Disclaimer: Todo de la Rowling. Mías son sólo las fantasías que salen de mi mente.

Escrito para el "Amigo Invisible navideño 2020/2021" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".

¡Gracias por las lectruras y los reviews! Siento el restraso. Os aseguro que la historia está escrita, es cuestión de tiempo publicarla.

Beta: Miss Lefroy Hrafna.


Somos amigos

Al llegar a la casa de Charlie, este se había preocupado de ayudarla a mover la maleta al dormitorio que compartiría con Teddy, enseñándole dónde estaba el baño y las toallas. Tonks se apresuró a desnudar al niño, que estaba empezando a quejarse por la incomodidad, y meterlo bajo la ducha.

Cuando salió con Teddy felizmente envuelto en una de las enormes toallas que Charlie le había prestado, Charlie estaba en la cocina, atendiendo los fogones con una varita mientras supervisaba unas frutas que se estaban lavando y pelando solas.

—¿Ya has terminado? —preguntó Charlie, volviéndose cuando los oyó entrar.

Iba todavía con los pantalones que había utilizado durante todo el día, pero se había quitado la camiseta y tenía el torso al aire. Tonks se sonrojó, pues un pensamiento sobre lo atractivo que se veía le cruzó la mente. Charlie tenía un cuerpo tonificado y musculado, cubierto de cicatrices de viejos arañazos y quemaduras mal sanadas.

Era tan parecido al cuerpo de Remus, pero al mismo tiempo tan diferente, que despertó su curiosidad sobre cómo se sentiría el tacto bajo sus dedos de la piel de diferentes tonalidades y texturas. El arañazo que cruzaba su pectoral izquierdo desde el hombro hasta el inicio del abdomen, en relieve; la quemadura justo encima de la cadera derecha, rugosa; o la marca oscura y lisa que se perdía en el abdomen bajo la cintura del pantalón.

Remus también había estado cubierto de cicatrices, la mayoría arañazos autoinfligidos de color vivo, a diferencia de los tonos apagados de las de Charlie, a causa de la licantropía. El cuerpo de Remus había sido macilento y delgado, siempre pálido; exigiéndole demasiadas energías como para poder fortalecerse, llegando incluso a notársele las costillas tras los ciclos de transformación. Tonks había adorado ese cuerpo mientras habían estado juntos con una devoción que había hecho que Remus se sintiese complacido y avergonzado a partes iguales, a juzgar por las expresiones en su rostro cuando se acostaban juntos.

El torso de Charlie estaba mucho más musculado que el de Remus. Sus hombros anchos se estrechaban al llegar a las caderas. Los músculos se adivinaban fuertes, sobre todo cuando movió los brazos para apartar una de las sartenes del fuego, pero sin llegar a marcarse nítidamente. Un suspiro abandonó sus labios.

—¿Tonks? —Charlie estaba enfrente de ella. Parpadeó, dándose cuenta de que se había quedado mirándole fijamente y enrojeciendo de vergüenza—. Decía que estaba cocinando algo de carne a la plancha y preparando un poco de fruta, pero no sé si Teddy necesita cenar algo diferente.

—Lo que comamos nosotros está bien —asintió Tonks con una sonrisa que, al igual que otras de ese día, se dio cuenta de que no era tan forzada como la gran mayoría de las de los últimos años—. ¿Verdad, Teddy?

—Yo como como los mayores —confirmó Teddy con alegría.

Ese había sido un empeño suyo. Harry la había apoyado desde el inicio, claro, lo que le había ayudado a pelear contra viento y marea con las dos abuelas, la natural y la adoptiva, que se empeñaban en cocinar platos diferentes para el pequeño cuando comía en sus casas. Percatándose de que las únicas ocasiones en las que ella había impuesto su criterio tenían que ver con su hijo, se prometió mentalmente que debía empezar a pensar un poco más en sí misma.

—¿En qué piensas? —preguntó Charlie con interés.

—En darte las gracias —musitó, acomodándose a Teddy en el otro brazo—. Gracias por todo. Por enseñarnos la reserva, por la paciencia con Teddy, por preparar la cena…

—No digas tonterías. Me gusta hacerlo. —Charlie sonrió, tendiendo los brazos hacia Teddy. Este se lanzó a ellos, encantado—. Vamos a hacer una cosa. Me dices qué ropa he de ponerle y yo lo visto mientras tú te duchas. Luego me ducharé yo y podemos cenar juntos. ¿Os parece?

—¡Sí, tío Charlie!

—Deberías pasar tú primero, al fin y al cabo, Teddy te ha…

—No importa —le interrumpió Charlie—. Me he aseado un poco, no te preocupes. Dúchate, yo vestiré a Teddy, ¿verdad?

