Notas: ¡Hola! Hace mil años no paso por aquí xD Dado a que me puse a releer algunos de mis viejos trabajos, he pensado ir actualizando hasta terminar. Les pido disculpas por las mega tardanzas u.u
Disclaimer: Bleach no me pertenece, es propiedad de Tite Kubo.
02/01/2021
CAPITULO IV: LA PRINCESA Y LA FRESA
Aquel bastardo vasto lorde había causado tantos problemas en la ciudad que ya lo tenía hasta la coronilla. La Decimotercera división estaba llena de trabajo y todo eso solo hacía que Rukia, su capitana, fuera todo un dolor en el trasero. Y ya Kuchiki era todo un dolor en el culo por su propia naturaleza.
Si alguien le hubiera dicho en el pasado que él terminaría siendo el teniente de Rukia Kuchiki en la Decimotercera división, Ichigo se le habría reído en la cara. Pero así eran las cosas en el mundo. Él era consiente de que muchos hablaban a sus espaldas, preguntándose como era posible que alguien como él, con tanto potencial y siendo un héroe para el Gotei 13, había terminado como el simple teniente de su mejor amiga.
Muy pocos conocían la realidad. El propio Kyoraku le había ofrecido ser el Comandante del Gotei 13 por todas sus habilidades, potencial y por haber salvado en dos ocasiones el Seireitei. El Comandante no creía ser capaz de manejar todos los problemas de el Reino Espiritual. Sin embargo, él no lo deseaba. Ichigo no deseaba tener tanta responsabilidad. No se sentía capaz de dirigir todo el Gotei 13 luego de la derrota de Juha veinte años atrás. Prefería la tranquilidad de ser un teniente y de recorrer los mundos haciendo lo que le gustaba.
Además, siendo un Comandante, no habría tenido tiempo para recorrer todos los días las puertas del Seireitei en espera de que Inoue algún día apareciera.
Veinte años habían pasado, pero él no dejaba de recordarla. En su mente ella estaba grabada con una dolorosa braza que quemaba su alma y ahogaba su espíritu. Era la sombra que se mantenía en su mente, en un estado latente pero siempre presente. Si cerraba los ojos podía ver sus ojos grises y el rosado de sus mejillas. "En esta vida y en las demás… yo siempre me fijaré en ti, Kurosaki-kun."
La vida en el Gotei 13 se había movido. Todos sus amigos habían continuado con sus vidas porque era lo necesario. Habían llorado. Habían sufrido. Habían negado todo lo que había sucedido. Pero, al final, lo habían aceptado y habían sido capaces de continuar con sus vidas, perdonando sus fallas y aceptando los sucesos. La perdida era parte de la vida, después de todo.
Para Ichigo todo aquello era impensable. No es porque no fuera capaz de aceptar la perdida de Inoue, pues con el paso de los años había aceptado que ella hubiese preferido la muerte antes que dejar que millones desaparecieran.
Simplemente… él sentía que no podía continuar como el resto porque dentro de él había una espinilla que seguía pulsante… él no había sido capaz de expresar sus propios sentimientos.
Inoue había muerto con su consciencia limpia. Le había dicho lo que sentía. Lo había besado y se había despedido. Pero, ¿y él? ¿Por qué no había tenido una oportunidad para despedirse?
¿Por qué la vida no le otorgaba oportunidades para despedirse de quienes amaba? Su madre había muerto sin que él fuera capaz de decirle adiós ni cuanto la amaba.
Inoue había muerto sin que él le expresara cuan importante era para su vida.
Durante veinte años el remordimiento y la auto-culpa se habían apoderado de su existencia. Ichigo era consciente de que durante todo ese tiempo se había dejado carcomer en silencio por unos sentimientos que no era capaz de expresar ni entender. Sentía culpa por no ser más fuerte. Remordimiento por no haber respondido… por haberse quedado callado y haberla observado correr hacia su propia muerte.
Era egoísta, pero Ichigo deseaba que el mundo se hubiera terminado con él. Al menos de esa forma no tendría que lidiar con un vacío tan doloroso en medio de su pecho.
