N/A: Hola a todos. WOW, 19 reviews en un sólo capítulo. Gracias, gente. En serio que me alegra mucho -como escritora- que las emociones que trate de explicar les llegaran al 'kokoro' (corazón). Éste capitulo que estoy por entregarles de verdad que es el primero en tomarme tanto trabajo. Dos días! Por lo general escribo en un par de horas, pero éste capítulo en particular fue muy dificil de escribir sin que se me humedecieran los ojos (por lo general escribo en la uni y pues es bien raro estar al borde de las lágrimas al lado de otras personas). Creo que tiene un poco de OOC, pero es que -y miren que no me gusta defender lo que hago- el tema fue tan dificil que yo dudo que exista una actitud 'canonica' para esto.
Por cierto, aquí les voy a decir que fic voy a continuar -ya sea en esta semana, mes o en los próximos. lo que si tienen que estar seguros es que estos fics SI van a ser actualizados Fic que no menciones es porque esta en hiatus y pues, por el momento, no creo que vaya a recibir un update:
What the Hell, We'll be falling, Love story: a geisha's dream, bittersweet simphony, the new beginning, how to be human, breath of life, it's time (este recibirá sus dos capitulos para culminarlo)
Y esos son todos los que iré actualizando —a paso de tortuga pero bueno— y como les dije, fic que no haya mencionado es porque ahora mismo está en hiatus y tengo que sentarme —cuando tenga tiempo cosa que ahora no tengo por la universidad y porque me estoy concentrando en mis escritos personales— a ver como los desenvuelvo y eso. porque diga que estan en hiatus no es que los voy a abandonar, es que me voy a tardar en actualizar :/
Pero bueno, ya hablaremos luego de eso. Que tengan un bonito fin de semana y semana!
DISCLAIMER: Bleach no me pertenece, es propiedad de Tite Kubo-sempai
ADVERTENCIAS: Muerte de personajes. Lenguaje.
8/22/2014
..::FORGET-ME-NOT::..
Nunca-me-olvides ...:Flor azulada. Se supone que quien la utilice, jamas será olvidado por sus seres queridos:...
You see her when you close your eyes
Maybe one day you'll understand why
Everything you touch surely dies...
Let her go - Passenger
..:FORGET-ME-NOT:..
CAPÍTULO I: NEGACIÓN
La Sociedad de Almas se encontraba en un silencio casi perturbador. Apenas habían pasado dos días desde que todo había regresado a la "normalidad"—si es que de esa forma podía llamársele. La cuarta división trabajaba sin descanso, día y noche, atendiendo a los cientos de heridos que había dejado la última batalla. El escuadrón caminaba de un lado a otro sin prestar atención alguna a cualquier otro tipo de situación que no fuera de vida o muerte. Mientras ellos salvaban las vidas de sus compañeros, el resto de los escuadrones —que no hubieran sufrido lesiones graves— tenían la tarea de limpieza.
La tarea más desagradable.
Para muchos de los shinigamis ésta tarea era la más difícil y horrenda de todas. No lo decían por el hecho de tener que limpiar los escombros de los edificios, sino porque con ella debían buscar y rescatar los cuerpos de compañeros caídos. Debido a las demoliciones de paredes, muchos de los cuerpos habían quedado pillados; algunos incluso habían perdido alguno de sus miembros. La sangre seca, pedazos de zanpaktos y restos de telas negras podían ser encontradas en cada esquina.
No era nada raro que el silencio de la tarde fuera rompido por los gritos o sollozos de algún shinigami que había encontrado el cadáver de un compañero.
Eran tantos los cuerpos —muchos de ellos demasiado desfigurados como para poderlos identificar— que se decidió realizar una enorme pila de madera en el centro del Seireitei, allí los cuerpos fueron recostados en medio de las llamas. El olor que emitía dicha hoguera era tan desagradable que era común ver a uno que otro shinigami con ataques de arqueadas… solamente los más valientes se mantenían cerca de ella, observando a sus compañeros volverse cenizas.
—Hisagi-san— Matsumoto Rangiku caminó hasta su compañero teniente. La mujer ocultaba su nariz con su bufanda rosada; sus ojos azules —siempre con un brillo alegre y despierto— estaban opacados. Toushiro Hitsugaya, su capitán, aun no se despertaba del coma al que había sido por culpa de la estrafalaria Quincy con poderes de zombies. Su tristeza no sólo era por su capitán, sino por todos sus compañeros que habían fallecido, además de la humana que se había convertido en una gran amiga.
Hisagi dejó de mirar el cuerpo de su compañero teniente, Izuru Kira, para enfocar su atención en la mujer. Matsumoto se percató de que a un lado de Hisagi se encontraban Renji y una visiblemente afectada Momo Hinamori. Ella no pudo evitar recordar que esos cuatros tenían una gran amistad desde los tiempos de la academia, "por supuesto que estarán devastados" pensó ella antes de suspirar.
Rangiku desvió su mirada de los ojos grises de Hisagi, clavando su mirada en el cuerpo —o lo que quedaba de él— de Kira. Las llamas hacían casi imposible el que ella pudiera distinguir sus rasgos, tampoco ayudaba mucho el que sus ropas se hubieran pegado a su piel. La mujer bajó la cabeza, sintiendo sus ojos arder por las lágrimas que amenazaban con salir.
¿Así se vería Hitsugaya-taicho si no sobrevivía? ¿Así se vería Orihime-chan cuando la fueran a cremar en la noche?
