Disclaimer: Todo de la Rowling. Mías son sólo las fantasías que salen de mi mente.
Escrito para el "Amigo Invisible navideño 2020/2021" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".
¡Gracias por leer y comentar!
Beta: Miss Lefroy Hrafna.
Trigger Warning: Escenas sexuales explícitas.
Dejar que todo fluya
No se habían movido del local. Había llegado más gente, pero no la suficiente como para sentirse agobiada. La primera consumición había dado lugar a un par más. Tonks sentía que el alcohol corría por sus venas, desinhibiéndola. Charlie se había acercado a ella, tímidamente al principio, intentando compartir el baile. Se movía de manera torpe, pero vio en sus ojos el mismo deseo que ella sentía, así que, con una iniciativa que no sabía bien de dónde salía, le rodeó la cintura con los brazos, atrayéndole e intentando marcarle el ritmo.
Charlie la correspondió con una sonrisa feroz que la hizo derretirse. En sus ojos seguía viendo la amabilidad y la ternura que la habían encandilado durante esos días, pero también ese brillo salvaje que le hacía fijarse en él dos veces. Bailaron juntos durante un rato. Las manos de Charlie se volvieron más atrevidas, bajando de la espalda hasta el borde de sus pantalones.
Tonks se mordió los labios y esto hizo que la sonrisa de Charlie se tornase más salvaje. Un estremecimiento de placer le recorrió el cuerpo y decidió abandonarse a la sensación. Cerró los ojos. Las manos de Charlie bajaron más abajo, acunándole las nalgas con cuidado antes de dar un pequeño apretón.
—Tu pelo se ha puesto verde fosforito antes de pasar a rojo—comentó Charlie con voz divertida.
—Me pasa cuando algo me gusta mucho. Cambia a un color que destaca antes de ponerse rojo.
—Pensaba que lo controlabas tú.
—La mayoría del tiempo, sí. A veces, si una sensación es muy poderosa o una emoción es muy fuerte, lo hace por sí solo.
—Me gusta ser una emoción muy fuerte.
—Lo eres, Charlie Weasley.
—Genial, porque tú también lo eres para mí.
Charlie se inclinó sobre ella. Tonks pasó los brazos por detrás de su nuca, enterrando los dedos en su media melena rojiza. Se había preguntado cómo se sentía desde que Teddy había hundido las manos ahí cuando este lo cargaba, y ahora descubrió que era un cabello áspero y grueso, como a ella le gustaba. Se preguntó si el resto del vello de su cuerpo sería igual de pelirrojo.
Cuando sus labios se tocaron, una chispa de excitación se extendió por todo su cuerpo, enviando oleadas de placer hasta el último centímetro de su cuerpo. Gimió contra los labios de Charlie, que los abrió invadiéndole la boca con la lengua. Ella lo recibió gustosa, apretándose contra él, sintiendo sus manos acariciándole el culo, frotando el cuerpo contra los músculos que se escondían bajo su ropa.
Unos segundos después, Charlie bajó la intensidad del beso, dejando de llenarle la boca con la lengua y acariciándole la suya suavemente. Cuando la retiró, Tonks aprovechó para ser ella quien probase el sabor amargo de la cerveza muggle en la boca de él, en un beso más cadencioso.
Se separaron, sin soltarse. Charlie esbozó una sonrisa de medio lado, satisfecho, y Tonks suspiró de placer.
—¿Está bien para ti?
—Está genial, Charlie.
Perdió la noción del tiempo, besándolo durante horas. Sólo hacían pausas para hablarse al oído, intentando levantar el volumen de voz lo justo para oírse sin ser escuchados.
—¿Por qué? —le preguntó en un momento dado, entre beso y beso.
No necesitó explicarle más, Charlie contestó inmediatamente.
—No lo sé. Me gustaste, simplemente. Eres muy guapa, ¿sabes?
—¿Sólo fue físico? —le pinchó, mordisqueándole la oreja.
—Al principio, sí. Pero para mí no es suficiente. Harry y Draco me hablaron mucho de ti durante las Navidades.
—Tendré que asesinarlos por ello.
—No lo hagas. Sólo contestaban a mis preguntas. Tenía mucha curiosidad. Sé que conversamos poco tiempo, pero me llamaste la atención y quería saber más.