Negó la cabeza ante el recuerdo de Inoue. Se sacudió la cabeza y tomó el informe sobre su organizado escritorio. Enfocó su atención en el presente pues ya tendría la noche para ahogarse en sus penas y en su autoinfligido dolor emocional. —Ah, ¿este pedazo de mierda continua recorriendo la ciudad?— chasqueó la lengua. El joven shinigami que le había entregado el informe asintió, preocupado. —Yo me encargo de eliminarlo. Regresaré en unas cuantas horas.— Tomó su zampakuto y miró una vez más el informe para saber en qué lugar en especifico se encontraba.
Tokio.
La capital siempre era tan problemática. La gran cantidad de energía espiritual atraía a cientos de hollows diariamente. Y a pesar de que no era su lugar favorito para vigilar —prefería Karakura, como en los viejos tiempos— Ichigo ya estaba acostumbrado a recorrer el área. Tal y como había hecho unos días atrás.
Viajó a la ciudad y suspiró con desagrado al ver como era un día lluvioso. Odiaba los días como esos, pero no tenía de otras. Buscó la presión espiritual del vasto lorde y la encontró no tan lejos de donde estaba. Era impresionante como una criatura como esa había aparecido en la capital. Si bien no era del todo improbable, hacia mucho tiempo que no se topaba con una criatura tan peligrosa como esa. No le tomó demasiado tiempo encontrarlo, y para su sorpresa, se encontraba atacando a una joven humana. —Escoria…— masculló para sus adentros, sujetando sus espadas con fuerza.
El vasto lorde lanzó a la joven humana por los aires, quien cayó rodando por el callejón. Ichigo observó como el hollow se encaminó hacia la humana, con la clara intención de matarla y consumir su alma. Realizó un shunpo y antes de que el desgraciado vasto lorde fuera capaz de eliminarla, él absorbió el golpe con sus espadas. Si bien el hollow era ridículamente poderoso, Ichigo no tuvo problemas en absorber el golpe y repeler al intruso con meridiana facilidad.
—Es tú último ataque. Hoy acabaré contigo,— bramó con fuerza antes de irse a la carga. Tenía que ser rápido y asertivo para eliminar el peligro de una vez y por todas. Examinó a su contrincante y, a pesar de reconocer cuan poderoso era, prefirió no utilizar su bankai. —Getsuga Tenshō,— gritó, lanzando una violenta ráfaga de poder negra y roja.
El vasto lorde lo esquivó, moviéndose con rapidez hacia él. Aparentaba ser que la criatura deseaba enfrentarse a él en vez de huir. Ichigo sonrió de lado. Una buena pelea lo pondría de buen humor. Los dos se movieron con rapidez, chocando espadas y puños con agilidad. Pero, toda la diversión llegó a su final cuando Kurosaki impactó al vasto lorde con una onda de energía producto del Getsuga Tenshō. Observó a su enemigo desintegrarse frente a él, mezclándose con la lluvia.
Suspiró, arrodillándose en medio del callejón y dejando que la lluvia recorriera su rostro. Recordó que tras de él había una humana, una que probablemente estaba asustada y confundida. Además de mojada. —Deberías regresar a casa. La lluvia te hará daño,— murmuró con delicadeza. Podía ver que a unos pasos de ellos había una sombrilla amarilla con dibujos de patitos. Aquel objeto le provocó una leve punzada en su pecho pues, en el pasado conoció a una joven con el mismo gusto.
—A-Arigato, shinigami-san,— murmuró la humana con voz dulce e inocente. Ichigo sintió su corazón dar un vuelco en su pecho al escucharla. Su voz… —En serio, gracias—
No pudo evitar dar un salto y voltearse hacia ella con tanta rapidez como le fue posible. Y lo que vio provocó que toda la sangre abandonara su cuerpo. Allí, frente a él, empapada por la lluvia y con raspaduras en sus rodillas y manos, estaba Inoue. Orihime Inoue. —N-No… no es posible,— su voz temblaba y él no estaba seguro si era por la lluvia o por sus emociones tan crudas. La observó ponerse de pie, con un ligero sonrojo de incomodidad en sus bonitas mejillas.
Sus cabellos naranjas le caían sobre su espalda y pecho, húmedos por toda la lluvia que los azotaba sin piedad. Su piel porcelana era tan bonita como la recordaba en sus memorias. No, no… Inoue era mucho más hermosa en carne y hueso. Sus memorias jamás podrían compensar la realidad.
