Disclaimer: Todo de la Rowling. Mías son sólo las crueles fantasías que salen de mi mente.

Escrito para el "Amigo Invisible navideño 2020/2021" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".

¡Tercer capítulo! ¡Gracias por los reviews!

Beta: Miss Lefroy Hrafna.


¡Vamos a ver dragones!

—¿Cuándo vamos a ir a ver los dragones de tío Charlie? —preguntó Teddy mientras le ayudaba a pasar los brazos por el jersey.

Tonks suspiró. Teddy no se había olvidado de aquello a pesar de que habían pasado semanas desde Navidad, llegando a estar muy pesado con el tema. Charlie había hablado de dragones durante toda la cena de Navidad, describiendo cuántos tenían en la reserva y de qué tipo era cada uno. Teddy había estado saltando en su silla, inquieto todo el tiempo, escuchando emocionado.

Había acabado sentada entre Charlie y Draco. Teddy, entusiasmado, había pedido sentarse al lado de Charlie también, y Harry había cambiado su sitio para sentarse al otro lado de Teddy y que este pudiese cumplir su capricho.

La conversación sobre lo que Charlie hacía en su trabajo había dominado durante toda la cena. Toda la familia había estado tan contenta de tenerle de vuelta que el tono fue mucho más animado de lo habitual. Tonks recordaba cenas navideñas en las que Fred había salido a relucir durante los entrantes. Había supuesto que el que en esta ocasión todos estuviesen más apretados en la mesa había hecho más llevadera la ausencia. Aliviada, había respirado tranquila cuando Draco, Teddy y Molly desaparecieron por la puerta en busca del postre sorpresa.

—No has hablado mucho, Tonks. ¿Cómo te ha ido durante estos años? —había preguntado en ese momento Charlie, dirigiéndose a ella.

—Yo… —Se había sentido desconcertada por un momento. A pesar de estar a su lado, Charlie no le había hablado directamente en toda la comida—. Sigo en el departamento de aurores.

—Me enteré de lo que pasó.

«No hables de ello, no hables de ello, no hables de ello».

—Sólo hablé con él una vez, pero se veía que era un buen hombre. Lo siento mucho.

—Está bien —había contestado Tonks lacónicamente.

«No llores, no llores, no llores».

—Tienes un hijo maravilloso. Debes sentirte muy afortunada.

—Así es. —Aliviada, se había aferrado al cambio de conversación como a un salvavidas—. Es muy guapo e inteligente. Claro que… qué voy a decir yo, ¿verdad? Soy su madre.

—Tienes toda la razón —se había reído Charlie con una carcajada estentórea—. Y poderoso, su habilidad innata para cambiar de forma es buen indicativo.

—Lo sacó de mí —había presumido ella, orgullosa.

—Es cierto, no recordaba tu habilidad para la transformación —había dicho Charlie, pareciendo un poco avergonzado—. No tuvimos demasiado trato en Hogwarts, ¿verdad? Hay muchas cosas que no recuerdo de ti.

—No importa —había contestado azorada al darse cuenta de que ella sí era capaz de recordar muchas cosas de él—. ¿Sigues teniendo aquel crup?

—¿Conociste a Russell? —se había sorprendido Charlie.

—Recuerdo que se armó un buen revuelo cuando insististe en llevarlo a Hogwarts como mascota. Todavía no me creo que Dumbledore accediese.

—Fui muy convincente. —Charlie había soltado otra carcajada antes de tomar otro trago de vino. Había cogido la botella y se había rellenado la copa antes de ofrecerla. Tonks asintió. Nunca bebía en esas ocasiones, pero en ese momento le había apetecido, no sabía muy bien por qué—. Ahora vive en la reserva, en la cabaña que compartimos cuando tenemos que dormir allí. El aire libre le sienta mejor que vivir encerrado en una casa. Además, no podría traerlo a Reino Unido.

—¿Y eso? —Tomando un sorbo de vino, Tonks se había percatado de que, probablemente, esa era la conversación más larga que había mantenido con alguien en los últimos seis meses, a excepción de su madre, Teddy, Draco o Harry—. Pensaba que podían viajar.

—Dumbledore accedió a tenerlo en Hogwarts, pero la ley exigía que le cortase la segunda cola antes de los dos años. Me niego a hacerlo, el animal no tiene la culpa de nuestras legislaciones mágicas. Es algo demasiado parecido a una práctica muggle que consiste en amputar rabos y orejas a algunas razas de perros. Me parece cruel e innecesario.

—¿Sigue teniendo dos colitas, entonces? ¡Qué tierno!

—Sí. Es un crup encantador, te lo aseguro. Estoy convencido de que me echa tanto de menos a mí, como yo a él. En realidad, tengo que admitir que es un poco el crup de la plantilla entera, porque lo cuidamos entre todos los compañeros.

—Pensaba que sólo echarías de menos a tus dragones —había bromeado Tonks, sintiendo que el poco vino que había bebido le hacía tener un poco de calor.