—¿Seguro?

—Sí, salvo que prefieras que no lo haga.

Tonks asintió. Sacando un pijama para Teddy, le dejó en la habitación, saltando desnudo encima de la cama, confiando en que Charlie podría apañarse bien con el niño después de todo lo que había visto ese día. Se relajó bajo el agua caliente. Agradeció mentalmente por ese viaje. Era justo lo que necesitaba, aunque no lo había sabido hasta verse en él.

Sentía como si llevase años, desde el fatídico día en que Harry apareció, sucio y triste, en la puerta de casa para comunicarle la noticia, en continua tensión. Sorprendida, abrió los ojos. Era la primera vez que pensar en ese momento no le embargaba un dolor tan terrible que le impedía respirar. Dolía, sí. Su psicobruja le había dicho que, seguramente, dolería toda su vida, pero que tenía que aprender a manejar el dolor y situarlo adecuadamente en la escala de su vida.

En los últimos años, su felicidad había sido puntual. Momentos aislados en el tiempo, más frecuente en los últimos meses, casi todos ellos relacionados con Teddy. Lagunas de luz y color en un mar de grises y oscuridad. Días luminosos rodeados de la negrura de las noches en solitario, en una cama demasiado grande para ella, que sólo se sentía agradable cuando Teddy, desvelado por una pesadilla, aparecía en la puerta pidiendo dormir con ella.

Ahora se sentía, quizá no feliz, pero sí a gusto. No era tonta, sabía que estar en Rumanía había tenido mucho que ver en aquello. El tiempo también, y no podía quitarle mérito a los Weasley, que la habían acogido a ella y a Teddy como parte de su familia. Su madre había estado todo el tiempo para ella, pero su modo de ver la vida era más rígido que el suyo. Y estaban Harry y Draco, que habían sido puntales que la habían aupado en los peores momentos, siempre a través de Teddy.

Se mordió el labio, recordando aquel enamoramiento de adolescente que había tenido con Charlie en Hogwarts. Aquella desenvoltura que le había hecho fijarse en él todavía estaba ahí. Los años habían pasado, pero seguía teniendo ese magnetismo que había visto tantos años atrás en sus ojos y que hacía que, cuando la miraba, una oleada de calor le invadiese el abdomen.

También estaba cómo trataba a Teddy. Sentía debilidad hacia las escasas personas que se relacionaban con él con tanta naturalidad y tenían paciencia.

«Caerle bien a un niño es el mejor camino para llegar al corazón de una madre», había dicho en una ocasión su madre cuando había empezado a hablar en su casa de Draco y de lo agradable que le parecía el muchacho.

Su madre no había añadido nada más en ese momento, pero había invitado a Harry a comer pocas semanas después, extendiendo la invitación a su pareja, a pesar de que no había tratado con su hermana desde mucho tiempo antes de la guerra. Con el tiempo, aquello contribuyó a que ambas retomasen contacto.

Cuando salió de la ducha, ya vestida y secándose el pelo en una toalla, descubrió que Charlie y Teddy seguían en el dormitorio que Charlie había preparado para ellos. Teddy, ya con su pijama de dragones que Harry le había regalado despertando un mohín en Draco, que había resoplado con desdén ante lo que él había denominado una aberración contra el sentido de la estética, saltaba en la cama con entusiasmo. Charlie le sostenía de las manos, cerciorándose de que no se cayese. Sonrió desde la puerta.

—¡Mamá! —gritó Teddy excitado—. Tío Charlie me ha prometido que mañana podremos ver a las crías de dragones en la reserva. Me dejará darles de comer y acariciarlas, ¿verdad, tío Charlie?

—Verdad.

—¡Qué bien! —asintió Tonks, con la sensación de alegría que llevaba todo el día embargándola de nuevo—. Será genial.

—Voy a ducharme, ¿de acuerdo? Teddy, te voy a encargar una tarea muy importante.

—Claro, tío Charlie. —Teddy dejó de saltar al momento. Tonks arqueó las cejas, sorprendida ante lo bien que había reaccionado el niño que, cuando algo le gustaba, le costaba parar de hacerlo.

—En lo que yo me ducho, tenéis que poner la mesa para que cenemos juntos. Mamá te ayudará. —Teddy asintió, muy solemne ante el encargo—. Draco y Harry estarán al llegar, pero me han avisado diciendo que se ducharán y saldrán a cenar a un restaurante de Bucarest que conoce Draco.

