Hola Bellezas cósmicas! Gracias por los reviews y las palabritas de aliento que me llegaron por privado. Realmente me pone contenta que todavía haya gente que gusta de leer fics jajajaja.
Respondiendo a tu consulta Nikki: La verdad estaba super nerviosa (aún lo estoy) porque no sabía qué repercusión iba a tener esto ya que hace mínimo 6 años no publico, pero tenés razón jajaaj podría actualizar más seguido. La verdad se me rompió el módem el viernes y todo parecía indicar que no iba a poder subir capítulo hoy y BOOM justo hoy, llegó el nuevo aparato. Así que tomaré esto como una señal del Destino (aquí, autorreferenciando mi propio fic xD) y trataré de actualizar más seguido. ¿Lunes y Viernes podría ser, eh? Espero tu opinión en tu review. Muchas gracias desde ya 3
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"No me duele lo que me hayas hecho,
sino todas las cosas que no te animaste a hacer conmigo"
―Juan Solá
Se acercaba la fecha en la que se cumplía mi primer aniversario como Titán y el olor a Fiesta Sorpresa inundaba toda la Torre T. Más de una vez había sorprendido a Starfire guardando torpemente lo que parecían ser unas enormes guirnaldas rosas ("Amiga Jinx, ¿Cuál es tu color favorito?") y a Robin y Chico Bestia cuchicheando y automáticamente hacer un silencio sepulcral al verme entrar a la habitación en la que estaban. Pero la cereza del postre había sido Cyborg tratando de sacarme una conversación fluida para averiguar cuál podría ser un buen regalo para mí.
―Debiste ver la cara que tenía ―Le decía yo a Wally, sentada en canastita en mi cama, mientras abrazaba una almohada. ―. Parecía que estaba hablando con un fantasma, ¡Dios! Yo sólo quería gritarle: supéralo, Cyborg. Ni siquiera pasamos a primera base.
Wally me dedicó una cálida sonrisa.
―No quiero ser yo quien te baje del pony, Jinx, pero creo que ya te superó. ―Replicó mientras se acercaba a mí lentamente y ponía sus manos en mi cintura.
―Wally, amor, te he dicho mil veces que a mí ese robot me tiene sin cuidado, para mí que es mitad lavadora, solamente me interesa que centrifugue bien. ―Continué hablando mientras las manos de Wally bajaban hasta mis caderas, acariciándome suavemente y él acercaba su rostro a mi cuello. ―Te cuento porque me resulta por demás de divertido. Te juro que estaba súper nervioso.
―Claro, porque debe creer que sabes lo de él y Abeja. ―Susurró Wally, que tenía la cara enterrada en mi pecho mientras me daba suaves besos en la clavícula y subía poco a poco a mi cuello.
―¿Lo de él y Abeja?
―Sí, hace un año que salen, más o menos.
―¿¡QUÉ!?
―Sí, amor, creí que te había contado. ―Tomé la cara de Wally, desenterrándola de mi cuello y lo obligué a mirarme de frente.
― Wallace Rudolph West ―Dije lentamente, enfrentándome a esos ojos azules que me observaban sin entender nada. ― ¿Cómo te atreves a privarme de saber semejante chisme? ¡Yo te cuento hasta de los pedos que se tira Chico Bestia y tú no eres capaz de contarme que mi ex y tu líder están teniendo un romance hace un año!
―Shhh, baja la voz ―Me pidió él, llevándose un dedo a los labios.
―Wally, no seas imbécil. No es como que todos se creen que estamos encerrados jugando al Scrabble― Le espeté entre dientes. Él sonrió tontamente y se sentó a mi lado contra el cabezal de la cama. Abrió sus brazos invitándome a sumergirme en ellos para acurrucarnos en un abrazo. Obedecí y me acomodé en su pecho, dejándome envolver por él.
―Ya lo sé, no es por nosotros que te lo digo. ―Repuso hablando bajito muy cerca de mi oído. ―Es que ya sabes cómo es esto. Están tratando de mantenerlo lo más discreto posible…
Y ahí estaba otra vez el maldito manto sagrado de los héroes siendo héroes y no pudiendo ser personas.
―Yo los descubrí una vez que volví más temprano a la Torre, de todos modos creo que los demás Titanes Este saben ―Siguió explicándome, mientras acariciaba mi cabello suavemente.
―¿Y si los demás saben, por qué carajo se ocultan?
Wally se encogió de hombros.
―Supongo que es porque Cyborg no le contó a nadie del equipo aún. Y o sea, tampoco es como si Abeja hubiera dado una conferencia de prensa del asunto. Simplemente yo los sorprendí saludándose muy cariñosamente. Les di las buenas noches y seguí mi camino.
