¡Hola a todos! Ha pasado tanto tiempo que prácticamente no recordaba cómo hacer esto... Jajajaja. Bueno. Traigo una pequeña historia (bueno, no tan pequeña) en la que he trabajado estos meses. Es un FLINX que espero sea de su agrado.

Para los ansiosos (y los que me conocen por otros fics jaajaja), traigo buenas noticias: ya terminé de escribir esta historia así que no habrá demoras en la actualización :) mi idea es subir un capítulo una vez por semana (o dos, si los lectores quieren jajaja). Por el momento, el día designado son los Lunes con posibilidad de cambio.

Espero que les guste. Yo me divertí mucho escribiéndola y pensándola. Les mando muchos saludos y espero que todos estén bien y a salvo.

Por cierto: Los capis no tienen título. Fui poniendo frases que se relacionan con lo que va pasando en ellos :)


Esta historia es para Isa:

porque siempre y en cualquier lugar, desde hace más de diez años, responde al llamado de mi comunicador,

por ser mi faro cuando me pierdo en mí misma

y enseñarme que el destino no se equivoca

aún cuando viene en forma de una desconocida que escribe con letra rosa en MSN.

(Especialmente en esas ocasiones).

Y que la única forma de avanzar es aprendiendo a reírnos de nosotros mismos

y reconciliarnos con nuestro talento.

Aceptando lo que fuimos para aprender a ser mejores.

Gracias por nunca soltarme la manito virtual.

"El Destino no hace visitas a domicilio, hay que salir a buscarlo"

Carlos Ruiz Zafón

1

"Te preguntaste

Si todo lo que hiciste

para ser feliz

No fue demasiada

infelicidad"

Mercedes Romero Russo

―Y esta es tu habitación.

Starfire abrió la puerta y tuve que entornar los ojos por la luz que invadía el lugar. Parpadeé varias veces hasta que recuperé la visión. Era una amplia recámara, con las paredes pintadas en un color neutro y claro, amplios ventanales con vista al mar y una cama de dos plazas cuyo cabezal estaba apoyado contra una pared lateral.

Fingí examinar todo durante unos minutos, como si realmente estuviera interesada en lo que estaba viendo, únicamente para no traicionar la expectante mirada de Starfire. Después de todo, era la que más intentaba integrarme a "mi nueva vida", ofreciéndome constantemente dar paseos por la ciudad o ir de compras al Centro Comercial. Realmente, aquella alienígena se estaba esmerando por ganarse mi cariño y hacerme sentir en casa.

―Me encanta ― Solté, regalándole una sonrisa fingida. Starfire me dirigió una mirada cargada de gratitud y de un saltó voló dando vueltas en la habitación hasta que me embistió apretujándome en sus brazos.

―¡Oh, amiga Jinx! ¡Me alegra tanto oír eso! ―Gritó, dejándome sorda por la proximidad de su boca con mi oreja. ―¡Mi cuarto está apenas a unos pasos y el de Raven está al fondo del pasillo! ¡Podemos hacer pijamadas y mirar películas y …! ―Se detuvo ante mis desesperados gestos para recuperar el aliento y me soltó. ―¡Lo siento! ¡Es que estoy tan emocionada!

Caí en cuatro patas sobre el suelo alfombrado y jadeé con esfuerzo intentando regularizar mi respiración. No sabía qué era más complicado, si asimilar todo lo que tener mi habitación en la Torre T significaba o intentar recuperar mi capacidad pulmonar.

Habían pasado tan solo cuatro meses desde la destrucción de la Hermandad del Mal. Cuatro meses en donde mi cabeza no me había dado tregua, yendo y viniendo de un lado a otro, haciendo que me preguntase si realmente había tomado la decisión indicada, si estaba haciendo lo que yo quería. De modo que ahí estaba yo, iniciándome en mi carrera como superheroína, queriendo ganarme a mis futuros compañeros de equipo.

KidFlash había sido mi ángel de la guarda en todo ese proceso. Se había ocupado de estar a mi lado en todo momento, de calmar mis dudas e incertidumbres y dar su voto de confianza sobre mi persona en cada reunión Titán a la que me había hecho asistir. Me había presentado a "mis futuros colegas" como le gustaba a él llamarlos y me había consolado ante las recelosas miradas que algunos me habían regalado. La tensión podía cortarse con un cuchillo cada vez que yo asistía a alguna reunión, pero yo prefería hacer de cuenta que no notaba eso. "Ya pasará, es hasta que te tengan confianza" me alentaba Kid cada vez que me acompañaba a casa…

Casa… Una palabra que tenía un significado ambiguo hasta aquel día. Había pasado los últimos cuatro meses vagando de Hostel en Hostel, ocupando autos abandonados o durmiendo en callejones. Parecía ser que para aquella Honorable Liga de Superhéroes adolescentes, el concederme una cama y un techo era demasiado riesgoso. Primero debían estudiarme, ver de qué era capaz, no fuera a ser que mi decisión de traicionar a mi equipo y a la máxima organización de villanos del mundo fuera en realidad un plan maestro para hacer un ataque sorpresa… Uf, ¿Cómo culparlos?. Una simple hechicera escuálida contra un malón de superhéroes, realmente era un potencial ataque mortal…

―Basta de cultivar rencores― Solía decirme Flash cuando yo disparaba estos ácidos comentarios mientras estaba a la espera de que un montón de adolescentes resolvieran mi futuro.― Dices eso porque no los conoces.

―Creo que el problema es precisamente lo contrario, Flash, nos conocemos demasiado ―Solía responderle yo, mientras ponía los ojos en blanco por enésima vez en el día. Entonces él chasqueaba la lengua y caminaba lentamente hacia mí, me daba la mano y hacía que volteé a verlo a los ojos, tomándome suavemente del mentón.

―No te conocen como yo te conozco ―Aseguraba él con una sonrisa que me estremecía todo el cuerpo. ―. Cuando vean lo que eres y de qué eres capaz, van a adorarte.

Y me daba un beso en la frente antes de despedirse. Yo nunca le replicaba, no porque estuviera de acuerdo, sino porque no tenía el coraje para hacerlo. Él había sido mi sostén en toda aquella transición. Jamás había soltado mi mano y había abogado por mí cada vez que había hecho falta. Hasta que un buen día, Robin consideró que era hora de darme el visto bueno y tras hacer que pasara algunas pruebas de obstáculos para demostrar mis poderes, decidieron darme un lugar en la Torre T del centro. "Al menos, por ahora" habían sido las palabras del petirrojo, mientras me dedicaba una mirada cargada de severidad. Nada más divertido que mudarte con un montón de gente que está esperando que la cagues para señalarte con el dedo acusador y decir "¡Lo sabía! ¡Sabía que seguías siendo malvada!".

