Disclaimer: Todo de la Rowling. Mías son sólo las fantasías que salen de mi mente.
Escrito para el "Amigo Invisible navideño 2020/2021" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".
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Trigger Warning: Escenas sexuales explícitas.
Sólo déjate llevar
Tonks todavía sentía la polla de Charlie presionando contra ella, dura y goteante. Se relajó contra su cuerpo, reclinando la cabeza en el hombro de Charlie, recuperando la respiración.
—Pensé que decías que no tenías experiencia —murmuró, divertida, con los ojos cerrados.
—Dije que no tenía mucha experiencia —matizó Charlie, riendo contra su oreja antes de besarle el cuello—. Pero algo sí. ¿Puedo besarte otra vez?
Tonks se dio media vuelta en sus brazos. Subiéndose sobre los pies descalzos de Charlie, poniendo las manos en sus mejillas, notando la barba de varios días, pelirroja, le besó, esta vez más cadenciosamente, sin tanta necesidad. Este hizo un sonido con la garganta, complacido, rodeándole la cintura con los brazos. Tonks se apretó contra él antes de separar los labios.
—Esto no ha terminado, ¿no? —susurró Tonks, frotándose contra la polla de Charlie—. Vamos a encargarnos de esto.
—Has llorado —murmuró Charlie, pasando el dedo pulgar por su mejilla, secándola—. Yo pensé…
—No seas idiota. Llevaba años sin sentir algo así. Desde… —No terminó la frase, comprendiendo que, aunque fuese natural hablar de ello, no deseaba hacerlo en ese momento—. Fue una emoción muy fuerte, indescriptible. No son de tristeza, ni dolor, ni nada parecido.
—Por un momento pensé que había hecho algo mal.
—Me has devuelto algo importante a mi vida. Algo que había anhelado y no sabía que echaba de menos, Charlie.
—¿Está todo bien, entonces?
—Por mí, está perfecto. Yo quiero seguir. Quiero tocarte a ti como me has tocado a mí.
—Eso suena muy bien —ronroneó Charlie contra sus labios.
Tonks paseó las manos por su pecho, hundiendo los dedos en los rizos pelirrojos de Charlie, descendiendo hacia abajo, siguiendo con las yemas la línea roja de pelo que llevaba hasta la mata de su pubis, que tironeó, sintiendo cómo su pene daba un respingo y golpeaba contra su mano.
—Vamos a la cama —le propuso Tonks, girándose, caminando hacia ella e inclinándose en lo que esperaba que fuese algo seductor, para quitarse las bragas y dejarlas a un lado. No llegó a terminar de sacar el segundo tobillo cuando sintió las manos de Charlie en su culo, apartando sus nalgas y masajeándolas. Se quedó quieta, disfrutando la caricia y sintiendo que volvía a excitarse. Notó el roce de su polla, muy leve, percibiendo que Charlie se retiraba acto seguido, dudando—. Puedes hacerlo —le indicó en voz baja, deseándolo.
—Si… —susurró Charlie, dando un paso hacia delante de nuevo, apartándole las nalgas de nuevo, colocando su polla entre ellas y haciendo que su culo la atrapase antes de moverse hacia adelante y hacia atrás, masturbándose así durante unos segundos. Cuando volvió a apartarse, Tonks se incorporó, dejando las bragas en el suelo y se dio media vuelta—. Gracias.
—Las que tú tienes —Tonks le guiñó el ojo pícaramente, intentando imprimir segundas intenciones a la frase.
Tonks se sentó en la cama, culebreando hacia atrás, extendiendo invitadora una mano que Charlie aceptó rápidamente, caminando de rodillas sobre el colchón, tumbándose encima de ella.
—Espera —le pidió Tonks—. Has estado todo el tiempo detrás de mí. Yo también quiero verte y tocarte.