La mujer llevó sus manos a su boca y contuvo un sollozo. —L-lo siento, lo siento— se lamentó, mirando a sus tres compañeros. Renji bajó su vista para que nadie fuera capaz de ver sus ojos rojos; Hinamori sollozó en voz alta. Hisagi, por su parte, haló a Rangiku y la abrazó. En cuestión de segundos, la mujer percibió una humedad en su hombro. —Lo siento— murmuró ella en un hilillo de voz.
—Igual yo— respondió él con voz rota.
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Muy pocos entendían que había ocurrido en el lazo de tiempo en el que Juha había entrado a la Dimensión Real. Lo que todos repetían sin cesar era que cuatro jóvenes —un shinigami sustituto, dos humanos y un quincy— habían sobrevivido.
O al menos tres de ellos.
El primero en despertar del estado de shock en el que se encontraba había sido Ishida Uryu. Él explicó una y otra vez lo ocurrido, siendo defendido por Urahara Kisuke, quien conocía acerca de los planes de infiltración del joven Quincy. Ishida repitió una y otra y otra vez lo que él sabía. "Era el fin. Todos íbamos a morir. Luego…luego Inoue-san se fue al extremo del palacio. De allí salió una luz tan brillante que nos cegó a los tres. Después…después no sé qué pasó. Sólo desperté aquí. ¿Dónde está Kurosaki? ¿Sado? ¿Inoue-san? Ella está bien, ¿verdad?"
Las cosas se pusieron extremadamente difíciles después que Yoruichi le explicó la situación. La máscara calmada y fría del Quincy se quebró al conocer que su querida amiga había fallecido. "Es mi culpa. Es mi culpa, si yo no hubiera…" había murmurado, con ojos repletos en lágrimas. Yoruichi decidió darle un tiempo a solas, para que él fuera capaz de asimilar las desbastadoras noticias.
De Sado se había encargado Urahara. Por la forma sombría en la que el hombre había salido de la habitación donde se encontraba reposando el joven fullbringer, las cosas no fueron distintas a la del Quincy. "Es lógico pensarlo," había comentado Urahara en voz baja, "es Inoue-san de quien estamos hablando." Ninguno de los dos excapitanes volvió a dirigirse la palabra durante unos minutos. "Toda la información que he recolectado apunta a que mi hipótesis es correcta; Inoue-san detuvo el cataclismo con su poder. Eso fue precisamente lo que provocó su prematura muerte. Y obviamente eso será lo que no posibilitará el que su alma llegue aquí. Después de todo, su alma murió allá, así que es bastante seguro decir que ella no regresará como el alma de un shinigami."
Cuando Ichigo Kurosaki despertó, Urahara y Yoruichi debatían por quien debía darle las noticias. Si el Quincy y el fullbringer habían sido todo un reto, el shinigami iba a ser el doble. Justo cuando Yoruichi iba a entrar a la habitación, Rukia apareció y negó la cabeza. Ella sería quien le diera las horribles noticias.
Y por ello se encontraba frente a la cama de Ichigo, observándolo todo excepto a él. Rukia había tenido que tomar aire un par de veces antes de entrar a la habitación. Ella ya tenía una idea de cómo toda esta conversación culminaría, y para ser honestos, ella no deseaba ser la portadora. Sin embargo, ella se sentía responsable de la muerte de Inoue, porque si ella hubiera ido con ellos, ella la hubiera protegido. "Yo hubiera dado mi vida por ti, Inoue," pensó, sintiendo sus ojos arder. Aun no lograba sacar de su mente la imagen del cuerpo de su amiga. Y lo peor de todo habían sido las palabras de Urahara. Inoue no regresaría a la Sociedad de Almas porque su alma había muerto en la Dimensión Real, salvando a nada más y nada menos que al mismísimo Rey Espiritual. Era imposible que Inoue regresara como una shinigami o como un alma cualquiera en el Rukongai.
Inoue se había ido. Ella estaba realmente muerta. Su alma había desaparecido; había sido consumida probablemente por la Dimensión Real. "Ella no regresará," pensó con gran melancolía. ¿Le habría dolido? ¿Ella tendría conciencia en esos momentos? ¿O estaría 'viviendo' en una 'nada' eterna? Rukia respiró hondo.
Orihime Inoue se había ido para siempre.
—Rukia— dijo Ichigo con voz rasposa. La teniente se acercó a la mesa que estaba a un lado de él y le sirvió un vaso con agua. Él asintió y de un sólo trago la bebió. —¿Estás bien?—
Rukia trató de sonreír, pero encontró que sus labios no tenían fuerza para realizarlo, por ello desistió. —Soy yo quien debe preguntarte eso, tonto, — comentó con voz rasposa. Había pasado toda la noche, madrugada y mañana en su habitación, llorando a los cielos por la muerte de su amiga. En la mañana su hermano la había visitado a su habitación, y sorprendiéndola, la había confortado durante unos minutos que se le habían hecho eternos.
Byakuya sabía el dolor que se sentía en el corazón cuando una persona amada moría. Hisana, su adorada esposa, había fallecido también; su alma había muerto y por ello había desaparecido para siempre, dejando un gran vacío.
Igual que Inoue y Kaien-dono habían dejado un vacío en la vida de Rukia.
Ichigo pareció pensar durante unos segundos, antes de asentir con lentitud. —Creo que estoy bien. Lo único que me molesta es la cabeza…yo no recuerdo mucho, para ser francos. Sólo sé que fui a buscar a…— sus ojos color chocolate se abrieron de par en par. —¿Dónde están Ishida, Sado e Inoue? ¿Les ocurrió algo con la explosión de luz?— preguntó alarmado, incorporándose levemente de la cama.