Pero lo peor de todo no era eso, lo peor de todo era que probablemente toda esa gente tenía razón. Quizá yo sí era malvada, quizá había algo en mí que estaría por siempre roto y que jamás podría reparar. Una marca. Quizá era precisamente eso lo que había visto el Hermano Sangre en mí y por eso había decidido reclutarme para su Colmena. Un gen oscuro, una especie de ADN macabro que llevaba impreso en cada fibra de mi ser y del cual nunca podría escapar…

―¿Amiga Jinx, te encuentras bien? ―Las palabras de Starfire me devolvieron a aquel nuevo y extraño presente. Forcé una sonrisa que intenté que fuera convincente y asentí con la cabeza.

―Sí, sí, solo estaba… Intentando asimilar todo. ―Lamenté haber dicho esas palabras enseguida, pues la pelirroja contorsionó su rostro en una mueca de angustia.

―¿Qué quieres decir?

―Yo… ―Lo último que quería era tener que explicarle a mi nueva "amiga" todos mis dramas existenciales y otorgarle así suficientes motivos para que me calificaran de inestable y me echaran de una patada de ahí. ―Nada. Es que, jamás había tenido un cuarto tan grande. ―Mentí.

―¡Oh! ―Y pareció ser convincente, porque Starfire sonrió llevándose sus manos a la cara. ―¡No te preocupes! Pronto te acostumbrarás. En mi caso fue exactamente al revés, mi habitación en Tamarán era el triple de grande. Recuerdo que siempre pensaba que todo ese espacio no era necesario y entonces le dije a mi Kanorfka…

Me limité a asentir con la cabeza, haciendo de cuenta que la escuchaba y deseando que se diera cuenta que mi silencio era una invitación para que se retirase. Al cabo de unos minutos, pareció entenderlo ― tantos años viviendo con Raven con esa cara de pocos amigos no debían ser en vano ― porque tras terminar su monólogo y no obtener una respuesta verbal de mi parte, me dedicó una última sonrisa, volvió a recordarme dónde estaba su habitación y se retiró.

Di unos pasos hasta llegar al ventanal y observé la ciudad apagarse poco a poco. Parecía tan pequeña desde ahí, tan lejana y a la vez cercana. El océano interponiéndose entre la Torre T y Jump City me parecía una metáfora perfecta sobre mi vida. Ahí estaba yo: a un océano de ser normal, de tener una vida tranquila y simple. O más bien: a un océano de descubrir qué rayos quería hacer de mi vida. Para ser justos, la metáfora no se agotaba ahí, ya que si bien me sentía muy lejos de donde quería estar, también por primera vez en toda mi vida estaba parada en un terreno firme y calmo. En tierra firme, sin sobresaltos ni órdenes sinsentido por fin.

Mis años en la Colmena se veían tan lejanos como Jump City desde la Torre T. Aquella vida me parecía digna de un pasado de película, casi como si fuera el de otra persona completamente desconocida. Me sentía como si estuviera despertando de un coma y aquella vista fuera lo primero que veía en años. Y sin embargo, la sensación de no sentirme completamente segura y a gusto con mis elecciones seguía pesando en mis espaldas.

¿Para qué me había esforzado tanto? ¿Por qué había puesto mi futuro en manos de quienes hasta hacía menos de un año eran mis enemigos? ¿Por qué confiaba ciegamente en aquellas personas, si después de todo ni siquiera las conocía? ¿El hecho de que estuvieran catalogados socialmente como "Los buenos" era motivo suficiente para confiar? "Bueno, Jinx", me dije a mí misma, "te hiciste menos preguntas para confiar en los malos y no te fue muy bien con ellos, ¿verdad?"

Pero por más obvias que parecieran las respuestas, había algo dentro de mí que me seguía haciendo sentir incómoda. Estaba ahí, en mi habitación, con un equipo asignado, en un lugar donde todos eran amables conmigo, donde no había control mental, ni presiones, ni orden de mérito, ni asquerosas mujeres francesas dudando de mi potencial y sin embargo…

―¿Jinx?

Quizá el hecho de que la gente no dejara de querer hablar conmigo era la razón por la que no terminaba de sentirme cómoda.

―¿Sí? ―Contesté sin abrir la puerta, intentando averiguar si el motivo de la visita era suficiente como para interrumpir mi soledad.

―¿Puedo pasar? ―Supongo que negarle a mi nuevo líder que entrara a mi habitación no iba a ser una primera buena impresión.

―Claro.

Robin repasó la habitación con la mirada y tras encontrarse con la mía, me dedicó una sonrisa de lado. Yo le devolví una sonrisa incómoda y lo saludé con un vacilante gesto de la mano. Sin pedir permiso, dio unos pasos hasta llegar a mi altura y contempló la ciudad unos instantes.

―Es una hermosa vista. ―Comentó.

Tuve que reprimir el impulso de preguntarle si realmente hacía falta violar mi espacio personal para decirme algo que era obvio, pero de nuevo, una vocecita dentro mío ― que sonaba muy parecida a la de KidFlash ― me dijo que eso no era lo correcto.

―Sí que lo es. ―Dije como para decir algo que acelerara la revelación del motivo de su visita.

Robin, como si leyera mi mente, se volvió hacia mí y comenzó a buscar algo en su bolsillo. Finalmente, sacó un pequeño objeto en forma de círculo amarillo con una T blanca en el centro.

― Sólo quería darte esto ―Dijo entregándomelo. Lo tomé dubitativamente, con la mano temblorosa. ―. Es un comunicador. Ahora eres uno de nosotros, eres parte del equipo.

No sabía qué decir. Supuse que un "Wow, no sé qué decir porque entraste cuando estaba en medio de una crisis existencial" no eran palabras muy adecuadas así que fui por algo más confiable:

―Gracias ― Y fingí una sonrisa. Tuve la impresión de que Robin se dió cuenta de mi incomodidad, pero decidió no presionarme.

―No quiero molestarte más, así que me voy. ―Anunció, avanzando hasta la puerta. ―Ah, por cierto. Tengo la corazonada de que no eres exactamente una fanática de las sorpresas…

―¿Cómo adivinaste? ―Inquirí irónicamente, haciendo que él suelte una carcajada.

―Pareces ser una persona que necesita tener un poco de paz y control de su vida ahora mismo ―Disparó Robin. Sentí como el rubor subía a mis mejillas por sentirme descubierta tan fácilmente. ―, Kidflash me comentó que has pasado por mucho estos meses y sobre todo estando en La Colmena.

Y entonces la vergüenza se convirtió en un impulso asesino.

―Por eso mismo quería advertirte que Starfire te preparó una fiesta sorpresa de bienvenida ―Finalizó él. ―. Por favor, no le digas que te lo conté, me mataría.

―Pierde cuidado ―Respondí, quitándole importancia e intentando que no se notara los escenarios de tortura que estaba pensando para KidFlash. Robin me dedicó una última sonrisa y desapareció tras la puerta, dejándome sola nuevamente.

―No entiendo porqué estás tan enojada, Jinx ―Bufaba KidFlash mientras sostenía dos vasos descartables llenos de cerveza. El rubor de sus mejillas indicaba que estaba muerto de frío, probablemente porque estábamos parados en la costa de la isla en medio de una dura noche de invierno.