Tonks asintió, cediéndole el paso en la puerta para que saliese. Teddy bajó de la cama, impaciente por cumplir el encargo de Charlie. Habían terminado de poner la mesa, tras investigar todos los armarios para ir encontrando las cosas, cuando Charlie entró en la cocina vestido con un pantalón deportivo corto, una camiseta holgada y el pelo húmedo.

—Vaya, parece que alguien ha cumplido genial su tarea —le felicitó Charlie, revolviéndole el pelo—. Tonks, ¿hay algún premio cuando ocurre esto?

—Puedo elegir postre el domingo —le informó Teddy, entusiasmado. Tonks confirmó, agradecida porque Charlie le hubiese preguntado en lugar de darlo por hecho.

—Eso está muy bien, porque mañana es domingo.

—¡Bien! —celebró Teddy—. Pero no sé qué puedo pedir.

—No te preocupes, cariño —le tranquilizó Tonks—. Mañana veremos qué opciones hay. Normalmente le damos un abanico en el que elegir para que le resulte más fácil —explicó a Charlie, que estaba sirviendo la cena en los platos.

—Me parece una buena idea —aprobó Charlie con una sonrisa, sentándose en la mesa—. Bueno, vamos a reponer fuerzas. He pensado que, como estaréis cansados y Teddy tendrá que acostarse temprano…

—Yo no quiero irme a la cama —protestó Teddy, que estaba comiendo varios pedazos de fruta con las manos mientras su madre le partía la carne.

—Tendrás que hacerlo si mañana quieres estar descansado para ver las crías de dragón —le advirtió su madre—. ¿Quieres partir tú este trozo?

—¡Sí!

—Continúa, Charlie, por favor —le animó Tonks, dándose cuenta de que le habían cortado, un poco azorada, pero este no pareció darle ninguna importancia, pues seguía sonriendo.

—Decía que hoy podemos ver una película en lugar de salir a hacer turismo. Os puedo mostrar Bucarest pasado mañana.

—Me parece una buena idea —aprobó Tonks.

—¿Una película? ¿Como las del cine? —preguntó Teddy emocionado.

—Draco y Harry lo llevan al cine a menudo —explicó Tonks—. No tenemos televisión en casa. Mi padre sí tenía una, pero mi madre no ha vuelto a utilizarla. Supongo que nuestro hogar es demasiado mágico.

—Esta casa es prácticamente muggle. Quitando la chimenea, que está conectada a la red flu, el resto es lo que podrías encontrar en cualquier piso no mágico. La televisión me hace mucha compañía —admitió Charlie.

—Yo agradezco mucho tener a Teddy —dijo Tonks, con una sonrisa comprensiva—. Me hace mucha compañía. Las noches que Harry y Draco le invitan a dormir a su casa suelen ser un remanso de paz… donde le echo de menos continuamente.

—¿Tú no tienes novio, tío Charlie? —preguntó Teddy, que estaba esforzándose en terminar de partir su carne. Su madre lo ayudó a poner las manos bien en el cuchillo, guiándolo.

—Lo cierto es que no tengo ni novio, ni novia. Tengo algunos amigos, pero los veo siempre en la reserva, trabajamos juntos. A veces salimos a tomar algo, pero poco más.

—Mamá tampoco tiene novio. Harry y Draco son novios, pero mamá estuvo con mi papá y luego él se murió —explicó Teddy con naturalidad.

—Debió ser difícil —constató Charlie con voz suave.

—Sobre todo al principio —asintió Tonks, resistiéndose a admitir que había pasado varios años en una profunda depresión—. Teddy, antes de hacer esas preguntas personales, hay que saber si la persona desea contestarlas.

—Pero el tío Charlie es mi amigo y el tío Draco dice que si somos amigos puedo preguntar cosas.

—Pero Charlie no es Draco —le señaló Tonks.

—Tío Charlie es mi amigo, ¿verdad, tío Charlie? —preguntó entusiasmado Teddy antes de meterse otro trozo en la boca.

—Sí, claro que lo somos, campeón. Puedes preguntar lo que quieras.

Tonks miró cómo le revolvía el pelo a Teddy en un gesto cariñoso y abierto. Apartó la mirada cuando Charlie se volvió hacia ella, todavía con esa resplandeciente sonrisa que le hacía sentir bien cada vez que se la veía. Se concentró en su plato unos segundos, comiendo, antes de levantar la cabeza, descubriendo que Charlie seguía mirándola sonriente, con las manos debajo de la barbilla.

—Lo cierto es que, aunque viva solo, a partir de ahora voy a echar de menos que haya alguien en casa conmigo. Nunca hubiera imaginado que fuera tan agradable cenar en compañía.