―Me encantaría saber porqué demonios tenemos tantos comunicadores si lo último que hacemos es comunicarnos. ―Solté acomodándome más en el abrazo. Wally dejó salir una sonora carcajada.
―Porque así hacemos las cosas. No lo sé, Jinx. Somos héroes, nuestras responsabilidades son diferentes.
―Me has dicho eso mil veces y sigo sin encontrarle sentido.
―A ver… ―Wally se acomodó un poco más contra el respaldar, quedando más sentado y procuró abrazarme con un poco más de fuerza. ―La privacidad es algo muy importante para personas como nosotros. Imagina que todo el mundo sabe que ellos están juntos. Alguien podría querer hacerle daño a uno de ellos para lastimar al otro o usarlo de punto débil o a modo de extorsión…
―Podría hacer eso de todos modos, Wally. ―Repliqué buscando su mano para tomarla.
―Bueno pero si la cosa estuviera entre salvar o no a Más y Menos, yo creo que me lo pensaría un poco. ―Bromeó él. ―Obvio que al final los salvaría pero me haría rogar como para que sufran un rato…
Tomé su mano y la alcé junto a la mía, elevándola frente a nuestros rostros mientras jugaba un poco entrelazando y separando nuestros dedos. Wally movió la suya y envolvió la mía delicadamente, acercándola a su rostro para darle un beso al dorso de mi mano.
―Sigue pareciéndome todo un gran sinsentido ―Insistí.―¿Cuál es la ventaja de ser superhéroes si no podemos ser libres?
―La pizza gratis. ―Se apresuró a responder Wally, mientras me acostaba delicadamente sobre la cama y se posicionaba sobre mí.
―Hablo en serio. ―Aclaré, pero Wally no me hizo caso y volvió a darme besos en el cuello, subiendo lentamente hasta mi mejilla.
Y ¿para qué mentirles? para esa altura hasta a mí me importaba un carajo mi argumento.
Wally dormía con la cabeza apoyada en mi pecho mientras me abrazaba de la cintura, gesto que me resultaba increíblemente tierno de ver hasta que empezaba a babear sobre mi torso desnudo. Era en ese momento en el que agradecía en mi fuero interno que tuviera el sueño pesado como un tronco, porque eso me permitía hacerlo a un lado y dormir más cómoda. Al librarme de su agarre y girar en la cama dándole la espalda, las preguntas que le había hecho antes de terminar teniendo sexo volvieron a mi cabeza y con ellas también, el recuerdo de las palabras de Raven aquella madrugada en la terraza.
Hacía mucho que no me permitía pensar en esas cosas. Luego de aquel día, me había propuesto ser un poco más agradecida con mi nueva vida y las posibilidades que me ofrecía. Quizá no fuera perfecta, quizá tuviera muchas cosas para criticarle, pero a grandes rasgos la vida del héroe no estaba nada mal. O al menos eso creía yo, pues mi vida no era aún completamente la de una heroína. Si bien yo combatía el crimen a la par que mis compañeros, los policías seguían atacándome y en ocasiones habían llegado hasta a colocarme esposas y subirme al patrullero por tenerme catalogada como criminal. Cuando acudía a salvar ciudadanos y tenían la oportunidad de verme de cerca, buscaban librarse a toda costa de mi agarre, pidiendo por favor que algún Titán los socorriese. Todo aquello hacía que me sintiera un sapo de otro pozo y que viera cada vez más lejos mi objetivo de convertirme en una buena persona.
Era muy difícil estar a la par de los Titanes. Realmente, tenían una imagen muy positiva e impoluta para los habitantes de Jump City. Inclusive Raven, con su particular carácter, era lo suficientemente amable como para ser socialmente admirada, mientras que yo, por más que me vistiera de payaso e hiciera un número completo de acrobacias seguía siendo considerada escoria.
Wally insistía en que era cuestión de tiempo, en que terminaría acostumbrándome y que mi momento de gloria llegaría, pero aquella charla había desenterrado mis dudas nuevamente. ¿Quería que ese momento llegara? ¿Y si yo simplemente quería otra cosa? ¿Y si esta no era la vida que quería?
Aquellas preguntas me hacían sentir de lo peor. No sólo por Wally sino por el resto del equipo. Seguíamos sin ser grandes amigos, pero los Titanes se esforzaban por integrarme, eso tenía que reconocerlo. Bueno, Cyborg no, él siempre estaba huyendo de mí. Los demás intentaban estérilmente vincularse conmigo, cada uno a su estilo, pero no había caso. Faltaba algo. No teníamos química, no lográbamos construir lazos o conexiones. Lo más parecido a eso había sido el momento que habíamos tenido con Raven en la terraza y las ocasionales charlas que teníamos mientras combatíamos criminales, aunque yo atribuía todo eso a sus habilidades psíquicas.