—Ichigo—
—Ese era el fin, Rukia. Yo estaba realmente asustado porque no sabía cómo detener lo que estaba ocurriendo y…—
—Ichigo, escucha—
—…Inoue, ella salió corriendo luego de que…— Rukia observó cómo sus mejillas se ruborizaron—…eso no viene al caso ahora mismo. Pero ella salió corriendo y nosotros la perseguimos y…—
—¡Ichigo!— El shinigami dejó de hablar. Eso era tan raro en él; Ichigo no era una persona que balbuceara cosas sin sentidos. Rukia lo conocía lo suficiente como para saber que él estaba ansioso. —Ichigo…— ¿Cómo demonios se suponía que ella diría esas palabras? ¿Cómo? ¿CÓMO? Ella ni siquiera hubiera sido capaz de creerlas si no hubiera sujetado el cadáver de Inoue.
¿Cómo le decía a una persona que su amiga había muerto?
Ichigo entrecerró los ojos, observando una herida sin cicatrizar en su muñeca. —¿Por qué Inoue no está aquí?— preguntó sin malicia alguna. —No es que me vaya a morir por ésta herida, pero… ella siempre utiliza sus Rikkas para no dejar ni una sola cicatriz.— Ichigo estaba tan sumergido en su monologo que ni siquiera se percató de la parálisis momentánea de Rukia. —Probablemente está cansada. Luego iré a verla; debo hablar con ella sobre…—
Rukia, incapaz de seguir escuchando los comentarios sin sentidos de Ichigo, estalló en llanto. Esa actitud tan fuera de carácter de él la estaba enloqueciendo. Era como si él supiera la verdad pero su mente estaba incapacitada para aceptarla, por eso creaba toda esa serie de comentarios que él jamás, en su sano juicio, realizaría. —…muerta…esta… muerta…. Inoue…ella…yo….quise…salvar…— Kurosaki dejó de hablar para mirar con confusión a Rukia, quien aun llorando balbuceaba cosas sin sentido.
—No comprendo que dices, Rukia—
—¡Ella está muerta! ¡Ella está muerta! Yo no pude hacer nada…si yo hubiera ido yo la hubiera protegido…yo hubiera dado mi vida por ella, Ichigo…— La puerta se abrió y entró Yoruichi, quien negó la cabeza al ver a Rukia sollozar. Ella debió imaginarlo. Kuchiki no estaba emocionalmente estable como para llevar dichas noticias.
—Yoruichi-san, ¿Qué ocurre? No comprendo que demonios está diciendo Rukia—
La mujer ignoró por unos instantes a Ichigo para enfocarse en Rukia. —Kuchiki, respira. Controla tus nervios porque no estas ayudando en nada. Si no puedes controlarte, por favor, retírate— comentó con severidad.
Rukia llevó sus manos a su rostro y negó la cabeza. Sus hombros se elevaron debido a lo hondo que estaba respirando. —Yo voy a controlarme— masculló, tragando el nudo que se había formado en su garganta. ¿Qué pensaría Inoue si la viera en ese estado? "Lo lamento tanto, Inoue. Lo lamento tanto. ¡Como desearía estar en tú lugar!" pensó, mordiendo sus labios para controlar sus deseos de gritar.
El dolor en su pecho era tan grande que ella se sorprendía por el hecho de no tener un agujero hollow en él. Toda la Sociedad de Almas estaba de luto, no sólo habían perdido cientos de vidas de compañeros, sino que capitanes, tenientes e inclusive el Comandante General habían fallecido. Y quizás para algunos de sus compañeros ella estaba actuando de forma irracional, pero ella no podía sobrellevar el dolor y el sentimiento de desasosiego que sentía.
Inoue Orihime, la joven humana de gran carisma… esa chica no sólo había sido su compañera de desventuras, sino que ella, Inoue, había sido su primera y única amiga. Aun podía recordar y anhelar los días en que ambas entrenaron durante el verano —sentándose en la veranda de la mansión Kuchiki a mirar las distintas formas de las nubes en un silencio confortable—, las veces en las que ella visitaba el mundo humano —cuando Ichigo había perdido sus poderes— y se quedaba a platicar durante horas con ella… nadie, absolutamente nadie podía entender cuan destruida estaba su alma ante la muerte de Inoue.
Más que una amiga, Rukia consideraba a Inoue como su pequeña hermana.
—Ichigo,—comenzó Yoruichi, pero fue interrumpida por Rukia, quien se adelantó un paso.
Ella tenía la obligación de ser quien dijera esas palabras, porque después de todo, era también su culpa. Su culpa por no haberlos seguido, por haber perdido su tiempo con aquellos patéticos quincys en vez de seguir a Ichigo.