Ella estaba viva. Su piel porcelana envuelta en aquella calidez que solo los vivos eran capaces de producir. Sus labios rosados estaban dibujados en una mueca de confusión. Ella… ella estaba viva. Sus mejillas no estaban pálidas como la última vez que la vio, acostada en medio de un pequeño altar para ser consumida por las llamas.
Ichigo no se había percatado como lo había hecho, pero, en un segundo se encontraba frente a ella, tomándola por sus hombros y acercándola a su rostro. Su aroma era igual a como lo recordaba. Dulce y floral. Tan lleno de vida… —¿Inoue? ¿Inoue?— Sus dedos tocaron la piel de su cuello, cerciorándose de que no era un cruel espejismo. Podía sentir bajo sus dedos su calidez. Tambien percibió su tenue pulso que le confirmaba que, en efecto, ella estaba ahí. No era un espejismo como los que solía ver en las madrugadas más duras y crueles. No era una visión producto de su mente y su culpa. —¿Inoue, eres tú? ¿Por qué no puedo sentir tú reiatsu?— preguntó con voz temblorosa. Ella era real. Ella estaba viva y frente a él, pero, ¿por qué no podía percibir su energía espiritual?
Ella intentó apartarse de él, pero inconscientemente él sostuvo con más fuerza su agarre. Ichigo estaba aterrado de perderla de nuevo. ¡No, no! No podía perderla. Ella estaba ahí. Si pestañaba quizás el destino fuera tan cruel de llevársela una vez más, convirtiéndola en ceniza y polvo para ser arrastrada por la lluvia y la brisa.
Tenía tanto que decirle. Tenía tantas ganas de abrazarla, de sentirla en sus brazos… tenía tantas ganas de llorar. Las palabras se le atravesaron en la boca en forma de un doloroso nudo. Inoue… la causante de sus penas, la dueña de las memorias que lo mantenían despierto todas las noches con culpa y melancolía. Ella estaba ahí. Estaba frente a él, mirándolo con miedo y confusión.
Miedo y confusión. —L-lo siento, no sé quién es Inoue…— balbuceó ella, sus ojos grises confundidos.
Ichigo sintió una puñalada en su pecho. Ella… ella no lo reconocía. Ella ni siquiera sabía quien era. El teniente deseó reírse en voz alta por la crueldad de la vida. La causante de sus penas aparecía frente a él, pero era incapaz de reconocerle. ¿Cuan maldito podía ser su destino? Soltó su agarre poco a poco, alejando sus dedos de su calidez.
Su corazón le dolía tanto que él era incapaz de pensar con claridad. ¿Iba a transformarse en un hollow? ¿Se le crearía un hueco en el medio de su pecho? Ichigo sentía ganas de vomitar, de gritar, de maldecir y llorar. Sus dedos temblaban con una mezcla de frio, ausencia y confusión. Ella estaba frente a él, pero no era capaz de reconocerle. "Dime, Inoue, ¿en esta vida también te fijarás en mí?" Sus ojos ardieron ante la realización de que, una vez más, él no tendría la oportunidad de decirle como se sentía.
Se apartó de ella como si su presencia lo quemara. —L-lo siento,— la escuchó decir. Siempre tan dulce y comprensiva, disculpándose por todo, aunque no fuera su culpa. Ichigo sintió las lágrimas fundirse con el agua de lluvia que humedecía sus mejillas. Incluso en otra vida, Inoue seguía siendo ella misma. —Gracias por salvarme… eres grandioso, aunque probablemente ya lo sepas.— Se alejó de ella tan pronto como pudo.
Ichigo corrió y corrió y corrió hasta que sus piernas colapsaron y se dejó caer de bruces en medio de un desolado prado. Se llevó una mano a su pecho y otra a su cabeza. Su cuerpo tenía una mezcla de sentimientos y emociones que no era capaz de controlar. Por una parte, sentía una inmensa felicidad de verla con vida. Ver sus ojos grises, escuchar su suave voz, tocar su cálida piel… Pero, otra parte sentía amargura de que ella no fuera capaz de reconocerlo.