Yo nunca quería comer lo mismo que ellos, yo siempre sugería escuchar la música que a nadie le gustaba, cuando todos reían de los chistes de Chico Bestia ―contadas veces, debo decir ―, yo no reía y cuando se daba el fenómeno inverso, yo era la única que lanzaba una risotada. Era algo tan matemático que hasta parecía planeado. Si ellos decían A, yo siempre decía B. O Z. Los Titanes también notaban el abismo, pero intentaban disimularlo siendo amables, algo que hacía que mi frustración fuera en aumento.
Quizá por eso había sepultado aquellos pensamientos por tanto tiempo. Eran tantas las ganas que tenía de encajar y de empezar a disfrutar mi nueva vida con mis nuevas elecciones que había decidido dejar de lado aquellos planteos de niña caprichosa. "Las buenas personas son agradecidas, Jinx" canturreaba una voz en mi cabeza que era una mezcla de la de Wally y la de Robin. Pero no podía evitarlo, todo eso me resultaba agotador y desgastante. Completamente forzado e incómodo.
Y ahora que Wally me había contado eso, los pensamientos habían vuelto a aflorar pero con más fuerza que antes. Aquella noche de insomnio, las preguntas dentro de mi cabeza no me daban tregua.
¿Había valido la pena todo o me había equivocado? ¿Estaba realmente infeliz o le estaba pidiendo mucho a la vida? "Es que tú no tienes idea de lo que es la felicidad, Jinx", me dije. "No la reconocerías ni aunque te bailara en las narices. La has pasado tan mal en la vida que estás siempre esperando sufrir para dignarte a vivir."
Giré sobre mí misma y clavé los ojos en Wally, que seguía durmiendo como un tronco. ¿Realmente estaba tan dañada o simplemente no pertenecía a ese lugar?
Y entonces Wally giró sobre sí mismo hasta quedar frente a mí y esbozó una sonrisa dormido. Era absolutamente imposible que me estuviera viendo y por lo tanto, que esa sonrisa estuviera dirigida intencionalmente a mí, pero cada vez que esas cosas pasaban yo me convencía tontamente de que eran un signo inconfundible de amor. Entendí entonces que quizá no tenía idea qué vida quería tener, pero estaba cerca de saber qué era la felicidad.
La felicidad eran esos momentos con Wally, aunque tuvieran que ser entre las cuatro paredes de mi habitación y a escondidas del resto. O al menos, eso era lo más parecido a la felicidad que había conocido en ese tiempo. Y si quedarme con esa vida, aunque no estuviera del todo conforme con ella, implicaba estar con Wally, entonces creía que podía acostumbrarme.
Me acerqué suavemente hasta él y puse su brazo rodeando mi cintura quedando tan cerca que podía sentir su rítmica respiración en mi oído. "Quizá no te estás conformando, quizá te estás permitiendo ser feliz por primera vez en la vida", me dije antes de lograr conciliar el sueño de una vez.
―¡SORPRESA!
El ruido del confeti explotando y el papel picado cayéndome encima junto con el estrangulador abrazo de Starfire hicieron que me sintiera aturdida enseguida. Lo siguiente que oí fue un coro inentendible de voces felicitándome por llevar un año siendo una Titan y un montón de brazos imposibles de identificar estrujándome brevemente. Una vez terminados los saludos, nadé entre la gente hasta la barra para tomar algo y recuperarme de aquel torbellino de felicitaciones.
Para sorpresa de nadie, había muy poco alcohol. O al menos, poco en proporción a los invitados a la fiesta. Manoteé una cerveza de la heladera y me dispuse a beberla tranquilamente mientras me enteraba qué Titanes estaban ahí. Enseguida divisé a Argenta que hablaba animadamente con Kole y Jericho y a pocos metros de ellos Trueno y Rayo reían a los gritos con Heraldo. La puerta se abrió nuevamente y el corazón me dio un brinco al comprobar que eran los Titanes Este, pero al igual que a mí, la multitud se les vino encima para recibirlos y yo era incapaz de divisar a Wally entre tanta gente.
Aqualad encabezaba la entrada triunfal y gozaba notoriamente de la atención que le dedicaban todas las mujeres del lugar. Hasta Starfire, de la mano de Robin, lo veía con verdadera admiración. Jamás había entendido eso, especialmente luego de una vez en la que Wally me había invitado a comer a la Torre Este y comprobé de primera mano que era el tipo más aburrido del mundo con los poderes más inútiles de la historia. A su lado, Speedy alzaba la cabeza en búsqueda de las mesas con los bocadillos, hacia las cuales se desplazó junto a Más y Menos. Mientras les seguía el rastro con la mirada, me topé con Abeja y Cyborg saludándose con un beso en la comisura de los labios, muy pendientes de las miradas ajenas.
