CJC Week 2020 Día 6: Marriage
¡Hola! Em, estaba con cero inspiración para este tema, pero después se me ocurrió mezclar un poco de Marmalade Boys con JoJos y salió esto. Me divertí mucho escribiéndolo y si bien no me gustó tanto como el AU donde Caesar es vecino de Joseph, esto un poco más juvenil y con más enredos termina en un cliffhanger que podría seguir escribiendo.
O no, cuéntenme ustedes qué les parece.
Si quieren pueden seguirme en Twitter AgnezValerie
oOo
¡Esto parece telenovela!
Cuando Joseph despertó, lo primero que notó fue que estaba acostado boca abajo y que su cuerpo se sentía muy cansado. Lo segundo, fue un dolor de cabeza horroroso al abrir los ojos, así que los cerró de nuevo y emitió un quejido. Lo tercero, era que en ese breve lapso de tiempo en que sus ojos se abrieron, su cerebro alcanzó a procesar que estaba en la habitación de una persona extraña. Alarmado, volvió a abrir los ojos y parpadeó varias veces hasta que pudo enfocar bien donde estaba. Estaba en una habitación grande y luminosa, acostado en una cama espaciosa y tapado hasta la cintura.
Oh, mierda.
¿Dónde estaba? ¿Dónde estaba su teléfono? ¿Qué hora era? ¿Por qué tenía tanta resaca? Se movió en la cama para comprobar su estado y entonces su brazo izquierdo tocó a alguien. Había alguien durmiendo a su lado. Joseph se volteó lentamente y vio una espalda tonificada y unos mechones rubios desparramados en una almohada. Ignorando la jaqueca y el miedo a encontrarse en la casa de un desconocido, hizo un esfuerzo sobrehumano para recordar cómo había llegado ahí y ordenó los hechos en una secuencia que quedó más o menos así:
La noche anterior había ido a una fiesta. Había llegado como a las diez de la noche. Quizás más tarde.
Sí, había bebido y bailado bastante hasta como la una de la mañana.
….
En algún momento se había puesto a conversar con un tipo rubio muy bonito. Quizá era el mismo rubio que estaba tirado ahora junto a él.
Smokey se había tirado a la piscina desde el techo de la casa (espera, eso no tiene nada que ver, Joseph, se dijo)
El rubio se había reído de eso (¿cuál era su nombre?).
….
Él se había abalanzado sobre el rubio y en vez de besarlo, habían chocado los dientes.
…..
…..
Unas manos le recorrían la espalda bajo la ropa mientras alguien lo besaba muy, pero muy bien. Asumió que era el rubio.
….
Alguien lo había subido a un auto, no recordaba quién, pero tenía fuerza.
Alguien lo había empujado a una cama.
….
Más besos, no estaba seguro de quién había empezado esa vez. Pero recordaba claramente unos ojos verdes.
…
Alguien le estaba sacando la ropa. Ah, sí, era el condenado rubio.
No recordaba más allá de eso. Maldiciéndose en su cabeza por ser un borracho irresponsable, Joseph se sentó en la cama y sólo entonces notó que tenía ropa interior puesta. Tragó saliva mientras asimilaba la idea de que, al parecer, había tenido sexo con un completo desconocido. Revisó su propio cuerpo tratando de ver marcas o moretones o algo que le diera más pistas, pero nada le dolía y no había realmente ninguna señal de post-sexo, a excepción que se sentía muy cansado. Se levantó de un salto para buscar su ropa y su celular, pero al hacerlo sintió que sus músculos le dolían terriblemente, como si hubiera hecho horas de ejercicio intenso. Sintió un calor desagradable en la cara.
Se obligó a tranquilizarse. No sentía ninguna secuela o molestia en sus partes íntimas que le indicara que realmente tuvo sexo, sólo le dolían la musculatura de brazos, piernas y espalda. ¿Acaso había tomado un rol más activo? Profundamente mortificado, miró el piso esperando encontrar envase de condón abierto o incluso -le dio asco de sólo pensarlo- alguno usado tirado por ahí. Pero no había nada. Miró en el mueble que tenía a su lado, abriendo los cajones incluso, pero en lugar de ver un esperado envase de lubricante, jeringas, drogas o algo más alarmante, sólo vio lámparas, unos anteojos, muchos papeles, una caja de pañuelos desechables y una suculenta que parecía artificial. Tampoco estaba su celular.