Inoue no sería capaz de recordar todas sus vivencias juntos, sus promesas, sus risas, sus sonrisas confidentes.
Ella no seria capaz de recordar sus últimas palabras y su promesa. Aquel pensamiento lo desconsolaba. Él sentía alivio de verla viva, pero… él deseaba tener de vuelta a Inoue. Su Inoue. La Orihime Inoue que lo habí acompañado a la Sociedad de Almas para rescatar a Rukia. La Orihime Inoue que había rescatado de Hueco Mundo aunque con ello violara las órdenes de Yamamoto. La Orihime Inoue que se había sacrificado por todos a pesar de haber estado aterrada.
La Orihime Inoue que lo había amado en silencio durante años.
Ichigo recostó su cabeza sobre sus rodillas y lloró. Lloró porque a pesar de que la vida de alguna extraña forma la había regresado a la vida, ella no sería la misma. Y quizás era egoísta de su parte, pero él añoraba la presencia de Inoue.
¿Por qué el destino era tan cruel? ¿Por qué se reía de él de esta forma?
Él estaba listo para decirle lo que sentía. Estaba listo para encontrarla en las puertas del Seireitei y expresarle todo lo que sentía por ella. Explicarle como durante veinte largos años la había buscado diariamente por todo el Reino Espiritual porque se rehusaba a rendirse.
"Inoue, escucha, gracias por darle sentido a mi vida; por siempre estar junto a mí, por recordarme quien soy cuando estaba a punto de perder mi camino; por regresarme a la vida cuando estuve a punto de rendirme. Gracias por ser la portadora de la promesa que ha hecho que me esfuerce para ser más fuerte. Gracias por preocuparte por mí, por amarme incansablemente, por enfrentarte a tus miedos para estar a mi lado. Gracias por ser fuerte cuando yo no he podido serlo. Gracias por proteger a todos tus amigos y todas las almas en este mundo cuando yo no fui capaz de hacerlo. Gracias por mostrarme que, a pesar de todo lo malo que hay en este mundo, siempre hay espacio para apreciar las cosas más pequeñas y hermosas."
—Inoue, en esta vida, ¿te fijarás en mi?—
xXx
Cuando le contó lo sucedido a Rukia, la capitana no fue capaz de creerle. "Estas delirando, Ichigo." Durante todos aquellos años, Kuchiki sabía que Ichigo no se había dado por vencido. Le dolía ver a su mejor amigo cargando con una culpabilidad que realmente no le correspondía. Él era incapaz de rendirse y aceptar que el alma de Inoue no regresaría. Ella estaba muerta y su alma se había fundido a la División Real.
Ichigo la llevó a rastras a la capital, forzándola a creerle. A pesar de ser su superiora, Rukia era su amiga y casi una hermana, por ello no dio pelea. Lo siguió en silencio y con una mirada de lastima. "¿Cuándo dejarás de herirte de esta forma, Ichigo?"
Para la capitana era demasiado trágico lo que había ocurrido. Aún una parte de ella sentía dolor por la partida de Inoue. Igual que lo sentía por Kaien. Eran dos personas demasiado queridas y que jamás lograría olvidar, pero, a diferencia de Ichigo, ella había aceptado que ellos no regresarían. Inoue, al igual que Kaien, habían partido.
Ichigo la condujo a un edificio donde habían múltiples viviendas. Llegaron hasta el balcón de uno de los apartamentos y él le pidió que mirase por la ventana. Rukia suspiró. —Ichigo…—
—Solo mira, Rukia. Por favor.— Sus ojos color chocolate destellaban ante la petición. Ella fue incapaz de negarse, por ello asomó su cabeza a la ventana, encontrándose con un bonito y bien ordenado apartamento. La sala estaba repleta de fotografías, una televisión estaba encendida con un programa de comedia. En medio de la cocina había una chica joven, cocinando y cantando. Sus cabellos naranjas estaban atados en una coleta.
Rukia sintió su corazón desplomarse. —I-Inoue…— ¿Cómo era posible? ¿Cómo? ¡Su alma se había destruido! ¿Cómo ella estaba ahí? Si bien su energía espiritual era tenue, la capitana interpretó que todo eso se debía a que ella era una humana sin poderes en este mundo. Pero, si se esforzaba lo suficiente, era capaz de sentir la calidez proveniente de ella. —¿C-Cómo es posible?— preguntó en un hilo de voz, sus ojos azules llenándose de lágrimas.