Puse los ojos en blanco. ¿Acaso nadie podía relajarse ni un segundo? Estábamos en una fiesta. ¿Qué maldito villano entraría en escena, poniendo en riesgo nuestras relaciones sexoafectivas? ¿O es que tenían miedo de que Robin los regañara? Por favor, ese cosplay de semáforo con cabello parado daba menos miedo que Gizmo en pijama.
Sentí que alguien me llamaba a mis espaldas y volteé por inercia sin prestar atención, pues seguía siendo presa de mi indignación. Unos labios aterrizaron en los míos y no me quedó otra que volver a la realidad y encontrarme con los ojos azules más lindos del mundo ―al menos para mí.
―Feliz aniversario de Titán, Jinx. ―Susurró Wally regalándome la más dulce de sus miradas. Me abracé a su cuello y me dejé caer suavemente sobre él mientras cerraba los ojos un instante y me recordaba a mí misma que tenía la razón por la que estaba eligiendo esa vida justo entre mis brazos, justo frente a mí.
La jornada transcurrió en general sin sobresaltos. Al menos, no de esos sobresaltos que fueran palpables para el resto de los Titanes. Por mi parte me había dedicado a observar a todos con detenimiento, prestando especial atención a los mínimos gestos. Así fue como descubrí que Jericho y Kole andaban en algo, que Argenta y Trueno se habían mirado con ganas toda la noche y hasta se habían atrevido a bailar algunas canciones juntos. Me di cuenta también que a Speedy le gustaba mucho el alcohol, casi tanto como a mí y que eso ponía a Abeja muy nerviosa por alguna razón. Que Más y Menos insistían en que querían salir de farra pero no habían logrado mantenerse despiertos más de una hora en aquella fiesta y habían terminado dormidos en el sillón. Había descubierto que posiblemente la única razón por la que Robin se negaba a bailar tenía que ver con que era pésimo haciéndolo mientras que Starfire llevaba el ritmo en su sangre alienígena. Para ser una persona tan reacia, Raven era una chica muy maternal y sus ojos brillaban de una forma especial cuando hablaba con esos tres extraños niños. Pero sin dudas el descubrimiento más inesperado era que Chico Bestia era increíblemente gracioso cuando estaba ebrio, hecho que era maravilloso porque no necesitaba tomar demasiado para llegar a ese estado.
―¡Jinx, estuve buscándote toda la noche! ―Exclamó Abeja abriéndose paso hacia mí con Cyborg siguiéndole el paso. ―¿Cómo te la estás pasando?
―Bien ―Respondí, observándolos risueñamente, probablemente porque estaba terminando mi segunda cerveza y no había comido más que un trozo de pizza. ―Muy muy bien, ¿Y ustedes?
―Maravillosamente ―Respondió Abeja, sonriéndome. Esa chica me agradaba, especialmente ahora que viéndola de cerca se parecía mucho a una ex compañera de La Colmena…
Wally estaba parado a mi lado, abrazándome por la cintura, pero estaba conversando con otras personas, completamente ajeno a mi encuentro. Di otro sorbo a mi cerveza mientras Abeja comenzaba a hablarme de algo inentendible por el volumen de la música y el alcohol en mi sangre. Reparé en que Cyborg asentía en todo momento, dándole la razón y entonces tuve una maravillosa idea.
―Es genial lo que me estás diciendo ―Aseguré, regalándole una amplia sonrisa que ni yo sabía que era capaz de esbozar. Abeja pareció notarlo, porque contorsionó su rostro en una mueca de total incredulidad. ―¡Wally! ―Llamé, tirando del traje de mi novio, que en un principio no se dio por aludido ya que no estaba acostumbrado a ser llamado por su nombre de pila por sus compañeros. ―¡Wally!
Wally volteó y una auténtica expresión de sorpresa se dibujó en su rostro al ver con quien estaba hablando y le regaló una sonrisa a mis interlocutores.
―Es que quería contarte algo en lo que estuve pensando ―Dije, haciendo que todas las miradas se posaran en mí. ―, ¿Qué les parece si un día de estos salimos a comer los cuatro juntos?
No me di cuenta de lo descabellado que eso sonaba hasta que escuché las palabras salir de mi boca. Obviamente que las reacciones de mis interlocutores estaban lejos de ser alentadoras.
―Disculpa, ¿qué?
―Digo que deberíamos salir los cuatro a comer. ―Decirlo más veces no hacía que sonara menos estúpido, pero no podía detenerme.