—I-Inoue está muerta, Ichigo.—
—Imposible—
Rukia decidió ignorar la negación de su amigo. —Cuando ustedes cuatro aparecieron en el Seireitei, solamente Sado, Ishida y tú estaban respirando. Yo traté de…—
— ¿Dónde está? Ustedes desconocen cómo practicar primeros auxilios humanos. Ella sólo debe estar en un coma o un estado de shock—
—Ichigo— intervinó Yoruichi, —es difícil entender que ocurrió, pero debes comprender que lo que Rukia te está diciendo es cierto— la mujer escuchó a la teniente ahogar un sollozo en su manga— La cuarta división realizó todo lo que estuvo a su alcance por regresar a la vida a Inoue, pero fue imposible. Ella llegó muerta a la Sociedad de Almas, y no hubo nada que lográramos hacer para evitarlo… además de que su alma ya había abandonado su cuerpo cuando llegó aquí, por lo que ella realmente desa…—
—Imposible, ella está bien.—
—Ichigo—
—¿Dónde está?—
—Escúchanos, Ichigo—
—Joder, ¿dónde está?—
—Ichigo, Inoue está m-muer…—
— ¡ESO ES PURA MIERDA! ¡INOUE NO ESTÁ MUERTA!— estalló el joven shinigami, incorporándose de la cama y empujando hacia a un lado a Rukia, quien había tratado de detenerlo. —¿Dónde está? ¿Dónde carajos la tienen? ¡Díganme!—
Yoruichi lo tomó por los brazos y lo sujetó con fuerza, —Ichigo, estás actuando de forma irracional…—
—¡¿Cómo carajos quieres que actué cuando me están diciendo que Inoue está muerta?! ¿Cómo?— le espetó él, empujándola hacia un lado y saliendo a paso apresurado de la habitación.
¿Inoue muerta? ¡Eso era imposible! Ella de seguro estaba en su habitación, descansando. Esto era simplemente una broma de muy mal gusto de Rukia y Yoruichi; probablemente ellas sabían acerca de la confesión de Inoue y sólo estaban tratando de molestarle. Irritado y con paso apresurado, el joven shinigami caminó por los pasillos de la cuarta división, ignorando por completo los gritos de Rukia.
En el pasillo se encontró con Hinamori, quien salía de la habitación donde estaba Hitsugaya. La joven teniente se alarmó al verlo, sobresaltándose. —¿Kurosaki-san? ¿Qué hace por aquí?— Antes de que Ichigo le respondiera, los ojos de la joven se iluminaron por el reconocimiento. Bajó su mirada, avergonzada. —Lo siento, no debí preguntar eso. Supongo que has venido a ver a…a Inoue-san, ¿o me equivoco?—
—¿Dónde está?— preguntó Ichigo, sintiendo alivio en su pecho. "Ella está bien, ella está bien" se repitió mentalmente. Había demasiadas cosas por resolver como para culminar de esa forma. Kurosaki ya se imaginaba a Inoue, recostada en la cama y con mejillas rojas al verlo. Él le preguntaría desde cuando ella estaba interesada en él y por qué. ¿Por qué de él y no de otra persona?
¿Qué pasaría luego?
Él desconocía. Obviamente él sabía muy bien que las cosas cambiarían para ellos dos; ya nada sería lo mismo. Él tendría que pensar bien sus sentimientos… aunque él estaba casi seguro de que él le respondería. Inoue era la chica más hermosa —tanto físicamente como internamente— que él había conocido; la misma a la que él había prometido proteger y por la que había luchado contra Ulquiorra.
Ichigo sólo necesitaba saber que sus —los de Inoue— sentimientos eran correctos, que no era algo que había ocurrido por el miedo.
Hinamori lo miró con cierta confusión, antes de señalar una puerta al extremo del ala oeste. —Allí es donde…— Él no la dejó culminar puesto a que se encontraba caminando hacia el lugar a pasos agigantados. —…donde colocan los cuerpos,— finalizó ella en voz baja, suspirando. Con tristeza volvió a mirar el cuarto donde se encontraba Toshiro y respiró hondo, confortándose mentalmente, después se dirigió hacia el ala opuesta a donde Kurosaki se había encaminado.
Ichigo empujó a dos shinigamis de la cuarta división, quienes le habían prohibido la entrada a dicha habitación. Con su ceño fruncido y con maldiciones corriendo por su lengua, él abrió la puerta y se quedó congelado. El joven shinigami sintió como su alma abandonaba su cuerpo… como su temperatura se volvía extremadamente fría.
Al otro lado de la habitación había una cama y en ella yacía Inoue, vestida con un kimono blanco y rodeado por flores azuladas, las que él rápidamente identifico como 'no-me-olvides'. Su cabello estaba perfectamente peinado, cayéndole sobre sus hombros hasta llegar a sus manos, las que estaban delicadamente puestas sobre su estómago sosteniendo un ramo de lirios blancos.
Ella se parecía a la bella durmiente, con una sola excepción: ella no se despertaría con un beso de un príncipe.
De un momento a otro, Kurosaki se sintió mal del estómago. Él no estaba seguro si la sensación de nauseas era producto del suave y dulce aroma de las flores, o si era por ver frente a él el cadáver de su amiga.
Él se decidió por la segunda.
Con manos temblorosas él se acercó a ella; cuando quedó frente, él calló de rodillas, incapaz de decir o hacer algo más que mirarle. Las mejillas de Inoue estaban pálidas, igual que sus labios, los que estaban dibujados en una media sonrisa. Titubeando, él tomó una de sus manos en las de él y se arrepintió de inmediato; estaban muy frías.
Estaban muertas.
—I-Inoue— llamó él con voz rasposa, esperanzado de que ella fuera a abrir sus ojos y a mirarle con ese entusiasmo que siempre poseía. Con esa vida. "No, ella no está muerta. Ella no puede estarlo." Con desespero, el joven tomó a Orihime por los hombros y comenzó a moverla. —¡Inoue! ¡Vamos, por favor, por favor, despierta! Inoue, no hagas esto, por favor. ¡Dime algo! ¡DESPIERTA!— gritó desesperado.