—Cuéntame más.
—Me gustó que te acordaras de mi crup.
—Al que, por cierto, todavía no hemos visto.
—Vive en la reserva, pero no hemos llegado a acercarnos a la zona de las cabañas de los domadores. Están dentro del bosque.
—Suena a un sitio bonito para ser un crup.
—Lo es. Estuve pensando en ti durante semanas —continuó Charlie, retomando la conversación—. No sabía cómo hacer para hablar contigo, sólo que me apetecía mucho. Estuve a punto de escribirte un par de veces, pero no me atreví. Pensé que ibas a tomarme por un imbécil.
—Seguramente lo habría hecho.
Tonks le sujetó por las mejillas, besándole. Siendo sincera consigo misma, probablemente no lo habría tomado por un imbécil. Teddy se había pasado todo aquel tiempo hablando del tío Charlie que lo llevaría a ver dragones. Ella se había sentido desilusionada porque creía que no iba a cumplir su promesa, pero cuando Charlie apareció en la chimenea, ella ya había aceptado incluso antes de oír la propuesta.
En sus brazos, escuchando de Charlie lo mucho que le había gustado al verla, saber que él también había anhelado ese contacto que había ido naciendo dentro de ella y que había sabido esperar pacientemente hasta que ella había estado preparada para dárselo, la reconfortó.
—Gracias por cumplir tu promesa con Teddy.
—A los niños hay que enseñarles a cumplir sus promesas —dijo Charlie, quitándole importancia.
—Muchos adultos sólo lo hacen para que se calle y a él le duele.
—Como le dolería a cualquier persona. —Draco siempre decía algo parecido—. Gracias a ti por acceder a venir, por estar aquí ahora.
—No digas tonterías.
—Tonks… —Charlie dudó, lamiéndose el labio inferior y luego mordiéndoselo. Adivinó qué era lo que quería decirle y su estómago le dio un vuelco—. ¿Te parecería bien si fuésemos a un hotel a pasar el resto de la noche? Teddy está bien cuidado, yo estoy muy a gusto contigo y no sé si tú…
—Sí. —La negativa había bailado en su mente durante una brevísima fracción de segundo mientras Charlie formulaba la pregunta. «Debes ser feliz», susurró Remus en su oído derecho. «Deja que fluya lo que tenga que fluir», dijo Draco en su oído izquierdo—. Me encantaría —confirmó.
Se pusieron los abrigos y, cogiéndose de la mano, caminaron varios cientos de metros hasta llegar a la recepción de un hotel en medio del bulevar. Charlie le pidió su documentación y se encargó de las gestiones con la recepcionista. Mientras subían las escaleras en dirección al dormitorio, Tonks sintió aquella sensación de anticipación en su estómago. Sintiéndose como una adolescente en su primera escapada romántica, se rio, frotándose contra Charlie cuando este la estampó contra una pared, devorándole la boca con ansia.
Entraron en la habitación. Era sencilla, y estaba bien decorada, en tonos neutros. Charlie cerró tras ella y se acercó abrazándola por detrás y besándola el cuello.
—¿Qué quieres que hagamos? —le preguntó en voz baja.
Tonks se giró, desconcertada. No había esperado esa pregunta. Había dado por hecho que, al pedirle ir a un hotel, Charlie estaría pensando en que se acostasen juntos, pero de repente no estaba tan segura.
—Quiero decir que podemos hacer lo que desees o en la forma que más te apetezca. A lo mejor no es el momento más oportuno, pero no he tenido demasiadas parejas. No es que tenga mucha experiencia en esto, así que no quiero forzarte a nada.
—Yo llevo muchos años de desentreno —resopló Tonks, que no pensaba que hablar de ello fuese incómodo o inoportuno. De hecho, pasado el desconcierto inicial, apreció que Charlie se hubiese tomado la molestia de preguntarle—. ¿De verdad puedo poner condiciones?
—Claro. Y límites. Sólo llegaremos hasta donde tú quieras. —Le miró a los ojos, buscando duda o decepción en ellos, pero sólo vio un deseo indomable y ternura detrás de ese brillo fiero.
