Disclaimer: Todo de la Rowling. Mías son sólo las crueles fantasías que salen de mi mente.

Escrito para el "Amigo Invisible navideño 2020/2021" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".

¡Gracias por los reviews! Espero que disfrutéis de este. Es hora de avanzar un poquito la trama.

Beta: Miss Lefroy Hrafna.


Rumanía

—¡Cómo mola, mamá!

Teddy chilló de alegría. Tonks tenía que admitir que, incluso desde aquella distancia, aquellas criaturas imponían. Teddy iba a hombros de Charlie, este sujetándole las rodillas. No había querido separarse de él desde el primer momento en que habían llegado, entusiasmado. Harry había bromeado sobre lo celoso que estaba de Charlie, pero Teddy no había entendido por qué se reían los adultos.

Tras llegar a mediodía, habían dejado las maletas con sus cosas en medio del salón de la casa, instados por Charlie a no perder las horas de luz. Harry y Draco les habían acompañado durante un rato. Sin embargo, cuando Charlie les había señalado una joven ejemplar de ridgeback noruego, Harry se había entusiasmado, contándole a Teddy que había sido una dragona que él había visto nacer y Draco y él se habían quedado con los cuidadores a su cargo, intentando verla más de cerca.

Charlie, Teddy y ella habían continuado con la visita guiada por la reserva. Tonks se sentía un tanto cohibida, porque una de las razones para aceptar ese viaje había sido que contaba con estar acompañada por la otra pareja, con quienes tenía mucha confianza, pero a Teddy no parecía importarle, botando entusiasmado en los hombros de Charlie, agarrado a los mechones pelirrojos de su media melena.

—No tires así, Teddy —le reprendió Tonks—. Vas a hacer daño a Charlie.

—Lo siento, tío Charlie —se disculpó Teddy, sin soltarle el pelo.

—No importa, no me haces daño —respondió Charlie—. Mira, vamos a subir a esa colina. Allí detrás están los bola de fuego chino. Hay una hembra que ha puesto dos huevos. No creemos que vayan a llegar a término, porque tuvo una nidada hace menos de cinco años, pero las hembras se ponen especialmente feroces y utilizan a menudo su llama, que es espectacular.

—¡Sí! ¡Vamos, tío Charlie!

—No hagas eso, Teddy —volvió a reñirle Tonks cuando vio que, por la excitación, Teddy golpeaba con los talones el pecho de Charlie—. Lo siento, es que está muy alterado.

—Tonks, relájate. Todo está bien, no hay nada por lo que disculparse —la tranquilizó Charlie, parándose en medio del camino para mirarla—. Teddy lo está pasando genial y yo también. Vamos a tratar de que mamá también desconecte y se divierta, ¿verdad, campeón?

—¡Sí!

—Creo que en este momento te diría que sí aunque le sugirieses echarle como comida a los dragones —sonrió Tonks.

—Es bueno decir que sí. Hay que decir que sí a todo. A los dragones, a divertirse y a la vida, ¿a que sí, Teddy?

—¡Sí!

Tonks rio con una carcajada, moviendo la cabeza. Siguieron caminando, subiendo la colina por una suave pendiente. Tenía que reconocer que, a pesar de que sólo llevaban unas horas en Rumanía, se sentía bien haber salido de casa y se alegraba de ello.

—Ya llegamos, ya llegamos —Teddy daba pequeños saltitos sobre los hombros de Charlie, pero, viendo que este no sólo no parecía molesto, si no que le azuzaba, Tonks decidió hacerle caso y tomárselo con más calma—. Guau…

Desde la cima de la colina se divisaba una gran pradera que se extendía durante unas pocas hectáreas. En ella, separados entre sí, había tres dragones de color rojo. Eran enormes, sobre todo el que estaba más cerca de ellos.

—Esa es la hembra, los otros dos son machos.

—¡Es gigantesca! —se admiró Teddy.

—Las hembras son más grandes que los machos. Esta es especialmente agresiva, pero hemos conseguido que comparta territorio con dos machos. Antes solo lo hacía con uno, pero cuando llegó el otro nos daba pena que estuviese solo.