Charlie asintió, retrocediendo hasta quedar de rodillas entre sus piernas, expectante. Tonks se incorporó hasta quedar sentada, cruzando las piernas, lamiéndose los labios, antes de extender las manos hacia los pectorales de Charlie, acariciándolos con calma. Este suspiró, mirándola atento, sin perderse ninguno de sus movimientos. Está disfrutó del tacto de la cicatriz que cruzaba al lado de la tetilla.
—Un ejemplar joven —le explicó Charlie con la voz teñida de deseo—. Me arañó cuando intentaba liberarle del cepo de un cazador furtivo.
Tonks asintió, pasando la otra mano por la quemadura del hombro, siguiendo el borde rugoso.
—La bola de fuego china que vimos ayer. Apenas me rozó, afortunadamente. Aunque la mitad de mi pelo ardió.
La mancha que había visto en su cadera llegaba hasta el comienzo del muslo, estrechándose. La sintió caliente bajo sus dedos.
—La colacuerno húngara a la que se enfrentó Harry en Hogwarts. La cabrona se vengó dos semanas después. El golpe de la cola me clavó algo de veneno, por eso ha quedado esa marca.
Tonks tragó saliva, consciente de que estaba a punto de llegar a la única parte que estaba mirando desde hacía unos segundos. Se demoró con los dedos, rozando muy levemente los pelos de su escroto antes de agarrarlo y acunarlo. Un suspiro de Charlie la animó y movió los testículos en su mano, jugando con ellos y disfrutando de su tacto sedoso.
Extendió la otra mano hacia su polla. Deslizó la punta de los dedos suavemente por el tronco y Charlie volvió a hacer vibrar la garganta con ese gruñido que antes había llegado hasta el interior de sus bragas. Rodeó el tronco con las manos, firmemente.
—¿Cómo te gusta? —le preguntó Tonks, interesada, a pesar de que, salvo que él lo prefiriese, no estaba en sus planes que se corriese masturbándole.
—Me gusta apretado, lento al principio. Yo suelo pasar el dedo por… —Tonks deslizó el pulgar por el frenillo, adivinándolo, y Charlie se interrumpió para volver a gruñir—. Justo, sí.
—¿Qué más? —Se sentía fascinada por las reacciones que estaba provocando en él, similares a las que ella había sentido un rato antes.
—Si tengo lubricante o ha salido suficiente líquido pre seminal, acaricio la punta con la palma de las manos. Si no, simplemente muevo la mano, intentando no tirar demasiado hacia abajo y no rozar en seco.
Tonks asintió, retirando la mano de sus testículos y llevándola a su vagina. Charlie la miró, intrigado, mientras deslizaba los dedos a través de sus labios vaginales, notando que volvía a estar lubricada por lo excitante de la situación. Se masturbó a sí misma, conteniendo un suspiro cuando vio que Charlie se mordía el labio sin apartar la vista de ella, sintiéndose realmente atractiva en ese momento.
Cuando creyó que sus dedos estarían lo suficientemente húmedos, retiró la mano, reprimiendo un gemido de frustración y llevándola hacia el glande de Charlie, lubricándolo, antes de pasar la palma, moviendo la otra mano hacia arriba y hacia abajo, masturbándole. Charlie empujó con las caderas hacia arriba, echando la cabeza hacia atrás. Tras unos pocos segundos, paró. Frotándole el glande con suavidad todavía, se inclinó hacia adelante. Charlie había vuelto a mirarla, expectante, mordiéndose el labio cuando le rozó el pezón y se lo pellizcó. Su pene dio un respingo dentro de su otra mano.
—¿Querías que te mordiese? —preguntó Tonks sonriendo, satisfecha por cómo reaccionaba el cuerpo de Charlie a las mismas sensaciones que él la había provocado antes.
—Sí… —susurró Charlie, sonando suplicante.
Tonks se incorporó, quedando de rodillas ante él, disfrutando un segundo más de la visión de él esperando pacientemente, con el pene tan duro que apenas oscilaba, una pequeña gota transparente deslizándose sobre su tronco.