Molly había vuelto, transportando mágicamente la tarta. Teddy iba en brazos de Harry, agitando un palito delgado en cada mano.

—¡Mira, mamá! —había gritado Teddy, emocionado—. ¡La tarta tiene una sorpresa en honor al tío Charlie!

—¡Teddy! —le había reprendido Molly con una carcajada—. ¡Era un secreto!

—Es verdad, tío Charlie. Es un secreto y no te lo puedes contar. —Toda la mesa había estallado en una carcajada ante la ocurrencia, dicha con cara seria y convencida—. Tienes que prometerlo. ¿Lo prometes?

—Lo prometo, lo prometo —había jurado Charlie levantando una mano solemnemente y aguantándose la risa.

—Espera un momento, Teddy. —Draco se había levantado, examinando los dos palitos que Teddy llevaba—. Recuerdas cómo tienes que hacerlo, ¿verdad?

—¡Sí, tío Draco!

Harry había dejado a Teddy en su silla, de pie para que pudiera alcanzar la tarta fácilmente y este estiró los brazos, poniendo los dos palitos juntos delante de él, lo más alejados posibles. George se incorporó y acercó la varita, rozándolos mientras murmuraba un hechizo. Una nube de chispas mágicas había comenzado a saltar de los dos palitos que Teddy agitó entusiasmado.

—Hazlo, Teddy —le había animado Molly—. Deprisa, antes de que se apaguen.

Draco draconis —había recitado el niño del tirón, apuntando hacia la tarta. Era obvio que habían practicado con él, pero no sabía cuándo había sido.

Las chispas habían volado sobre la tarta antes de juntarse en un estallido semejante al de un fuego artificial. Un dragón enorme hecho de luz aleteó sobre la tarta antes de encender más bengalas con una llama de chispas que salió de su boca. Cuando terminó, Teddy había saltado en su asiento, excitado ante el espectáculo.

—¡Otra vez, otra vez!

—Sólo funciona una vez, Teddy —había explicado George, negando con una sonrisa—. Pero te prometo que en el cumpleaños de tío Harry vuelvo a traerlo.

—¡Sí! ¿Cuándo es tu cumpleaños, tío Harry?

—Ahora va a preguntar por el cumpleaños de Harry hasta julio —había bromeado Hermione—. Tendremos que matar a George en algún momento de estos meses por provocar este desastre.

—No hagas caso a tu tía, Teddy, que es una sabelotodo inaguantable. ¿Sabes qué? Haré que el de tío Harry sea un colacuerno húngaro. ¿Te ha contado alguna vez que se enfrentó a uno en Hogwarts?

—¡Sí! —había exclamado Teddy saltando de su asiento y corriendo hacia la silla de George, que lo había sentado en sus piernas—. ¡Cuéntamelo otra vez, tío George!

Tonks había desviado la mirada hacia Draco y Harry, sabiendo que este se sonrojaba cada vez que alguien sacaba el tema del Torneo de los Tres Magos. Sin embargo, este no estaba prestando atención. Draco tenía la boca pegada a su oreja y le susurraba algo. Harry había sonreído con algo parecido a la complicidad y Tonks se había preguntado qué estaban tramando.

—Harry lo hizo muy bien en aquella prueba —había comentado Charlie, dirigiéndose de nuevo a ella—. Dumbledore estaba como una cabra, permitir una hembra de colacuerno en el recinto del colegio…

—Siempre tuvo mucha habilidad —había coincidido Tonks. Molly había empezado a cortar la tarta, sirviéndole un trozo generoso a cada uno.

—Estoy pensando que a Teddy le encantaría conocer la reserva de dragones, Charlie —había dicho Harry en voz alta, sentándose en el sitio de Draco e inclinándose hacia adelante para verle mejor—. Deberías invitarle a verlos.

—¡Sí! —había gritado Teddy desde las piernas de George— ¡Quiero ir, quiero ir!

—Harry, no engorgorites al crío, por Merlín —le había reprendido Ginny.

—Lo decía en serio —se había defendido este, levantando las manos con una sonrisa traviesa—. Creo que sería genial que pudiese visitar la reserva.

—No creo que eso sea… —había intentado negar Tonks en voz baja.

—Podéis venir cuando queráis —la había interrumpido Charlie con una amplia sonrisa.

—¡Sí! —Teddy se estaba entusiasmando mucho más y Tonks no había sabido cómo iba a lidiar con la desilusión del muchacho cuando, fuera del ofrecimiento inicial, la oferta quedase en el olvido.

—No podemos plantarnos en otro país para invadir una reserva de dragones. Es sólo un niño.

—Mis padres, Ron y Hermione, George y Angelina, Bill y Fleur… Todos han venido menos Harry y Malfoy. Y es totalmente seguro para los niños, te lo aseguro. No sería el primero que va.

Tonks se había callado, viéndose en una disyuntiva difícil. Harry la había mirado con una gran sonrisa, esperando que dijese que sí. Draco había entrecerrado los ojos, evaluando la situación. Teddy, emocionado, daba saltos y Charlie la había mirado con sinceridad.