—Rukia, ella… ella está viva, pero no tiene recuerdos de su vida pasada.— Los dos la observaron revolotear por la cocina, cantando sobre wasabi y pasta de guisantes. Era ella. Era su espíritu. —Quizás no consiga recordar, pero, ella está viva.— Podía percibir la melancolía y el remordimiento en las palabras de Ichigo. Su amigo había llevado consigo una pesada carga que había logrado contener dentro de si mismo para no preocupar a nadie. Pero ella no era tonta. Sabía cuanto él había sufrido y añorado por un milagro.
Irónicamente lo había conseguido, aunque no como hubiesen deseado.
Kuchiki admitía que sentía una punzada dolorosa en su pecho al saber que Inoue no sería capaz de recordarlos. Tantas hermosas memorias y emociones que ella no podría recordar… solo ellos las resguardarían en sus corazones. —Es posible que ella jamás recuerde. Es cierto,— admitió con voz suave. Sus ojos azules se iluminaron ante una realización. —Sin embargo, nada impide crear nuevas memorias, ¿no?—
Ichigo arqueó una ceja, dejando de observar a Inoue. —Ella está viva en el mundo humano. Tendríamos que esperar a que muera y…—
Rukia le pegó un zape en la cabeza. —¿Por qué esperar, idiota? ¿Acaso no estas hastiado de esperar durante veinte años por verla de nuevo? ¡Mírala! ¡Está ahí! ¡Es ella con una nueva vida!— Ichigo la observó estupefacto. —Si existe en este mundo alguien que merece una oportunidad para tener una vida normal eres tú, Ichigo Kurosaki. Has arriesgado tú vida una y otra vez. Has dado todo sin pedir nada a cambio.—
—Yo no quiero ser egoísta…—
Kuchiki deseó pegarle. ¿Egoísta? ¿Ichigo Kurosaki egoísta? Aquellas palabras eran absurdas. —Calla. No permitiré que pierdas una oportunidad de vivir por una vez en tú vida. Quiero que seas un adolescente normal, que seas amigo de Inoue en esta vida y que por una vez en tú existencia pienses en ti.— Rukia colocó su dedo índice en su corazón. —Escúchame, Ichigo. Quiero que por primera vez en tu vida seas egoísta. Quiero que seas feliz. Que seas un adolescente normal, que vayas a la universidad y tengas un aburrido trabajo, una linda casa y una hermosa familia.— Las lágrimas se desprendieron por sus mejillas. Ella los amaba tanto, que solo deseaba verlos felices. Y quizás una nueva vida, con nuevas memorias e historias sería lo indicado.
"Oh, Kami-Sama, esto no ha sido casualidad, ¿verdad?"
Ichigo humedeció sus labios. La capitana podía ver que en sus ojos chocolate había deseo y añoranza, pero también miedo y aquella maldita costumbre de poner el deber por encima de sus propios sentimientos. —Rukia, tengo responsabilidades como shinigami…—
Ella se encogió de hombros. —Si necesitamos ayuda, serás un shinigami sustituto. Tal y como los viejos tiempos. Además, ¿Cuánto vive un humano promedio? ¿Ochenta años? Míralo como unas vacaciones, Ichigo.— Para Rukia todo estaba perfectamente delineado.
Él sonrió de lado. —Estoy muerto en este mundo, Rukia.—
La capitana chasqueó la lengua, cansada de todos los "peros" de él. —Nada que Urahara no pueda arreglar. Solo necesitamos que él te cree un cuerpo, igual que lo hizo con Kurosaki-san. Y en cuanto a los humanos que podrían recordarte de la vida pasada, nos encargaremos.—
—Rukia…—
—Si vuelves a poner una objeción te patearé el culo hasta que no puedas caminar. ¡Y te acusaré de insubordinación por no cumplir con las órdenes de tú capitana!— Los ojos azules de Rukia brillaban con determinación. Ni siquiera el Rey Espiritual podría ponerse en su camino. Ella golpearía y pelearía con toda la humanidad si era necesario. No volvería a permitir que sus dos queridos amigos perdieran la oportunidad de ser felices. Nadie en este mundo lo merecía más que ellos.