—¡Vamos más cerca, tío Charlie! ¡Quiero verlos mejor!

—No podemos —negó este soltándole la rodilla para señalar el horizonte—. Fíjate bien y verás que hay un escudo que impide que nos acerquemos.

Tonks entrecerró los ojos, buscándolo. A los pocos segundos, consiguió distinguir el brillo irisado de una barrera mágica al trasluz de la luz del sol que comenzaba a declinar. Aunque era primavera, los días todavía eran cortos, sobre todo en aquel punto de Rumanía.

—Voy a hacer un hechizo para que puedas verlos mejor, Teddy —dijo Charlie, soltándole la rodilla de nuevo para sacar la varita y hacer un hechizo lupa—. ¿Ahí la ves mejor?

—¡Sí! ¡Mira qué cuernos tiene!

Teddy volvía a dar botes encima de Charlie. Tonks miró el reloj muggle que llevaba en la muñeca, recordando que llevaban varias horas en la reserva y planteándose que debería pedirle a Charlie que buscasen un sitio para que Teddy pudiese comer la fruta que llevaba en la mochila e ir al baño.

—¡Mira, mamá! ¡Mira! —Teddy saltó más, emocionado.

La dragona rugió, bramando a uno de los machos que se había acercado demasiado a la nidada. Con gran espectacularidad, acompañó el rugido con una gran llamarada en forma de hongo.

—¡Una bola de fuego! ¡Una bola de fuego!

—¡Oh! —murmuró Charlie con voz queda.

Esa exclamación le resultó muy familiar viniendo de alguien que tenía a hombros a un niño pequeño. Aterrorizada, Tonks observó cómo una mancha de humedad se extendía por la espalda y la pechera del jersey de Charlie. Teddy no se había dado cuenta aún, porque seguía emocionado con la visión de la dragona, pero ya no botaba.

—¡Lo siento! —se apresuró a disculparse, avergonzada—. Estaba pensando que quizá deberíamos parar para que fuese al baño, pero no imaginé que se le fuese a olvidar. Lo siento mucho, de verdad, normalmente controla muy bien, apenas tiene escapes ya y…

—Mamá, me he hecho pis —intervino Teddy con voz compungida, dándose cuenta de lo que ocurría.

—Lo siento mucho, Charlie de verdad. —No sabía dónde meterse. Había metido una chaqueta más gruesa en la mochila por si refrescaba más, pero no se le había ocurrido llevar ropa de recambio para Teddy y, mucho menos, un jersey de adulto de repuesto—. Ay, no sé qué decir. Teddy, baja de los hombros de Charlie, cariño.

—Lo siento, tío Charlie —dijo el niño, comprendiendo lo que había pasado, entristecido—. No me acordaba de que me hacía pis.

—Eh… eh… Vale, ya está… Vamos a tranquilizarnos —respondió Charlie, que parecía un poco desconcertado, recuperándose.

—Te pagaré lo que te haya costado el jersey, te lo prometo —continuaba hablando Tonks, sin saber muy bien qué estaba diciendo—. Estoy muy abochornada, Charlie, lo…

—¡Tonks! —la interrumpió Charlie, poniéndose serio. Tonks se calló, mirándole. Teddy había empezado a moquear, estaba a punto de llorar y se dio cuenta que, en su afán por disculparse con Charlie, había hecho a Teddy sentirse peor. Con culpabilidad, se mordió el labio, sintiéndose impotente para solucionarlo—. Ya ha pasado.

—Yo… —Sentía cómo se le llenaban los ojos de lágrimas.

Parpadeó con furia, odiándose a sí misma por reaccionar así cada vez que había un problema personal que la sobrepasaba. En el trabajo no le ocurría, afrontaba los casos con profesionalidad y distancia, pero sus emociones en el día a día eran un desastre, sobre todo aquellas que implicaban interacciones sociales.

—Ven aquí —dijo Charlie, acercándose a ella.

Se quedó inmóvil, sorprendida. Charlie siguió sujetando al niño con una mano, rodeándole a ella con la otra y atrayéndola hacia él en un abrazo consolador. Segundos después, se apartó.

