Disclaimer: Todo de la Rowling. Mías son sólo las crueles fantasías que salen de mi mente.
Escrito para el "Amigo Invisible navideño 2020/2021" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".
Mi amiga invisible era GinLyra. De nuevo, de verdad que me hizo mucha ilusión que me tocases tú. Kristy puede dar fe de ello. Cuando vi tus peticiones, descarté esta prácticamente al instante. Cualquiera de las otras tres me parecía, a priori, mucho más factible para mí (incluso tenía alguna idea básica de qué podría intentar hacer). Sin embargo, al sentarme frente al documento... la idea que fluyó fue sobre esta petición.
La petición era: Charlie/Tonks puede haber un poco de Tonks/Remus. Un WI donde Tonks sobreviva pero Remus no. Tonks durante su época de Hogwarts tuvo un pequeño enamoramiento con Charlie, pero él nunca le correspondió, puesto que los dragones eran su verdadera pasión. Años de amistad después, cuando Tonks se ha quedado viuda, Charlie empieza a fijarse en ella. Con mucho drama, si hay lemon mejor. El final libro, pueden acabar juntos o no.
Imagen de portada de Stuckingthe90s, en Devianart.
Beta: Miss Lefroy Hrafna.
Dolor del pasado
—¡Tío Harry, tío Harry, tío Harry!
—¡Canijo! —El pequeño se tiró en el aire contra Harry, con la total confianza de que este le cogería—. ¡Ouch! Tienes que dejar de hacer eso, Teddy. Cada vez te haces más mayor.
—Es que me gusta —se justificó el pequeño antes de mirar alrededor, revolviéndose en sus brazos. El color del pelo le cambió de violeta oscuro a rosa chillón—. ¿Dónde está el tío Draco?
—En la cocina, ayudando a Abuela Molly —le indicó Harry, dejándole en el suelo—. ¡No vayas corriendo!
Teddy ya no le escuchaba, galopando entusiasmado y obligando a George, que venía con una torre de platos, a realizar un hechizo para hacerlos flotar cuando pasó a su lado.
—Hola, Tonks —la saludó Harry con más calma, sacudiéndose los pantalones en la parte donde Teddy le había pisado. Se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla, reteniéndola un segundo entre sus brazos—. ¿Cómo estás?
—Tirando, gracias —contestó Tonks, esbozando una sonrisa de compromiso, como solía hacer cada vez que alguien le hacía esa pregunta.
Harry insistía en hacérsela todo el tiempo. Al principio de su amistad, eso le sacaba de quicio.
—¿Quieres que te conteste con franqueza o preguntas por sentirte mejor contigo mismo? —le había espetado un día, semanas después de la batalla, frustrada porque Teddy no había parado de llorar en toda la noche y harta de que todo el mundo la mirase con pena.
Acunando al bebé en brazos, Harry había esbozado una sonrisa triste y nostálgica.
—¿Qué te parecería que Teddy se quedase conmigo esta tarde? —había preguntado Harry, aparentemente indiferente a su tono—. Así podrás descansar un rato. —Inicialmente, iba a negarse en rotundo, pero Harry siguió hablando—: Sólo me preocupa tu bienestar y el de Teddy. Recuerda que estoy para cualquier cosa que necesites, Tonks. Lo que sea.
Había tardado un tiempo en entender que era sincero, pero se resistía a admitir la realidad. Cuidar de un bebé veinticuatro horas al día era agobiante y agotador. Lidiar con un dolor en el pecho que le partía el alma cada vez que miraba los rasgos de su hijo y recordaba a las dos personas fallecidas era devastador.
Su madre había sido un puntal vital para ella en esos días. El rechazo instintivo hacia el recién nacido, que obviamente no entendía nada, le impedía hacerse cargo de él como debía. Había sido Andromeda quien había criado esos primeros y horribles meses de Teddy, intentando por todos los medios que reaccionase. Nunca podría agradecerle tanto a su madre que, además de combatir con el dolor de perder a un esposo ella también, enfrentase a la devastadora depresión de su hija.
A menudo, se había preguntado qué habría ocurrido si Teddy no hubiese estado en su vida cuando estalló la batalla, si no hubiesen sido descuidados con los hechizos anticonceptivos, si no hubiesen cometido la locura de tener un bebé en medio de una guerra horrible y despiadada que, de no haber ganado, lo habría convertido en un objetivo a abatir.
«Que habría ido con él», había concluido todas y cada una de las veces. «Que no le habría abandonado a una muerte segura. Le habría salvado o habríamos muerto combatiendo. Juntos».