Inclinándose, le besó. Charlie levantó los brazos, supuso que para abrazarla, pero le cogió de los antebrazos con fuerza, sujetándose en ellos para mantener el equilibrio. Le besó durante varios minutos, incrementando la velocidad poco a poco, comenzando a mordisquearle la lengua cada vez que la metía en su boca, tirando de su labio inferior cuando se separaba a coger aire, lamiendo los restos de saliva que se le escapaban por la comisura.
Le besó el cuello, despidiéndose de él con un pequeño mordisco. Luego hundió los dientes en el hombro, como había hecho antes y Charlie gimió con fuerza, siseando de placer. Agachándose lo más que pudo, llegó a sus pezones. Primero los besó, terminando con una pequeña succión. Los lamió con la punta de la lengua, provocando que se pusieran duros. Charlie había empujado las caderas sin querer, señal que interpretó como una invitación.
Puso los dientes con cuidado, presionando el pezón suavemente, atento a los sonidos que emitía Charlie. Mordió, intentando no aplicar mucha fuerza, y Charlie gimió con fuerza. Repitió con el otro pezón, un poco más fuerte.
—No más que eso —susurró Charlie. Tonks asintió, lamiéndole para consolarle, igual que él había hecho con sus caricias tras pellizcarle—. ¿Otra vez?
—Las que quieras.
Lo repitió tres veces, tantas como Charlie le pidió, mordiendo con cuidado y lamiendo acto seguido, intentando contrastar el dolor con el placer, para que disfrutase de la sensación. Se incorporó cuando Charlie no lo volvió a pedir. Este la miraba con los ojos empañados de placer, una sonrisa torcida en la cara que le daba ese aspecto fiero que tanto le gustaba, y la respiración agitada.
—Eso ha sido muy bueno —le aseguró Charlie.
—A mí también me ha gustado. ¿Tienes condones? —preguntó. Charlie asintió, pero parecía preocupado.
—Estoy a punto de terminar y apenas me has tocado. Yo pensé que esto era porque lo preferías a lo otro y, además hace mucho que no estoy así con alguien…
—¿Tú quieres hacerlo? —preguntó, cortando el balbuceo nervioso de Charlie.
—Ahora mismo es lo que más deseo en el mundo. Pero no voy a poder aguantar mucho —argumentó Charlie con voz ansiosa.
—Yo también lo deseo, así que no te preocupes por eso. Está bien para mí.
Tonks se volvió a tumbar, colocándose las almohadas tras la espalda para elevarse un poco y estar más cómoda, extendiendo las piernas a ambos lados de sus rodillas.
—Vamos —le invitó.
—Intentaré durar lo más posible —le prometió Charlie, levantándose de la cama para sacar un preservativo del bolsillo del pantalón.
—Charlie. —Este se detuvo, con el envoltorio en la mano, mirándola—. No pasa nada si no llego esta vez, ¿de acuerdo? Puedo disfrutarlo aunque no tenga un orgasmo y deseo hacerlo como no te haces una idea. Simplemente, déjate llevar, sin presiones.
—Sin presiones —repitió Charlie, tragando saliva.
—Sólo saborea la sensación, deja que todo fluya. Quiero que disfrutes tanto como he hecho yo antes.
—Te aseguro que he disfrutado con todo lo que hemos hecho.
—Lo sé. Yo también. Pero ahora te toca dejarte llevar a ti, como antes me he dejado llevar yo.
—De acuerdo —asintió Charlie.
Abrió el envoltorio con manos temblorosas, se colocó el preservativo con cuidado sobre la punta del pene y lo desenrollo con movimientos más firmes. Parecía nervioso, así que cuando volvió a ponerse de rodillas en la cama lo atrajo hacia sí, pasando las manos por su espalda, besándole despacio, intentando que se relajara.