Él se percató por primera vez que las horquillas de Inoue estaban negras. Las Rikkas, al igual que su dueña, estaban también muertas.
Con un grito él soltó el cuerpo de la joven y se calló al suelo, chocando sus puños contra el duro piso.
"En esta vida y en las demás… yo siempre me fijaré en ti. Gracias, Kurosaki-kun."
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¡¿POR QUÉ?!
—Lo siento, lo siento, oh Dios, lo lamento tanto, — sollozó el joven shinigami. —Prometí protegerte y aquí estás… lo siento tanto, Inoue. ¡Yo no merecía tus palabras! ¡Yo no te merecía en mi vida! ¡Yo no te merecía porque soy un jodido desastre, porque todo lo que es importante para mí siempre lo he puesto en peligro! ¡Ni siquiera fui capaz de proteger a mi madre! ¡Tampoco pude protegerte a ti! ¡Lo lamento!— Su pecho le dolía tanto que él apenas lograba respirar.
Inoue, la dulce y siempre amable Inoue… la chica carismática que todos amaban… la chica que estaba enamorada de él… ella estaba muerta. Estaba allí, con sus ojos cerrados y con su piel tan pálida…
—¡Por favor, por favor, te lo ruego, despierta! ¡Por favor!— ¿Cómo podría él lidiar con esto? ¿Cómo? ¿CÓMO CARAJOS SE LIDIABA CON ESTO? ¿CÓMO? Él llevó sus manos a su cabeza, antes de recostar su rostro en el estómago de Inoue, callando sus sollozos en el kimono blanco de la joven. Su cuerpo estaba tan frio y tan pálido…
¡Él sólo deseaba que ella despertara! ¡Él sólo necesitaba escuchar su corazón palpitar!
Él sólo quería que ella fuera feliz.
¡Esto no era lo que él quería! Él prefería mil veces haber muerto en aquel momento; haber desaparecido junto a ella. Junto a todos. Al menos de esa forma no hubiera tenido que lidiar con ese insoportable dolor en su pecho. Aunque le llamaran egoísta, a él no le importaba. Él no quería tener que lidiar nuevamente con el dolor de una perdida.
Ella era importante para él. Kurosaki había desconocido los sentimientos de ella hacia él, y aun cuando él no conocía del todo bien los suyos,… él sabía que ella era muy importante en su vida. Ichigo estaba casi seguro de que con el tiempo él hubiera sido capaz de amarla con todas las fuerzas de su corazón porque Inoue era simplemente especial. Quizás si él hubiera sido más 'despierto' como su padre, él y ella hubieran sido algo. Pero no, él estaba demasiado sumergido en los problemas de hollows y de la Sociedad de Almas como para ser un chico normal.
¡Como anhelaba ser un chico normal con tontos problemas de escuela y trivialidades de ese tipo! ¡Como deseaba que Inoue y él hubieran sido normales… porque si hubieran sido normales…
…ella no estaría en esa cama.
Ella no estaría muerta.
—¡Es mi culpa por no ser fuerte! Es mi culpa por haber dejado que Juha hiriera al Rey. Si yo hubiera sido fuerte…—
Ahora todo se trataría de los "si yo hubiera".
Si hubiera sido fuerte.
Si la hubiera detenido.
Si la hubiera seguido.
Si hubiera parado todo ese cataclismo.
Pero ya nada volvería a ser como antes. Ella estaba muerta, él estaba vivo.
Ichigo sintió una mano en su hombro y se sorprendió al ver tras de él a Rukia, Ishida y Sado.
Todos estaban igual de devastados que él.
—Inoue,— lloró Rukia, cayendo de rodillas en el suelo. —¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste?— preguntó entre sollozos.
Sado lloraba silenciosamente, con su mirada clavada en el sosegado rostro de Inoue. Aun podía recordar como ella se había ruborizado cuando él había iniciado —para molestarla como cualquier hermano haría con su hermana menor (porque él la veía de esa forma)— una conversación acerca de su vestido. Sus mejillas rojas, sus balbuceos y adorables quejas para que dejaran de molestarla… luego su determinación en medio de la batalla. Ahora no había nada de eso.
Ahora sólo había un cadáver.
—¡I-Inoue-san, lo siento tanto! Fue mi culpa, todo esto es mi culpa…. ¡lo lamento tanto!— Sado colocó una de sus grandes manos en los temblorosos hombros de Ishida, tratando de consolarlo. Entre el grupo de jóvenes que se encontraba llorando a Inoue, Sado era el único que sabía que nadie, absolutamente nadie, tenía la culpa de la muerte de ella. Él sabía muy bien que ella sabía que estaba haciendo; ella había tomado la decisión y él podía apostar su vida a que si viajaran en el tiempo, ella volvería a tomarla.
Orihime Inoue era una chica magnánima; un alma noble y pura. ¿Cómo alguien podría pensar que ella, teniendo los poderes que tenía, no haría nada para detener la muerte de miles de millones de personas? Quien pensara eso, según Sado, desconocía a Inoue. Y no era que él acusara de no conocer a Inoue a sus tres amigos, puesto que él sabía muy bien como el dolor podía negar la razón en las personas, sino que le preocupaba a sobremanera el como ellos serían capaces de superar la perdida.
Estaba claro de que Ishida jamás se lo perdonaría; no importaba cuantas veces el mundo entero le dijera que no era su culpa, él diría que lo era. Su "relación" con Juha y su presunta traición habían provocado que Inoue viajara a la Dimensión Real para rescatarle. Por lo tanto, Ishida no dejaría de verse como el único culpable.