Joseph frunció el ceño, completamente confundido. ¿Había tenido sexo o no? ¿Quién era ese tipo que lo había llevado a su casa? ¿Querría asesinarlo? ¿Sería un psicópata o un pervertido? ¿Dónde estaba su teléfono?. Cálmate, Joseph. Quizás se te cayó en alguna parte. Busca tu ropa para que puedas irte de aquí, se dijo en su cabeza. Localizó su ropa en una silla y al no encontrar el celular en sus bolsillos, se vistió rápidamente.
-Ah, ya estás despierto-dijo entre bostezos una voz a sus espaldas.
Joseph pegó tal salto por el susto que pegó en el tobillo con la pata de la silla, provocando que exclamara varias palabrotas que habrían hecho que su abuela le pegara con su bastón por grosero. Mientras se sobaba dando saltitos y sentía sus ojos lagrimear, el desconocido se sentó en la cama y lo miró con preocupación.
-¿Estás bien?
Joseph se dejó caer en la silla y aún sobándose, miró a su interlocutor. Efectivamente era el atractivo rubio de la noche anterior, pero… "atractivo" se quedaba corto como adjetivo para ese ser humano. Era hermoso. Como estaba sin polera, pudo ver que tenía un cuerpo atlético, un cabello rubio desordenado, ojos verdes y unas manchas rosadas en sus pómulos. La noche anterior había creído que eran tatuajes o maquillaje, pero con la luz del día y completamente sobrio, Joseph notó que eran como marcas de nacimiento.
No parecía ser una mala persona, pero Joseph sabía que no debía fiarse por la apariencia física de alguien. Sin embargo, al ver su cara, recordó que había sido él quien había empezado a quitarle la ropa al rubio y no al revés. Había sido él quien lo había manoseado primero. Joseph sintió cómo su cara ardía.
-S-Sí, estoybien, yoyameiba, estoyapurado-respondió.
-Oh, ¿no quieres tomar desayuno primero? ¿Un café o una aspirina para la resaca?-preguntó el rubio, bostezando.
-¿Tuvimossexoanoche?-preguntó Joseph de sopetón.
-¿Qué?-preguntó el joven, claramente confundido.
-Tú y yo, ¿tuvimos sexo anoche?-repitió Joseph, de mal talante.
El rubio lo miró con extrañeza, luego sonrió e hizo como si meditara qué responderle. Muy teatralmente. Se estaba burlando de él, claramente. Era un rubio insufrible, divino, pero insufrible. Joseph perdió la paciencia.
-¡Respóndeme, por favor!
-Bueno… anoche estabas muy ebrio, JoJo.
-¡No me digas así, me llamo Joseph! ¡Nadie me dice así, excepto mi familia y amigos!
-Ayer me pediste que te llamara JoJo, Joseph-dijo el otro, sonriendo-. Entre otras cosas que también me pediste…-añadió, usando un tono coqueto que por alguna razón le generó escalofríos a Joseph.
-Oh, dios-jadeó Joseph, con las manos en la cara para ocultar su mortificación.
-¿Qué, no te acuerdas?-le preguntó el otro, divertido-. Feliz te refresco la memoria si vienes a la cama de nuevo.
-¿Estás loco? ¡Te aprovechaste de mí estando borracho!-tronó Joseph.
-Estábamos en igualdad de condiciones, caro. Yo también estaba muy borracho, la única diferencia entre nosotros es que yo sí me acuerdo… de la mayoría-dijo el otro, buscando algo en los cajones del velador que estaba a su lado.
-¿Y por qué yo no recuerdo nada?
-Yo no te di nada raro si esa es tu pregunta-replicó con dureza el joven, abriendo una bebida deportiva-. Jamás haría algo así. Además, ya estabas bastante borracho cuando llegué a esa fiesta. Seguramente no puedes aguantar bien el alcohol o consumiste algo más, qué se yo.
Bebió un largo sorbo y luego se tomó una aspirina. Entonces un teléfono empezó a sonar en alguna parte de la habitación. Joseph reconoció de inmediato su ringtone. El sonido venía de la cama, así que ambos movieron mantas y almohadas hasta encontrar el aparato que estaba abajo de la cama, cerca del respaldo. Cuando logró sacarlo, Joseph vio que era su madre quien lo llamaba. Palideció al ver el ícono de llamadas perdidas. Deslizó la pantalla hacia arriba y contestó.
-¿Aló?
-JOSEPH JOESTAR, ¿DÓNDE ESTÁS?-tronó su madre al teléfono.
-Em… en la casa de...un amigo-respondió Joseph, mirando de soslayo al dueño de casa, que le guiñó un ojo.
-Te he estado llamando toda la mañana, ¿sabes qué hora es?