—Podemos… ¿podemos sólo dejarlo fluir?
—Perfecto.
Tonks volvió a besarle. Charlie llevó las manos a su culo, acariciándolo por encima del pantalón. Ella hizo lo mismo, poniendo una de sus manos sobre el pantalón y metiendo la otra bajo la camiseta para acariciarle la espalda, piel con piel. Charlie se separó un momento de ella, que intentó atraparle mordiéndole el labio inferior, y se quitó la camiseta.
—Mejor así —aprobó Tonks, acariciándole los pectorales, sintiendo su piel bajo sus dedos y volviendo a atrapar el labio de Charlie entre sus dientes antes de meterle la lengua en la boca.
—Te gusta morder, ¿eh? —preguntó Charlie cuando se apartó, con una sonrisa pícara. Bajó la cabeza avergonzada, pero este se la subió, haciéndole mirarle a los ojos—. Nunca me han mordido hasta ahora, pero me ha encantado. Muérdeme.
No le respondió, pasó los brazos por detrás de la espalda de Charlie, apretándole contra ella y mordiéndole los labios, besándole, devorándole.
Al principio había pensado que, tras tantos años en los que en su cama solo entraban sus dedos, y sólo cuando recordaba a Remus, la escena se parecería más a las de las novelas románticas que había leído durante los veranos de su adolescencia. Cuando Charlie le había propuesto ir a un hotel, su imaginación había ubicado una escena de Charlie deslizándose encima de ella, despacio, mirándole a los ojos.
En cambio, los dos estaban de pie en medio de la habitación, besándose con más ímpetu que antes. Charlie había empezado a corresponder a la agresividad de su beso, chocando sus dientes contra los de ella, mordiéndole el labio también, abandonándolos para lamerle el cuello, succionando hasta que la oía gemir.
Charlie y ella habían conectado. Primero visualmente, atrayéndose mutuamente. Luego con la conversación, el humor, su forma de comportarse con su hijo, con ella, su ternura. Y ahora físicamente. No la iba a tratar como a una princesa. Lo aceptó agradecida. El breve tiempo que había estado con Remus, este se había desvivido por ella, por complacerla, por compensarla, como entendía ahora con la perspectiva del tiempo, por todo lo que creía que no podía darle. Había sido un hombre tranquilo y afable, donde el salvajismo sólo se atisbaba detrás de las pupilas, transformado en determinación.
Remus había sido fuego, pero uno que arde tranquilo, controlado, que puede quemar si metes la mano. Charlie, en cambio, era una hoguera explosiva, que explotaba los rescoldos, enviando chispas al aire, calentando, ardiendo sin control, deseando consumir, ardiente. Comprendió que era justo lo que necesitaba. Poder limitar a Remus en su compartimento, convivir con su recuerdo y crear otros nuevos con otras personas, unos que le despertasen otras sensaciones, otras vivencias.
Charlie le lamió el lóbulo de la oreja, arrancándole otro gemido, que empezaron a sonar desesperados. Sin pensarlo, atacó el cuello del chico, chupándolo antes de morder cautelosamente. Un suspiro de placer le animó a morder de nuevo, más fuerte. Charlie gimió, apretando más sus nalgas, llevándolas contra él moviendo las caderas. Pudo sentir su erección, presionada por el vaquero, frotándose contra ella, excitándola más.
Bajó hasta el hombro, mordiéndole en la clavícula, sintiendo cómo tensaba los músculos y volvía a frotarse contra ella. Le acarició los pectorales, deseando tener tiempo de acariciar todas aquellas cicatrices, pero demasiado apremiada por el deseo. Volvió a la garganta, lamiéndole el cuello con deseo. Besó el punto donde sus clavículas se unían, formando un hueco, antes de volver a alzar la cabeza y besarle. Charlie la recibió con ansia, metiendo una de sus manos por dentro de su camisa, como ella había hecho antes.
