Disclaimer: Todo de la Rowling. Mías son sólo las fantasías que salen de mi mente.

Escrito para el "Amigo Invisible navideño 2020/2021" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".

¡Gracias por leer y comentar!

Beta: Miss Lefroy Hrafna.


La noche de Bucarest

Teddy estaba disfrutando muchísimo del día en los criaderos de dragón. Tonks concedía que la experiencia de tener un pequeño dragón en brazos había sido única en la vida. Habían ayudado a los cuidadores a alimentar a los más pequeños, Teddy había colaborado rotando los huevos rechazados por las dragonas que estaban incubando para llevarlos a buen puesto y, en ese momento, estaban viendo cómo un criador de dragones especializado en veterinaria vendaba un ala rota a un ejemplar juvenil.

—Se peleó con un ejemplar más adulto que él por una hembra —les explicó el hombre, amablemente. El dragón estaba sedado, tumbado en el suelo—. Puedes acercarte si quieres. Tardará un rato en recuperar el conocimiento —le ofreció a Teddy, que se apresuró a tirar de la mano de Charlie y Harry, con quienes había ido toda la mañana, para ponerse al lado.

—¿Puedo acariciarlo? —preguntó antes de extender la mano. El hombre asintió.

—Es más rugoso que los otros.

—Es por las escamas. Las de las crías son menos duras, van cogiendo esa textura cuando crecen. Este ya está pasando la pubertad, dentro de unos meses será un ejemplar maduro.

—¿Entonces podrá tener dragoncitos con otra dragona?

—Últimamente está muy interesado en ese tema —se disculpó Harry con una carcajada—. Sí, Teddy, eso significa que podrá hacerlo.

—Tardará unos años, no obstante —negó el criador—. Aunque maduren, las hembras no suelen aceptarlos tan temprano.

—Está oscureciendo —señaló Tonks, a su pesar—. Teddy tiene que cenar y bañarse antes de irse a dormir.

—¡Pero yo quiero quedarme!

—Los dragones entran en letargo durante la noche, Teddy —le informó Charlie, agachándose para hablarle a su altura. Al ver esto, Draco intercambió una mirada con Tonks, guiñándole un ojo.

—Además, hoy todavía no has escogido el postre —añadió Draco. Habían comido unos bocadillos en medio de la reserva, así que no había tenido oportunidad—. Harry va a ir a buscar comida para cenar y puedes elegir entre helado, tortitas y tarta de manzana.

—¡Tarta de manzana! ¡Tarta de manzana! —gritó inmediatamente Teddy, entusiasmado.

—¿Vais a ir a buscar comida? —se burló Charlie—. Tengo la cocina bien provista, ¿sabéis? No vais a moriros por tener que cocinar un día.

—Estoy de vacaciones, Weasley —espetó Draco en broma—. No quiero mancharme las manos más que para sujetar una buena hamburguesa.

—¡Hamburguesa! —se entusiasmó aún más Teddy.

—¡Entonces… a casa, compañero! —dijo Charlie, alzándole y sentándole en sus hombros. Teddy chilló de excitación y se agarró a sus cabellos, moviéndose como si estuviese cabalgando encima de un poni.

Volvieron a través de las chimeneas de la reserva. Sacudiéndose las cenizas, Draco llevó a Teddy de las manos, ayudándole a dar grandes saltos en dirección al cuarto de baño para quitarle la ropa sucia y embarrada de haberse revolcado todo el día entre los dragones, antes de que pudiese saltar encima del sofá o sentarse en alguna silla.

—Voy a ir a por la cena —les avisó Harry—. Había pensado en pedir en el mismo restaurante donde cenamos ayer, que es donde probamos la tarta de manzana, pero creo que Draco ha engorgoritado a Teddy con la hamburguesa, así que también iré al mundo muggle. ¿Qué queréis comer?

