Disclaimer: Todo de la Rowling. Mías son sólo las crueles fantasías que salen de mi mente.
Escrito para el "Amigo Invisible navideño 2020/2021" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".
Aquí va el segundo capítulo de la historia. ¡Espero que os guste!
Beta: Miss Lefroy Hrafna.
Navidades
Al llegar las Navidades, Tonks sintió que la tristeza volvía a anidar en su corazón. Animada por Harry, ese curso había matriculado a Teddy en un colegio público muggle de Londres. Inicialmente, se había negado en rotundo; su vida giraba en torno al niño y sus necesidades y no estaba dispuesta a no estar con él todo el tiempo posible. Harry la había convencido con el argumento de que a Andromeda le vendría bien tener libres las mañanas que Tonks trabajaba. Su madre había protestado al principio, pero se había acostumbrado más rápido que ella a la nueva rutina.
Después de tres meses de escolarización, admitía que había sido una buena idea que había beneficiado a Teddy. Tonks le había echado mucho de menos los días que no tenía turno. Esas mañanas en que Teddy no estaba y ella no trabajaba se le hacían grises y eternas, pero estaba decidida a no descargar sus necesidades personales sobre el niño.
Teddy estaba exultante con el colegio y sus compañeros. Lo más complicado había sido hacerle consciente de que no podía cambiar el color de su pelo en clase. Draco le había aleccionado pacientemente durante toda una tarde, sentándolo en sus rodillas, negociando qué color quería mantener y contestando pacientemente sus preguntas sobre todas y cada una de las hipotéticas situaciones que podrían darse.
Tras las impresiones iniciales en el colegio y la preocupación por la conveniencia de tener el pelo teñido a su edad, todo había ido bien. Teddy mantenía el color, morado oscuro, su favorito, en su sitio todas las mañanas y era el envidiado por los demás niños, que insistían a sus madres y padres para que les coloreasen el pelo a ellos también.
Relacionarse con más niños de su edad le había venido bien. Normalmente, Teddy sólo trataba con Harry, Draco, su abuela y los bebés de los Weasley, todos más pequeños que él. Eso había provocado que se comportase en muchas ocasiones como un pequeño adulto. Hacer amistades con otros niños le había devuelto la imaginación y cubierto necesidades sociales que hasta ahora ella no se había dado cuenta de que tenía.
Se alegraba de haberle hecho caso a Harry, pero ahora se preguntaba qué haría cuando la fecha de permitirle partir a Hogwarts, que ahora amenazaba como un nubarrón en el horizonte, llegase y sólo le viese dos o tres meses al año.
El día de Nochebuena lo dedicó a pasear con Teddy por el centro de Londres, mostrándole la decoración navideña de los árboles. Cuando llegó la hora de la cena, lo arregló como un pequeño príncipe, como era tradición todos los años y, tras cambiarse ella misma, usaron la chimenea para ir a La Madriguera.
Había mucho más bullicio en la casa que otros años. Era la primera vez que se juntaban todos los hermanos en muchos años, y el entusiasmo flotaba en el aire. Teddy enseguida desapareció, persiguiendo a sus tíos y tías en busca de algún piropo sobre lo guapo que estaba con su pequeño traje a medida.
—¡Mamá, mamá! —le oyó gritar al cabo de un rato, excitado. Se volvió y lo vio en brazos de Draco—. ¡Tío Draco va vestido igual que yo, mamá!
Tonks sonrió al verlos a los dos, exactamente con el mismo traje, la misma pajarita y la misma camisa. Draco se había hecho un hechizo en el pelo para colorearlo de morado, similar al que Teddy llevaba todo el tiempo.
—No le hagas caso, Tonks —negó Draco, fingiendo indignación—. Es él quien me ha copiado a mí. Se ha puesto hasta el mismo color de pelo.
—¡No es verdad, tío Draco! Tú nunca tienes el pelo morado, yo sí. Eres tú quien me ha copiado a mí. —Teddy hizo un pequeño gesto de concentración antes de cambiar el morado por verde fluorescente.
—¿Quién es el mayor aquí? ¿Yo, verdad? —preguntó Draco muy serio. Teddy asintió—. Entonces, si yo soy el mayor y tú el pequeño, eres tú quien es una copia de mí. Te voy a llamar mini Draco.
—¡Me llamo Teddy!
—Mini Draco es un nombre mucho más elegante, dónde va a parar. —Teddy le miró con el ceño fruncido y Draco estalló en carcajadas, seguido por el niño segundos después al entender que todo era una broma—. ¿Has conocido a tu tío Charlie ya?
—¿Tengo un tío Charlie?
—Tienes un tío Charlie que es domador de dragones —le susurró con una mirada conspiradora.
—¿De dragones? —Teddy empezó a moverse en los brazos de Draco, excitado ante la idea de conocer a alguien que domaba dragones—. ¡Quiero conocer a mi tío Charlie!
Draco miró a Tonks con una sonrisa. Esta se la devolvió, parpadeando para no llorar. Teddy adoraba a Harry y Draco. El primero se había tomado en serio la petición de Remus de ser su padrino y se comportaba como el padre que el niño nunca había podido conocer. Cuando había empezado a salir con Draco, se enteró de que le había puesto como condición que nunca renunciaría a Teddy y que este siempre sería una de sus prioridades. Draco lo había aceptado con naturalidad, incorporando las rutinas de Harry y el niño a su vida.
