Disclaimer: Todo de la Rowling. Mías son sólo las fantasías que salen de mi mente.
Escrito para el "Amigo Invisible navideño 2020/2021" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".
¡Gracias por leer!
Beta: Miss Lefroy Hrafna.
Manta y peli
Charlie había escogido bien la película. Se lo había comentado en voz baja al cabo de un rato, emocionada por la historia, sin saber si se enfadaría por interrumpir el silencio atento del chico.
—Me la recomendó el dependiente —le contestó. Tonks se calló, intentando no molestar, pero deseando comentar con él lo que veía en la pantalla—. Todas, en realidad. Por lo visto es antigua, pero muy famosa entre los muggles.
—Me está gustando mucho.
—¿Tienes frío? —Tonks negó con la cabeza, intentando no ser una molestia, pero era cierto que lo tenía. Se había quedado fría después de haber vuelto de la habitación, echando de menos la presencia cálida de Teddy entre ellos—. Voy por una manta, estás prácticamente tiritando.
—¡No! No quiero ser una molestia.
—No digas tonterías, Tonks, no lo es. —Charlie se levantó y regresó unos minutos después con una manta en el brazo—. Las noches son frías todavía por estas latitudes. He encendido un poco la calefacción, no quiero que Teddy se quede frío tampoco.
Tonks extendió la manta, enorme, dándose cuenta de que podría cubrir el sofá entero. Parecía más grande que una cama de matrimonio, incluso.
—¿De dónde has sacado una manta así, Charlie? —preguntó con curiosidad.
—La compré en un mercadillo —se rio él—. Un comerciante que vendía mantas, sábanas y alfombras la tenía colgada en el puesto, detrás de él. Tiene un dragón bordado, un longhorn rumano, pero él era muggle. Me pareció divertido y la compré. Costó una pasta, pero tengo que reconocer que es muy caliente.
—¿Quieres taparte tú también? —le preguntó antes de doblarla a la mitad.
—Por favor. —Otra vez aquella sonrisa. Tonks sonrió de vuelta sin poder evitarlo. Desdobló la manta, tendiéndole un lado, que él se apresuró a extender sobre sus piernas—. Si quieres… —Charlie dudó un momento, bajando la mirada antes de levantarla de nuevo—. Si quieres puedes acercarte más, como Teddy antes.
—¿Qué? —preguntó, atónita. Por un momento creyó haber oído mal.
—Sólo pensé… —Charlie se había sonrojado y pareció apurado—. Olvídalo, creo que he sido descortés.
—Tienes razón —se apresuró a decir Tonks, sin pensar—. Así entraré en calor antes.
—Eso es. —Charlie volvió a sonreír y las mariposas de su estómago agitaron sus alas de nuevo.
Tonks se cambió de lado, apoyándose contra el cuerpo de Charlie, que levantó el brazo, poniéndolo a lo largo del respaldo, y se giró un poco hacia ella para que pudiese ponerse cómoda. Subió los pies, acurrucándose inconscientemente igual que Teddy, imitando sus mismos gestos.
—¿Estás cómodo? —preguntó Tonks, sintiéndose levemente insegura.
—Sí —le aseguró Charlie, asintiendo con la cabeza, ensanchando esa sonrisa que, pensó, iba a volverla loca.
Intentó concentrarse en la película, pero había perdido el hilo. Sabía que la culpa era suya. Estaba pendiente del tacto del cuerpo de Charlie bajo el suyo. Inspiró su olor, ya familiar, y cuando este puso el brazo sobre sus hombros, notó su peso, reconfortante. Había levantado la cabeza al sentirlo, descubriendo que Charlie la miraba con una expresión igual de insegura que la que había puesto cuando le había dicho que se acercase a él, así que le sonrió, en parte para tranquilizarlo y en parte para que le devolviese la sonrisa.
No la decepcionó. Tonks le sostuvo la mirada unos segundos más antes de apartarla.
Sabía que habían sido demasiados segundos. Sabía que en los ojos de Charlie y en su sonrisa había visto reflejado un anhelo similar al que sentía ella y que, probablemente, estuviese en un error alimentarlo. Por no hablar de que estaba faltando al propósito que se había hecho menos de una hora antes.
Sin embargo, en ese momento, en ese lugar, sintió que estaba a salvo entre los brazos de Charlie. No sabía que había echado tanto de menos ser tratada con ternura. Draco y Harry lo hacían, pero ellos no la miraban como una mujer, sino como una hermana. En los ojos de Charlie sí había visto ese deseo. La sensación de felicidad que le inundaba el pecho era tan agradable, que no consiguió sacar fuerzas para plantarse y detener la situación.