Le dediqué una mirada cargada de desdén y no dije nada. Él avanzó lo más lento que pudo, saltando las piedras hasta llegar a la que yo estaba y se sentó a mi lado. Me tendió el vaso que recibí por absoluta inercia y se dedicó a observarme por unos minutos.


―Vamos, Jinx, háblame.

Puse los ojos en blanco.

―Por favor.

Di otro sorbo de cerveza.

―No me iré de aquí hasta que me digas qué te pasa.

"Pues entonces ponte cómodo, porque no pienso hablar" pensé. No pude evitar reírme para mis adentros ante la inocencia de KidFlash, creyendo que su insistencia podría torcer mi orgullo. Poco sabía él de mis enojos en la guarida que había compartido con Los Cinco del Mal. Había veces que me enojaba tanto con alguno de ellos que pasaba semanas enteras sin emitir sonido hasta que terminaban pidiéndome perdón de rodillas. Mis disculpas favoritas eran las de SeeMore, a quien hacía sentir tan miserable que terminaba trayéndome miles de obsequios ante los cuales yo fingía un desinterés olímpico hasta que rompía en llanto y me juraba y prejuraba que jamás volvería a hacerme enojar y que por favor volviera a hablarle. De modo que aquel héroe pelirrojo estaba lejos de obtener algún sonido de mi boca si creía que con un vasito de alcohol y unas pocas palabras tontas iba a ceder.

―¿Dije algo que te molestaba? ―Atinó Kid. "Sí, básicamente le contaste a mi nuevo líder mi biografía no autorizada, imbécil". ―¿Fue porque abracé a Bumblebee?

Tuve que contener las ganas de arrojarle un rayo que le partiera la cara. ¿Acaso había insinuado que yo estaba celosa? Lo que más me había molestado de aquella pregunta era que no tenía contexto alguno. No sólo porque yo no dudaba de que entre ellos dos no había ningún tipo de interés romántico sino que entre nosotros tampoco había ningún tipo de relación de ese tinte. O al menos, no oficializada.

A menos que para KidFlash un noviazgo significara verse hasta altas horas de la noche, hablando de la vida acostados en una cama de un Hostel de mala muerte, mientras mirábamos el techo. O quizá, el roce intermitente e inocente de nuestros dedos cuando íbamos a alguna reunión Titán. Tal vez para Flash tomarnos de la mano bajo la mesa era suficiente para decir que éramos novios o que teníamos alguna relación romántica o creía que tenía derecho a pensar algo así tras comprobar que yo aún guardaba la rosa que me había regalado cuando nos conocimos, justo en el primer cajón de mi mesa de luz de todos los Hostels que había habitado…

Mentiría si dijera que todo aquello no me hacía temblar, haciendo que me estremeciera de pies a cabeza a la par que se formaba un nudo en mi estómago. Pero no era suficiente para decir que éramos novios o que teníamos una relación, al menos no para mí. No sabía decir qué quería que fuéramos ni si quería que fuéramos algo. Simplemente sabía que todo eso me hacía bien y con eso me alcanzaba, al menos en ese momento de mi vida en donde todo era demasiado confuso como para sumarle pretensiones románticas.

―Por favor, Jinx, háblame. ―Continuó suplicando KidFlash, acercándose un poco a mí. Yo permanecí inmóvil, con la vista clavada en el fulgor de la ciudad, admirando el contraste que hacía con la noche nublada que estábamos teniendo. ―¿Qué hice?

Di otro sorbo de cerveza y la terminé, así que decidí ponerme de pie y entrar a la Torre donde le sería más difícil seguirme y buscar conversar conmigo. Pero cuando me disponía a irme, KidFlash me retuvo tomándome de la mano.

―Jinx, por favor, háblame. Si no me dices que hice, entonces no podremos solucionarlo.

―¿Podremos?

Me odié por romper con mi ley del hielo. Me odié el doble por ver su sonrisa de alivio tras escuchar mi voz. Y me odié el triple tras sentir el nudo en el estómago que siempre me aparecía cada vez que él me miraba a los ojos.

Me solté del agarre de su mano con un ademán brusco y me paré cruzada de brazos frente a él.

―¿Cómo que podremos? Esto no es algo que "tenemos" que solucionar ―Repliqué tajante haciendo comillas con los dedos. ―. Yo soy la que está enojada contigo, tú debes averiguar qué me pasa.

―Es algo de los dos, Jinx, porque tenemos una relación.

―No tenemos ninguna relación.

―Claro que la tenemos, somos amigos. ―Sentenció él y aquella palabra me dolió más que cualquiera de los castigos del Hermano Sangre cuando no llegaba a hacer todo con la eficiencia que él me pedía. ― Eso es un vínculo, es una relación. Te quiero, me importas y por eso quiero saber qué hice mal para que te enojes conmigo.

No sabía si me sentía dolida porque ahora sabía cuál era el nexo que nos unía, imbécil por haber pensado que todo eso significaba algo más o enojada porque KidFlash tenía razón. Cuando pasas toda una vida vinculándote con gente nefasta, olvidas que hablar de los problemas es la forma más rápida de llegar a una solución.

―No tenías porqué decirle a Robin nada de lo que te he contado. ―Lo dije rápido y de un tirón, como quien quita una curita de una lastimadura.

―Pero si yo no le…

―Él me lo dijo, Flash ―Lo corté antes de que pudiera defenderse. ―. Mira. Acabas de decir que somos amigos. Bueno, yo no sé mucho de amistad o vínculos sanos, pero los amigos no cuentan las intimidades de sus amigos a otras personas.

―Pero Robin es tu amigo, puedes confiar en él.

―No. Robin es TU amigo―Le espeté. KidFlash me observó confundido. Di un hondo suspiro y cerré los ojos un instante, intentando buscar palabras amables para decir lo que quería sin ser una perra hiriente con la única persona que había sido amable conmigo en toda mi vida. ―Mira, Flash… Todo esto ―señalé la Torre con un gesto de la mano. ―es… nuevo para mí. Yo… Todavía estoy tratando de definir cómo me siento con esto y qué quiero…

―¿A qué te refieres con qué quieres? ¡Esto es lo que quieres! ¡Ser un héroe!―Exclamó KidFlash un tanto irritado por lo obvio que le resultaba todo. Lo frené con un ademán de la mano. Realmente esto de no ser una perra sin corazón era más complicado de lo que creía, una interrupción más de su parte y me volvería de patitas a La Colmena.