Rukia, por su parte, estaba cegada y no había nadie que le hiciera entender de que ella —entre todos sus amigos— era la menos que tenía culpa (y ninguno de ellos la tenía, de hecho), pero ella estaba actuando de forma irracional debido al dolor. Se culpaba a si misma por no haber ido y por no haber protegido a Inoue, pero, ¿cómo hubiera sido ella capaz de protegerla?
Y el último —y quien más preocupaba a Sado— era Ichigo. Él sabía cuan sobreprotector era Ichigo con sus amigos, metiéndose en peleas y en problemas para salvarlos y/o protegerlos. Kurosaki era capaz de dar su vida, sin importarle nada, por algún ser querido. Y evidentemente, Inoue era un ser importante en su vida. Esa chica había sido a quien él había prometido proteger, por quien había desafiado a la Sociedad de Almas para ir a Hueco Mundo a salvarla.
Quizás Ichigo no lo sabía o no se había dado cuenta, pero Sado era muy observador. Él sabía que Ichigo sentía algo por Inoue, el problema estaba en que el shinigami no se había sentado a evaluar sus sentimientos debido a todos los problemas en los que se metía a bases diarias. "Y desgraciadamente ya es muy tarde para que comience hacerlo," pensó con tristeza el fullbriger, escuchando a sus amigos echarse la culpa por la muerte de ella.
Sado no podía dejar de repetirse en la cabeza de que nadie, absolutamente nadie, hubiera sido capaz de detener a Inoue. Ella sabía lo que haría; ella sabía las consecuencias también.
Morir.
Lo peor de todo, y lo que realmente hería a Sado, era el hecho de que él jamás volvería a ver a Inoue Orihime. Su alma había muerto, según Urahara, por lo que ella no llegaría allí. Su alma se había perdido.
—Necesitamos encontrarla, necesitamos buscarla por todo el Seireitei… por el Rukongai… necesitamos buscarla,— suplicó Ichigo en un hilo de voz. La esperanza que él colocaba en sus súplicas le provocaba un gran dolor en el corazón a Sado. Ichigo aún no podía aceptar que Inoue estaba muerta, que se había ido para siempre. Él no lo lograba aceptar, y Sado lo entendía. Era demasiado pronto, demasiado repentino y trágico… pero aun así… el primer paso para comenzar la dolorosa transición de seguir hacia adelante era la aceptación.
La aceptación de la pérdida.
Sado lo había aceptado.
Ishida lo había aceptado.
Rukia lo había aceptado.
—Ella debe estar asustada…ella necesita que la busquemos, ¿por qué no se mueven? ¡Quizás ella está en el Rukongai!—
Ichigo no lo había aceptado.
—Ichigo, ella no está aquí; ella está muerta. Ella se ha ido,— balbuceó Rukia, con lágrimas en sus ojos azules. Sus mejillas y nariz estaban rojas debido a todas las lágrimas que había derramado en cuestión de minutos.
—No, ella está en algún maldito lugar de la Sociedad de Almas. Ella no está muerta—
—Kurosaki— Ishida tragó el nudo que se formó en su garganta, antes de bajar la cabeza y negarla, —Inoue-san se ha ido—
—No—
—Ichigo,— suplicó Rukia cuando vio a su amigo darse la vuelta y salir de la habitación. —¿A dónde demonios vas?—
—A buscarla—
—¡Ichigo!
—Kurosaki— El joven shinigami ignoró a sus amigos y utilizando shunpo, se movió con rapidez por entre los pasillos de la cuarta división, escapando de la vista de los tres jóvenes.
—¡Ichigo!— Sado detuvo a Rukia antes de que ésta se fuera tras del shinigami. —¿Sado-San?—
Él negó la cabeza. —Él necesita estar solo. Sólo démosle un tiempo.—
La teniente y el Quincy asintieron.
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—¿Ya se lo has dicho a Hikonyūtō, Danzōmaru y Kaiwan?— preguntó Jidanbō con cierta lástima en su voz. El gigante guardián de la puerta oeste sabía muy bien —como cualquier otro shinigami— que un alma que moría no sería capaz de regresar a la Sociedad de Almas.
Pero, ¿Quién demonios sería capaz de decirle eso a ese chico? Kurosaki se veía tan desconsolado y desesperado, que él prefirió asentir a su petición de que vigilaría la puerta oeste en caso de que Inoue Orihime, la chica de cabellos naranjas que le había curado su brazo años atrás, regresara. Jidanbō sabía que mentir de esa forma y levantar las esperanzas de un chico tan joven y dolido estaba mal, sin embargo, él —aun cuando fuera un gigante con apariencia ruda— no tenía el corazón de romper las esperanzas del joven.
Y mucho menos uno enamorado.
Jidanbō suspiró. El amor juvenil ya de por sí era doloroso, él ni siquiera se imaginaba como debía de doler la muerte de una de las partes.
—Sí, ellos dijeron que revisarían y que me avisarían si ella regresa— respondió él con esperanza en su voz.
Por supuesto que sus compañeros guardianes también le seguirían el juego. Ellos podrían tener apariencias rudas y ser gigantes, pero eso no significaba que ellos fueran descorazonados. Ellos sabían cuan doloroso era la partida de una persona, y mucho más si esto ocurría de una forma tan repentina. "Quizás con el tiempo él lo comprenderá," pensó el guardián con compasión. —Entonces te avisaré si la encuentro—
—Gracias— agradeció con sinceridad el joven, inclinando su cabeza, —visitaré Junrinan y la buscaré por el área,— explicó el joven antes de volver a inclinar su cabeza ante el gigante. —Gracias, Jidanbō-san— comentó antes de utilizar shunpo y marcharse del lugar.