Suspiró una vez más, intentando apartar de su mente por un momento los miedos y terrores que la atenazaban; dejando que la sensación de sentirse anhelada y de desear, tanto tiempo olvidada, la embargase. Charlie le acarició los hombros al oír el suspiro. Se mordió el labio, consciente de que debería plantear las cosas claras, pero decidiendo que tenía que ponerse a sí misma en prioridad, aunque sólo fuese durante unos pocos y egoístas minutos.
No supo cuándo se quedó dormida. Lo siguiente que sintió fue a Charlie despertándola suavemente cuando la película terminó. Parpadeó desorientada, mientras este le susurraba palabras tranquilizadoras.
—Lo siento, me quedé dormida —se excusó, avergonzada porque no había terminado de ver la película—. Me estaba gustando mucho, pero…
—No te preocupes. Estás cansada, es normal.
—Creo que será mejor que me vaya a la cama.
—De acuerdo.
Charlie se levantó y encendió la luz. Tonks le ayudó a doblar la gigantesca manta, apreciando el bordado del dragón que Charlie le había comentado. Ahora que había pasado el momento, se sentía incómoda, porque, aunque admitía que lo había disfrutado, era consciente de que había alentado una situación que no estaba segura de poder manejar.
Sin embargo, Charlie no parecía ni incómodo ni molesto. Dejó la manta, ya doblada, sobre el sofá antes de desearle buenas noches y entrar en su cuarto.
Tonks entró en la habitación y se metió en la cama. Teddy se había destapado, seguramente porque el calor de la calefacción, unido al cobertor de plumas y que el pijama que llevaba era grueso, hacía que la temperatura fuese elevada. Le tapó un poco, dejándole los brazos fuera para que pudiese regular el calor.
«Lo siento, Teddy», pensó. «Yo también necesitaba ese cariño de Charlie».
Mirando al niño y pensando en Charlie, se quedó dormida.
El despertador de su reloj sonó insistente lo que pareció una eternidad después. Abrió los ojos, bostezando. Perezosa, descubrió que había dormido casi diez horas del tirón. Se incorporó asustada, comprobando que Teddy no estaba en la cama con ella. Se levantó rápidamente, saliendo al pasillo. Oyó el murmullo del televisor en el salón, mezclado con la voz alegre de Teddy, que se esforzaba en hablar en voz baja.
Charlie y él estaban en el sofá, tumbados juntos, acurrucados y cubiertos por la enorme manta del dragón. Hablaban en voz baja, mirando unos dibujos de una chica vestida de rojo. Pensó que la escena parecía tierna. Teddy dio un gritito excitado cuando un chico vestido con un traje de cuero negro dando saltos imposibles apareció en la pantalla. Charlie le chistó amablemente, recordándole que bajara la voz.
—Buenos días —saludó Tonks.
—¡Mamá! —Teddy se puso de pie en el sofá, saltando encima del estómago de Charlie, que se quejó con un bufido.
—Ten cuidado con Charlie —le reprendió, dándole un beso—. Deberías haberme despertado, cariño.
—Tío Charlie me dijo que no lo hiciese.
—Me lo encontré saliendo al baño —explicó Charlie—. Yo suelo levantarme muy temprano y mi cuerpo está acostumbrado a madrugar. Me dijo que seguías durmiendo, así que le dije que no te molestase y fuimos a desayunar.
—Tío Charlie me dio fruta y tostadas con leche —le informó Teddy, contento—. Y luego me dijo que no tenía que hacer ruido para no despertarte, y hemos estado viendo Ladybug, que es una heroína que salva a la gente, pero no es bruja.
—Espero que esté bien, no sabía qué desayunaba. Dijiste que comía lo mismo que los adultos, y es lo que suelo desayunar yo.
—Está perfecto —le agradeció Tonks. Con razón había dormido tantas horas. Normalmente Teddy no era tan autónomo y tendía a despertarla cuando él lo hacía, sobre todo los fines de semana.
—¿Has descansado bien? —se interesó Charlie; Teddy había empezado a ignorar la conversación, volviendo su atención de nuevo a la pantalla—. Anoche parecías cansada.
—Hacía mucho que no dormía tantas horas seguidas —admitió Tonks—. Lo necesitaba. Teddy también es un reloj que no entiende de días festivos. Muchas gracias por hacerte cargo de él.
—No me las des, a mí me gusta estar con él también, ¿verdad, Teddy? —Este asintió, concentrado en las piruetas de los personajes de la televisión. Tonks los miró unos segundos con interés, buscando el atractivo que su hijo les veía—. Te he dejado varias rebanadas de pan en la mesa, la tostadora es similar a las mágicas. Hay café recién hecho. Si quieres otra cosa…
—Así está bien, gracias.