―Acordamos que ibas a escucharme. ―Aclaré con toda la calma de la que fui capaz. KidFlash abrió la boca para replicar pero en vez de eso balbuceó un apenas audible "perdón", gesto que interpreté como que tenía permiso para seguir hablando. ―Esto es lo que quiero por ahora. O eso creo. No lo sé, Flash, las cosas están bastante confusas ahora mismo. Recién estoy aterrizando y viendo cómo me siento. Y la verdad es que lo último que quiero es que mi vida personal sea el lleva y trae de mis compañeros…

―No es el lleva y trae de…

―Flash, estoy tratando de ser paciente y amable en esta nueva etapa de mi vida, pero te juro por lo que más quieras que si vuelves a interrumpirme para contarme cómo me siento, vas a lamentarlo. ―Amenacé, dirigiéndole una mirada asesina. KidFlash asintió y guardó silencio. ― Que Robin sepa algo que yo no le conté es el equivalente para mí a que mi vida personal sea un lleva y trae. Porque yo no se lo conté a Robin, te lo conté a ti.

―Entiendo.

―Y saber que le andas contando a gente que no es mi amiga y que aún no confía en mí cosas que yo te cuento no me hace ninguna gracia.―Kid abrió la boca para contradecirme pero desistió tras recibir otra mirada asesina de mi parte. ― Y no me interesa si lo hiciste para cuidarme. Yo no necesito que me cuides ni que me salves, Kid. Nunca necesité que nadie hiciera esas cosas por mí.

Nos miramos un momento sin decir nada. Solamente podía escucharse el insistente choque de las olas contra las rocas de la isla y el apagado sonido de la música de la fiesta que se estaba llevando a cabo en la Torre T.

―¿Terminaste? ―Preguntó KidFlash después de un momento. Asentí con un gesto de la cabeza. ―Bien. Primero que nada, yo no ando divulgando lo que me cuentas. Te he protegido muchísimo y he hablado bien de ti todas las veces que fue necesario.

―Pues no necesito que hables bien de mí ―Le espeté entre dientes. ―. Si alguno de ellos quiere saber algo, bien puede venir a preguntármelo.

―¿Cómo se supone que van a preguntarte si hasta hace dos minutos eras su enemiga?

―Pues si eso es suficiente motivo como para no poder siquiera entablar una conversación conmigo, entonces no sé qué mierda estoy haciendo aquí. ―Le solté, completamente fuera de mí.

―No lo entiendes… ―Replicó él, desviando la mirada unos momentos. Pero yo ya había abandonado la poca decencia que llevaba cultivada y estaba lista para contraatacar con toda mi artillería.

―Claro que no lo entiendo ―Dije cínicamente. ―, si al final de cuentas no soy más que una tonta damisela en apuros, una villana confundida e ingenua que no tiene ni idea de qué es la vida.

―No es eso…

―¡Y por eso necesito mi príncipe azul que venga a rescatarme! No, perdona ―Me interrumpí regalándole la más irónica de mis sonrisas.― mi amigo que venga a rescatarme ―Enfaticé la palabra "amigo", porque ya ni me importaba disimular mi dolor, porque estaba bastante segura de que había calificado nuestro vínculo así para herirme. ― y a explicarme cómo es la vida. ¡Oh, Kid, gracias! ¡Gracias por ser mi salvador!

―Por favor, Jinx, para…

―Gracias por venir a decirme qué tengo que hacer y cómo hago todo mal, realmente es algo que nadie nunca había hecho en mi vida.

―¡Basta!

Frené en seco y lo miré. Su reacción me había tomado completamente por sorpresa, probablemente porque estaba muy acostumbrada a salirme con la mía a partir de mi cinismo e ironías. La rabia de sus ojos me recordó el abismo que existía cuando nos habíamos conocido. Era la misma rabia con la que los Titanes me veían cada vez que nos habíamos enfrentado estando en bandos contrarios y que yo sentía aún latente en sus rostros, por mucho que me dijeran que confiaban en mí.

Kid respiraba entrecortadamente, intentando calmar su enojo. Tenía los puños apretados y no despegaba su mirada de la mía. Su cara se había contorsionado en una expresión que jamás le había visto, completamente encolerizado y fuera de sí.

Supe que no tenía que intentar nada si no quería que las cosas se pusieran aún peor de lo que estaban e intenté imitar a Kid y calmarme yo también. Relajé mis facciones y me crucé de brazos, expectante de que decidiera retomar el diálogo mientras mi fuero interno me recordaba que las buenas personas no solucionaban sus problemas sentimentales gritándose cosas horribles e hirientes y si yo quería cambiar, tenía que cambiar eso también. Aunque no tuviera ni la más pálida idea de cómo solucionar un problema sentimental y siguiera pareciéndome mejor idea el ser cínica e hiriente.

En el fondo yo sabía que aquellas contestaciones no me llevaban a ningún lado. El Hermano Sangre y Madame Rouge habían dejado eso en claro, con sus sistemáticos maltratos físicos ante mis berrinches. Pero era también la única forma que tenía de defenderme sin recurrir a la violencia física y proteger un poco mi orgullo. Había vivido por años con un grupo de chicos cuya idea de una buena comunicación era tirarse un pedo en mi cara, demasiado entera había salido de ahí, eso tenía que reconocérmelo. Y si bien nos había costado muchísimo lograr ser algo parecido a un equipo y lograr una comunicación mínimamente clara, lo único que me había protegido de no perder la cabeza en el proceso era mi carácter de mierda.

Los minutos fueron pasando y con ellos, la cólera en los ojos de KidFlash. Eso me alivió, porque por un momento temí haberla cagado tanto que él no fuera a mirarme con su característica ternura nunca más en mi vida. Esbocé algo parecido a una sonrisa y él pareció notarlo, porque me devolvió el gesto.

―No me gusta que peleemos. ―Dijo él finalmente.

―A mí tampoco. ―Admití. Seguía pensando que tenía razón en estar enojada por haberme enterado de que andaba divulgando los detalles de mi tormentoso pasado, pero no podía negar que KidFlash era el único de todos ellos en los que confiaba. Al menos hasta el momento. Y perder eso no iba a beneficiarme en nada.

―No quise… ―Él también relajó sus facciones y dejó de apretar los puños. ―No quise hacerte sentir mal, Jinx. Yo simplemente quería protegerte…

―¿De qué? ¿De sus prejuicios? ―Solté con más honestidad que ironía. KidFlash quiso negar, pero su mirada confirmaba lo que yo acababa de decir. Solté una risita. ―No hay nada que puedas hacer para ir contra eso, Kid. Y tampoco puedes culparlos porque yo también tengo los míos respecto a ellos.

Ni yo sabía de dónde había sacado tanta sabiduría.

―¿A qué te refieres? ―Kid parecía completamente desorientado, como si le hubiera hablado en otro idioma. ―¿Qué clase de prejuicios tienes?

Puse los ojos en blanco.

―¿Qué? ¿No puedo tenerlos porque ustedes son los buenos y yo la ex villana? ―Su ingenuidad me resultaba sumamente divertida. KidFlash vaciló antes de responder, tomándose su tiempo para pensar y yo solté una sonora carcajada que lo descolocó por completo. ― ¿Me estás tomando el pelo?

―No, no, solo que… No sé, me cuesta pensar que puedas tener algún prejuicio de personas que se dedican a hacer el bien. Solo eso. ―Respondió el pelirrojo a una velocidad muy digna de su superpoder.