El guardián de la puerta oeste negó la cabeza, entristecido.
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Rukia encontró a Ichigo un par de horas después. Ella se percató de que él venía de los predios de la Academia de Shinigamis. La teniente suspiró. "Esto será demasiado difícil" —Ichigo— Él arqueó su ceja, en señal de que la había escuchado.
—¿Qué?— cuestionó con voz seca. Una ligera capa de sudor cubría su frente; él llevaba horas recorriendo el área oeste del Rukongai y la Academia de Shinigamis. Ya mañana debería ir al área este, sur y norte.
Ella bajó la cabeza, antes de decir en un hilo de voz, —estamos esperando por ti para... para llevar a cabo la cremación del cuerpo de Inoue—
Ichigo tragó el nudo que se formó en su garganta, antes de asentir. —No es como si eso cambiara las cosas… de todos modos yo sé que ella está en algún lugar del Rukongai y la voy a encontrar— comentó él con obstinación.
Rukia entrecerró sus ojos, cansada. Estaba tan cansada de tener ese dolor en el pecho, de sentir ese sentimiento de tribulación en su alma. Ella sólo deseaba acostarse a dormir y despertar conociendo que todo había sido una pesadilla. Una horrible y dolorosa pesadilla. —Ella…— la mujer se detuvo al ver los ojos de Ichigo. Sus ojos brillaban con una determinación que ella sabía muy bien nadie podría eliminar. Él era demasiado terco como para aceptar las cosas. —¿Por qué, Ichigo? ¿Por qué te comportas de ésta forma?— quizás para cualquier otra persona esa era una pregunta estúpida. ¿Cómo demonios debía comportarse? Su amiga había muerto, por supuesto que estaba admitido el que el llorara, gritara y maldijera… el que él estuviera obstinado a creer las noticias.
Pero ella sabía que Ichigo había comprendido su verdadera pregunta.
"¿Acaso ella significaba algo más para ti?"
Él le dio la espalda. —Ella no puede irse así, Rukia,— comenzó —ella era demasiado joven, ella tenía una jodida vida por delante. Y yo no pude hacer nada para detenerlo, no pude hacer nada para cumplir mi promesa de protegerla. ¡Y ella no puede irse de ésta forma, Rukia! Todavía quedan demasiadas cosas sin decir… demasiadas cosas para empezar…— Rukia sintió que, de lo poco que quedaba de su ya muy maltrecho corazón, se había destruido al verlo quebrarse frente a ella. —E-Ella me besó, Rukia. Ella me agradeció y me dijo que en todas sus vidas ella siempre se fijaría en mi… ella estaba enamorada de mi… ella murió por salvarnos…—
Kuchiki se quedó paralizada. Inoue… Inoue había sacado las agallas para decirle sus sentimientos a Ichigo. Si otra hubiera sido la ocasión ella hubiera gritado y celebrado con gran jubilo ese evento. Pero en ese momento…
…lo único que podía sentir era una gran lastima por su amigo.
Ella se llevó sus manos a su boca y contuvo un sollozo. Respiró hondo antes de tratar de sonreír. —Ya veo, al final pudo ser lo suficientemente valiente como para admitirlo— murmuró, mientras un par de lágrima se escapaban de sus ojos. Ichigo se volteó y la miró confundido. Ella deseó tener los ánimos para pegarle un puñetazo en la cara por ser tan idiota y denso. —Todos lo sabíamos, Ichigo. Todos, excepto tú.— "Porque eres la persona más idiota que he conocido… y también la más jodida. Realmente no deseo estar en tu lugar, Ichigo"
Él se quedó en silencio, probablemente asimilando sus palabras. Un par de lágrimas se escaparon de sus ojos, los que estaban entrecerrados. Rukia notó que debajo de ellos se estaban formando unas muy oscuras ojeras que eran a consecuencia de sus constantes lágrimas. Kuchiki imaginó que ella se veía peor que él. —Si nada de esto hubiera surgido, Ichigo, ¿qué le hubieras respondido?—
—N-No lo sé—
Rukia suspiró. —Yo sí sé cuál hubiera sido tú respuesta.— Ichigo bajó la cabeza, incapaz de mirarle. La joven teniente lo miró fijamente, con lástima evidente en sus ojos. —Es por dicha respuesta que estas de ésta forma— susurró. Ella deseaba tener el poder de revertir el tiempo, de poder cambiar las cosas y evitar que todo esto ocurriera. Ichigo no merecía éste dolor; tampoco lo merecía ella, ni Ishida ni Sado.
Orihime Inoue no merecía morir.
Ella era una joven tan encantadora y entusiasta, que en el verano en el que habían entrenado juntas —y en cuestión de días— se había ganado el corazón de muchas personas en la Sociedad de Almas. Desde los sirvientes en la mansión Kuchiki, hasta la división 13. Sus grandes sonrisas, su suave risa, sus ideas alocadas, su gran inocencia…
…ya no existiría más. Y lo que le provocaba un gran coraje a Rukia era que todo había sido por un maldito infeliz que deseaba destruirlo todo. Gracias a Juha —quien Kuchiki esperaba que estuviera revolcándose en lo más profundo del infierno— sus dos amigos jamás tendrían la oportunidad de tener algo. Una suave sonrisa se formó en sus labios al imaginar cómo hubieran sido los hijos de ellos dos. Probablemente con cabellos naranjas y ojos grandes y grises.