—Lo que traigas estará bien, Harry. Voy a por mi monedero —dijo Tonks, pero antes de que pudiera dirigirse hacia la puerta, Charlie la detuvo con un gesto.

—Un segundo. Había pensado que podíamos salir a cenar fuera también, Tonks. Salimos, cenamos y ya nos quedamos por ahí. No os importa, ¿verdad, Harry?

—Claro que no —se apresuró a decir Harry con una sonrisa resplandeciente en el rostro—. Iré a por comida para nosotros tres, entonces. Luego nos vemos.

Harry se desapareció, y Charlie y ella se quedaron solos en la sala.

—No he dicho que sí —dijo Tonks al aire con una risita, a modo de débil protesta.

—Pues… salvo que queramos compartir con Teddy su hamburguesa… dudo que Harry vuelva para preguntarnos de nuevo qué comer —bromeó Charlie con incomodidad, mirándole preocupado.

—Me parece bien, no te preocupes —le tranquilizó Tonks. Draco tenía razón y estaba dispuesta a dejar que las cosas saliesen como tuviesen que salir.

—He pensado en un restaurante muggle. Luego podemos salir de fiesta por la zona mágica, si quieres, pero pensé que para cenar…

—Donde sea estará bien, pero primero he de ducharme. Apesto a dragón.

—Tú y todos —rio Charlie entre dientes antes de sonreír más ampliamente. Tonks le devolvió la sonrisa sin pensar. Ambos se sostuvieron la mirada hasta que entró Draco con Teddy duchado y recién cambiado, interrumpiéndoles.

—¿Harry ha ido a por la comida ya? —Tonks asintió, incómoda al sentir que el momento, una vez más, se había roto—. La ducha está libre, por si queréis pasar uno de vosotros. Si no, entro yo.

—Pasa tú primero, Tonks. Y si a Draco le parece bien, luego entraré yo y así podremos marcharnos, no quiero que nos quedemos sin mesa.

—¿Cenáis fuera? —preguntó Draco con expresión de aprobación—. ¿Qué te parece, Teddy? ¿Dejamos que mamá se vaya a cenar con el tío Charlie? Así nos tendrás a Harry y a mí para ti solito.

—¡Sí!

—Creo que se habría entusiasmado con cualquier plan que le hubieses propuesto —le pinchó Charlie.

—El truco no está en el plan, Weasley, sino en cómo lo vendes. Venga, tirad para la ducha y largaos de aquí. Teddy y yo vamos a ver un rato la televisión hasta que venga Harry.

—Vosotros también necesitáis ducharos… —empezó a decir Tonks.

—Nos apañaremos, Tonks. Como nos hemos arreglado siempre. Vosotros poneos guapos y salid a pasarlo bien.

Un rato después, se despedían de Draco y Teddy, que estaba explicándole a Draco la historia de la chica heroína a la que se había enganchado. Charlie le cogió del codo tímidamente, desapareciéndolos a ambos en dirección a un callejón de Bucarest.

—Está cerca de aquí —le indicó, soltándola y empezando a caminar para guiarla.

El restaurante resultó ser elegante. Tonks había dado por hecho que cenarían en cualquier sitio antes de salir a bailar, pero Charlie había escogido un lugar bonito y agradable, donde les atendieron rápidamente, montando una pequeña mesa para ellos dos en un rincón.

—Se ve lleno.

—Por eso quería llegar pronto. Es un restaurante muy conocido aquí en Bucarest y suelen quedarse sin sitio los fines de semana.

—Es un sitio bonito —confirmó con una sonrisa.

—¿Te importa si pido yo en lugar de elegir a la carta? Hay varios platos muy ricos, típicos de la gastronomía rumana, que me gustaría que probases.

—Eres el anfitrión, tú mandas.

Tonks descubrió que era fácil hablar con Charlie. No es que hubiese sido difícil en los días de atrás, pero sus conversaciones, por lo general, habían sido iniciadas por Teddy o girado alrededor del niño; era la primera vez que ambos estaban a solas, salvo el breve episodio viendo la película la noche anterior, y le había dado un poco de miedo no saber de qué hablar.