―¿Se dedican a hacer el bien? ―Repetí. ―¿Estás hablando de la misma gente que estuvo cuatro meses decidiendo si yo era lo suficientemente buena persona como para sumarme a sus filas o no, después de que los ayudé a combatir a la máxima organización de villanos del mundo? ¿La misma gente que durante todo ese tiempo estuvo sin cuidado sobre dónde estaba durmiendo, sobre si estaba comiendo bien o estaba siquiera, viva y sana y salva?

KidFlash se había quedado sin palabras y mi divertimento se convirtió en una increíble satisfacción. ¿Quién iba a decir que hablando sin herir y valiéndome de buenos argumentos iba a sentirme tan bien? Si ser buena persona consistía en ganar discusiones, iba a acostumbrarme rápido.

―Ellos pensaban que estabas bien…

―Pero jamás se molestaron en chequearlo. ―Contraataqué. ―Pensar que algo es cierto no convierte eso en una realidad. Yo por ejemplo, ahora pienso que este vaso está lleno de cerveza y no por eso lo está. ―Indiqué agitando mi vaso completamente vacío.

―Tienes razón. ―Concedió él. ―Y entiendo que te sientas herida, pero no puedes culparlos, después de todo ellos…

―¿Tenían sus prejuicios sobre mí porque era una villana? ―Aquello era realmente divertido. No sabía si me causaba más placer el saber que tenía razón y que podía expresarlo en un tono de voz completamente neutral o el desasosiego en la cara de KidFlash cada vez que eso ocurría. Se veía tan lindo, con sus azules ojos llenos de confusión y su boca apenas abierta, mientras se revolvía el pelirrojo cabello con la mano. Esbocé una sonrisa cargada de satisfacción. ―Cuando cambias la forma de ver las cosas, las cosas cambian de forma.

―Supongo que tienes razón…―Concedió él haciendo una pausa y mirándome a los ojos. Sentí de nuevo aquel rubor en mis mejillas y como se me hacía un nudo en el estómago, pero no iba a doblegarme ahora que había conseguido que me diera la razón, de modo que me llevé el vaso vacío a los labios para ocultar mi rostro por un instante. ―Yo… Lo siento, Jinx. De verdad. Solamente quería… Quería que todo estuviera bien.

Bajé el vaso para reencontrarme con su mirada. Ya no estaba mirándome, sino que tenía la vista clavada en sus pies y una expresión completamente avergonzada. Era lo más parecido a un cachorrito triste que había visto jamás, de modo que no pude reprimir el impulso de romper la distancia que se había montado entre nosotros acercándome a él. No supe bien porqué, pero lo primero que me salió fue hacerle una caricia en el rostro, subiendo con mi mano hasta el cabello para revolvérselo un poco.

Realmente esperaba que con la membresía del cambio de bando viniera una que me mandara a terapia psicológica.

―Conmigo las cosas nunca están bien. ―Fue lo único que pude decirle en ese momento, a modo de consuelo. ―Y eso no va a cambiar, hagas lo que hagas.

―Jinx...―Dijo él tomando mi mano que seguía en su rostro y volviéndose para encontrarse con mi mirada.

Quité mi mano de su cara como si acabara de recibir una descarga eléctrica, pero él seguía sosteniéndola y mirándome fijamente. Permanecimos así por unos instantes, sin decir nada, hasta que la llovizna empezó a convertirse en lluvia.

―Deberíamos entrar. ―Dije en un susurro, bajando mi rostro para intentar ocultar inútilmente mi sonrojo. "Somos amigos" me repetí, reproduciendo sus propias palabras para no ilusionarme. "Tienes que lidiar con un drama emocional a la vez, Jinx, sino vas a terminar volviéndote loca".

KidFlash asintió con la cabeza y nos dirigimos hacia la Torre, aún tomados de la mano, con nuestros dedos entrelazados.


―¡Agachate, Jinx!

Un manto negro me cubrió por completo justo a tiempo para evitar que un rayo impactara en medio de mi cara. Aún así, un escalofrío recorrió mi cuerpo, porque no importaba cuantas veces Raven me salvase con sus poderes, yo no lograba acostumbrarme a su espeluznante energía. El campo de fuerza desapareció dejando al descubierto al Doctor Luz que me miraba entre enojado y confundido.

―Con los traidores no hay que tener ninguna clase de concesión. ―Exclamó él dedicándome una mirada cargada de desdén. Corté su discurso en seco arrojándole un rayo directamente a la cara. Por alguna razón, desde que pensaba que todos mis objetivos tenían la cara de Gizmo, mi puntería había mejorado increíblemente.

El decrépito Dr Luz cayó de espaldas al suelo, haciendo un gran estruendo. "Ojalá se rompa la cabeza y no pueda volver a molestar nunca más" pensé. "No, Jinx, las buenas personas no le desean a otras personas que se rompan la cabeza", me reproché automáticamente.

Raven envolvió el cuerpo del Doctor Luz con sus poderes al tiempo en que una patrulla de policías llegaba a la escena. Me dispuse a acercarme a ella para agradecerle por salvar mi vida, cuando un disparo pasó rozándome el rostro. Completamente incrédula, alcancé a hacer un salto hacia atrás justo a tiempo para esquivar otro.

―¡Alto! ¡Está de nuestro lado! ―Robin apareció de la nada, interponiéndose entre mí y la policía, que eran quienes habían abierto el fuego contra mi persona. El petirrojo extendió sus brazos, dándome la espalda para mirar de frente a los oficiales. ―¡Ella ya no es una villana!

Los policías bajaron las armas recelosamente y me dedicaron miradas cargadas de desconfianza. Yo les devolví el gesto poniendo los ojos en blanco, mientras Robin ayudaba a esposar al Doctor Luz y a meterlo en la patrulla.

―¿Estás bien? ―La monótona voz de Raven a mis espaldas hizo que me sobresaltara.

―Claro ―Respondí sin ocultar mi ironía. ―. Cada día mejor. Quizá mañana sea mi día de suerte y me revienten la cabeza de un tiro.

Raven sonrió de lado y no dijo nada. Realmente no habíamos forjado demasiada relación en esos últimos tres meses, al menos no en base a largas conversaciones nocturnas en donde nos contábamos nuestros más íntimos secretos, pero era la única del equipo que entendía mi sarcasmo y eso para mí era aún más valioso. Además la tipa era mitad demonio. Si había alguien con quien tenía que llevarme bien era con ella. Yo era una ex villana que había cometido muchos errores en su vida, pero no era ninguna estúpida. O al menos estaba esmerándome por dejar de serlo.

―Ya hablé con el oficial superior y hoy mismo llamaré al alcalde para que esto no vuelva a pasar, Jinx. ―Anunció Robin apareciendo a mi lado.

―Qué lástima, ya me estaba acostumbrando a este juego del tiro al blanco humano. ―Ironicé. Robin me dedicó una sonrisa de lado y se fue a repartir órdenes al resto del equipo.