"Pero eso ya es imposible"
—Yo creo que ustedes dos…— comenzó la teniente, antes de toser y aclarar su voz, ganando la atención de Kurosaki. —Yo creo que ustedes dos hubieran sido muy felices.— Ante la mirada de Ichigo, Rukia se maldijo mentalmente. Eso había sido lo peor que ella pudo haber dicho. Entre todas las cosas por decir, ella iba y le estrujaba en la cara lo que él no iba a volver a tener. —Sé que todo esto es demasiado difícil de lidiar –yo no siquiera sé cómo empezar- pero, Ichigo, el primer paso es la aceptación. Yo sé que Inoue hubiera querido que tú siguieras adelante porque para eso ella dio su vida… para que viviéramos— Era más fácil decirlo que hacerlo. Rukia sabía que estaba aconsejando muy bien a Ichigo porque eso era precisamente lo que ellos tenían que hacer. ¿Si ella seguiría su consejo?
Probablemente. Pero no por ahora.
—No lo haré.—
—Ichigo—
—Joder, Rukia. No lo haré. No lo haré. No lo haré— dijo de forma testaruda. —No voy a hacerlo hasta que no la vea, hasta que no le diga lo que yo siento. No lo haré hasta que ella no me diga porque me escogió a mí y no a otro.— Él respiró hondo, tragándose las lágrimas que amenazaban con hacer acto de presencia. —Y yo no me rendiré. La seguiré buscando, no me importa si debo ir calle por calle, casa por casa en el Rukongai. No me importará ir a la Academia y revisar los archivos. No me importará, Rukia. No va a importarme pasar mi vida entera buscándola, porque no descansaré hasta que la encuentre… no me importará pasar el resto de mi vida de esa forma porque yo la esperaré. No importa si es mañana o en mil años, yo aguardaré por ella.—
"En esta vida y en las demás… yo siempre me fijaré en ti. Gracias, Kurosaki-kun."
"Gracias por nunca rendirte, Kurosaki-kun…"
—No voy a rendirme— finalizó él, agitado. Su pecho ardía, igual que su cabeza. Él sentía que el mundo se le estaba viniendo encima, que le estaba aplastando sus hombros… él sentía como si le estuviera robando el aire. Tuvo que morder el interior de sus mejillas para no gritar. Ese mismo sentimiento lo había tenido cuando su madre había muerto; un sentimiento de desasosiego y de perdición que a duras penas logró controlar durante su adolescencia.
Ahora regresaba de nuevo.
Rukia asintió, apesadumbrada. Ella sabía muy bien que tratar de negociar con Ichigo y hacerle cambiar de pensar iba a ser, literalmente, imposible. No había ser —fuera humano, shinigami, hollow, etc…— que hiciera cambiar de pensamiento a Ichigo. Él no iba a rendirse, y ella no podía hacer nada para hacerlo cambiar de opinión.—Entiendo—
Si él se sentiría seguro de esa forma, ella lo apoyaría.
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La noche había llegado y con ello el momento más difícil para los jóvenes de la ciudad de Karakura —además de algunos miembros de la Sociedad de Almas—.
El último adiós al cuerpo de Inoue en la hoguera.
A diferencia de la gran hoguera en la que se habían puesto al resto de los cuerpos de shinigamis, ésta era considerablemente más pequeña. Era un pequeño altar cubierto de flores —entre ellas las flores que habían aparecido cuando el cuerpo calló desde la dimensión Real y que extrañamente no se habían marchitado a pesar de no haber sido cuidadas— y en medio de éste habían recostado el cuerpo de la joven. Su kimono blanco parecía resplandecer ante la luz de la luna y de las cientos de lámparas que iluminaban el centro del Seireitei. Su cabello caía a ambos lados, mientras que su flequillo había sido sujetado con un kenseikan.
Inoue tenía el gran privilegio de ser cremada como una joven noble, después de todo, gracias a ella, todos en ese lugar estaban vivos. Ella había dado su vida para detener el cataclismo.
Ella era una heroína, y por ello merecía todos los honores.
En la primera fila se encontraban Rukia, Renji, Matsumoto, Ishida, Ichigo y Sado. Ninguno de los seis retiró su mirada del cuerpo de la joven. Cada uno estaba sumergido en sus propias culpas y arrepentimientos como para dirigirse la palabra, por ello, ninguno dijo nada.
"Lo lamento tanto, Inoue-san." Ishida bajó su mirada, incapaz de continuar mirando el sereno rostro de su amiga.
Cuando llegó el momento de encender la hoguera, ninguno de los jóvenes tuvo el valor suficiente de aceptar la tarea, por ello, Uarahara fue quien cumplió con dicho rol. Rukia ahogó un sollozo al ver como la pila de madera se convertía en un pequeño infierno cubierto de llamas.
Ichigo observó por última vez el delicado rostro de Inoue antes de que fuera asaltado por las llamas. Incapaz de soportar ver el como ella era convertida en nada más que cenizas, Kurosaki se dio la espalda y se marchó del lugar, a paso apresurado.
"No voy a rendirme, Inoue. Sólo espera un poco más, ¿sí? Yo voy a encontrarte. Lo prometo. Y ésta vez… ésta vez no fallaré a mi promesa."