Sintió que la otra mano abandonaba su culo y gimió con frustración contra la boca de Charlie, pero este la regresó rápidamente, introduciéndola por dentro de la cintura con esfuerzo debido a lo ajustados que eran. Se apresuró a bajar las manos, entre ellos, y desabrocharlos, para darle sitio. Charlie buscó la gomilla de su ropa interior y metió la mano, acariciándole el culo, esta vez piel con piel. Sus dedos tenían un tacto rugoso, áspero, pero agradable, recorriendo su columna vertebral hasta el cierre del sujetador y volviendo hasta la cintura; acariciando su nalga izquierda, apretándola entre sus dedos antes de volver a pasar las yemas, consoladoras. Abrió la mano todo lo que pudo, intentando abarcar todo su culo, resiguiendo con el dedo corazón la línea que separaba los glúteos.
Todavía con la mano en el botón de su pantalón, Tonks se bajó la cremallera, aflojándolo lo más posible, y buscó el cierre de los de Charlie, sacando rápidamente todos los botones que pudo sin arrancarlos. Antes de pasar las manos hacia atrás buscó su pene, tentativa, frotándolo con la palma unos segundos antes de meter las manos por debajo del calzoncillo para acariciarle el culo también.
Charlie gimió contra su boca cuando le rozó la polla, mordiéndole la lengua suavemente en el beso. Tonks puso sus manos en las nalgas de Charlie, sintiéndolas prietas y fuertes. Comprendió que había tenido razón en su valoración cuando lo vio sin camiseta. A pesar de que sus músculos no estaban exageradamente marcados, sí estaban definidos y eran muy fuertes. Paseó las manos de arriba abajo.
—¿Está bien? —Sabía que había hombres que no les gustaba tanto que les tocasen el culo.
—Me encanta —jadeó Charlie contra su boca—. Me encanta, ¿y a ti?
—Me estoy volviendo loca —afirmó Tonks, mordiéndole la barbilla, atrapando de nuevo su boca, pensando que no se iba a cansar de hacerlo nunca. Más segura, volvió a apretarle las nalgas, separándoselas, acariciándole en el hueco que se abría entre ellas, clavándole las uñas, sintiendo bajo sus dedos que estaban cubiertas por un espeso vello.
Charlie sacó las manos de su ropa y se apartó unos centímetros, desabotonándole la blusa. Ella le ayudó, parando de acariciarle para desabrocharse el sujetador, dejando caer las prendas de ropa. Charlie le dio media vuelta, situándola delante de él. Sintiendo el calor de su pecho en la espalda cuando se pegó a ella, notó que volvía a devorarle el cuello con ansia, mientras con sus manos la abrazaba por la cintura, recorriendo en una caricia suave su abdomen.
—Las tetas… —le pidió Tonks en un gimoteo lastimero.
No había terminado de pedirlo cuando los dedos de Charlie ya estaban acariciando en suaves círculos las aureolas, las yemas pulsando sobre los pezones con suavidad, rozándolos, sopesando las tetas en las palmas, alzándolas y volviéndolas a bajar levemente. Suspiró, pero sus manos abandonaron su cuerpo. Oyó el sonido de los pantalones de Charlie cayendo al suelo y le sintió moverse, sacando las piernas. Dos golpes secos le avisaron de que se había descalzado para conseguirlo.
Sus manos se pusieron en la cintura de los suyos, empujándolos hacia abajo, pero eran más ajustados y no cayeron. Se apresuró a agacharse, sacándoselos de los tobillos, tirando de ellos y quitándose los botines y los calcetines en el mismo movimiento. Detrás de ella, Charlie también se removió, pero no sabía qué estaba haciendo. Se incorporó, intentando darse media vuelta, pero Charlie la atrapó, rodeándola de nuevo con la cintura y pegándola a su pecho.
—Déjame disfrutar así un poco más, por favor —le ronroneó Charlie en el oído.
—¿En qué estás pensando? —preguntó Tonks, provocadora.
—Sólo sube los brazos.
Le obedeció, sujetándose con los dedos en el largo cabello de Charlie, intentando no tirar demasiado fuerte. Este volvió a pasear los dedos por su abdomen, suavemente. Empujándola contra él, la hizo pegarse a su cuerpo. Notó la presión de su polla, dura y húmeda, contra las bragas y la base de su espalda. Al mover las caderas contra su culo, sintió cómo se frotaba contra la tela y su glande goteaba, manchándole justo encima de la cinturilla de la ropa interior.