—No pasa nada, Teddy, ¿de acuerdo? Un accidente lo podemos tener todos —dijo mirando hacia arriba, tranquilizando al niño—. Vamos a volver a casa para que puedas cambiarte y no te irrites la piel, ni te quedes frío, ¿vale?

—Vale, tío Charlie —murmuró Teddy, sorbiendo por la nariz.

—Draco y Harry…

—No te preocupes por ellos. Quedan un par de horas de luz. Luego les avisaré con un patronus para que vuelvan cuando quieran.

—De acuerdo —accedió Tonks.

—Tenemos que volver donde estaba la cabaña grande. Allí podremos utilizar la chimenea o desaparecernos hasta casa.

—Lo siento mucho, Charlie —repitió Tonks cuando empezaron a caminar, bajando la colina.

—Es un accidente. Estas cosas pasan, supongo. No será la primera vez.

—Suele controlar muy bien, de verdad. Casi nunca ocurre. Ni siquiera he traído ropa para cambiarle, porque…

—No pasa nada —insistió Charlie—, volveremos a casa, bañaremos a este campeón y cenaremos algo temprano.

—Quizá deberías bajarte, Teddy, para no molestar más a Charlie.

—No —se opuso Charlie—. Así, al menos, no nos quedaremos fríos ninguno de los dos. Caminar con los pantalones húmedos es incómodo. Yo recuerdo una ocasión en la que también me lo hice encima. Era mayor que tú, Teddy.

—¿También se te escapó?

—Fue un accidente —asintió Charlie—. Tuve un susto muy gordo y, cuando me di cuenta, había mojado los pantalones. Tuve que volver caminando a casa durante mucho rato y me hice heridas en los muslos por el roce.

—Gracias —susurró Tonks al cabo de un rato, mientras Teddy parloteaba sobre accidentes, pises y caminar mucho tiempo, más animado ahora que había visto que no iba a ocurrir nada malo.

—Cuando Harry compitió en el Torneo de los Tres Magos, esa hembra de bola de fuego estuvo en Hogwarts —empezó a contarle Charlie a Teddy. Teddy soltó una exclamación de asombro— Fue el propio Viktor Krum quien tuvo que enfrentarse a ella.

Tonks caminó a su lado, sintiéndose reconfortada por cómo había manejado la situación Charlie. Otros adultos habrían armado un escándalo o incluso habrían echado una bronca al niño. En cambio, Charlie y Teddy iban hablando alegremente, sin darle más importancia al incidente.

No estaba acostumbrada a que otras personas, sobre todo hombres, supiesen cómo comportarse con Teddy que, tenía que admitir, era especialmente entusiasta y a veces resultaba desconcertante por su imaginación despierta y su curiosidad disparada, así como su costumbre de hablar por los codos.

Pocos adultos le escuchaban atentamente. Hasta su madre, Arthur y Molly, o el resto de Weasleys, solía caer en la tentación de darle la razón al niño con voz condescendiente, restar importancia a lo que decía o repetir sus palabras en forma de pregunta de vuelta. Teddy solía frustrarse en esas situaciones porque, a pesar de sus escasos siete años, manejaba un buen vocabulario y había empezado a devorar cuentos e incluso algún libro con soltura.

Sólo ella misma, Draco o Harry conversaban con el niño en serio, escuchándole cuando hablaba. Eso hacía que Teddy prefiriese pasar tiempo con sus dos tíos adoptivos antes que con cualquier otro adulto. Draco, además, solía tener una paciencia infinita con el niño, contestando todas y cada una de sus preguntas de la manera más sencilla que podía. A veces eso le embarcaba en cadenas interminables de cuestiones que derivaban en más preguntas, pero Draco las contestaba todas puntualmente sin mentir.

—Es un secreto muy importante. No hay que decírselo a los demás niños si no lo saben —le había dicho un día, muy solemne, cuando Teddy le había preguntado si Papá Noel existía, en aquellas primeras navidades después de empezar a asistir a la escuela y Draco le había contado que era sólo una forma de ilusionarse con la Navidad—. Además, puedes creer en algo que no existe. Somos magos, ¿no?