Wally me quitó la cerveza de la mano en un rápido movimiento. La cara de Cyborg era un poema, mientras que la de Abeja reflejaba una mezcla de enojo y desconcierto.
―Creo que lo que Jinx quiere decir es que…. Ya que nos llevamos tan bien, deberíamos… Eehm… Juntarnos, sí, por grupos chicos. Como para conocernos más ―Logró balbucear Wally rápidamente. Antes de que yo pudiera decir algo para contradecir su explicación, él añadió: ―¿Nos disculpan un segundo?
Sin esperar respuesta por parte de nuestros compañeros, me arrastró al pasillo. Esperó a asegurarse que estábamos solos antes de hablar. Al comprobar que los baños estaban vacíos, me apoyó suavemente contra la pared y me interrogó con la mirada.
―¿Qué demonios fue eso?
―¿Qué cosa?
―Jinx, vamos. ―Insistió, cruzándose de brazos. Lo imité y fruncí el ceño. ―Te cuento que Cyborg y Abeja salen, que no quieren que nadie sepa, ¿y la primera vez que tienes un diálogo con los dos juntos no se te ocurre mejor idea que invitarlos a una cita doble?
―¿Y qué tiene eso de malo?
―¡Te dije que nadie sabe!
―Pues mientras antes sepan, mejor.
―No funciona así, Jinx.
―¿Y cómo demonios funciona, Wally? Porque ya estoy harta de buscar entender. ―Estallé, levantando la voz. Quizá porque estaba ebria, difícil saber si de cerveza o de honestidad, pero mi lengua le había declarado la independencia a mi cerebro y se había divorciado definitivamente de cualquier clase de decoro que pudiera haber construido en aquel año viviendo con todos esos héroes. ―¿Por qué es tan grave que dos héroes hagan cosas de seres humanos?
―Porque es su vida y su privacidad, Jinx. No puedes exponerlos así…
―¿Exponerlos a qué? ¿A quién, Wally? ¡Si no hacemos nada más que estar aquí dentro esperando que alguien vaya a robar un puto banco como para darle sentido a nuestra existencia! Entrenamos, comemos, alguna vez vamos a la pizzería, vemos películas y llamamos a eso vida. Y pobre de nosotros si algún día queremos romper con la monotonía porque entonces dejaríamos de ser superhéroes. ¡Pobres de nosotros si alguna vez osamos en equivocarnos y elegimos ser villanos! ¡No tenemos ese derecho porque tenemos malditas responsabilidades!
Aquel descargo me había dejado sin aliento, así que jadeé unos instantes para recuperarme. Wally me observaba estupefacto, con la mandíbula completamente desencajada. Un silencio tenso se instaló entre los dos, oyéndose únicamente de fondo los sonidos de la fiesta que ignoraba completamente nuestra discusión.
―Dices eso porque estás ebria ― Se animó a decir él, finalmente.
―Eso no lo hace menos cierto ―Le espeté, desviando la mirada.
Yo sabía que Wally no tenía la culpa de que sus compañeros fueran como eran. Sabía que él no había hecho las reglas y que se desvivía porque yo fuera feliz, pero no podía evitar estar muy enojada con toda esa gente. Sentía que la alegría de la fiesta que se llevaba a cabo era en realidad una gran farsa, sostenida por un montón de personas tensas que tenían que ocultarse para tener un poco de felicidad.
―Perdóname ―Dije, luego de unos momentos. ―. Perdóname por no ser la novia que necesitas que sea.
―Jinx…
―No, déjame continuar por favor ―Lo interrumpí, aún con mi mirada fija en el suelo. ―. Lamento no estar a la altura de tu bondad, Wally. En serio. Yo… Te quiero, pero todo esto, esta vida… ―Hice un ademán señalando la puerta que nos separaba del salón donde se estaba llevando a cabo la fiesta. ―Simplemente no es para mí.
―Jinx, estás muy borracha y cansada ―Intentó disuadirme Wally, dando un paso hacia mí. ―. Has pasado por mucho y esta fiesta debió revolverte varios sentimientos, eso sumado al alcohol que tomaste es lo que hace que digas estas cosas.
Yo quería creerle. No había nada que deseara más en aquel momento. Deseaba con todo mi ser que tuviera razón, que fuera una mezcla de emociones ensalzadas por el alcohol y un reprimido deseo de humillar a mi ex públicamente, pero ya no podía sostener aquella ficción. Esa simplemente no era la vida que yo quería.
―Wally...―Pero él interrumpió mi discurso tomándome suavemente del mentón y dándome un largo y tierno beso en los labios.
―Yo siempre estaré contigo, Jinx ―Aseguró mirándome a los ojos y regalándome una sonrisa. No pude más que devolvérsela y dejar que me envolviera en un fuerte abrazo. ―Pase lo que pase, siempre estaré a tu lado.