Ichigo la abrazó, tomándola por sorpresa. Sostuvo su delgado cuerpo con tanta fuerza, que Rukia solo pudo suspirar. El corazón de Ichigo palpitaba con fuerza en su pecho, y sus manos fuertes temblaban por la realización de que tendría una oportunidad para hacer que su vida fuera distinta. —Gracias, Rukia.— Ella le dio unas cuantas palmadas a su espalda, sonriendo afectuosamente. "Inoue, en esta vida todo irá bien. Lo prometo."
xXx
Luego de regresar a la Sociedad de Almas, los dos shinigamis buscaron información al respecto. Y en efecto, el alma de Inoue Orihime había reencarnado en Taiko Kurosawa, una adolescente de dieciséis años que vivía junto a su hermano —¡la reencarnación de Inoue Sora!— en la ciudad de Tokyo. Su alma parecía estar intacta, aunque debido al proceso de reencarnación, había perdido todas sus memorias. A pesar de estar consientes de que ella era Inoue, nadie podía entender cómo ni por qué había ocurrido. La teoría del Comandante Kyoraku era que el Rey Espiritual estaba detrás de todo.
Nadie fue capaz de debatir la teoría.
Ichigo, apoyado por Rukia, presentó su deseó de regresar al mundo humano. A pesar de que ello no era permitido y que violentaba las leyes de la Sociedad de Almas, ninguno de los trece capitanes se opuso o dijo algo contrario a sus deseos. El Reino Espiritual le debía demasiado al joven de cabellos naranjas, y por una vez en la vida, decidieron mirar hacia otro lado.
Tal y como le había dicho Rukia, Urahara se había hecho cargo de todo. Se mantuvo con su propio nombre pues sentía que sería demasiado extraño llamarse de otra forma. Habían pasado veinte años desde que había "muerto" en el mundo humano, por ello le había sido relativamente sencillo a Urahara insertar su presencia en este nuevo mundo. El hombre se había encargado de borrar las escasas memorias sobre él en el mundo humano para evitar cualquier incidente futuro.
Por órdenes del Comandante Kyoraku, Ichigo sería el nuevo shinigami sustituto de la ciudad de Tokyo. A pesar de que Rukia le había aconsejado que tuviera una vida normal, Ichigo se ofreció a llevar una doble vida pues ello le brindaba cierta aventura, además de que la reencarnación de Inoue ya lo había visto como uno de todas formas. Sería más sencillo acercarse a ella de esa forma.
Su nueva vida era bastante sencilla. Kurosaki Ichigo. Dieciséis años. Estudiante de intercambio de la Escuela de Karakura. Jugador de fútbol. Huérfano de ambos padres. Su tutor era un tío de nombre Kisuke Urahara, quien residía en Karakura. Tenía como meta estudiar medicina.
Y recuperar a Inoue Orihime.
xXx
El nuevo estudiante, Ichigo Kurosaki, se había sentado a su lado con tranquilidad. Taiko no pudo evitar mirarlo con el rabillo del ojo. Parecía una persona completamente normal, y si no hubiera sido porque ella lo había visto dos veces en su forma de shinigami, ella no habría creído lo contrario. Sintió sus manos temblar y su corazón contraerse en su pecho con una fuerza brutal. ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo es que él estaba allí?
—¡Kurosawa!— gritó el profesor con cierta molestia. —¿Estás en esta tierra?—
—¿Q-Qué? ¡Perdón!— Taiko parpadeó dos veces, antes de que sus mejillas se ruborizaran por la mortificación de haber sido tomada por sorpresa. Escuchó a sus amigas reírse en voz baja por su desdicha.
El profesor suspiró, extenuado de lidiar con los despistes de Taiko. Todos en aquella escuela sabían que la jovencita solía perderse en sus pensamientos de cuando en vez. Era una costumbre que era difícil de cambiar. —Te he pedido de favor que le des la bienvenida a Kurosaki-san. Durante los próximos días encárgate de que este al corriente de las tareas y materias discutidas. Y si no es demasiada molestia, él es nuevo en la ciudad. Quizás podrías guiarlo para que se acostumbre. No es lo mismo la vida en la capital que en una pequeña ciudad. ¿Entendido?— Los estudiantes miraron a los dos jóvenes y comenzaron a hacer comentarios indiscretos. Todos menos Hotaru Kei, su amigo, quien observaba la situación con seriedad.