Joseph miró la pantalla. Eran casi la una de la tarde. Aún así no se justificaba la ira de su madre. Elizabeth Joestar podía ser tan intensa a veces. A menos que… Oh, mierda, era sábado. Ese sábado que había reservado para almorzar con su madre porque ella tenía algo muy importante que contarle.
-Olvidé nuestro almuerzo, perdón-dijo Joseph en tono conciliador-. ¿Alcanzo a llegar?
-Por supuesto que no-le respondió ella, severamente-. Pero, en fin, lo dejaremos para más tarde. Será una cena.
-Bueno.
-Te enviaré un mensaje con la dirección, porque conseguí una mesa en otro restaurante. A las seis, ¿me oyes? Ponte ropa decente y no te atrevas a llegar tarde.
-...
-Te amo. Adiós.
Joseph guardó el teléfono en el bolsillo, mientras el rubio le acercaba otra bebida deportiva y una tira de aspirina. Agradecido, Joseph se tomó una píldora y se bebió el agua, pensando en su madre. Hace una semana que ella le había pedido ese sábado y él se había quedado dormido por haber estado teniendo sexo con un extraño. El hijo del año.
-Gracias por todo, supongo, pero me tengo que ir-murmuró.
A esas alturas le daba mucha vergüenza preguntarle cómo se llamaba, porque significaría reconocer que no se acordaba. Y no quería verlo de nuevo. De pronto se sintió increíblemente incómodo.
-De nada-dijo el rubio, divertido-. ¿Seguro no quieres desayunar? ¿O almorzar para estas alturas?
-No, no, tengo que irme-repitió Joseph, cayendo en la cuenta de que estaba sentado en la cama de nuevo y el otro le estaba sonriendo seductoramente. Era estúpidamente guapo, ¿era anoche tan atractivo? ¿O me estoy volviendo loco?
-Pues vete. La puerta principal está sin llave y los ascensores están a la izquierda.
Se quedaron mirando. Joseph fue consciente que el otro se quedó mirando su boca más del tiempo necesario. Así que se levantó para irse, pero entonces el rubio lo tomó de la muñeca con firmeza y lo hizo sentarse en la cama nuevamente. Le puso las manos en los hombros y Joseph tuvo un escalofrío cuando sintió su boca hablarle cerca del oído.
-A menos que de verdad quieras quedarte un poco más a que te refresque la memoria.
Joseph enrojeció violentamente y lo apartó de un empujón.
-¡No, por dios! ¡Déjame en paz!
Salió corriendo de allí, deseando no ver nunca más a ese tonto rubio.
oOo
-Buenas tardes, Elizabeth Joestar reservó una mesa-le dijo Joseph a la anfitriona del restaurante apenas entró.
Ella buscó en una lista que tenía en el computador, asintió y le pidió que la siguiera a la mesa. Lo guió por el lugar hasta unas escaleras, que llevaba a una bonita terraza. Joseph escuchó un sonido que lo puso en alerta, porque no solía oírlo a menudo: la risa de su madre. La ubicó en una mesa del rincón, sentada con un hombre desconocido. Efectivamente se estaba riendo. Y tenía su mano puesta en el antebrazo de ese hombre. Él también le sonreía, embobado.
Ok, ¿qué estaba pasando?
-Hola, mamá-saludó al llegar, guiado por la anfitriona, que se retiró.
-Hola, JoJo-dijo su madre, mirando su reloj-. Muy puntual, gracias.
Se levantaron para saludarlo. Ella le dio un beso en la mejilla y el hombre le tendió una mano.
-Buenas tardes. Me llamo Mario Zeppeli.
-Joseph-respondió el joven, estrechando su mano. Se sentaron nuevamente y después de unos segundos de silencio incómodo, tuvo que preguntar, en el tono más amable que pudo-. Bueno, ¿alguien me va explicar qué está pasando aquí?
-Mario es mi novio, quería que lo conocieras.
¿Novio? ¿"El" novio? Joseph sabía que su madre tenía un novio secreto que no le había presentado a nadie en la familia, ni siquiera a él. Lisa Lisa, como la llamaban cariñosamente en la familia, era muy celosa de su vida sentimental. Muy pocas veces avisaba que tenía novio y jamás había presentado a uno. Hace unos meses había informado en un desayuno familiar que tenia novio, que era algo serio y que la dejaran en paz. Así que nadie lo había visto. A veces la abuela Erina solía decir que la mitad de sus novios eran imaginarios, lo que provocaba que Lisa Lisa se enojara mucho. Era muy divertido.