—Quédate —le había suplicado Remus cuando llegó el aviso de Pottervigilancia de que todo el mundo estaba congregándose en Hogwarts en un 2 de mayo que todo el mundo mágico celebraba menos ella—. No podemos dejar solo a Teddy.
—Está mi madre.
—Te necesita a ti —le había dicho Remus con una caricia consoladora—. ¿Sabes lo que me dijo Harry cuando fui a Grimmauld Place para decirle que iría con él a su misión?
Tonks había negado con la cabeza, con los ojos anegados en lágrimas.
—Que mi hijo y tú me necesitabais más que él. Ahora, el mundo mágico y él me necesitan más. Eres fuerte, Dora. Tengo que cumplir con mi deber. Hay que construir un mundo seguro para Teddy. Un mundo sin señores tenebrosos.
—Prométeme que volverás —le había exigido Tonks entre lágrimas—. Júramelo.
—Prometo que tendré el máximo cuidado y que haré lo posible por estar bien, cariño. No correré riesgos inútiles. —A Tonks no se le había escapado la forma en que había formulado la promesa, pero se conformó, consciente de que no podía exigirle más—. Bésame.
Le había concedido gustoso su deseo. Se habían besado por largos segundos que a ella se le hicieron breves como agua escurriéndose entre los dedos. Con un último beso en la frente de Teddy, Remus se había desaparecido en dirección a Hogwarts. No había vuelto a verlo con vida.
Finalmente, tras varios meses sumida en el dolor de su pérdida, Harry había aparecido un día en su casa y la había arrastrado a una psicobruja que le había ayudado a ordenar sus sentimientos, sacar parte del dolor que llevaba dentro y reponerse lo suficiente para seguir adelante y poder criar a su hijo. Al hijo de ambos. El dolor seguía allí, latente, haciéndose más fuerte en épocas como aquella, cuando la Navidad se acercaba y lamentaba no haber podido disfrutar de, al menos, una en familia.
El primer año sin Remus no había habido festejo alguno. Ella estaba lidiando con el pozo más profundo de su pena, y su madre apenas podía sacar adelante a Teddy, como para tener algo que celebrar. Ni siquiera había sido consciente de las fechas que eran. El día de Año Nuevo había abierto una botella de whisky de fuego tras intentar hacer un patronus deseando ver, aunque fuese solo por un momento, al lobo de sus recuerdos. No había conseguido que su varita reaccionara.
El segundo año, Harry les había convencido de ir a La Madriguera. Teddy, que ya tenía dos años, se había entusiasmado tanto que no pudo negarse. Molly y ella habían llorado antes de los postres, recordando las sillas ausentes. Andromeda se había mostrado digna, pero Tonks se dio cuenta de que sólo era porque no quería mostrar sus sentimientos delante de personas prácticamente desconocidas. Había vuelto a derrumbarse cuando vio a Teddy sentado en las piernas de Harry, que le ayudaba a desenvolver uno de sus regalos: una pequeña escoba que zumbaba y volaba a su alrededor, fabricada por George y Ron para él.
El año siguiente habían repetido. Había llorado antes de sentarse en la mesa. Harry había llegado de la mano de Draco, que caminaba serio y cabizbajo. Ginny y George habían montado en cólera, mientras Hermione, Ron, Molly y Arthur, que parecía que sí habían estado informados de la presencia del chico rubio, intentaban mediar. La discusión se había prolongado durante un buen rato. Harry había tenido que coger a Draco del brazo para impedir que se marchase; Teddy había empezado a berrear con disgusto, alterado por la situación.
—La vida es demasiado corta como para no amar a quien deseas —había dicho Tonks en voz baja, sintiendo cómo las lágrimas se deslizaban por sus mejillas—. No sabéis dónde estarán mañana, dejad que se amen hoy.
Sus palabras habían penetrado en el fragor de la discusión. Su primo Draco la había mirado fijamente, con una expresión extraña en la cara, antes de asentir, como si comprendiese algo. Harry se había arrodillado delante de ella y, agradecido, le había besado una mano, enjugándole las lágrimas con una caricia. George se había callado, súbitamente avergonzado. Ginny había salido dando un portazo, seguida por Percy, que había guardado silencio todo el tiempo con cara triste. Ambos habían regresado un rato después, Percy con los ojos rojos, dándole la mano a su hermana, que parecía arrepentida. Ninguno había vuelto a hablar durante lo que quedó de noche a pesar de los intentos de Molly y Ron de mantener el ánimo festivo.