Al principio, Draco no había sabido cómo tratar a Teddy, que estaba celoso al no tener toda la atención de su padrino, pero poco después habían encontrado una manera de conectar y Draco había acabado ganándose el cariño incondicional de Teddy. Cada vez que los veía a ambos con él, haciendo de figura paterna, queriéndole con locura y entregándose como si fuese su propio hijo, recordaba que Remus no estaba ahí y que nunca podría disfrutar de todos esos momentos.
—Si vienes, te lo presento a ti también —le propuso Draco.
—Nos conocemos —respondió Tonks automáticamente—. Fuimos juntos a Hogwarts.
Por supuesto que le conocía. Había pasado la mitad de su adolescencia enamorada tontamente de él. Había sido algo pasajero. Charlie nunca se había fijado en ella, que tampoco había tenido muchas oportunidades de abordarle estando en casas diferentes. Charlie pasaba mucho tiempo en la cabaña de Hagrid y el despacho del profesor Kettleburn, dedicándose desde muy temprano a lo que más le apasionaba: las criaturas mágicas. Además, ella era una chica torpe que, aunque no pasaba desapercibida gracias a su habilidad de metamorfosis, no era excesivamente popular en el colegio.
Bill y Charlie, en cambio, sí lo eran. Ambos consiguieron destacar tanto por comportamiento como por calificaciones. Eran queridos por los miembros de su casa y apreciados por sus compañeros de clase. Normalmente se movían en círculos compuestos casi exclusivamente por Gryffindors de sexo masculino. Se había rumoreado incluso que Bill era homosexual, pero a la vista estaba, dado con quién se había casado, que los cotilleos no eran fundados.
Sus amigas siempre habían insistido en que Bill era el hermano guapo, pero ella creía que Charlie tenía un brillo en la mirada, casi feroz, que le daba un atractivo especial. Tenía una personalidad indómita y salvaje. Al graduarse, Charlie se había ido a trabajar a Rumanía a un refugio de dragones. Nadie se había sorprendido de su decisión, dada la pasión que tenía en su trabajo con las criaturas mágicas.
Un latigazo de dolor le atravesó el pecho al darse cuenta de que se había enamorado de la siguiente persona a la que le había visto esa mirada feroz e indómita. Remus era una persona muy afable, pero algo en sus ojos, quizá fruto de su personalidad, quizá una muestra del lobo que se escondía en su interior, tenía ese brillo feroz que tanto le había cautivado durante su adolescencia. Pensar que ese rasgo de Remus revelaba tanto de sí misma y que nunca lo había apreciado en vida de él, que no volvería a ver ese destello salvaje en su mirada, hizo que no pudiese evitar que una lágrima se deslizase por su mejilla.
—¿Estás bien, mamá? —Teddy la miraba con preocupación. Siempre lo hacía cuando lloraba, intentando consolarla prestándole alguno de sus juguetes o dándole una de sus golosinas.
—Sólo está emocionada de vernos tan guapos y de que tengas un tío domador de dragones, ¿verdad? —Draco le echó un capote con una sonrisa. Tonks asintió, con un nudo en la garganta. Le bajó al suelo, moviendo los brazos. Teddy ya era grande y su peso se hacía notar si lo cogías mucho rato. Draco se agachó para ponerse a la altura del niño—. Charlie está en el comedor, hablando con tía Ginny. Espérame en la puerta y en un minuto voy, ¿de acuerdo, Teddy?
—¡Sí, tío Draco! —exclamó entusiasmado y corriendo hacia allí.
—¿Puedo hacer algo por ti? —preguntó Draco, enjugándole la lágrima con la mano antes de darle un abrazo.
Tonks sollozó contra su hombro, odiándose por ser tan sentimental. Draco la consoló durante unos segundos, hasta que consiguió controlarse. Separándose de ella, le sonrió comprensivamente antes de acariciarle la cara otra vez.
—Lo siento, es sólo…
—… que todavía es demasiado pronto —concluyó Draco.
—Sé que han pasado ya casi seis años, pero es una losa que no me deja respirar —confesó. No solía decirle esas cosas a nadie, ni siquiera a su madre, pero lo súbito del recuerdo de Remus la había hecho sentirse vulnerable y triste sin esperárselo—. Parezco idiota.
—Cada uno tiene sus tiempos, Tonks —negó Draco.
Harry apareció por el pasillo, llevando una bandeja de canapés. Se paró al lado de Draco, dándole un beso en la mejilla. Tonks bajó la mirada, consciente de que, si bien era cierto que eran unos empalagosos, tenía que reconocer que también lo eran con ella y con Teddy, mostrándoles cariño todo el tiempo.
—Ey, yo pensaba que estaríais fotografiando las babas de Teddy al conocer a Charlie.
—A ello íbamos, ¿verdad? —preguntó Draco, mirándola con una sonrisa invitadora.
—Sí, es cierto. Teddy debe estar esperándonos en la puerta del comedor.
—Venga —Draco hizo gesto de cederles el paso a ambos—, vamos a ver qué cara pone Teddy cuando vea a su tío el domador de dragones.