Pero el novio actual resultó ser real. Estaba sentado frente a él. Joseph lo evaluó con la mirada: tenía un frondoso cabello castaño veteado de canas, ojos oscuros, pocas arrugas y un bigote. Era mucho más bajo que Joseph y se veía un poco mayor que su madre (aunque eso no era un parámetro justo, porque Lisa Lisa aparentaba mucho menos edad de la que tenía).
-Conque no eres imaginario-dijo Joseph, sonriendo-. Ya, perdón-añadió, al ver la mirada asesina de su madre.
-Tenía muchas ganas de conocerte, Joseph-le dijo Zeppeli-. Lisa Lisa siempre habla de ti.
-¿Mamá, te dice Lisa Lisa? Vaya, esto sí que es serio-comentó Joseph, riéndose.
-Joseph.
-Estoy bromeando, mamá. Cálmate-rió Joseph-. Disculpe, señor Zeppeli. No era mi intención molestarlo. ¡Así que usted era el motivo de este almuerzo tardío! Jamás pensé que nos lo presentarías, mamá.
-Es que vamos en serio-dijo Zeppeli-. Y puedes llamarme Mario, si quieres. O tutearme. Lo que te acomode más.
-¿Cómo que van en serio?-preguntó Joseph, pero nadie alcanzó a responderle porque en ese momento apareció el mesero con la carta.
-Oh, no aún, estamos esperando a alguien más- le dijo Lisa Lisa al joven.
-Pero pidamos mientras tanto y cuando llegue Caesar, se pedirá algo para él. Eso le pasa por impuntual-dijo Zeppeli con severidad.
-¿A quién esperamos, quién es Caesar?-preguntó Joseph, levantando la vista de su carta.
-Ah, mi hijo-dijo Zeppeli-. Tiene como tu edad, debería estar por llegar…¡Ah, ahí viene!
Mientras el hombre le pedía otra carta al mesero, Joseph se giró con curiosidad para ver hacia donde miraba Zeppeli. A unos quince metros, vio a un joven rubio con lentes oscuros caminando con gracia hacia ellos. Varias personas lo miraron al pasar.
Espera, algo no anda bien, dijo una vocecita en el cerebro de Joseph.
Doce metros de distancia. El joven sujetaba una chaqueta que colgaba de su hombro y se paso las manos por el cabello.
Oh no, oh nononono. Por favor que no sea él. Por favor.
Ocho metros. El joven comenzó a sonreír conforme se acercaba a la mesa.
Oh por la mismísima mierda misma. Esto no puede estar pasando, noooo.
Cinco metros. El joven se quitó los lentes y la sonrisa que tenía en el rostro se congeló y se borró al hacer contacto visual con Joseph, que no podía dejar de mirarlo.
NO, LA PUTA MIERDA, NOOOOOO, POR FAVOR NOOOOO. ABUELO JONATHAN, SÁCAME DE AQUÍ.
Un metro. Las marcas rosadas de sus pómulos eran inconfundibles, al igual que sus ojos verdes. Se quedaron mirando sin decir una palabra. Joseph sintió un pitido en los oídos y mucha taquicardia, pero no hizo nada.
Genial, grandioso, aparentemente tuve sexo con el hijo del novio de mi madre. Simplemente genial. Como si mi vida fuera una de las putas telenovelas que ve Roses. (Roses era algo así como el mayordomo de la familia).
Joseph no podía saber qué expresión tenía su rostro en ese momento, pero supuso que era similar a la que tenía el otro muchacho, quien parecía estar sufriendo una conmoción cerebral. Pero logró superarlo, porque apartó la vista de Joseph y reorganizó su expresión en una más amena.
-Hola, perdonen la hora, había mucho tránsito.
Saludó a su padre y a Lisa Lisa con besos en la cara y le tendió la mano a Joseph, que la estrechó con más fuerza de lo necesario y le lanzó una mirada que decía claramente: "cállate". El hijo de Zeppeli le devolvió el apretón con la misma fuerza y le guiñó un ojo sin que sus padres lo notaran. Joseph se ruborizó.
-Hola, soy Caesar.
-Joseph.
-Así que tú eres el hijo de Lisa Lisa-dijo Caesar, sentándose a su lado.
¿Lisa Lisa? ¿Otro más que la trataba con tanta familiaridad? A menos que...
-¿Ya lo conocías?-le preguntó Joseph a su madre, apuntando a Caesar.