Taiko sintió sus mejillas ruborizarse, pero antes de que el profesor volviera a molestarse, asintió varias veces. —P-Por supuesto, sensei.— Volteó su mirada hacia el misterioso chico y sintió su corazón dar una voltereta en su pecho al encontrarse con sus cálidos ojos. ¿Qué era esa sensación en su interior? ¿Por qué sentía que lo conocía? —B-Bienvenido, Kurosaki-kun,— su nombre rodó con facilidad por su lengua. Por alguna extraña razón, una parte de sí sentía ese nombre familiar. Y podía jurar por su vida que jamás había tenido un conocido con dicho nombre. "Es… extrañamente familiar."
Los ojos del shinigami se iluminaron con una emoción que ella no fue capaz de descifrar. Sus ojos color chocolate eran tan brillantes y cálidos… tan hermosos. —Gracias, Kurosawa,— respondió él, sonriente.
Ella sintió sus mejillas ruborizarse aún más ante su mirada. Colocó sus manos frente a ella y negó la cabeza con nerviosismo. —N-No es nada, no es nada.— El shinigami sonrió, bajando la cabeza.
Cuando salieron de clase, ella lo guio por la escuela. Al finalizar, cuando Taiko se percató de que no habría nadie para espiarles, lo condujo hacia la azotea de la escuela. No podía continuar sin saber cómo era posible que él estuviera allí. Lo escuchó seguirla, y cuando supo que la puerta de la azotea se había cerrado tras de él, se volteó. —Tú… ¡tú no eres una persona normal!—
Él sonrió con amabilidad. La brisa le revoloteaba los cabellos naranjas y la luz del atardecer provocaron que sus ojos color chocolate se vieran más brillantes. —No, no lo soy,— admitió, llevándose una mano a su cuello.
Taiko sintió sus mejillas iluminarse una vez más. Una parte de ella sentía que lo conocía, pero no estaba segura como era posible. —E-Entonces, ¿quién eres?—
Kurosaki rió. —Soy Ichigo Kurosaki. Shinigami sustituto de Tokyo.— Él le extendió su mano. Con mejillas rojas, Taiko la tomó y lo saludó formalmente. Sus manos eran cálidas y curtidas. Ella se percató que las mejillas de él estaban tan rojas como las de ella. O quizás se trataba de un efecto de la luz del atardecer.
—Tú me confundiste con una persona… ¿Inoue?— preguntó, ladeando la cabeza.
Lo vio tensarse un poco, pero luego relajó su expresión. —Sí, lo siento. Es una vieja amiga que hace mucho no veo. No te preocupes por eso.— Él sonrió con suavidad, tranquilizándola. —Por cierto, soy nuevo en esta ciudad y tengo la responsabilidad de proteger a las almas de los hollows… pero no la conozco.— Él hizo una mueca, llevándose una mano a su cabello naranja. La brisa lo había revoloteado, pero lejos de verse mal, Taiko lo encontraba encantador.
Los ojos grises de Taiko se iluminaron como dos lunas. ¡Él protegería las almas de ser heridas por los hollows! ¡Él era un héroe! Además de que ya la había salvado. —¡Te ayudaré! ¡Puedes contar conmigo, Kurosaki-kun! ¡Soy una persona fuerte, capaz y discreta! ¡Protegeré tú secreto!— Ella no pudo evitar dar un salto con cierto entusiasmo, realizando un gesto con sus manos. ¿Ayudar a un shinigami? Su corazón dio un vuelco y, por primera vez en mucho tiempo, Taiko sintió que encontraba sentido a su existencia. —¿Puedo ser tú ayudante, Kurosaki-kun? ¡Prometo que no te meteré en problemas y que solo estaré junto a ti para ver como salvas almas!—
Él le regaló la sonrisa más hermosa, gentil y real que había visto en su vida. —Eso sería genial.—