Charlie subió las manos de nuevo hacia sus senos, volviendo a acariciarlas como unos segundos antes, agachando la cabeza y lamiéndole el cuello, succionando tan fuerte que estaba segura que al día siguiente tendría marcas. No le importó. Restregó el culo contra la polla de Charlie, intentando excitarle más, contenta cuando obtuvo un gemido en respuesta.
Dejando la mano izquierda en su pecho, Charlie deslizó la otra a través de su tripa, jugueteando con el lacito de sus bragas justo antes de introducir sus dedos debajo y enterrarlos en el vello púbico, enredándolos y tironeando de ellos, sin dejar de besarle el cuello, los hombros, acariciándole el pecho. Cuando sus dedos por fin encontraron los labios mayores, hundiéndose con facilidad debido a la humedad que ya empapaba sus bragas, gimió aliviada por el contacto.
—¿Quieres que siga así o cambiamos? —murmuró Charlie con voz ronca. Se estremeció al sentir la vibración de su garganta, el aliento de su boca y asintió rápidamente—. De acuerdo —dijo con fiereza y mordiéndole el hombro—. Me encantas. Eres maravillosa. Quiero que te derritas en mis manos.
—¡Sí! —exclamó Tonks, sintiendo cómo los dedos de Charlie buscaban los labios menores, separándolos gentilmente, acariciando desde el clítoris hasta la entrada de su vagina, suavemente, sin apretar. Localizó su clítoris, acariciándolo en círculos con uno de sus dedos, intensificando su placer al rozarlo directamente, deslizando el resto de los dedos arriba y abajo—. No pares ahora, por favor.
—No voy a parar. Sólo dime qué necesitas y yo lo haré. —Charlie volvió a besar su cuello, lamerle el lóbulo de la oreja, mordisquearle el hombro. Le pellizcó el pezón antes de pasar los dedos por encima de él, consolándola con una caricia.
—Otra vez… —jadeó Tonks.
Charlie volvió a pellizcar el pezón antes de cubrirlo con la palma de su mano y masajear el pecho. Cuando Tonks gimió de placer, volvió a pellizcar, arrancándole otro grito de deleite, y sintió cómo las primeras oleadas del orgasmo comenzaban a llegar.
—Frótate —le exigió Tonks, perdiendo las últimas sílabas de la palabra en un gemido largo. Charlie la obedeció. Se agarró con una mano a su nuca, haciendo que la frente de Charlie chocase contra su cabeza y con la otra, a la mano que todavía mantenía en su pecho—. Estoy a punto —sollozó.
—Eres preciosa —murmuraba Charlie entre besos y lametones a su cuello—. Me gusta verte, me encanta oírte, me pone muchísimo tocarte.
Otro pellizco en su pezón, los dedos deslizándose rápidamente sobre sus labios vaginales, el dedo sobre el clítoris moviéndose en círculos tranquilos, rozándolo y despertando chispas eléctricas cada vez que lo hacía, sus dientes y su lengua acariciándole el cuello. Las oleadas de placer de su cuerpo se incrementaron, haciendo que las piernas le temblaran. Gimió más alto, sollozando, sintiendo que el placer le recorría la columna vertebral y le hacía temblar el cuerpo entero.
Un dique de emoción estalló dentro de su pecho y notó lágrimas corriendo por sus mejillas mientras seguía gimiendo, apretando los párpados en un estallido de color blanco, entregándose totalmente a la sensación que embargaba su cuerpo, fundiéndola por dentro, tan añorada como olvidada, hasta un punto casi doloroso, pero sobre todo placentero. Tonks apretó los muslos, atrapando la mano de Charlie con tanta fuerza que le impedía moverla, durante los últimos espasmos del orgasmo, jadeando.
Cuando la sensación de placer se retiró de su cuerpo lentamente, dejándola en un agradable éxtasis, aflojó todos los músculos que tenía en tensión, soltando a Charlie, que la sostuvo por la cintura con sus fuertes brazos, afianzándola contra su cuerpo. Este se quedó inmóvil, dándole tiempo para que se recuperase.
—¿Ha estado bien? —murmuró Charlie en su oído.
—Genial —suspiró Tonks, incapaz de decir nada más.
