entrepierna, que aún estaba frustrada al no recibir atención—Y tendrás que devolverme el favor más pronto que tarde.
Iroh se esforzó en abrir el cajón de su escritorio para sacar de allí una pequeña toalla perfectamente doblada, la utilizó para limpiarse los rastros de sudor, saliva y semen. Mako utilizó su propio pañuelo para limpiarse también, pasó su mano por su cabello para peinarse como podía y peinar un poco a Iroh también.
El General se acomodó su uniforme, poniéndose de nuevo los pantalones, justo a tiempo porque escucharon a alguien tocar la puerta de su despacho.
—Aguarde un segundo—respondió Iroh con su firme tono de General y no de amante pasivo que acababa de recibir la mejor felación hasta ahora.
Mako mostró una leve sonrisa juguetona, antes de estirarse su propio uniforme y volver a su espalda recta, fingiendo profesionalismo—Ya les entregué los documentos necesarios para que firme, mi General—dijo en un tono burlón, causando que Iroh riera moderadamente.
Mako caminó hasta la puerta, su mano descansando sobre la cerradura, la otra estiró un poco más su saco para cubrir el bulto en sus pantalones—¿No se nota?
Iroh negó con la cabeza.
—Bien. Nos veremos esta noche.
No fue un plan a medias, ni una sugerencia, era casi una orden, algo que sabía que iba a suceder.
Iroh llevaba una expresión más relajada y Mako salió del despacho sintiéndose victorioso.