No podía decir que en esos tres meses de ser una Titán había desterrado todos y cada uno de mis prejuicios, pero al menos habíamos logrado llevarnos bien. Todos me daban mi espacio ―excepto Starfire, quien cedía únicamente cuando Robin se lo pedía ― y manteníamos un diálogo con un mínimo de cordialidad. Menos con Cyborg, que parecía ver un fantasma cada vez que nos cruzábamos en los pasillos de la Torre. A veces me provocaba decirle que tenía que superar lo que habíamos tenido cuando se había infiltrado en La Colmena, que para mí eso era historia pasada y que no iba a hacerle ninguna escenita, pero decirle eso me habría privado de disfrutar de su expresión de desconcierto.

Quizá por eso también había optado por ocultarle mi noviazgo con KidFlash, aunque sinceramente, si no se había dado cuenta hasta ese momento, entonces más que Cyborg debía cambiarse el nombre a "Imbécil". La verdad era que si no habíamos blanqueado, era simplemente por una cuestión de respeto al resto del equipo. Después de todo, era mejor fingir demencia que decirle a Chico Bestia que esos ruidos que escuchaba por la noche éramos nosotros en mi cama. Aunque tampoco nos esmerábamos para ser los maestros del disimulo. KidFlash venía a cenar cuatro veces por semana a la Torre y siempre se quedaba hasta altas horas de la noche mirando películas hasta que todos se quedaban dormidos y entonces se escabullía a mi habitación…

Ese era el tipo de cosas que me hacían pensar que esos chicos no eran tan buenos. Dentro de todos los monólogos no solicitados que Starfire me había hecho, me había contado de todo lo que le había costado que Robin accediera a que tuvieran una relación y como prácticamente tuvo que poner en riesgo su vida para que el chico se avispe. De más está decir que la excusita de "Somos héroes y tenemos responsabilidades" me parecía de las más paupérrimas que había oído en mi vida, ni Mamooth se había atrevido a tanto cuando se excusaba ante el Hermano Sangre porque había olvidado hacer sus deberes. Y eso que tenía unas excusas que hacían Chico Bestia pareciera inteligente.

Toda la parsimonia y moralina que celebraban y reinvidicaban con la máscara de "somos héroes" me daba náuseas. El hecho de que nadie tomara alcohol más que en alguna celebración, que todos se durmieran temprano y se despertaran apenas salía el sol, entre otras cosas, me parecía vomitivo. A veces me preguntaba si además de superhéroes eran alguna especie de secta Amish y entonces me quería morir porque pensaba "carajo, Jinx, sales de una secta satánica y te metes en una aburridísima." y la verdad que entre morir por un ataque letal del Hermano Sangre a morir de aburrimiento, estaba difícil decidir.

Pero lo que más rabia me daba era que todo eso no era más que una máscara. En el fondo, ellos eran adolescentes y, por lo tanto, humanos (o semihumanos o alienígenas con comportamientos humanos). No estaban del todo felices con esa estructura del "Deber Ser" que tanto sostenían, pero ninguno de ellos se animaba a admitirlo, a sincerarse, a reconocer que ese formalismo de cartón había sido bueno al principio pero no podía ser sacramental y estático.

―Perdona, es que Chico Bestia me encontró en el pasillo y para distraerlo tuve que hablarle del último videojuego de Los Gorilas Macristas. ―Dijo KidFlash al entrar en mi habitación aquella noche. Puse los ojos en blanco. En un parpadeo KidFlash llegó hasta mí. ― ¿Qué pasa? ¿Me extrañaste? ―Inquirió seductoramente mientras me robaba un beso.

Le dediqué una pequeña sonrisa y volví a mi expresión de hartazgo.

―Hoy volvieron a dispararme.

―¿Qué? ¿Cómo puede ser? ¿Estás bien?

―No.

―¿Cómo que no? ¿Te hirieron? ―KidFlash tomó mi rostro entre sus manos en búsqueda de heridas o cicatrices. Me salí de su agarre y negué con la cabeza.

―Estoy mal porque la policía disparándome por confundirme con una villana es lo más emocionante que me ha pasado desde que estoy aquí. ―Respondí con la mirada clavada en el techo.

―Gracias por lo que me queda ― Me espetó Kid imitándome, acostándose a mi lado. Esbocé una sonrisa malévola.

―Bueno, la noche del Martes también fue bastante emocionante. ―Concedí, para endulzarle un poco el ego. Kid sonrió y me dio un fugaz beso. ―Pero sabes a qué me refiero. Siento que estoy viviendo en un campamento Amish.

―¿Cómo puedes decir eso? ¿Acaso combatir el crimen, arriesgar tu vida, no te despierta ninguna emoción? ―Inquirió él mientras buscaba mi mano para tomarla.

―Sí, claro. Todo eso me hace sentir adrenalina pero… No puedo evitar sentir que eso no es vida, Wally.

―¿No es vida? ―Repitió él, incorporándose para verme a la cara con una ceja alzada. ―No te entiendo Jinx. ¿Estar en La Colmena, siendo víctima de vejaciones y de control mental era vida entonces?

Se puso de pie y comenzó a caminar de un lado a otro lo más lento que le permitían sus poderes. Me incorporé en la cama para sentarme a verlo.

―Yo jamás dije eso ―Me defendí. ―Solo digo que estar aquí, haciendo todos los días lo mismo y simulando ser unos mojigatos mientras cogemos a escondidas no es precisamente mi idea de diversión.

―¿Y cuál es tu idea de diversión entonces? ¿Robar bancos? ¿Lastimar gente inocente? ¿Vivir en un departamento mugriento con un montón de tarados de higiene cuestionable?

―Al menos ahí no tenía que esconderme para coger tranquila. ―Le espeté, cínicamente, esbozando una sonrisa.―Vamos, Wally. No estoy diciendo nada malo, pero tienes que reconocer que los Titanes son un poco… Aburridos. Nada más.

―¿Aburridos, dices? ―Repitió él, sin mirarme. ―¿Te parece aburrido diseñar planes para prevenir amenazas, arriesgar nuestra vida para salvar otras, entrenar día a día para mejorar?

―¿Por qué te cuesta tanto reconocer que ser héroes no es precisamente una fiesta, Wally? ―Inquirí en un tono que sonó más agresivo de lo que quería.― ¿Qué? ¿Acaso soy yo la única que tenía juntas horrendas y cuestionables? ¿Ustedes son todo lo bueno nada más porque son héroes?

Pero Flash parecía no oírme. Seguía ensimismado, caminando de un extremo a otro.

―Es que no te entiendo, Jinx, realmente no te entiendo. ―KidFlash lanzó un hondo bufido y no se molestó en disimular la frustración. ―Dices que no quieres estar más en la Colmena, que estás harta de tu vida y decides cambiar de bando. Primero te quejas de que nadie confía en ti, me cortas en seco para que no pueda abogar por ti, te doy tu espacio, dejo que te adaptes, jamás te pregunto sobre tu convivencia con los demás y ahora que parece que estás más o menos adaptada, ¿me dices que quieres volver a tu antigua vida?