Cerré los ojos un momento intentando ordenar mis ideas y deseando fundirme en ese abrazo para no tener que preocuparme más por qué mierda quería para mi vida. ¿Por qué no podía ser una maldita Titán y ser feliz? ¿Por qué seguía sintiéndome incómoda, llevando un año ahí?
Finalmente nos separamos y volvimos a la fiesta de la mano. Decidí no tomar más alcohol por lo que quedaba de la velada y coloqué una sonrisa estática en mis labios, mientras mantenía charlas sin contenido con los demás invitados. Pero el fulgor de las palabras que había dicho seguía latente en mí y no dejaban de resonar en mi cabeza.
Cuando ya todos se habían ido, Wally y yo nos dirigimos a mi habitación. Pero antes de cruzar el umbral de la puerta, él interpuso su brazo frente a mí, impidiéndome el paso.
―¿Qué haces?
―Estaba pensando en lo que me dijiste… ―Lo miré expectante, deseando que de su boca salieran algunas palabras que le dieran sentido a mi estadía como Titán. ―Y pensé que tienes razón: Nunca hacemos nada divertido o alocado.
Mis ojos emitieron un leve fulgor y Wally debió notarlo porque esbozó una sonrisa cargada de satisfacción.
―Ahora que todos están dormidos, podríamos… ¿Ir a bailar a alguna disco, te parece?
Ok, ya sé que no era la gran cosa. Pero yo sentía que estaba viviendo en un convento de monjas, así que el hecho de que mi novio me propusiera romper la rutina con algo que involucrara baile y alcohol era lo más emocionante que podía pasarme.
Prácticamente le salté encima y comencé a llenarlo de besos.
―¿Eso es un sí?
Casi una hora y media después ― me negué a salir hasta lograr dar con el outfit perfecto y obligué a Wally a hacer lo mismo ― por fin estábamos camino a la disco. Habíamos decidido tomar un taxi para no levantar sospechas ya que íbamos vestidos "de civiles". Yo no cabía en mi emoción. No sabía decir si era por estar haciendo algo diferente después de tanto tiempo o por tener oportunidad de estrenar la falda y las botas que había comprado hacía meses, pero que eran demasiado incómodas para usar en las batallas ya que no me dejaban hacer mis piruetas con soltura.
Yo estaba fascinada, Jump City era una ciudad completamente diferente de noche. Provocaba casarse con esas calles llenas de gente y música estridente, ir a las terrazas de los bares o simplemente pasear, admirando lo pintoresco que era todo con la magia de la oscuridad y sin la presión de tener que andar salvando a las personas. Era tal mi emoción que cuando el taxista se detuvo en el quinto semáforo, le pedí a Wally que nos bajáramos y siguiéramos a pie para poder observar todo de más cerca.
Caminando de la mano, sin despertar miradas curiosas, simplemente disfrutando y recorriendo aquel lugar sin ninguna presión más que divertirnos. Aquello era muy agradable. Pensé entonces que quizá no necesitaba muchas cosas, que quizá simplemente quería vivir una vida que me permitiera hacer eso, aunque fuera sólo de vez en cuando.
―Esto es lindo ―Le dije a Wally luego de que la mesera nos trajera nuestros tragos. Él me sonrió y dejó que su mirada se perdiera un poco en la calle, viendo a la gente pasar.
―Sí que lo es.
―¿Nunca habías hecho algo así, no? ―Inquirí tras darle un sorbo a mi daikiri. Wally negó con la cabeza.
―Nunca hay tiempo para estas cosas. ―Repuso él encogiéndose de hombros. ― Siempre estamos ocupados…
―Siendo héroes, sí. ―Bufé, poniendo los ojos en blanco.
―Yo iba a decir que haciendo limpieza en la Torre Este ―Replicó, provocándome una sonrisa. ―. Hoy no vamos a hablar de ser héroes, Jinx. Hoy vamos a disfrutar. ―Anunció él, alzando su trago y acercándolo al mío para que brindemos.
Estábamos en un bar del centro que estaba bastante lleno para tratarse de una noche de Miércoles, más teniendo en cuenta que era invierno. Se podía cenar o beber un trago y luego se transformaba en una disco bailable. Aquel concepto era algo que me fascinaba y que nunca había podido experimentar. Durante mi adolescencia temprana en la Colmena, era impensable escapar una noche para irnos de fiesta porque era tal el condicionamiento y control mental que el Hermano Sangre había ejercido sobre nosotros que ni siquiera nos atrevíamos a pensarlo. Además que la policía nos tenía catalogados de criminales y yo no conocía las bondades de un guardarropa variado como para camuflarme.