Sin embargo, ambos tenían un sentido del humor similar. Charlie le contó anécdotas de su infancia y de lo que había sido crecer con tantos hermanos, cuando ella le había confirmado que era hija única. Hablaron de su tiempo en Hogwarts, comparando sus experiencias. Tonks le habló las ocurrencias y travesuras de Teddy, que Charlie celebró.

—¿Sigues siendo auror, entonces? —preguntó Charlie cuando llegaron a los postres.

—Sí. Pedí el traslado a oficinas, apenas hago trabajo de campo ya.

—Tiene sentido —asintió él.

—¿Por qué?

—Has vivido una guerra, supongo que no tenías muchas ganas de estar en el centro de la acción en un cuerpo que, al fin y al cabo, es militar.

—Supongo —admitió Tonks, estrujando su servilleta. Decidió que, si quería que las cosas fluyesen entre ellos, debía ser a través de la sinceridad, no de meter secretos bajo la alfombra—. Realmente, no soporté la idea de que pudiese ocurrirme algo a mí también y que Teddy se quedase solo.

—Entiendo —comprendió Charlie.

—Cuando avisaron de la batalla de Hogwarts… Yo también quería ir. Hacer del mundo mágico un lugar mejor para Teddy. Pero Remus insistió. Supongo que me creía inmortal en ese momento.

—Es un defecto común a toda la juventud.

—Remus era mucho más reflexivo. Pensaba antes de actuar. Era valiente como pocos y muy hábil. Creo que, a pesar de saber lo que nos jugábamos, él…

Se le quebró la voz y se calló, agachando la cabeza, sin saber cómo continuar, pensando súbitamente que recordar a tu marido muerto no era la mejor manera de conducir una conversación que había acabado tomando los visos de cita romántica.

—Lo conocí —murmuró Charlie al cabo de unos segundos.

—Creía que sólo lo habías conocido de vista. —Tonks levantó la cabeza.

Había estado concentrada en su servilleta todo ese rato. Seguía siendo un tema difícil de hablar, pero no se había planteado que Charlie y Remus se hubiesen conocido. Sabía que este había estado en la Orden del Fénix, porque Harry lo había mencionado alguna vez, pero nunca había coincidido con él.

—Sí, así es. Dumbledore me reclutó para conseguir aliados extranjeros. Rumanía fue uno de los países que más sufrió la presencia de Grindelwald, era importante que el apoyo a un nuevo señor oscuro no se extendiese. Llegué a la batalla en el último momento, cuando ya había comenzado.

—Debió ser difícil llegar desde aquí.

—El aviso me pilló en Francia. Tuve que aparecerme en varias casas francas de camino. Eso hizo que pudiese ir avisando a quienes residían allí. Reuní a todos los que pude antes de llegar a Hogwarts.

—Suena… heroico.

—Eso dijeron desde el Ministerio —resopló Charlie, quitándole importancia—. Querían darme una Orden de Merlín y un cargo en el Departamento de Criaturas Mágicas. Yo no me sentí heroico. Como tú, sólo quería un mundo mejor para mi familia, un mundo donde nadie temiese por su vida.

—Remus peleó por Teddy. Por Harry. Dumbledore decía que el amor vencería a Voldemort. Remus entregó todo su amor… Si al menos yo hubiese estado allí…

—Voldemort habría sido vencido igual. No puedes culparte por eso.

—¿Lo viste? —Sintió la necesidad de preguntarle.

—Hablé con él, incluso. Estaba al cargo de la defensa de una de las torres. Tenía un grupo detrás de él, ayudándole. Varios de los estudiantes de Slytherin que habían sido evacuados, regresaron. Él estaba organizándolos, dándoles tareas. Los muros temblaban bajo los ataques de los gigantes. Me vio y me dijo que fuese al otro extremo, que afianzara la torre. Gracias a eso, la estructura aguantó. Si él no hubiese visto aquello, habríamos peleado contra los mortífagos y habríamos muerto aplastados por los escombros.