―¿Qué rayos estás diciendo, Wally? ―Le solté.

―¡Pues podría preguntarte exactamente lo mismo, Jinx! ¿Qué rayos estás diciendo?

Chasqueé la lengua y puse los ojos en blanco. Respiré hondo y conté hasta diez. Quizá por eso Raven se la pasaba en silencio la mayoría del rato, en el fondo estaba contando hasta un millón para evitar matar a sus compañeros por ser tan imbéciles, porque si yo creía que tenía un gen maligno en la sangre, los héroes masculinos debían tener el de la imbecilidad.

―Yo no he dicho nada, Wally. Tú pusiste palabras en mi boca que yo jamás solté, de la misma manera que pusiste intenciones en mi cabeza que yo jamás tuve. ―Respondí fulminándonolo con la mirada.

―¿Yo puse intenciones en tu cabeza? ―Se notaba que llevábamos un tiempo siendo pareja, porque Wally había desarrollado un increíble sarcasmo. ―¿Por eso viniste conmigo? ¿Porque soy como el Hermano Sangre, que te controla mentalmente? ¡Quizá por eso estás aburrida, porque extrañas sentirte como la mierda!

Esta vez era yo la que se había quedado sin palabras y no precisamente porque no supiera qué responder. Aquello había sido demasiado y me había herido en lo más hondo. De todas las personas que conocía, Wally era la única que sabía todo lo que yo había sufrido en la Colmena. Era testigo de los temblores que seguía teniendo mientras dormía, fruto de las pesadillas recurrentes en las que revivía mi pasado en ese lugar del demonio. Wally era el único que me había visto llorar de miedo cuando algún recuerdo me atravesaba. Sabía perfectamente de las secuelas que habían dejado los años de control mental del Hermano Sangre en mí y cómo a veces hacían que dudara sobre qué era real y que no.

No supe si Wally se había dado cuenta que la había cagado o simplemente leyó el semblante de asesina serial que le estaba dedicando en ese momento, pero su cara se transformó en una mueca llena de angustia y arrepentimiento de un segundo a otro.

―Lo siento, Jinx, yo solo...

―Tú sólo tienes que irte.―Lo corté antes de que pudiera terminar, más que nada porque las lágrimas amenazaban con brotar de mis ojos en cualquier momento y no quería darle el gusto de verme llorar. Wally abrió la boca para intentar replicar, pero negué con un gesto de la cabeza y alcé la mano para señalarle la puerta. ―Vete.

Él vaciló unos momentos y se arrastró lentamente hacia la puerta, cumpliendo mis órdenes y dejándome sola.

¿Qué carajo pretendía, después de todo? En el fondo sabía que tenía razón: Éramos diferentes. El océano que sentía que nos separaba la primera noche que había estado en la Torre T seguía estando ahí, presente. Wally no me entendía, él podía ser feliz en esa vida monótona de lucha contra el crimen, dedicándose enteramente a la sociedad… La misma sociedad que me aniquilaría si pudiese, porque alguna vez había estado del lado de los villanos. Más vueltas le daba y menos lógica me parecía que tenía todo. Nosotros teníamos que dejar la vida por esa gente que ni siquiera conocíamos pero esa gente podía levantar su dedo acusador cuando quisiera, podía decidir no perdonarnos nunca y lapidarnos todas las veces que fuera necesario por haber cometido un error. Por no haber tenido las cosas claras o habernos equivocado alguna vez. Y ahí teníamos que estar nosotros, soportando todo con estoica entereza, sin quejarnos, sin enojarnos, sin coger a los gritos y amándonos en secreto en nuestra propia casa. Porque éramos héroes, blancos, puros y castos y teníamos malditas responsabilidades. Y cualquier ideal que no fuera ese equivalía a extrañar una vida de mierda, a ser una mala persona, a querer cagarse en la gente….

Esa noche me fue imposible dormir. No dejaba de dar vueltas en la cama, chequeando cada tanto mi comunicador T a ver si Wally me había escrito y tirándolo al suelo porque cualquier cosa que pudiera escribirme me parecería insuficiente para el tamaño de su agresión. Esta vez no era yo siendo una perra sin corazón. Esta vez iba a tener que esmerarse para recuperarme, si es que quería hacerlo. "Vaya Jinx, qué invaluable te crees, pensando que él va a querer volver a verte. Probablemente le hayas hecho un favor" dijo una cínica voz en mi cabeza, que era extrañamente similar a la del Hermano Sangre. Abrí los ojos de golpe y comencé a respirar agitadamente. Fue entonces cuando noté que estaba empapada en sudor. Sentía que me faltaba el aire así que decidí salir a tomar un poco a la terraza. Me calcé mi bata y mis pantuflas, sin preocuparme por estar en ropa interior ―porque en una casa llena de héroes impolutos nadie se despierta a las 3 am para dar paseos nocturnos ―y subí hasta la terraza. Una vez ahí, me senté en el borde, dejando mis pies colgando en el aire mientras contemplaba la ciudad.

¿Y si Wally tenía razón? ¿Y si yo estaba esperando cosas equivocadas? ¿Y si la razón por la que no podía sentirme a gusto en mi nueva vida era porque yo no sabía ser una buena persona? ¿Y si realmente tenía la cabeza tan cagada que si no me estaban maltratando no podía estar tranquila?

―Es una hermosa vista, realmente. ―Dijo una voz a mi espalda asustándome de tal forma que di un salto que casi me hizo caer al vacío.

―¿Es que acaso no se puede hacer nada en paz en este lugar? ―Le grité a mi desconocido interlocutor, mientras giraba para descubrir quien era. Raven me observaba parada desde la mitad de la terraza. Me alegró ver que estaba en bata y pantuflas al igual que yo, porque encontrarla uniformada a las 3 am hubiera sido el colmo de la pulcritud heroica.

―Me he preguntado eso muchas veces. ― Respondió ella, acercándose para tomar asiento a mi lado. ―¿Te sucede algo?

―No podía dormir ―Respondí quedamente.―¿Y a ti?

―Digamos que tuve algunos efectos sonoros indeseados que me impidieron conciliar el sueño.

―¿Chico Bestia está estrenando Los Gorilas Macristas?―Aventuré.

―Yo diría más bien que ya sé porqué Robin y Starfire no quisieron quedarse a ver "Terror Mortal 3" conmigo. ―Aquella respuesta me tomó tan por sorpresa que no pude evitar soltar una carcajada. Raven sonrió.

―Al menos alguien está disfrutando la noche.

―¿KidFlash se fue temprano o ya está durmiendo? ―Inquirió Raven, sin imprimirle ninguna intencionalidad a esa pregunta. Internamente agradecí que no me hiciera partirme en explicaciones tontas sobre qué hacía o dejaba de hacer con KidFlash en mi habitación.