Harry y Draco se aparecieron en el salón mientras. Los oyó hablar con Teddy y Charlie, entusiasmados. Draco apareció en el umbral de la cocina segundos después.
—Buenos días, Tonks.
—Hola, Draco. ¿Qué tal os fue?
—Lo pasamos genial, la verdad —contestó Draco con una sonrisa, sentándose en la mesa y alcanzando la cafetera para servirse—. Hemos desayunado en el hotel, pero necesito otro café; no hemos dormido nada.
—Se nota en tus ojeras —se burló Tonks. No era cierto. Draco parecía fresco y solo un poco cansado, pero había oído a Harry picarle algunas veces así, y se atrevió a hacerlo.
—En cambio, tú tienes muy buena cara —rio Draco, aceptando la pulla—. Teddy nos ha contado que se levantó temprano y que ha estado con Charlie hasta que te has levantado.
—Sí, me dejaron dormir un rato más. Lo necesitaba —admitió por segunda vez en ese día. Había captado las segundas intenciones en las palabras de Draco, pero no sabía cómo manejarlas.
—Te ves feliz —puntualizó Draco—. Creo que ha sido buena idea venir aquí.
Tonks asintió, apartando la vista, preguntándose si Draco sospecharía todo lo que había pasado por su mente y sus sentimientos en las últimas horas. Se recordó a sí misma que la felicidad de Teddy debía ser una de sus prioridades junto con la suya propia y que tenía que encontrar formas de combinarlas.
—Ha congeniado muy bien con Teddy, ¿verdad? —preguntó Draco al cabo de un rato—. Charlie.
—Se le dan bien los niños.
—Eso no lo sé. No lo conocía hasta navidades, nunca le he visto con otros niños. Pero sí le he visto con Teddy y me gusta mucho cómo lo trata.
—¿Estás dándome tu permiso para que se relacione con Teddy? —preguntó Tonks alzando las cejas, pero en tono relajado.
—Estoy constatando un hecho, solamente. No puedo evitar que me caiga bien un Weasley que se comporta así con Teddy.
—Opino como tú —asintió Tonks, que había pensado mucho sobre ello.
—Prima… —Draco dudó, removiendo el café con la cuchara a pesar de que lo tomaba sin azúcar—. Harry y yo hemos pensado que, dado que anoche nosotros salimos… esta noche podríamos quedarnos en casa.
—No lo hagáis por nosotros. Ayer estuvimos bien. No os quedéis aquí, vosotros también tenéis que disfrutar del viaje y es lógico que no podamos acompañaros todo el tiempo.
—No me has entendido. Harry y yo vamos a quedarnos esta noche con Teddy para que tú puedas salir. Conocer la noche de Bucarest, divertirte un rato, despreocuparte por la hora de volver a casa.
—No creo que sea buena idea —negó Tonks, moviendo la cabeza.
—¿Por qué no? —preguntó Draco, arqueando la ceja y dando un sorbo a su taza. Iba a contestarle las innumerables razones que se le ocurrían a bote pronto, pero este no se lo permitió—. No me digas que tienes que estar con Teddy o alguna otra excusa, Tonks. Está claro que venir aquí te ha ayudado a desconectar y te ha sentado bien. Sal esta noche un rato, tómate algo, conoce gente, baila…
—No voy a salir sola en una ciudad desconocida.
—¿Me vas a salir tú con esas ahora? —preguntó Draco con una sonrisa malévola—. Invita a Charlie, entonces. Seguro que se apunta y puede enseñarte algún sitio. Hay un par de pubs mágicos en el bulevar que abren hasta tarde. Harry y yo estuvimos ayer. Estoy seguro de que te gustarán.
—No voy a invitar a salir a Charlie —se negó Tonks.
—¿Por qué no?
—Porque… —«Porque me está empezando a gustar y no quiero cagarla y que Teddy pague las consecuencias»—. Apenas hemos pasado tiempo a solas.
—Anoche estuvisteis prácticamente solos.
—Estaba Teddy.
—Que forma parte de tu vida y, por tanto, es normal que esté. —Draco se puso serio y abrazó la taza con ambas manos—. Sólo te lo sugería por si no querías salir sola. Puedo ir yo contigo, Harry estará encantado de quedarse con Teddy y seguramente Charlie también. O al revés, yo me quedo y te vas con Harry. Como sea, hazlo. Sal. Despéjate. Disfruta. Tira una cana al aire si te apetece y estás preparada.
—¿Estás empujándome a ser irresponsable?