Sin poder contenerse más, Tonks estrujó la servilleta entre sus manos y una lágrima se derramó por su mejilla. Charlie se inclinó hacia adelante y se la enjugó con una caricia. Dejó su mano allí posada.

—Lo siento, no debí haberte hablado de ello. —Retiró la mano, pero Tonks la agarró y se la llevó de nuevo a la mejilla, sintiendo cómo la consolaba.

—Está bien —musitó cuando el nudo de su garganta dejó de estrangularla—. Tengo que aprender a hablar de ello.

—Podemos volver a casa, si no te sientes con ánimos para salir —le propuso Charlie amablemente.

—No. Me ha… me ha gustado lo que me has contado, Charlie. Se ha sentido bien. Lo siento, a veces soy un poco llorona.

—Llorar es bueno.

—Muchas gracias, Charlie. Por todo. Por invitarnos a mí y a Teddy aquí, por tratarnos tan bien, por contarme esto de Remus…

—No hay que darlas. ¿Seguro que estás bien?

—Seguro. Lo estoy pasando muy bien, aunque no lo haya parecido en los últimos minutos. ¿Y tú?

—Estoy disfrutando mucho con tu compañía. Seguiré haciéndolo aunque decidas que nos vayamos a casa.

Charlie la miraba con aquella sonrisa que hacía que su interior se derritiese. Le correspondió antes de darse cuenta de que lo hacía y este ensanchó la sonrisa. No le había mentido. Hablar de Remus se había sentido doloroso, porque su recuerdo estaba ahí, pero también terapéutico.

Consideró la última frase de Charlie, consciente de que estaba sobreanalizando, como le había advertido Draco que no debía hacer. Decidió que, si Draco tenía razón, las cosas debían seguir su curso.

—Sigamos con los planes.

—¿Quieres que vayamos a bailar?

—A ser posible en un sitio tranquilo donde podamos hablar.

—Conozco un lugar perfecto en el bulevar.

Charlie acertó con el pub mágico. La música sonaba a un volumen razonable y había espacio de sobra para estar. Él pidió una cerveza muggle y ella un cóctel realizado con ingredientes de origen mágico que no había probado en la vida. Buscaron un rincón donde pudieron dejar las bebidas apoyadas en un saliente de la pared junto a sus cazadoras.

Tonks empezó a moverse al ritmo de la música. Sonaba rock, algo que siempre le había gustado y, durante unos segundos, se dejó llevar. Cuando abrió los ojos, sorprendió a Charlie mirándola con los ojos muy abiertos y una sonrisa divertida.

—No recordaba que tú también podías hacerlo —le dijo, alzando la voz lo justo para ser oído.

—¿Qué? —Charlie señaló su pelo. Llevándose las manos a la cabeza, notó que había cambiado de peinado a una cresta y, de esa manera omnisciente que utilizaba para hacer cambios en su cuerpo, supo que había cambiado del violeta oscuro que solía utilizar, una versión más apagada que la de Teddy, a rosa fuerte—. Sí, él lo heredó de mí.

—Pero no te había visto usarlo.

—Suelo controlarlo mejor que él, que todavía es pequeño. Pero sólo tengo que concentrarme.

Lo hizo, cambiando la forma de sus pómulos y nariz antes de devolverlos a su estado original. Charlie soltó una carcajada divertida, alabándola.

—Deberías hacerlo más a menudo. Te sienta bien ese peinado y ese color. Con el otro eres guapa, pero con este estás espectacular.

Decidió no decirle que era la primera vez en años que el color de su pelo cambiaba espontáneamente, como el de Teddy. Sonrió complacida, levantó las manos por encima de su cabeza y dejó que el ritmo la invadiese, bailando.