—Relájate y disfruta —susurró Tonks en su oído, lamiéndole la oreja—. Te has preocupado de mí, me has ayudado a buscar mi placer primero —no sabía si estaba funcionando, pero continuó—, esta noche ha sido maravillosa, Charlie, me has dado algo muy importante para mí. No importa qué pase mañana, no importa qué pase dentro de un rato, ahora sólo tienes que dejarte llevar por las sensaciones hasta correrte.
Charlie volvió a besarla, tomando esta vez él la iniciativa. Notó que sus brazos parecían más firmes y que su beso era más cadencioso que antes, así que supuso que había surtido efecto hablarle. Deslizó las yemas de los dedos por su espalda, haciendo que sus uñas, demasiado cortas, se clavaran cuando llegó al final, al borde de los glúteos. Se incorporó un poco con la excusa de besarlo más profundamente, para agarrarle el culo con ambas manos y apretárselo.
—De acuerdo, voy a ello —susurró Charlie, con voz mucho más segura que unos segundos antes.
—Todo tuyo —le recordó Tonks.
Charlie introdujo la mano entre sus cuerpos, sosteniéndose sólo con su brazo izquierdo. Tonks sintió el glande de su pene deslizarse entre sus labios menores. Charlie repitió el movimiento varias veces, muy similar al que había realizado antes con sus manos. Tonks suspiró, sintiendo que se excitaba.
—¿Te gusta? —preguntó Charlie con la voz ronca por el deseo. Tonks asintió con la cabeza, mordiéndose el labio cuando volvió a hacerlo, esta vez sin parar. Fue a decirle de nuevo que era su turno de correrse, pero Charlie se adelantó—: Estoy dejándome llevar. Estoy disfrutando con esto, de verdad. No es para durar más, es porque se siente brutalmente bien.
Tonks vio el deseo contenido en los ojos de Charlie y le creyó. Se alegró de que esté hubiese encontrado una forma de combinar su placer con el suyo propio. Metió la mano también entre ambos, buscándose el clítoris con los dedos y empezando a moverlos, masturbándose al mismo ritmo lento que Charlie estaba imprimiendo a su polla a lo largo de los labios vaginales.
Este empezó a rematar cada movimiento con un ligerísimo empujón que hacía que su glande entrase unos milímetros en la vagina antes de retirarse, de nuevo hacia arriba. Tonks empezó a gemir, sabiendo que no sólo eran los movimientos de sus dedos o de la polla de Charlie lo que estaba provocando su excitación y las oleadas de placer que la embargaban, mucho más sosegadas que el orgasmo anterior, pero que la llenaban igualmente. También era la situación, la intimidad compartida, el hecho de que Charlie había apoyado su frente en la de ella, cerrando los ojos y disfrutando, como habían acordado.
—Esto es genial, Tonks —gruñó Charlie, más que susurró—. Estoy muy cerca.
—Lo… es… —gimió Tonks, incapaz de vocalizar algo coherente, sintiendo que las oleadas de otro orgasmo volvían a recorrer su cuerpo. No dejó de mover los dedos y Charlie tampoco paró. Con un último suspiro satisfecho, sintió cómo todos sus músculos se relajaban. Usó la mano con la que se había masturbado para llevarla al pezón de Charlie, acariciándolo con el dedo pulgar—. He vuelto a llegar —le informó, suspirando. Había sido un orgasmo menos intenso con respecto al anterior, como la diferencia entre una tormenta de verano y un chaparrón de abril, pero sentía que la había llenado igualmente.
—Eso es… genial… —murmuró Charlie—. Quiero meterla para correrme dentro, ¿te parece bien?
—Quiero que hagas lo que más te guste, Charlie. Déjate llevar.
—Lo estoy… haciendo… —le aseguró. Tonks le miró a los ojos, intentando grabar los detalles de su rostro, sus párpados apretados con fuerza, el jadeo de su voz estrangulada por el placer, los suspiros entrecortados—. Los pezones… por favor…
Tonks se apresuró a obedecer, encantada de que Charlie le estuviese haciendo caso y buscase su propio placer, que fuese capaz de verbalizarlo. Llevó ambas manos de nuevo a sus tetillas, acariciándolas, golpeándolas con los dedos, pellizcándolos.