Caí en la cuenta de que mi pasado en la Colmena no era tan diferente al presente de mis compañeros héroes. Ellos también habían sido, en cierta forma, adoctrinados de cómo debían hacer las cosas. Obviamente que no habían sufrido ni por asomo las vejaciones del Hermano Sangre, pero sí la severidad de otros superiores y referentes. Probablemente por eso era tan difícil para Wally entenderme, después de todo, yo había pasado por lo mismo. Renunciar a estructuras, cuestionarlas, abandonarlas, no era algo sencillo.
Al terminar nuestros tragos, fuimos un rato a la pista de baile donde nos movimos al ritmo de algunos reggaetones viejos y unos lentos bien ochentosos que nos hicieron bailar abrazados. Solté un largo suspiro, intentando soltar con él no sólo aire sino toda mi angustia. Quizá tener a Wally cerca era suficiente para estar bien. Quizá realmente él tenía razón y yo necesitaba tiempo. Quizá si pertenecía ahí después de todo…
Y entonces un escalofrío recorrió mi espalda y me separé de Wally como si me hubieran dado un choque eléctrico. Él me miró extrañado, intentando descifrar mi expresión, pero justo cuando abrí la boca para explicarle, una gran explosión nubló mi vista…
―¡Jinx! ¡Jinx! ¡JINX!
No sabía cuánto tiempo había pasado, pero tampoco pretendía sentarme a averiguarlo. Abrí los ojos de golpe y divisé gente corriendo en todas las direcciones y una gran nube de polvo que se expandía más y más frente a mí. Volví a sentir el escalofrío y rodé hacia un costado, justo a tiempo para esquivar un enorme rayo que cayó en el lugar que yo había ocupado hacía tan solo instantes.
Jamás encontré otra explicación más que al mal Karma que había juntado como villana para justificar los hechos que ocurrieron esa noche. Me resultaba insólito que la única vez en la que decidíamos corrernos un poco del papel de héroes, fuéramos víctimas de un ataque sorpresa de Control Fenómeno justo en el maldito bar al que habíamos ido a pasar la noche. De todos los lugares en la re puta ciudad, había decidido arremeter contra ese edificio. No sabía si estaba más enojada por la ironía de la situación o porque la ropa que había decidido estrenar había quedado arruinada para siempre.
―¡JINX!
Busqué a Wally con la mirada, pero era inútil. Cada vez que la polvareda se despejaba un poco, un rayo volvía a embestir contra algún rincón del lugar. Supe que tenía que actuar rápido si no quería que todo empeorara. Me puse de pie y me quité las botas a las cuales despedí con suma melancolía, porque vaticiné que probablemente no fueran a sobrevivir aquella catástrofe. Una vez descalza y en conexión con el piso ―algo que aumentaba la potencia de mis poderes ―, solamente me quedaba encontrar a aquel patético gordinflón para darle un fin a su intervención. No fue difícil, enseguida lo divisé apuntando con su control a una pareja que se había refugiado bajo la barra de tragos. Alcé mi mano y disparé un rayo rosado que impactó justo frente a su nariz, haciendo que se viera obligado a volverse a mí.
―¿Tú no estabas de mi lado? ―Inquirió Control Fenómeno observándome con confusión. Pero yo no estaba de humor, ni para explicaciones ni para hacerla larga, así que elevando mis brazos y sin dejar de mirarlo, abrí el suelo sobre el que estaba parado haciendo que cayera en el abismo que acababa de crear. Una vez ahí, volví a mover la tierra en la que había quedado hundido y lo apresé para que no pudiera moverse. Cuando el polvo se despejó un poco, me acerqué a las personas a las que había apuntado y les pregunté si estaban bien.
―Gracias ―Murmuraron simplemente, demasiado asustados como para cuestionar en qué bando estaba yo.
―¡JINX!―Los brazos de Wally me rodearon, estrujándome con fuerza en un poderoso abrazo. ―Por Dios, por un segundo temí que…
―¡KidFlash! ¡Jinx! ―Aquella voz familiar hizo que nos volviéramos en su búsqueda. Robin y el resto de los Titanes se hacían presentes en el lugar, acercándose a la gente para evacuarla y socorrerla. El petirrojo llegó a nosotros rápidamente. ―¿Qué sucedió? ¿Qué hacían aquí? ¿Por qué no respondieron a sus comunicadores?
Me costaba distinguir si me aturdía más todo lo que acabábamos de vivenciar en pocos minutos o todas las preguntas que Robin nos había hecho.
―Nosotros, simplemente… ―Balbuceé, pero Wally me cortó en seco.
―Fue mi culpa. ―Se apresuró a decir. ―Me pareció una buena idea ir a tomar algo y Control Fenómeno nos sorprendió aquí.