—El niño tiene colegio, y…

—Podemos encontrar una fecha adecuada —había determinado Charlie, resuelto—. Ya lo decidiremos cuando sea.

Ahí estaba. La propuesta genérica en un momento de subidón. Sospechando que Draco y Harry habían tramado aquello y preguntándose por qué lo hacían, cuando habitualmente se preocupaban por Teddy y no incumplían sus promesas, Tonks había asentido, con una sonrisa de compromiso. Había sabido que Teddy no olvidaría aquello, y se había preguntado cómo preparar el terreno para la desilusión cuando viese que no se materializaría.

Bajó a Teddy, ya vestido, al suelo, preguntándose si debería ponerle el abrigo. Los días ya eran más cálidos gracias a la cercanía de la primavera y aquel era excepcionalmente soleado. Decidiendo que mejor una chaqueta gruesa que el abrigo, abrió el armario.

—Tío Charlie está en la chimenea —oyó la voz de Teddy—. ¡Mamá! ¡Mamá!

—Te tengo dicho que no contestes a la chimenea cuando… —Se quedó parada al ver el rostro de Charlie Weasley en la chimenea—. Charlie…

—Hola, Tonks —saludó este, con una sonrisa avergonzada—. Perdona que te moleste tan temprano.

—Estaba vistiendo a Teddy para ir al colegio —le tranquilizó, sorprendida por verle ahí—. Pensaba que estarías en Rumanía.

—Llegué a Inglaterra anoche. El Ministerio necesita ayuda para controlar un dragón galés que ha estado dando algunos problemas y aprovecharé para quedarme unos días.

—Sí, me he enterado de lo del dragón.

Llevaba siendo la comidilla del Ministerio toda la semana. Robards incluso había insinuado que era posible que la Brigada de Aurores tuviese que acabar interviniendo, llamando inútiles a todo el departamento de Criaturas Mágicas.

—La cosa es que Harry me ha dicho que Teddy tiene unos días de vacaciones justo ahora y que tú también has pedido libre en el trabajo para poder estar con él.

—Sí, así es —contestó Tonks, preguntándose a dónde quería llegar.

—Había pensado que, aunque suene un poco locura, nos ha parecido buena idea que vengáis a Rumanía a ver la reserva aprovechando mi traslador, tal y como quedamos en Navidad. Los cuatro —aclaró al cabo de medio segundo.

—Es una locura —constató Tonks, consciente de que Teddy había empezado a saltar por todo el salón para celebrarlo.

—Sí, Malfoy también lo dijo —rio entre dientes Charlie—. Antes de acceder diciendo que una promesa hecha a un niño siempre debe ser cumplida.

«Mierda. Debí suponer que Draco no lo dejaría pasar tampoco. Siempre cumple las promesas que le hace a Teddy».

—Eh… Habría mucho que organizar. Es muy precipitado y yo…

—Lo sé, lo sé. Sobre todo con un niño pequeño. Pero Harry y Malfoy están haciendo las gestiones para pedir días libres en sus trabajos y han prometido que te ayudarán con todos los preparativos.

—No sé, Charlie, no querría que fuésemos una molestia.

—No lo seréis, te lo aseguro. La única razón por la que estoy yo en la chimenea y no Harry para darle la noticia a Teddy es porque creí que debía haceros la invitación personalmente.

—Apenas nos conocemos y… —A Tonks se le ocurrían mil argumentos en contra de aquella idea, por muy atractiva que sonara. Al fin y al cabo, no había salido de vacaciones a ningún sitio desde…

«Desde lo de Remus». Tragó saliva, notando el conocido dolor en su pecho. Con culpabilidad, se dio cuenta de que no había pensado mucho en Remus en las últimas semanas.

—Eso es una tontería. Sois familia de Harry y él es parte de mi familia. Así que somos familia también.

—Está bien —cedió Tonks tras pensarlo unos segundos, todavía dudando—. Creo que es una locura, pero está bien.

Teddy gritó de alegría detrás de ella, con una carcajada de felicidad, y empezó a saltar en el sofá.

—Deberías estar acostumbrada a las locuras de los Gryffindor, conociendo a Harry —bromeó Charlie—. Estamos en contacto estos días para arreglarlo todo, ¿de acuerdo?

Tonks se despidió de él asintiendo antes de cerrar la conexión, pensando en el último comentario de este. Teddy no tenía carne de Gryffindor, estaba segura de eso; había salido a ella en ese sentido. Draco bromeaba a menudo sobre que no había mejor contraposición para un Slytherin que un Gryffindor, señalando a Harry. Ella solía decir que aquella tontería de las casas solo era una chorrada para segregarlos, pero ahora estaba pensando en que ella también había tenido un Gryffindor.

El suyo había sido cauto e impulsivo a partes iguales. Fruto de aquella impulsividad, combinada con la suya, había nacido aquella pequeña locura que estaba saltando en el sofá, con el pelo cambiando rápidamente de color.

—Vamos a ir a ver dragones —anunció Tonks en voz alta, arrancando otro chillido de Teddy.