La polla de Charlie se deslizó en su interior con facilidad gracias a todo lo que había lubricado, llenándola. Charlie gimió con un sonido gutural que vibró en su cabeza, poniendo el brazo, que había estado utilizando para sujetarse el pene, al lado de la cabeza de Tonks, quedándose quieto un momento. Tonks volvió a pellizcarle suavemente los pezones. Charlie acercó los labios, dándola un breve beso en los labios.
—Voy a correrme.
—Hazlo —le animó Tonks—. Córrete para mí, Charlie.
—Voy a correrme para ti —repitió Charlie, jadeando, retirándose despacio, hasta casi sacarla de todo, antes de volver a empujar hasta el fondo.
Repitió el movimiento tres o cuatro veces más, y Tonks disfrutó de los gestos que Charlie hizo con la cara cada vez que se retiraba y volvía a entrar. Se deleitó en los sonidos de placer que este gruñía, en sus gemidos cuando empezó a ir más rápido, las exclamaciones cuando le frotaba los pezones con más fuerza. Se bebió el placer de Charlie, gozando cada uno de las sensaciones que este disfrutaba a través de su rostro y su voz.
Charlie aceleró, convirtiendo el movimiento inicial en un bombeo continuo, entrando y saliendo con tanta fuerza que Tonks se sentía botar sobre la cama cada vez que se retiraba.
—Sigue… sigue… —lo animó Tonks, incorporándose para lamerle el lóbulo de la oreja—. No pares, déjate llevar hasta el final.
Las embestidas de Charlie se hicieron erráticas y más fuertes, aplastándola contra el colchón cada vez que empujaba, corriéndose con un gemido audible en la última de ellas, empujando en lo que pareció una acometida sin fin, pues tardó varios segundos en dejar de presionar. Tonks siguió acariciándole, insegura de cuándo debía parar. Charlie suspiró profundamente, quedándose quieto unos segundos antes de moverse un par de veces más, sacando y metiendo la polla lentamente, haciendo un sonido estrangulado con la garganta mientras lo hacía.
—Ha sido la ostia —murmuró Charlie finalmente, moviendo la mano para sujetar el preservativo mientras sacaba el pene de su interior. Tonks movió las manos hacia su espalda, abrazándole y Charlie se dejó caer con cuidado encima de ella—. Gracias, Tonks.
—Gracias a ti también.
Charlie rodó hacia un lado, evitando aplastarla. Le devolvió el abrazo durante unos segundos antes de apartarse con una mirada de disculpa. Se quitó el preservativo, atándolo antes de dejarlo a un lado en el suelo y volverse hacia ella, tendiéndole los brazos de nuevo. Tonks se apresuró a acurrucarse, de una manera similar a la de la noche anterior y a la vez tan diferente. Charlie volvió a suspirar profundamente y empezó a dibujar líneas invisibles con los dedos en su espalda, relajándola.
—Lo has pasado bien. —Había pretendido que fuese una pregunta, pero descubrió que no tenía dudas de que había sido así.
—Muchísimo —reconoció Charlie—. Gracias por dejar que me despreocupase. ¿Tú?
—Hacía años que no disfrutaba de esto.
—Ha sido la ostia —repitió Charlie con una sonrisa, antes de darla otro beso, uno que ya no buscaba encenderlos, sino mimar y cuidar. Tonks le correspondió, sintiendo que la ternura de los dedos de Charlie y sus labios, llenaban otro pequeño hueco de su vida que había echado de menos: la intimidad de dos amantes. Un rato después, Charlie se rindió a la pesadez de sus párpados, vencido por la somnolencia del orgasmo, y ella se dejó acunar en sus brazos, quedándose también dormida.