Robin lo miró con desconfianza y luego escudriñó brevemente nuestros rostros, como a la espera de que nos delatáramos. Sólo atiné a tomar la mano de Wally con fuerza.
―Eso no estuvo bien, KidFlash. ―Sentenció Robin con severidad. ―Antes de llegar aquí, Control Fenómeno atacó tres bares más. Podrían haberlo evitado si hubieran estado con sus comunicadores encima, sin mencionar que si alguien los vio utilizar sus poderes con este aspecto, sus identidades secretas están en peligro.
―No volverá a repetirse ―Aseguró Wally, sosteniéndole la mirada a Robin. Esa respuesta pareció conformarlo, porque tras asentir con un gesto de la cabeza, llamó a Raven para que se acercara.
―Transpórtalos a la Torre antes de que algún civil los vea. ―Ordenó. Raven obedeció y un manto negro de energía nos cubrió por completo, haciendo que aquella catástrofe desapareciera de nuestra vista. Sentí un escalofrío, como cada vez que Raven usaba sus poderes conmigo y cuando abrí los ojos divisé la sala de estar de la Torre.
Wally soltó mi mano sin decir nada y caminó arrastrando los pies hasta el baño. No fue hasta que sentí el ruido de la ducha al otro lado de la puerta que supe que había ido a bañarse.
No necesitaba ser psíquica para entender que estaba enojado y que se había metido en la ducha sin decirme nada para evitar soltarme el "Te lo dije" que tenía atravesado en la garganta. No podía culparlo, después de todo era cierto: Él me lo había dicho cientos de veces y aquella noche había sido una demostración perfecta de porqué nunca podían divertirse, de porqué los Titanes no podían dejar de ser héroes nunca y porqué tenían que ser tan discretos. Me sentía avergonzada de haber arrastrado a Wally a esa situación, de acorralarlo frente Robin, obligándolo a abogar por mí por vez número un millón.
Me dejé caer en el sillón oponiendo toda mi resistencia contra las lágrimas que luchaban por salir. ¿Por qué tenía que ser todo tan injusto? ¿Acaso no podíamos simplemente ser felices y divertirnos por tan sólo una noche? La sensación de paz y plenitud junto con la imagen de la sonrisa de Wally volvieron a mi cabeza, aumentando la impotencia que sentía. Y entonces, entendí que ellos no eran los equivocados. Que yo era la equivocada.
Pero no en mi forma de pensar, sino en lo que yo pretendía de mi vida en ese lugar. Aquella noche me había dejado en claro algo: Yo no era feliz ahí. Y nada podía cambiar eso, sin importar el esfuerzo que hiciera. Quedarme significaba renunciar a la vida que yo pretendía tener, a la libertad que me había esmerado por construir. Caí en la cuenta de que Wally no me hablaba desde la realidad, sino desde su deseo de que me quedara. Y que yo había decidido creerle por lo mucho que sentía que le debía por haberme rescatado. Y claro, lo mucho que lo quería.
Pero ahora las cosas eran distintas. Ahora ya había conocido de primera mano cuál era el peso de mis elecciones y ya no quería ser parte de ello. Entendí en ese momento que mi arrebato en la fiesta había sido sincero y no producto del alcohol.
Tenía que irme de ahí. Ese no era mi lugar, ni la vida que quería.
Supe también que no podía pedirle a Wally que se fuera conmigo. Y entonces dejé de luchar y las lágrimas cayeron como un torrente sobre mis mejillas. Me apresuré a ir a mi habitación y metí torpemente todas mis pertenencias en un bolso. Tomé dos papeles para escribir unas breves palabras antes de que Wally saliera de la ducha.
"Gracias por todo. Cuidense mucho" garabateé y dejé la nota sobre la pequeña mesa del living para que los Titanes lo encontraran al regresar. Me enfrenté a la hoja vacía restante y escribí de un tirón antes de pensármelo más y terminar arrepintiéndome.
Pasé el papel por debajo de puerta del baño y salí de una corrida de la Torre mientras las lágrimas seguían cayendo sin piedad. Había tomado una decisión. No sabía a dónde quería ir, pero ya no quería quedarme en un lugar en donde no era feliz ni nunca podría serlo, aunque eso implicara dejar a mi novio a través de una nota que dijera simplemente una palabra: "Perdóname".
Bueno, aquí es cuando las cosas se empiezan a ir al cuerno un poco para nuestra querida pareja principal jajajaja. ¡Espero sus opiniones en la cajita feliz! (O sea, la de los reviews). Recibo todo tipo de comentarios. Espero que todos estén bien y les mando un fuerte abrazo.
Coockie