―Se fue. ―Contesté. Quizás fue el hecho de que Raven no presionara la conversación o mis desesperadas ganas de sentir que tenía un amigo que no fuera mi novio, pero no pude evitar añadir: ―Discutimos.

― Lo sé. Los escuché.

―Oh, lo lamento.

―No tienes que disculparte. ―Repuso Raven. ― Y menos por tener razón.

―¿A qué te refieres?

―A que querer algo distinto no significa que quieras volver a tener la vida que tenías antes.

Si no hubiera sido porque se notaba a una legua que Raven no era fanática del contacto físico, la hubiera abrazado en ese mismo momento.

―¡Exacto!―Exclamé, volteando a verla. Raven sonrió sin mirarme y entonces noté que tenía una taza de té en sus manos. Dio un sorbo y dijo:

―No es fácil. Esta vida que elegimos no es fácil. Es dura, es estresante y peligrosa. Y a veces yo también me pregunto si deberíamos aceptar tantas cosas sin cuestionarlas.

―Es monótona, aburrida y para nada emocionante. ―Lancé en un arrebato de sinceridad incontenible. Raven dejó salir una leve risa.

―Es porque es la única forma que conocemos para construir seguridad. En el fondo, todos tienen mucho miedo, Jinx.

―¿Miedo? ¿De qué?

―De perder el control. ― Raven volvió a dar otro sorbo a su té. ― Este es el único aspecto de nuestras vidas que sentimos que controlamos. Lo que pasa allá afuera, cada vez que acudimos a un llamado, está fuera de nuestras manos. Está en manos del azar o del destino. Todos los días estamos a punto de perder lo que tenemos, lo poco que hemos logrado construir. Y por eso buscamos proteger lo que amamos bajo el manto de las responsabilidades y el orden.

―Nunca lo había pensado de ese modo. ―Admití.

―Porque tú no tienes ese miedo, Jinx. Tú ya perdiste eso una vez y sobreviviste.

―Te equivocas ―La corregí. ―. Yo nunca tuve nada que perder.

―Pero ahora lo tienes ―Contraatacó ella. Ni siquiera me molesté en defenderme: Si Raven sabía que Robin y Starfire cogían, lo mío con Flash no debía ser precisamente un secreto de Estado para ella.

Ella le dió otro sorbo a su té.

―No tienes porqué aceptar una vida que no quieres, Jinx. Siempre puedes elegir.

―¿Me estás echando del equipo? ―Pregunté, notoriamente ofendida. Ella negó con la cabeza.

―No. Simplemente estoy diciendo lo que dije. No tienes porqué aceptar una vida que no quieres.

―¿Tú quieres esta vida? ―Contraataqué, más por desesperación que por retrucarle. Por fin estaba teniendo una conversación con alguien que no era un autómata desesperado por no herirme ni hacerme sentir incómoda.

―Sí. Yo elegí esta vida. ―Dijo Raven, y la falta de vacilación en sus palabras hizo que ni siquiera atinara a repreguntarle qué tan segura estaba de ello. ―Yo elegí a estas personas. Lo supe cuando rompí mi destino, cuando luché con todas mis fuerzas contra lo que estaba escrito para mí. Contra lo que otros habían decidido por mí. Yo quiero esta vida, pero eso no significa que todos deban quererla.

Aquellas palabras me aturdieron. Elegir una vida. Romper con un destino. Eran preceptos que ni siquiera eran posibilidades para alguien como yo. O al menos, jamás me había permitido pensarlo de esa manera.

―Wally es un buen chico ―Continuó ella, obligándome a abandonar mis cavilaciones mentales.

―Y me quiere. Lo sé.

―Sin embargo eso no quiere decir que le debas algo, Jinx.

―¿No te cansas de ser tan sabia todo el tiempo? ―Retruqué, intentando safar de aquel incómodo diálogo. Raven tomó otro sorbo de té. ―Yo sé que no le debo nada. Y también lo quiero ―Me apresuré a aclarar para correrme del lugar de perra malvada sin corazón, aunque sabía que Raven no pensaba eso de mí. ― es sólo que… No quiero ser una mala persona, ¿Sabes? No quiero cagarme en él.

―Tu vida no debería resumirse entre elegir lo que quieres y priorizar la felicidad de otra persona.

―¿De dónde sacas esas frases? ¿Eres descendiente de Osho o algo así?

Raven esbozó una leve sonrisa ante mi desesperada pregunta.

―Paso mucho tiempo hablando conmigo misma. Y la meditación ayuda mucho.

―Creo que ni con un año entero de meditación podría llegar a ese nivel. ―Bufé, cruzándome de brazos.

―Probablemente no. A mí me llevó toda una vida. Y todavía estoy aprendiendo. ―Concedió ella sin falsa modestia.

Permanecimos calladas un tiempo más, solo escuchando el cantar del viento y los ocasionales sorbos que Raven le daba a su té.

―¿Alguna vez te acostumbras? ―Pregunté, rompiendo con el clímax.

―¿A qué?

―A Starfire. ―Respondí, risueñamente y vi que Raven me imitaba.

―No voy a mentirte, cuando recién la conocí, pasé varios meses ensayando conjuros que me produjeran una sordera momentánea sólo cuando ella me hablaba…

Solté una carcajada.

―Pero luego tuve la oportunidad de estar en sus zapatos y entendí muchas cosas.

―Claro.

La charla fue fluyendo de a poco hasta que el sol comenzó a asomar en el horizonte y empezamos a escuchar los ruidos propios de una mañana en la Torre T, por lo que ambas coincidimos que lo mejor sería bajar a desayunar. Quizá con algo de suerte no tendríamos trabajo por la tarde y podríamos dormir una siesta luego del entrenamiento que Robin nos ordenaba hacer después de almorzar.

―Raven ―La llamé cuando recién empezábamos a bajar los escalones para entrar al interior de la Torre. Ella volteó a verme, expectante.―Yo… Gracias.

―Por nada.

Seguí camino hasta mi habitación y me sorprendí de encontrarme con un KidFlash completamente dormido, apoyado contra la puerta. Carraspeé para despertarlo, fingiendo que no me estaba muriendo de la ternura que esa escena me causaba. Él se despertó de un sobresalto y tras verme, se puso de pie.

—Quise escribirte pero no sabía qué decirte y ...—Se interrumpió al ver que yo lo observaba cruzada de brazos y con el ceño fruncido. Soltó un hondo suspiro.— Lo siento, Jinx. No me gusta que peleemos.

Sin decir nada me acerqué y le di un beso en la mejilla, dándole a entender que aceptaba sus disculpas. Lo tomé de la mano y cruzamos el umbral de la puerta de mi habitación, para intentar dormir aunque fuera unas horas.


Bueno, espero que les haya gustado este primer capítulo y si tienen algo que decir al respecto (ojalá que sí) espero leer sus reviews. Gracias por leer . Abrazo a todos y que estén bien.

Coockie