—Podríamos haber estirado su fe unos años más —había refunfuñado Molly cuando el niño estaba distraído.

—Miente a un niño y, cuando te descubra, perderá la confianza en ti para siempre y buscará respuestas en otro sitio —había contestado cáusticamente Draco sin darle excesiva importancia—. Él ya sabía la respuesta, sólo quería que alguien le confirmase sus sospechas. No voy a perder su confianza por un invento absurdo cuando los regalos seguirán haciéndole ilusión vengan de quien vengan.

Harry también tenía ese talento. Teddy le hacía menos preguntas que a Draco, pero le contaba muchas más cosas. El primer día de colegio, cuando Tonks y Harry estaban acostándole tras horas intentando rebajar su excitación por todas las cosas nuevas que había vivido ese día, el niño había preguntado por su padre con curiosidad, ya que había visto más padres en la escuela.

Tonks le había hablado de Remus antes, por supuesto, pero siempre dosificando la información. Tampoco había tenido muchos ánimos para recordar constantemente un dolor que para ella seguía abierto y que el niño ni siquiera recordaba. Harry había tomado las riendas de la situación. Teddy se había dormido tardísimo aquella noche, pero la conversación con Harry sobre su padre, quién había sido y qué significaba la muerte, le sosegó mucho más que cualquier mentira piadosa.

—¿Y rompió los huevos?

—Sí —contestó Charlie—, la dragona echó una pata hacia atrás para intentar atraparle y, por accidente, pisó dos de los huevos. Ya has visto cómo se sitúa encima del nido, Krum no pudo evitarlo.

—Pero esos huevos eran dragones pequeños que no habían nacido, ¿no?

Tonks levantó la mirada, observando a Charlie, dispuesta a intervenir para explicárselo a Teddy si Charlie parecía incómodo, pero este estaba contestando con naturalidad:

—Sí. Fue muy triste, porque es difícil que aniden con éxito aquí en la reserva. Son dragones orientales, les cuesta adaptarse. A Krum le quitaron puntos por ello.

—¿Entonces los dragones pequeños se murieron?

—Todavía no había dragoncitos en los huevos —le tranquilizó Charlie—. Era como cuando comes huevos fritos. Si un gallo se aparea con una gallina y esta pone huevos y esperas el suficiente tiempo, nacen pollitos, pero si los rompes demasiado pronto, solo es una yema y una clara.

—¿Estos sólo eran una yema y una clara, como los huevos fritos?

—Eso es. Como los que hemos visto hoy. Sería ideal que llegasen a nacer dragones, pero es poco probable, así que, en principio, Krum no mató ningún dragoncito; seguramente no habrían llegado a nacer.

—¿Aparearse es lo mismo que tener hijos? —Tonks sonrió al ver que Charlie no se amilanaba ante la pregunta, contestándole afirmativamente y le felicitó mentalmente. Teddy ya sabía algunos conceptos sobre la reproducción de cuando le había preguntado a ella cómo había nacido y si tendría un hermanito algún día.

Entendió que Teddy había visto en Charlie a otra persona que le trataba como un igual, no alguien inferior y que por eso había conectado con él del mismo modo que lo había hecho años atrás con Harry y Draco. Sonrió, sintiendo que era bueno encontrar a alguien como Charlie. Se preguntó si este sabría dónde se estaba metiendo al establecer lazos con Teddy, pues este era extremadamente leal y no se olvidaría. Esperaba, viendo el respeto con el que lo trataba, que honrase la amistad del niño, sin subestimarla.

Sintió un calor agradable en el pecho, que hacía mucho que no sentía, y se alegró, por primera vez desde que se reencontró con Charlie en La Madriguera, de que hubiese ocurrido. Hacerse amiga de Harry había sido natural por la relación de este con ella, con Remus y con Teddy. La amistad con Draco había florecido lentamente, sobre todo por su insistente presencia al lado de la de Harry y por cómo trataba a Teddy. Supo que, definitivamente, acabaría haciéndose amiga de Charlie por esa misma razón.