El cuarto año había conseguido mantener la compostura hasta el momento de los regalos. Percy y Audrey habían anunciado orgullosos su embarazo, lo que provocó un montón de felicitaciones. Angelina se había sonrojado, pues ya había dado su regalo a George. Disculpándose por quitar el protagonismo a sus cuñados, había aguardado expectante a que George abriese el pequeño paquete y aceptase su propuesta de matrimonio con un beso. Cuando había visto a Harry enjugarse una lágrima de felicidad, recostado contra el pecho de Draco, y a Hermione sonarse la nariz estrepitosamente mientras Ron le acariciaba la espalda, también se echó a llorar.
Se había esforzado en intentar mostrar que eran de alegría, como el resto, pero Harry y Draco se habían sentado cada uno a su lado, mientras Ginny y Bill distraían a Teddy. Harry le había cogido la mano con fuerza. Draco le pasó el brazo por los hombros y la atrajo hacia él, besándole la cabeza en un gesto de consuelo. Ella sintió que su corazón seguía partido y empezó a creer que nunca conseguiría sanarlo.
—¿Vendrás en Navidad a cenar, Tonks? —preguntó Ginny, entrando en el recibidor al mismo tiempo que Draco y saludándola con un abrazo.
—Contaba con ello. Mi madre ha aceptado la invitación de la Mansión Malfoy.
—Draco nos lo dijo —asintió la chica con una sonrisa—. Está genial que las cosas marchen bien, Tonks. Me alegra que tú cenes con nosotros.
Se preguntó si tenía alguna opción. Teddy quería pasar todo el tiempo posible con Harry y con Draco. Ellos estaban encantados, por supuesto. No podía negarle al niño su capricho de pasar la Navidad con sus dos personas favoritas en el mundo.
—Hola, Tonks. —Draco se secaba las manos con un trapo. Había hecho muy buenas migas con Molly y solía gustarle encerrarse en la cocina a hacerle de pinche. Molly bromeaba que tenía un yerno guapo y servicial, pero sin talento para la cocina, y Draco contestaba, mordaz, que no había amor más sincero que el de una suegra—. ¿Cómo estás?
No contestó, limitándose a dejarse abrazar. Draco también tenía aquella odiosa costumbre.
—¿Teddy? —preguntó, intentando esquivar por segunda vez la pregunta.
—A hombros de su tío Ron. Creo que ese Weasley le ha prometido algo procedente de su tienda de artículos de broma si se come todo lo que Abuela Molly le ponga en el plato.
—La mesa está lista, chicos —entró George a avisarles.
Se dirigieron al comedor. Teddy ya estaba sentado en su silla, modificada con magia para que pudiese llegar a la mesa igual que los mayores, y parecía excitado. La sonrisa cómplice de George presagiaba una tarde llena de travesuras, lo que la hizo suspirar complacida. Teddy acabaría tan agotado que se dormiría temprano y eso le vendría bien.
Draco y Harry se sentaron cada uno a un lado de ella. Harry solía hacerse cargo de ayudar a comer a Teddy cuando comía en La Madriguera, y Draco se esforzaba en incluirla en la conversación cuando la notaba muy callada. Sabía que lo hacían porque se preocupaban por ella pero, algunos días, resultaba muy cansado.
—Charlie ha escrito —anunció Arthur, sentándose a la mesa sosteniendo una carta en sus manos—. Viene estas Navidades.
—¡Genial! —se alegró George. El resto de la mesa se sumó a la pequeña algarabía.
—Bueno, al menos conoceré al último cuñado que me falta —murmuró Draco con sorna—. Y Teddy a su tío. Se ha hecho el difícil.
Charlie llevaba sin visitar Inglaterra varios años. Las circunstancias, el hecho de que estaba enamorado de su trabajo, la falta de personal en la reserva y que los señores Weasley y sus hermanos sí le habían ido a visitar a Rumanía, habían provocado que nunca hubiesen coincidido.
—Te va a caer genial, Tonks —aseguró Harry.
—Nos conocemos —dijo ella, intentando esbozar una sonrisa neutra, moviendo la comida distraídamente, recordando tiempos mucho más despreocupados—. Fuimos juntos a Hogwarts.
NdA. Siento el Drarry, sé que no era el pairing que habías pedido, pero incluirlo me ayudó mucho a desarrollar la historia. Tanto Harry como Draco, igual que Teddy, tendrán mucho peso en la historia, porque... bueno, son la familia de Tonks, como has podido ver en este capítulo. No te preocupes, Tonks y Charlie siguen siendo los protagonistas de la historia, para bien o para mal. La razón por la que mande lechuza a través de Kristy para preguntarte por el Drarry era por esta historia, sí :P
Son trece capítulos que iré subiendo poco a poco durante el resto del mes. Trece es un número primo, así que no puedo establecer un sistema regular que satisfaga mi TOC, jajaja. Pero así mantengo un poco el misterio de la historia.