—Al menos por una noche —matizó Draco con una sonrisa—. Una noche que ojalá abra la puerta a muchas más. Hazme caso, Tonks. Te vendrá bien. Te mereces ser feliz.
«Debes ser feliz. La vida es demasiado corta».
—Teddy…
—Estará bien. No es la primera noche que le dejas con nosotros. Ya sé que no estamos en casa, pero…
—No puedo interferir en la felicidad de Teddy —terminó la frase, derrotada—. No puedo renunciar a los Weasley. No puedo enamorarme a miles de kilómetros.
—Yo no he hablado de… ¡Oh! —comprendió Draco, abriendo mucho los ojos—. Te preocupa enamorarte de él en concreto.
—Creo que podría llegar a hacerlo, sí —admitió Tonks, bajando la vista.
—Eso… eso está muy bien, prima Dora. Es una gran noticia. —Tonks levantó la cabeza y vio a su primo sonriéndole con felicidad, con los ojos empañados de emoción—. Es un gran paso.
—Lo sé. Debo ser feliz, pero hay tantas cosas…
—Escúchame. Creo que le estás dando demasiadas vueltas. No ha pasado nada, deduzco. —Tonks negó con la cabeza, pensando que ver una película acurrucados en un sofá no significaba nada, realmente—. Ni tiene por qué pasar. Déjalo fluir. Lo que tenga que ser, será.
—¿Así lo hiciste con Harry?
—Sí. Yo también le daba demasiadas vueltas, pensaba todo el tiempo, intentaba anticipar, incluso escurrirme. Al final fue lo que tuvo que ser. El corazón es sabio y sabe lo que hace. Sé que añoras a Lupin. Lo harás toda la vida, pero tienes que permitirte vivir y ser feliz. Amar y ser amada. Y no estoy hablando de familia o amistad.
—Te he entendido. Pero Teddy…
—Teddy es feliz —recalcó Draco—. Seguirá siendo feliz. Si Charlie quiere estar contigo lo aceptará como lo ha aceptado en vuestra amistad.
—Una cosa es ofrecer amistad a una madre y otra cargar con el hijo de otra persona.
—No te tengo por una idiota —espetó Draco, golpeando el dedo en la mesa para remarcar sus palabras—. Charlie se ha encariñado con ese niño, que no sé qué tiene que trae locos a todos los Weasley. Si no pasa nada entre vosotros, habrás ganado un amigo. Si pasa… bueno, me parece que es un adulto con la cabeza bien asentada. Si no, es él quien pierde.
»Ya cruzarás ese puente cuando llegues. Habla con él si ves que tiene interés en ti en ese sentido, cuéntale tus dudas, recuérdale que Teddy está en tu vida y que, si quiere compartir parte de ella contigo, tendrá que contar con él. A Teddy no le van a faltar padres, ni tíos. Charlie sólo tiene que seguir como hasta ahora con él.
—No podría exigirle nada más.
—Entonces, no te angusties por algo que no ha ocurrido. Los Weasley me aceptaron en la familia a pesar de todo lo ocurrido en la guerra. Harry sigue siendo su hijo a pesar de haber roto su relación con Ginny. Charlie se educó en esos valores. Estará a la altura si llega el momento.
—Tonks, Harry quiere saber qué ropa habías pensado ponerle hoy a Teddy —interrumpió Charlie, asomándose desde la puerta. Al darse cuenta de que ambos se callaron de golpe, pareció incómodo—. Lo siento, no quería…
—No importa —dijo Draco, levantándose de la mesa y moviendo la varita para que la taza viajase sola al fregadero y empezase a limpiarse—. Charlie, Tonks me estaba diciendo que esta noche quiere salir de fiesta en Bucarest.
—Eso suena genial. Hay un par de sitios interesantes que te gustarán, Tonks…
—Le he dicho que Harry y yo nos quedaremos con Teddy para que se despreocupe. A lo mejor podríais ir juntos.
Charlie parpadeó sorprendido antes de mirar a Tonks, que bajó la cabeza avergonzada y maldiciendo mentalmente a Draco por su insolencia y desparpajo, preguntándose en qué momento se había convertido en su madre.
—Le pondré a Teddy el uniforme de entrenamiento de los Chudley Cannons —decidió Draco, pasando al lado de Charlie—. Merlín sabe que es horroroso y que son unos perdedores. Con un poco de suerte, acabará con un par de quemaduras de dragón y Harry tendrá que resignarse a tirarlo.
Nota de mi beta:
Charlie: Ven, acércate a mí y acurrúcate.
Tonks: Buena idea, así entraré en calor.
Charlie y Miss Lefroy: Entraremos, Charlie *Meme del Bugs Bunny comunista*