-Sí, hace unos meses-respondió ella, quitándole importancia-. ¿Cómo estás, Caesar?-
-Bien, muchas gracias-dijo Caesar, mirando la carta que le acaba de traer el mesero-. ¿Vamos a pedir algo o qué? Estoy muerto de hambre.
Zeppeli y Lisa Lisa asintieron y después de unos minutos, el mesero se retiró con las cartas y sus pedidos. Un incómodo silencio cayó entre ellos. Caesar sacó su teléfono, tecleó algo y lo volvió a guardar. Joseph tamborileó la mesa con sus dedos, evitando mirar a Caesar a toda costa. Su madre y Zeppeli intercambiaron miradas. Éste carraspeó suavemente para llamar la atención.
-Bueno, mientras esperamos la comida, podríamos…
-...contarles por qué estamos aquí-completó Lisa Lisa.
-Era para contarnos de su relación, ¿no?-comentó Joseph-. Ah, no, espera, el único que no sabía nada de esto era yo, porque claramente mi mamá ya conocía a tu hijo, Zeppeli.
-Fue por casualidad, JoJ… Joseph-dijo Caesar.
Joseph lo fulminó con la mirada. ¿Acaso iba a decirle "JoJo"? ¿Frente a sus padres? ¡Qué descarado!
-Así es, fui un día a la casa de Mario y Caesar estaba ahí, solo fue eso-afirmó Lisa Lisa-. No te enojes, JoJo. Decidimos mantener nuestra relación alejada de nuestras familias para no mezclar las cosas. Si ahora decidimos hacerlo público, es… bueno, es porque…
-Vamos a vivir juntos...-dijo Zeppeli, con seriedad.
-Y nos vamos a casar-informó Lisa Lisa.
Joseph y Caesar se miraron y luego miraron a sus padres con incredulidad. Joseph sintió nuevamente ese pitido en el oído, como si su cerebro hubiera dejado de funcionar.
-¿Que ustedes qué?-preguntó Caesar, como si no hubiera escuchado bien.
-Nos vamos a casar y vamos a vivir juntos-repitió Lisa Lisa, tomando la mano de su futuro esposo.
-Compramos incluso una casa nueva-dijo Zeppeli, sonriendo-. Con muchas habitaciones... para ustedes, claro, si quieren vivir con nosotros.
-No es una obligación, ya que ustedes son mayores de edad, pero sería genial si quisieran-comentó Lisa Lisa, sonriendo radiantemente-. No está muy lejos de sus universidades y además hay espacio para tu moto, Caesar. Bueno, en realidad hay espacio de sobra, ¿saben? La compramos pensando en ustedes, porque...
Joseph dejó de escucharla. No podía creer lo que estaba pasando, era demasiado. Debía haber una cámara escondida en alguna parte. Desorientado, miró a su alrededor, esperando que algún famoso saltara a decirle que era una broma y que el resto de los clientes eran actores pagados. Miró a su madre y a Zeppeli hablar de las características de la casa nueva, luego miró a Caesar, que tenía el ceño fruncido mientras los oía atentamente y sintió mucha rabia. ¿Por qué Caesar estaba tan calmado? ¿Por qué no los mandaba a la mierda? ¿Qué tenía su madre en la cabeza? ¿Qué le pasaba a ese tipo, Mario Zeppeli, casándose con una loca como Lisa Lisa? ¿Por qué querían casarse? ¿Dónde se habían conocido?
-Entonces, bueno, ¿qué piensan?-preguntó Lisa Lisa-. No tienen que decidir ahora, pero me gustaría saber su opinión.
Joseph miró a Caesar, como buscando un aliado contra la locura que iban a cometer sus padres, pero éste, para su sorpresa, comenzó a sonreír y dijo, en tono alegre:
-Me parece genial, ¿cuándo van a casarse?
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Aclaraciones:
No sé cómo es la realidad en otros países, pero en Chile es muy común estudiar en la universidad y vivir con tus padres o familias. Primero, porque no hay dormitorios dentros de las universidades y segundo, porque es carísimo vivir solo si eres sólo un estudiante de clase media o media baja. Así que no es tan descabellado que Caesar a sus veinte años siga viviendo con su padre y Joseph a los dieciocho con su madre.
¿Esto quiere decir que esta historia ocurre en algún lugar de Chile? No lo sé, quizá. Solo me basé en esa idea para escribir esto, porque me da mucho cringe que vivan en la misma casa con sus padres siendo teens, como la idea original de Marmalade Boys. Por eso preferí que Lisa Lisa les ofreciera la idea de vivir juntos, no que fuera una imposición del tipo "porque somos tus padres y se hace lo que yo digo".
